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TENDENCIAS «Inyecciones» de belleza El legado Mackintosh SALUD Tratamientos en la menopausia GASTRONOMÍA Nobu Matsuhisa MOTOR Lanzamiento del Peugeot 207

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Cruceros

24 horas en el barco más grande del mundo

No va más: 160.000 toneladas de desplazamiento, 4.375 pasajeros, 1.360 tripulantes, una piscina de surf, un ring a bordo... El «Freedom of the seas» navegará por el Caribe a partir del 4 de junio, pero nosotros ya lo hemos probado. Así es el nuevo mamut del mar

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6 DE MAYO DE 2006


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Cruceros El barco más grande del mundo

VIAJES & GASTRONOMÍA

POR JUAN FRANCISCO ALONSO

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n el suelo del ascensor nos recuerdan que es martes (tuesday, siempre en inglés) y en el Cruise Compass (la biblia de los pasajeros, la hoja de ruta de cada día) leemos que en el café «Windjammer», en la cubierta once, sirven el desayuno de siete a diez. Son las ocho y media, buena hora, con el buffet agradablemente medio vacío. La mayoría de los pasajeros aún duerme, acunados por las olas y por los mojitos de anoche en el «Bolero». Los que han conseguido madrugar toman su bandeja y se plantean la primera elección del viaje. Desayuno suave, café y tostadas, o un desliz: bacon, donuts «made in USA», salchichas. Puede que lo mejor sea algo intermedio, huevos revueltos y fruta, para afrontar con brío la cita en el gimnasio. El día ha amanecido nublado, con el Atlántico inhóspito y frío. En realidad, no es el lugar ni la época perfecta para hacer un crucero, pero esto es algo parecido a la última prueba del vestido de novia. El 4 de junio, el «Freedom of the Seas» empezará su trabajo en Miami: siete noches en busca del calor, de las playas de Jamaica o las Caimán, de las burbujeantes madrugadas del Caribe. Estará lleno, sin un camarote libre, 4.375 pasajeros, 1.360 tripulantes, confirma Magnus Weahme, director general para el sur de Europa de Royal Caribbean. La mayoría serán turistas estadounidenses, encantados de olvidar la vida real durante una semana en este nirvana de restaurantes, cafés, tiendas, teatro, pista de patinaje, gimnasio, y otra vez restaurantes, heladerías, centro de belleza, piscina de surf, rocódromo. Mejor será elegir el gimnasio, una hora en manos de Robert Tynan, irlandés, preparador de boxeo, para aliviar los efectos de la sobredosis de calorías. El «Freedom» incorpora un ring, situado en la entrada de un gimnasio inmenso, prueba evidente de la política del «quién da más» en el que viven las navieras. Sobre la lona, dos

mujeres y cuatro hombres —británicos, no en vano hemos partido del puerto de Southampton, a hora y media de Londres— golpean al aire con sus guantes rojos, para sentir el gesto, o imitan entre risas el salto de las ranas, para fortalecer los cuádriceps, o atacan a un enemigo invisible. Cerca, unos metros mas allá, Amelia, española, se conforma con algo más asequible: trote en la cinta mecánica, con el océano indescifrable tras la cristalera y Christina Aguilera en la pantalla de la televisión. Buen rollo, buen ritmo. Música vibrante en el gimnasio, clásica en los ascensores, «dj's» en «La Cripta», el bar más «in» de este mamut que se desliza por el mar sin que apenas podamos notar el vaivén del oleaje, algo que suena a Bob Marley interpretado por un grupo en directo en la calle principal, pop británico en el buffet. Música para envolver los planes del día. Del gimnasio, en la planta doce, al spa, para reservar. «Le esperamos a la una», nos dicen, tiempo de sobra para una partida en el salón de juegos (la máquina de «La Guerra de las Galaxias» está libre, hay suerte) y para una expedición por esta cubierta que se antoja un parque de atracciones. La más novedosa: una piscina para practicar surf, el «Flowrider».

Surf en cubierta

A media mañana, un póquer de osados, protegidos por sus trajes de neopreno, cabalgan la ola artificial, que, desde fuera, pudiera parecer un ingobernable toro mecánico. Pero ahí aguantan los cuatro sobre sus tablas, mientras las cámaras de los turistas disparan sin compasión. Detrás de la piscina, otro reto: el rocódromo, trece metros de alto, once rutas de diferente dificultad. Y, a los pies del vértigo, la cancha de baloncesto, la pista de jogging, un minigolf, la zona H2O (parque acuático con toboganes y cascadas), los jacuzzi con vistas al océano, y un par de bares para regar tanto estrés deportivo con una piña colada. Las cifras son tema de conversación inevitable en la mesa a la ho-

Tiendas y restaurantes, en la quinta planta del barco

Un día a todo ritmo

El gimnasio, con un ring para los aficionados al boxeo, y el centro de belleza están juntos, en la planta decimosegunda. Primero, el ejercicio y, a continuación, el spa, la pedicura, los masajes...

El barco está lleno de oportunidades para los deportistas. Desde las cintas mecánicas que miran al mar hasta el rocódromo


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ra de comer. Hay donde elegir: diez restaurantes y dieciséis bares, repartidos por este hotel de quince plantas (plataformas o «decks», en el lenguaje de a bordo). Cocina asiática en el «Jade», italiana en el «Portofino», y el interminable buffet del «Windjammer». Por primera vez el barco se mece ligeramente. El capitán Bill Wright, estadounidense, está probando el motor. Luego nos dirá que «se maneja como un coche deportivo, un placer». Quizá sea así, pero, en la tertulia de pasajeros, se habla de una maquinaria complejísima al servicio del ocio. «Es como Las Vegas», dice alguien. «Disneyland», precisa otro viajero. «Un centro comercial en alta mar, como el Plaza Norte de Madrid», añade un tercero.

De compras en la quinta

La quinta planta es la zona perfecta para echar la tarde. Primero un café. Y luego un paseo por el Royal Promenade, una galería de 130 metros. A un lado y otro encontramos bares (el «Vintage» o el «Champagne»), una barbería, tiendas de belleza, joyería, souvenirs, ropa. Una camiseta del barco sale por dieciséis euros. Y un peluche para los niños, por diez. Una vez resuelto el asunto de los regalos, podemos seguir el camino. En la séptima, la librería nos sorprende con una estantería de títulos en español. Jiménez Lozano, Puértolas, y una obra «ad

La (contagiosa) fiebre del mar Los cruceros están de moda. Las estadísticas hablan de once millones de pasajeros cada año, trescientos mil en España, donde el sector crece a un ritmo de un 15 por ciento anual. Para 2011 se calculan seiscientos mil viajeros, el doble. La mayoría suele elegir entre tres destinos: el Mediterráneo, con el excelente puerto de

La primera piscina para practicar surf instalada en un barco es el centro de atención. Cuesta coger el ritmo, pero luego divierte

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LOS SÁBADOS DE

hoc»: «La isla del aire», del Alejandro Palomas. Una metáfora para describir este crucero. Se acumulan las citas. A las cuatro hay un partido España-Italia de baloncesto, pero se ha hecho tarde. El tiempo se va en consultar el e-mail, en la octava; en asistir al desfile circense de la calle central, y en prepararse para la cena de gala, esmoquin para ellos y traje largo para ellas, a las ocho y media en segunda oportunidad (a las seis y media, en el imposible horario europeo). Y, al cabo, el menú de la noche: fiesta en cubierta, un mix de los grandes musicales en el «Arcadia», un teatro con capacidad para 1.350 personas), patinaje sobre hielo, o música en directo. Un showman llamado Matt Yee luce su habilidad para hacer bailar a su público al ritmo de canciones clásicas, «Dilaila» y similares. La salsa del «Bolero» es otra opción. Y la «Cripta», frenesí techno, nos acoge de madrugada. «Olive or Tuist», en la planta catorce, es la apuesta romántica, con el océano ya oscuro en la cristalera. Aún hay una cubierta más arriba, la quince, dedicada a una capilla. Para algunos, un mensaje subliminal: estamos cerca del cielo. Para otros, al contrario, la conexión con la tierra, el regreso a la realidad. A las siete de la mañana, casi sin dormir, desayuno, y a las ocho y media, desembarco en Southampton, autobús hacia el aeroupuerto, punto final.

Barcelona como línea de salida; el norte de Europa, y el Caribe. En las agencias encontraremos cientos de tentaciones, con infinidad de precios, según fecha, tipo de camarote y barco. Lo mejor es preguntar, para que el resultado se ajuste a las intenciones. Con Iberojet podemos organizar una semana por el Mediterráneo, con parada en Livorno, Civitavecchia, Nápoles, Malta y Túnez, a partir de 700 euros en junio. El MSC Armonía recorre Bari, Santorini, Mykonos, Atenas, Corfú,

Un barco «Guinness» Sus medidas. 160.000 toneladas de desplazamiento, 338 metros de eslora, 56 de ancho, 21,6 nudos de velocidad, 4.375 pasajeros. Alojamiento. 1.817 camarotes. Servicios. 1.360 tripulantes, 15 cubiertas, 10 restaurantes, 16 bares y salones. Fabricación. Construido en Turku (Finlandia). 350.000 piezas de acero en el casco, 1.600 kilómetros de soldaduras, 19.000 kilómetros cuadrados de cristaleras, 3.500 kilómetros de cable eléctrico, 35.000 cubitos de hielo al día. El recorrido. Operará a partir del 4 de junio, con esta ruta básica: Miami, Cozumel (México), George Town (Islas Caimán) y Montego Bay (Jamaica). Precio: a partir de 890 euros por semana. Para saber más: www.freedomoftheseas.com / www.royalcaribbean-spain.com / 902 345 145. El nuevo gigante. En 2009 comenzará a navegar el «Génesis», de 220.000 toneladas, que podrá transportar a 5.400 pasajeros.

Dubrovnik y Venecia (en mayo, desde 1.070 euros, incluido avión). En el Mediterráneo estará este año el Voyager of the seas, un gigante que viene del Caribe, el mayor barco que haya surcado nuestro mar. En el Norte de Europa, Costa Cruceros propone el itinerario Copenhague, Oslo, Bergen, Flam, Hellesyult, Geiranger, desde 1.470 euros. Pullmantur tiene en su catálogo recorridos por el Caribe en el Holiday Dream: nueve días con salida en México o Cuba, desde 879 euros

La noche empieza con la cena de gala, en el salón «Leonardo», a la izquierda, y continúa más tarde en el gigantesco teatro «Arcadia», 1.350 localidades, con un «mix» de los mejores musicales de la historia


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Río de hielo El otoño en el gran glaciar Aletsch Una alfombra helada de veintitrés kilómetros de largo y mil metros de profundidad. El glaciar Aletsch, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, rubrica el espectáculo de las montañas suizas TEXTO Y FOTOS: JUAN FRANCISCO ALONSO RIEDERALP (SUIZA)

a lengua de hielo mide veintitrés kilómetros. Es una autopista blanca que zigzaguea entre las altas cumbres del conjunto de montañas JungfrauAletsch-Bietschhorn, en el sur de Suiza. Desde el mirador de Bettmerhorn, a tres mil metros de altura, este inmenso glaciar alpino tiene el aspecto de superviviente, de especie en peligro de extinción. Como si, súbito, asomara un mamut a la vuelta de la esquina. Los glaciares son masas de hielo formadas por la compactación de la nieve, un proceso que en muchos casos se pierde en la noche de los tiempos. Cuando las temperaturas se mantienen por debajo del punto de congelación, la nieve modifica su estructura, se convierte en neviza, y cuando esas capas de hielo y nieve que invitan a tiritar tienen espesores de varias decenas de metros, el peso se torna tan apreciable que la neviza desarrolla cristales de hielo más grandes. Un bellísimo prodigio de la naturaleza, incluido por la Unesco en su listado de Patrimonio de la Humanidad. El sol de septiembre lame la piel de este paisaje de Heidi, una ladera verde en la que las únicas manchas marrones las ponen las casas de madera, la silueta de algún que otro pequeño pueblo. El otoño en la montaña está lleno de senderistas armados de bastones, botas de campo, mochilas y abundante agua: se recomienda beber un par de litros al día para compensar el líquido que se llevan el esfuerzo y la altura. En la estación de tren de Brig, el centro urbano más importante de la zona, la «cultura alpina» se respira con la misma facilidad que el aire. Y muchos de los andarines que nos rodean se dirigen sin duda al gran glaciar, atraídos por este brochazo de hielo rodeado de crestas. Hace dieciocho mil años, el

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Gastronomía En la mesa casi nunca faltan los quesos y el chocolate, preparados de mil formas, a veces como fondue, otras como raclette. En este valle presumen de una variante de nombre dudoso pero de sabor excelente: el cholera: patata, hojaldre, queso, cebolla...

área de Riederhorn-Bettmerhorn estaba completamente congelada. El glaciar de Aletsch y el del Ródano se miraban a los ojos y sólo los picos más altos sobresalían en el horizonte. A partir del siglo XV, en la llamada «pequeña Edad de Hielo», que se estiró hasta la mitad del XIX, el frente del glaciar medía 2,5 kilómetros más hacia el valle. Hoy, los científicos que estudian este espacio natural dicen que el cauce pierde unos treinta metros cada año, probablemente por el aumento de las temperaturas, aunque éste no sea un debate cerrado. De los cientos de glaciares que se cuentan en los Alpes suizos, el Aletsch, con una superficie de más de ochenta kilómetros cuadrados, veintitrés kilómetros de longitud y un espesor de mil metros en su zona central es el más grande, un espectáculo turístico y científico.

La silueta del Cervino El acceso a este rincón sólo es complicado por lo lejos que se halla de las grandes ciudades del país, a dos horas y media en tren de Ginebra, a tres desde el aeropuerto de Zúrich. Un viaje entre túneles y montañas, un documental en vivo en la ventanilla. Una vez en la estación de Brig, otro tren de la exce-

lente red suiza nos traslada en un cuarto de hora a Mörel o a Betten Talstation, y desde este punto el teleférico es el último paso hasta los pueblos cercanos al glaciar. Bettmeralp en nuestro caso, donde no está permitido el tráfico de vehículos, silencio abrumador. Desde la cabina de este «autobús local», conmueve la vista de los Alpes, una cadena montañosa con decenas de cimas por encima de los 4.000 metros. Entre esos dientes de sierra, allá lejos, sobresale la pirámide casi perfecta y blanca del Cervino (4.478 m.). La verticalidad del entorno no debe asustar a los viajeros. Cual-

Golf de altura. Tras el senderismo, otros deportes completan el menú en la montaña


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LOS SÁBADOS DE

El retroceso de los glaciares

Balcón sobre el Aletsch. Este es el glaciar más grande de los Alpes, aunque, como todos, pierde extensión año a año

En muchos pueblos de estas montañas está prohibido el acceso de los coches quiera puede llegar a la primera parada, a cualquiera de los miradores sobre el glaciar. Y dejarse llevar por el asombro. En el horizonte, el Jungfrau (4.158 m.), el Finsteraarhorn (4.274) y un pico accesible para el común de los visitantes, media hora de ascesión hasta el Bettmerhorn (2.872). En un alto para saborear las vistas, Petra,

guía de habla hispana en Bettmeralp, apunta que Louis Agassiz (1807-1873), recordado por sus trabajos sobre las glaciaciones, dejó dicho que «no hay otra cadena como los Alpes cuyos valles tengan una forma tan favorable para la formación de glaciares». La segunda fase para recorrer la región requiere más esfuerzo.

Hay quien prefiere las caminatas sobre el glaciar, a partir de dos horas de duración, en las que se puede llegar hasta la Plaza de la Concordia, un lugar de unos seis kilómetros cuadrados donde confluyen tres lenguas de hielo. Otra forma de «patear» la zona aguarda en las laderas en las que empieza a crecer una abundante vegetación. Nuestra opción nos lleva desde el mirador de Moosfluh, al que se sube en teleférico, hasta Riederalp, junto al bosque de Aletsch. En total, unas dos horas a paso ligero, bastante más si contamos las paradas para degustar el paisaje. Los bordes del glaciar están siendo conquistados de forma progresiva por la vegetación, un bosque joven de alerces y abedules, de arándanos y rododendros. De pronto, el único ruido que se escucha es el de las cascadas. Una hora y media después de la salida, llegamos a ProNatura, el centro de interpretación de la región, instalado en un edificio singular, la casona en la que se instaló en 1902 el millonario inglés Ernest Cassel. Este banquero de la City fue quizá el primer turista en estas montañas, un ejemplo de la actividad de los viajeros británi(Pasa a la página siguiente)

En todas las cordilleras y en los campos de hielo subpolares y polares existe homogeneidad suficiente en la evolución glaciar desde la gran última glaciación hasta hoy. En la actualidad es casi simultáneo el retroceso glaciar mundial. Se puede, pues, afirmar la presencia de fenómenos globales de enfriamiento o calentamiento climático, que no pudieron ser sino naturales en la mayor parte de este período. El clima terrestre lleva experimentando modificaciones espontáneas y muy fuertes de frío y calor a lo largo de todo el Cuaternario, dando lugar a las grandes glaciaciones y las fases interglaciares intercaladas. Lo cual deja claro que tanto las tendencias climáticas menores y medias como las más extremas y duraderas se pueden modificar e invertir por sus propios mecanismos. Pero incluso desde los tiempos «postglaciares» hasta hoy ha habido numerosas oscilaciones moderadas en las masas glaciares. Hay que aceptar, pues, que en la Tierra el clima no es estático. Para explicar, en todo o en parte, las causas del retroceso propio de nuestra época se ha apelado a las actividades humanas contaminantes, inductoras de un calentamiento global que tendría su repercusión en las masas de hielo del planeta. Así, la primera expresión de la idea del «efecto invernadero» es ya histórica pues procede del año 1896, aunque su difusión sea bastante reciente. El actual retroceso corresponde en realidad a una aceleración de la recuperación térmica que sucede a un anormal enfriamiento que ocasionó previamente un avance histórico espontáneo y limitado de todos los hielos terrestres, denominado «Pequeña Edad del Hielo», activo sobre todo entre los siglos XVI y XIX. La tendencia suavizadora posterior, que se inició en Europa hacia 1860, se aceleró desde 1990 y sus consecuencias en pérdidas de hielo natural son crecientes. Por sus fechas, este proceso y su aceleración presente son atribuidos al calentamiento global derivado en una proporción que se supone significativa de la expansión industrial histórica. De ser así, ello conduciría a un planteamiento de esta cuestión no sólo como un cambio de la naturaleza sino como un asunto de responsabilidad moral de quienes somos sus huéspedes humanos. EDUARDO MARTÍNEZ DE PISÓN Catedrático de Geografía Física de la Universidad Autónoma de Madrid


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LUGAR DE LA VIDA

Las Bermudas

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La vegetación empieza a crecer en las sendas que recorren las laderas próximas al glaciar

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Vía férrea

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cos en otros lugares del mundo. Cassel llevó a su residencia de descanso a muchos de sus amigos, entre ellos Winston Churchill, que pasó aquí al menos cuatro temporadas. Las habitaciones que ocuparon todos ellos, inmensas, con vistas al perfil alpino, se alquilan ahora a precios razonables, con el único inconveniente de que el baño —común— está en los pasillos. En una de las salas de la residencia Cassel se proyecta un documental para entender visualmente la geografía que nos rodea. Y unos metros más allá comienza una ruta circular y casi llana de una hora creada por el millonario inglés, con el valle a nuestro pies. El otoño en el glaciar invita al senderismo; el invierno, al esquí, a los deportes de nieve, en las estaciones de este valle o en las próximas de Zermatt o Sass Fee. A finales de noviembre, la piel verde mudará al blanco, pero el glaciar permanecerá como el gran faro turístico, complementado con otras actividades. A media tarde, hay atasco de vacas en Betten. Istvan Stucky amasa pan de centeno según las técnicas tradicionales. En otro punto, cerca de Riederalp, un artesano elabora queso en el Alpmuseum (www.alpmuseum.ch), un centro para observar la transformación de la montaña, desde aquel 1902 cuando llegó Cassel hasta hoy. Y junto al Golfhotel Riederhof, un grupo de aficionados saca los palos de golf. El entorno es abrumador: calles y greenes enmarcados por cuatromiles de cumbres eternamente nevadas. A la hora de la cena, a eso de las siete y media, el queso y el chocalete sustituyen a las sendas y a la montaña. Gilles, suizo, recibe un mensaje en su móvil: «¿Estás en Riederalp? Pero si eso está lejos de cualquier parte». Los comensales sonríen. Está lejos, sí, pero casi siempre el éxito exige esfuerzo. 쮿

Región de Valais let

Río de hielo Otoño en el glaciar Aletsch

(Viene de la página anterior)

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Cuaderno de viaje Cómo ir. Swiss ofrece vuelos a Zúrich desde Barcelona, Madrid, Málaga y Palma de Mallorca, y a Ginebra desde Barcelona y Málaga. De Barcelona a Zúrich desde 155 euros; desde Madrid, a partir de 79 (ida y vuelta, tasas y recargo combustible no incluido). 901 11 67 12, www.swiss.com/spain. Red de ferrocarriles. En el aeropuerto de Zúrich se toma el tren hacia Brig, el centro de la región. El Swiss Travel System es un billete que permite viajar en trenes, barcos, autobuses, y entrar en museos. http://www.myswitzerland.com/sp/navpage-Railway. html En la habitación de Churchill. El Pro Natura Zentrum Aletsch alquila las habitaciones de la residencia Cassel, donde se alojó Winston Churchill. En las afueras de Riederalp. pronatura.ch/aletsch Después del senderismo, un spa. Golfhotel Riederhof. En Riederalp. www.golfhotel-riederhof.ch Turismo de Bettmeralp. www.bettmeralp.ch Turismo de Riederalp. www.riederalp.ch Aletsch. www.aletsch.ch Para saber más: www.MiSuiza.com (la página en español de MySwitzerland.com) Tel.: 00800 100 200 30 (internacional gratuito).

Alem.

Suiza Italia

Aust.

ultivar las letras y la tierra, es lo que más me gusta. A veces se sufre lo mismo y tan difícil es encontrar un lugar para escribir como una buena tierra para cultivar. En ocasiones, ni siquiera hay una hoja a mano cuando se te ocurre algo, y tienes que ir repitiéndote la frase, para que no se desordene en la memoria. Cuando empecé a escribir, decidí que si al sentarme, ya no recordaba lo que pensé por el camino, es que la frase no merecía la pena, aunque con el tiempo terminé comprando un cuaderno, que se quedaba varado en los cambios de bolso, así que apunto las cosas en la esquina de un periódico, o en el sobre vacío de un banco. De Albert Camus, me admiran sus «Carnets», que no encuentro ahora porque los libros suelen desaparecer cuando más los necesitas, pero ah, milagro, está justo detrás de mí, «Carnets, 2» y lo abro: Machado. «Señor, ya estamos solos mi corazón y el mar», y así todo, apuntes, frases propias y ajenas, ideas repentinas, posibles títulos, conversaciones escuchadas en una calle. Pero más meritorio que llevar un cuaderno me parece que es encontrar sólo para cultivar algo de tierra. «Esto le vale para urbanizar», me dice la intermediaria. Trescientos chalés. Al fondo, se oye el rítmico y fresco ruido de la guadaña que hace al segar la hierba una mujer muy mayor. Lleva un delantal azul de cuadros y un sombrerito de lona y, por detrás de ella, hay una valla de chantos de piedra clavados al suelo y un bosque de galería de fresnos y acacias que la vuelven diminuta, aunque el ruido, que es singular porque cada uno siega de una manera, resuena en el bosque y se propaga por el cañaveral y el pasto. Urbanizar enriquece y empobrece al mismo tiempo, y más que a la tierra, cambia a las personas que la venden pues pasan de querer hacer algo con su vida, a no querer hacer ya nada. Mi marido sobrevoló el otro día la isla Bermuda, y dice que está toda urbanizada. ¿No era allí donde iba Merlín cuando se enfadaba con el rey Arturo? Qué curioso, las Bermudas siguen desiertas en mi imaginación, que es la mejor tierra que tengo. 쮿


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LOS DOMINGOS DE

Algo salvaje

Yemen, regreso al Medievo Durante décadas, la guerra entre el norte y el sur. En los 90 nace Al Qaida. Y estos años, los secuestros o asesinatos de occidentales. En Yemen, el reloj se detuvo en el Medievo. Armas, casas de adobe, desierto, mujeres de negro, tribus. Un país sólo para viajeros con muchos sellos en el pasaporte TEXTO: JUAN FRANCISCO ALONSO FOTOS: CARLOS RUIZ

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l Sol se quita las legañas a las seis en punto, una hora después de que los 4x4 de los turistas arrancaran motores. Por delante, catorce horas de desierto y botes, de polvo. Seguimos la ruta de las caravanas que, unos siglos antes de Cristo, cruzaban la península arábiga con su cargamento de incienso, mirra y especias. Tomaban su carga en el puerto de Adén y, muy lentamente, entre tormentas de arena y un paisaje desolado, emprendían su largo viaje. Cruzaban la ciudad de Shabwa, buscaban oasis, soportaban un infierno de calor... Vivían peligrosamente. Casi como el grupo de turistas que se dispone a bambolearse por seiscientos kilómetros de vacío, dunas, poblados de beduinos, rebaños de camellos, el desgarro de un paisaje que araña, hasta llegar a la desangelada habitación de un hotel de Seyún. Unos cientos de españoles apuntan cada año a Yemen como escenario de sus vacaciones, a pesar de las recomendaciones del Ministerio de Asuntos Exteriores, incluso a pesar de la prudencia, atraídos por un país que sobrevive tal como era, perdido en algún punto indefinido de su historia. En busca de algo salvaje, Una cicatriz en la tierra, un valle saturado de piedras, de casas que cuelgan de lo alto de los riscos, de tonos ocres, de postales en el filo. Y de monumentos que justifican la escapada, incluso el riesgo. En Shibam, Patrimonio de la Humanidad desde 1984, el viajero regresa a la infancia, cuando iba a la playa, llenaba un cubo de arena, y otro, y otro más, y, casi sin querer, construía una fortaleza. A Shibam le llaman el Manhattan del desierto, y la sensación es la misma de aquellos días de playa. Hace trescientos años, alguien se dedicó a coger cubos de arena, los convirtió en adobe, y colocó uno sobre otro hasta rozar el cielo: nueve pisos de altura que flotan sobre el desierto como una aparición. Son quinientas to-

rres verticales, arrebujadas, caóticas, en las que viven diez mil personas. Los hombres de la familia de Hamat reciben a la expedición en una de esas casas; en otra sala, las mujeres esperan. La Sharia (ley islámica) pone velo a las mujeres, que se mueven vestidas de negro por las calles de Sanáa, la capital, otro reino de edificios de adobe con una decoración recargada a base de celosías, miradores, molduras y lacerías. Un paraíso para los arquitectos. Y para los mirones. Hay tanto que ver... Los yemeníes mascan desde media mañana las hojas del qat hasta formar bolas en las mejillas. Produce excitación, evita la somnolencia y el hambre, fomen-

Las mujeres son una sombra negra en cualquier calle del país

ta la comunicación... Un cierto efecto euforizante que, desde los años 70, cambió la economía del país: las plantaciones de qat sustituyeron a las de café o a los cereales. Los mercados y las camionetas rebosan de estas hojas verdes. El camino de los turistas es agotador, bajo un calor que no da tregua, en la caravana que protege la Policía, en busca del Trono de Bilqis, Reina de Saba, un templo construido en el siglo X antes de Cristo; de las casas que se levantan sobre la roca en Al-Hajjarah; de la ciudad fortaleza de Hababa, o de los edificios fantasmas de Marib. Y de pronto, en una mercería de un pueblo perdido, un arsenal de Kalashnikov en venta, como si fueran «souvenirs». Las armas están en todas partes. Los AK 47, claro, a modo de los revólveres en las películas del Oeste, y las tradicionales «jambiyas», dagas curvadas que cuelgan de la cintura de los hombres. Qat, armas, polvo, y una belleza radical. Un día cualquiera vemos un camello dando vueltas a un molino para producir aceite de sésamo. O una boda festejada con tiros. O las secuelas de la guerra en la terrible carretera del desierto. O el pacífico amanecer en el puerto de Mukalla. O unos zocos que nada tienen que ver con los de Marruecos o Túnez. Aquí nadie te acosa. Al cabo, en el Medievo no había turistas. [

El Trono de Bilqis es un templo Sabeo dedicado a Almaqah, dios de la luna, construido en la época de la Reina de Saba


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VIAJES

Herzog y De Meuron Una obra en Basilea, su ciudad, de los creadores del Allianz Arena de Múnich o del estadio olímpico de Pekín

Mario Botta Bank for International Settlements, diseñado en 1995 por este arquitecto suizo

Frank Gehry El inconfundible sello del arquitecto estadounidense / canadiense en las oficinas de la empresa de muebles Vitra

Turismo de arte Basilea se enamora de la arquitectura moderna De Gehry a Herzog y De Meuron. La arquitectura de vanguardia encuentra en la tradicional Basilea un escenario perfecto TEXTO Y FOTOS: JUAN FRANCISCO ALONSO

o fue un flechazo, sino, probablemente, el curso natural de las cosas, el ADN de la ciudad. Un profesor de la Universidad de Basilea, la más antigua de Suiza (1460)

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cuenta a sus alumnos una anécdota que explica la insobornable pasión local por el arte. «En 1968, un coleccionista privado se declaró en quiebra —dice—. Entre otros, tenía dos picasso, por ejemplo el Arlequin assis (1923). La inquie-

tud por la posible pérdida conmovió hasta tal extremo estas callejuelas hoy soleadas —doce grados y sol, cuando galopa noviembre— que el Ayuntamiento organizó un referéndum para decidir si las arcas públicas debían hacer frente a aquella compra de tantos ceros». Y Basilea dijo que sí. Las dos obras forman parte desde entonces del Kunstmuseum, una espectacular colección de arte que basta como excusa para hacer las maletas y plan-


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LOS DOMINGOS DE

Richard Meir

Diener & Diener

El autor del Centro Getty de Los Ángeles planeó aquí este edificio de oficinas

El primer edificio finalizado del nuevo campus de Novartis derrocha color

Zaha Hadid La primera mujer que logró un premio Pritzker diseñó para Vitra este edificio, donde se exhiben las sillas del siglo XX

Kandinsky y erotismo, en el menú

El Rin divide en dos la ciudad. Más allá de la «pequeña Basilea», a la izquierda del cauce, está Alemania

tarse en esta próspera esquina de la vieja Europa. George, mitad nicaragüense mitad suizo, guía turístico, enseña la postal más conocida de Basilea: el mirador sobre el Rin. Los dos grupos —el de los alumnos y el de los turistas— han terminado por confundirse detrás de la catedral, construida en el siglo XI, modificada en el XII (románico tardío) y restaurada tras el terremoto de 1356 (gótico). George señala primero al frente («más allá de la pequeña Basilea, la zona más nueva, al otro lado del río, está Alemania») y luego a su izquierda («detrás de la fábrica de Roche, ya es Francia»). Sesenta mil personas cruzan la frontera todos los días para trabajar aquí, por ejemplo en el poderosísimo grupo Novartis. Estamos en pleno cruce de caminos, en la ciudad

Dos espacios pueden llevarse un día entero (o más) en la escapada a Basilea. El Kunstmuseum (www.kunstmuseumbasel.ch) reúne una colección de arte de primera fila, desde el siglo XV a las últimas generaciones, desde el retrato de Erasmo de Rotterdam, de Hans Holbein, a Paul Klee, Mondrian o Kokoschka. Desde los impresionistas franceses a una buena colección de pintores estadounidenses (Andy Warhol, Jasper Johns, Roy Lichtenstein...). Estos días, Kandinsky ocupa alguna de sus salas con su explosión de colores y trazos abstractos. La Fundación Beyelere (www.beyeler.com), un museo creado con la colección de arte moderno de Hildy y Ernst Beyelere, es nuestro siguiente destino. El edificio que la alberga, obra del arquitecto italiano Renzo Piano, otro ganador del premio Pritzker, merece en sí mismo una vista. Belleza de líneas simples y rectas, con inmensas cristaleras que dejan paso a la luz. En el interior, la colección permanente cuelga de paredes blancas, perfectamente iluminadas, que no distraen la atención de los visitantes. Han reunido más de doscientas pinturas y esculturas, entre ellas obras mayores de Cézanne, Van Gogh, Warhol, Picasso o Miró. La muestra temporal está dedicada, hasta el 18 de febrero, al erotismo en el arte. La tentación

que acoge cada primavera la primera feria de arte contemporáneo del mundo (en 2007 se celebrará del 13 al 17 de junio, www.artbasel.com) . Una vez disparada la fotografía con la que hay que volver a casa, la catedral también es un lugar adecuado para empezar la ruta con la que en esta ocasión nos tienta Basilea. Arquitectura moderna y turismo, un cóctel sólido y quizá impensable en una ciudad pequeña y tradicional en la que, esta mañana, un calígrafo trabaja rodeado de plumines y tin-

Basilea, forma en su base un trapecio, y en el techo, un cuadrado. La cinta de cobre que envuelve toda la estructura le da un aspecto de almacén futurista, ese tipo de escenarios ferruginosos en los que la teniente Ripley se peleaba con los «aliens». Nada de cristales y aluminio, tan inútiles en este entorno de vías del tren. El edificio de Herzog y De Meuron da sin embargo idea de su apuesta por el riesgo, por las formas que desconciertan al público. Mario Botta, también suizo, nacido en el cantón del Tesino, es el autor de otro edificio reconocible, la institución en la que se reúnen de cuando en cuando los jefes de los Bancos nacionales. Una fortaleza, ventanas discretas, impresión de inaccesible. Eso por fuera; por dentro, en cambio, las oficinas se abren a la luz del día con efectividad, en uno de esos juegos de volúmenes logrados con algo parecido a la magia.

Tranvías con precisión suiza

Arriba, Kandinsky, en el Kunstmuseum hasta el 4 de febrero. Debajo, «Woman in Tub», de Jeff Koons, en la exposición sobre erotismo de la Fundación Beyelere carnal vista por Salvador Dalí, o por los disparos de Mapplethorpe, de un extremo a otro, de los lienzos a la fotografía, el vídeo o la escultura, una colección amplia, soberbia, enmarcada esta vez en fondos rojos, a tono con el tema elegido.

teros junto a una ventana a la vera del Rin, como hace cientos de años. Lo de siempre. Y, muy cerca, lo nuevo: diseño de vanguardia y edificios firmados por reconocidos creadores, la piel que cambia en casi todos los barrios. En Basilea estudiaron y se conocieron Jacques Herzog y Pierre de Meuron, galardonados con el premio Pritzker en 2001, autores de la Tate Modern de Londres, del Allianz Arena de Múnich o del estadio olímpico de Pekín. Uno de sus primeros trabajos, la central de control ferroviario de

Para ir de un lugar a otro, el pequeño grupo de «turistas de la arquitectura» utiliza los tranvías, que, como era de esperar, funcionan con precisión suiza. Todo está cerca en Basilea. Dos, tres, cuatro paradas. Un paseo para quien prefiera hacer piernas. En este núcleo urbano habitado por poco más de 180.000 personas encontramos medio centenar de edificios modernos (construidos a partir de los años noventa) de autores como Zaha Hadid, Herzog & De Meuron, Renzo Piano, Richard Meier; y también el Museo de Arquitectura suizo (architekturmuseum.ch), o proyectos tan colosales como el que está transformando el «campus Novartis». El grupo industrial químicofarmacéutico ha empezado una revolución urbanística que se concretará en decenas de edificios realizados por arquitectos de primera fila, según el plan maestro de Vittorio Magnano Lampugnani. La carta de presentación, el primero acabado, es una obra de Diener & Diener, que también tienen su sede en Basilea, además de estudios en Berlín (Pasa a la página siguiente)


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VIAJES

De compras Dormir

«Davidoff», una de las marcas suizas de lujo, en la plaza del Mercado de Basilea. A la derecha, el chocolate, otra seña de identidad nacional, copa el escaparate de la tradicional «Schiesser»

El hotel «Tres Reyes» es uno de los más antiguos de Suiza. Este año ha sido reformado por completo, pero el lujo de sus estancias deslumbra como siempre

Basilea Turismo de arte

(Viene de la página anterior)

y Malmö. Un rectángulo de hormigón y vidrio, abarrotado de colores, da paso por ahora a un maremágnum de hormigoneras y grúas en el que desarrollarán sus proyectos Frank Gehry o Sanaa (Kazuyo Sejima + Ryue Nishizawa). Al otro lado de la ciudad, Roche, competidora de Novartis, no quiere quedarse atrás, y le ha encargado a Herzog & De Meuron la torre más alta de Suiza. Definitivamente, la histórica Basilea parece enamorada de la última arquitectura.

