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CAPÍTULO TRECE Había otro descanso tras la actuación de míster Crepsley y Madam Octa. Intenté que Steve me explicara algo más acerca de la verdadera identidad de aquel hombre, pero sus labios estaban sellados. Lo único que dijo fue: -Tengo que pensar detenidamente en esto. Luego cerró los ojos, agachó la cabeza y se quedó pensativo. Volvieron a vender bagatelas durante el intermedio: barbas como la de la mujer barbuda, muñecos de Hans el Manos y, lo mejor de todo, arañas de goma idénticas a Madam Octa. Compré dos, una para mí y otra para Annie. No era lo mismo que poseer la auténtica, pero tendría que conformarme. También vendían telarañas de caramelo. Compré seis con todo el dinero que me quedaba y me comí dos mientras esperaba a que saliera el siguiente freak. Sabían igual que las nubes de algodón azucarado. La segunda me la coloqué sobre los labios y la chupé como había hecho míster Crepsley. Las nubes se atenuaron hasta dejar la sala en penumbra y todos volvieron a ocupar sus asientos. Era el turno de Gertha Dientes. Era una mujer corpulenta, con gruesos muslos, brazos gruesos, cuello grueso y cabeza gorda. -¡Señoras y caballeros, soy Gertha Dientes! –dijo, muy seria-. ¡Tengo los dientes más fuertes del mundo! Cuando era niña, mi padre me metió los dedos en la boca, jugando, ¡y le corté dos de un mordisco! Unos cuantos se echaron a reír, pero los acalló con una furiosa mirada. -¡No soy cómica! –disparó-. ¡Si alguien vuelve a reírse de mí bajare y le arrancaré la nariz de un mordisco! Aquello sonaba bastante divertido, pero nadie se atrevió a soltar ni una risita. Hablaba en voz muy alta. Todo lo que decía parecía un grito encerrado entre signos exclamativos (¡!). -¡Dentistas de todo el mundo se han quedado con la boca abierta al ver mi dentadura! –dijo- ¡Me han examinado en los mejores gabinetes de odontología del mundo, pero nadie ha sido capaz de explicar la causa de que sean tan fuertes! ¡Me han ofrecido grandes cantidades de dinero por prestarme como conejillo de indias, pero me gusta viajar, así que las rechacé! Cogió cuatro barras de acero, todas de unos treinta centímetros de largo, pero de diferentes grosores. Pidió voluntarios y cuatro hombres se apresuraron a subir al escenario. Dio a cada uno de ellos una barra y les pidió que intentaran doblarlas. Pusieron todo su empeño, pero no lo consiguieron. Cuando se dieron por vencidos, ella cogió la barra más delgada, se la llevó a la boca y ¡la seccionó de un mordisco limpiamente! Devolvió las dos mitades a uno de los hombres. Él se la quedó mirando estupefacto, luego se llevó un extremo a la boca y probó a morder para asegurarse de que era acero auténtico. Sus aullidos de dolor al casi partirse los dientes fueron la mejor prueba de que, en efecto, se trataba de acero. Gertha hizo lo mismo con la segunda y tercera barras, cada una de las cuales era más gruesa que la anterior. En cuanto a la cuarta, la más gruesa de todas, la trituró como si fuera una tableta de chocolate.

1 el circo de los extraños  

Me llamo Darren Shan. Soy un ''vampiro a medias''. No nací así. Antes era normal. Me gustaba leer historias de terror y ver pelis de miedo....

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