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-Tiene que haber alguien que sepa de qué se trata –dijo papá-. ¿Cuántos tipos de venenos distintos puede haber? -Miles –dijo ella-. Han enviado muestras a hospitales extranjeros. Es de esperar que alguno de ellos lo conozca, pero pasará algún tiempo antes de que respondan. Observé a Steve mientras ellos hablaban. Estaba pulcramente tapado en la cama. Tenía un gotero en un brazo, y un montón de cables en el pecho. Había marcas de agujas en los lugares en los que los médicos le habían pinchado para extraer muestras de sangre. Su rostro estaba pálido y rígido. ¡Tenía un aspecto horrible! Afloraron las lágrimas a mis ojos y no podía parar de llorar. Mamá me rodeó con sus brazos y me estrechó contra ella, pero sólo consiguió empeorar las cosas. Intenté hablarle de la araña, pero lloraba demasiado desconsoladamente como para que mis palabras fueran inteligibles. Mamá siguió abrazándome, besándome e intentando atajar mi llanto, y acabé por abandonar mi empeño. Llegaron más visitas, familiares de Steve, y mamá decidió que lo mejor era dejarles solos con Steve y su madre. Nos llevó fuera, me quitó la mascarilla y me secó las lágrimas con un pañuelo de papel. -Así –dijo-. Eso está mejor. Me sonrió y me achuchó hasta que le devolví la sonrisa. -Se pondrá bien –prometió-. Ya sé que tiene muy mal aspecto, pero los médicos están haciendo todo lo que pueden. Tenemos que confiar en ellos y esperar lo mejor, ¿de acuerdo? -De acuerdo –suspiré. -A mí me ha parecido que tenía bastante buen aspecto –dijo Annie, estrechándome la mano. Le sonreí agradecido. -¿Vienes a casa con nosotros? –le preguntó papá a mamá. -No estoy segura –dijo ella-. Creo que debería quedarme un poco más por si... -Ángela, tú ya has hecho bastante –dijo papá con firmeza-. Seguro que no has dormido en toda la noche, ¿no? -No mucho –admitió mamá. -Y si ahora te quedas, hoy tampoco dormirás. Venga, Angie, vámonos –papá siempre la llama Angie cuando quiere mostrarse cariñoso para convencerla de algo-. Hay otras personas que pueden ocuparse de Steve, aparte de su madre. Nadie te pide que lo hagas tú todo. -De acuerdo –cedió ella-. Pero volveré esta noche por si me necesitan. -Vale –dijo él, y abrió la marcha hacia el coche. No había sido una visita muy larga, pero no protesté. Me alegraba de poder marcharme de allí. De camino a casa no dejé de pensar en Steve, en su mal aspecto y en lo que lo había provocado. Pensé en el veneno que corría por sus venas y me pareció casi seguro que los médicos fracasarían. Estaba convencido de que ningún doctor del mundo se había enfrentado nunca con el veneno de una araña como Madam Octa. Por muy mal que hubiera visto a Steve, sabía que estaría mucho peor al cabo de un par de días. Le imaginé conectado a una máquina de respiración asistida, el rostro cubierto por la mascarilla, tubos introduciéndose en su cuerpo. Era horrible. Sólo había una manera de salvar a Steve. Y yo sabía quién era la única persona que conocía aquel veneno y cómo combatir sus efectos. Míster Crepsley. Mientras aparcábamos a la entrada de casa y bajábamos del coche, me decidí: le seguiría la pista y le obligaría a hacer lo que pudiera por Steve. En cuanto oscureciera, me escaparía de casa y encontraría al vampiro dondequiera que se hubiera ocultado. Y

1 el circo de los extraños  

Me llamo Darren Shan. Soy un ''vampiro a medias''. No nací así. Antes era normal. Me gustaba leer historias de terror y ver pelis de miedo....

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