Microciudad del diseño

El fundador de la ciudad El gobernador de Gallia, Lucius Munatius Plancus, llegó a Basilea en el 44 a. C. Una estatua le recuerda en el Ayuntamiento

El Ayuntamiento de Basilea, en la plaza del Mercado, punto de encuentro para todos los turistas FRANCIA

Basilea

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ALEMANIA

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SUIZA Ginebra 0

200 Km

Bellinzona ITALIA

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Vuelta al traqueteo del tranvía, esta vez el seis, y luego veinte minutos de autobús para llegar al museo-sede de Vitra (www.design-museum.de). Esta empresa de mobiliario moderno, conocida en medio mundo, decidió en su momento abrir su centro de operaciones —situado unos kilómetros más allá de la frontera, en la inmediata Alemania— a la imaginación de los arquitectos. Oficinas, salas de exposiciones y almacenes han sido pensados por Alvaro Siza, Frank Gehry, Nicholas Grimshaw, Tadao Ando o la iraquí Zaha Hadid, la primera mujer que recibió el premio Pritzker, en 2004. El resultado, una microciudad del diseño en la que, se mire donde se mire, sobresalen las líneas singulares, el talento, la osadía creativa. Un tejado-puente que desciende como un ascensor, para servir de paraguas en días de lluvia (Siza). Una colección de sillas de todo el siglo XX, estampa que permite apreciar cómo ha cambiado el gusto de los gurús y del público. Una exposición temporal sobre la «poética de los objetos», centrada en el arquitecto y diseñador Jean Prouvé. La noche, con el implacable horario centroeuropeo, se echa encima durante el regreso al centro de esta ciudad fundada en el 44 a. C. —en realidad, sus primeros habitantes son muy anteriores, pero los romanos acostumbraban a «fundar» las ciudades que ocupaban— por Lucius Munatius Plancus. La estatua del entonces gobernador de Gallia, en el Ayunta-

Cuaderno de viaje Cómo ir: Swiss vuela a Zúrich desde Barcelona, Madrid, Málaga y Palma de Mallorca. Y a Ginebra desde Barcelona y Málaga. A partir del 15 de enero, también Barcelona-Basilea. Barcelona-Zúrich desde 75 euros; MadridZúrich, desde 165 (todo incluido). 901 11 67 12 / www.swiss.com Ofertas fin de semana: Desde 51 euros por persona. Incluye hotel, Mobility Ticket (para todos los transportes públicos) y entrada a algunas atracciones. www.baseltourismus.ch Para saber más: www.MiSuiza. com. Tel.: 00800 100 200 30 (internacional gratuito).

miento, puede ser la línea de salida de la ruta por la otra Basilea, la que desprende el aroma de la historia, de los patios silenciosos, de los puestos de frutas de la Plaza del Mercado. En un agradable paseo, con muy pocos coches en las calles, se pueden descubrir las dos últimas residencias de Erasmo de Rotterdam, su casa y, a cien metros, su tumba, en la catedral. O los incontables museos que rodean los edificios de la Universidad. O, por qué no, una de esas clásicas tiendas suizas alicatadas hasta el techo de chocolate que tientan con sólo mirarlas. En esta ciudad fronteriza, tan cerca de Francia que el aeropuerto de Basilea está en territorio francés y la estación de ferrocarril tiene una zona gala (en ambos casos funcionan como una Embajada), sus habitantes se mueven en un babélico trasiego de idiomas. Alemán, mucho inglés, algo de francés, de italiano. Simon Lutz, propietario de un restaurante de moda (Acqua, www.acquabasilea.ch), los habla todos a la vez, para hacerse entender. «En Basilea el arte nace en cada esquina, de forma natural, como la nieve en la montaña», resume. 쮿


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TENDENCIAS Un museo en la bodega SALUD Cómo hacerle preguntas al médico GASTRONOMÍA El chocolate del «maestro» Laline MOTOR Nissan Note

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3 DE JUNIO DE 2006

Alemania Destino redondo Alemania vive en estado de fútbol. Desde la berlinesa puerta de Brandenburgo (en la imagen) a Leipzig, donde España jugará su primer partido del Mundial. Esta ciudad del estado de Sajonia puede ser una excelente base de operaciones para elaborar un menú viajero que va mucho más allá del balón y las porterías

REUTERS


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Alemania Un destino redondo

EN PORTADA

POR JUAN FRANCISCO ALONSO

a selección española entrará en Leipzig por la puerta equivocada. O no, nunca se sabe. En cualquier caso, llegará en avión a un aeropuerto que aún huele a obras de reforma, en lugar de optar por el tren y apearse en la estación término más grande de Europa, una construcción apoteósica finalizada en 1915. Quizá la grandeza del edificio, en el que hoy conviven los andenes con un centro comercial de treinta mil metros cuadrados, podría haber inspirado nuestro juego. Los veintitrés de Luis Aragonés hubieran podido saborear sin pérdida de tiempo la historia de la ciudad. De Leipzig partió la primera conexión ferroviaria de largo recorrido en Alemania, en 1839. Y en la cercana Augustplatz, un espacio abierto en el que corta el aire, muy «estilo RDA», se agitó el movimiento de ruptura de 1989, la caída del Muro, la nueva vida. Desde el City Hoch Haus, un rascacielos de veintinueve pisos, vemos en gran angular un horizonte que intenta cambiar pasado por futuro. El gris de los edificios de «Cortina rasgada» por el verde del parque Auwald que abraza la ciudad, también el estadio de fútbol. La cara de Lenin esculpida en hierro por la tecnología de Porsche, que ha convertido su fábrica en un interesante parque de atracciones. Nos lo enseña Cristina Mas, catalana, «la única guiri en plantilla», feliz de haber logrado una entrada para el España-Ucrania del día 14. «Las visitas se reservan por internet, pero esta vez somos conscientes de que habrá muchas personas que se presenten en la puerta para aprovechar su viaje. Intentaremos mostrarles el museo de coches históricos, la cadena de montaje (no se permite entrar con cámara de fotos, móvil ni ningún artefacto similar), los restaurantes o los circuitos de tierra

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Dresde. El casco viejo, con la catedral protestante al fondo, invita al paseo

Wörlitz. Un horizonte de parques y castillos, Patrimonio de la Humanidad

y asfalto donde los clientes pueden probar vehículos o incluso apuntarse a una escuela de conducción, un día por 600 euros». Llueve esta tarde sobre Leipzig (www.leipzig.de), veinte grados menos que en muchos lugares de España. Y bajo ese chirimiri de primavera recorremos un centro histórico a menudo infravalo-

rado, la ciudad ferial más antigua de Alemania (1497). De esos tiempos se conserva un puñado de escenarios para recorrer, sin prisa, galerías en las que los negociantes mostraban su escaparate, hoy ocupadas por tiendas y restaurantes. Por ejemplo, el bellísimo Madler Passage, lleno de turistas que se fotografían delante de las esta-


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LOS SÁBADOS DE

pueden ser un oasis más allá de la pasión del fútbol. Leopoldo III olvidó el ardor guerrero de su padre y abuelo al servicio de Prusia y se dedicó a reconducir el agua del Elba para crear un peculiar recorrido de canales y estanques, de jardines y palacetes. El conjunto más completo de los seis declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco es el de Wörlitz, a menos de veinte kilómetros de Dessau. En la iglesia de Wörlitz, por cierto, predicó Lutero en 1532.

La resurrección de Dresde Leipzig. La música clásica —sobre todo la de Bach, que murió aquí— suena en cada calle

Lo que hay que ver

Berlín

Worlitz Dessau Leipzig

Dresde ALEMANIA

Dessau. La escuela Bauhaus cambió esta ciudad

tuas de Fausto y Mefistófeles, los personajes de Goethe, que estudió Derecho en la Universidad local. A tiro de piedra aguarda la iglesia de Santo Tomás, donde reposan los restos de Bach, el santo y seña de un casco urbano en el que se respira música. Por cierto que aquí murió también Félix Mendelssohn, compositor de diferentes

La estrella Michelin. El restaurante del «Hotel Bülow» tiene la única estrella Michelin de Dresde. El hotel, instalado en un edificio del siglo XVIII y reformado en los años 90, pertenece a la cadena Relais & Chateaux. 49 351 800 30 / www.buelow-residenz.de. Los ángeles de Raffael. La galería de Dresde es un tesoro para los aficionados a la pintura. Entre las obras maestras que aquí se exponen está la Madonna de Raffael, un cuadro conocido por los ángeles que contemplan la escena. www.skd-dresden.de El museo Porsche. La fábrica donde se monta el Cayenne, pero también museo, escuela de conducción, restaurante. Está en las afueras de Leipzig. Reservas: www.porsche-leipzig.de. Las casas de Kandinsky y Klee. En Dessau se hizo famosa la escuela Bauhaus. Entre los edificios creados por aquel grupo de artistas destacan las casas de los siete maestros del movimiento, por ejemplo Kandinsky y Klee. www.bauhaus-dessau.de. El paseo romántico. Los parques y castillos cercanos a Dessau son Patrimonio de la Humanidad. El mejor ejemplo, el de Wörlitz. Un hotel a tono, el «Landhaus»: www.woerlitzer-hof.de. El viaje. Lufthansa tiene varias opciones para ir a Leipzig o Dresde vía Múnich o Fráncfort. 902 220 101 / www.lufthansa.com Más información. Oficina de turismo alemán: 91 429 35 51 / www.alemania-turismo.com.

piezas inspiradas en «El sueño de una noche de verano», de Shakespeare. Un buen presagio para compensar lo de la estación, tal vez. El ferrocarril es la mejor opción para la primera excursión del viaje. Vamos a Dessau (www. dessau-tourismus.de), a unos ochenta kilómetros, la cuna del Bauhaus. Walter Gropius había fundado esta escuela de diseño en Weimar, en 1919, pero las tensiones provocadas en aquella ciudad conservadora le obligaron a hacer las maletas. En 1925, el grupo se instaló en Dessau, donde desarrolló sus ideas más atrevidas en todos los ámbitos creativos. Desde la silla de Kandinsky a las viviendas de los maestros o la escuela en sí misma, visitables en ambos casos. Gropius y sus seguidores creían en la importancia del color y en la funcionalidad de los objetos, en la belleza de líneas simples, como podemos observar en el restaurante Kornhaus, un mirador sobre el Elba creado por el arquitecto Carl Fieger. Una vez aquí no se puede dejar de visitar el sueño faraónico de Leopoldo III (Friedrich Franz von Anhalt-Dessau). Los jardines y castillos que ordenó construir en la segunda mitad del siglo XVIII

De la escuela Bauhaus a la tecnología punta de la fábrica Porsche. Cerca de Leipzig, en la Sajonia alemana, abundan las propuestas para completar el menú futbolístico

Dresde, a una hora en tren de Leipzig, es nuestra siguiente parada. La capital del estado de Sajonia ha soportado durante décadas las consecuencias del bombardeo aliado en la última esquina de la Segunda Guerra Mundial, el 13 de febrero de 1945. Dicen que treinta mil personas pagaron con su vida aquel golpe que pretendía acabar con cualquier esperanza en las tropas nazis. «Dresde era la ciudad más bella, el alma de Alemania, por eso la elegieron», opina Christoph Münch, portavoz del turismo local (www.dresden.de). Sesenta años después, la recuperación es asombrosa. En octubre de 2005 se volvió a abrir una de las últimas joyas destruidas por las bombas, la catedral protestante (la Frauenkirche). Cientos de personas guardaban cola el pasado sábado para contemplar de cerca el nuevo aspecto del símbolo. La cúpula de esta iglesia forma parte del deslumbrante «sky line» de Dresde, un despliegue de tesoros arquitectónicos que subrayan el curso del Elba. En el agua, los barcos de cruceros, que realizan itinerarios hasta la cercana República Checa —Praga está a 150 km—, empiezan a desperezarse tras el invierno. Y junto a la orilla, la Academia de Bellas Artes, el primer parlamento de Sajonia, la Ópera, la pinacoteca (con obras de Raffael, Canaleto, Rubens, Rembrandt, Murillo o Goya), la iglesia católica... Los turistas cruzan en peregrinación el puente que conduce hacia el casco histórico y la Hauptstrasse, abarrotada a media tarde, con un ligero aroma a salchichas en el aire. En el centro de la ciudad está la exposición de los tesoros de Federico Augusto II, Príncipe elector de Sajonia y Rey de Polonia. Mucho de lo que es Dresde tiene que ver con Augusto el Fuerte (1670-1733), excéntrico personaje obsesionado con la arquitectura, el arte y la buena vida. Un millar de esos objetos ya pueden verse en la Grünes Gewölbe, pero el 15 de septiembre se inaugurará la colección al completo. Estos días terminan las obras. Después del verano, cuando llegue la calma tras la tempestad futbolística, la exposición será una excusa para volver.


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VIAJES

En el Amazonas colombiano viven diecinueve grupos indígenas

La artesanía de ticunas o huitotos se expone y se vende junto al río

Una lancha de turistas se detiene en una de las comunidades indígenas que viven en los márgenes de este inmenso río

Amazonas

La llamada del ecoturismo Colombia empieza a pedir turno en la agenda de los viajeros. Su oferta natural es enorme. He aquí un recorrido entre la selva y el agua, en la frontera con Brasil y Perú TEXTO Y FOTOS: JUAN FRANCISCO ALONSO

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os policías nacionales Silva e Ipuchima desenfundan un teclado Yamaha y un micrófono, los conectan a la luz y echan una ojeada al cielo. A eso de las dos y media aterrizará, como todos los días, el vuelo de Aerorepública procedente de Bogotá. Silva e Ipuchima calientan la voz en la sala de recogida de equipajes, una estancia rudimentaria con cinco ventiladores de as-

pa que renuevan con esfuerzo el aire húmedo y pegajoso de esta esquina del mundo. Ha llovido hace un rato, antes de que llegara el único avión de pasajeros que hoy tomará tierra en esta pista, cargado de turistas y de mercancías para Leticia, la capital del departamento. No hay protocolo, ni «finger», ni «follow me». Se detiene el avión junto a la caseta-recepción, bajan los pasajeros, y Silva e Ipuchima, vestidos con su uniforme

caqui, se arrancan con una melodía de aire brasileño. No parece que desafinen en exceso, mientras los pasajeros se hacen con su maleta y degustan una refrescante mezcla de cachaza y hielo. «Bienvenidos al Amazonas, la mayor reserva mundial de la biosfera», proclama Ipuchima antes de entonar el siguiente son. En realidad, la Amazonia mancha de verde siete países, pero nosotros estamos en Leticia, un curioso lugar lejos de cualquier sitio, pero a dos pasos en sentido literal de Brasil y Perú. Hasta aquí sólo se puede llegar en avión (una hora y cuarenta minutos desde Bogotá) o en barco, en una travesía de varios días desde Iquitos o Manaos. Quizá por eso, cuando el vuelo de Aerorepública despega


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LOS DOMINGOS DE

En la comunidad de La Libertad, entre Leticia y Puerto Nariño, los niños posan para los turistas

de especies de árboles o aves que esperan río adelante. En una esquina del puerto atracan los cargueros que cubren el trayecto hacia Manaos. Los mochileros los cogen por 150.000 pesos (unos 50 euros), que dan derecho a hamaca y comida, y a las vistas, claro. La lancha rápida avanza veloz sin que el gran río mueva un músculo. De una orilla a otra puede haber hasta cinco kilómetros en este trapecio desconocido incluso para los colombianos. «A la izquierda, Perú. A la derecha, Colombia. A su espalda, Brasil», le pone palabras al mapa Antonio Regifo Galdino, guía desde hace una eternidad, incluso cuando no había turistas. Ahora llegan unos 28.000 al año, una cifra razonable si se tiene en cuenta que en Leticia viven poco más de 30.000 personas, pero ridícula si se pone en relación con un entorno tan apabullante. El inmenso Amazonas, 6.775 Kms, las tres fronteras, el mismo río que recorrió Francisco de Orellana en 1542 desde los Andes hasta el Atlántico.

La nueva vida de los indígenas

hasta el día siguiente se mezclan las sensaciones: el tipo de paz que sólo se masca en el fin del mundo y un pellizco de inquietud, de fragilidad, que desaparece al zambullirnos en el trajín de la calle, en el caótico tráfico de motos (para qué servirían los coches, si sólo hay una carretera de unos pocos kilómetros), en el olor de la yuca sobre la parrilla y el runrún de la inmediata selva. En Leticia anochece pronto, igual que se apaga una pequeña vela en la inmensidad del horizonte, pero amanece tan deprisa que apenas da tiempo a dormir. A eso de las cinco menos cuarto, el puerto ya bulle de actividad. Los vecinos de las comunidades cercanas llegan para vender su mercancía, en especial los pescados del río, gamitana, dorado, bocachico o el sabrosísimo pirarucú, un tesoro no siempre disponible. Alrededor de los puestos, una levísima estera sobre el suelo, resuena el rugido de las motos, que también madrugan, y el primer ir y venir de los barcos. Dicen que ahora está de moda el «peque-peque», un motor de 5,5 caballos poco intrusivo cuando se trata de observar la naturaleza, las cientos

La victoria regia, el más grande de los lirios de agua, crece junto al río

Los inmensos árboles de la selva se prestan para la práctica del canoping, un deporte en el que se trepa hasta la copa mediante un sistema de poleas

En el siglo XVI, en la Amazonia vivían millones de indígenas. «Hoy, en este departamento quedarán unos 20.000», dice Shirley Whiler, directora del museo antropológico de Leticia. La mayoría, ticuna, aunque también hay huitotos, yaguas, yucunas... y así hasta diecinueve grupos étnicos, repartidos en pequeñas comunidades a lo largo del río. La lancha del capitán Malaquías Castro se detiene con los turistas en los poblados tras el rastro de esa historia. Los más viejos cuentan las leyendas del abuelo sabedor (chamán) y las reuniones en la maloca para tejer el canasto de la vida, o recuerdan la tradición de que los hombres fabricaran máscaras y tambores para el «pelazón», el ritual de iniciación de las mujeres indígenas, que incluía el corte de pelo al cero, o muestran las cerbatanas y los dardos mojados en curare. Por supuesto, hoy nada es lo que fue. Los indígenas venden su artesanía a los viajeros, que les acribillan a fotos, o trabajan para alguna multinacional, como el grupo Decameron, que construye senderos, un restaurante y un hotel en la isla de los micos. La autopista de agua se ha llenado de maleza y palos, y el cauce se antoja de repente una trampa para marineros inexpertos. El capitán Castro, que lleva en el Amazonas más de veinte años, llega sin problemas al Parque Nacional Natural Amacayacu, una de las cincuenta y una áreas protegidas en Colombia. El ecoturismo ha movido en todo el país 1,5 millones de visitantes en los últi(Pasa a la página siguiente)


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VIAJES

Cuaderno de viaje

Amazonas La llamada del ecoturismo

(Viene de la página anterior)

mos dos años. Hasta la Amazonia han llegado muchos menos, entre otras cosas porque el río y la selva se asociacian con frecuencia únicamente a Manaos (Brasil), y no a Colombia. En las 293.000 hectáreas del Amacayacu, cualquier aficionado a la observación de fauna y flora sentirá la emoción que provoca un tesoro recién descubierto. Encontramos veinticinco senderos interpretativos, pensados para una escapada corta o para una incursión de varios días tras el rastro del jaguar o de los caimanes, tras la silueta de las enormes ceibas, el árbol clásico de las regiones tropicales.

Enseñar sin destruir

COLOMBIA Parque Nacional Natural Amacayacu

Rí o Am Puerto Nariño PERÚ

Lagos de Tarapoto

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Entre la selva y el río surgen infinitas formas de descubrir la Amazonia. Desde paseos de uno o varios días a deportes de más o menos aventura, como el canoping o el kayak

Trapecio Amazónico

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El grupo Aviatur ha construido este hotel flotante, un alojamiento original para un máximo de ocho personas. La casa se desplaza a unos diez kilómetros por hora

Empieza a llover de nuevo, aunque en este lugar donde rara vez se baja de los treinta grados eso poco importa. En Amacayacu, parque que dispone de alojamientos confortables, machacan el mensaje del turismo sostenible. Y una idea parecida mueve a los vecinos de Puerto Nariño, un pueblo a dos horas de Leticia en lancha rápida en el que no está permitida la circulación de coches o motos, salvo el camión de la basura y la ambulancia. La selva nos rodea por todas partes. Julián, nombre castellanizado de un yagua, guía un paseo en busca de árboles representativos. Aquí está la capirona, una especie que muda la piel como si fuera una serpiente. Allá, el ojé, con sus raíces inmensas. Cerca, la hamaca del duende, el cumala, el cedrillo, o el capinurí, el árbol de la fertilidad. Cientos, miles de troncos diferentes salpican un camino al que apenas consigue llegar la luz, tan tupido, tan aparentemente infranqueable. En el muelle de Puerto Nariño

atracan con regularidad los paquebotes de los pescadores, y alguno turístico. Uno de ellas, manejado por Saulo, de veinte años, suele adentrarse en los lagos del Tarapote, una balsa de agua y paz sobre la que el atardecer cae a cámara lenta. Los lugareños vienen a este refugio en busca de pescado —araguanas, pintadillos, sábalos...— que vender en el mercado de la mañana. Los turistas, en cambio, aguardan el ocaso y la silueta de los delfines rosados, el silencio, los saltos de estos bellísimos ejemplares. De regreso a Puerto Nariño, donde la luz se corta a las doce de cada noche, el estruendo de la gran ciudad se antoja sólo un vago recuerdo. Malaquías Castro pisa el acelerador camino de Leticia, con parada en otras comunidades indígenas o en la casa flotante construida por Aviatur. Es un hotel móvil de lujo para ocho personas en el que recorrer el río. En Leticia aún se podrá estirar la excursión. Quizá practicar kayak, en alguna quebrada que se interna en la selva, o canoping, ese deporte que consiste en trepar con un sistema de poleas hasta la copa de unos árboles de inmenso porte. Quizá pasear por una ciudad vigorosa pero en la que sólo hay un semáforo. O pasar a Brasil para comer. En esta tierra fronteriza, la mañana se escapa rápido. A las tres, Silva e Ipuchima nos esperarán en el llamémosle aeropuerto. Si la lluvia violenta del trópico no lo impide, el avión despegará a las tres y media en punto. [

Lagos Yaguarcaca

Bellavista

BRASIL

En Leticia circulan miles de motos. Los coches apenas son útiles en un entorno en el que sólo hay una carretera de pocos kilómetros

Cómo llegar. Avianca, Iberia y Air Comet vuelan desde Madrid a Bogotá. Hasta Leticia, capital del departamento del Amazonas, sólo se puede ir en avión, con Aerorepublica (www.aerorepublica.com.co), por unos 225 euros. Hay un vuelo diario. Alojamiento. La mejor opción es el hotel que la cadena Decameron (www.decameron.com) abrió recientemente en Leticia. Hay otros alojamientos en la ciudad (el Anaconda sería la alternativa), pero todos ellos son más modestos. Otra posibilidad es alquilar la casa flotante para ocho personas que ha construido Aviatur (www.aviatur.com) y que suele echar el ancla en un recodo del Amazonas entre Leticia y Puerto Nariño. El alquiler completo cuesta 540 euros/día. En el río. Aviatur o el hotel Decameron ponen a disposición de los turistas lanchas y guías para llegar hasta Puerto Nariño, al parque nacional Amacayacu, a la isla de los micos o al territorio de la victoria regia, esa flor espectacular tan característica de esta zona. Si prefiere buscar un guía directamente, puede contactar con Antonio Rengifo: reservasinfrontera@hotmail.com Qué comer. En el Amazonas, los peces del río son las estrellas, sobre todo el codiciado pirarucú. En cuanto a la carne, la alternativa más frecuente es el pollo, acompañado, como siempre, por yuca, arroz y patacones (plátano frito cortado en rodajas). El catálogo de zumos naturales es espectacular. Los podremos encontrar de arazá, copuazú, camucamu, carambolo, chontaduro, guayaba... Precauciones. Se exige la vacuna de la fiebre amarilla, y se recomienda repelente para los mosquitos, tratamiento contra la malaria (aunque ésta no es una zona de peligro) y protección contra el sol. En cuanto a la seguridad, en el trapecio amazónico no opera ningún grupo armado, por lo que la sensación de tranquilidad es completa. Lo mismo ocurre en Bogotá, ciudad que ha mejorado en este aspecto de forma muy llamativa. Más. www.colombiaespasion.com / www.proexport.com.co (91 577 67 08).

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LOS DOMINGOS DE

Annecy

Una Venecia en los Alpes Los canales abrazan esta ciudad cargada de historia, zurcida con callejuelas, con el runrún del agua y con las imponentes cumbres de los Alpes a su alrededor. En Annecy se respira el encanto de la Francia tranquila. Su lago, dicen que el más limpio de Europa, es un imán para millones de turistas TEXTO Y FOTO: JUAN FRANCISCO ALONSO

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ista desde dentro, la vieja cárcel de Annecy tiene un aspecto siniestro, más por lo que i mag i na mos que por lo que vemos. L os muros de la vieja prisión del Palacio de la Isla, las cuatro paredes en las que los reos penaban sus desgracias, f ueron un símbolo de poder en los tiempos del Conde de Ginebra o del Gran Duque de Saboya. En la cárcel se muestran hoy los proyectos culturales de la ciudad, por ejemplo, aunque en cualquier momento nos asalta su pasado, la historia de los presos de la resistencia encerrados por los nazis, o ese i nstante del siglo XIX en el que el edificio estuvo a punto de ser derribado por inútil. Afortunadamente, no hubo dinero público para el destrozo, y empezó su vida c omo icono turístico, una de las fotografías más conocidas de Francia. El Palacio de la Isla es la esqui-

na que buscan todos los viajeros nada más llegar a Anncey, un idílico rincón de la Alta Saboya francesa acunado entre las cumbres de los Alpes, a unos pocos kilómetros de Ginebra (Suiza), por un lado, y de Mégeve, el Mont Blanc y Chambéry por otro. Estamos en un clásico del veraneo de lujo en Francia, junto a un lago bellísimo, en un casco histórico abrazado por canales que comunican el lago con tres ríos. La Venecia de Saboya bulle en verano, quizá demasiado, ra zón por la que cada vez abundan más los visitantes fuera de la temporada alta, en otoño, cuando los bosques próximos son una tentación. En realidad, la c omunidad de la comarca de Annecy agrupa a trece municipios, unidos p or el mismo paisaje, por muchos servicios comunes y por una hilera de casonas de esas que provocan envidia p oco sana, colgadas sobre el lago, el segundo más gran-

La esquina de la vieja prisión de Annecy es uno de los rincones más fotografiados de Francia

de de Francia (14,6 Km de largo). En este entorno en el que, si nos descuidamos, podemos intoxicarnos de aire puro y paz, destaca la agitación de un «c arril bici» construido sobre el trazado de la antigua vía ferroviaria Annecy-Albertville, pegado al agua. A media tarde, los visitantes van y vienen, a pie, en bicicleta o en patines, quizá después de haber visitado cercanos pueblos con encanto como Sevrier, Saint-Jorioz o Duingt. Y a dormir, a Annecy, una tierra que perteneció a la Casa de los Saboya hasta 1860, cuando se incorporó a Francia.

Desde la cárcel al castillo

Agenda El viaje: Ginebra está a apenas 50 Km. Otra buena opción: Easy Jet (www.easyjet.com/es) inauguró recientemente un vuelo Madrid-Lyon, una de las capitales gastronómicas de Francia, a 125 Km de Annecy. Se pueden encontrar billetes de ida por 11,99 euros, tasas incluidas. De película: Annecy es la sede del reconocido Festival Internacional de Cine de Animación, en junio (www.annecy.org). Un hotel con vistas: Les Trésoms (www.lestresoms.com) se halla en una de las laderas que rodean Annecy. No es barato (habitaciones a partir de 180 euros), pero el entorno permite pensar que vale lo que cuesta. Se pueden buscar otras opciones bastante más económicas en la página web de la Oficina de Turismo, www.lac-annecy.com. Para saber más: Turismo de Francia (es.franceguide.com, 807 11 71 81).

Junto a la prisión empieza cualquier paseo por el casco histórico, rodeados de canales que en su momento fueron similares a los de Venecia, aunque en el siglo XIX se modificaron para evitar las crecidas e inundaciones. Ahora es imposible un romántico paseo en góndola, pero el impacto visual que provoca su belleza en los viajeros no avisados sigue siendo el mismo. La ruta debe incluir sus cuatro iglesias principales, como la de San Mauricio, del siglo XV, y por supuesto, el castillo, residencia de los condes de Ginebra que, como la cárcel, ha sobrevivido a infinidad de avatares, desde un incendio devastador hasta la época en que sirvió de refugio a los «sin techo». Como el Palacio de la Isla, corrió el riesgo de desaparecer, circunstancia que hoy se antoja imposible. Desde el mirador del castillo, los viajeros observan el intrincado laberinto de callejuelas del centro, cruzadas por los correspondientes canales, y también la importancia que tiene el lago en la vida de Annecy, quizá el principal reclamo para los millones de turistas que por aquí pasan cada año. Dicen que es el más limpio de Europa, después de que la ciudad emprendiera una hercúlea labor de regeneración a mediados de los sesenta. Hay muchas formas de apreciar su belleza, desde una zambullida en una de sus playas a un tranquilo recorrido por los 35 kilómetros de pistas preparadas para el cicloturismo. Y, por supuesto, durante unas horas de navegación en uno de esos «bateaux» que lo surcan al atardecer, con cena y baile incluidos. Annecy, conservadora y elegante, salpicada de coquetas terracitas junto a los canales, ve pasar la vida a años luz del ajetreo, aunque estén relativamente cerca los aeropuertos de Ginebra (50 Km) y Lyon (125). En las callejuelas huele a pan recién hecho, a café humeante, a las flores que cuelgan de los balcones. Sólo el pedaleo de una bicicleta interrumpe la charla del desayuno, cuando acaban de llegar los periódicos con las noticias del «mundo exterior». [


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VIAJES

Las ballenas están muy cerca de la costa, en un corredor natural de aguas profundas que va de Tenerife Sur a La Gomera

Tenerife sur Un día en busca de las ballenas

En las aguas de las islas Canarias viven al menos veintinueve especies de cetáceos, la mayoría en un pañuelo entre Tenerife Sur y Gomera. Un tesoro único. Miles de turistas acuden cada día en su busca TEXTO Y FOTOS: JUAN FRANCISCO ALONSO

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Todos a bordo Las excursiones. Los barcos salen habitualmente de Los Gigantes (Santiago del Teide), Puerto Colón (Adeje) y Los Cristianos (Arona). En www. webtenerife.com o en el 902 00 31 21 puede obtenerse información sobre las empresas que realizan las excursiones en cada zona. Precios. Un viaje de tres horas con comida cuesta en torno a cuarenta euros por persona (adultos, los niños la mitad). Suele funcionar un seguro que devuelve esa cantidad en el caso de no ver cetáceos.

n línea recta, entre el sur de Tenerife y Gomera hay poco más de veinte kilómetros, apenas cuarenta y cinco minutos en ferry. Una raya en el agua frecuentadísima por barcos repletos de turistas y cientos de cetáceos que han convertido esta esquina de las islas Canarias en un paraíso para los mirones y los estudiosos. Según la ong Canarias Conservación, en este «parque natural» tienen su residencia entre 477 y 530 calderones tropicales y unos 122 delfines mulares. De buena mañana, antes de las diez, en el muelle del puerto de los Cristianos, un centenar de turistas espera el momento de subir a bordo del «Lady Shelley», uno de los treinta y ocho barcos autorizados por el Gobierno de Canarias para comercializar una de las excursiones clásicas en el sur de Tenerife: la observación de ballenas

y delfines. La propuesta atrae cada año a cientos de miles de pasajeros (409.000 en 2002, según un estudio de la Sociedad Española de Cetáceos), que se preguntan entre risas, con el moreno pegado a la piel, si también esta vez las ballenas estarán listas para pasar revista. La mayoría quizá no sepa que la diversidad de cetáceos aquí no admite comparación con ningún otro lugar del Atlántico. El capitán José Juan Cordobés lleva diez años en estas aguas, en un trayecto que suele ir entre Punta de Teno y el Faro de Rasca. Bajo el casco de su barco encuentra zonas con cerca de 2.500 metros de profundidad, un hábitat cómodo para las ballenas, con suficientes calamares que llevarse a la boca. «Hay veces que no las vemos, sobre todo cuando el mar está demasiado picado, pero no es lo normal. En noventa y cinco de cada cien salidas, las encontra-

mos». Y los turistas empiezan a disparar sus cámaras digitales, a ir de babor a estribor tras su silueta. Cordobés explica que no utiliza ningún sistema electrónico de localización. «Hay que buscarlas a simple vista. Si acaso, nos comunicamos con otros barcos de los que hacen la ruta». En realidad, las ballenas están más cerca de la costa de lo que pudiera parecer. Bastan quince o veinte minutos de navegación para que el guía anuncie su presencia, aparentemente ajenas a la curiosidad que despiertan. Por la noche, suelen descender en busca de comida, pero a media mañana, en un día de sol y paz en la mar, se desplazan sin prisa por este territorio que han convertido en su hogar. «¡Mira, mira!», balbucean los niños, embobados por el «momento documental de televisión». «Un día llegamos a ver quince rocuales juntas, aunque no es lo habitual», recuerda el capitán Cordobés en su cabina de mando. La actividad turística de observación de cetáceos nació a principios de los noventa en el suroeste de la isla, en un área reconocida como «Lugar de Importancia Comunitaria» (LIC ES 7020017). Los principales puertos de salida son Los Gigantes (Santiago del Tei-

Decenas de barcos turísticos cubren esta ruta. En algún caso, además, los curiosos pueden acompañar a los científicos en sus campañas de observación de los animales La profundidad del mar entre La Gomera y Tenerife puede llegar a los 2.500 metros, un entorno favorable para los cetáceos que han hallado aquí un paraíso único en el Atlántico


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LOS DOMINGOS DE

Los cetáceos, casi al alcance de la mano, acompañan la excursión

Turistas en el barco de los científicos El sur de Tenerife, un pañuelo de unas pocas millas marinas, es un blanco perfecto de estudio y trabajo para el biólogo Manuel Carrillo y sus colaboradores de la ong Canarias Conservación (www.canariasconservacion.org / 699 692494). En Canarias se encuentra la mayor diversidad de cetáceos del Atlántico, y miles de viajeros se hacen a la mar cada día para observar su trajín no lejos del puerto de los Cristianos. Entre los barcos que salen en su busca hay uno singular, el «Monachus», dedicado a la investigación, en el que comparten trabajo y excursión los científicos, cuatro o cinco, con los turistas, otros tantos, que deben pagar trescientos euros por una semana de zambullida en el mundo de los cetáceos (una forma de financiar el proyecto). Habitualmente, el «Monachus», cedido por la Universidad de La Laguna, zarpa a las nueve de la mañana y regresa a puerto cinco o seis horas después. Y así durante toda la semana. El próximo viaje se anuncia para finales de mes, esta vez en aguas de Fuerteventura. Carrillo asegura que «en Canarias hay al menos veintinueve especies de cetáceos, veinticinco de ellas precisamente en el sur de Tenerife», un incalculable tesoro natural perseguido por los ojos avisados de los especialistas y la mirada sorprendida y curiosa de los turistas.

