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CAPÍTULO CINCO A la mañana siguiente, Tommy, Alan y yo esperábamos a Steve junto a la puerta de entrada, pero aún no había dado señales de vida cuando sonó el timbre que marcaba el inicio de las clases y tuvimos que entrar. -Apuesto a que se ha quedado durmiendo –dijo Tommy-. No pudo conseguir las entradas y ahora no quiere dar la cara. -Steve no es así –dije. -Espero que me devuelva el cartel –dijo Alan-. Aunque no podamos ir, me gustaría tenerlo. Lo colgaría encima de la cama y... -¡No puedes tenerlo colgado, estúpido! –se rió Tommy. -¿Por qué no? –preguntó Alan. -Porque Tony lo vería –le dije. -Ah, claro –dijo Alan sombríamente. Lo pasé fatal en clase. Primero teníamos geografía, y cada vez que la señora Quinn me preguntaba algo, me equivocaba en la respuesta. Por regla general la geografía es el tema que mejor domino, porque aprendí mucho de eso cuando coleccionaba sellos. -¿Te acostaste tarde, Darren? –preguntó cuando respondí mal por quinta vez. -No, señora Quinn –mentí. -A mí me parece que sí –sonrió-. ¡Tienes más bolsas en los ojos de las que se puedan encontrar en todo el supermercado! Todos se echaron a reír, incluido yo mismo, a pesar de ser el blanco de la broma... La señora Quinn no solía hacer chistes. La mañana fue pasando penosamente, como cuando uno se siente sin ilusiones o decepcionado. Para pasar el rato, me puse a pensar en el espectáculo freak. Me autosugestioné hasta estar convencido de que yo era uno de los freaks; el dueño del circo era un tipo horrible que los azotaba a todos, incluso cuando hacían bien su papel. Todos los freaks le odiaban, pero era tan corpulento y malvado que nadie decía nada. Hasta que un día empezó a azotarme a mí con demasiada frecuencia, ¡y yo me convertía en lobo y le arrancaba la cabeza de un mordisco! Todo el mundo se alegraba y quería que yo fuera el nuevo dueño. Era una historia demasiado buena para soñar despierto. Entonces, pocos minutos antes del descanso, se abrió la puerta y... adivina quién entró por ella: ¡Steve! Detrás de él iba su madre, que le dijo algo a la señora Quinn, quien por su parte asintió con una sonrisa. Luego la señora Leonard se marchó y Steve caminó con desgana hasta su sitio y se sentó. -¿Dónde te habías metido? –susurré furioso. -He ido al dentista –dijo-. Olvidé avisaros de que tenía que ir. -¿Qué ha pasado con...? -Ya basta, Darren –dijo la señora Quinn. Me callé al instante. En el recreo, Tommy, Alan y yo casi asfixiamos a Steve. Los tres le gritábamos y tirábamos de él al mismo tiempo. -¿Has conseguido las entradas? –pregunté yo.

1 el circo de los extraños  

Me llamo Darren Shan. Soy un ''vampiro a medias''. No nací así. Antes era normal. Me gustaba leer historias de terror y ver pelis de miedo....

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