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-Sí –dijo ella-. No sé qué es, pero te veo algo distinto. -Son imaginaciones tuyas –le dije yo-. Soy el mismo de siempre. -No –dijo, meneando la cabeza-. Estás claramente... La bañera empezó a desbordarse, así que dejó de hablar un instante, se giró y cerró los grifos. Cuando se inclinó sobre ellos, se me clavaron los ojos en la curva de su cuello y se me secó la boca de repente. -Como te decía, tienes un aspecto... –empezó a decir, incorporándose. Se interrumpió al percibir mi mirada. -¿Darren? –preguntó inquieta- Darren, ¿pero qué...? Alcé la mano derecha y ella permaneció en silencio. Abrió los ojos como platos y se quedó mirando fijamente y muda mis dedos, mientras yo los movía lentamente, primero de un lado a otro y luego en pequeños círculos. No estaba muy seguro de cómo lo hacía, pero ¡la estaba hipnotizando! -Ven aquí –gruñí, con un profundo tono de voz. Annie se puso en pie y obedeció. Se movía como una sonámbula, con los ojos en blanco, los brazos y la piernas rígidos. Cuando se detuvo ante mí, reseguí el perfil de su cuello con los dedos. Respiraba pesadamente y la veía como entre niebla. Me pasé la lengua por los labios lentamente y oí el fragor de mis tripas. En el cuarto de baño hacía tanto calor que parecía un horno; veía gotas de sudor deslizándose por el rostro de Annie. Di un rodeo hasta ponerme detrás de ella, sin apartar en ningún momento las manos de su carne. Notaba sus venas palpitantes mientras las acariciaba, y cuando presioné en la base del cuello, una de ellas se hinchó, hermosa y azul, como pidiendo que la sajaran hasta vaciarla. Saqué los dientes y me incliné sobre ella, con las mandíbulas completamente abiertas. En el último momento, cuando mis labios rozaban su cuello, vi mi propio reflejo en el espejo, y afortunadamente eso bastó para detenerme. Mi rostro en el espejo era una máscara retorcida, un rostro irreconocible, en el que sólo se veían mis ojos enrojecidos que parecían cubrirlo por completo, lleno de profundas arrugas y con una mueca perversa. Levanté la cabeza para mirar más de cerca. Era y no era yo. Era como si dos personas distintas compartieran un solo cuerpo: un chico normal, un ser humano, y un animal salvaje de la noche, un ser sobrenatural. Mientras observaba, aquella horrible máscara se desvaneció junto con la necesidad de beber sangre. Me quedé mirando a Annie, horrorizado. ¡Había estado a punto de morderla! ¡Me habría alimentado de mi propia hermana! Me alejé de ella tambaleándome con un sollozo y me cubrí la cara con las manos, aterrorizado por el espejo y por lo que pudiera ver en él. Annie retrocedió trastabillando y recorrió con la mirada extraviada el techo del cuarto de baño. -¿Qué me está pasando? –preguntó- Me siento rara. Había entrado para darme un baño, ¿no? ¿Ya está listo? -Sí –dije en voz baja-. Ya está preparado. Yo también estaba preparado. ¡Preparado para convertirme en vampiro! -Te dejaré sola –dije, y salí. En el vestíbulo me dejé caer contra la pared, y ahí pasé un par de minutos respirando hondo e intentando tranquilizarme. No podría controlarme. La sed de sangre era algo que no sería capaz de vencer. Ahora ya ni siquiera podría permitirme la vista de la sangre derramada. El mero hecho de pensar en ella había bastado para despertar el monstruo que había en mí.

1 el circo de los extraños  

Me llamo Darren Shan. Soy un ''vampiro a medias''. No nací así. Antes era normal. Me gustaba leer historias de terror y ver pelis de miedo....

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