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CAPÍTULO VEINTINUEVE Pasé mi último fin de semana despidiéndome en silencio. Visité todos y cada uno de mis lugares favoritos: la biblioteca, la piscina, el cine, los parques, el estadio de fútbol. A algunos sitios fui con mamá o con papá, a otros con Alan Morris o Tommy Jones. Me hubiera gustado pasar un rato con Steve, pero no podía soportar la idea de enfrentarme a él. Tuve la sensación, con bastante frecuencia, de que alguien me seguía; notaba que se me erizaban los pelos de la nuca. Pero ninguna de las veces que me giré para comprobarlo conseguí ver a nadie. Finalmente, lo atribuí al nerviosismo y acabé por no hacer caso. Cada minuto pasado con mi familia o mis amigos me parecía especial. Prestaba mucha atención a sus rostros y sus voces, para no olvidarlos. Sabía que nunca volvería a ver a aquellas personas, y eso me desgarraba las entrañas, pero no había otro remedio. Ya no había vuelta atrás. Nada de lo que hicieran podía parecerme mal aquel fin de semana. Los besos de mamá no me abochornaban, las órdenes de papá no me molestaban, los estúpidos chistes de Alan ya no me incordiaban. Pasé más tiempo con Annie que con nadie. Era la persona a quien más iba a echar en falta. La llevé a caballito y la cogí en brazos para columpiarla, y la llevé al estadio de fútbol conmigo y con Tommy. ¡Hasta jugué con sus muñecas! A veces tenía ganas de llorar. Miraba a mamá o a papá, o a Annie, y me daba cuenta de hasta qué punto los quería, de lo vacía que estaría mi vida sin ellos. En esos momentos, tenía que girarme y respirar bien hondo. Hubo un par de veces en que eso no fue suficiente y tuve que marcharme a toda prisa para poder llorar en privado. Creo que intuían que algo no iba bien. Un sábado por la noche mamá vino a mi habitación y se quedó conmigo una eternidad, arropándome en la cama, contándome cosas, escuchándome hablar. Hacía años que no pasábamos tanto tiempo juntos de esa forma. Cuando se marchó, lamenté no haber disfrutado con ella de más noches como aquella. Por la mañana, papá me preguntó si había alguna cosa de la que quisiera hablar con él. Me dijo que era un chico en edad de crecimiento y que iba a experimentar muchos cambios en mi vida, que él sabría comprender bruscas alteraciones en mi estado de ánimo o el hecho de que quisiera independizarme si era el caso. Pero él siempre estaría allí dispuesto a escucharme. “¡Tú sí, pero seré yo quien no estará!”. Sentí ganas de llorar, pero permanecí en silencio, asentí con la cabeza y le di las gracias. Me comportaba lo mejor que podía. Quería que, por lo menos, al final, les quedara una buena impresión de mí, que me recordaran como a un buen hijo, un buen hermano, un buen amigo. No quería que nadie me tuviera en mal concepto una vez me hubiera ido. Aquel domingo papá iba a llevarnos a cenar a un restaurante, pero yo les pedí que nos quedáramos en casa. Aquella iba a ser nuestra última comida juntos, y quería que

1 el circo de los extraños  

Me llamo Darren Shan. Soy un ''vampiro a medias''. No nací así. Antes era normal. Me gustaba leer historias de terror y ver pelis de miedo....

1 el circo de los extraños  

Me llamo Darren Shan. Soy un ''vampiro a medias''. No nací así. Antes era normal. Me gustaba leer historias de terror y ver pelis de miedo....

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