El Monachus, barco cedido por la Universidad a la ong Canarias Conservación

TENERIFE

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Puerto de la Cruz

0 Km 10

GOMERA Agulo

San Juan Los Gigantes

Playa de San Juan Playa de las Américas San Sebastián Los Cristianos

de la Gomera

La Orotava

Teide

El Médano Aeropuerto Costa del Silencio

ABC

La Laguna

Santa Cruz de Tenerife

de), Puerto Colón (Costa Adeje) y Los Cristianos (Arona), casi siempre por la mañana, en rutas de dos, tres o cinco horas, que suelen ir acompañadas por un tiempo para el baño en alguna cala. Sol, vacaciones, barco, comida en cubierta, un baño en el Atlántico... y la compañía de las ballenas. A veces, la presencia masiva de los turistas ha provocado algún que otro debate entre conservacionistas y administración, que asegura disponer de una de las legislaciones más completas del mundo en este aspecto. El biólogo Manuel Carrillo considera que el efecto de los barcos a lo largo de los años no ha causado ningún daño a los animales, aunque algunos grupos ecologistas suelen quejarse de que no faltan las embarcaciones que se acercan a los cetáceos de manera inadecuada o incluso forman un cerco con las ballenas dentro, lo que les causa molestias innecesarias. El viaje continúa, con la costa casi siempre al alcance de la vista, una esperanza para los que no aguantan el vaivén del mar, un medio inevitablemente hostil. Para sus habitantes naturales, sin embargo, hoy parece un día de fiesta. De pronto, un grupo de delfines empieza a saltar frente a la cabina del capitán, junto al casco del barco, y los gritos de entusiasmo en la cubierta llegan hasta la sala de mandos. «Los delfines deben estar contentos, quizá porque con las piscifactorías que se han ido creando en esta zona tienen la comida más fácil», asegura el capitán Cordobés. Quizá. Los viajeros agotan su tarjeta de memoria en las cámaras con el espectáculo, mientras intentan que en el mismo encuadre quepan ellos y los animales. Una misión difícil cuando el oleaje crece. [


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GASTRONOMÍA

Valles encantados

El Bierzo conquista EE.UU. Palacios, Dominio de Tares, Luna Beberide… Una generación de jóvenes bodegueros ha convertido en pocos años la magia literaria del Bierzo (León) en una denominación visible y elogiada en el mundo, sobre todo en Estados Unidos. En plena vendimia, en estos valles huele a vino TEXTO: J. F. ALONSO FOTOS: GONZALO CRUZ

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La uva mencía. Es la variedad principal en el Bierzo. La «negra», uva delicada, aporta carácter a la región. Está adaptada a terrenos cálidos y algo secos, de fertilidad elevada y producción media-alta (www.crdobierzo.es). Enoturismo. Prada a Tope, otro nombre esencial en el Bierzo, decidió en 1988 adquirir el palacio del Señorío de Canedo y sus tierras de labor. Hoy es un excelente hotel entre los cepas y el Camino de Santiago (902 400 101). Luna Beberide también se sumará al enoturismo con otra bodega-hotel que ahora empieza a construirse. Para comer en Villafranca, La Puerta del Perdón (987 54 06 14).

l sol del final del verano acaricia el yacimiento arqueológico de Castro Ventosa, un mirador perfecto sobre la comarca. A la izquierda, Villafranca; a la derecha, Cacabelos; no muy lejos, las montañas que nos separan de Galicia… Y en el valle, aquí y allá, los viñedos, cientos de pequeñas parcelas tomadas estos días por cuadrillas de vendimiadores. En este lugar, donde hace más de dos mil años estaba el pueblo de Bergidae, el origen del Bierzo, se aprecia como en ningún otro el cambio de las cosas. «El vino pertenecía a la economía de subsistencia. Lo vendíamos a los gallegos. Así fue hasta finales de los 90», afirma Alejandro Luna, propietario de la bodega Luna Beberide, mientras muestra el paisaje y las cepas. El «cambio radical» lo encabezó la «generación del 98». Como si se hubieran puesto de acuerdo, en torno a ese año un grupo de jóvenes con ambición y talento intuyó que en esta región fronteriza el vino podía tener un futuro mejor. Raúl Pérez, en Castro Ventosa; Jorge Peique, en Peique; Ricardo y Álvaro Palacios; Mario Rico, en Dominio de Tares; Marcos García, en Pago de Valdoneje; Isidro Fernández, en Casar de Burbia… Han pasado menos de diez años, y el listón está mucho más alto de lo que quizá nunca imaginaron. «Ayer estuvo aquí un periodista de la revista "Esquire"; hace unas semanas publicaron un artículo sobre el Bierzo en "The Wine Review"; hace unos meses, en el "The New York Times"», afirma Mario Rico, mientras degusta el primer mosto del año, azucarado, delicioso. Dominio de Tares produce 400.000 botellas al año, entre ellos el Cepas Viejas (nueve meses en barricas), el Bembibre (quince meses) —ambos de la variedad mencía, un tipo de uva inexistente en otros lugares, la seña de

identidad del Bierzo— o el Cumal, realizado con la variedad pietro picudo en Pajares de los Oteros. Si sirve como ejemplo de la expansión internacional de los vinos de esta tierra, Dominio de Tares exporta el 40 por ciento de esas botellas, una parte importante a EE.UU.. «Cuando vas a las tiendas allí no ves muchas etiquetas españolas, ves Priorato, Rioja, Ribera… y el Bierzo, ésa es la realidad», afirma Mario Rico. El Bierzo es un puzzle de pequeños valles, a tiro de piedra de Galicia y de Asturias. Un territorio

complejo, lluvioso pero templado, con diferentes suelos (aunque abunda la arcilla, la pizarra y la cuarcita) y alturas (los técnicos prefieren las laderas elevadas, los pagos situados a ochocientos metros, donde el agua afecta menos a la cepa). Entre Villafranca del Bierzo y Cacabelos, la zona central de los viñedos, apenas hay ocho kilómetros. Un pañuelo en pleno Camino de Santiago.

A las 7 con el mapa del tiempo

La vendimia comenzó el lunes en los viñedos de los Descendientes de J. Palacios; el martes, en Dominio de Tares… «Es la guerra del 14», bromea Mario Rico. «El momento más importante del año, nosotros no aceptamos visitas en esta época», apunta Ricardo Palacios. Alejandro Luna se despierta a eso de las siete en su casa de Ponferrada. Enciende el ordenador y rastrea la información del tiempo en una web de la NASA y

Esta semana ha comenzado la vendimia en el Bierzo. El año ha sido lluvioso, pero los enólogos creen que habrán sobrevivido las uvas más fuertes y que la calidad será excelente


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LOS SÁBADOS DE VINO Y VINO

en otra del Instituto Nacional de Meteorología. Esta mañana le sonríen los mapas: ninguno anuncia lluvias en el Bierzo. A eso de las ocho suele estar en su bodega, en Cacabelos, y comprueba los datos que le proporciona el laboratorio sobre las muestras de uvas recogidas el día anterior (alcohol, acidez, Ph, polifenoles), para decidir qué pago va a vendimiar hoy. Luego hay que comprobar las fermentaciones. A veces, el día se estira hasta la madrugada, cuando por unas pocas horas vuelve el silencio. Isidro Fernández, de treinta y cinco años, propietario de Casar de Burbia, conduce su todoterreno camino de sus viñedos casi sin mirar el camino. «La bodega se hace con dinero y el viñedo con tiempo», afirma. Él ha pasado muchas horas en estas tierras, en pagos como Sapita o La Valdaiga, en busca de un sello propio. «Se trata de rastrear la diferencia, de volverte lo más loco posible dentro de una línea de calidad», sugiere. Los resultados también a él le avalan. Sólo en Madrid tiene un centenar de clientes finales, entre ellos muchos de los mejores restaurantes de la ciudad. En otoño, Isidro tendrá una hija. La llamará Mencía. Una metáfora de una denominación de origen con una vida para crecer. [

Alejandro Luna, de Luna Beberide, planea construir un hotel en sus viñedos

PINTIA 2004

Bodegas y Viñedos Pintia Ficha: D. O. Toro. Añada: 2004. Variedades: tinto de toro. Grado de alcohol: 15. Crianza: 14 meses en barricas de roble francés y americano. Precio aproximado: 25 euros. Calificación: 9. Dirección: Bodegas y Viñedos Pintia. Ctra. de Morales, s/n. 47530 San Román de la Hornija (Valladolid). Tfo.: 983680147

Isidro Fernández, de Casar de Burbia, junto a las cepas que vigila con mimo

Un sueño de aromas y recuerdos

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Juan FernándezCuesta

Dominio de Tares suele elegir el roble francés o el americano para sus vinos

Palacios y la pica en América Álvaro Palacios es una leyenda en el mundo del vino. Trabaja en el Priorato, La Rioja, el Bierzo... En el valle dicen que fue él quien cambió el destino de estas tierras. «Siempre tuve gran interés por las zonas vinícolas más singulares y misteriosas de España», cuenta el enólogo. En 1998, en sociedad con su sobrino Ricardo, comenzó su aventura en esta esquina de León. De 1999 es su reconocido Corullón, en homenaje al pueblo donde se encuentran sus viñedos, un pequeño secreto que en seguida creció como la espuma. En 2001, el Bierzo y Palacios llegaron a Estados Unidos, donde los críticos le premiaron con puntuaciones altísimas. «Si hablamos de grandes vinos —explica Álvaro Palacios—, Estados Unidos es el país considerado hoy en día como el espejo de mercado mundial, como en su día lo fue el Reino Unido o en tiempos anteriores ser proveedor de la realeza europea o rusa. Nosotros estamos representados directamente en unos sesenta países». Hay quien, no obstante, sitúa en 1989 el «primer vino moderno» del Bierzo, el Valdeobispo de la familia Álvarez de Toledo. La enóloga era Alicia Eyaralar, ovetense, que empezó su carrera según recuerda a menudo «en una pequeña bodega de Villafranca del Bierzo donde se elaboraba el vino de forma rudimentaria».

an Román de la Hornija, un pueblo de Valladolid, al suroeste de la capital, fue escogido hace diez años por la familia Álvarez (Vega Sicilia) para vivir un sueño. Unos mil cuatrocientos años antes, ese mismo pueblo, esas mismas tierras, recibieron al rey visigodo Chindasvinto (padre de Recesvinto) para morir su sueño con 90 años, once últimos de reinado, en un sepulcro junto a su mujer en el monasterio que ordenó construir. De fantasías, pues, y monarquías. De idealizar la realidad con un Pintia que te llena de aromas a fruta roja, y te deja maderas en el recuerdo. De soñar cuando te ocupa la boca con esa fruta, y de sentimientos, de notas minerales, de recuerdos. Pintia atrae palabras como opulencia, bienes y riqueza, equilibrio. Es un vino fresco y a la vez sabroso, que paladeas. Y reinan sus aromas en tu nariz cuando lo dejas, y en tu boca, pero él no te deja. Es largo, largo, como se diría de Chindasvinto en su época, en ese siglo VII que no dejó hasta los 90. En fin, comparten tierra. Y encontraron la belleza. San Román de la Hornija, un pueblo de Valladolid al amparo de la denominación de origen de Toro. Pintia vive allí. Casi cien hectáreas de viñedos, de tinto de toro, de paisajes amparados por la inteligencia. jfc@abc.es


ABC VIAJAR

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DESTINOS

El sendero del granito rosa, en Perros-Guirec, tiene unos ocho kilómetros, un camino fácil y agradable en torno al mar y las rocas

Bretaña

Corsarios y granito rosa El mapa de Bretaña (Francia) es casi una fotocopia del de Galicia. Con PISTAS El viaje. Iberia Regional Air Nostrum (www.iberia.es/ 902 400 500) inauguró en febrero tres rutas directas que unen Madrid con Rennes, Clermont-Ferrand y Montpellier. Hacia Rennes, opera lunes, miércoles, jueves y domingo. La fiesta de las murallas. Durante dos días, Dinan se engalana para recordar su pasado. 19 y 20 de julio. Fiesta Internacional del Mar y los Marineros. En Brest, del 11 al 17 de julio. Más. www.vacacionesbretana.com / www.viajes-bretana.com / es.franceguide.com

un Finisterre propio incluido. Mar, paisajes verdes, una costa singular, de granito rosa, pueblos llenos de encanto y una gastronomía para chuparse los dedos TEXTO Y FOTOS: JUAN FRANCISCO ALONSO

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lueve sobre las murallas de Saint-Malo, pero el grupo de turistas prefiere calarse hasta los huesos a volver al coche. Llueve y azota el viento, como tantas otras veces en esta esquina atlántica pegada al Canal de La Mancha. Pero «La piedra», como se conoce a la ciudad, ni se inmuta. Ha visto mucho como para asustarse por un día de perros. En esta ciudad del mar, la belleza duele, y el pasado zas-

candilea en unas calles por las que han pasado renegados y proscritos, marineros, corsarios, aventureros, ardorosos independentistas. Y escritores. El más importante, Chateaubriand, nació en una de estas casas en 1768. «Durante las horas de reflujo, el puerto queda seco y, en las orillas este y norte del mar, se descubre una playa de la más hermosa arena. Es posible dar la vuelta entonces a mi nido paterno. Al lado y a lo lejos, hay diseminados peñascos, fuertes, islotes deshabitados: el Fort-Royal, la Conchée, Cézembre y el Grand-Bé, donde estará mi tumba; había elegido

bien sin saberlo: be, en bretón, significa tumba», escribió. A la roca donde reposa el vizconde de Chateaubriand sólo se puede llegar en las horas de bajamar, pero la silueta de la cruz se atisba desde el paseo de las murallas, construidas y reforzadas durante siglos para defender la ciudad de los múltiples enemigos que la acosaron. La estatua que recuerda a Robert Surcouf (1773-1827), el gran corsario de Saint Malo al servicio de Francia, mira de frente a la tumba de la GrandBé y al bravo mar. Surcouf saqueó decenas de barcos, muchos de ellos ingleses, y su le-

yenda es una de las más solidas en esta tierra de hombres de carácter, como los citados, o como Jacques Cartier, el descubridor de Canadá, enterrado en la catedral de San Vicente. Dicen que un oficial británico derrotado acusó a Surcouf de batallar sólo por dinero, y no por honor. «Cada uno pelea por lo que no tiene», le replicó. Si fuera por tener y no tener, Bretaña no hubiera necesitado pelear por nada. Esta esquina de Francia, tan parecida a Galicia, lo tiene casi todo. Pueblos con encanto, de esos de murallas y calles empedradas; el horizonte verde, que aquí la lluvia no falta; restaurantes en los que apreciar el significado de la expresión «cultura gastronómica», y hasta la magnífica abadía del Mont-St. Michel a tiro de piedra, aunque ya en Normandía. Bretaña le sirve al viajero para un fin de semana o para un mes, con infinidad de lugares en los que detenerse y leer un libro, en los que pasear y acabar con las tarjetas de memoria de la cámara de fotos. Estamos en el Sendero de los Aduaneros, creado en 1791 para vigilar a los contrabandistas, y hoy una opción de viaje para observar esta región de proa a popa, pegados a la costa.


VIAJAR ABC

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LA RUTA DE LA BUENA MESA En Bretaña hay más de dos mil crêperies, aunque sólo setenta y tres han logrado el sello de calidad «Gourmandes» (www.bretagneacroquer.com). Es el plato tradicional y lo podremos degustar de mil maneras, a menudo elaborado con masa de trigo negro: con frutos del mar (vieiras, gambas, mejillones, salsa de nata), con tres quesos (Camembert, Roquefort y de cabra), completa (jamón dulce, huevo frito y queso rallado)... El pescado y el marisco, con mil variantes, es un menú de obligado cumplimiento en este viaje. En Dinan: Le Cotrage. Rue de Petit Fort, 78. En Rennes: Crêperie La Rozell. Rue de Penhoët, 14. En Perros-Guirec, es excelente el restaurante del hotel Castel Beau Site. Y un lugar especial, fuera de ruta: Le Jersey Lillie, en la Cale de Jouvente, junto al río Rance y cerca de un pueblo llamado Pleurtit. www.jerseylilliejouvente.com

PerrosGuirec Brest

St. Malo

MontSt.Michel Dinan

Rennes Vannes Nantes FRANCIA

N

El GR 34 suma 1.300 kilómetros, un camino que da para un verano, desde Saint Nazaire, en el Loira Atlántico, hasta el Mont Saint-Michel, en Normandía. Como sólo tenemos unas horas, esta vez elegimos un tramo de una belleza serena y rocosa. En la costa del granito rosa, en torno al municipio turístico de Perros-Guirec (perros, en bretón, significa «sobre la montaña»), la erosión ha creado formas fantásticas en las rocas. «¿Eso es la cabeza de un diablo?», pregunta un senderista entusiasmado. El color rosa, a veces rojo, es excepcional. Está compuesto por cristal de feldespato, cuar-

Saint-Malo, ciudad de corsarios y aventureros, en su refugio amurallado zo y mica, aunque ese tono singular lo aporta el hierro. Es un recorrido de ocho kilómetros, llano, que se puede completar con facilidad, con todo el tiempo del mundo para sentarse y observar las formaciones creadas por el tiempo, el agua y el aire. Al final de la senda está el Castel Beau Site (www.castelbeausite.com), un hotel con una vista impagable sobre las rocas, el mar, un pequeño castillo del XIX en el que reside un actor alemán y una residencia en la que pasaba sus vacaciones Gustave Eiffel. El Beau Site cerrará en 2009 para modificar sus habitaciones, sólo el interior, porque el paisaje se antoja inmejorable. Perros-Guirec, a dos horas del aeropuerto de Rennes, a pie de playa, puede ser una buena base de operaciones para explorar Bretaña en busca de excelentes restaurantes o pequeños pueblos de pescadores. Abundan unos y otros, como SaintSuliac, tan cosido al mar que en la iglesia cuelga una maqueta de un barco, quizá una oración silenciosa por los hombres que viven y mueren en el profundo océano. En esta región, como en Galicia, huele a sal, a horizonte peligroso. Incluso hay un Finis-

M. SCHULTE-KELLINGHAUS /CRTB

En Rennes se conservan más de 400 casas con la tradicional estructura de madera, habitual hasta el gran incendio de 1720

terre, como en la costa española. También huele a pasado celta, a gaitas, a idioma propio (el bretón) aunque poco utilizado, a pastos verdes y tierra mojada. Aunque Saint-Malo sea el casco histórico más conocido y fotografiado de la región, no conviene perder de vista Dinan, ciudad amurallada abrazada por el río Rance. Forma parte de las «Villes et pays d'art et d'histoire», denominación creada a mediados de los años 80. Dicen que es la ciudad medieval mejor conservada de Francia, un baño de pasado que vemos en sus fachadas, llenas de madera y granito, y en las calles, adoquinadas, en ocasiones en cuesta casi vertical, como la Rue du Petit Fort, el camino que conduce desde el centro hasta el río. O en la Tour de l’Horloge, torre del reloj del siglo XV cuyas campanas suenan cada cuarto de hora. En verano, Dinan suele estar lleno de turistas, pero un día entre semana de primavera, al caer el sol, el centro es un desierto. El viaje al Medievo es entonces tan fácil como conmovedor. De regreso al aeropuerto nos espera Rennes. En su casco histórico se conservan más de cuatrocientas casas con la tradicional estructura de madera. Era el material más utilizado, hasta que un incendio feroz en 1720 les animó a cambiar la madera por el granito y la piedra caliza. La división de la ciudad en dos, según su construcción, es perfectamente visible, tanto como la abrumadora presencia de jóvenes en las calles. Es éste un territorio de estudiantes: unos 60.000 de los 200.000 habitantes totales, lo que significa un ambiente animado y festivo. A ellos aún les queda muy lejos aquella otra frase de Chateaubriand, el hombre que eligió para su última tumba un peñasco frente a las murallas de SaintMalo: «Hombres que amáis la gloria, cuidad de vuestra tumba; acomodaos bien en ella; procurad componer la figura, porque allí os quedaréis».


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VIAJES

La artesanía en madera es un clásico en Bohemia, como en esta tienda de Cesky Krumlov

Luz de fiesta

Cuento de Navidad en Bohemia En diciembre, Bohemia vive en «estado de Navidad». En el centro de Praga hay un mercadillo en cada plaza. Y en la región se acumulan las postales de luz y leyendas TEXTO Y FOTOS: JUAN FRANCISCO ALONSO

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n el diciembre de Bohemia a las cuatro apenas queda un rastro de luz. Y a eso de las diez parece madrugada, con los adoquines alfombrados de rocío. Hay mucho tiempo para fabular. En la noche del 5 al 6, el pasado jueves, por ejemplo, las calles se llenaron de ángeles y demonios, y de personajes vestidos de San Nicolás, el hombre bueno que reparte regalos a los niños que lo merecen y deja a los malos en brazos de los diablillos. Durante unas horas, los enviados del infierno andan sueltos por estos pequeños pueblos, por las plazas abrazadas por edificios renacentistas de los siglos XV o XVI, por las tabernas en las que se beben cervezas de medio litro sin pestañear, por ciudades mágicas como Trebon, Cesky Krumlov y, por su-

puesto, Praga. El pasado fin de semana comenzó el Adviento en Bohemia, se encendieron las luces. Una hilera de personas abrigadas hasta las orejas caminaba a media tarde del domingo, ya noche cerrada, hacia la plaza de Cesky Krumlov, fundada en el siglo XIII, una bellísima y bien conservada ciudad medieval a orillas del Moldava, que perteneció a tres de las grandes familias de la región, los Rozmberk, entre 1302 y 1611, los Eggenberg y los Schwarzenberg. Caía una lluvia finísima, y el árbol de Navidad aún estaba a oscuras. El mercadi-

En Praga se cuentan diez mercadillos en otras tantas plazas céntricas. En todos ellos sólo se venden productos tradicionales. El «plástico made in China» está prohibido

llo, sin embargo, hacía rato que había alzado su telón. Olía a castañas asadas, a dulces con almendras. En un escenario, una coral de voces blancas empezó a interpretar villancicos y canciones populares mientras dos sacerdotes esperaban a pie de escalera para bendecir el momento. Cuando lo hiceron, quizá media hora más tarde, el árbol se encendió como por arte de magia. La Navidad es una de las grandes fiestas de este corazón del sur de Bohemia, un lugar que empieza a colarse en la agenda de los turistas que quieren brujulear más allá de Praga. Cesky Krumlov está incluida en la lista del patrimonio mundial de la Unesco, y su castillo es el segundo más importante de la República Checa, después del de Praga, con no menos de trescientas estancias, incluidas las habitaciones de los Rozmberk, decoradas con bóvedas de madera y murales renacentistas. El paseo desde el puente que cruza el Moldava, caudaloso y esta semana todavía libre del abrazo del hielo, nos traslada al Medievo sin necesidad de cerrar los ojos. Abundan los objetos de madera en las tiendas, y la artesanía local en el tra-


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LOS DOMINGOS DE

REPÚBLICA CHECA ALEMANIA Liberec Karlovy Vary

Praga Bohem

© ABC

i Trebon a Cesky Krumlov

AUSTRIA

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Km

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POLONIA

Olomouc

Ostrava

Brno

ESLOVAQUIA

Agenda El vuelo. Czech Airlines (www.czechairlines.com/es/spain/es_home. htm) o Iberia (www.iberia.com), que inauguró un vuelo directo hace unos días, son dos buenas alternativas. Dormir. En Cesky Krumlov, podemos elegir el «U Mesta Vidne» (www.hmv. cz), en la ciudad vieja. En Trebon, el «Zlata Hvezda» (www.zhvezda.cz). En Praga, el «President» (www.hotelpresident.cz). Agencias. Condor Vacaciones, Politours, Sato Tours y Travelplan ofrecen circuitos por Bohemia. Los precios varían mucho según la época. Personal Travel (www.personatravel. cz) es una empresa local especializada en el mundo hispanohablante.

Los mercadillos de Bohemia —como el de la Plaza Vieja de Praga— se inauguraron el pasado fin de semana

Praga, bella y romántica, es el imán conocido, pero otras ciudades y pueblos esperan turno. Cesky Krumlov, patrimonio de la Unesco, se cuela en los programas de las agencias

dicional mercadillo de la plaza, justo en frente de la iglesia de San Vito, un edificio gótico de principios del siglo XV. Un poco más allá, una vista general del río, el castillo y el centro histórico deja con la boca abierta a los viandantes. «Un lugar para huir con un amor imposible», bromea —¿o no?— una turista austriaca que dice llevar una semana entre estas callejuelas.

De compras en cualquier época

Los mercadillos son una de las tradiciones más arraigadas en Bohemia, como en muchos otros lugares de Centroeuropa. Los ha habido siempre, dedicados a la Navidad o a la Semana Santa, a las frutas que se acaban de recoger o a las más variopintas especialidades artesanas. Los de estas semanas de diciembre, sin embargo, están cargados de luz y de historia. Dice Zlata Mederos, una checa que viaja a España en coche (1.800 kilómetros a Barcelona) al menos una vez al año, que está prohibido vender objetos de importación, plástico «made in China», y que todo lo que podemos hallar en una tarde de rastreo por estas casetas es de ori-

Para saber más. CzechTourism. Madre de Dios, 45. Madrid. 807 300 565. www.czechtourism.com

Vestidas de Navidad, esta semana, en Jindrichuv Hradec gen local. «Es nuestro sello de identidad», afirma. Los mercadillos de Praga, el de las plazas de Wenceslao y la Vieja, son los más aparatosamente llamativos, como toda la ciudad, de una belleza romántica que atrae a millones de turistas cada

año. Sin embargo, la región de Bohemia es una tentación mucho menos conocida y salpicada de atractivos. Desde la carretera, luce un paisaje verde y de suaves colinas, con tachuelas de no más de 1.600 metros. Alrededor, amplias praderas y zonas boscosas de ro-

bles y pinos, además del omnipresente arrullo del Moldava, que nace en los montes Sumava. Y, desde luego, los pueblos, muchos de ellos dotados de un evidente encanto, fotogénicos, preparados para aparecer en cualquier postal. Durante el siglo XIII se construyeron varias ciudades fortificadas en esta zona para defender al rey. Esas ciudades históricas conforman hoy una ruta por descubrir, con Cesky Krumlov en cabeza, aunque hay otras muchas paradas posibles, como Jindrichuv Hradec y Trebon, y sus edificios que atraen a las cámaras de fotos. En la República Checa hay turistas que siguen a una rubia (se cuentan más de cincuenta fábricas de cerveza) y otros que van de castillo en castillo, inhóspitos en esta época, aunque dicen mucho de lo que fue la región. Jindrichuv Hradec tiene uno de ellos, (Pasa a la página siguiente)


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Bohemia Cuento de Navidad Los artesanos trabajan sin descanso para llenar los puestos de los mercadillos (Viene de la página anterior)

del siglo XIII, residencia de los señores de Hradec. Era originalmente de estilo gótico, aunque a finales de XVI los arquitectos italianos le dieron un baño renacentista. Merece la pena pasear por sus salas, y salir luego a las calles para ver los edificios de colores vivísimos tan típicos de Bohemia. Dicen sus habitantes que hay tantos días grises que es imprescindible utilizar el pantone en las fachadas para alegrarse la vista. En el caso de esta localidad de nombre impronunciable, la mayoría de esas casas se construyeron tras el incendio de 1801; en Cesky, en cambio, abundan los edificios del XIV, y en Trebon hay una curiosa mezcla de construcciones renacentistas y barrocas. Trebon, ciudad balneario, también presume de un castillo renacentista construido en el siglo XVI. Es buen lugar para de nuevo dejar volar la imaginación una vez que se hace de noche y las horas se estiran como goma de mascar. Se cuenta que por estos pasillos deambula como alma en pena la dama blanca, una buena mujer de la familia Rozmberk que se casó con

uno de los hijos de los Lichenstein, maltratador y feroz, bastante mayor que ella. El marido murió y, antes de expirar, le pidió perdón a su esposa. No lo obtuvo y, según se transmite de generación en generación, el varón de los Lichenstein escupió una de esas maldiciones contra las que no hay antídoto. La leyenda sigue viva. Una dama vestida de blanco vagará por los siglos de los siglos por estas salas congeladas como un cubito de hielo.

La segunda vida de los castillos

El castillo de Zvikov, del siglo XIII, ha conocido mejores momentos, por ejemplo cuando fue el último bastión del ejército protestante en el sur de Bohemia. Ahora parece abandonado a su suerte, a orillas del Moldava, donde se ha construido un embarcadero del que zarpan minicruceros para observar la fortificación desde el agua. Esta tarde, la neblina que aletea entre el río y el cielo invita

Alrededor de Bohemia hay muchas rutas posibles, desde la cerveza a los castillos. Pero, estos días, en todos los escaparates y en todas las plazas brilla el Adviento

a abrocharse el forro polar y a respirar profundamente. El barco se dirige a otro castillo, el de Orlik, catorce kilómetros más allá, reconvertido en hotel. En la República Checa hay dos mil castillos, y para algunos de ellos su transformación en alojamiento ha sido la única forma de seguir en pie. Bohemia vive durante un mes en «estado de Navidad», o de Adviento. En cualquier esquina, en la capital, esa ciudad en la que se anuncia un concierto de Mahler en la calle de Kafka, y en los pueblos. También en la mina de Pribram, un lugar que explotó sus entrañas —plata, uranio, zinc, carbón— hasta que en 1978 empezó a costar más el proceso de extracción que lo obtenido. Algunas de esas galerías, como las de Anna y Procopio, que se hundían cuarenta y un pisos en la tierra, se pueden visitar ahora. Como la casa del minero, donde unos cuantos artesanos preparan dulces o figuras para el belén, y donde suena la música clásica, esa dulce compañía para contar historias mientras llovizna —o quizá nieva— tras los cristales, mientras llega la cena… La carpa es el plato tradicional de la Nochebuena. Otra leyenda urbana y rural de las que se cuentan al calor de una cerveza dice que sus escamas propiciarán un año saludable, de forma que las amas de casa se afanan en ordenarlas bajo los platos el día 24. Además, guardarán algunas en los bolsillos de la ropa, para salir a la calle con la suerte pegada al cuerpo, con las luces en cada escaparate, con los mercadillos abiertos desde primera hora de la mañana hasta eso de las siete. Porque aquí, eso sí, la tarde parece noche, y la noche, madrugada. [

Mucho dulce y un poco de licor para combatir el frío

El casco antiguo de Cesky Krumlov, rodeado por el Moldava, a 180 kilómetros de Praga

La dieta de la Navidad está llena de tentaciones para los golosos. Puede empezar con una deliciosa masa de hojaldre calentada a la brasa con nueces, canela y un barniz de caramelo que se vende en todas las plazas de Praga por cuarenta coronas (menos de dos euros). Sólo para empezar, porque luego hay que probar las manzanas al horno, las trenzas con almendras y pasas, o el «jidas», un pastel a base de queso fresco. En cuanto a los licores, abundan y tonifican, como en todas las tierras frías. El vino caliente suele estar presente en todos los mercadillos, y también un licor aceptable, el «pechrovka», un cóctel de yema de huevo, leche condensada y ron. Otros clásicos de estas fechas son el «grog», ron añejo con agua caliente, y el ponche. En cuanto a la cena, la carpa es la reina, símbolo de suerte y prosperidad, aunque también encontramos platos de caza. Esta es la época, y en las colinas de Bohemia corretean jabalíes y corzos.


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TENDENCIAS Abanicos for men Marbella. Vivir como un millonario SALUD Hipertensión. La enfermedad silenciosa Cirugía. Las siamesas salen hacia adelante MOTOR Salón del vehículo de ocasión

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17 DE JUNIO DE 2006

El original de la Torre de Babel (De kleine toren van Babel) se encuentra en el Museum Boijmans Van Beuningen de Rotterdam

Bruegel Un verano a cuadros

Bélgica se entrega al gran pintor flamenco del XVI. Sus cuadros, sus grabados, el entorno en el que trabajó, su época... Media docena de citas dan color al verano en Bruselas y algunos pueblos cercanos


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Bruegel Un verano a cuadros

A elegir: 8 ó 45 kilómetros

POR JUAN FRANCISCO ALONSO

n las pinturas de Bruegel huele a pan. Unas pocas pinceladas nos trasladan al trigal amarillo, listo para que las hoces lo corten, para la trilla y el molino. En realidad, la asociación del pintor con un tridente temático formado por pueblos, paisajes y campesinos es un lugar común inexacto por reducido, pero esta mañana, en la pequeña aldea de Saint-Anna-Pede, a unos quince kilómetros del centro de Bruselas, también huele a pan. El sol lame con suavidad el campo verde, los rododendros, las segundas residencias de los ejecutivos de la capital de los funcionarios, y un puñado de turistas subraya el horizonte subidos en sus bicicletas. Es una escena que recuerda a las vacaciones de Monsieur Hulot, sólo que, esta vez, en el paseo abundan las estaciones para quedarse a cuadros, para hacer turismo a partir de los lienzos. Pieter Bruegel es un pintor lleno de misterios. El primero, su origen: nunca se ha aclarado dónde nació. El segundo, la interpretación de sus cuadros, despachados con demasiada alegría por los estudiosos durante siglos. Y el tercero, la fascinación que provoca hoy en Bélgica, a pesar de los pocos originales que se conservan en sus pinacotecas. Tanta admiración suscita que, al menos de fronteras adentro, éste será «el verano de Bruegel», con media docena de exposiciones que rastrean su época y sus paisajes, su obra y los caminos en los que instaló su caballete. Y para empezar, qué mejor que una mañana de ejercicio en el museo al aire libre de Dilbeek, el municipio en el que se halla la aldea de Saint-Anna-Pede. El plan es asequible. Ocho kilómetros a pie —o en bicicleta— pa-

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La iglesia de Saint-Anna, en la realidad y en el cuadro «La parábola de los ciegos» ra los que no se sientan con demasiadas fuerzas, o bien cuarenta y cinco, para quien prefiera explorar a fondo estas tierras flamencas y la influencia que ejercieron en el pintor. Nos guía Ana María, una belga sin un gramo de grasa que pedalea con esa extraña facilidad de la que parecen dotados los compatriotas de Eddy Merckx. Nos muestra la veintena de reproducciones de cuadros que cosen la ruta, y, como complemento, el paisaje que las envuelve. Las obras

La ruta (a pie o en bici), cerca de Bruselas, se detiene en diecinueve cuadros de Bruegel

en su entorno. En «La parábola de los ciegos», por ejemplo, aparece la silueta de la iglesia de Saint-Anna, la línea de salida de nuestra pequeña expedición. Un poco más allá, «La cosecha de heno». En la siguiente curva, «El banquete de bodas». Y así hasta el final, de nuevo junto a Saint-Anna.

El barrio del pintor Desde algún altozano de esta comarca de nombre complejo, Pajottenland, se intuye en los días claros el perfil de Bruselas, el centro de operaciones de esta «apoteosis Bruegel». Incluso le han dedicado un barrio. En Les Marolles, «quartier» que en el siglo XVI acogía a la buena sociedad, se instaló el pintor en 1563, seis años antes de su muerte. El paseo —esta vez a pie— nos descubre unas calles hoy llenas de inmigrantes, un comedor social en el que se sirven menús por 1,50 euros, la fachada de su casa, la residencia de Andreae Vesalis (médico de Carlos V) y, al cabo, Nuestra Señora de la Capilla (siglo XIII), la iglesia en la que reposan los restos del artista. Una orquesta ensaya junto al altar su concierto del domingo, ajena al ir y venir de los turistas. Bruselas es (aún) una ciudad para caminar. Cerca del templo, por ejemplo, encontramos «Le Petit Sablon», un parque urbano dedicado a los sabios del XVI. De aquella época, en pleno Renacimiento,


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LOS SÁBADOS DE

Viaje alrededor de Bruegel: las exposiciones Bruegel imaginario Todos sus cuadros, reproducidos según el tamaño original, en la Real Biblioteca de Bélgica (www.kbr. be). Hasta el 3 de septiembre.

Sus grabados La colección completa (ochenta y cuatro grabados) se muestra en otra sala de la Real Biblioteca. La entrada para las dos exposiciones cuesta 5 euros.

Su época El rastro del turbulento siglo XVI, en el castillo de Gaasbeek. www.kasteelvangaasbeek.be

Fuente de inspiración Una antología de los aguafuertes y grabados que «bebieron» en la obra de Bruegel, en Tervuren, a 14 kilómetros de Bruselas. www.tervuren.be

Con los ojos de hoy Artistas flamencos de hoy se preguntan sobre la importancia de Bruegel en el siglo XXI a partir de fotografías, grafismo, instalaciones, vídeo y cine. En el castillo de Bouchout, en Meise, y en el Jardín Botánico que lo rodea. www.br.fgov.be

La ruta en bici Dos recorridos diferentes (ocho o cuarenta y cinco kilómetros) en torno a diecinueve cuadros y los paisajes que inspiraron al autor. En Dilbeek. Más información: www.dilbeekserfgoed.be

Cuándo Este proyecto turístico-cultural salpicará de actividades todo el verano en Bélgica. Comenzó el 12 de mayo y finalizará el 3 de septiembre. En internet: www.bruegel06.be

FOTOS: ABC

son los primeros jardines botánicos europeos, y también la capilla Nassau (Biblioteca Real de Bélgica), donde ahora se exponen los ochenta y cuatro grabados que se conservan basados en dibujos de Bruegel. En Roma, Venecia o Lyon se generó un floreciente negocio alimentado por grabadores como Marcantonio Raimondi y editores como Antonio Salamanca, Antonio Lafreri, Michele Lucchese o Hiëronymus Cock, que aprendió el oficio en Italia. En 1548 regresó a Amberes, una ciudad floreciente que duplicó su población en la primera mitad del siglo. Bruegel, que también vivió en Italia hasta 1553, empezó a colaborar con Cock, y de esa alianza surgieron decenas de encargos alrededor de todo tipo de temáticas, desde los vicios hasta la justicia, además de paisajes, por supuesto. Sin salir del edificio, en otra sala de la biblioteca, se muestra la reproducción a escala real de toda la obra pictórica del artista, cuarenta cuadros. El desconsuelo de no poder ver los originales se compensa en cierto modo con la oportunidad de conocer de un tirón el universo de este compositor de imágenes. Bruegel el Viejo (¿1525?-1569) veía e imaginaba, y sus trabajos son la suma de ambas influencias. De repente, en una escena del campo flamenco se cuela un risco de los Alpes. Hay figuras que son excusa para com-

Más información Turismo de Bélgica. 93 508 59 90 / www.flandes.net

«Escenarios Bruegel». De arriba abajo, el lugar en el que reposan sus restos, en la iglesia de Nuestra Señora de la Capilla (Bruselas); su casa, en el Quartier Bruegel de la capital; la exposición de grabados, y el castillo de Gaasbeek

pletar el paisaje, composiciones llenas de personajes en plena fiesta o en el trabajo, el azote del invierno, imágenes religiosas, ilustraciones de refranes, composiciones irónicas, gestos dramáticos, los ecos del turbulento siglo XVI.

