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CAPÍTULO VEINTISÉIS Míster Crepsley me condujo escaleras arriba y salimos del edificio. Caminaba sin titubear en la oscuridad. Me pareció que mi visión había mejorado, pero puede que simplemente se me hubieran acostumbrado los ojos y aquella sensación no tuviera nada que ver con la sangre de vampiro que llevaba en las venas. Una vez fuera, me dijo que me colgara de sus hombros. -Cógete del cuello. No te sueltes ni hagas movimientos bruscos. Mientras me encaramaba a sus hombros, bajé la vista y noté que llevaba zapatillas de deporte. Me pareció extraño pero no dije nada. Cuando me hubo cargado a la espalda, empezó a correr. Al principio no noté nada raro, pero enseguida empecé a darme cuenta de lo veloces que pasaban los edificios a mi lado. Las piernas de míster Crepsley no parecían moverse tan deprisa. Por el contrario, ¡era como si el mundo se moviera más aprisa y nosotros pasáramos de largo! Llegamos al hospital en un par de minutos. Lo normal era tardar veinte minutos, andando a buen paso. -¿Cómo ha hecho eso? –pregunté, bajando al suelo. -La velocidad es algo relativo –dijo, ajustándose su capa roja sobre los hombros, apresurándose a arrastrarme de nuevo entre las sombras, donde no podíamos ser vistos. Y esa fue su única respuesta. -¿En qué habitación está tu amigo? –preguntó. Le dije el número de la habitación en que se encontraba Steve. Él levantó la vista, fue contando ventanas, asintió para sus adentros y me dijo que volviera a subir a sus espaldas. Cuando estuve bien acomodado, caminó hacia la pared exterior del hospital, se quitó las zapatillas de deporte y apoyó los dedos de manos y pies en el muro. Y entonces sacó las uñas... ¡y las hundió en los ladrillos! -Mmm –murmuró-, es un poco endeble, pero aguantará. No te dejes llevar por el pánico si resbalamos. Puedo caer de pie sin problemas. Hace falta mucha altura para matar a un vampiro. Empezó a trepar por el muro, clavando las uñas en él, adelantando una mano, luego un pie, después la otra mano y el otro pie, un paso tras otro. Se movía deprisa y con agilidad, y en cuestión de segundos estuvimos en la ventana de Steve, agazapados en el alféizar, atisbando. No estaba muy seguro de la hora, pero sin duda era muy tarde. Aparte de Steve, no había nadie en la habitación. Míster Crepsley tanteó la ventana. Estaba cerrada. Apoyó los dedos de una mano sobre el cristal, a la altura del pestillo, y chasqueó los de la otra. ¡El pestillo se abrió con un clic! Levantó la ventana y entró en la habitación. Me bajé de su espalda. Mientras él comprobaba que la puerta estuviera bien cerrada, yo examiné a Steve. Su respiración era más irregular, y llevaba tubos nuevos por todo el cuerpo, conectados a máquinas de aspecto amenazador. -El veneno ha hecho su efecto muy rápidamente –dijo míster Crepsley, mirándole por encima de mi hombro-. Puede que sea demasiado tarde para salvarle la vida. Al oír esas palabras se me heló la sangre en las venas.

1 el circo de los extraños  

Me llamo Darren Shan. Soy un ''vampiro a medias''. No nací así. Antes era normal. Me gustaba leer historias de terror y ver pelis de miedo....

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