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-No muy bien –dijo papá-. Los médicos no saben qué hacer. Al parecer, Annie tenía razón: se trata de veneno. Pero no es ningún veneno conocido. Han enviado muestras a expertos de otros hospitales, con la esperanza de que alguien pueda arrojar alguna luz. Pero... Meneó la cabeza. -¿Se morirá? –preguntó en voz baja Annie. -Es posible –dijo papá. Me alegró que fuera sincero. Ocurre demasiado a menudo que los adultos mientan a los niños cuando se trata de asuntos importantes. Personalmente prefiero saber la verdad sobre la muerte a que me mientan. Annie se echó a llorar. Papá la cogió en brazos y la acunó en su regazo. -Eh, eh, no hay por qué llorar –dijo-. Aún no está todo perdido. Todavía está vivo. Ni los pulmones ni el cerebro parecen estar afectados. Si consiguen descubrir alguna forma de combatir el veneno que hay en su cuerpo, se pondrá bien. -¿Cuánto tiempo le queda? –pregunté. Papá se encogió de hombros. -Con su fortaleza, los médicos podrían mantenerle con vida toda una eternidad conectado a diferentes máquinas. -¿Quieres decir como si estuviera en coma? –pregunté. -Exactamente. -¿Y cuánto tiempo le queda antes de que tengan que conectarle? -Ellos creen que aún puede aguantar unos días –respondió papá-. No pueden decirlo con seguridad, puesto que en realidad no saben a qué se enfrentan, pero en su opinión pasarán aún un par de días antes de que le empiece a fallar el aparato cardiorrespiratorio. -¿El qué? –preguntó Annie entre sollozos. -El corazón y los pulmones –le explicó papá-. Mientras eso funcione, se puede considerar que sigue vivo. Tienen que utilizar un gota a gota para alimentarle, pero por lo demás todo funciona correctamente. Los verdaderos problemas empezarán cuando deje de respirar por sí solo, si es que eso llega a suceder. Un par de días. No era mucho tiempo. El día anterior tenía toda la vida por delante. Ahora le quedaban un par de días. -¿Podría ir a verle? –pregunté. -Esta tarde, si te sientes con ánimos –dijo papá. -Me sentiré con ánimos –prometí. * * * Esta vez había más ajetreo en el hospital, lleno de visitantes. Nunca había visto tantas cajas de bombones y ramos de flores. Todo el mundo parecía llevar una de las dos cosas. Yo quería comprar algo para Steve en la tienda del hospital, pero no tenía dinero. Esperaba encontrar a Steve en el pabellón infantil, pero estaba en una habitación individual, porque los médicos querían estudiar su caso, y también porque no estaban seguros de que lo que tenía no fuera contagioso. Tuvimos que ponernos mascarillas y guantes y largas batas verdes antes de entrar. La señora Leonard estaba dormida en una silla. Mamá nos indicó por señas que no hiciéramos ruido. Tras abrazarnos, se puso a hablar con papá. -Han llegado un par de resultados de otros hospitales –le dijo, la voz apagada por la mascarilla-. Todos negativos.

1 el circo de los extraños  

Me llamo Darren Shan. Soy un ''vampiro a medias''. No nací así. Antes era normal. Me gustaba leer historias de terror y ver pelis de miedo....

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