No se cumple ningún aniversario. El «verano de Bruegel» se justifica en la pasión de los belgas por uno de sus pintores favoritos, el artista que vio el paisaje con otros ojos

En el castillo de Gaasbeek podemos seguir el rastro de la época. El conde de Egmont era el señor de las murallas, hasta que fue ejecutado por orden del duque de Alba. La sublevación contra Felipe II (el recinto fue ocupado en varias ocasiones por partidarios de España y de los Estados), la figura de Bruegel, el estilo de vida… cada sala abierta hoy al público nos sumerge en un libro de historia, otra forma de ver la obra del pintor del siglo en los Países Bajos. Algo de todo ello flota sobre los

paisajes y el paisanaje de Bruegel (así, sin «h» entre la «g» y la «e», tal y como quiso firmar en el último tramo de su vida), sobre un estilo que influyó decisivamente en muchos seguidores. Curiosamente, sin embargo, en el templo oficial del arte belga, el Museo Real de Bellas Artes, sólo se conservan cinco lienzos del artista, rodeados eso sí por obras de sus hijos, Pieter Brueghel el Joven y Jan Bruegel el Viejo. En el silencio fresco de las salas del XVI, el verano se antoja un pequeño paraíso. 쮿


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VIAJES

El «merchandising» del «rey loco» Unos meses después de la muerte de Luis II, ya habían visitado sus castillos decenas de miles de turistas. Su personalidad peculiar ha alimentado desde entonces la curiosidad de los viajeros e historiadores, y también la poderosa industria del «merchandising» turístico. En este rincón de Baviera, su figura sirve como reclamo infalible.

Neuschwanstein se ha convertido en el icono de un castillo romántico. Alrededor, montañas y una decena de lagos

Castillos de Baviera Luis II sólo quería gobernar en el reino de los sueños Verlaine dijo que era el único verdadero rey del siglo. Amaba la música, la noche... y los castillos, una pasión que le llevó a la ruina. La visita a sus refugios retrata a un gobernante que prefería la poesía al poder TEXTO Y FOTOS: JUAN FRANCISCO ALONSO

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l caballo preferido de Luis II de Baviera (1845-1886) se llamaba «Cosa rara», escrito y pronunciado así, en castellano. Le dejaba la comida en la mesa del jardín, mientras el resto rumiaba en los establos, o al menos esa estampa se recrea en los retratos que cuelgan de las paredes de sus castillos. Está por ejemplo en el palacio de verano de Nymphenburg, hoy en Múnich, donde nació. Al primer hijo del Rey Maximiliano II de Baviera y

de la princesa María de Prusia le gustaban los caballos, sin duda, y también las «cosas raras». Dicen que le asustaba la gente, que dormía de día y vivía de noche, que prefería una ópera de Wagner a cualquier reunión con sus ministros. Quizá por todo ello, entre otras razones, le mataran, en una de esas historias de final rebozado con bruma, como el título de una novela barata: «Misterio en el lago de Starnberg». En realidad, la vida corta de Luis II es un relato de intriga,

aunque para la historia haya quedado su excéntrico afán de construir castillos, su homosexualidad («Bailaba junto al fuego Maldoror / un vals con Luis II de Baviera», escribió Luis Eduardo Aute) y su muerte en el lago. Hallaron su cadáver, ahogado, junto al de su médico un día de junio, cerca de Múnich pero lejos de las faldas de los Alpes, en la frontera austriaca, esa franja verde y vertical de la que nunca quería salir. Para el Rey joven, que había heredado el trono con dieciocho años, Múnich era la oficina, un nido de conspiradores, el alboroto, esas miradas de sus súbditos que tanto le molestaban. Hoy, en la Residenz, el palacio oficial de la familia, los turistas hablan sin parar del soberano enamorado de sus refugios en las montañas. Él nunca lo hubiera permitido,


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LOS DOMINGOS DE

Cuaderno de viaje El palacio de Linderhof se halla en un terreno de cincuenta hectáreas: jardines, agua y el bosque

Cómo ir. Lo más cómodo es viajar hasta Múnich. Allí está la Residenz, el centro del Gobierno de Luis II, y Nymphenburg, el palacio de verano donde nació. Los castillos están a unos 130 kilómetros de la ciudad. Lufthansa vuela hasta Múnich desde diferentes ciudades españolas. www.lufthansa. com / 902 220 101. Un hotel. Muy cerca de Linderhof se halla Ettal, un monasterio bellísimo en el que residen 55 benedictinos. En el edificio, inmenso, hay un colegio en el que imparten clase los monjes, una zona en la que fabrican cerveza y un hotel, buen lugar para utilizarlo como base de operaciones en nuestro viaje. www.kloster-ettal.de/hotel.

pero sólo unas semanas después de su muerte, se abrieron a los visitantes aquellos palacios que ordenó construir. Al de Neuschwanstein acudieron 18.000 personas durante los primeros seis meses, a pesar de que entonces no había coches ni trenes, ni autobuses llenos de japoneses. El turismo nació en Baviera en aquella época, a final del XIX. Más de un siglo después, en 2006, la ruta de los castillos fue el segundo destino alemán preferido por los españoles, sólo por detrás de Berlín. Y como soporte de esa avalancha anual, la leyenda de un rey-mecenas, las piedras, la bautizada ruta romántica, incluso la fama añadida que le entregó Walt Disney, que al parecer se inspiró en la silueta de Neuschwanstein para crear su reino de magia.

Wagner y el Rey

La subida al peñasco donde Luis II ordenó levantar su castillo puede hacerse a pie, junto a un río con sus zonas de cascadas que ahora, en pleno deshielo, derrochan abundancia. El 13 de mayo de 1868, con veintitrés años, el Rey le contó por escrito al compositor Richard Wagner que pensaba hacerse un nuevo hogar en las cercanías del riachuelo Pöllat, «en uno de los sitios más preciosos que se puedan encontrar…». La obra duró de 1869 a 1886, y el resultado, sus torres y almenas

Luis II escuchaba las óperas de Wagner en esta cueva artificial de Linderhof

Cervecerías en Múnich. La cerveza, servida en jarras de medio litro, es un ingrediente básico del viaje. «Hofbräuhaus» es la más grande (www.hofbraeuhaus.de), un clásico donde tomar salchichas blancas a eso de las 12.00, con música tradicional y buen ambiente. Otra opción, quizá la cervecería más antigua, es Augustinerkeller (www.augustinerkeller.de). Más información. Turismo de Alemania. www.alemania-turismo.com / 91 429 35 51.

En el castillo de Hohenschwangau vivió Luis II su infancia y su juventud afiladas, su perfil feudal, se ha convertido en un símbolo alemán, en la esencia de los castillos románticos medievales. Por sus salas sobrevuela la influencia de los pentagramas de Lohengrin, Tannhäuser, Parzifal, Tristan e Isolda… La ópera y el Rey. Sin embargo, Wagner nunca llegó a pisar Neuschwanstein (murió en 1883). Y su protector real sólo lo hizo durante unos días, justo

Wagner, amigo de Luis II, inspiró su vida y sus castillos. Sus óperas, desde Tannhäuser a Lohengrin, sobrevuelan la decoración de muchas de las estancias en las que vivió La Francia de Luis XIV y el esplendor de Versalles, que conoció durante un viaje, le impresionaron vivamente. Se nota con claridad en Linderhof y en Herrenchiemsee

antes de su muerte. Ambos utilizaron mucho más el cercano Hohenschwangau, reconstruido por Maximiliano II, padre de Luis II y de Oto I. Aquí pasaron los herederos largas temporadas de su infancia y juventud, bajo la estricta vigilancia de sus educadores. Desde Múnich apenas hay una hora y cuarenta minutos en coche, y ya en la carretera, bajo la lluvia fina que mantiene estas montañas con un verde luminoso y eterno, se atisban sus murallas, y el Puente de María, que enlaza las crestas de dos barrancos a 91 metros de altura. Hoy, el puente es un mirador frecuentado por cientos de miles de turistas cada año. El silencio de las montañas se quiebra con el clic de las cámaras (Pasa a la página siguiente)


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Füssen, pueblo con encanto, en la ruta de los castillos

La sala Antiquarium, en la Residenz de Múnich, es una joya renacentista, restaurada tras los destrozos de la guerra

Baviera Los castillos de Luis II

(Viene de la página anterior)

Luis II nació en Nymphenburg, el palacio de verano de la familia de fotos, con las risas de los viajeros. Al fondo, los Alpes, y Austria, un horizonte esta tarde envuelto con un papel de niebla. A pocos kilómetros se halla Füssen, un pueblo bellísimo, cruzado por el río Lech. Su casco histórico está lleno de edificios de principios del siglo XVI, de calles adoquinadas por las que dar un paseo mientras tras los visillos suena un violín o un laúd. No en vano aquí siempre ha habido artesanos que los han construido con la máxima de la excelencia. Una

La imagen del Rey está en los quesos y en cientos de souvenirs

estatua recuerda a uno de esos maestros, Kaspar Tiefenbrucker. En Füssen, por cierto, termina la clásica «ruta romántica alemana» (romantischestrasse.de).

El sueño francés

Luis II visitó Versalles en 1867, y el esplendor francés le caló hasta los huesos. De hecho, no tardó mucho en adquirir un terreno de cincuenta hectáreas alrededor de Linderhof donde su padre ya tenía una pequeña casa de caza. Cerca, en la mitad del bosque, en uno de esos paisajes que se sueñan cuando la ciudad abruma, construyó un castillo-palacio menos conocido que Neuschwanstein, pero fascinante, rodeado de agua, de pendientes, cascadas y miradores, y de referencias a la Corte francesa, empezando por una estatua de Luis XIV en el vestíbulo de la entrada. Es un complejo inmenso, con varios edificios complementarios, como la Casa de Marruecos. En este entorno rodó Visconti «Ludwig», atraído como otros artistas (Verlaine, Rimbaud…) por un personaje al que el destino colocó fuera de su tiempo, como aquella cara del actor que le dio vida, Helmut Berger. Al final de una pendiente en el bosque que rodea Linderhof, Luis

Nunca le gustó Múnich. Pasaba el menor tiempo posible. Pero los palacios de la familia en la ciudad, Nymphenburg y la Residenz, sí merecen la visita de los turistas II se hizo construir una cueva artificial, bautizada como «La gruta de Venus», otra alegoría al universo Wagner: el escenario del monte del Venus en la ópera Tannhäuser. Una barca en forma de concha, un escenario donde sus amigos cantantes interpretaban fragmentos de sus obras favoritas, e iluminación eléctrica, una novedad en la Baviera de 1876. Ese era el sitio de su recreo, tan lejos de Múnich y del Gobierno. «Luis de Baviera escucha Lohengrin», escribió Luis Cernuda. «Ni existe el mundo, ni la presencia humana / Interrumpe el encanto de reinar en sueños. / Pero, mañana, chambelán, consejero, ministro, / Volverán con demandas estúpidas al rey: / Que gobierne por fin, les oiga y les atienda. / ¿Gobernar? ¿Quién gobierna en el mundo de los sueños?». El último de sus proyectos, Herrenchiemsee, se construyó en una isla situada en el lago Chiemsee. «Debe ser en cierto modo un templo de la gloria, donde quiero celebrar la memoria de Luis XIV», escribió en el proyecto, otro retiro opulento que no pudo disfrutar (sólo vivió nueve días en su nuevo Versalles) y al que hoy llegan los turistas en barcos, con sus cámaras digitales dispuestas para almacenar unos jardines perfectos, las fuentes... Múnich está a 80 kilómetros, no muy lejos realmente, pero un salto en el vacío para Luis II, y también para los dirigentes de la época, que miraban asustados las cuentas de gastos del «rey loco». Hay quien ve en esos excesos el argumento de los que terminaron con su vida. Sea como fuere, una vez hallado su cadáver, se le arrancó el corazón, como a todos los miembros de la familia, y se llevó a Altötting, un capilla de peregrinación. El resto de su cuerpo reposa, con su leyenda, en la iglesia de San Miguel, en el centro de Múnich. [


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Luz del Sena La ruta de los impresionistas Una gran exposición en París, el centenario de la muerte de Cézanne y los actos pensados para la ocasión animan a recorrer los pueblos en los que vivieron los grandes maestros del impresionismo

En Auvers-sur-Oise, cerca de París, vivieron Cézanne y Daubigny (precursor del impresionismo), y murió Van Gogh. En este cuadro de Cézanne (1872), vemos la casa del doctor Gachet, mecenas del movimiento


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Año Cézanne Escapada impresionista

POR JUAN FRANCISCO ALONSO

a vida corría como una bala en aquellos trenes que resoplaban en la Gare St. Lazare. En el vértigo de la era de los inventos, un grupo de pintores quiso atrapar el mundo que se les escurría entre los dedos con colores puros y trazos sueltos. Fogonazos de realidad que viajaban en un suspiro desde el Barrio Latino o desde cualquier callejuela de un pequeño pueblo hasta el lienzo. Los impresionistas quizá no sabían que estaban creando uno de los movimientos más populares de la historia. Algunos bastante tenían con sobrevivir. Durante años, lo consiguieron en el refugio recién descubierto de la campiña, a dos pasos (unos treinta kilómetros) de París. El mundo gira aún más rápido hoy. Pero en Auvers, como entonces, se toma un respiro. Este pueblo abrazado por el agua del Oise es un remanso de paz, casi una fotocopia del que halló Daubigny, precursor de los impresionistas, cuando instaló aquí su «atelier» en 1860 (hoy museo, abierto al público en, cómo no, la «rue» que lleva su nombre). Desde la puerta de esa casa vemos con sus ojos, o con los de Cézanne, o con los de Van Gogh: viviendas unifamiliares de dos o tres plantas, el bosque en el horizonte, las calles silenciosas, el tintineo de las tazas de café, el campo color verde envidia. El centenario de la muerte de Cézanne (1839-1906) ha puesto esta área de descanso en pie de actividad para recordar a aquel grupo de amigos que encontró aquí un hogar más barato y tranquilo que en la febril París, más cerca del mecenas Gachet, más a tono con la pasión por el paisaje de muchos de ellos. El castillo de Auvers-sur-Oise, donde se ha construido un centro de interpretación del impresionismo, es una buena puerta para entrar en el valle. Durante casi dos horas se nos presenta esa época con un chaparrón de maquetas, audiovisuales, fotografías y reconstrucción de escenarios, por ejemplo el tren que llegaba del entonces lejano centro de la capital, o un café en el que suena el vaivén del cancán.

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museo o en un catálogo. Y así, hasta regresar al centro, a la Place de la Mairie, en busca de la archifamosa casa en la que Van Gogh pasó sus últimos días. A nuestra espalda está el Ayuntamiento, una fachada que entró en la historia tras «posar» para el genio incomprendido, y enfrente, el «Auberge Ravoux», con su pequeño café en la planta baja y, arriba, uno de los «microcuartos» más famosos del mundo, dividido en dos zonas. En la primera, la so-

El original y la interpretación

En el Auberge Ravoux, un pequeño hostal del centro de Auvers, Van Gogh vivió sus últimos setenta días, tiempo en el que consiguió pintar otros tantos lienzos, alentado por su mecenas, el doctor Gachet. Sobre estas líneas, su microhabitación

En Auvers se va el día a pinceladas, entre el castillo, la casa del doctor Gachet, y el «atelier» y el museo Daubigny. En las calles han tenido, además, la buena idea de instalar paneles con cuadros conocidos junto al paisaje original, lo que que ayuda a los visitantes a viajar un siglo atrás, a ponerse detrás del caballete, a caminar entre las silenciosas calles en busca de otro rincón que seguramente habrán visto alguna vez en un

Museo Tavet-Delacour, en una casa del XV en Pontoise

ledad de una silla se torna una metáfora del hombre que no conseguía vender un cuadro, que se pegó un tiro; en la segunda, apenas cabe una cama individual, situada bajo el chorro de luz del techo abuhardillado. Aquí durmió setenta días, antes de morir, una época de frenesí creativo en la que pintó setenta cuadros, treinta dibujos y un grabado. Las localidades más próximas al Sena y las del valle del Oise casi se tocan entre sí. Pontoise, donde vivía Pissarro, dista tres kilómetros de Auvers, por ejemplo. Esta proximidad explica la relación entre los impresionistas. «Cézanne me ha influido a mí en Pontoise, y yo a él —escribió Pissarro en 1895—. Hablan de lo curioso que es el parentesco que hay entre algunos paisajes creados por ambos. Pues claro. Estábamos siempre juntos, pero lo cierto es que cada cual conservaba la única cosa que cuenta, su sentimiento, eso sería fácil de demostrar». A la hora de recorrerlos, lo mejor es un coche, para acercanos a la casa-museo de Monet, en Argenteuil, o al museo de la Maison Fournaise, en Chatou, inmortalizada por Renoir en «El almuerzo de los barqueros», o quizá a Croissy-sur-Seine, en busca de los cuadros que recuerdan el café-baile de la Grenouillère. Quien lo prefiera, eso sí, puede conformarse con Auvers, el centro de operaciones del


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S 6

LOS SÁBADOS DE

La iglesia de Auvers, en el original y vista por Van Gogh

Daubigny (en la imagen, su casa) atrajo a otros pintores

Los paisajes, las citas

FOTOS: J.F.A.

El Musée d'Orsay, en París, abarrotado estos días de aficionados a la pintura de los impresionistas

El refugio de los pintores

Auvers-sur-Oise (Cézanne-Van Gogh) Río Oise

Valle de Oise

Pontoise (Pissarro) Río O

Valle de Oise

ise

Argenteuil (Monet)

Río Sena

Saint-Denis

Río Sena

Croissy (Renoir) Yvelines

Poblaciones donde residían los paisajistas del siglo XIX 0

5

Marly (Sisley) Louveciennes (Pissarro)

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Kilómetros

impresionismo. Un tren (www. transilien.com/FR) enlaza desde abril hasta septiembre la Gare du Nord, en París, con este pueblo de artistas, al que acuden todavía hoy decenas jóvenes talentos en busca de inspiración. El Musée d'Orsay, ya en París, es estos días otro centro de peregrinación para los aficionados a la pintura. La exposición Cézanne-Pissarro puede ser un perfecto

Versalles

Gennevilliers (Caillebote)

Saint Denis

PARÍS

Altos del Sena Bougival (Sisley)

Río Sena

Sèvres (Monet)

postre (o aperitivo) para nuestra escapada. De las paredes del museo cuelgan los trabajos realizados por ambos creadores en aquellos años de estrecha convivencia, de paseos de un pueblo a otro junto a la orilla del Oise. Dos formas de aproximarse a los mismos horizontes, para concluir en algún caso en lienzos muy semejantes, como «Louveciennes, 1871», de Pissarro, y «Louveciennes,

Valle de Marne Infografía ABC

1872», de Cézanne. La comparación de los paisajes reales, de tierra, bosques y agua, con lo que vieron los artistas es otra forma de reemprender el viaje. 쮿

Cézanne, Pissarro, Daubigny, Monet, Renoir, Sisley... Todos eligieron la recién descubierta campiña de los alrededores de París para vivir y pintar, para huir de la febril ciudad

Los pueblos. Muchos de los paisajistas de final del XIX vivieron en estos pueblos. En 1866 Monet se instala en Sèvres. En 1869 se traslada a Saint-Michel, cerca de Bougival, y pinta con Renoir, que reside en casa de sus padres, en Ville-d’Avray, isla de Croissy. Pissarro se establece en Louveciennes antes de 1870. Sisley vive en Bougival de 1870 a 1875, y a partir de esa fecha, en Marly. Daubigny es el pionero en la moda de Auvers-sur-Oise, donde abre casa en 1860. Pissarro descubre Pontoise de 1866 a 1869. Después, a partir de 1872, pintará aquí otros diez años. En 1878, Caillebote adquiere una vivienda en Petite-Gennevilliers. Cézanne llega a Auvers atraído por el doctor Gachet, mecenas de muchos de estos creadores. En 1890, Van Gogh pasa sus últimas semanas también en este pueblo. Monet elige Argenteuil en 1872, y por allí pasarían sus amigos Renoir, Sisley y Manet. La exposición. Cézanne y Pissarro (1865-1885), en el Musée d’Orsay, París. Hasta el 28 de mayo. www.musee-orsay.fr El tiempo de los impresionistas. El castillo de Auvers es un parque temático sobre este movimiento. www.chateau-auvers.fr En Aix-en-Provence, donde nació y murió Cézanne. Exposición del 9 de junio al 17 de septiembre. www.cezanne-2006.com El viaje. Air France vuela directamente a París desde Madrid, Barcelona, Bilbao, Valladolid y Vigo. 902 20 70 90 / www.airfrance.es Más. Turismo de Francia. 807 117 181 / www.franceguide.com / Guía «on line». www.pidf. com/fichiers/Impressionnisme.pdf


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VIAJES

Champagne Paseo con burbujas Cientos de kilómetros de cavas, un mar de viñas y monumentos de altura, como la catedral de Reims. La región de Champagne-Ardenne hace chinchín en Navidad TEXTO Y FOTOS: JUAN FRANCISCO ALONSO

n Hautvillers, un pequeño pueblo de ochocientos habitantes, hay sesenta casas de champán y ciento sesenta carteles colgados de portales o esquinas dedicados al monje benedictino Dom Pérignon (1639-1715). Jacques Postel, un jubilado de verbo fácil que a menudo ejerce de guía, «para completar el mes», se cala una gorra de felpa sobre su frente despejada, y comienza el paseo bajo una leve llovizna otoñal. «Mire el campo —dice, al final de la última esquina, junto a las cepas de Moët et Chandon—. Este es el paisaje de la región: el pueblo, las viñas que cubren las laderas y, sobre las colinas, el bosque». En Champagne-Ardenne, todo son burbujas, desde el nombre de las ciudades hasta el menú de los restaurantes. Desde el aperitivo en el bar de la plaza, a eso de las doce, hasta las conversaciones. En el caso del guía Postel, la charla vuelve hacia Pierre Pérignon, que vivió en la abadía de Hautvillers cuarenta y siete años. «Estaba lleno de virtudes. Dignificó esta comunidad», se puede leer en la lápida que le recuerda, junto al altar de la iglesia (la abadía que completaba el conjunto original fue destruida durante la Revolución Francesa). Ya no quedan conventos en este pequeño pueblo, pero el pasado del enólogo Pérignon sigue estando presente. Los más entusiastas le atribuyen el descubrimiento del «método champenoise», aunque lo más probable es que mejorara técnicas ya aplicadas. Dejó escritas sus normas de vendimia, vigentes aún hoy, y se le atribuyen incontables innovaciones —discernir entre la certeza y la leyenda es complejo en este personaje—, como la utilización por primera vez de tapones de corcho para las botellas, tras una visita al monasterio benedictino de Sant Feliu de Guixols. Hautvillers está a tiro de viñas —apenas ocho kilómetros— de Epernay, «la capital del champán». También aquí la mayoría

E

Dom Pérignon El monje enólogo Este monje benedictino vivió durante cuarenta y siete años en la abadía de Hautvillers. Sus innovaciones en la vendimia y en el embotellamiento del champán han pasado a la historia

de sus vecinos vive de la economía de las burbujas. Por ejemplo, Bernard Ocio, uno de los cocineros más conocidos de la región, que oficia en el restaurante «La Cave à Champagne», donde utiliza el espumoso como acompañante esencial de sus creaciones. O Jean-Louis Brizard, director de la oficina de turismo de la localidad, que presume de cifras («se distribuyen 330 millones de botellas cada año, procedentes de

cientos de pueblos, de miles de explotaciones») y de las tres uvas características: «Pinot noir, que da la estructura, el cuerpo; chardonnay, la frescura, la elegancia; y pinot meunier, la redondez». En la Avenida del Champagne de Epernay se oyen todos los idiomas estos días previos a la Navidad. «Que me pongan mil botellas», bromea un turista de El Salvador en la tienda de Moët et Chandon, al final de la ruta guiada por sus instalaciones. Y algo parecido deben decir, o tal vez no, los decenas de ciudadanos japoneses que por aquí pasan a cada momento, en busca de las sedes de las míticas compañías del champán. Desenfundan las cámaras digitales, posan delante de las botellas, compran unas cuantas y regresan al autobús, entusiasmados por haber respirado tan de cerca este «aroma francés».

La vida del vino Enzo Olguín aguarda en la entrada de otra de las empresas tradicionales instaladas en esta «área espumosa», Champagne de Castellane, creada por el vizconde Florens De Castellane en 1895. Entre estos muros, Olguín explica la vi-


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LOS DOMINGOS DE

Rocroi

Sedan Vouziers

Rethel

Reims

Aisne

Ste-Ménehould

Epernay Châlons-en-Champagne Río Aube

Río Marne

Arcis-sur-Aube

Troyes

St-Dizier Joinville Chaumont

Río Seine

Langres

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La catedral de Reims es el monumento estrella de la región. En la I Guerra Mundial recibió 247 cañonazos, pero tras su rehabilitación luce impecable

París FRANCIA

da del vino, desde la vendimia (esta temporada, a principios de septiembre, antes de lo habitual) a la primera fermentación, en enormes cubas de acero inoxidable de hasta 150.000 litros. Ahí se mantiene durante un mes a una temperatura de entre dieciséis y dieciocho grados. Luego habrá que eliminar el gas carbónico, para obtener el vino base; añadir levadura, y dejar reposar el resultado durante cinco o seis meses. Los productos tradicionales necesitarán de dos a tres años en las bote-

llas; los de prestigio, seis o siete; y el clásico, champán para el que nadie sabe la fórmula (simplemente ocurre), puede aguantar décadas. «El más antiguo que ahora tenemos es de 1919», afirma. La producción de Castellane reposa en una espectacular galería de más de nueve kilómetros de extensión. Dicen que toda la ciudad de Epernay está agujereada, como si fuera el Metro de Madrid, por unos doscientos kilómetros de galerías subterráneas en las que el termómetro se mantiene

Cuaderno de viaje Cómo ir. Reims está a hora y media en coche de París; Epernay, a dos horas. Air France vuela a la capital francesa desde Madrid, Barcelona, Vigo, Bilbao y Valladolid. Reservas: 902 20 70 90 / www.airfrance.es. Bodegas. Pueden visitar muchas otras, pero estas tres sirven como ejemplo: En Epernay, «Champagne de Castellane» (03 26 51 19 11 / www. castellane.com), y «Moët et Chandon» (03 26 51 20 20 / www.moet. com ); cerca de Reims, «Ruinart» (03 26 77 51 51 / www.ruinart.com). Dormir. En Sedan: «Le Châteaux Fort». 03 24 26 11 00. www.hotelfpsedan.com. En Ay Champagne, junto a Epernay: «Le Castel Jeanson» (03 26 54 2175 / www.casteljeanson.fr). En Epernay: «La Villa Eugène» (03 26 32 44 76 / www.villa-eugene.com). Comer. En Epernay: «La Cave à Champagne» (03 26 55 50 70. www. la-cave-a-champagne.com). En Reims: Café du Palais (03 26 47 52 54. www.cafedupalais.fr). Más. Comité Regional de Turismo Champagne-Ardenne: 03 26 21 85 80 / www.tourisme-champagne-ardenne.com. Maison de la France: 807 117 181 / es.franceguide.com.

en torno a los doce grados. Apenas se escucha el sonido de una gota de agua al chocar contra el suelo. En los laterales hay botellas de final del siglo XIX, por supuesto inservibles salvo para recordar el paso del tiempo. Y en los rincones oscuros, las cosechas más recientes, a la espera de su turno para salir al mercado.

De las viñas a los mercadillos De Epernay a Reims, la capital económica de la región, hay treinta kilómetros, media hora de carretera, eso siempre que no nos detengamos en alguna bodega cercana, como la clásica Ruinart, con sus treinta kilómetros de cavas clasificados como Monumento Histórico. De las viñas a la ciudad, iluminada por los puestos de uno de esos tiernos mercadillos de Navidad del centro de Europa. Del campo ocre a la exhibición de luces y farolillos, en las mismas calles que fueron arrasadas durante la Primera Guerra Mundial. En aquellos años, en el casco urbano se contaban 14.000 casas; sólo sesenta eran habitables al terminar la contienda. Cuando callaron las bombas empezó la reconstrucción, salpicada de diferentes estilos, un toque de «art déco», otro de «art nouveau», algo del clasicismo de la relativamente próxima París. Reims se estira alrededor de su apoteósica catedral, construida en el siglo XIII, uno de los edificios góticos más importantes de Francia. Las estadísticas oficiales dicen que sobre este tesoro impactaron 247 cañonazos en los días infernales de la Primera Guerra Mundial. Ahora, tras la reconstrucción realizada por Henri Denaux, aguanta imperturbable otros disparos, los de las cámaras digitales de los incontables turistas que empiezan aquí su visita a la ciudad. Luego habrá que ver la Place Royale, la última plaza real construida en Francia, o el Ayun(Pasa a la página siguiente)

El castillo de Sedan tiene 35.000 metros cuadrados. Una de sus alas ha sido recientemente recuperada como hotel. A la izquierda, las cavas de Champagne de Castellane, en Epernay


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VIAJES

Bernard Ocio, chef del restaurante «La cave à Champagne», en Epernay

La abadía en la que vivió Dom Pérignon fue destruida en la Revolución Francesa. Permanece, eso sí, la iglesia

Champagne Paseo con burbujas

(Viene de la página anterior)

tamiento (1627-1825), pero el paseo junto a las vidrieras creadas por Chagall o el espectáculo de las 2.303 estatuas que adornan sus muros resultarán inolvidables. El Café du Palais, uno de los históricos de Europa, es un buen sitio para reponer fuerzas antes de continuar. Por estas salas de decoración abigarrada han pasado incontables estrellas del bel canto. No en vano la Ópera de la ciudad está justo enfrente. La casa la dirige Jean Louis Vogt, que nos hace probar dos vinos poco conocidos en España. Primero, champán, un Beaumont des Cerayères, empresa que dedica el 90 por ciento de su producción a la exportación. Luego, un tinto de la región, rara avis elaborada en Bouzy, uno de esos pueblos de las montañas que rodean Reims. En Sedan, la siguiente parada, espera un castillo amurallado de 35.000 metros cuadrados en el que se ha abierto un hotel. Descanso entre las piedras que ordenó levantar Evrard de la Marck en el siglo XV. Dicen que intramuros podían vivir y luchar cuatro mil soldados, y que ni siquiera Carlos I pudo doblegar su defensa. Ha pasado mucho tiempo. El castillo es hoy un reino de paz, que puede explorarse de principio a fin. Las torres de los vigías, los eficaces sistemas de defensa que se inventaron en este lugar, los siete niveles de construcción… y, al cabo, el sueño en un lateral completamente restaurado, cómodo, la felicidad del silencio. De nuevo el coche, de regreso a París. Antes, un alto en Charleville-Mézières, una ciudad «joven» inventada por Carlos de Gonzaga (1580-1637) para reforzar el poder católico en esta franja fronteriza, a dos pasos de Bélgica. El noble

En la Avenida del Champagne, en Epernay, se han instalado empresas como Moët et Chandon y Esterlin

Gonzaga ordenó construir una plaza bellísima, perfectamente ordenada (el resto de Charleville se hizo a partir de este cuadrilátero), con el sello reconocible de los arquitectos de la familia de los Medici. Unas casas más allá nació Rimbaud, poeta heterodoxo en esta plaza fuerte del catolicismo. Escribió «Una temporada en el infierno», título que en ningún caso nos serviría para esta crónica. 쮿

Toda la región, o casi, vive de este vino espumoso: miles de productores y decenas de hoteles, restaurantes y rutas organizadas en torno a las viñas y las bodegas

El champán en la mesa CARLOS MARIBONA El champán no sólo es el vino más conocido en el mundo, es también el que mejor se adapta a cualquier momento y circunstancia. Poco a poco, la mentalidad de los consumidores va cambiando y este vino espumoso deja de asociarse sólo a los festejos de cualquier tipo, a los que no vamos a negar que va como anillo al dedo, para convertirse también en la mejor opción para un aperitivo e incluso para acompañar una comida completa. Pero nunca, en contra de lo que se cree, con el postre o en la sobremesa. Teniendo en cuenta, eso sí, que hay muchos tipos de champán y conviene buscar siempre el más adecuado para cada ocasión. Desde los «blanc de blancs», elaborados con la magnífica chardonnay, hasta los increíbles y delicados «rosés», a partir de pinot noir y de pinot meunier. Los primeros, de gran elegancia, resultan perfectos para un aperitivo o para acompañar cualquier marisco, desde unas ostras hasta un centollo. Los segundos, mucho más complejos, aguantan muy bien los platos de caza, los arroces, la pasta italiana y cualquier pescado. Y en estos tiempos en que la cocina oriental está tan de moda, nada mejor que el champán para combinar con esos platos tan especiados y difíciles al paladar. Eso sí, bébanlo siempre frío, como máximo a siete u ocho grados, sirviendo poca cantidad en la copa para evitar que se caliente. Y a la hora de elegir las copas, destierren para siempre esas planas y anchas en las que se pierden todas las virtudes de un buen champán. Ni siquiera son buenas, aunque resulten más aceptables, las copas altas y estrechas del tipo flauta. El champán es un vino, así que una copa de vino grande es el recipiente más adecuado para disfrutarlo al máximo.


| la postal |

texto juan francisco alonso

Un pájaro sobre el Mont Blanc Periodista, redactor de viajes del diario ABC, Juan Francisco Alonso cuenta una experiencia que muy pocos han vivido: sobrevolar los Alpes en una frágil avioneta.

