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CAPÍTULO UNO Yo estaba en el lavabo del colegio, sentado, tarareando una canción. Llevaba los pantalones puestos. Casi al final de la clase de inglés, me había sentido enfermo. Mi profesor, el señor Dalton, es estupendo para este tipo de cosas. Es listo, y sabe perfectamente cuándo estás fingiendo y cuándo hablas en serio. Me echó una mirada cuando levanté la mano y dije que me encontraba mal, luego asintió con la cabeza y me dijo que fuera al lavabo. -Vomita lo que sea que te haya sentado mal, Darren –dijo-, y luego mueve el culo y vuelve a clase. Ojalá todos los profesores fueran tan comprensivos como el señor Dalton. Al final no vomité, pero seguía sintiendo náuseas, así que me quedé en el lavabo. Oí el timbre que señalaba el final de la clase y cómo todo el mundo salía corriendo al recreo. Yo quería unirme a ellos, pero sabía que al señor Dalton se le agotaría la paciencia si me veía tan pronto en el patio. No es que si se la juegas se ponga furioso, pero entra en un mutismo absoluto y no vuelve a hablarte en una eternidad, y eso es casi peor que tener que soportar cuatro gritos. Así que allí estaba yo, tarareando, mirando el reloj, esperando. Entonces oí que alguien gritaba mi nombre. -¡Darren! ¡Eh, Darren! ¿Te has caído dentro o qué? Sonreí. Era Steve Leopard, mi mejor amigo. El verdadero apellido de Steve era Leonard, pero todo el mundo le llamaba Steve Leopard. Y no sólo porque sonara parecido. Steve era lo que mi mamá llamaba “un salvaje”. Allá donde fuera se armaba la gorda, se metía en peleas, robaba en las tiendas. Un día –todavía iba en cochecitoencontró un palo puntiagudo y se dedicó a pinchar con él a todas las mujeres que pasaban por su lado (¡no hay premio por adivinar dónde se lo clavaba!). Era temido y desdeñado en todas partes. Excepto por mí. Yo había sido su mejor amigo desde Montessori, donde nos conocimos. Mi mamá dice que me dejaba llevar por su indocilidad, pero a mí me parecía sencillamente un gran tipo cuya compañía me encantaba. Tenía un temperamento violento, y pillaba unas rabietas verdaderamente terroríficas cuando no estaba en sus cabales, pero en esos caso yo me limitaba a largarme a toda prisa, y, una vez se había tranquilizado, volvía a aparecer. La reputación de Steve se había suavizado con los años –su madre lo llevó a ver a un montón de excelentes preceptores que le enseñaron cómo controlarse-, pero seguía siendo una pequeña leyenda en el patio del colegio, no era la clase de tío con el que uno quisiera meterse en líos, por mucho que fuera más grande o mayor que él. -Eh, Steve –respondí-. Estoy aquí. Golpeé la puerta para que supiera detrás de cuál estaba. Se precipitó hacia allí y yo abrí. Sonrió al verme sentado y con los pantalones puestos. -¿Has vomitado? –preguntó. -No –le dije. -¿Y te parece que vas a hacerlo? -Quizá –dije.

1 el circo de los extraños  

Me llamo Darren Shan. Soy un ''vampiro a medias''. No nací así. Antes era normal. Me gustaba leer historias de terror y ver pelis de miedo....

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