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Tuvimos un encontronazo justo antes de llegar a la pelota. Alan soltó un grito y salió volando por los aires. Sonreí de satisfacción, controlé la pelota con un pie y me giré hacia la portería. La visión de la sangre me hizo parar en seco. Alan había caído mal y se había hecho un corte en la rodilla izquierda. Era una fea herida, y no dejaba de sangrar a chorro. Él se había echado a llorar y ni siquiera intentaba taparla con un pañuelo o un pedazo de tela. Alguien chutó la pelota por debajo de mi pie y se la llevó. No hice caso. Tenía la mirada fija en Alan. Más concretamente, en la rodilla de Alan. Más concretamente todavía: en la sangre de Alan. Di un paso hacia él. Y otro. Ahora estaba encima de él, cubriéndole con mi sombra. Levantó la mirada y debió ver algo extraño en mi rostro, porque dejó de llorar y se me quedó mirando con inquietud. Caí de rodillas y, sin tiempo a darme cuenta de lo que estaba haciendo, cubrí la herida de su pierna con la boca y... ¡empecé a chuparle la sangre y a tragármela! Sólo duró unos segundos. Yo tenía los ojos cerrados y la boca anegada de sangre. Tenía un sabor delicioso. No estoy seguro de cuánto hubiera chupado ni hasta qué punto hubiera podido hacerle daño a Alan. Afortunadamente no tuve ocasión de descubrirlo. Tuve conciencia de estar rodeado de gente y abrí los ojos. Casi todos habían dejado de jugar y me miraban horrorizados. Aparté los labios de la rodilla de Alan y miré alrededor a mis amigos, preguntándome cómo iba a explicarles aquello. De repente se me ocurrió la solución: me puse en pie de un brinco y abrí los brazos. -¡Soy el señor de los vampiros! –chillé- ¡El rey de los inmortales! ¡Os chuparé la sangre a todos! Se me quedaron mirando perplejos; luego, se echaron a reír. ¡Creyeron que era un chiste! Pensaron que sólo simulaba ser un vampiro. -Estás chiflado, Shan –dijo alguien. -¡Qué asqueroso! –chilló una chica, al ver que la sangre me resbalaba goteando por el mentón- ¡Deberían encerrarte! Sonó el timbre con el que había que volver a clase. Me sentí satisfecho de mí mismo. Creí que había conseguido engañar a todo el mundo. Pero entonces vi a alguien al fondo del corrillo y me puse pálido. Era Steve, y la expresión sombría de su rostro me hizo comprender exactamente lo que acababa de suceder. No se había dejado engañar en absoluto. Él lo sabía.

1 el circo de los extraños  

Me llamo Darren Shan. Soy un ''vampiro a medias''. No nací así. Antes era normal. Me gustaba leer historias de terror y ver pelis de miedo....

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