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CAPÍTULO DIECISÉIS Aquel domingo no telefoneé a Steve. Dije a mis padres que habíamos medio discutido, y que por eso había vuelto a casa más temprano. No les gustó nada, sobre todo el hecho de que hubiera tenido que volver solo a casa tan tarde. Papá dijo que me dejaba sin paga por un mes. No discutí. Tal como yo lo veía, todavía salía bien parado. ¡No quiero ni pensar lo que me hubieran hecho si llegan a enterarse de lo del Cirque du Freak! A Annie le encantaron los regalos. Se tragó los caramelos en un santiamén y jugó con la araña durante horas. Hizo que le explicara hasta el último detalle del espectáculo. Quería saber qué aspecto tenían todos y cada uno de los freaks y lo que habían hecho. Puso los ojos como platos cuando le hablé del hombre lobo y de cómo le había arrancado la mano a una mujer de un mordisco. -Me estás engañando. No puede ser verdad –dijo. -Pues lo es –juré. -Júramelo. -Te lo juro. -¿Me lo juras por tu vida? -Te lo juro por mi vida –le dije-. Que me quede ciego si miento. -¡Vaya! –gritó sofocadamente-. Me hubiera gustado estar allí. Si vuelves a ir, ¿me llevarás contigo? -Por supuesto –dije-, pero no creo que el espectáculo freak venga a menudo por aquí. Siempre están de gira. No le dije nada a Annie de que míster Crepsley fuera un vampiro, ni de que Steve quisiera convertirse en uno de ellos, pero no dejé de pensar en ellos todo el día. Quería telefonear a Steve, pero no sabía qué decirle. Se empeñaría en preguntarme por qué no había vuelto a su casa, y yo no quería explicarle que me había quedado en el teatro y le había espiado. ¡Increíble, un vampiro de verdad! De pequeño pensaba que existían, pero mis padres y profesores me habían convencido de lo contrario. ¡Bravo por la sabiduría de los adultos! Me preguntaba cómo eran realmente los vampiros, si de verdad podían hacer todo lo que decían de ellos los libros y las películas. Había visto cómo míster Crepsley hacía volar una silla por los aires, cómo se dejaba caer desde el techo del teatro y cómo le chupaba la sangre a Steve. ¿Qué más era capaz de hacer? ¿Podía transformarse en un murciélago, desaparecer como el humo, convertirse en rata? ¿Veía su imagen en el espejo? ¿La luz del sol podía matarle? Pero pensaba tanto en Madam Octa como en míster Crepsley. Volví a sentir deseos de comprar una araña como aquélla, a la que pudiera dominar. Si tuviera una araña como Madam Octa, podría unirme a una troupe de freaks, viajar por el mundo y vivir aventuras maravillosas. Pasó el domingo. Miré la televisión, ayudé a papá en el jardín y a mamá en la cocina (era parte de mi castigo por haber vuelto a casa solo tan tarde), di un largo paseo por la tarde y soñé despierto con vampiros y arañas.

1 el circo de los extraños  

Me llamo Darren Shan. Soy un ''vampiro a medias''. No nací así. Antes era normal. Me gustaba leer historias de terror y ver pelis de miedo....

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