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CAPÍTULO TREINTA Y DOS -Si te mueves un solo milímetro –me advirtió mi atacante-, te atravesaré con esto sin pestañear. Esas palabras no me sobrecogieron tanto como constatar a quién pertenecía la familiar voz que las había pronunciado. -¡Steve! –balbuceé, recorriendo con la mirada desde la punta de la estaca hasta el rostro de Steve. Era él, sin duda, intentando parecer valiente, pero en realidad bastante aterrorizado. -Steve, ¿pero qué...? –empecé a decir, pero me atacó aguijoneándome con la estaca. -¡Ni una palabra! –siseó, agazapado tras la columna de piedra-. No quiero que nos oiga tu “amigo”. -¿Mi...? ¡Ah!, te refieres a míster Crepsley –dije. -Larten Crepsley, Vur Horston –dijo con desprecio Steve-. Da igual cómo le llames. Es un vampiro. Eso es lo único que me preocupa. -¿Qué estás haciendo aquí? –susurré. -Caza de vampiros –masculló, pinchándome de nuevo con la estaca-. Y, ¡mira!: parece que he encontrado dos. -Escucha –dije, más molesto que preocupado (si hubiera querido matarme, lo habría hecho de inmediato, no sentándose primero a charlar un rato, como pasa en las películas)-, si vas a clavarme esa cosa, hazlo. Si lo que quieres es hablar, suéltala. Ya tengo bastantes heridas como para que encima tengas que venir tú a hacerme más agujeros. Me miró atentamente, luego apartó la estaca unos centímetros. -¿Qué haces aquí? –pregunté-. ¿Cómo has averiguado el camino? -Te he seguido –dijo él-. Te seguí todo el fin de semana, después de ver lo que le hiciste a Alan. Vi a Crepsley entrando en tu casa. Vi cómo te tiraba por la ventana. -¡Entonces el que entró a hurtadillas en el salón eras tú! –dije con voz entrecortada, recordando al misterioso visitante de la noche anterior. -Sí –asintió-. Los médicos se dieron demasiada prisa en firmar tu certificado de defunción. Quería comprobarlo personalmente, para ver si el corazón todavía te hacía tictac. -¿El pedazo de papel que me pusiste en la boca? –pregunté. -Papel de tornasol –dijo-. Cambia de color cuando lo colocas sobre una superficie húmeda. Cuando lo colocas sobre un cuerpo “vivo”. Eso y las marcas en los dedos me dieron la clave. -¿Sabes lo de las marcas en los dedos? –pregunté, asombrado. -He leído algo en un libro muy antiguo –dijo-. De hecho en el mismo libro en que encontré el retrato de Vur Horston. No mencionaban el tema en ningún otro sitio, así que pensé que no se trataba más que de otra leyenda relacionada con los vampiros. Pero entonces examiné tus dedos y... Se interrumpió y ladeó la cabeza. Noté que ya no se oía cavar. Por un instante se hizo el silencio. Entonces la voz de míster Crepsley siseó desde el otro lado del cementerio.

1 el circo de los extraños  

Me llamo Darren Shan. Soy un ''vampiro a medias''. No nací así. Antes era normal. Me gustaba leer historias de terror y ver pelis de miedo....

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