En la Jodel Mousquetaire de 180 cv sólo caben cuatro personas. Es un pájaro frágil, de ocho metros de largo, que levanta el vuelo a media tarde en el altipuerto cercano a Megève (Francia). Por un segundo, lo imagino como un avión de papel, insignificante en este escaparate de los picos más altos de Europa Occidental. Es sólo un segundo, porque Jacques Brun, el piloto, me dice que lleva treinta años en el oficio, tiempo suficiente para haber aprendido dos cosas: que la belleza nunca cansa y que su avioneta jamás se ha caído. “Volaremos a 4.000 metros de altura, sobre glaciares y montañas”, anuncia, mientras los tres pasajeros desenfundamos las cámaras en un esfuerzo vano por guardar lo inaprensible. Ahí abajo hay

el piloto, que lleva 30 años en el oficio, asegura que la belleza nunca cansa 146

un folio en blanco, nieve que nadie pisará durante las cuatro estaciones del año. En frente, un peine de rocas, paredes aparentemente infranqueables, y el funicular que trepa, minúsculo como una mota de polvo en un jersey, desde Chamonix. Es otra forma de acariciar este mito de las alturas. Nosotros hemos elegido en cambio el pájaro de hierro, capaz de viajar a 230 Km/h, aunque nadie lo diría en pleno reino de silencio. Ni un alma a la vista; sólo el ruido de las hélices nos traslada a la vida real. El último sol de la tarde lame el hielo y el frío, mientras pasamos por la Vallée Blanche, y luego por el glaciar del Gigante, la Mer de Glace, un río helado en constante movimiento, las Grandes Jorasses, el Glacier d’Argentière. Y casi siempre a la vista, el Mont Blanc (4.810 metros), el gigante que se coronó por primera vez en 1786 y que cada temporada suele devorar a más de un alpinista descuidado. La avioneta se acerca hacia la cumbre, tanto que el objetivo de la cámara no da más de sí: sólo cabe nieve en el visor, sólo cabe pared en los ojos de cristal del pájaro, hasta que un “volantazo” nos devuelve el cielo azul. El señor Brun sonríe, casi como la montaña, tan amable y coqueta esta tarde.w


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TENDENCIAS

Dresde El gran tesoro de la vieja Europa Es una caja fuerte. Y un museo. Y una de las grandes colecciones de tesoros de Europa. La reunió Augusto II, elector de Sajonia y Rey de Polonia (1670-1733), y tras superar guerras y saqueos, ve la luz en Dresde (Alemania) TEXTO: JUAN FRANCISCO ALONSO FOTOS: JÜRGEN KARPINSKI

ngela Merkel visitó estas salas barrocas, abarrotadas de color, el pasado día 1. Al día siguiente, las puertas de la caja fuerte/museo se abrieron para un grupo de octogenarios y nonagenarios que habían conocido la Bóveda Verde de Dresde antes de que fuera destruida por las bombas en el cabo de la Segunda Guerra Mundial. El día 15, las veinte mil personas que ya han comprado su entrada empezarán a desfilar por la lujosísima cueva del tesoro de Augusto el Fuerte, reconstruida detalle por detalle según su aspecto original. Al comienzo del verano, mientras los restauradores sacaban los últimos brillos, Christiane Heyn, una de las representantes del museo, recorría las instalaciones con unos pocos periodistas españoles. «Cuando esperas tu turno ante el detector de metales, tienes la impresión de entrar en la caja fuerte de un Banco», decía, fascinada por el resultado del trabajo: diez salas, 1.200 metros cuadrados y tres mil obras de inmenso valor al alcance de los ojos... y de las manos, porque el museo tomó la decisión de no disimular su belleza tras el velo de un cristal, lo que ha multiplicado por mil las medidas de seguridad. Las riquezas que vuelven a exponerse ahora en todo su esplendor proceden en su mayor parte de la pasión coleccionista de Augusto II el Fuerte (1670-1733), elector de Sajonia, Rey de Polonia y, además, un excéntrico bon vivant, amante de las artes, de la belleza y del coleccionismo de objetos. Los perseguía con infatigable dedicación por todo el mundo, hasta que lograba verlos en las estanterías de las habitaciones o en las cámaras del tesoro de sus palacios.

A

Esta obra de Balthasar Permoser, subrayada con esmeraldas, fue realizada en 1724

Dicen que su visita al Palacio de Versalles, en su juventud, cambió su forma de hincarle el diente a la vida. Dresde, la capital de Sajonia, al noreste de Alemania, fue la gran beneficiaria de la facilidad para gastar dinero y apadrinar artistas que tenía Augusto. En su intención siempre aleteó la idea de hacer de su ciudad una capital de primera división, una joya urbana bañada por el Elba en la que, poco a poco, creció un casco histórico a la altura de las obras maestras que iba acumulando su elector. Joyería, orfebrería, vasijas con piedras preciosas, estatuillas de bronce, miniaturas de ámbar y marfil... Una sobredosis de lujo y belleza que terminó en el museo abierto en la planta baja de la Residencia de Dresde, un conjunto de salas ideado para asombrar a los visitantes —ejemplo de barroco integral— al que se llamó «Bóveda Verde (Grünes Gewölbe)», el color dominante en sus paredes.

La colección, en la «ex URSS» Desde la muerte del omnipresente Augusto, el tesoro vivió (más bien sobrevivió) en el filo de la navaja, sobre todo durante los bombardeos de 1945 que arrasaron una buena parte de la ciudad, recuperada hoy casi por completo, de nuevo sonriente. Los objetos de la «Grünes Gewölbe» fueron trasladados a la Unión Soviética, donde permanecieron hasta 1958. De vuelta a Alemania, mil de aquellas piezas se mostraron al público a partir de septiembre de 2004 en la primera planta de la Residencia. Sin embargo, el grueso de la colección y las mismas salas ideadas en el siglo XVIII seguían perdidas intramuros, a la espera del di-

Los tres mil objetos que ahora vuelven a exponerse sobrevivieron a los bombardeos de 1945 y al exilio en la Unión Soviética


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LOS SÁBADOS DE

Triton y Nereida, de Elias Geyer (1610). Debajo una obra llena de rubíes, brillantes, oro... nero y la oportunidad. El ochocientos aniversario de Dresde, que se celebra este año, ha sido el momento perfecto para ponerse manos a la obra, para recuperar el pasado de «la ciudad más bella, el alma de Alemania», según la opinión interesada de Christoph Münch, portavoz del turismo local. «En octubre de 2005 recuperamos una de las últimas joyas destruidas por las bombas, la catedral protestante (la Frauenkirche), y ahora hacemos lo mismo con la Grünes Gewölbe», añade. En la Bóveda Verde han trabajado más de un centenar de restauradores, escultores, pintores y artesanos a partir de fotografías y modelos históricos, para respetar las decisiones estéticas que, en su momento, tomó Augusto el Fuerte. «Para revestir las paredes se han fabricado grandes espejos de cristal con los fondos de color metálico característicos de la época —explican Münch y Christiane Heyn—. También se han analizado los colores del barnizador real Christian Reinow, hasta recrear noventa matices diferentes sólo para el marmolado». En total, la factura ha ascendido a cuarenta y dos millones de euros, doce empleados en las paredes de los diez salones, el de las Piedras Preciosas, el de Marfil, el de Bronce, el de las Joyas o el de los Escudos. Entre los tres mil objetos que se mostrarán al público desde el día 15 hay curiosidades para todos los gustos, desde las estatuillas de negros realizadas por Balthasar Permoser (1651-1732) a fascinantes miniaturas de brillantes, diamantes y rubíes. En esta «caja fuerte» /museo, en la que cuesta tanto entrar como en el control del aeropuerto, nada deja indiferente, la máxima del barroco. 쮿

El obelisco de Augusto fue realizado en Dresde entre 1719 y 1721

Las salas de la «Bóveda Verde» han sido reconstruidas según el modelo original pensado por Augusto el Fuerte en el XVIII

INSTRUCCIONES DE USO Cien personas cada hora.Las medidas de seguridad en las salas del «Historisches Grünes Gewölbe» son máximas. Las cien personas que podrán pasar cada hora tendrán que haber reservado previamente su cita. Abre de 10.00 a 18.00 h. Los martes, cerrado. Dónde. La mejor forma es comprar los tickets en internet. www. skd-dresden.de/en/museen /gruenes_gewoelbe.html Grupos. Para más de diez personas, los organizadores recomiendan enviar un correo electrónico con la petición de entradas. museum@dresden-tourist.de Precio: 11,50 euros. Inauguración. La presidenta alemana, Angela Merkel, visitó las nuevas salas el pasado día 1, pero el telón para el público se alzará el 15 de septiembre. Los 800 años de Dresde. La ciudad apaga en 2006 ochocientas velas. A lo largo de todo el año se han programado infinidad de actos para celebrar el acontecimiento, entre ellos la reconstrucción y apertura al público de la Grünes Gewölbe. www.dresden.de/800/ Más información. Turismo de Dresde: www.dresden-tourist.de Turismo de Alemania: www.alemania-turismo.com / 91 429 35 51.


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VIAJES

Innsbruck El invierno en el corazón de los Alpes La capital del Tirol tirita con gusto. El invierno, la nieve, las montañas que rodean esta ciudad austriaca, atraen a miles de turistas de todo el mundo. Buscan deportes blancos, pero también arquitectura e historia TEXTO: JUAN FRANCISCO ALONSO FOTOS: GONZALO CRUZ

esde el banco de salida del trampolín olímpico de saltos de Innsbruck se ve el cementerio. Antes de empezar su vuelo de más de ciento treinta metros sobre el vacío, estos deportistas —pronúnciese aventureros— seguramente prefieren mirar a otro sitio. Por ejemplo, al casco urbano, más allá de las lápidas, o a los dientes de sierra de los Alpes, a la nieve, al reino de las montañas. La ciudad es relativamente pequeña, unos 130.000 habitantes, y se extiende más de lo que podíamos suponer a la vera del revuelto río Inn. Sólo unos edificios altos y pintados de colorines, construidos para los Juegos Olímpicos de 1964, desentonan en la manejable y apacible capital del Tirol (Austria). Las cumbres, habitualmente barnizadas de blanco —aunque este invierno la nieve se ha hecho de rogar—, protegen Innsbruck como si fueran una legión de for-

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tachones gigantes, de riscos invencibles a dos pasos de la frontera italiana y alemana. Al sur, junto a ese trampolín que tantas veces hemos visto en televisión, las moles son de granito, y las laderas bastante asequibles para los esquiadores. Al norte, en cambio, las pendientes convierten las pistas en las más difíciles de la región. Lanzarse desde los más de dos mil metros de Seegrube / Nordpark sierra abajo, hasta las primeras casas, requiere alguna experiencia y ningún vértigo.

Memoria histórica Ya con las tablas quitadas, en Innsbruck se puede utilizar el tranvía o los taxis, si aprieta el frío, pero el centro histórico pide a gritos un recorrido a pie que puede comenzar en el arco del triunfo, en la calle de María Teresa, construido en 1765 para celebrar la boda de Leopold II, uno de los dieciséis hijos de la emperatriz, con la infanta española María Ludovi-

El mirador de la torre vieja proporciona esta vista del centro histórico, con el tejadito dorado incluido

ca. El esposo de María Teresa falleció durante los festejos, lo que da a este monumento, a la capilla del palacio imperial y al convento para religiosas de ascendencia aristocrática que se levantaron en memoria de aquellos días, un barniz de melodrama, de fiesta interrumpida. Es sólo un segundo, porque en seguida regresa el pre-

Maximiliano I diseñó su tumba, pero no pudo utilizarla


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LOS DOMINGOS DE

AUSTRIA

N REP. CHECA

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Viena Salzburgo Innsbruck ESLOVENIA

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AUSTRIA ITALIA

Lo que hay que saber El viaje. Lo más cómodo es volar hasta Múnich. Lufthansa enlaza esta ciudad con Madrid y Barcelona a partir de 104 euros i/v, todo incluido. 902 220 101 / www.lufthansa.com. Four Seasons Travel (www.airport-transfer.com) cubre el trayecto hasta Innsbruck en unas dos horas con minibuses para seis personas que funcionan como un taxi compartido. El precio, i/v, ronda los 100 euros por persona.

Desde el trampolín olímpico de saltos, las cumbres de los Alpes lucen imponentes. A sus pies, Innsbruck, una ciudad llena de historia sente, el alboroto de un grupo de turistas que se fotografía con el telón de fondo de las montañas, las tiendas de sombreros tiroleses.

Cuestión de fe Dicen que en estas calles cuarteadas por los raíles de los tranvías cayeron 75.000 bombas en la II Guerra Mundial. Al menos una de ellas se quedó sin estallar junto al altar de la basílica de Wilten, una joya construida entre 1751 y 1756, y recuperada bajo la inspiración del arquitecto-párroco Franz de Paula Penz en el XVIII. El azar de aquella bomba inane se recuerda como un milagro. Y es que en una de las regiones más católicas del mundo, la fe casa bien con casi todo. Vemos imágenes religiosas en las paredes de los restaurantes, en la recepción del hotel Europa Tirol, en las fachadas de incontables casas de los pueblos de los alrededores, en Igls, Mutters o Natters, y, desde luego, en la catedral, dedicada a Santiago de Compostela, ejemplo de barroco y de las eternas relaciones de los Habsburgo, los Borbones, Austria y España. Innsbruck fue residencia imperial, circunstancia que ha dejado en muchos edificios y calles una pátina de grandeza. Este rincón

El hotel. Desde la página www.innsbruck.info se pueden localizar incontables posibilidades de alojamiento en Innsbruck y los pueblos de los alrededores. Dos opciones céntricas pueden ser el Europa Tirol (www.europatyrol.com), cómodo y con un restaurante excelente, y el Goldener Adler (www.goldeneradler.com), el más antiguo de la ciudad. En la entrada presumen de una lista de celebridades que han dormido en sus habitaciones, desde Mozart a Goethe o el Emperador Maximiliano. Está situado en pleno casco histórico. Comer. «Licht Blick». Restaurante panorámico, con excelentes vistas sobre Innsbruck y las montañas, en la séptima planta del edificio Rathaus. www.restaurant-lichtblick.at. «Solo Vino», ambiente y comida italiana. www.solovino.info

La indumentaria tirolesa —abrigos, trajes, sombreros...— es aquí mucho más que un souvenir era el capricho de Maximiliano, uno de los primeros senderistas de los Alpes, aficionado insobornable a la caza y a la montaña, que eligió el Tirol para pasar largas temporadas. También lo eligió para morir, aunque ese último trance le atrapó finalmente en Viena. En su querida Innsbruck había diseñado una aparatosa tumba, una obra maestra del género. Hoy la vemos —vacía, ya que los restos del emperador permanecieron en la capital— en la

iglesia de la Corte, rodeada de veintiocho grandes estatuas de bronce dedicadas a la realeza. Son fieles y minuciosos retratos creados por los mejores artistas de la época, entre ellos Durero. Cerca de la Hofkirche y de la tumba que Maximiliano no llegó a ver terminada se halla el tejadito de oro, quizá el monumento más conocido de Innsbruck. Se trata de un mirador cubierto por (Pasa a la página siguiente)

Compras. La ropa tirolesa es mucho más que folclore. Se ve por la calle, se usa en muchos casos a diario. Ledenbaur es una tienda especializada en abrigos y trajes regionales y típicos. Brixnerstrasse, 4. www.lodenbaur.at El mundo del cristal. La fábrica de Swarovski está a apenas 10 Km de Innsbruck. Allí se ha creado un parque temático del cristal frecuentadísimo por rusos y japoneses, entre otros. www.swarovski.com/crystalgallery Para saber más. Turismo de Austria: www.austria.info / 902 999 432.


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VIAJES

En el palacio Hofburg cuelgan los retratos de los 16 hijos de la emperatriz María Teresa

ligiosas, como siempre en el Tirol. Los dos Juegos Olímpicos celebrados en Innsbruck han aportado a la ciudad y a su entorno una popularidad inmensa. Basta una prueba para comprobar el efecto: las pistas de esquí suelen estar llenas de estadounidenses, para quienes, entre otras cosas, resulta sorprendentemente más barato esquiar aquí que en Colorado. También hay australianos (Innsbruck tiene una oficina de turismo propia en las antípodas), y, desde luego, alemanes o italianos: el Tirol les queda a tiro de excursión de fin de semana. En cuanto a los españoles (60.000 pernoctaciones en 2006), por ahora preferimos estas montañas en primavera-verano, cuando el verde se come al blanco.

Un paseo por el techo (Viene de la página anterior)

2.657 tejas de cobre dorado que añadió Maximiliano I a la antigua residencia de Federico IV. Entre las dos luces del atardecer y el blanco azulado de los riscos, el tejadito desde el que el emperador contemplaba el trajín cotidiano de la ciudad es un imán para las cámaras de los turistas. Disparan como si se fuera a acabar el mundo. Alrededor, las callejuelas, edificios hermosos como esa cercana fachada de estilo Regencia; la torre vieja, un punto de observación al que merece la pena subir a pesar del esfuerzo, 148 escalones y noventa y tres metros de altura, y el palacio Hofburg, reformado en estilo rococó durante la época de María Teresa. Su interior se antoja desangelado, con pocos muebles, y sólo la sala central, llena de retratos de la interminable familia de la empera-

triz, confirma el esplendor que se supone al edificio. En cuanto dejamos atrás la zona más abigarrada del centro, la vista se va casi sin pretenderlo a las montañas. A muy pocos kilómetros de estas calles están las estaciones de esquí, los glaciares —en los que la nieve está asegurada incluso un invierno en el que parece primavera—, y los pequeños pueblos que siembran las laderas de casitas tradicionales, o de residencias de quienes se han cansado del «agobio» urbano de Innsbruck. En Igls, esta mañana, las «balas humanas» del «bobsleigh» vuelan sobre el hielo. Apenas se les puede seguir con la mirada. Esta pequeña localidad vivió una enorme transformación durante los Juegos Olímpicos de 1976, y merece una parada, aunque sea para ver la iglesia, quizá del siglo XIII, y las fachadas de las casas, decoradas con pinturas re-

Una noche en el pabellón de caza de los Habsburgo

El conde de Stolberg-Stolberg, en el pabellón de caza convertido en hotel

La residencia imperial de Kühtai, el pueblo más alto de Austria (2.020 m), tiene una historia casi tan larga como la de la familia Habsburgo. Ya se hablaba de este edificio en el siglo XIII, o en el XV, cuando el emperador Maximiliano I supervisaba la caza en la zona. Desde la distancia, este pabellón reconvertido en hotel se camufla hasta confundirse con el mar de nieve de las montañas, con los esquiadores que suben y bajan, o que utilizan los trineos para explorar las laderas. En 1893, el emperador Francisco José y su esposa Sissi legaron la propiedad a su hija Marie-Valérie (1868-1924), quien a su vez la regaló como presente de boda a su hija Hedwig al casarse con Bernhard de Stolberg-Stolberg. En 1952, el conde Karl

En la carretera que nos lleva a Kühtai, un pueblecito situado a más de dos mil metros, sobran las curvas en las que detenerse para atrapar tantas postales alpinas como queramos. Y una vez arriba, aparece al fin el invierno tal como lo imaginamos en los Alpes. El hielo. La nieve. Las siluetas abrigadas que descienden en zigzag. Los remontes en danza. Incluso un viento afilado que corta los labios, que nos obliga a cerrar la cremallera del anorak a la altura de los ojos. Desde aquí arriba, el mundo es blanco y radiante. Por eso, los Habsburgo eligieron Kühtai para instalar su pabellón de caza. Sentados a la mesa junto a un descendiente de Sissi y Francisco José, alguien pregunta: «¿Y si nieva tanto como para quedarse aislados?». El conde de Stolberg-Stolberg sonríe: «Bueno, aquí eso no sería demasiado grave, ¿no cree?». 쮿

de Stolberg-Stolberg, bisnieto de Sissi y Francisco José, decidió revitalizar la residencia y transformarla en hotel, en el edificio actual, una perfecta combinación de las comodidades modernas y del aroma aristocrático de otros siglos. Su hijo Christian, conde de Stolberg-Stolberg, está ahora al frente del negocio, de diciembre a abril. «Hacemos un gran esfuerzo por mantener y poner al día nuestra herencia, la atmósfera de nuestra familia», asegura mientras muestra alguna de las 37 habitaciones del Jagdschloss Kühtai. El conde explica con detalle la relación de los Habsburgo con el Tirol, mientras come un «Tafelspitz», el plato preferido de Maximiliano. Cuando nos vamos, nos repite un mensaje que ya había dicho nada más abrir la puerta: «Díganle al Príncipe Felipe que sería un honor recibirle en esta casa». Jagdschloss Kühtai. A-6183 Kühtai/Tirol. T. +43 (0) 5239-5201. Precios: a partir de 120 euros por persona, en media pensión. Más información:www.jagdschloss.at


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LOS DOMINGOS DE

Sobre una curva peraltada se exponen los legendarios bólidos de la marca, desde principios del siglo XX hasta los Fórmula 1 de hoy

Museo Mercedes Desfile de modelos La primera idea del nuevo museo de Mercedes, en Stuttgart (Alemania), nació en 1999. Ahora ya es una realidad. La espera ha merecido la pena. Dicen que es el más grande e innovador del mundo, tanto por el edificio, obra de Ben van Berkel, como por el contenido, más de un siglo de lujo y velocidad TEXTO: JUAN FRANCISCO ALONSO FOTOS: G. CRUZ JR STUTTGART (ALEMANIA)

elleza interior. Y exterior. Como en un insinuante desfile de modelos. La «pasarela», en esta ocasión, es un edificio que se antoja la proa de un barco, aluminio y cristal, un derroche de diseño de última generación creado por el estudio de arquitectura de Ben van Berkel y Caroline Bos. En cuanto a los modelos, también aquí se van los ojos. La memoria del lujo, los primeros coches, los deportivos de los años treinta, las berlinas de los dignatarios de medio mundo,

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el intenso aroma de la velocidad. El nuevo museo Mercedes, a diez minutos en taxi del centro de Stuttgart, presume de ser el mejor del mundo en su categoría, el más grande, el más innovador, y no hay razones para dudarlo. La silueta del edificio creado por UN Studio, el despacho holandés de Van Berkel y Bos, anima a retrasar la entrada. Un grupo de turistas que baja del autobús se queda con el pie en la escalerilla, con el asombro pegado a sus comentarios. Hay quien lo ha definido como un «garaje galáctico»

—algo de eso tiene— y quien sugiere que «es un órgano tecnoide que se ha tragado un motor turbo». Las cifras hablan del derroche de medios empleados: 100.000 toneladas de hormigón, 4.800 metros de superficie, 210.000 metros cúbicos edificados, 35.000 planos de obra, cristaleras construidas con 1.800 lunas triangulares, cada una de ellas diferente, nueve plantas… Al cabo, una exhibición de poderío que los responsables del proyecto —la idea empezó a gestarse en 1999— esperan traducir en un millón de visitas cada año.

Tras dos años y medio de obra, el museo Mercedes ya es una realidad, quizá el nuevo emblema de Stuttgart, un destino que ha acelerado tras la Copa del Mundo de Fútbol. De repente, miles de personas han descubierto que la que suponían «gris ciudad industrial» era en realidad una agradable suma de parques, viñedos, villas, suaves colinas, edificios históricos y un carácter más próximo al latino que al alemán, todo ello a las puertas de la Selva Negra.

Un edificio en vanguardia Los coches y la industria están fuera del centro urbano. Y el museo, también, integrado voluntariamente en un entorno de carreteras —coches en el exterior y en el interior— e instalaciones deportivas, a dos pasos del estadio de fútbol del mundial. Aquí han desarrollado Van Berkel y su equipo esas ideas que ahora asombran a los visitantes, esa estructura que recuerda a una doble hélice de enormes dimensiones, empleada por primera vez; esos pasillos en forma de espiral que recorren el edificio de arriba abajo, rampas accesibles para los discapacitados; esos ascensores con aspecto de escenario de ciencia-ficción (Pasa a la página siguiente)


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Museo Mercedes Desfile de modelos

VIAJES

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que proyectan imágenes de la historia del automovilismo sobre el hormigón gris de las paredes; esos techos sin pilares visibles. La exhibición de los coches —clásicos y modernos— aquí, entre tanta tecnología y diseño «in», se torna una elección natural. El ascensor nos lleva a la octava planta, para empezar la visita según el desarrollo de la exposición concebido por el estudio de HG Merz. En ese momento ya sabemos que habrá que dedicar al menos una mañana para pasear con calma por unos cinco kilómetros de salas y pasillos, la distancia máxima que recorre el visitante, según Melanie Graf, relaciones públicas del museo. De esa planta superior parten dos trayectos que configuran la citada hélice doble. El primero nos conduce por los mitos de la marca, los coches clásicos, símbolos de 120 años de la historia del automóvil. Esta área ha sido iluminada con luz artificial, y los suelos son oscuros. En el segundo itinerario se hallan las colecciones temáticas de Mercedes, desde autobuses a camiones de bomberos, mostradas con luz natural y suelos claros.

El principio de la historia En la salida de esta incursión en el siglo del automoción, una frase premonitoria: «Creo en el caballo. El automóvil no es más que un fenómeno transitorio», dijo Guillermo II de Alemania. La sentencia ha quedado escrita a los pies de uno de los caballos del Emperador, y prueba una vez más la capacidad del ser humano para equivocarse. Al error contribuyó sin duda el trabajo de los señores Daimler y Benz que, sin conocerse, inventaron en la misma época, a final del siglo XIX, y en el mismo lugar, Alemania, el motor de combustión interna para automóviles. También tuvo su parte de «culpa» un distribuidor austriaco llamado Emil Jellinek, que llegó a sugerir cambios de diseño y que bau-

El primer coche que se conserva de la marca se remonta a 1902. Es una de las estrellas del museo, muy diferente al prototipo que vemos junto a estas líneas, capaz de correr a 600 km/h. A la derecha, la fachada del vanguardista edificio

Turismo sobre ruedas Coches, motos, la estética de «Cuéntame», la memoria de unas calles y otros tiempos. Los aficionados a los medios de transporte convertidos en coleccionistas se cuentan por cientos. En España, un buen ejemplo es el de Juan Gil Moreno, un emprendedor que ha sido capaz de crear en Hervás, Cáceres (museomotoclasica.com / 927 48 12 06), un complejo en el que se exhiben unas trescientas motos, setenta coches y cuarenta carruajes. Un hobby, afirma, que hasta ahora le ha costado mucho dinero (ha llegado a pagar cincuenta mil euros por alguna de sus piezas), aunque la llegada de visitantes empieza a ser apreciable. Hay otros museos en danza. Algunos dedicados a héroes del deporte, como el de Ángel Nieto, en Madrid (Avenida del Planetario. Metro: Méndez Álvaro. Telf: 91 468 02 24), y otros en fase de preparación, como el que inaugurará Harley Davidson en su sede de Milwakke, Estados Unidos (h-dmuseum.com). Los hay más o menos modestos, como el Museo de Vehículos Históricos de Guadalest, Alicante (museovehiculosguadalest.com, 965 88 21 97), y otros que giran en torno a las grandes marcas automovilísticas, como el de Porsche en Leipzig, Alemania (reservas de visitas: porsche-leipzig.de), o el que abrirá también en Stuttgart en otoño de 2007, sin olvidar el de Ferrari, en Módena, Italia (galleria.ferrari.com). Los fanáticos de este tipo de coches deben anotar, además, una cita en su calendario: Retromovil, del 23 al 25 de febrero de 2007, en el Pabellón de Cristal de la Casa de Campo de Madrid. Se anuncia la presencia de trescientos expositores y sesenta mil visitantes. Más información: 91 578 09 49 / www.retromovil.com.

tizó con el nombre de su hija, Mercedes, algunos de aquellos modelos. El principio de la leyenda. Como las tres puntas de su famosa estrella, que en principio subrayaba el hecho de que hacían motores para toda clase de vehículos, por tierra, mar y aire, aunque ahora sirve para elaborar un chascarrillo local: «Si se fija —dice Cristina—, los ejes marcan las horas de


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Lo que hay que saber 81

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Backnang Freiberg ALEMANIA am Neckar Asperg Ludwigsburg 14 10 27 r Winnenden ka c Ne Waiblingen Fellbach 29 81 Stuttgart Untertürkheim Berlín

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Sindelfinger Leinfelden81 Echterdingen

El modelo Cupé «Alas de Gaviota» se convirtió en un símbolo desde su lanzamiento, a mediados de los años 50 la jornada laboral: a las ocho, empieza; a las doce, a comer, y a las cuatro, a casa». El primer Mercedes que se conserva se remonta a 1902. Hoy, aquel Simplex es una de las estrellas de la colección. Su predecesor había participado un par de años antes en las carreras de Niza. Velocidad: otro pedal clave en el desarrollo de la marca. Un poco más

adelante, nos sorprende un Roadster 500 K rojo, de 1936, el deportivo de lujo más en boga de la alta sociedad, bellísimo; dos décadas después, en 1955, llega el Cupé Alas de Gaviota, un mito que, antes de comercializarse, participó en las 24 Horas de Le Mans o en la carrera Panamericana… y así hasta los Fórmula Uno que esta temporada pilota Pedro de la Rosa y, la próxima, Fernando Alonso.

Velocidad virtual Junto a los coches de carreras, dispuestos en una curva peraltada, se ha instalado un simulador de velocidad sólo apto para corazones fuertes. El piloto virtual se sienta en un Fórmula 1, en la misma silla que Raikonen, por ejemplo, y en la pantalla aparece un camino de cabras del Mundial de Rallyes o el circuito-trampa de Monte Carlo. Las curvas se echan encima con una contundencia insospechada, salvaje. Cuando se alza la puerta del artefacto, cinco minutos después, el sudor empapa la camisa del conductor. Nada de lo que vemos ha sido fruto del azar, sino del talento

Roadster 500K, el deportivo de lujo de los años 30 creativo del «cerebro gris» del museo, Merz. Para el revestimiento de las paredes en las rampas que conducen a las salas de mitos, por ejemplo, se han elegido materiales relacionados con los coches. En un tramo, chapa de latón, en referencia a la era de la mecánica; en otro, entrepaños de madera, típicos de los años treinta; más allá, el cuero sintético de color plateado nos traslada a los cincuenta.

Esslingen

Museo Mercedes-Benz Infografía ABC

El viaje. Germanwings conecta España y Alemania desde 19 euros el trayecto, tasas e impuestos incluidos. La compañía vuela a Stuttgart desde Barcelona, Madrid, Málaga y Palma; a Colonia/Bonn desde Barcelona, Madrid, Palma de Mallorca, Ibiza, Alicante y Jerez de la Frontera; y a Berlín/Schönefeld desde Ibiza. Rerservas: en www. germanwigns.com, en el teléfono 91 625 97 04 o en agencias. El museo. No hay salas cerradas ni paredes rectas. Los techos cubren salas de 33 metros de anchura sin pilares visibles. Ninguna de las 1.800 lunas triangulares que nos dejan ver los alrededores es igual. Abierto de 9.00 a 18.00 h. Entrada: 8 euros. mercedes-benz.com/museum La fiesta de la cerveza. Del 23 de septiembre al 8 de octubre. El mercado navideño. Del 30 de noviembre al 23 de diciembre. Más información. stuttgarttourist.de/index_ESN.htm. Turismo de Alemania: www.alemaniaturismo.com / 91 429 35 51. En total se cuentan 160 vehículos, incluidas las berlinas negras que los jerifaltes del régimen nazi utilizaban como símbolo de poder, y unos 1.500 objetos de todo tipo, casi siempre con una historia detrás. Y algunos «Maybach», por supuesto, modelos personalizados hasta decir basta, exquisitez sin reparar en gastos. El lujo, queda claro, es otra pata en el banco de Mercedes. En una de las últimas salas, ya cerca de la salida, vemos los coches que utilizaron en algún momento personalidades de todo el mundo, Hiro Hito, Grace Kelly, Diana de Gales, incluso el «Papamóvil» de Juan Pablo II. Al final de la escapada aguardan las tiendas, en las que se vende casi cualquier cosa, desde ropa a libros, vino de las cercanas colinas o coches en miniatura por treinta euros; los restaurantes, para los fanáticos del motor que echan el día en el museo; el concesionario, también diseñado por el equipo del vanguardista UN Studio, y, de nuevo en la calle, la silueta del edificio, el continente tan hermoso como el contenido. 쮿


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Quintas de Madeira Fincas y mansiones familiares renacen como hoteles de lujo Madeira, un oasis de paz y naturaleza, presume de la excelencia de sus alojamientos. Esta es su última apuesta: casonas familiares rehabilitadas como hoteles. Algunos, clásicos; otros, de diseño TEXTO: JUAN FRANCISCO ALONSO FOTOS: GONZALO CRUZ JR

lueve niebla sobre las cumbres que rodean Funchal, la capital de Madeira. Llueve sol —pegadizo y somnoliento estos días de otoño— sobre el mar, sobre el puzzle de casas que trepan ladera arriba. Entre la niebla y las olas, Madeira ha encontrado su ecosistema perfecto. A un lado, la humedad, el bosque de laurisilva, cientos de kilóme-

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tros de sendas por las que caminar junto a los dos mil doscientos kilómetros de levadas (acequias) construidas en la isla desde el siglo XV. Al otro lado, la calma, los veintitantos grados de temperatura de buena parte del año, la piscina en la que apenas se escucha un murmullo mientras los turistas ingleses y alemanes devoran algún best seller de amor, misterio y lujo. Llueve paz.

Desde la terraza de la habitación 108 de la Quinta das Vistas, el paisaje luce en formato gran angular: en la misma foto caben la montaña y las olas —hoy inquietantes— del Atlántico. Una levada moderna cruza un jardín cosido con flores, pinos, palmeras. En las quintas (fincas), el último descubrimiento turístico de la isla, el jardín es condición sine qua nom. Tiene que ser grande. Tiene


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Quinta das Vistas. El nombre lo dice todo: Funchal y su bahía, a los pies de las habitaciones y del comedor

Casa Velha do Palheiro (a la izquierda) y Quinta da Vela Vista: descanso entre jardines Casa Branca, diseño vanguardista en el mismo entorno verde que caracteriza a las quintas de Madeira

Jardins do Lago, instalaciones modernas junto a una casona de 1750 que envolver una vieja casona familiar reconvertida en hotel de lujo. Se tiene que respirar quietud, silencio, descanso. Las quintas se han multiplicado en los últimos años. Ninguna supera las cien habitaciones, otra de las reglas de la recién nacida asociación que agrupa a una veintena de ellas. Y muchas son radicalmente diferentes. «En las más tradicionales se siente la historia familiar; otras, en cambio, han optado por un diseño muy innovador», afirma Katia Carvalho, de la Asociación de Promoción de Madeira. La «Fórmula Quinta» se ajusta a la decisión de Madeira de centrar sus esfuerzos en el turismo de lujo. De hecho, en la isla está prohibido construir nuevos hoteles de menos de cuatro estrellas. «Esa es nuestra apuesta», añade Katia. Su intención, eso sí, es rejuvenecer el pasaje que llena los aviones que aterrizan en la pista del aeropuerto, mucho más larga desde su renovación en 2000, un alivio para los temerosos. Isabel Ferraz, directora de Casa Branca, muestra feliz las líneas vanguardistas del edificio. Los arquitectos han envuelto de tal manera sus perfiles que, des(Pasa a la página siguiente)

La Quinta do Monte se halla junto al Jardim Tropical Monte Palace, el sueño del millonario José Berardo

Praia do Faial

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ra yo un niño, apenas un niño que andaba por allí, al lado de un árbol, del muelle, bajo las uvas que maduraban como la vida. Era hace mucho, en la medida verde del tiempo, en el silencioso misterio de las piedras. Era un niño parado, que miraba hacia el cielo, hacia las águilas que se despeñaban en su inmovilidad sin palabras. Era el norte. Y en ese norte era el mar. Pasaba un barco a veces por los ojos del niño que miraba hacia el cielo y hacia el mar. Pero su cuerpo no tocaba el gran cuerpo azul del miedo y de la alegría. Estaba tan cerca y a la vez tan lejos. Era así, cuando éramos niños con el mar dentro. Fue un hombre más tarde. Partió, deambuló por las grandes ciudades, vio las plazas, los desiertos del alma, las catedrales. Perseguía siempre el sueño de un muelle. Perseguía el sol y una luna llena de lobos y asombros, a la izquierda de la

finca, cuando se bajaba hacia la ribera, bajo las escarpias de basalto y sombras, las olas que se deshacían con estruendo en su desentendida infancia. ¿Cuándo tocaría aquel mar antiguo que nunca había podido tocar? Lo escuchaba por las noches, tantos años después, en cada cuarto de una ciudad triste. Encendía una vela, cuidaba de una flor, abría un libro, adormecía en las soledades sin agua, sin la primera luz. Y el gran cuerpo azul seguía llamándolo, como una canción o un dolor, esa voz que viene de abajo, del fondo, de la tremenda ocultación de Dios. He de volver, he de volver, repetía, insomnio tras insomnio, mientras buscaba desesperadamente a un niño perdido en los confines de la tierra. Lloraba a veces, sobre una almohada tejida de bordados extraños y fríos. Despertaba en una cama sin fulgor. Iba hacia la ventana,

buscaba un rostro, un agitar de alas en el fin de mayo, un barco que anclase en el puerto de los sueños vencidos. Ansiaba el yodo, quería un alga, una raíz incólume en el centro de las mareas. Escribía. Y entonces, mucho después, en una tarde de junio, casi al anochecer, dejando de lado las casas que crecían como una locura irremediable, entre las lágrimas, el asfalto, las altas lámparas de la oscuridad del hombre, entró en las aguas de su larga saudade. Esta es mi agua, pensó, estremeciéndose. Esta es la morada de los niños perdidos. Y nunca más partió. JOSÉ AGOSTINHO BAPTISTA

El poeta José Agostinho Baptista (www.jabaptista.net) nació el 15 de agosto de 1948 en Funchal (Madeira). El miedo al avión le impidió regresar a su isla durante diecinueve años. «El año pasado volví —dice—. Siempre con el miedo en mi cuerpo y mi alma. Pero la isla me llamaba».


