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Pensé en decirle a Steve la verdad, pero no estaba seguro de cómo iba a tomárselo. Él había deseado convertirse en vampiro. No me parecía que fuera a gustarle la idea de que míster Crepsley me hubiera elegido a mí en lugar de a él. Y contárselo a Annie era impensable. Ella no había vuelto a mencionar a Madam Octa desde la recuperación de Steve, pero a menudo la sorprendía mirándome. No sé qué le pasaba por la cabeza, pero imagino que debía ser algo así: “Steve está mejor, pero no gracias a ti. Tuviste la oportunidad de salvarle la vida y no lo hiciste. Has mentido y puesto en peligro su vida sólo por no meterte en líos. ¿Habrías hecho lo mismo si se hubiera tratado de mí?”. Steve fue el centro de atención aquel viernes. Toda la clase se apiñó a su alrededor suplicándole que explicase lo que le había pasado. Querían saber qué le había envenenado, cómo había conseguido sobrevivir, qué tal le había ido en el hospital, si tenía alguna cicatriz y todo ese tipo de cosas. -No sé qué era lo que me picó o mordió –decía él-. Fue en casa de Darren. Yo estaba sentado junto a la ventana. Oí un ruido, pero no tuve tiempo de ver qué era antes de sentir la mordedura y desmayarme. Nos habíamos puesto de acuerdo en explicar los dos lo mismo cuando lo visité en el hospital. Nunca me había sentido tan extraño como aquel viernes. Pasé toda la mañana con la mirada errática, sintiéndome fuera de lugar. Me parecía un sin sentido. “Yo no tendría que estar aquí –me repetía para mis adentros-. Ya no soy un chico normal y corriente. Debería estar ganándome la vida como aprendiz de vampiro. ¿De qué van a servirme ahora el inglés, la historia y la geografía? Éste ya no es mi medio natural”. Tommy y Alan le hablaron de mis maravillas en el campo de fútbol. -Últimamente corre como el viento –dijo Alan. -Y juega como Pelé –añadió Tommy. -¿De veras? –preguntó Steve, mirándome de una forma extraña- ¿Y a qué se debe ese cambio tan espectacular, Darren? -No ha cambiado nada –mentí-. Es sólo que tengo una buena racha. La suerte me sonríe. -¡Vaya con el Señor Modestia! –rió Tommy- El señor Dalton ha dicho que quizá le promocione para que le fichen en el equipo de los sub-diecisiete. ¡Imagínate! ¡Uno de nosotros jugando con los sub-diecisiete! Nadie de nuestra edad ha jugado nunca en ese equipo. -No –musitó Steve-, es verdad. -¡Bah! Lo ha dicho por decir –intervine, intentando cambiar de tema. -Es posible –dijo Steve-. Quizá. Aquel día, durante el recreo, jugué mal ex profeso. Me daba perfecta cuenta de que Steve estaba muy suspicaz. No creo que supiera lo que estaba pasando, pero me notaba distinto. No corrí exageradamente y dejé pasar ocasiones en las que por regla general habría metido gol sin necesidad siquiera de los poderes especiales. Mi táctica funcionó. Para cuando acabó el partido, había dejado de estudiar cada movimiento que yo hiciera y volvía a bromear conmigo como siempre. Pero al día siguiente sucedió algo que lo echó todo a perder. Alan y yo corríamos tras la pelota. Él no tenía por qué ir a buscarla, puesto que yo estaba más cerca. Pero Alan era un poco más joven que el resto de nosotros y a veces actuaba como un estúpido. Pensé en retirarme, pero estaba harto de jugar mal. El final del recreo se acercaba y quería marcar por lo menos un gol. Así que decidí que si de mí dependía, Alan Morris podía irse al infierno. Aquella pelota era mía, y si se interponía en mi camino... ¡duro con él!

1 el circo de los extraños  

Me llamo Darren Shan. Soy un ''vampiro a medias''. No nací así. Antes era normal. Me gustaba leer historias de terror y ver pelis de miedo....

1 el circo de los extraños  

Me llamo Darren Shan. Soy un ''vampiro a medias''. No nací así. Antes era normal. Me gustaba leer historias de terror y ver pelis de miedo....

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