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CAPÍTULO VEINTICUATRO Tuve que esperar hasta casi las once. Me hubiera marchado más temprano, mientras mamá estaba en el hospital, pero un par de amigos de papá pasaron por casa con sus hijos y tuve que ejercer de anfitrión. Mamá volvió sobre las diez. Estaba cansada, así que papá se las arregló para deshacerse de las visitas lo antes posible. Tomaron una taza de té y charlaron un rato en la cocina; luego se acostaron. Esperé a que se durmieran y luego me escabullí escaleras abajo y salí por la puerta trasera. Atravesé veloz la oscuridad como un cometa. Me movía tan rápido que nadie me vio ni oyó. En un bolsillo, llevaba un crucifijo que había encontrado en el joyero de mamá y, en el otro, una botella de agua bendita que uno de los amigos del colegio de papá nos había enviado hacía años. No era capaz de hallar una estaca. Pensé en llevar un cuchillo afilado en su lugar, pero probablemente sólo hubiera conseguido cortarme. Soy un poco torpe con los cuchillos. El viejo teatro estaba desierto y oscuro como boca de lobo. Esta vez entré por la puerta principal. No tenía la menor idea de lo que iba a hacer si no encontraba al vampiro, pero de alguna manera presentía que ahí estaría. Tenía una sensación parecida a la de aquel día en que Steve lanzó por los aires los pedacitos de papel con la entrada ganadora mezclada entre ellos, yo cerré los ojos y la atrapé a ciegas. Era cosa del destino. Me costó un buen rato encontrar el sótano. Llevaba una linterna, pero las pilas estaban casi agotadas y a los dos minutos empezó a parpadear hasta apagarse, dejándome en la más completa oscuridad, mientras me movía a tientas como un topo. Cuando encontré los escalones, empecé a bajar sin pensármelo dos veces y así no darle tiempo al miedo. Cuanto más descendía, más aumentaba la claridad, hasta que llegué abajo y vi cinco grandes cirios encendidos. Eso me sorprendió -¿acaso no se suponía que los vampiros le tenían pavor al fuego?-, pero también me alegró. Míster Crepsley me esperaba en el otro extremo del sótano. Estaba sentado frente a una mesita jugando un solitario. -Buenos días, señor Shan –dijo sin levantar la vista. Me aclaré la garganta antes de replicar. -No es por la mañana –dije-. Estamos en mitad de la noche. -Para mí es por la mañana –dijo; luego alzó la mirada y sonrió. Sus dientes eran largos y afilados. Nunca había estado tan cerca de él como entonces, y había albergado la esperanza de descubrir todo tipo de detalles –dientes rojos, orejas largas, ojos sesgados-, pero tenía el mismo aspecto que cualquier otro ser humano, aunque tremendamente feo. -Me estaba esperando, ¿no? –pregunté. -Sí –asintió. -¿Cuánto tiempo tardó en descubrir dónde estaba Madam Octa? -La encontré la misma noche en que la robaste –dijo. -¿Y entonces por qué no se la llevó?

1 el circo de los extraños  

Me llamo Darren Shan. Soy un ''vampiro a medias''. No nací así. Antes era normal. Me gustaba leer historias de terror y ver pelis de miedo....