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Mamá se levantó del banco y se agachó junto a la señora Leonard. Le acarició la cabeza y le susurró palabras de consuelo, luego la ayudó a levantarse y la hizo sentar a su lado. La señora Leonard seguía llorando, y ahora murmuraba entre gemido y gemido lo mala madre que había sido y cuánto debía de odiarla Steve. -Vosotros dos, id a jugar a otro sitio –nos dijo mamá a Annie y a mí. Empezamos a retirarnos. -¡Darren! –gritó mamá a mis espaldas- No hagas caso de lo que te ha dicho. No quiere echarte a ti la culpa. Sólo está asustada. Asentí tristemente. ¿Qué diría mamá si supiera que la señora Leonard tenía razón y yo era el único culpable? Annie y yo encontramos un par de máquinas recreativas que nos mantuvieron entretenidos. Al principio no me sentía capaz de jugar, pero a los pocos minutos me olvidé de Steve y del hospital, concentrando toda mi atención en los juegos. Era agradable sustraerse a las preocupaciones de la vida real, aunque sólo fuera por un rato, y lo cierto es que, si no me hubiera quedado sin monedas, podría haber seguido jugando toda la noche. Cuando volvimos a nuestros asientos, la señora Leonard se había tranquilizado y estaba fuera con mamá, rellenando formularios. Annie y yo nos sentamos y el tiempo de espera se reanudó. Annie empezó a bostezar hacia las diez de la noche, y a mí también se me estaba contagiando el sueño. Mamá nos miró y ordenó que nos fuéramos a casa. Yo empecé a protestar, pero ella me hizo callar sin contemplaciones. -Aquí ya no podéis hacer nada –dijo-. Os telefonearé en cuanto sepamos algo, por muy tarde que sea, ¿de acuerdo? Vacilé. Era mi última oportunidad de mencionar a la araña. Estuve a punto de irme de la lengua, pero me sentía cansado y no encontraba las palabras adecuadas. -De acuerdo –dije sombríamente antes de marcharme. Papá nos llevó a casa en coche. Me preguntaba qué haría él si le hablaba de la araña, de míster Crepsley y todo lo demás. Me habría castigado, de eso estoy seguro, pero no fue ésa la razón por la que no se lo conté: seguí callando porque sabía que se sentiría avergonzado por mis mentiras y de que hubiera antepuesto mi propio bienestar al de Steve. Tenía miedo de que me odiara. Para cuando llegamos a casa Annie ya estaba dormida. Papá la cogió en brazos y la llevó a la cama. Yo subí lentamente a mi habitación y empecé a desnudarme. No dejaba de maldecirme a mí mismo interiormente. Papá se asomó mientras me quitaba la ropa. -¿Estarás bien? –preguntó. Yo asentí. -Steve se recuperará –dijo-. Estoy seguro. Los médicos saben lo que hacen. Le dejarán como nuevo. Asentí una vez más, incapaz de responder con palabras. Papá se quedó en el umbral unos instantes, luego suspiró, dio media vuelta y bajó haciendo resonar los pies en la escalera hasta su estudio. Estaba colgando los pantalones en el armario cuando me fijé en la jaula de Madam Octa. La saqué lentamente. Ella estaba inmóvil en el centro, respirando con regularidad, más impasible que nunca. Examiné a la multicolor araña, y no me sentí impresionado por lo que veía. Era un colorido brillante, es cierto, pero aquel bicho era feo, peludo y repugnante. Empecé a sentir que la odiaba. Ella era el auténtico malo de la historia, ella era quien había picado

1 el circo de los extraños  

Me llamo Darren Shan. Soy un ''vampiro a medias''. No nací así. Antes era normal. Me gustaba leer historias de terror y ver pelis de miedo....

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