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MADEIRA, LA ISLA VERDE Portugal

Océano Atlántico

Madeira Porto Moniz San Vicente

San Jorge

MADEIRA

Faial Puerto de la Cruz

Pico de Arieiro Calheta Ribeira Brava

Funchal

Las casas trepan ladera arriba en Funchal, la capital de la isla

Madeira Hoteles de lujo en fincas familiares

© ABC

Machico

(Viene de la página anterior)

Lo que hay que saber

de la calle, apenas se ve un mar de hierba y ramas. El interior es otra cosa, madera, líneas rectas, salas amplias en las que leer o mirar internet, el spa, gastronomía de la que se saborea con el paladar y con los ojos. «No queríamos que nuestra quinta fuera la apoteosis del minimalismo —dice Isabel con una mezcla de acentos, francés y portugués, que delata sus orígenes—, pero sí que fuera diferente». Un toque moderno, que nada tiene que ver con las «tradiciones seculares» de las que presumen en la Quinta da Bela Vista. En la piscina de Bela Vista, rodeada de árboles, rodeados a su vez de veinte hectáreas de jardines, sopla una suave brisa. Este edificio, construido en 1844, fue la primera finca familiar reconvertida en hotel, en 1989. Aquel gesto de Roberto d'Ornellas Monteiro ha tardado en imponerse, hasta que desde comienzos de 2000 otras familas y empresas siguieron su estela. Por ejemplo, el grupo Charming Hotels, que ha recuperado cinco quintas, entre ellas la de Das Vistas, doce mil metros cuadrados de árboles y jardines, o la Do Estreito, en los alrededores de Câmara de Lobos, donde resulta recomendable probar una espetada (pincho de carne) al anochecer, mientras se encienden las luces ladera abajo. Aunque, en realidad, Madeira vive más intensamente de día, cuando llegan los cruceros al puerto, cuando los excursionistas se ponen en marcha hacia la zona de la laurisilva, declarada Patrimonio Mundial por la Unesco. El bosque de lauráceas, habitual en Europa en otras épocas, ha desaparecido excepto en algunas zonas de Canarias, Azores o Madeira, sobre todo en Madeira, que lo conserva como un tesoro, a pesar de que los invasores eucaliptos cada vez se mezclan más con los autóctonos laureles. En las doscientas sendas que recorren este espacio, subrayadas por

El viaje. La TAP tiene un vuelo diario con destino y origen en Funchal desde Madrid y Barcelona. La tarifa oficial es de 208 euros ida y vuelta, aunque este destino suele venderse a través de paquetes de tour operadores, con hoteles y transporte para fin de semana o semana completa. www.flytap. com / 901 11 67 18. Las Quintas. Casa Velha do Palheiro. www.casa-velha.com / (351) 291 790 350. Doble: 210 euros. Jardins do Lago. www.jardins-lago.pt / (351) 291 750 100. Doble: 113 euros. Casa Branca. www.quintacasabranca.pt / (351) 291 700 770. Doble: 175 euros. Quinta das Vistas. www.charminghotelsmadeira.com / (351) 291 750 007. Doble: 164 euros. Asociación Quintas de Madeira: www. quintas-madeira.com Dos mil kilómetros de levadas o acequias cruzan Madeira. En torno a estos cursos de agua se han señalizado cientos de sendas para caminar... y respirar

el curso de las levadas, se aprecia la enorme diversidad vegetal y animal de la isla, con especies endémicas como el palomo torcaz. Naturaleza más lujo. Y, por supuesto, deporte, en el mar o en el campo de golf de la Casa Velha do Palheiro. Estamos en lo que fue el pabellón de caza y la residencia de verano de Joâo Esmeraldo, el primer conde de Carvalhal, un excéntrico personaje que importó árboles y plantas exóticas de medio mundo para adornar sus jardines, hoy rodeados de un campo de golf. John Burden Blandy adquirió estas tierras en 1885, un paisaje que apenas ha cambiado en este tiempo. Verde civilizado, mesas y sillas de mimbre en las que sentarse a ver pasar la vida. Sólo el recorrido de quinta en quinta compensa el viaje. Nos detenemos en el piano-bar de Jardins do Lago, un edificio de 1750. O en la

Para saber más. Turismo de Portugal: 902 88 77 12 / www.visitportugal.com. Turismo de Madeira: www.madeiratourism.com. terraza de la Quinta do Monte, unos 17.000 metros cuadrados que se funden con los jardines tropicales Monte Palace (www.montepalace.com). Este espacio es el resultado del esfuerzo de otro personaje peculiar, José Berardo, un emprendedor que hizo todo el dinero del mundo en las minas de Suráfrica y que ha reproducido en este lugar sus dos horizontes favoritos, Oriente y África. Aquí es fácil comprender porqué Madeira exporta millones de flores, mimadas por el clima tropical de esta tachuela verde en el Atlántico. Una senda de coleos rojos y hortensias blancas y moradas nos acompaña a la salida. 쮿

ABC.es

Más fotos de las quintas en www. abc.es/informacion/galerias/ madeira/paginas/01.htm


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TENDENCIAS Nikolas Piper, un herrero muy especial Aprenda a conducir en un circuito de carreras GASTRONOMÍA Barbadillo lanza un tinto SALUD ¿Qué sabe de las grasas «trans»? ENTREVISTA La moda, según el diseñador Juanjo Oliva

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Año feliz Los peregrinos de las setas Ha llovido en el momento justo. Y el monte se ha llenado de setas. Viajamos a Soria, en busca de la mejor cosecha en mucho tiempo TEXTO: JUAN FRANCISCO ALONSO FOTOS: GONZALO CRUZ JR

ice Rubén Gallego, guía micológico, que algunos días «esto parece la guerra». Se paran dos autobuses en la senda que cruza el bosque, y descienden sesenta o setenta personas en busca de su «eldorado». Esta mañana, no. Un día laborable cerca de Vinuesa, de la laguna Negra, de los montes de Navaleno, un día como hoy, se masca el silencio. Sólo resuenan las pisadas de las botas sobre las hojas de hayas recién caídas, sobre las ramas y los helechos de repente ocres entre los que, a veces, se esconden las setas. Un grupo de aficionados a la micología rastrea el pinar en la mejor campaña de los últimos años. Aquí, en las tierras húmedas pegadas al río Revinue-

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Níscalos, algún boletus edulis y ramarias (las hay buenas y tóxicas) completan una cesta habitual en la zona de pinares de Soria


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Año feliz Peregrinos de las setas

EN PORTADA

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sa, y en muchos otros lugares, se llenan al fin las cestas de mimbre con níscalos, boletus edulis, pinícolas... «Los últimos dos años han sido horrorosos», afirma Millán Maroto, una leyenda de los fogones sorianos que ahora dirige el departamento de investigación de Elfos (www.elfos-fungi.com), empresa con poco más de tres años de vida que elabora productos gourmet a partir de setas, hongos y trufas. «Hemos tenido que comprar la materia prima en Rumanía, Bulgaria, Italia, Francia, Suráfrica, Finlandia..., en cualquier sitio, con el certeza de que su calidad era inferior a la de estas tierras. La hechura, el sabor y la variedad de las setas de Soria es incomparable», añade, mientras vigila cómo ponen las etiquetas a una de sus últimas creaciones, la mousse de níscalo.

«No hay habitaciones» El año de las setas en Soria ha colgado el cartel de «no hay habitaciones» en infinidad de hoteles y casas rurales. En el campo se mezclan los ocres y verdes con las siluetas ligeramente encorvadas de quienes andan en busca del tesoro. «Desde el punto de vista turístico, es excepcional, porque la ocupación durante los fines de semana es altísima —opina José Antonio Vega, del Proyecto de Cooperación Interterritorial Micología y Calidad que nació en Almazán—. Sin embargo, desde el punto de vista medioambiental, depende de cómo se mire y, sobre todo, depende de cómo se recojan las setas. Si funciona la "educación micológica", si los turistas se preocupan por hacer bien las cosas, entonces no pasa nada. Afortundamente, hemos mejorado mucho en este sentido». El Proyecto Myas, que pretende impulsar una red europea de micología, tiene mucho que ver en la nueva percepción, más «sostenible y ecológica», de este tipo de turismo. Una de sus iniciati-

La zona de pinares en Soria es un paraíso para los amantes de la micología y del senderismo vas más pioneras, el permiso para la recolección, está siendo estudiada en diferentes comunidades autónomas. De momento se aplica en tres comarcas sorianas, Tierras Altas, El Burgo de Osma y Almazán. Para salir a estos montes, los «seteros» deben adquirir antes la correspondiente licencia (para los foráneos cuesta cinco euros por día o dieciocho por tem-

«Los últimos años han sido horrorosos. Hemos comprado la materia prima en los países del Este de Europa», afirma Millán Maroto, leyenda de la gastronomía soriana

porada) en Ayuntamientos, casas rurales, Caja Rural de Soria o en www.myas.info. Una de las obsesiones de Rubén Gallego es que los turistas a los que acompaña —incontables este otoño— aprendan. «A veces me preguntan por teléfono cuántos kilos garantizo, y yo les contesto que ninguno, que prefiero que después de la excursión sepan moverse por el campo, distinguir unas setas de otras». Rubén, que aprendió el oficio en Almazán, camina junto a su grupo con las correspondientes cestas de mimbre, para que caigan las esporas; con una navaja, para cortar y no

Instrucciones de uso

El boletus edulis es el rey en Soria

—Utilice una cesta de mimbre. No remueva el suelo que rodea las setas, ya que dañará el micelio y dificultará que nazcan nuevos ejemplares. —No destroce las setas que no conozca ni las tóxicas. Todas tienen una función en el campo. —Antes de recolectar para el consumo, asegúrese de que conoce la especie. —Si tiene dudas, siga los consejos de guías y servicios de asesoramiento. —Tras cortar la seta (en el caso del níscalo, con una navaja) hay que tapar el pocito para proteger el micelio. —Las setas demasiado maduras son indigestas. —Limpie la tierra adherida a la seta con una brocha. Así tendrá que lavarlas lo mínimo posible.

Los níscalos, frecuentes y apreciados por su sabor


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LOS SÁBADOS DE

Agenda

arrancar el tallo, y con una guía que recoge la impresionante variedad de setas en Castilla y León, en general, y en Soria, en particular. Dicen que en estas tierras hay cientos de especies diferentes, aunque el boletus edulis es el rey; el níscalo, lactarius deliciosus, la pieza más abundante, y las amanitas, las más complicadas, muchas de ellas tóxicas.

Los kilómetros que hagan falta «La gente cada vez viene más concienciada de que las setas son una riqueza natural que hay que cuidar. Por ejemplo, ya resulta difícil ver aficionados con bolsas de

Una brocha sirve para limpiarlas

plástico», apunta Julián Lérida, director de Receso, empresa de servicios turísticos que organiza rutas guiadas en Soria. «Los principales clientes son vascos y catalanes. En ambos sitios hay pasión por las setas, y recorren los kilómetros necesarios en busca de la variedad que encuentran en esta provincia». También los madrileños se apuntan a la fiesta, aunque a algunos los encontramos en nuestro viaje a mitad de camino, en las praderas de Riaza (Segovia) o cerca de San Esteban de Gormaz, junto al Duero, ya en Soria. Y, desde luego, los vecinos de estos pueblos, que en algunos casos se toman días de vacaciones para echarse al monte y conseguir unos sustanciosos ingresos extras, que pueden llegar a los seis mil euros. Los peregrinos de las setas que encontramos por la mañana entre los pinos de Vinuesa terminan a la hora de comer en el hotelrestaurante Alvargonzález, donde oficia Óscar García, uno de los talentos más reconocidos de la cocina de la región. Óscar se inventó las jornadas gastronómicas del boletus edulis hace nueve años, «cuando nadie las hacía». Aquella decisión se ha confirmado como un éxito. «Noviembre es una locura. Hay fines de semana en los que necesitaríamos el do-

ble de mesas de las que tenemos», asegura satisfecho. «Y eso a pesar de nuestra apuesta por un cierto atrevimiento, por la cocina de hoy en día». Óscar también lo ha pasado mal en los últimos años, cuando los pinares que rodean estos pueblos eran un manto seco en el que encontrar una seta era casi un milagro, un problema gastronómico y, sin duda, también económico. La Junta de Castilla y León ha recordado estos días que las setas generan en la región un volumen de negocio de treinta millones de euros, y un buen número de empleos. De hecho se cuentan unas veinticinco empresas que se dedican a la transformación y comercialización de los hongos. «Aquí todos quieren recoger setas», resumió el paisaje Santiago de Castro, presidente de la Federación de Asociaciones Micológicas de la Comunidad. Rubén Gallego y su grupo regresan a la furgoneta con la que han subido al monte. En la cesta, boletus, níscalos, un par de ramarias (las hay buenas y tóxicas, y son difíciles de identificar) y cuatro o cinco xerocomus badius, ejemplares de carne blanca que azulea en cuanto le pones el dedo encima. «El fin de semana anuncian lluvias, así que seguro que encontramos las que queramos». 쮿

Guías micológicos. Receso, empresa de servicios turísticos, organiza todo tipo de rutas en Soria, entre ellas las micológicas. Precio: 30 euros por persona. Información: 975 21 50 23 / 659 43 16 77 /www.receso.org. Jornadas gastronómicas. En Soria hay una docena de restaurantes especializados en setas. Merece la pena subrayar el talento creativo de Óscar García, en el restaurante «Alvargonzález» de Vinuesa. Reservas: 975 37 85 05. Sus Jornadas de Boletus Edulis se celebran todos los fines de semana de noviembre. En el menú, por 40 euros, encontramos revuelto espumoso de boletus, queso cremoso de trufa y edulis, boletus salteados, ensalada de setas de temporada escarchadas y muslo de codorniz, sopa de verduras y boletus deshidratados, bacalao con salsa verde de boletus y crema de calabaza, panceta confitada con crema de patata a la esencia de boletus y templado de nocilla con helado de boletus, todo ello regado con un vino de la provincia, un excelente Atalayas 2004. Análisis de la setas. ¿La cosecha que hemos recogido es buena? La respuesta, cada lunes, de 19.00 a 21.00 h., en la Facultad de Farmacia de la Universidad Complutense. Organiza, la Sociedad Micológica de Madrid. Información; www.socmicolmadrid.org Exposiciones y fiestas micológicas. Este fin de semana, como casi todos los del otoño, abundan las citas en distintos lugares de España. He aquí algunos ejemplos: en Vinuesa y en Navaleno, Soria (zac2601.en.eresmas. com/micologica.htm); en Riaza, Segovia (www.codinse.com / 921 55 62 18); en la Universidad Politécnica de Valencia (somival.org); en San Martín de Moncayo y en Alhama de Aragón, que organizan distintas actividades, incluida una salida al campo (www.gmcaesaraugusta.com / 976 27 61 44); en Ezcaray, La Rioja (www.ezcaray. org); en Ayerbe (Huesca), con salidas guiadas hasta el 18 de noviembre (www.reinodelosmallos. com); en Las Navas del Marqués, Ávila (91 897 20 00 / www.navasdelmarques.com); en Salamanca, del 10 al 12 de noviembre; o en Bragança, Portugal, hasta el 12 de noviembre (www.bcd. pt/mycologia2006). Micoturismo en Castilla y León. Restaurantes, bares, hoteles, casas de turismo rural y empresas se agrupan en una red de turismo micológico en esta Comunidad. La lista completa en: www.myas. info/micoturismo.asp?value=1. Para saber más. Turismo de Soria: www.sorianitelaimaginas. com / 975 22 05 11.


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LOS DOMINGOS DE

Bautismo Real El Príncipe de Gales y la duquesa de Cornualles presidieron el bautismo oficial, el pasado 10 de diciembre. Lascifras.El Queen Victoria tiene 294 m. de eslora, 32,3 de manga, 62,5 de alto y 90.000 toneladas. Capacidad: 2.014 pasajeros y 1.001 tripulantes. Costó 435 millones de euros. El verano, en el Mediterráneo. Crucero de 12 noches (Barcelona, Mónaco, Livorno, Nápoles, Malta, Creta, Atenas, Roma), con salidas el 25 de agosto y el 24 de octubre. Desde 990 a 1.490 euros. unmundodecruceros.com

AFP

El Queen Victoria, en abril, a su paso por el Canal de Suez, en Egipto

Queen Victoria

Lujo inglés en el Mediterráneo Aún luce nuevo y brillante. Se inauguró el 11 de diciembre, y durante meses ha probado sus motores en una vuelta al mundo. Ahora, el Queen Victoria, de la mítica compañía Cunard, prepara su verano en el Mediterráneo POR JUAN FRANCISCO ALONSO

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n la biblioteca de a bordo (siete mil volúmenes en siete idiomas) cuelga una especie de cuadro de honor de la literatura en inglés. Desde Jane Austen a Lewis Carroll o Edgar Allen Poe, el autor de «Las aventuras de Arthur Gordon Pym». A Poe, estadounidense, maestro del cuento de terror, le gustaba escribir sobre el mar, pero la vida obsesiva de Pym y los barcos fantasmas suena muy lejos en este rincón exquisito del Queen Victoria, el nuevo barco de la compañía Cunard. Estamos rodeados de moquetas, cueros, maderas y, si cerramos los ojos, del sabor de un whisky de malta y un cigarro-puro. Paisaje inglés en alta mar. La británica Cunard (aunque en los últimos años perteneciente al grupo estadounidense Carnival) fue fundada en 1838 y su pasado está atado a los océanos, a los grandes barcos/sueños, como el Queen Mary, y a un espíritu radi-

calmente «british». Basta cruzar la pasarela de entrada del Queen Victoria, inaugurado en diciembre de 2007, para comprobarlo una vez más. En la Queen Room se sirve el té a las cinco en punto. En el pub, por la noche, llegará la hora del pop británico y las pintas. Y en la Churchill Room, con vistas al inmenso azul, se respira el humo de los fumadores. El Queen Victoria ocupa, de alguna manera, el hueco que deja en los catálogos el Queen Elisabeth 2, comprado a mediados de 2007 por Dubai a cambio de cien millones de dólares para convertirlo en hotel-museo. El nuevo trasatlántico no realizará un trayecto único, sino que —por temporadas— dará la vuelta al mundo, pondrá rumbo al Báltico y, como este verano, recorrerá el Mediterráneo, tentado por el poderío evidente del puerto de Barcelona en el mercado de cruceros. Barcelona ha sido, por supuesto, uno de los puertos en los que

ABC La biblioteca y el reloj en la escalera principal: dos símbolos del diseño elegido para el barco

ha hecho escala el nuevo tesoro de la Cunard en su primera vuelta al mundo. El público que vemos, el que lee el periódico con minuciosidad o come en el restaurante Britannia (878 asientos), dispone de tres meses y una buena suma de dinero para dedicarla al lujo contemplativo, un perfil muy diferente al de los pasajeros que ocuparán estos pasillos en verano, alterados por las risas de los niños y el chop chop de la piscina. Como se sabe, los restaurantes no son un asunto precisamente menor en un crucero. La comida va incluida en el precio, las veinticuatro horas del día, y una pasajera ocasional relata sentada a la mesa la historia de una conocida que engordó site kilos en unas vacaciones. Hay cartas y buffets para todos los gustos, desde el italiano al francés, además de comedores privados para las suites o para las empresas que los alquilan para cualquier presentación. El casino es otro centro neurálgico del Queen Victoria. De las ganancias del juego y quizá de las del spa depende una parte importante de los beneficios de la empresa. Las máquinas, como las tiendas (atención: se compra en dólares, lo que supone una evidente ventaja en el cambio), sólo abren cuando el barco se hace a la mar. La excitación de la ruleta, de las cartas o de las tragaperras recorre los pasillos solemnes de este rascacielos flotante, como una prueba más de los extremos que se tocan y se necesitan. En el día a día de un crucero los pasajeros salen a una excursión, acuden al teatro (830 asientos), navegan por internet, mueven el esqueleto en la discoteca Hemispheres o toman el sol en cubierta. A media mañana, un grupo de artistas ensaya la función de la noche en el Royal Court Theatre, que ocupa tres cubiertas. Nada, salvo el hecho de que una bofetada de realidad nos hace recordar que estamos en un barco, diferencia este escenario de cualquier otro en la ciudad. Al fin y al cabo, de eso se trata: una exquisita ciudad inglesa flota en el Mediterráneo. [


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LOS DOMINGOS DE

Joaquín Díaz, una leyenda de la cultura tradicional, el pasado jueves junto a las murallas de Urueña (Valladolid), el pueblo que eligió para vivir hace casi veinte años

La villa ilustrada

Urueña: 150 vecinos, 11 librerías, 5 museos y un póquer de artistas Urueña (Valladolid), un pueblo amurallado en Tierra de Campos, es la primera Villa del Libro en España. Pero su relación con la cultura viene desde que hace 20 años se instaló aquí el folklorista Joaquín Díaz. Su figura ha atraído a artistas, museos y libreros TEXTO: JUAN FRANCISCO ALONSO FOTOS: F. HERAS

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a semana pasada llegó el ADSL. Noticia de portada. En Urueña no hay periódico, ni siquiera kiosco, pero la gran novedad se anuncia en el mesón de la plaza; y lo repiten Michel, el músico, y Jesús, el librero de toda la vida, y Joaquín Díaz en su despacho, bajo una luz tenue y cálida que se pierde entre las canas de su barba abundante. Una imagen que parece decir: «Silencio, se habla». Se medita. Se devana el ovillo de la historia. Joaquín llegó con las maletas a esta colina amurallada del corazón de Castilla el último día de 1988. «Me instalé en otra casa, mientras se

hacían las obras aquí. No tenía calefacción, y el viento soplaba de una forma terrible. Por la mañana, en la calle, alguien me dijo: “Ay, si eso no es nada. Cuando sopla de verdad se lleva las tejas”». Joaquín Díaz, folklorista, había conocido Urueña a principios de los 70, durante una grabación para la televisión. «Era una ruina noble, que se había salvado de los atropellos urbanísticos de los sesenta porque aquí no había dinero». Le encantó. Pero él andaba entonces tras esos sueños que siempre han guiado su vida: encontrar un público que amara lo tradicional, en su época en los escenarios (1967-1976); recorrer las

aldeas y entrevistar a los lugareños en busca de sus músicas y costumbres; y, al cabo, demostrar que los pueblos tienen posibilidades de vivir si se invierte «un poco» en ellos. Por eso volvió a Urueña, para montar su Centro Etnográfico, inaugurado en 1991, en La Mayorazga, una casona del XVIII. Allí vive hoy, junto a 16.000 libros, 6.000 pliegos de cordel, miles de horas de grabaciones, unas

Son pueblos pequeños, con encanto, convertidos en focos de cultura y de dinamización del mundo rural. Las Villas del Libro, frecuentes en Europa, llegan a España

mil aleluyas (historias contadas con viñetas), cientos de cancioneros desde 1850 a nuestros días… «Al principio, bajaba a barrer la calle a las seis de la mañana, para que no me viera nadie. Y los amigos me llamaban y me decían que estaba loco, pero yo era consecuente con una forma de ser, una actitud que quizá haya podido resultar contagiosa», afirma. Seguro que sí. «La primera Villa del Libro española está en Urueña en parte por él, porque había otras alternativas», admite Pedro Mencía, director del centro cultural, museo y área de investigación ELea. Y muchos de los forasteros que han comprado casa lo han hecho atraídos por su imán. Michel Lacomba (bajista con Eliseo Parra, Aute, Suburbano, Luis Pastor) y Rosa Munguía vinieron hace cinco años para montar su estudio de grabación (Barlovento). Lo enseñan orgullosos. «Es mara(Pasa a la página siguiente)


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CLAVES DE ACTUALIDAD

La villa ilustrada 150 vecinos, 11 librerías

José Antonio Largo: lo suyo es la literatura infantil y juvenil, el cuento (Viene de la página anterior)

villoso. El silencio te deja apreciar los sonidos de verdad, el viento, el aleteo de los pájaros al atardecer», saborean las palabras. A Urueña le va como anillo al dedo el sonido de un chelo junto a las murallas, la conversación, la puesta de sol sobre la inmensidad de Tierra de Campos, un poema de Antonio Colinas: «¿Conocéis el lugar donde van a morir / las arias de Händel? / Está aquí, en el centro del centro de Castilla». Algo de todo eso, y (siempre) Joaquín, atrajo también a Jesús Martínez, el primer librero de Urueña. «Este era el pueblo más pequeño de España con librería, la mía, Alcaraván», comenta divertido. A principio de los noventa, Jesús, empleado de la Tienda Verde en

A Miguel Ángel Ortega, de 33 años, le apasionan los libros de arte. Los busca como coleccionista y los vende

Madrid, viajaba de cuando en cuando a Valladolid para comprar la revista «Folklore», dirigida por Joaquín Díaz. Un día preguntó dónde vivía, y le dijeron que en Urueña. Así descubrió el pueblo, así maquinó el plan de huida de Madrid. «Fue en 1993. Al principio había fines de semana en los que no venía nadie». Jesús Martínez no sabe cómo le va a afectar la repentina invasión de libreros, diez aventureros instalados a partir de ahora intramuros, dentro del proyecto Villa del Libro que ha puesto en mar-

El primer fin de semana como Villa del Libro llegaron 3.600 visitantes. El segundo, éste, se espera un interés parecido. Abren casas rurales. Y restaurantes. Urueña muda la piel

cha la Diputación Provincial de Valladolid y que gestiona Turisvall. Pero, con tres lustros de experiencia, deja un consejo en el aire: «Aquí hay que pasar dos inviernos». Sabe de lo que habla. Del frío. De la soledad. Del viento que fustiga la colina. De las noches largas. «Claro que es una locura», admite Miguel Ángel Delgado, de treinta y tres años, propietario de la librería «Alejandría», uno de los recién llegados. «Mire, soy el único librero de antiguo en Valladolid; si no estuviera loco, no tendría ni siquiera ese espacio físico, y tampoco éste. Vendería por internet, como muchos de mis colegas». Delgado se ha especializado en libros de arte, dadaísmo, surrealismo, poesía visual, en Gómez de la Serna o Julio Cortázar, en Picabia, y en presentar esos volúmenes con un evidente detenimiento en la estética.

Estreno exitoso

Jesús Martínez se instaló en este pueblo en 1993

Fernando y Rosa, en pleno trabajo de encuadernación

La Villa del Libro ha hecho mucho ruido al nacer. 3.600 visitantes el primer fin de semana. «Es un híbrido entre turismo y cultura —opina Pedro Mencía, que se subió al proyecto en marcha, hace unos meses—. Y yo creo que el comercio muy especializado de productos culturales en entornos singulares tiene muchas posibilidades de éxito». El escenario cumple con la premisa. Urueña, Conjunto Histórico-Artístico, es una fotografía bien conservada del Medievo, de cuando se levantó el castillo (Alfonso I «El Grande»), fue cabeza de merindad del infantazgo de Valladolid (Sancho II «El Fuerte»), se fortificó (Sancho III «El Deseado»). Al caer la tarde, cuando Joaquín Díaz nos acompaña por las calles, el personaje y la villa se confunden en el tiempo. Amancio Prada, que se acaba de comprar y rehabilitar una casa, y Luis Delgado (La Musgaña, Cuar-


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Michel Lacomba y Rosa Munguía preparan en su estudio de Urueña un disco homenaje al poeta Claudio Rodríguez, que se estrenará el 7 de junio en Zamora

Concepción García descubrió la caligrafía hace cinco años, en un cursillo. La Asociación Alcuíno vende sus obras en Urueña

Las Villas del Libro

Medina de Rioseco Urueña

Valladolid

Tudela Tordesillas de Duero Medina del Campo

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© ABC

teto de Urueña, especialista en cancionero andalusí), que trajo aquí su colección de instrumentos musicales, también aluden a la amistad con Joaquín Díaz. «Viví en Lavapiés; luego, en Torrelodones, y, desde hace una década, en Urueña. Cada vez más lejos de la ciudad», decía Delgado mientras preparaba el concierto que ofreció ayer en Berlín con motivo del cincuenta aniversario del Tratado de Roma. «Hemos vivido un ritmo de crecimiento lento, en el que algunas iniciativas tenían éxito y otras fracasaban; por eso surge un cierto temor a la irrupción de demasiadas propuestas juntas, a crear un parque temático». Fernando Gutiérrez y Rosa de Miguel también huyeron de Madrid, en el caso de Rosa tras hacer un curso de encuadernación en el centro cultural Conde Duque. «Queríamos irnos, y estábamos mirando por Soria, pero supimos de Joaquín a través del escritor Avelino Hernández», recuerdan. En septiembre de 1993 abrieron el taller de encuadernación que aho-

LOS DOMINGOS DE

ra se disponen a reformar y ampliar, en el que esta mañana reparan un lomo con el mimo de los artesanos. Con una dedicación como la de Concepción García, quien descubrió la caligrafía hace cinco años y que ahora forma parte de la Asociación Alcuíno, grupo que participa en el proyecto «Villa del Libro». «Queremos recuperar la atmósfera del scrip-

La idea. Son pueblos pequeños, en zonas rurales, con encanto, atractivos para los turistas pero sin que su presencia llegue a resultar excesivamente masiva. Urueña es el primer ejemplo en España, pero el fenómeno no es nuevo más allá de nuestras fronteras. En estos «reinos» de la cultura tradicional suelen instalarse libreros de antiguo y artistas. El primero del que hay constancia es Hayon-Wye, en Gran Bretaña, creado en 1963 por un librero de Oxford. En el continente, se dice que la primera referencia es Redu, en Bélgica (1984). Francia es otro país en el ha prosperado la idea, en pueblecitos como Montmorillon. Más información: www.diputaciondevalladolid.es/villadellibro www.booktown.net Urueña. Este pequeño pueblo de menos de 150 vecinos en invierno, amurallado, se encuentra a 218 kilómetros de Madrid, junto a la A6, y a 65 de Valladolid. Joaquín Díaz, que instaló aquí su Centro Etnográfico en 1991, fue el pionero que ayudó a transformar la sensación de abandono en un nuevo foco cultural. Turismo rural. El renacimiento del pueblo ha supuesto la apertura de varios restaurantes y de casas rurales. Por ejemplo, la Casa Rural Villa de Urueña (626 847 133 / 983 717 063), y la Casa Rural Villalbín (983 71 74 70/616 11 86 43).

De izquierda a derecha, José Luis de Cus (Bibliomanía), Felipe Martínez (El camino de Santiago), Rafael Moral (Libros Valdezate) y Maxi San José (Maxtor)

Pueblo-museo. La Fundación Joaquín Díaz (www.funjdiaz.net), instalada en un edificio del siglo XVIII, nació en 1991 para contribuir a la valoración y difusión del patrimonio tradicional. A su alrededor han ido creciendo otros museos, como el de instrumentos musicales de Luis Delgado (www.luisdelgado.net).

torium, las plumas de ave, los monjes, el pergamino. En la sociedad del e-mail y del “control z” creemos que esto tiene un valor». Concepción, sobre la Villa del Libro, dice: «Un poco utopía, pero ¿por qué no?». Pilar Verdú, valenciana, periodista, impulsora de Efecto Violeta Ediciones, encargada tres años de las actividades culturales del Instituto Cervantes en París, supo de Urueña por internet, presentó un proyecto basado en la cultura mediterránea y lo ganó. Ahora tiene librería y una casa recién comprada, síntomas de un flechazo a primera vista. José Antonio Largo y su esposa, Esperanza, tenían Urueña más cerca. Trabajan en Valladolid. Ella al frente de la «Boutique del Cuento», él como profesor de Historia. La atmósfera que persiguen tiene que ver con los cuentos de Calleja, con desplegables y troquelados, con las ilustraciones de Roberto Innocenti. En cuanto al negocio, «con no perder…». Los cinco libreros de la Asociación Alvacal que comparten local en Urueña tampoco esperan ganar dinero. «Creemos que una iniciativa de estas características debe reflejar todos los mundos del libro, desde el actual a los incunables o la segunda mano», dice Felipe Martínez, presidente de esta asociación de veintidós libreros de viejo. Felipe cree que hay bibliófilos, bibliópatas (gente capaz de grandes esfuerzos por conseguir algo) y curiosos, «que no vendrán necesariamente por los libros, pero que, una vez aquí, pueden comprarlos». Esa es la idea del principio. La de Joaquín Díaz se resume así: «Me gustaría reivindicar un crecimiento razonable para Urueña, pero también la soledad y el silencio como generadores de esa atmósfera imprescindible para la serenidad del razonamiento y la meditación». [


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AIRE LIBRE

Mont Blanc

Vuelo sobre la gran cumbre de los Alpes El Mont Blanc (4.808 metros) es el pico más alto de Europa Occidental. Un mito de los aficionados a la montaña. A su alrededor se organizan infinidad de aventuras, entre otras un vuelo sobre este peine de rocas TEXTO Y FOTOS: JUAN FRANCISCO ALONSO

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a «Jodel Mousquetaire» de 180 cv levanta el vuelo en el altipuerto de Megève, en los Alpes franceses, con una dulzura inesperada. La avioneta no llega a los ocho metros de largo, y en su cabina sólo pueden viajar cuatro personas. Pero esta especie de pájaro de metal, pilotado por Jacques Brun, enfila hacia el macizo del Mont Blanc con decisión y firmeza. «Volaremos a 4.000 metros de altura, sobre glaciares y montañas», anuncia Brun. «Disfruten del viaje». El Mont Blanc es una aguja entre Francia e Italia, rodeada de varios picos que superan los cuatro mil metros. Desde abajo, una pared infranqueable. Desde arriba, un folio en blanco, rocas en forma de peine, el funicular que trepa, pequeño y aparentemente frágil, desde Chamonix. La avioneta blanca con rayas rojas y azules de Jacques Brun se encamina direc-

tamente hacia la gran cumbre europea. «Llevo treinta años en este trabajo, y nunca me he cansado del paisaje», suena su voz en los auriculares que alivian el ruido. La «Jodel Mousquetaire» llega pronto muy cerca de la joya de la región, el Mont Blanc, con el valle verde a nuestros pies y las cumbres blancas frente al cuadro de mandos. La montaña se acerca casi tan rápidamente como en una de esas películas de acción en las que el piloto salva los riscos en el último segundo. Sólo es un parecido razonable, porque aquí no hay riesgo. Se sorprende Brun cuando se lo preguntamos. «¿Riesgos? Ninguno». El «pájaro» puede via-

El Mont Blanc es una de las grandes atracciones de los Alpes. Miles de personas viajan hasta sus laderas para verlo desde más cerca, la cumbre, o desde la distancia

Media hora por todo lo alto Veinte minutos alrededor del Mont Blanc y los glaciares de Bossons y de Taconnaz cuestan 58 euros; media hora sobre el mar de hielo y la Vallée Blanche, 87; y cuarenta minutos, en los que da tiempo a ver todos los glaciares, más el Mont Blanc, 116 euros. Más información: 33 (0)4 50 21 03 21. www.aerocime.com.

El piloto Jacques Brun, durante el viaje por el macizo del Mont Blanc

jar a una velocidad de crucero de 230 Km/h, aunque la quietud del paisaje anima a pensar que casi estamos suspendidos en el aire. Junto al Aiguille du Midi (3.842 metros), la avioneta vira a la derecha, en dirección a la Vallée Blanche, al glaciar del Gigante y a la Mer de Glace, un río helado en constante movimiento. A pesar de que este año ha nevado poco, como en todos los Alpes, durante unos segundos el horizonte es una manta blanca, una postal imposible de resumir en las líneas que caben en una postal. El viaje al filo del vértigo apenas acaba de empezar. En el siguiente recodo, las Grandes Jorasses, una serie de picos que rondan los cuatro mil metros, parecen la sierra de la Bolsa estos días. Alrededor, ni un alma, al menos visible desde las alturas. Sólo el sonido de la hélice ahí delante, sólo las explicaciones del piloto en los auriculares («nos vamos hacia el Glacier d'Argentière»), sólo un golpe de viento que, durante una décima de segundo, inquieta al viajero novato, a pesar de que le han dicho que hay diez avionetas como ésta haciendo el mismo recorrido y que nunca ha habido un accidente. Pero el Mont Blanc impone incluso desde lejos.


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LOS SÁBADOS DE

Los glaciares asombran, pero el Mont Blanc (a la izquierda) es el plato fuerte

A esta cadena legendaria, un foco turístico de primera magnitud, llegan cada año miles de personas dispuestas a enfrentarse a la gran montaña de una u otra manera. Por todo lo alto, o a ras de suelo. Bernard Blandin, monitor de deportes de aventura, de cincuenta y siete años, ágil y con un cuerpo en el que no se atisba ni un gramo de grasa, dice que «el ascenso no es técnicamente complicado. Lo difícil es caminar sobre la nieve, el hielo, el cansancio. En mi caso, tardo cinco horas en hacer cumbre, y eso que llevo el parapente en la mochila para regresar a Megève volando».

