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CAPÍTULO QUINCE Míster Crepsley (o Vur Horston, si es que ése era su verdadero nombre) sonrió. -Así que me han descubierto –dijo-. No debería sorprenderme. Tenía que suceder tarde o temprano. Dime, chico, ¿quién te ha enviado? -Nadie –dijo Steve. Míster Crepsley frunció el ceño. -Venga, chico –gruñó-, no juegues conmigo. ¿Para quién trabajas? ¿Quién te ha puesto sobre mi pista? ¿Qué quieren de mí? -No trabajo para nadie –insistió Steve-. En mi casa tengo montañas de libros y revistas sobre vampiros y monstruos. En uno de ellos aparece un retrato de usted. -¿Un retrato? –preguntó receloso míster Crepsley. -Un cuadro –replicó Steve-. Pintado en 1903, en París. Usted estaba con una mujer rica. La historia dice que estuvieron a punto de casarse, pero que ella descubrió que era un vampiro y le abandonó. Míster Crepsley sonrió: -Una excusa tan buena como cualquier otra. Sus amigos creyeron que se lo estaba inventando para hacerse la interesante. -Pero no era ninguna invención, ¿verdad? –preguntó Steve. -No –reconoció míster Crepsley-, no lo era. –suspiró y miró a Steve fieramente-. ¡Aunque habría sido mucho mejor para ti que lo hubiera inventado! –tronó. De haber estado en su lugar, habría huido en menos de lo que se tarda en decirlo, pero Steve ni siquiera pestañeó. -No va usted a hacerme ningún daño –dijo. -¿Y por qué no iba a hacerlo? –preguntó míster Crepsley. -Por mi amigo –dijo Steve-. Se lo he explicado todo sobre usted y, si me sucede algo, irá a la policía. -No le creerían –resopló míster Crepsley. -Es posible –convino Steve-, pero si desaparezco o me encuentran muerto, tendrán que investigar. Y usted no quiere que eso pase. Montones de policías haciendo preguntas, viniendo por aquí “durante el día”... Míster Crepsley meneó la cabeza con repugnancia. -¡Niños! –gruñó-. Odio a los niños. ¿Qué es lo que quieres? ¿Dinero? ¿Joyas? ¿Los derechos de autor para publicar mi historia? -Quiero unirme a usted –dijo Steve. Casi me caigo del palco al oírlo, ¿cómo que unirse a él? -¿Qué quieres decir? –preguntó míster Crepsley, tan sorprendido como yo. -Quiero convertirme en vampiro –dijo Steve-. Quiero que haga de mí un vampiro y me enseñe sus costumbres. -¡Estás loco! –rugió míster Crepsley. -No –dijo Steve-, no estoy loco. -No puedo convertir a un niño en vampiro –dijo míster Crepsley-. Si hiciera eso, los grandes Condes- Vampiro me matarían. -¿Quiénes son los grandes Condes- Vampiro? –preguntó Steve.

1 el circo de los extraños  

Me llamo Darren Shan. Soy un ''vampiro a medias''. No nací así. Antes era normal. Me gustaba leer historias de terror y ver pelis de miedo....

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