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Me pregunté dónde estaría la flauta y cómo se las arreglaría ahora para dominar a la araña. Entonces apareció míster Alto con otra flauta. No tocaba tan bien como míster Crepsley, pero sí lo bastante como para que Madam Octa se diera por enterada. Ella se paró a escuchar, y luego pasó de un lado a otro de la boca de míster Crepsley. Al principio no sabía lo que estaba haciendo, así que estiré el cuello para ver mejor. Al ver los retazos de blanco en los labios de míster Crepsley lo entendí: ¡estaba tejiendo una telaraña! Cuando hubo terminado, se dejó caer desde el mentón, como había hecho antes. Una telaraña grande y tupida ocupaba la boca de míster Crepsley. ¡Y empezó a lamerla y masticarla! Se la comió toda, luego se acarició la tripa (con mucho cuidado de no tocar a Madam Octa) y dijo: -Delicioso. No hay nada más sabroso que una buena telaraña recién hecha. En el lugar del que procedo son un manjar. Hizo que Madam Octa jugara encima de la mesa con una pelota, y hasta que se sostuviera en equilibrio sobre ella. Luego dispuso diminutos aparatos de gimnasia, pesas en miniatura, cuerdas y anillas, y le hizo hacer ejercicios con ellas. Era capaz de hacerlo todo con la misma destreza que un ser humano: levantar pesar, trepar por la cuerda y colgarse de las anillas. A continuación sacó una minúscula cena esmeradamente servida. Había platos, cuchillos y tenedores diminutos, así como vasos chiquititos. Los platos estaban llenos de moscas muertas y otros pequeños insectos. No sé qué era lo que contenían los vasos. Madam Octa tomó su cena con una pulcritud admirable. Era perfectamente capaz de coger los cubiertos –cuatro cuchillos y tenedores a la vez- y comer con ellos. ¡Tenía hasta un falso salero con el que sazonó uno de los platos! Creo que fue cuando bebía del vaso cuando decidí que Madam Octa era la mascota más extraordinaria que hubiera visto nunca. Habría dado cualquier cosa por poseerla. Sabía que era imposible –mamá y papá no me dejarían tenerla aun en el caso de que pudiera comprarla-, pero eso no evitaba que lo deseara con todas mis fuerzas. Al terminar su número, míster Crepsley volvió a meter a la araña en su caja y saludó con una inclinación a un público enfervorecido. Oí decir a alguien que era injusto haber matado a la pobre cabra, pero había sido sensacional. Me giré hacia Steve para comentarle lo extraordinaria que me había parecido la araña, pero él observaba fijamente a míster Crepsley. Ya no parecía asustado, pero tampoco tenía un aspecto del todo normal. -Steve, ¿qué te pasa? –pregunté. No respondió. -¿Steve? -¡Shhh! –musitó, y no pronunció ni una palabra hasta que míster Crepsley se hubo ido. Observó atentamente cómo aquel hombre de aspecto extravagante desaparecía entre bambalinas. Luego se volvió hacia mí y balbució: -¡Es increíble! -¿La araña? –pregunté-. Ha sido fantástico. ¿Cómo crees tú que lo hace para...? -¡No estoy hablando de la araña! –me espetó- ¿A quién le importa un estúpido arácnido? Hablo de... de míster Crepsley. Se interrumpió un instante antes de pronunciar su nombre, como si hubiera estado a punto de llamarle de alguna otra forma. -¿Míster Crepsley? –pregunté, desconcertado-. ¿Qué tiene él de fantástico? Lo único que ha hecho es tocar la flauta. -Tú no lo entiendes –se impacientó Steve-. No sabes quién es en realidad. -¿Y tú sí lo sabes? –pregunté.

1 el circo de los extraños  

Me llamo Darren Shan. Soy un ''vampiro a medias''. No nací así. Antes era normal. Me gustaba leer historias de terror y ver pelis de miedo....

1 el circo de los extraños  

Me llamo Darren Shan. Soy un ''vampiro a medias''. No nací así. Antes era normal. Me gustaba leer historias de terror y ver pelis de miedo....

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