Una de acción Aventuras junto al Mont Blanc La Compañía de Guías de Megève fue fundada en 1969. Sus expertos acompañan y guían a los turistas que quieren practicar algún deporte relacionado con la montaña, desde el senderismo a la escalada, desde el rafting al descenso de cañones. www.guides-megeve.com 334 50 21 55 11. Un «spa» en la montaña «Les Fermes de Marie», de cuatro estrellas, es un lujo en una de las estaciones de esquí más frecuentadas por la jet set. Su spa y sus tratamientos con plantas de la montaña son una forma perfecta de relax después de la aventura. Tel. 33 (0)4 50 93 03 10. www.fermesdemarie.com. Quien prefiera un alojamiento más modesto (tres estrellas), pero muy cómodo, puede optar por «Au Coeur de Megève», en el centro del pueblo alpino. www.hotel-megeve.com / 33 (0)4 50 21 25 30.

El agua del deshielo

Blandin practica la bicicleta de montaña, el descenso de cañones, el parapente... Casi cualquier «locura» al aire libre. Esta mañana nos cita en un punto del Nant des Cordes, el río que cruza Megève y que, unos kilómetros antes, forma un escenario perfecto para la práctica del barranquismo. «Ahora aún es un poco peligroso, porque baja demasiada agua del deshielo, pero en unas semanas estará perfecto para sortear las rocas y los desfiladeros», explica. En la agencia de Blandin trabajan treinta guías y acompañan-

Esta cascada del río Nant des Cordes es una de las esquinas más fotografiadas del recorrido clásico de descenso de cañones en el entorno de Megève

Más información Turismo de Megève: www.megeve. com / 33 (0)4 50 21 27 28. Turismo de Francia: es.franceguide. com / 807 117 181.

tes, lo que da idea del volumen de excursiones relacionadas con la aventura que salen o terminan en Megève, la estación preferida de artistas o famosos con pedigrí. Aquí, cerca de las tiendas de Hermès o Prada, se huele el dinero. No en vano fue una importante familia de banqueros, los Rothschild, quien eligió este destino de los Alpes como lugar de descanso, quien sirvió de imán para sus amigos de la alta sociedad, y quien abrió la estación a los esquiadores en el invierno de 1912. Sus herederos aún continúan por aquí, al frente de un campo de golf de dieciocho hoyos y de diferentes instalaciones hoteleras. En Megève se inauguró en 1933 el primer teléferico del mundo para transportar esquiadores, lo que ya entonces era una prueba evidente del crecimiento del deporte blanco en esta esquina de los Alpes. Hoy funcionan 460 kilómetros de pistas en las que raramente falta la nieve, aunque este año los aficionados han tenido que subir por encima de los 1.500 metros para esquiar en condiciones razonables (Megève se halla a 1.113 m.). En esos mismos escenarios comienza ahora la temporada de sol, los deportes de agua. «No sabría decir cuándo trabajo más, o cuándo disfruto más; cada estación tiene su encanto», afirma Bernard Blandin mientras salta de roca en roca, con una facilidad asombrosa, por el itinerario del descenso de cañones. El piloto de la «Jodel Mousquetaire» sobrevuela el Glacier d'Argentière y, luego, el de Tour, un paisaje en cinemascope que se queda pegado a la retina. El tiempo pasa en un suspiro. Súbito, gira hacia la izquierda, de regreso hacia el altipuerto de Megève. «Volvemos a casa», repiquetea el sonido metálico de los auriculares. En el horizonte cae la tarde. [


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VIAJES

Aniversario Botero

«Don carnal» y La Candelaria Fernando Botero, el artista de los cuerpos sin complejos, cumple 75 años el próximo jueves. Media docena de galerías de todo el mundo le rinden homenaje. Y también el museo de Bogotá al que cedió una parte de su colección, instalado en el barrio colonial de La Candelaria, uno de los mejor conservados de Iberoamérica TEXTO Y FOTOS: JUAN FRANCISCO ALONSO

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a casa de los arzobispos tenía chimenea, circunstancia sorprendente en una ciudad donde, durante una época, el hogar parecía asociado a alguna suerte de maleficio. Aquellos muros comprados y reconstruidos por el arzobispo Antonio Claudio Álvarez de Quiñónez en 1724 albergaron también una amplia colección de arte, reunida por Antonio Caballero y Góngora, obispo entre 1788 y 1790. Allí colgaban lienzos de Tiziano, Miguel Ángel, Murillo o Velázquez. Probablemente, Fernando Botero supiera la historia de estas cuatro paredes cuando decidió donar ciento veintitrés de sus obras y otras ochenta y cinco de su colección privada: Bacon, Renoir, Picasso, Dalí, Chagall… Se dice en Bogotá que Fernando Botero ha tenido diferentes relaciones con su país. Por resumir, una época de ausencia y otra

de reencuentro. La donación en el año 2000 de más de doscientas obras para su exhibición en este museo, una de las principales atracciones turísticas de Bogotá, fue quizá el puente de su regreso sentimental a Colombia. «…Quisiera que esta donación se interpretara como una demostración personal de mi fe en nuestro país, en su futuro y en un mañana en que todos los colombianos podamos transitar sin temor, gozando de la convivencia que nos ha resultado tan difícil y costosa», proclamó en el acto de inauguración. Botero cumplirá 75 años el próximo jueves 19, excusa que han aprovechado una serie de galerías de todo el mundo para rendir homenaje al artista con diferentes exposiciones. En Madrid, la cita es en la galería Fernando Pradilla. Puede ser una buena forma de acercarse a su estilo. Otra, aprovechar una escapada a Bogo-

La ruta del artista

El rastro colonial del barrio de La Candelaria llega hasta el museo Botero

Museo Botero en Bogotá: El museo contiene 123 obras del artista, pinturas, dibujos y esculturas; y otras 85 de su colección firmadas por Corot, Renoir, Bonnard, Dalí, Chagall, Beckmann, Delvaux, Giacometti, Picasso, Miró, Bacon o Moore (lablaa.org/blaavirtual/museobotero/listado.htm). En Medellín: www.museodeantioquia.org. Galerías que participan en el homenaje: Italia: Contini Galleria d'Arte, Venecia. España: Fernando Pradilla, Claudio Coello, 20, Madrid. Hasta el día 21. Alemania: Galerie Thomas, Múnich. Venezuela: Galerie Freites. Caracas. Colombia: Galería El Museo. Bogotá. EE. UU.: Gary Nader Fine Art, Miami, y Gallery Tasende, en Los Ángeles. Para saber más: www.global-botero.com. Viaje a Bogotá: Avianca, Iberia y Air Comet vuelan sin escalas desde Madrid. Domir en La Candelaria. Hotel Abadía Colonial (abadiacolonial.com) y Hotel Ópera (www.hotelopera.com.co). Turismo de Colombia: www.colombiaespasion.com / www.proexport.com.co (91 577 67 08). Una agencia local, Genius Tours (llamada desde España: 911 21 98 48, www. geniustours.com) puede ayudarle a organizar su viaje.

tá para descubrir el museo Botero y su entorno, la Casa de la Moneda, la biblioteca Luis Ángel Arango, el museo del Oro y el casco histórico de la época colonial, La Candelaria, uno de los mejor conservados de Iberoamérica. Por estas calles empedradas, aroma de otros tiempos, nos acercamos al centro cultural de la capital colombiana, a los patios que envuelven una casa muchas veces hecha y rehecha, sede definitiva de la excelente colección de este pintor y escultor convertido en santo y seña de Colombia. El camino hacia Botero puede comenzar en la plaza de la catedral, entre el aleteo de las palomas, el clic de las cámaras de fotos y una mirada curiosa a los cercanos edificios oficiales, el Palacio de Justicia, el Congreso Nacional o la sede de la Presidencia (Casa de Nariño), todos rodeados de fuerzas de seguridad. El barrio de la Candelaria siempre ha sido un refugio de artistas y bohemios, intelectuales y algunos próceres de la ciudad. Entre todos han logrado prolongar el rastro de la arquitectura colonial, la belleza de las balconadas de madera colgadas sobre paredes azules, ocres o amarillas, un prólogo perfecto para apreciar otra explosión de color, la de los pinceles de Fernando Botero (Medellín, 19 de abril de 1932).

La casona de los arzobispos

Los patios y balcones de la vieja casona de los arzobispos sirven de canales de distribución hacia las diferentes salas del museo, en busca de la carne y los días radiografiados por los ojos del pintor, la «Pareja bailando» (1987) o «El estudio» (1990), ese derroche de curvas visto por la espalda marca de la casa. Un grupo de niños vestidos de uniforme echa unas risas. Un voluntarioso aprendiz imita el trazo del maestro, que reside en Europa desde hace años. Y, alrededor, las paredes blancas, la arquitectura de la memoria española, las esculturas en las salas cercanas, incluida su clásica mano abierta, una invitación a entrar. Botero, uno de los iconos en los anuncios que promocionan la nueva imagen de Colombia, junto a Shakira o García Márquez, ha realizado dos grandes donaciones de sus obras. La primera, en


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«El estudio», una obra de 1990, muestra todas las curvas del «estilo Botero»

En la donación de Botero a la ciudad de Bogotá incluyó pinturas, dibujos y esculturas, como las de la imagen diferentes fases, al Museo de Antioquia (www.museodeantioquia. org), en Medellín, el lugar donde nació; la segunda, a la ciudad de Bogotá. En total son cientos de frutos de la abundantísima producción del artista entregados a su país. «Algunas personas me han preguntado cuál es (…) el sentido de que estas obras queden en Colombia, en un momento en que el país está viviendo días tormentosos —decía en noviembre de

2000—. Y la respuesta es que precisamente porque nuestra patria está acosada por la violencia es que esta colección debe quedar aquí. A la barbarie hay que oponer la civilización; a la violencia la cultura; a la intolerancia debemos oponer el arte, porque el arte no es un capricho que adorna una sociedad, sino una necesidad espiritual que debe ser compartida con entusiasmo». En Bogotá las cosas han cam-

El museo Botero de Bogotá reúne 123 de sus obras (pintura, dibujo y escultura) y 85 de su colección privada (Bacon, Renoir, Picasso, Chagall, entre otros maestros) Siete galerías de Europa, Iberoamérica y Estados Unidos han organizado exposiciones especiales durante estos días. La de Madrid finalizará el próximo sábado, día 21

biado mucho en estos seis años largos. Los turistas empiezan a llegar, y se les ve de buena mañana por el corazón histórico de la ciudad con una sensación de calma a la que resulta fácil acostumbrarse. ¿Durará? «No creo que podamos permitirnos volver atrás», dice Jaime Almanza, un empresario local. «Hace mucho que no hay un atentado en la capital», insiste un taxista. «Ahora hay menos inseguridad aquí que en otras muchas ciudades de Iberoamérica», concluye un español del sector turístico. En La Candelaria luce el sol. En el centro del barrio, la Plaza Simón Bolívar, comenzó a trazarse la actual Bogotá a partir de 1539. Esa es la nuez en la que se desarrolla aún hoy gran parte de la vida cultural y oficial de la ciudad. Los discursos de los políticos y el ir y venir de los turistas. Los restaurantes más tradicionales, con madera y vistas sobre los tejados de este pueblo que conserva sus señas de identidad en el corazón de la inmensa urbe. Las bibliotecas, sobre todo la Luis Ángel Arango. El tantas veces aclamado museo del Oro (www.banrep.gov.co/museo), con piezas excelentes y un entorno mejorable (de hecho, está en proceso de reforma). El murmullo de una pequeña fuente en el centro de los patios españoles. El olor a café, el sonido de la salsa o de la cumbia en los puestos callejeros. [


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Tintín es un héroe para muchas generaciones, también para los más jóvenes, en el Centro Belga del Cómic. A la derecha, la estación de Metro de Gare du Midi

Hergé, cien años Ríos de tinta en Bruselas Hergé hubiera cumplido cien años en mayo. El recuerdo del creador de Tintín alimenta la pasión de su ciudad por el noveno arte. Librerías, murales y estaciones de Metro se apuntan a los bocadillos TEXTO: JUAN FRANCISCO ALONSO FOTOS: GONZALO CRUZ

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nspachlaan es una calle dibujada a carboncillo, coloreada en los días de sol y en escala de grises las mañanas frías. En cincuenta metros hay tres librerías dedicadas

Frédéric Ronsse, con algunos de los cómics de su librería, «Brüsel»

exclusivamente al cómic. En sus escaparates disparan héroes enmascarados, brujulea un periodista con tupé, se derrama la sangre en un callejón urbano, y huele a comida en la aldea que resiste a los romanos. Frédéric Ronsse es el copropietario de una de esas tiendas, «Brüsel», quizá la más importante de la ciudad, muestra de la inmensa producción de viñetas de este corazón europeo. Ronsse nos guía entre los veinte mil volúmenes que se ordenan con precisión en sus estanterías, hasta que un punto seguido lo convierte en aparte. «El cómic es un lenguaje universal —afirma—, y el nombre de esta librería es una prueba. Bruselas no se escribe Brüsel en ningún idioma, de forma que, cuando cruzamos esa puerta, es como si estuviéramos en un territorio imaginario». En «Brüsel» hay exposiciones temporales (en mayo, «Futuropo-

lis»), una amplia oferta de muñecos en los que dejarse el sueldo; litografías de Lucky Luke, el vaquero con las manos más rápidas que su sombra; «best sellers» del género, como la ley del dólar de «Largo Winch», y libros procedentes de medio mundo. Da pereza regresar al ruido de la calle. Aunque en seguida Ronsse nos recuerda que Bruselas entera podría considerarse una ciudad de la «bande dessinée». Para empezar, aquí nació hace exactamente un siglo (Etterbeek, 22 de mayo de 1907) Georges Remi, el creador de Tintín, el personaje más popular de la Europa dibujada. Tanto tiempo después, la herencia de Hergé (el seudónimo procede de la pronunciación en francés de la «r» de Remi y la «g» de Georges) se ha multiplicado infinitas veces, con cientos de nuevos creadores, personajes, tiras, ríos de tinta. Dicen que en Bélgica hay setecientos artistas del cómic, que el

El siglo de Hergé ha sido también el del desarrollo de las historias dibujadas. Su personaje definitivo, Tintín, es una silueta familiar en la ruta turística por Bruselas


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60 por ciento de los libros que se venden en el país tienen bocadillos en su interior, que cada año se editan unos 6.000 títulos del género, algo más de la mitad en francés y el resto en flamenco, y que el 80 por ciento se destina a la exportación. «Es una industria muy importante, con un peso en nuestra economía», afirma Christos Kritikos, un griego que ejerce de guía en el «Centro belga del arte de la tira cómica», uno de los museos más visitados de la ciudad. Los héroes de papel zascandilean por las vitrinas de sus salas, la primera vez que Peyo dibujó la silueta azul de un pitufo, la única escena en la que Lucky Luke disparó a matar, antes de que sus historias fueran para todos los públicos, el «dos caballos» ilustrado que le regalaron sus colegas a Jean Roba («Boule et Bill»).

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LOS DOMINGOS DE

Los personajes de Frank Pé sobrevuelan una Bruselas feliz

Cómics en el menú del día

Art nouveau y el noveno arte

El museo se instaló en 1989 en uno de esos bellísimos edificios del «art nouveau» creados por Víctor Horta (1861-1947), el arquitecto total. La reacción contra los neoclásicos y los neogóticos dio lugar a un diseño modernista, con abundante hierro y vidro, reflejo de una era fabril y febril. Este lugar que también tiene un siglo de vida fue una empresa textil, un espacio abandonado, un proyecto de aparcamiento de varias plantas, y, al cabo, un refugio para Tintín y sus amigos, aparentemente satisfechos de pasar sus días entre estas paredes. «En nuestro fondo hay más de siete mil páginas originales —afirman sus gestores—, que exponemos en tandas de doscientas, or-

denadas por temas o autores, en muestras que cambiamos cada dos o tres meses». Después de ese aperitivo en la primera planta llega el recorrido por los autores y su trabajo. Peyo, nacido en Bruselas, el creador de los pitufos (schtroumpf, en versión original); Roba, uno de los dibujantes de la edad de oro de la revista «Spirou»; Morris y su «Lucky Luke»; Franquin, de cuya imaginación nacieron «Spirou» o «Tomás el Gafe»; Sleen, autor de «Néron», o Willy Vandersteen, un representante de la colaboración entre los universos a menudo separados de flamencos y valones. Vandersteen («Bob y Bobette») y Hergé trabajaron juntos, y de alguna manera representan el talento de ambas comunidades. Tintín —en flamenco, «Kuifje»—, el periodista trotamundos, tiene por supuesto un rincón permanente en este hogar del cómic, quizá menos aparatoso de lo que podríamos pensar. Vemos la línea clara del dibujo, el terremoto de emociones que puede expresar el rostro del capitán Haddock, o las eternas discusiones por cualquier cosa de Dupond y Dupont (Hernández y Fernández, Thomson y Thompson, Jansen y Janssen…). El primer álbum apareció en 1930. El último, en 1976. La familia dejó al personaje ahí, sin aceptar nuevas aventuras, en un intento por respetar al máximo la herencia del genio.

Tintín, tras regresar de la Luna, en el Centro Belga del Cómic

La «Boutique de Tintín» tienta a los coleccionistas de souvenirs

El año del centenario de Hergé no ha tenido una celebración apoteósica en Bruselas, quizá por la cotidianidad con que sus habitantes se meten a diario dentro de una viñeta. La gran exposición se realizó a principios del año en París. Y la muestra «Tintín, Haddock y los barcos» se anuncia para el 9 de junio en Ostende, en la costa. «Aquí no hace falta un acontecimiento para descubrir esta cultura», dice un aficionado. Sí, el corazón del cómic late a todas horas en la capital. En los más de treinta murales que adornan otras tantas fachadas, en el «bar dessiné» del hotel Radisson, adornado con trazos originales de autores de prestigio, o en las estaciones de Metro de Stockel o la Gare du Midi. En la entrada de esta última se inauguró a principios de año una inmensa reproducción de un Tintín con cara de velocidad, en la cabina de una locomotora. Bruselas descubrió las posibilidades del cómic para adornar las paredes de sus calles hacia 1990. Poco a poco, las fachadas de las esquinas tristes y los rincones que podrían haber sido basureros empezaron a iluminarse con personajes y escenas de tebeos. (Pasa a la página siguiente)


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Hergé Ríos de tinta en Bruselas

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(Viene de la página anterior)

Hoy hay unos treinta y dos «cuadros» en la zona centro, aunque la cifra va en aumento. Cubitus y Manneken-Pis hacen travesuras pelín escatológicas. Blake y Mortimer juegan a los espías en la marca amarilla. «El futuro no es lo que fue», se lee en un grafito junto al Ángel de Yslaire. Dos inmigrantes dan patadas a un balón frente a un poblado galo. Tintín, Haddock y Milou escapan de la vigilancia de los agentes de seguridad. Y a los pies de alguna de esa viñetas pintadas en la pared, abren las terrazas de los bares próximos en cuanto aparece un rayo de sol, una cerveza para recibir el buen tiempo. Cultura popular en estado puro.

Tres horas y mucha imaginación

Los colegiales de ciudades de los países próximos se acercan de buena mañana para hacer el «tour de la bande dessinée», unas tres horas de caminata por el centro, primero a dos pasos de la Grand Place, en el barrio de l'Ilot Sacré, y luego en las viviendas sociales un poco más alejadas, habitadas hoy mayoritariamente por inmigrantes. A algunos de esos estudiantes les entregan en sus colegios como material de trabajo viñetas con los bocadillos vacíos para que elaboren su propia historia, una forma de ejercitar la imaginación, de conseguir nuevos lectores y de familiarizarse con este arte, tres en uno.

Cerca del bullicio en sesión continua de la Grand Place encontramos el reino del silencio de Alain Walsh, un librero especializado en el genéro fantástico. En su establecimiento, bautizado como «Malpertuis», treinta años abierto, apenas caben tres o cuatro personas con cierta comodidad, pero pocos como él cuidan tanto la atención, el consejo, el seguimiento de las novedades de la ciencia ficción. Dice que sus firmas preferidas son Hugo Pratt, autor de «Corto Maltese»; Enki Bilal, un yugoslavo que trabaja en Francia, o los belgas Dany, con un toque erótico en su obra, y Jacobs, creador de «Blake y Mortimer». En Bruselas hay al menos una docena de librerías especializadas en cómics, algunas inmensas, como «Brüsel», otras que surgen como un pequeño descubrimiento, tal que la de Walsh. Un recorrido por sus estanterías es otra forma de conocer la ciudad. Bruselas, la capital invadida por los funcionarios, el centro vacío tras el cierre de las oficinas, ha hallado en las viñetas una forma de expresar su alegría, su sentido del humor, su imaginación burbujeante, o incluso, a veces, su soledad. «La violencia, menos; eso lo encontrará más en el manga japonés», dice un aficionado que toma notas en el museo del cómic. Hergé fue un navegante pionero en el río de tinta que durante un siglo ha llenado revistas, periódicos y libros, y el caudal ahí sigue, vivo y con nervio. [

Paseo por una ciudad dibujada El viaje. Brussels Airlines, la unión de SN Brussels Airlines y Virgin Express, nació el pasado 25 de marzo. La nueva compañía tiene ahora vuelos directos a Bruselas desde Madrid, Barcelona, Bilbao, Málaga, Valencia o Sevilla. Información: www.brusselsairlines.com Centro Belga del Cómic. La historia de los Pitufos, Tintín, Lucky Luke, Spirou y otros héroes han encontrado su casa en este edificio representativo del «art nouveau», creado por Víctor Horta hace más de un siglo. Abierto todos los días, salvo el lunes, de 10.00 a 18.00 horas. Entrada adultos, 7,50 euros. Rue de Sables, 20. www.comicscentre.net La ruta de los murales. En el centro de Bruselas hay treinta y dos murales con otras tantas escenas, todas protagonizadas por personajes diferentes. Un recorrido a pie para ver al menos una docena de ellos dura en torno a tres horas. La iniciativa se extiende poco a poco a otros barrios más alejados. Para saber más: www.bruxellesbd.be Otros destinos. En la estación de Metro de Stockel, alejada del centro, se rinde un homenaje a la Bande Desinée. En la Gare du Midi se inauguró en enero un gran mural dedicado a Tintín y Hergé, en el principio del año de su centenario. El bar del hotel Radisson (Rue du Fossé-aux-Loups, 47) también merece una visita de los aficionados. Compras. La Boutique de Tintín (Rue de la Colline, 13, cerca de la Grand Place) es una tentación para los coleccionistas de souvenirs: camisetas, chocolate, imanes, libros... Librerías. La Brüsel Librairie Galerie (Anspachlaan, 100, www.brussel. com) es la mejor opción para quien busque un poco de todo, desde carteles a ediciones raras, desde litografías a la última novedad. En Anspachlaan hay otras dos librerías especializadas, y en la calle Lemonnierlaan encontraremos cuatro más. La Malpertuis, una de las más antiguas, se halla en Spoormakersstraat, 18, también junto a la Grand Place. Nuevo museo. La Casa del Cómic recientemente inaugurada está dedicada sobre todo al dibujante belga Jijé (Joseph Gillain). Está en el Boulevard de l'Impératrice, 1. www.jije.org Sobre Tintín. Más datos en internet en torno al programa de actividades del año Hergé y su personaje más conocido, en www.tintin.com

Astérix, una historia francesa creada por René Goscinny y Albert Uderzo, también tiene su hueco en la ruta de los murales de Bruselas

Más información. Turismo de Bélgica. www.flandes.net / 93 508 59 90.


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Los sábados

de

쏒 TRADICIONES

쏒 OCIO Y NEGOCIO

NUESTRAS NAVAJAS TIENEN

ALMERÍA APROVECHA LOS XV JUEGOS DEL MEDITERRÁNEO PARA

PROBLEMAS CON LOS PRECIOS Y LAS FALSIFICACIONES DE:

ASIA

쏒 GENTE TOM CRUISE SE NOS CASA. AL MENOS HA PEDIDO LA MANO DE SU NOVIA, KATIE HOLMES, EN LA CAPITAL DE FRANCIA

UN DESPEGUE SIN PRECEDENTES

Entre la piel y el placer. En esta exposición se reflexiona sobre el cuerpo mediante videocreaciones como ésta de Yves Netzhammer

Brujas ha organizado un verano a flor de piel: un centenar de propuestas culturales inspiradas en el cuerpo humano. El programa combina exposiciones de clásicos de la pintura flamenca (Memling) con videoinstalaciones realizadas hace un suspiro, teatro con música en la calle, fotografía con menús especiales. Hemos recorrido la ciudad. Este es el resultado

La fiesta del cuerpo L

a «bella durmiente» se ha despertado con un sueño carnal. Brujas, la apacible ciudad de los canales en la que nunca pasa nada, se ha vuelto a pellizcar en la mejilla para mostrar esa vocación de fiesta que algunos dicen que le falta. Ya lo había hecho en 2002, cuando fue, junto con Salamanca, la Capital Europea de la Cultura. Ahora, aquel espíritu de creatividad regresa

TEXTO: JUAN FRANCISCO ALONSO FOTOS: GONZALO CRUZ

con un macrofestival bautizado como «Corpus», un verano de expresiones artísticas para reflexionar en torno a nuestra «percha». Realidad carnal. Veerle Mans, coordinadora del proyecto, abre sus brazos en una de las calles de la ciudad, a tiro de piedra del Museo Groeninge: «Hemos puesto el cuerpo de Brujas a disposición del cuerpo humano», explica. Y no exagera: en cada

espacio cultural hay una exposición, un guiño, un espectáculo; en cada comercio, las pegatinas de «Corpus 2005» recuerdan que la apuesta es firme; y lo mismo en los hoteles, en los restaurantes, y de nuevo en la voz de Veerle Mans: «El cuerpo siempre ha sido una fuente de inspiración para todas las disciplinas artísticas». En el Muelle de los Rosarios, un cruce de canales don-

El festival Corpus, que se estira hasta el 11 de septiembre, combina turismo y cultura, entre los canales de Brujas

de los turistas gastan media memoria de la cámara digital, el sol hoy parece español. Ilumina las tradicionales casas de ladrillo rojo, o la fachada gótica del Ayuntamiento, en la plaza Burg, durante un paseo lento que nos conduce a la exposición-bandera del festival: «Memling y el retrato», organizada en colaboración con (Pasa a la página siguiente)


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LA FIESTA DEL CUERPO

Las beguinas, movimiento de mujeres independientes en la Edad Media, ocupaban estas casas

Dulces compras. El excelente chocolate belga ocupa decenas de escaparates en la ciudad

De Orangerie, hotel de lujo al borde de los canales. La terraza tiene embarcadero propio

(Viene de la página anterior)

la Frick Collection de Nueva York y el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid. La sensibilidad perfeccionista de este maestro de los primitivos flamencos (1433-1494) sobrevuela una excelente colección de dos docenas de retratos, expuestos sobre un fondo negro que subraya el tono religioso de la selección, la belleza de las transparencias, el juego de luces y sombras, la piel...

Memling abre el fuego La cita con Memling, inaugurada la semana pasada, encabeza una lista de más de cien propuestas que salpicarán todo el verano, hasta el 11 de septiembre. Turismo más cultura en el «teatro» de Brujas, una ciudad que conoció su máximo esplendor cuando fue puerto frecuentadísimo, un ir y venir de comercio y dinero. El agua del mar llegaba entonces hasta la Plaza del Mercado, el mismo lugar en el que hoy paran los coches de caballos para recoger a turistas armados de mapa y cámara, los pies cansados, la frente sudorosa por el inesperado calor. En el siglo XIV aquí vivían cuarenta y cinco mil personas. Desde mediados del XVI hasta finales del XVII, Brujas quedó bajo dominio español. Pasó el tiempo, y la tierra fue ganando terreno al mar, que se alejó dos decenas de kilómetros, lo que detuvo la actividad, un barniz de calma que alguna vez se ha considerado excesiva. «Brugges la Morte», es-

cribió Georges Rodembach. Hay mucha piel y muchas interpretaciones sobre esta inagotable fuente de inspiración. Una de ellas es la de Greta Buysse [www.gretabuysse. be], fotógrafa belga nacida en 1942, una especialista en la combinación de desnudos femeninos con elementos arquitectónicos, casi siempre en blanco y negro. Una buena muestra de su trabajo la descubrimos en una exposición en el entorno del viejo pero magnífico hospital Saint-Jean. «Eternity» enseña mucho y sugiere más, quizá porque, como decía Víctor Hugo, «el cuerpo humano no es más que apariencia, y esconde nuestra realidad». Greta se desplaza casi cada día al escenario en el que luce su trabajo, en busca de la reacción del público a sus disparos de fascinación. Apenas tarda unos minutos desde su casa al hospital Saint-Jean, buen ejemplo de la comodidad con la que el forastero se maneja en Brujas. Dice un turista que esta ciudad encaja tan

Memling da un tono clásico al festival. Otras exposiciones apuestan por una idea rabiosamente actual del cuerpo

La Atalaya preside la Place Royal, salpicada con el logo de Corpus

Memling y el retrato. El «Tríptico de San Cristóbal», una de las obras que se exponen en Brujas deprisa en el cuerpo de los visitantes como unas pantuflas en los pies: todo está cerca, casi cualquier esquina invita a sentarse y mirar, a tomar una cerveza tostada, a echar una ojeada a la Capilla de la Santa Sangre o a la Atalaya, una torre ligeramente inclinada, construida en el siglo XIII, que preside la Plaza del Mercado. Trescientos sesenta y seis peldaños separan el suelo del cielo, para quien busque una imagen con perspectiva de la ciudad. En la Atalaya se ha instalado otra de las exposiciones de Corpus 2005, «La piel y el placer», una incursión aparatosamente visual en el mundo de

las videoinstalaciones. En dos salas se reparten imágenes, proyecciones, fotos o sugerencias construidas con trabajos de Pipilotti Rist, Man Ray, Charles Sandison o Yves Netzhammer. Un bosque de palabras blancas sobre un entorno negro, ideas que bailotean en la ropa de los visitantes, o un cuerpo digital que se construye y deconstruye, que se torna un charco de sangre, que nos muestra su epidermis, sus miedos. Modernidad que a veces deja frío, y otras engancha, te deja sentado ante el revoloteo de bits. A la salida esperan los turistas japoneses, decenas de tiendas de chocolate (también un

museo dulce), alguna que otra dedicada a Tintin, y, por supuesto, los canales, que se pueden admirar en un recorrido bucólico-romántico de unos treinta minutos. La Oficina de Turismo de Brujas ha preparado para estos meses un paseo a tono con el «verano Corpus», bautizado como «Cinco sentidos». La idea tiene un punto de invento, para acomodarse al espíritu del festival cultural, pero a cambio nos permite situarnos en estas calles, trazarnos un mapa mental para luego zascandilear por nuestra cuenta. Permite también descubrir algún «secreto». En la iglesia de Nuestra Señora, por ejemplo, se alo-


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Los sábados de ABC

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Un paseo de media hora por los canales permite disfrutar de esta ciudad medieval

Christine Devos, en la terraza de uno de los restaurantes que participan en el festival Corpus

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«La madre y el niño». El talento de Miguel Ángel, en una obra expuesta en la iglesia de Nuestra Señora

Las fotografías de Greta Buysse, en las salas del antiguo hospital Saint Jean

Un verano en danza

ja una de las pocas estatuas de Miguel Ángel que están fuera de Italia, «La mujer y el niño», realizada entre 1504 y 1505.

Creatividad radical La perfección clásica del artista total sirve como contrapunto a la creatividad radical de otras propuestas. «Hemos querido que el arte contemporáneo tenga un lugar importante —señala Veerle Mans—, que la historia de Brujas sirva como abono a una vida cultural moderna». Los participantes en la exposición «Body Stroke» muestran unos cuerpos muy diferentes a los de Memling o Miguel Ángel, alguno enfermizamente despro-

porcionado, obeso, como el que ha salido de las manos de John Isaacs. El comisario de la muestra, Michel Dewilde, pretende cuestionar la supuesta libertad de movimientos del mundo occidental, y, como un negativo de esa idea, vemos hombres físicamente heridos por el estrés y la angustia, maltratados por un estilo de vida en el filo, tan alejado del que propone Brujas, del que sugieren rincones como la terraza del restaurante «Patrick Devos». Christine Devos nos enseña despacio las salas de su restaurante, incluida la terraza, en la que se exponen esculturas realizadas a propósito para el

Memling y el retrato. Hasta el 4 de septiembre, en el Museo Groeninge. Lunes, cerrado, como casi todos los museos de la ciudad. Entre la piel y el placer. En la Atalaya (Halles du Beffroi) que preside la Plaza del Mercado. Hasta el 7 de agosto. Eternity. Las fotografías de desnudos realizadas por Greta Buysse. Hasta el 17 de julio. Body Stroke. Artes plásticas. Hasta el 31 de julio. Segunda Bienal del Arte Gráfico, dedicada en esta ocasión al cuerpo. Del 1 de julio al 4 de septiembre. Información: www.graphicartes.be Soul. Un grupo de artistas plásticos explora conceptos como sensualidad o trascendencia, la relación entre la materia y el espíritu. Del 15 de julio al 15 de septiembre. Body Business. La cultura del cuerpo y de la higiene, su evolución en los

dos últimos siglos. Hasta el 4 de septiembre. Música. El compositor Yannis Markopoulos y ciento ochenta músicos llenarán de sonidos clásicos la plaza de Burg. A lo largo del verano hay otros muchos conciertos para distintos gustos, el fado de Cristina Branco (20 de agosto), la voz de la soprano Véronique Gens (9 de julio), o los sonidos del trecento italiano de Patrizia Bovi y Adolfo Broegg. El 21 de junio habrá una fiesta de música en la calle: jazz, rock, folk, clásica... A mesa puesta. Participan con menús especiales seis restaurantes: «Tanuki», «Den Gouden Harynck», «'T pandreitje», «Patrick Devos», «De Snippe» y «De Karmeliet». Turismo de Bélgica. Información: 93 508 59 90 /www.flandes.net. Festival Corpus: www.corpusbrugge05.be

Canales, calles empedradas, coches de caballos: Brujas aporta su entorno bellísimo a la fiesta cultural

festival. Es un refugio acogedor, decorado con maderas nobles, en el que los platos desfilan muy despacio, al mismo ritmo que la conversación. Los Devos, como otros cinco chefs locales, se han sumado con sus preparaciones gastronómicas y un menú especial a esta reflexión en torno al cuerpo. «Cuando estás sentado a la mesa funcionan todos los sentidos», afirma. Brujas, al cabo, se dice encantada con este descubrimiento / puerto al que llegaron en 2002: la cultura y el turismo como motor de revitalización —«una fiesta», dice la coordinadora de Corpus—, como una forma de cargar las baterías de una ciudad que siempre ha sido un destino lleno de encanto, al estilo de Amsterdam, pero quizá más callada, más manejable, más fácil de descubrir en un fin de semana cualquiera.


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VIAJES

La arquitectura de Angra do Heroísmo mereció el reconocimiento de la Unesco en 1983. Al fondo, el monte de Brasil, donde España construyó una muralla de cuatro kilómetros

Terceira

Las Azores más españolas Una ciudad incluida en el Patrimonio mundial de la Unesco. Una tierra verde y bella. Y la presencia española en su historia. No faltan las razones para descubrir una de las islas menos conocidas de las Azores POR JUAN FRANCISCO ALONSO FOTOS: GONZALO CRUZ

«Imperios» El color de la fe Los «imperios» son construcciones llenas de color que se erigen en forma de capillas o altares en honor del Espíritu Santo. Hay setenta en la isla. El ritual, en el que una hermandad elige la casa de la celebración, se remonta a la Edad Media, y refleja un sentimiento profundamente religioso.

U

n mirador, y al otro lado del puerto, un fuerte, una historia. Hasta hace unos minutos, la muralla, de cuatro kilómetros, era un boceto entre la niebla y la lluvia, pero súbito, como no es infrecuente en las Azores, el viento ha despejado el cielo, y el castillo de San Juan Bautista, antes de San Felipe, luce en toda su inmensidad. Dicen que es la mayor fortaleza construida por España en el mundo, en el monte de Brasil, sobre la bellísima bahía de Angra do Heroísmo. Desde aquel lugar los soldados españoles protegían los barcos que llegaban de América con sus vientres cargados de plata. Hoy, un destacamento del Ejérci-

to portugués custodia el fuerte, aunque su vida parece bastante más relajada que la de los cañoneros de Felipe II. Incluso invitan a un café a los turistas, a media tarde, mientras el Atlántico azota las rocas sin compasión. Muchos barcos y muchos hombres han sido devorados por estas aguas fieras. Los expertos creen que en el fondo del mar hay cientos de navíos, algunos con sus tesoros intactos, a la espera de una Odyssey cualquiera. En cuanto a las personas, nuestras tropas perdieron su primer asalto en 1581, en la batalla de Salga, en la que participaron Cervantes y Lope de Vega, y triunfaron en el segundo, 1583, dirigidas por Don Álvaro de Bazán, marqués de Santa Cruz.

