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C贸mo sobrevivir al invierno europeo


“No existe el mal tiempo, sólo la ropa inadecuada” Un dicho popular en Europa dice “no existe el mal tiempo, solo la ropa inadecuada”. La frase cobra un peso extraordinario cuando se vive, la mitad del año, bajo temperaturas menores a los 12 ° C y con la amenaza regular de lluvias, nieblas y ventiscas. El clima europeo puede ser un problema para el viajero de clima templado, acostumbrado a vestir casual, con ropas de algodón y calzado deportivo o abierto, a veces. La bufanda de moda y el abrigo poco ayudan al turista que planifica explorar en los meses fríos las calles gélidas y mojadas de alguna ciudad europea. Si la meta es viajar sin llenar de abrigos pesados las maletas o regresar del viaje con una pulmonía, te ofrezco aquí algunos consejos sobre cómo disfrutar tu viaje sin volverte un esquimalito en el intento.

Muchos viajeros piensan que mientras más capas de ropa se pongan, más protegidos estarán del frío. La estrategia inspirada en la cebolla sólo funciona si las ropas son de materiales térmicos hechos para el frío. En el invierno, necesitarás ropa interior térmica o de materiales naturales como la lana de merino o el cachemir que mantienen el calor en el cuerpo y dejan respirar la piel, regulando así el sudor. Aunque su precio es elevado, sólo necesitarás una muda, ya que el material no se impregna con los olores. La segunda capa de ropa debe ser liviana para no hacerte sudar cuando visites lugares con calefacción, como el Metro o un museo. Una camisa o un suéter de cuello de tortuga combinados con un suéter liviano de lana son ideales.

En el otoño, el abrigo debe ser liviano en su peso y repeler el agua y el viento (softshell o windbreaker). Si el frío es invernal, elije una chamarra o un anorak, o un chaleco forrado de fleece o forro polar, relleno de plumas o hecho de piel o lana natural. El cuerpo pierde calor mayormente por la cabeza y sus extremidades. Una bufanda, un chal o un cuello pachón alrededor del cuello, combinados con guantes y gorro son indispensables y reducen la percepción del frío. Sobre todo, tapa tus orejas, ya que el viento húmedo favorece las infecciones.


El mismo principio debes usar al proteger tu cara y manos con una capa de crema humectante a base de vaselina o grasa. El frĂ­o y la humedad cuajan la piel, la grasa los repele y protege la piel.


Ya verás que la nieve cayendo sobre la Torre Eiffel te parecerá más romántica si la contemplas desde el cálido interior de un café.

Olvídate de la dieta y come lo que el cuerpo te pida, él mejor que nadie sabrá lo que te hace falta para funcionar bien durante tu viaje. Los pies son la herramienta del turista, así que presta atención a los calcetines y zapatos que usarás. Viste calcetas de lana natural y zapatos de piel cerrados al tobillo y cómodos para evitar que la humedad exterior o el sudor producido por un pie apretujado te empapen los pies. Si te toca viajar bajo un diluvio, impermeabiliza los zapatos con cera o con una capa generosa de betún, así no dejarás pasar tan rápido el agua.

Disfruta las pausas sabrosas

Mantén el tanque lleno.

Cuando hace frío, el cuerpo consume más energía para mantener tu temperatura estable. Este esfuerzo, sumado a la actividad, te debilitará rápidamente. La afición europea por la repostería y los dulces encuentra en los meses fríos su mejor argumento. En esta temporada, los chocolates, los bizcochos o cualquier otra delicia que puedas consumir durante tu exploración turística te ayudarán a recargar tu tanque de energía.

sopas y guisos a base de verduras, repollo y carne, alimentos que tardan en digerirse y que son altos en grasa y carbohidratos. Presta también atención al desayuno, éste debe incluir cereales y algo de frutas para reforzar con vitaminas y fibras el sistema inmunológico. Además, antes de viajar, visita la playa y toma el sol. La vitamina D que absorbemos parcialmente gracias a la radiación ultravioleta (UV), te hará falta en los días oscuros del invierno europeo. Su déficit provoca cansancio y debilita los huesos.

•Diseño: Jessica Juárez Campos •

En la dieta invernal europea abundan las

Cafés, bares, salones de té, reposterías, panaderías y chocolaterías... La lista de lugares en donde refugiarte del frío y disfrutar de una rica pausa en el Viejo Continente es inmensa. En cada museo o centro cultural, en cada barrio y hasta en las catacumbas de los subterráneos encontrarás un rincón gastronómico y cálido donde refugiarte y descansar. Separa tiempo en tu agenda para reposar, sobre todo antes de que el frío provoque que dejes de sentir los dedos de los pies, que las rodillas te duelan o que tus orejas y manos adquieran la rigidez del hielo. Una pausa ante un café au lait, un chocolate con crema o chorizos para picar te devolverá el ánimo y la sangre a los pies. Evita ingerir bebidas alcohólicas y fumar. El vodka puede ser un remedio ruso contra el frío, pero sólo ofrece una “sensación” de calor. En realidad, el alcohol es un vasodilatador, es decir, dilata los vasos sanguíneos y provoca la pérdida de temperatura corporal cuando hace frío. La nicotina, junto a las otras sustancias dañinas del tabaco, debilitan los pulmones y los hace propensos a las infecciones.

Revisa el hotel y prepárate para la noche

Si viajas por regiones mediterráneas, es probable que te encuentres con hoteles que no tienen calefacción central. Ante el frío extremo, éstos suelen colocar estufillas eléctricas o de gas en las habitaciones. Asegúrate de preguntar cómo funcionan, las de gas no están libres de riesgo. Tampoco las cubras con ropa para secar, un olvido puede provocar un incendio. Si puedes, elije hoteles con calefacción central, aunque sean un poco más caros. Al ir a dormir, desconecta la calefacción y deja entrar por dos minutos aire fresco a la habitación. El aire seco que produce la calefacción puede provocar dolores de garganta y catarros. Si eres friolento, pide mantas adicionales y usa calcetas frescas para dormir. Por último, recuerda que si durante el día hizo frío, en la noche la temperatura bajará aún más. Si no quieres perder el glamour o regresar enfermo por salir a disfrutar de la helada noche europea, empaca un ajuar térmico nocturno y evita pasar mucho tiempo a la intemperie. •


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