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A continuación, dos de los ayudantes encapuchados de azul sacaron al escenario un enorme radiador, ¡y Gertha lo llenó de agujeros a bocados! ¡Luego trajeron una bicicleta y la convirtió con los dientes en una pelotita, con ruedas y todo! No creo que hubiera nada en el mundo que Gertha no fuera capaz de masticar si se lo proponía. Llamó nuevos voluntarios al escenario. Le entregó a uno de ellos un mazo de hierro y un enorme escoplo, a otro un martillo y un escoplo más pequeño, y al tercero una sierra eléctrica. Se tendió boca arriba y se colocó el escoplo grande en la boca. Indicó con un gesto de cabeza al primer voluntario que golpeara con el mazo. Él levantó el mazo por encima de su cabeza y lo dejó caer. Creí que iba a abrirle la cara, y lo mismo pensó mucha otra gente, a juzgar por los suspiros y por la forma de taparse los ojos de buena parte del público. Pero Gertha no era estúpida, esquivó el golpe y el mazo se estrelló contra el suelo. Se sentó y escupió el escoplo con despreció. -¡Ja! –bufó-. ¿Cree que me he vuelto loca? Apareció uno de los encapuchados y le quitó el mazo de las manos al espectador. -¡Sólo le necesitaba para demostrar que el mazo es auténtico! –le dijo-. Y ahora – anunció dirigiéndose al resto del público-, ¡observen! Volvió a tumbarse y se metió el escoplo en la boca. El encapuchado esperó un instante, luego levantó el mazo y lo dejó caer con más fuerza y velocidad que el espectador. Dio de lleno en el escoplo y se oyó un ruido infernal. Gertha se incorporó. Yo esperaba ver dientes cayéndole de la boca, pero cuando la abrió y extrajo de ella el escoplo, ¡no quedaba más que una punta por ver! Se echó a reír y dijo: -¡Ja! ¡Creían que había comido más de lo que podía masticar! Le había llegado el turno de trabajar al segundo voluntario, el que tenía el martillo y el escoplo más pequeños. Le advirtió que tuviera cuidado con las encías y le permitió que colocara el escoplo contra sus dientes e intentara partirlos. Casi se dejó el brazo en su intento por golpear con el martillo con todas sus fuerzas, pero no consiguió hacerles ni un rasguño. El tercer voluntario intentó cortarlos con la sierra eléctrica. Pasó la máquina de un lado a otro de su boca, saltaban chispas por todas partes, pero cuando se detuvo y el polvo se hubo disipado, los dientes de Gertha estaban más blancos, resplandecientes y sólidos que nunca. Tras ella salieron los Gemelos de Goma, Sive y Seersa. Eran idénticos, y ambos contorsionistas, como Alexander Calavera. Su número consistía en trenzar sus cuerpos hasta parecer una sola persona con dos caras y sin espaldas, o dos troncos sin piernas. Eran muy buenos y fue muy interesante, pero deslucido comparado con el resto de los artistas. Cuando Sive y Seersa terminaron, salió míster Alto y nos dio las gracias por nuestra asistencia. Pensé que los freaks volverían a salid a saludar todos en fila, pero no lo hicieron. En lugar de eso, míster Alto nos anunció que podíamos comprar más baratijas en el vestíbulo al salir. Nos pidió que promocionáramos el espectáculo entre nuestros amigos. Luego volvió a darnos las gracias por asistir y dijo que el espectáculo había terminado. Me decepcionó un poco que terminara con un número tan flojo, pero era tarde y supongo que los freaks estarían cansados. Me puse en pie, recogí todo lo que había comprado y me giré para decirle algo a Steve. Miraba fijamente hacia arriba, al palco que había por detrás de mí, con los ojos como platos. Me volví para ver qué demonios estaba mirando, y cuando lo hice, la gente que teníamos detrás empezó a chillar. Al levantar la mirada, supe por qué.

1 el circo de los extraños  

Me llamo Darren Shan. Soy un ''vampiro a medias''. No nací así. Antes era normal. Me gustaba leer historias de terror y ver pelis de miedo....

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