«Los azorianos esperaron al ejército español en lo alto de una colina y arrojaron sobre él rebaños de toros enfurecidos…», escribió Antonio Tabucchi en «Dama de Porto Pim». El castillo, levantado en 1592 por orden de Felipe II, tenía cuatrocientas piezas de artillería en un área de tres kilómetros cuadrados. Entre el mirador dedicado a los afanes liberales de Pedro IV, el Outeiro da Memoria, y el viejo castillo descansa Angra do Heroísmo, Patrimonio Mundial de la Unesco. Los periódicos y los libros dicen que el 1 de enero de 1980, un terremoto destruyó gran parte de sus edificios, pero tras la impecable restauración, si no lo supiéramos, diríamos que su estructura urbana, de calles rectilíneas, y sus casas, zurcidas con piedra porosa de origen volcánico,

Los soldados españoles vigilaban desde el fuerte de San Felipe la entrada de los barcos procedentes de América. No muy lejos, corsarios y piratas soñaban con la plata


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LOS DOMINGOS DE

Corazón atlántico

Un terremoto destruyó en 1980 gran parte de las casas de Angra do Heroísmo. La reconstrucción fue perfecta Corvo Flores

En el fuerte de San Juan Bautista (en el siglo XVI, San Felipe) hay hoy un destacamento de soldados portugueses

N

ARCHIPIÉLAGO DE LAS AZORES Graciosa Faial

São Jorge Pico

0

100 Km

Terceira

OCÉANO ATLÁNTICO São Miguel Santa María

El Atlántico azota la costa de Terceira y sus rocas de origen volcánico son como eran en el siglo XVI. No hay vallas de publicidad, ni edificios altos, ni siquiera un McDonalds. Sólo coches, eso sí, y no muchos en cuanto abandonamos Angra. La ciudad, como la isla, dormita en la historia, con sus iglesias, con esas casas entre el blanco de las fachadas y los amarillos o azules del cerco de las ventanas y puertas, con las calzadas de adoquines de piedra basáltica. Hay más rastros españoles en la isla, por ejemplo en el bar que acoge la «Tertulia tauromáquica terceirense» (www.tertulia-terceirense.pt), junto a la plaza de toros. Los parroquianos apuran una cerveza rodeados de carteles de las ferias locales, o de alguna otra como la de Cuéllar, en Segovia. Los animales para el ruedo

—en Portugal no se matan, como se sabe— llegan al centro del Atlántico en barco, desde la península, pero en las zonas altas de la isla se crían otros toros destinados a la gran fiesta de Terceira, la Vaca das Cordas. La escena se repite trescientas veces entre mayo y octubre, en cualquier pueblo. Una cuerda rodea el cuello del toro, que persigue a los corredores por un itinerario señalizado. Algunos consiguen esquivar sus embestidas, otros se refugian en el mar y no pocos vuelan por los aires, antes de que quienes sujetan la cuerda logren impedirlo, entre las risas del público. Terceira tiene 29 kilómetros de largo por 17,5 de ancho, y la habitan unas 55.000 personas. Es fácil recorrerla en coche y a pie, por ca-

rreteras y caminos poco transitados, o incluso adentrarse en los trillos, senderos que cruzan las zonas más elevadas, como en la Reserva Forestal Natural do Biscoito da Ferraria. La tierra rojiza contrasta aquí con el verde intensísimo del cedro o la laurisilva, y lo hace de una forma tan poderosa que resulta difícil apartar la mirada. Llovizna otra vez. Aparece un lago entre los árboles. Y, al cabo, la Gruta do Algar do Carvâo, un capricho de la naturaleza. Es una caverna volcánica creada durante una erupción hace un par de milenios. En los techos hay estalactitas y estalagmitas formadas por depósitos de ácido silícico, algo muy poco común en la zona. El descenso por esta chimenea de cien metros de profundidad resulta sencillo. En Terceira hay alguna playa y

Angra do Heroísmo y la isla en general surgen como una fotografía del pasado, sin publicidad, sin McDonalds, sin neones. Un lujo para quienes buscan algo por descubrir

Alojamientos rurales con encanto. «Quinta N. S. das Mercês». La finca, del siglo XVI, se halla en la zona protegida del Monte do Brasil. www.quintadasmerces.com «Quinta da Nasce-Água». Casa rodeada por jardines con encanto, al estilo romántico del siglo XIX. www.quintadanasce-agua.com «Quinta do Martelo». Un ecomuseo con vida y actividad. Productos biológicos, tradición culinaria y alojamientos en un ambiente rural. www.quintadomartelo.com El vuelo. La escala en Lisboa es obligatoria, y el «salto» a Terceira, como al resto de las islas Azores, no es barato. Desde Madrid, unos 400 euros ida y vuelta con TAP (www. flytap.com/ 901 11 67 18). Para saber más. Turismo de Portugal. www.visitportugal.com / 902 88 77 12.

la temperatura del agua es aceptable (entre 16 y 22 grados, según la época del año), pero éste no es ni mucho menos un destino de sol y playa, sino de historia y naturaleza. Quien busque un baño puede encontrarlo en Praia da Victoria, la segunda ciudad de la isla, o en algunas de las piscinas naturales acondicionadas en recodos formados con piedra volcánica. Tras las rocas, esta tarde se agita el Atlántico. Los viejos pescadores de los alrededores suelen decir que las Azores son islas del mar de abril a septiembre y de agricultura y ganadería en invierno, cuando el océano se torna ingobernable. La isla del «trío de las Azores», Bush, Blair y Aznar (la base militar estadounidense en Terceira llegó a sumar 5.000 efectivos durante la guerra fría, y aún tiene unos 3.000), recuerda otras fotos que han amasado su historia. Ésta fue «tierra de destierro» para muchos liberales a finales del XVIII, y el lugar donde empezó a nacer la revolución liberal portuguesa de principios del siglo XIX. De ahí el apellido de Heroísmo del que presume la capital, Angra. Azores está lejos de cualquier lado, de América y de Europa, islas perdidas en el corazón del Atlántico. Quizá por eso tan poco visitadas por el turismo de masas, y tan apetecibles para cualquier viajero curioso que se adentre en estas tierras con el libro de Tabucchi entre las manos, o con «Mal tiempo en el canal», de Victorino Nemesio, nacido en Angra, la mejor novela sobre las Azores, según el escritor Enrique Vila-Matas. La información meteorológica y los anticiclones han hecho mucho para situar esta esquina en el mapa. El paisaje que vemos al despedirnos hace mucho más para invitarnos a volver. [


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ESCAPADAS

Tarragona

Inmersión en Roma

Tarraco tenía tres grandes terrazas: el templo, el foro y el circo. Las tres se aprecian en los restos que han aparecido en sucesivas épocas de excavaciones

Casi un kilómetro y medio de la muralla romana continúa en pie

LÉRIDA

Reus Tarragona Cambrils Salou Tortosa Amposta

MAR MEDITERRÁNEO

San Carlos de la Rápita

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© ABC

«Y

luego hablan de Teruel», se queja Ramón Comes, guía turístico. Tarragona, en efecto, también clama contra su invisibilidad, a todas luces injusta. Su patrimonio de la época romana es tan apabullante que resulta difícil comprender por qué tantos millones de pernoctaciones en la Costa Dorada no dejan un rastro significativo en esta pequeña y manejable ciudad, en la que a casi todos los sitios se puede llegar andando: a la playa vacía en invierno, donde dos enamorados se besan esta tarde junto a un mar agitado y frío, o a los restos de la época de esplendor de la ciudad, cuando Tarraco era la capital de la Hispania Citerior Tarraconensis y aquí vivían los emperadores Augusto y Adriano. En el año 2000 ese conjunto fue incluido en la lista del Patrimonio Mundial de la Unesco.

ESPAÑA

TERUEL

TEXTO Y FOTOS: JUAN FRANCISCO ALONSO

BARCELONA

Tarraco fue la capital de una enorme región del imperio romano, un centro de poder y negocio. Aquí vivieron los emperadores Augusto y Adriano. El rastro de aquella época, dos mil años atrás, invita a un paseo cargado de historia

50 Km

Lo que hay que saber Cómo llegar. Desde Barcelona, por la N-340, la clásica Vía Augusta. Desde la zona centro, la mejor opción es el AVE, que funciona desde hace un año. La estación se halla a unos veinte minutos en taxi del centro de Tarragona. www.renfe.es/ave Guías. El patronato municipal de turismo (977 25 07 95 ) organiza rutas guiadas, por 4 euros, muchos fines de semana del año. Hay otra opción. La empreas Tàrraco Guide Bureau recoge a los viajeros en el AVE y les organiza paseos a medida cualquier día. 630 93 29 93 / 977 24 88 66. Más. tarragonaturisme.cat

Cuando se conoció la noticia, Montserrat Pascual, directora del Patronato de Turismo, recibió una llamada sorprendida de alguien de Barcelona. «¿Pero qué tenéis de nuevo?», le preguntaron. En realidad, nuevo, nuevo… no había nada. En Tarragona fascina lo «viejo», esa lección de historia magníficamente integrada en la vida cotidiana. La oficina de Monserrat se halla en el corazón de aquella época, junto a la actual catedral. Bajo la nave central parece que se halla el templo de César Augusto, o al menos así lo creen los arqueólogos que han realizado una primera prospección geofísica en el subsuelo. La catedral está en periodo (largo) de remodelación, lo que permitirá —quizá durante del próximo año— emprender una segunda fase de análisis que confirme la sospecha. Casi cada obra que se ejecuta en Tarragona araña un pedazo del pasado. A mediados de noviembre, por ejemplo, el Ayuntamiento paralizó la construcción de una guardería porque los picos y las palas dejaron al descubierto un muro de hace dos mil años. En realidad, la construcción en la ciudad requiere por ley pasar el listón de una cata arqueológica. No en vano toda la zona centro fue una

de las grandes urbes del imperio romano, en ocasiones tan bulliciosa como Roma, según decía Adriano, en la que vivieron 40.000 personas, con su anfiteatro para doce mil personas, el teatro para ocho mil, el circo para treinta mil, el templo, el acueducto, el foro. Con el puerto a sus pies, y el Mediterráneo como inmenso campo de operaciones comerciales y militares. Las legiones de Cneo Cornelio Escipión desembarcaron aquí en el invierno del 218 a.C..

El museo arqueológico repasa la historia romana en Tarraco


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Ampurias les había parecido una tierra difícil de defender, demasiado plana, azotada por la inquietante tramontana. Tarragona, en cambio, era perfecta, «la ciudad de la eterna primavera», como la inmortalizó el emperador Adriano. Y con mucha piedra en los alrededores para construir, procedente de la cantera del Medol, por ejemplo. La muralla que rodeaba la ciudad medía cuatro kilómetros, de los que permanecen en pie mil cuatrocientos cincuenta metros. Esa muralla abraza hoy el barrio medieval, otra ruta imprescindible para el visitante, en pleno casco histórico y en pleno proceso de reforma. Las fachadas vuelven a recobrar sus tonos pastel, como hace unos cuantos siglos.

El pasado en el presente

El anfiteatro fue construido a principios del siglo II. En su interior se conservan los restos de dos iglesias, una visigótica y otra románica

Debajo de la catedral está, probablemente, el templo de Augusto

Año jubilar, otra razón para descubrir la ruta cristiana de la ciudad

El acueducto se halla a cuatro kilómetros del centro urbano

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El 21 de enero de 2009 se cumplirán 1.750 años del martirio de los santos Fructuoso, obispo de Tarragona, y Augurio y Eulogio, diáconos de esta iglesia. El Papa Benedicto XVI concedió a la Iglesia en verano la celebración del año jubilar, que comenzará el próximo 21 de enero, y que las autoridades turísticas esperan que sirva de imán para miles de personas. El itinerario histórico incluye la capilla de San Pablo, la de san Fructuoso en la catedral, la bóveda del pretorio, el anfiteatro, donde la iglesia construyó en el siglo VI una basílica, y, según parece, la necrópolis paleocristiana, que quiere reabrirse al público con este motivo.

Lo medieval y lo romano se mezclan e integran en los edificios modernos, como en la sede que La Caixa ha abierto en la plaza del Ayuntamiento. Los muros del foro envuelven los ordenadores y el despacho del director, no sabemos si incómodo porque los turistas se asomen a su trabajo cotidiano. En realidad, en cada edificio de esa plaza hay un detalle de piedra, rastros que nos llevan al siglo II. Tarraco se levantó en tres grandes terrazas: la del templo, la del foro y la del circo. Las tres son perfectamente visibles en los restos que han ido apareciendo en sucesivas épocas de excavaciones, y que convierten todo el centro en un museo al aire libre. Cerca hay otro museo en sentido estricto, el Arqueológico, lleno de objetos con el sello de Roma, esculturas, una colección de 1.200 inscripciones o el fabuloso mosaico de Perseo y Andrómeda, hallado en la cantera del puerto en el siglo XIX. Pilar Sada, conservadora, lo muestra con verbo apasionado. Pronto, el museo tendrá nueva sede, con el propósito de poner en valor la colección. El paseo continúa en dirección al pretorio, donde se halla el magnífico sarcófago de Hipólito, y por las bóvedas que sustentaban las gradas del circo. Hay un tramo de noventa y tres metros. «En muchos sitios, lo que fue Roma está en los museos, pero aquí se puede ver y tocar», afirma Ramón Comes. Extiende los brazos y muestra los límites de lo que fue el enorme circo. Y, unos minutos después, el plato fuerte en la ciudad, el anfiteatro con vistas al mar que, a media tarde, brama inquieto. En esas aguas gobernó, guerreó y comerció Roma, cuando el imperio convirtió Tarraco en una de sus núcleos de poder. Hoy, la amable capital busca futuro en aquel pasado.


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Los sábados 쏒 MOTOR

de 쏒 GASTRONOMÍA

EN ENERO DE 2006 SALDRÁ A LA

쏒 ARTE SOLIDARIO PINTORES DE LUJO SUBASTARÁN

VENTA LA OCTAVA GENERACIÓN

CUADROS EL LUNES CONTRA UNA

COMER FLORES NO ES UNA LOCURA SNOB. ES ALGO TAN

ESCLEROSIS COMO LA ELA

ANTIGUO COMO EL MUNDO

DEL

HONDA CIVIC 5 PUERTAS

Abdelhai Belghazi compró esta casona para construir su residencia. «Pero era demasiado grande —afirma—, y así nació la idea de abrir un riad, el Sheherazade»

Los riads, casonas o palacios convertidos en hotel, son la última moda del turismo en Marruecos. En Fez, junto a la medina más tradicional y laberíntica del país, hay una veintena, todos con la misma estructura: un patio vestido con azulejos, agua y plantas, y unas pocas habitaciones decoradas con mimo. Hemos recorrido estos «alojamientos-delicatessen» para descubrir sus secretos

Descanso en palacio E

l patio es un oasis alfombrado de azulejos. Y, sobre la «alfombra», Abdelhai Belghazi, psicoanalista, profesor de Universidad, de gesto amable que subraya un mostacho poblado, presume de la casona que ha convertido en un hotel de catorce habitaciones: el «riad» «Sheherazade». En el centro, una fuente salpicada de flores; enfrente, la piscina, zurcida —como

TEXTO: JUAN FRANCISCO ALONSO FOTOS: GONZALO CRUZ

manda el gusto de Fez— con azulejos blancos y azules y cubierta en las esquinas por palmeras y naranjos; y alrededor, las habitaciones, decoradas con mimo, al estilo tradicional marroquí. El «Sheherazade» es un ejemplo bellísimo de «riad», casonas o palacetes de marroquíes adinerados reconvertidos en «hoteles-delicatessen». Mientras habla el doctor

Belghazi, nos envuelven los sonidos arábigo-andaluces de estas edificaciones tradicionales, el agua omnipresente, las conversaciones pausadas, el tintinar de las copas en el restaurante, la brisa que se cuela entre los arcos y las ventanas de las suites, siempre alrededor del patio. La casa fue construida a finales del siglo XIX, y rehabilitada hace tres años en principio como vivienda,

En Fez han abierto al público en los últimos años dos docenas de estas casonas tradicionales

aunque «como era demasiado grande para mí —explica Belghazi—, terminó por convertirse en la “maison d'hôtes”» que hoy visitamos, uno entre la veintena de «riads» que se han abierto en los últimos tiempos en Fez. La moda de estas «casonashoteles» es muy reciente. La primera de ellas, «La Maison (Pasa a la página siguiente)


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Compras. Universidad. Fue la más antigua del mundo, funda-

La medina. En el laberinto hay trece mil callejuelas,

da por una mujer en 859. Hoy es una inmensa mezquita

veintidós mil casas y cinco mil cuatrocientas tiendas

Toda la ciudad es un paraíso para los aficionados a volver a casa con la maleta llena

HOJA DE RUTA Las casonas-hoteles Sheherazade. Catorce habitaciones, dos de ellas suites. Piscina, hammam, sauna, restaurante. Entre 120 y 500 euros. www. sheheraz.com / 212 55 74 16 42. Le Palais. Quince habitaciones. La suite Royale tiene 120 metros cuadrados. De 165 a 1.200 euros. www.palais-hotes.com / 212 55 63 73 24. La Maison Bleue. Entre 180 y 270 euros. Acaban de abrir un segundo riad, con más tecnología y comodidades. www.maisonbleue.com / 212 55 74 18 73. Al Bartal. Entre 80 y 100 euros. www.riadalbartal.com / 212 55 63 70 53. Lune et Soleil. Entre 65 y 100 euros. www.luneetsoleil.com / 212 55 63 45 23. Dar El Ghalia. Entre 130 y 570 euros. www.maisondhotes.co. ma / 212 55 63 41 67. Dar Córdoba. El único riad en manos de españoles. Entre 60 y 100 euros. www.darcordoba. com / 699 27 96 97. El viaje. Royal Air Maroc tiene cuarenta enlaces semanales entre diferentes ciudades españolas y Marruecos. Vuelo a Casablanca desde 190 euros. Más información: 902 210 010 / www.royalairmaroc.com. Más información. Turismo de Marruecos. 91 541 29 95 / www. turismomarruecos.com. Al Bartal. Plantas, agua y azulejos componen un paisaje tentador en el patio central de esta casa tradicional a este patio con un limonero y un naranjo. Fue un aterrizaje sin paracaídas, sin billete de vuelta. Nos costó entonces sesenta mil euros, sin contar por supuesto las obras de rehabilitación».

Unas pocas habitaciones El riad «Lune e Soleil» tiene a día de hoy cuatro habitaciones, aunque Jurgen, vestido desde que aterrizó en Fez con una chilaba marrón que disimula su gusto por la comida, ya planea construir dos nuevas. Hay «maison d'hôtes» muy pequeñas, como ésta, y otras más grandes, aunque ninguna suele superar las quince habitaciones. La que

gestiona Marie Roland-Gosselin, «Al Bartal», se queda en siete. Marie, nacida en Marruecos aunque de familia francesa, fue enfermera, trabajó en el sector petrolífero y en el turístico, y ahora parece feliz sentada ante un té, en un patio en el que domina el verde, completamente decorado con plantas. «El 90 por ciento de nuestras reservas se hace por internet —asegura—, y los clientes suelen ser franceses o ingleses, sobre todo desde que funciona un vuelo directo Londres-Fez». A Fez llegan cada año unos veinticinco mil españoles, una pequeña parte de los trescientos mil que visitan Ma-

La mejor gastronomía de la ciudad se encuentra también en estas casas, por ejemplo en La Maison Bleue

rruecos. Y, sin embargo, la medina de la capital espiritual del país es la que más asombra, la que más nos hace olvidar el atasco de las ocho, la que más llena nues-

tro baúl de los sentidos. Quizá la moda de los «riads» ayude a descubrir la Universidad más antigua del mundo, fundada por Fátima Fihri en 859, o la medersa (escuela coránica), del siglo XIV. De eso hablan los propietarios de estas casonas tan discretas por fuera, como manda su fe, y tan ricas y sorprendentes en el interior. En el paseo por las callejuelas de la ciudad, de la mano de Tazi Chellal Abdelali, resulta difícil creer que detrás de esas fachadas se esconda un oasis de gusto y lujo. El «riad» «Dar El Ghalia» sí está dentro de la medina. Los camareros aguardan en un

punto concertado, para guiarnos por callejuelas de menos de dos metros de ancho. La casa a la que nos dirigimos pertenece a la familia de Omar Lebbar desde hace doscientos años, y hace cinco mudó la piel para renacer como un hotel-restaurante de unas pocas habitaciones. En el patio, las luces de las velas y el envolvente runrún de la música árabe acompañan la cena. «Yo siempre he dormido en la suite de la planta superior», recuerda Omar. En una habitación con azulejos por doquier. Es un hombre con suerte, le decimos. Y ya se sabe que la «baraka» o suerte es un don casi divino en estas tierras.


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RIADS EN FEZ

Medersa. Esta escuela coránica fue fundada por la dinastía de los Merinides en el siglo XIV

Curtidores. Primero, se lava la piel con agua y sal; luego se separa la lana con cal vida, y, al cabo, se entinta

Cerámica. En el barrio de los alfareros, los artesanos trabajan en directo. El azul es el color de Fez

(Viene de la página anterior)

Bleue», data de 1997. Era la casa del abuelo de Mehdi el Abbadi, que esta noche se sienta a hacer memoria delante de un cuscús elaborado según una receta del siglo XIII, con un pelín de azúcar en el momento de servirlo. La gastronomía —el pollo con mermelada o el hojaldre con crema de leche— es el sello de identidad de «La Maison Bleue», uno de los «riads» que han aprovechado sus bucólicos patios para incluir el servicio de restaurante en su oferta. «En esta casa —explica— tenemos seis habitaciones, pero acabamos de inaugurar un nuevo «riad», con todo tipo de comodidades para los clientes. Estamos convencidos de que hay un público apasionado por estos alojamientos. La prueba es que ahora, en noviembre, temporada baja, estamos al completo».

Dar El Ghalia, uno de los «riads» que se encuentran dentro de la medina; hay que llegar con guía

Laberinto medieval Muchos de los «riads» de Fez se hallan en Ziat Batha, dicen que el «barrio rico» por excelencia de la ciudad, junto a la Medina pero en el exterior, entre otras cosas porque, entre las callejuelas del laberinto medieval es difícil localizar casas del tamaño adecuado. En realidad, tiene mérito encontrar cualquier cosa si tenemos en cuenta lo que nos dice Tazi Chellal Abdelali, guía de turismo: «Yo me he perdido muchas veces cuando era pequeño, algo habitual porque estamos en un mar de trece mil calles y callejuelas, veintidós mil casas, cinco mil cuatrocientas tiendas…». La primera ciudad imperial de Marruecos, que empezó a construir Mulay Idriss II en el siglo IX, desborda bullicio, vida tradicional. Atika Hmid lleva sólo diez meses en Fez al frente del recién inaugurado «Le Palais d'Hôtes». La casa fue comprada y rehabilitada por un promotor de turismo con varios establecimientos en su carte-

Le Palais: la piscina está climatiza ra de negocios, aunque puede que éste sea el más singular y lujoso. La piscina que ocupa uno de los patios tiene el agua caliente, para utilizarla en el invierno cálido del Magreb, y a su lado se ha dejado espacio para una sauna y un hammam, baño tradicional árabe. «Le Palais» tiene quince habitaciones, biblioteca con acceso a internet, un pequeño gimnasio y un solarium con toda la ciudad a los pies, un paisaje de barro en tonos ocres y blancos que funciona a modo de imán: cuesta trabajo apartar la mirada. En Marrakech, estas casonas históricas han sido compradas sobre todo por ciudada-

Maison Bleue: su cocina es excelente

La moda empezó en Marrakech, donde los riads se cuentan por cientos. Ahora llega a Fez, junto a su bellísima medina

nos franceses. Se cuentan por cientos, un éxito abrumador que ha transformado la ciudad. En Fez, en cambio, la mayoría de los «riads» siguen en manos de marroquíes. Aun-

que hay excepciones, desde luego. Una de ellas, española. Ángeles Urtiaga, madrileña, y su marido, cordobés, compraron hace cinco años una casa en Fez. «Somos dos enamorados de Marruecos —afirma—, y hacía un tiempo que buscábamos algo así. Marrakech se ha puesto imposible, demasiado cara, así que buscamos aquí, en la medina más tradicional del país. Y encontramos lo que fue la segunda residencia de un gobernador, en muy buenas condiciones; apenas necesitó unas pequeñas reparaciones». Dice Ángeles que hace cuatro años, cuando inauguraron la casa, «Dar Córdoba», nadie

en España sabía lo que era un riad. «Ahora las cosas están cambiando», en parte debido al impulso de personas como ella o como Jurgen Moller, alemán, antiguo «cazatalentos» en una empresa de París. Era uno de esos ejecutivos que viven con la corbata en el cuello y el ordenador en la maleta. Su mujer, Pauline, francesa, trabajaba como documentalista. Hace tres años descubrieron estos pequeños hoteles, y empezaron a darle vueltas al sueño. «Un día apareció Pauline con los billetes de avión ya comprados —dice Jurgen—. En seguida llamé a un amigo de Fez para que nos buscara una casa, y así llegamos aquí,


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Los sábados de ABC 쏒 MOTOR

쏒 GASTRONOMÍA

쏒 TRADICIONES

TODOS LOS FABRICANTES DE

EL CULTIVO DE FLORES

MUCHOS DE LOS REGALOS DE

COCHES TIENEN PREPARADAS SUS

COMESTIBLES ES UN NEGOCIO CON

ESTAS FECHAS REFLEJAN MÁS

NOVEDADES PARA EL NUEVO AÑO

ENTUSIASTAS SEGUIDORES

VOLUNTAD QUE ACIERTO

Florales y dulces sotijas realizadas en azúcar

En Luz Ardiden hay sesenta kilómetros de pistas esquiables. En la fotografía, las tablas esperan a sus dueños junto a los remontes de la estación

Esquí o raquetas de nieve por la mañana y el agua de las termas cuando cae la tarde. El cóctel de frío y calor, de esfuerzo y relax, es la propuesta de los Altos Pirineos franceses, el escenario mítico del Tour en verano y una idílica postal de Navidad estos días. He aquí un viaje cercano, a sólo dos horas de la frontera de Irún, a un paraíso de la montaña

Un blanco perfecto U

na manta de niebla vuela muy despacio sobre el valle de L'Esponne. Más arriba, las agujas afiladas del Montaigu. Y debajo, acunado entre el río y la montaña, un pequeño hotel, «Le Domaine de Ramonjuan», inaugurado hace quince años. Amanece despacio en este lugar sin cobertura, a dos horas en coche de

TEXTO: JUAN FRANCISCO ALONSO FOTOS: GONZALO CRUZ

la frontera española. Al sol, en efecto, le cuesta un potosí vencer la resistencia de las crestas, y un grupo de turistas —japoneses, españoles— aguarda el momento delante de unas tostadas y un zumo de naranja, con la mirada cosida a un ventanal pintado con nieve y bruma. Cerca serpentea la carretera que les llevará a despe-

dir el año en alguna estación de esquí próxima, tal vez Luz Ardiden, o el Pic du Midi, o quién sabe si las pistas de Cauterets. Las cumbres del Tour de Francia son en invierno una postal de Navidad, con acebos que tiritan de frío, carámbanos en los laterales de la carretera y cascadas que se precipi-

Las estaciones de esta región, como Luz Ardiden, son el destino de muchos aficionados españoles cada año

tan por las laderas. Desde La Mongie, cerca de la meta del Tourmalet, sale el funicular que nos conduce sin esfuerzo al Pic du Midi (2.877 m.), un artilugio inaugurado en 2000 que permite paladear el vértigo y, unos minutos más tarde, acceder al mejor mirador ima(Pasa a la página siguiente)


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UN BLANCO PERFECTO

En las termas de Luz St. Sauver, las vistas sobre la montaña son espectaculares

Madera y burbujas completan el paisaje de la «ciudad del agua» de Bagnères de Bigorre (Viene de la página anterior)

ginable sobre la cadena montañosa de los Pirineos. Aquí hay un observatorio astrónomico en el que se empezó a trabajar alrededor de 1884, cuando esta pared se subía a pie, y también un restaurante en el que hoy devora un potaje con alubias de Tarbes Iker Fernández, uno de los mejores especialistas del mundo de «halfpipe» (snowboard), en la línea de salida de los Juegos Olímpicos de Turín. Fernández ha pasado los últimos meses en Alaska, Canadá o Suiza, en busca de su estado de forma ideal. Dice, unos minutos antes de lanzarse pendiente abajo, hacia el lago Oncet y la estación de La Mongie, que la medalla está difícil y que un puesto entre los finalistas es, en cambio, una opción asequible. Este pionero del snowboard español vive (al menos tiene casa) en San Sebastián, y parece encantado de la autopista que enlaza Irún con los Altos Pirineos franceses, un rincón en el que se alzan estaciones como La Mongie o Luz Ardiden. «Son buenas montañas, ¿eh?», son-

ríe mientras señala un horizonte hoy limpio, interminable, un diente de sierra en el que apuntan al cielo el Aneto (3.404 metros), le Neouvielle (3.091), el Monte Perdido (3.355), le Vignemale (3.298), le Marboré (3.328)…

Muchos españoles …Y Luz Ardiden, quizá la estación más visitada por los esquiadores españoles. «Al menos la mitad de nuestros clientes son compatriotas suyos», comenta Bernard Laporte, director de la oficina de turismo local. Bernard no es un jovencito, pero ha convertido su cuerpo en una bala de músculo, sin un gramo de grasa, que habla como si fuera asunto baladí de sus ascensiones en bicicleta de montaña a Luz, la meta en la que ganaron Cubino, Delgado, Induráin y Laiseka, o de las bajadas enfundado en su mono de esquiador. Hoy se calza las tablas para enseñar en primera persona las posibilidades de la estación, sesenta kilómetros de pistas, un «snow park» con el tubo más largo de los Pirineos, noventa cañones de nieve por si algún día hicieran falta… Desde el

telesilla que trepa hacia la cumbre, el dominio se antoja un paraíso cómodo para disfrutar del deporte, incluso un sábado en plenas vacaciones de Navidad. Desde la estación al pueblo de Luz Saint Sauveur hay doce kilómetros de curvas y vistas soberbias sobre el valle, bautizado por los ingleses como Pays Toy. En Luz viven mil cien personas alrededor del tesoro de la montaña y de otros puntos de interés, como el puente que Napoléon III re-

El lago des Huats, con el imponente Vignemale (3.298 m.) al fondo

Cerca de cada estación de esquí hay un complejo de piscinas, saunas, hammam... para redondear el día

galó a la ciudad en 1860 en la que reposó algún tiempo su esposa, Eugenia de Montijo, o la iglesia fortificada de San Andrés, del siglo XI. Eugenia, que tenía problemas de fecundidad, los curó en las termas que ahora han vuelto a ponerse de moda, como complemento relajante de un día de esfuerzo en la nieve. El rastro español en la región pudo empezar entonces, con la condesa de Teba, pero aún hoy es moneda común. «La mitad de mis amigos tiene origen español», afirma Nathalie Morel, vecina de Tarbes, mientras comemos en un restaurante de Luz llamado «Tapas» al que hemos llegado en un minibús de la empresa «Paseíto».

La tarde, en el hammam

Un hotel con encanto («Ramonjuan») cerca de La Mongie

La nieve es la cara A de la escapada a los Pirineos. A media tarde, después de bajar de las pistas, es un buen momento para descubrir la cara B en alguno de los centros de aguas termales de la región. En Luz Saint Sauveur encontramos uno de ellos, con un ventanal inmenso para disfrutar en el mismo «pack» del calor y el vaho de las piscinas y del frío de


ABC

Los sábados de ABC

SÁBADO 31/12/2005

Fin de año en la nieve

Bordeaux

Castelnau Rivere-Basse Bayonne Pau

Bilbao

Tarbes Lourdes

E S P A Ñ A

Maubourguet

F R A N C I A Toulousse Montpellier

San Sebastián D-943

91

Zaragoza

Perpignan

Andorra Lérida

Barcelona

Vic-enBigorre N-21

D-935

D-632

Pouyastruc

Tarbes

D-939

N-117

CastelnauMagnoac

Galan

D-929

Tournay N-117 D-935

N-21

F R A N C I A

A-64

Lannemezan

ALTOS PIRINEOS St-Pé-deBigorre

Lourdes

Luz Ardiden

Pont d’Espagne

SaintLaurent-deNeste

LouresBarousse

D-929

Sarrancolin

Pic du Midi Tourmalet 2.877 m.

PierrefitteNestalas Cauterets

N-117

La Barthede-Neste

Campan

Hutacam

Aucun

ArrensMarsous

Bagnères- Sarlabous de-Bigore

La Mongie Barèges Luz-SaintSauveur

MauléonBarousse

Arreau Bordères-Louron

Vielle Aure Peyragudes

Gédre Vignemale 3.298 m.

Aragnouet

Gavarnie Circo de Gavarnie Monte Perdido

Parque Nacional de los Pirineos

E S P A Ñ A Infografía ABC

las montañas, y el menú típico de estos casos: aguas a diferentes temperaturas, sauna, hammam, jacuzzi, masajes… Una ocasión para cerrar los ojos y dejar la mente en blanco. Sin embargo, estéticamente llama más la atención la «ciudad de las aguas» de Bagnères de Bigorre, cerca de La Mongie. La sala central de Aquensis parece una catedral de madera cubierta por un cristal que deja entrar un inmenso chorro de luz. Y en el tejado, otra vez el cóctel de calor y frío en

un jacuzzi al aire libre. La mañana amanece en Cauterets completamente despejada, después de una noche en la que ha nevado suavemente. A pocos kilómetros del pueblo se halla la puerta de entrada a la zona de Pont d'Espagne, en algún tiempo frontera permeable para las idas y venidas de los pastores, y hoy un escenario perfecto para el esquí de fondo o para las raquetas de nieve. Jon Ugartemendía, nacido en Bayona, guía a un grupo de viajeros montaña arri-

Hoja de ruta Cómo ir. La autopista de Irún nos lleva a la zona de Luz Ardiden, Tarbes, Lourdes o Cauterets en dos horas. Dormir. En Cauterets, «Lion d'Or». Habitación: 42/90 euros. http://perso.wanadoo.fr/hotel.lion. dor/index.htm / 05 62 92 52 87. En Luz Ardiden, «La Grange aux Marmottes». Habitación: 46/50 euros. www.grangeauxmarmottes.com / 05 62 92 91 13. Cerca de Bagnères de Bigorre, «Domaine Ramonjuan». Habitación: desde 45 euros. www.ramonjuan.com / 05 62 91 75 75. Las doce estaciones de esquí de los Altos Pirineos. Peyragudes, Val Louron, Barèges-La Mongie, Hautacam, Nistos, Saint-Lary Soulan, Gavarnie-Gèdre, Luz Ardiden, Piau-Engaly, Campan Payolle, Cauterets, Val D'Azun. Más información: www.altospirineos.com / 00 33 825 825 65. Guía excursión raquetas de nieve en Cauterets. Jon Ugartemendía. 06 75 04 13 64 / jon@pyrenaika.com. Los balnearios. «Aquensis. La ciudad de las aguas». En Bagnères de Bigorre. 05 62 95 86 95 / www.aquensis-bagneres.com. «Les Thermes de Luz». En Luz St. Sauveur. 05 62 92 81 58. www. luz.org

La iglesia fortificada de Luz St. Sauver, un edificio del siglo XI

ba, envueltos por los sonidos del bosque: el crujir de la nieve al hundirse bajo los pies, la huida más lenta de lo imaginable de los rebecos (cazado de forma abusiva en los años 50), el roce con las ramas de los acebos y el agua que baja gélida desde el lago Gaube (ochenta y dos metros de profundidad) o desde alguno más modesto que encontramos en nuestro camino, como el lago des Huats. Estamos en el Parque Nacional de los Pirineos, creado en la primavera de 1967, con el Vignemale al fondo de la ruta y algún que otro quebrantahuesos en el cielo, en una zona de refugio y libertad para especies como el armiño, el zorro, la marta o el jabalí. El paseo sobre raquetas en este entorno aporta una inyección de oxígeno y de optimismo, aparentemente tan lejos de la «civilización». Jon dice que la excursión se prolonga habitualmente durante medio día, desde el Pont d'Espagne (1.465 m.) hasta el Gaube (1.731 m.), con una parada a mitad de camino para devorar un picnic sobre la nieve, antes de volver a la vida real.


Algunos viajes de estos años