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-¿Y tú qué sabes? –pregunté con acritud- No eres más que una cría. ¡No sabes nada de nada! -Tienes razón –convino sin inmutarse- Pero tú tampoco sabes mucho más que yo, ¿no es cierto? Asentí con un movimiento de cabeza. -Pues entonces deja de fingir que lo sabes todo –dijo ella. Apoyó una mano en mi brazo y sonrió valientemente para demostrarme que no pretendía hacerme sentir mal. -Tenemos que decírselo a mamá –dijo-. Tenemos que pedirle que suba a ver esto. Quizás ella sepa qué hacer. -¿Y si no es así? –pregunté. -Entonces tendremos que llevarle al hospital –dijo Annie. Sabía que ella tenía razón. Lo había sabido desde el primer momento. Simplemente me negaba a admitirlo. -Esperemos un cuarto de hora más –dije-. Si para entonces no se ha movido, llamaremos a mamá. -¿Un cuarto de hora? –preguntó, indecisa. -Ni un minutó más –le prometí. -De acuerdo –consintió. Nos sentamos de nuevo en silencio a observar a nuestro amigo. Yo pensaba en Madam Octa y en cómo iba a explicárselo a mamá. Y a los médicos. ¡Y a la policía! ¿Me creerían cuando les dijera que míster Crepsley era un vampiro? Lo dudaba mucho. Pensarían que estaba mintiendo. Quizá me metieran en la cárcel. Podían decir que, puesto que la araña era mía, yo era el único culpable. ¡Era posible que me acusaran de asesinato y me encarcelaran! Consulté el reloj. Quedaban tres minutos. Ningún cambio en Steve. -Annie, tengo que pedirte un favor –dije. Me miró con suspicacia. -¿De qué se trata? -No quiero que menciones a Madam Octa –dije. -¿Es que te has vuelto loco? –gritó- ¿Cómo vas a explicar si no lo sucedido? -No lo sé –admití-. Diré que en ese momento yo había salido de la habitación. Las marcas de la picadura son diminutas. Parecen insignificantes picaduras de avispa, y cada vez se ven menos. Puede que los médicos ni las vean. -No podemos hacer eso –dijo Annie-. Puede que necesiten examinar a la araña. Quizá... -Annie, si Steve muere me echarán la culpa a mí –dije en voz baja-. Hay ciertas cosas que no puedo explicarte, que no puedo explicarle a nadie. Lo único que puedo decir es que, si sucede lo peor, yo cargaré con toda la culpa. ¿Sabes lo que les hacen a los asesinos? -Eres demasiado joven para ser juzgado por asesinato –dijo, pero su voz no sonó demasiado convencida. -No, eso no es cierto –le dije-. Soy demasiado joven para que me encierren en la prisión normal, pero tienen centros especiales para menores. Me encerrarán en uno de ellos hasta que cumpla los dieciocho, y entonces... Por favor, Annie... –me eché a llorar¡No quiero ir a la cárcel! Ella también empezó a llorar. Nos echamos uno en brazos del otro, sollozando como bebés. -No quiero que te lleven –gimoteó-. No quiero perderte.

1 el circo de los extraños  

Me llamo Darren Shan. Soy un ''vampiro a medias''. No nací así. Antes era normal. Me gustaba leer historias de terror y ver pelis de miedo....

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