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Subí de un salto a una de las lápidas más altas y me quedé mirando la ciudad. No veía gran cosa desde allí, pero aquélla iba a ser la última vez que pudiera echarle un vistazo al lugar en el que había nacido y vivido, así que me tomé mi tiempo, con la sensación de que hasta el último callejón oscuro era como un lujoso cul-de sac, todos los destartalados bungalows como el palacio de un jeque, cada edificio de dos pisos como un rascacielos. -Te acostumbrarás a la idea de haberte marchado con el tiempo –dijo míster Crepsley. Estaba de pie sobre otra lápida detrás de mí, encaramado a poco más que un hilo de aire. Su expresión era lúgubre. -Los vampiros siempre están diciendo adiós. Nunca se quedan demasiado tiempo en ningún sitio. Continuamente debemos desarraigarnos y cambiar de vida. Es nuestro destino. -La primera vez, ¿es la más dura? –pregunté. -Sí –dijo, asintiendo-. Pero nunca resulta fácil. -¿Y cuánto tiempo pasará hasta que me acostumbre? –quise saber. -Quizá unas pocas décadas –dijo-. Quizá más. ¡Décadas! Lo decía como si estuviera hablando de meses. -¿Nunca podemos hacer amigos? –pregunté- ¿Nunca podemos tener casa, ni esposa, ni familia? -No –suspiró-. Nunca. -¿No es una vida un poco solitaria? –pregunté. -Terriblemente solitaria –admitió. Yo asentí tristemente. Por lo menos estaba siendo honesto. Como ya he dicho, siempre prefiero la verdad –por desagradable que ésta pueda ser- a una mentira. Con la verdad, uno sabe el terreno que pisa. -Vale –dije, bajando de un salto-, estoy listo. Cogí mi bolsa y le sacudí el polvo del camposanto. -Puedes montar detrás de mí si quieres –se ofreció míster Crepsley. -No, gracias –repliqué educadamente-. Quizá más tarde, pero de momento prefiero andar, a ver si consigo desentumecer antes las piernas. -Muy bien –dijo. Me froté el estómago y oí cómo me sonaban las tripas. -No he comido nada desde el domingo –le dije-. Tengo hambre. -Yo también –dijo él. Luego me cogió de la mano y sonrió sanguinariamente-. Vamos a “comer”. Respiré hondo e intenté no pensar en qué consistiría el menú. Asentí nerviosamente y le apreté la mano. Dimos media vuelta y dejamos atrás las tumbas. Luego, uno junto al otro, el vampiro y su aprendiz, echamos a andar... ...adentrándonos en la oscuridad. CONTINUARÁ...

1 el circo de los extraños  

Me llamo Darren Shan. Soy un ''vampiro a medias''. No nací así. Antes era normal. Me gustaba leer historias de terror y ver pelis de miedo....

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