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2015 El arte de escribir

FEA-2015 Dirección Regional de Educación de Pérez Zeledón

Asesoría regional de Español Cuentos de estudiantes que obtuvieron el primer lugar en los festivales circuitales


Tabla de contenido Yo me apunto a proteger la naturaleza ....................................................................................... 2 Estoy bien................................................................................................................................. 4 El Héroe Toto ............................................................................................................................ 9 Alma de Cartón ........................................................................................................................12 ISMAEL ....................................................................................................................................17 “Nosotros apuntadísimos” ........................................................................................................21 LA ESCUELA DEL BOSQUE..........................................................................................................23 PERSIGUIENDO LOS SUEÑOS .....................................................................................................25 UN DESEO PARA MI FUTURO.....................................................................................................27 El niño que logró sus metas.......................................................................................................30 Yo me apunto a darles centros para entender mejor la materia. .................................................32 El sueño...................................................................................................................................33 Vida Colegial. ...........................................................................................................................36 El sueño de Lorena ...................................................................................................................39 Educación sin límites ................................................................................................................43 El Estudiante Aplicado. .............................................................................................................45


Yo me apunto a proteger la naturaleza Había una vez un hada llamada Valentina, que vivía en el bosque encantado junto a otros mágicos y hermosos seres, con los que compartía divertidas aventuras, todos se querían y se cuidaban como una gran familia. El pasatiempo favorito de Valentina era sentarse junto a la cascada de colores y mientras escuchaba el canto de las aves, contemplaba las nubes e imaginaba que eran grandes dragones o pequeños y tiernos conejitos o ricas frambuesas…de esta manera pasaba las tardes enteras imaginando y disfrutando todo lo hermoso de la naturaleza. Un día mientras ayudaba a una pajarita a recolectar ramitas para construir su nido, se encontró con una llave dorada que brillaba como el Sol, siendo Valentina tan curiosa se fue de inmediato a buscar al viejo venado, que todo lo sabía, para preguntarle qué era y de dónde había salido ese maravilloso objeto, pues en el bosque encantado nunca ningún humano había entrado, tampoco ningún habitante del bosque había salido de él, porque se decía que el encuentro con algún humano era terrible y significaría el fin del bosque. El gran venado se sorprendió al ver la llave que le mostró Valentina. Hacía muchos años, cuando los humanos cuidaban y valoraban la naturaleza, todos compartían y vivían en armonía. El rey Eduard había hecho un pacto con todos los seres del bosque encantado, en donde se comprometía a que esta armonía sería para siempre. Pero con el tiempo y al morir el rey esta alianza se rompió, pues las personas se interesaron más por lo material y de esta manera empezaron a destruir la naturaleza, debido a esto los grandes árboles del bosque decidieron unirse formando una gran barrera que impedía que saliera o entrara cualquier cosa al bosque. El venado también le dijo a Valentina que esa llave era de un cofre que contenía una esfera de cristal, pero no era una esfera común, ésta les mostraría a las personas el verdadero sentido de la alianza que hacía mucho tiempo había existido entre la humanidad y la naturaleza. El problema sería encontrar el cofre, pues el rey Eduard lo había ocultado en una cueva de la cima más alta del bosque. Valentina, quien tenía ese nombre por ser el hada más valiente, decidió emprender el viaje en busca del cofre, aunque esto significara poder en peligro su propia vida, nada la haría más feliz que volver a formar la alianza que alguna vez existió.


Después de un largo y atormentado viaje, encontró el cofre, el cual se conservaba en perfectas condiciones, con la ayuda del Halcón Mayor logró llevarlo hasta el sabio venado, quien después de las súplicas de Valentina aceptó hablar con el nuevo rey y proponerle una nueva alianza. El venado le mostró al rey la esfera de cristal y pudo observar cómo acabaría la Tierra si el ser humano continuaba contaminándola, el rey entró en razón y se preocupó, él no deseaba que esto ocurriera, pues era un rey muy bondadoso. Estuvo de acuerdo en volver a formar la alianza con los seres del bosque encantado y luchar porque todo volviera a ser como antes. A partir de este momento todas las personas cambiaron sus costumbres y comenzaron a cuidar más el medio ambiente, todos se unieron y lograron recuperar todo lo que habían destruido y así se mantuvieron de generación en generación. Desde ese momento Valentina tenía un dicho “Yo me apunto a proteger la naturaleza”.

Ximena Salazar Solís. Sección: 4-3.


Estoy bien La habitación cerrada, las cortinas sueltas, un suave olor a vainilla y un cuchillo esperándome sobre mi cama. Todo parecía estar listo. Me senté sobre la cama y tomé el cuchillo entre mis manos. No es que tuviera una mala vida, tampoco estaba pasando por un mal momento; simplemente no le hallaba sentido a todo aquello que llamaban “vida”. Dejé que el cuchillo se paseara sobre mi brazo izquierdo y pronto apliqué fuerza, haciendo un delgado corte. Repetí el proceso varias veces en el mismo lugar y de la herida comenzaron a salir algunas gotas carmesí, aunque no era nada grave. Observé un momento aquella nueva marca en mi brazo y guardé el cuchillo en el fondo de un cajón bajo llave. Me hubiese gustado hacer más cortes, pero mañana tenía clases y no podía quedarme más rato despierta. Mi nombre es Mara y este año mis padres han decidido cambiarme de un colegio público a uno privado. Como el instituto es un poco caro y no muchos pueden pagar la mensualidad, pasé de ser parte de una sección de 40 estudiantes a tener 11 compañeros. Ya llevo cuatro meses aquí, por lo que he entablado una pequeña amistad con la mayoría de mis compañeros, aunque aún me siento apartada de su grupo. No es como si realmente me importara, pero admito que hace que mi estancia en el colegio no sea tan agradable como pienso debería ser. —¿Por qué siempre llevas esa manga en tu brazo? —Preguntó Luz, la chica que suele sentarse a mi lado, en el momento en el que sonó la campana para el recreo. Suspiré al escucharla y di la misma respuesta de siempre: —No lo sé, me gusta tenerla. Se ve bien. Luz se encogió de hombros y abrió un grueso libro que llevaba tiempo leyendo. Bufé, algo aburrida. Detestaba esta rutina. Salí del aula con la intención de comprarme algo en la cafetería, aunque alguien me tomó del brazo, deteniéndome.


—Ey, Mara —se trataba de Celia, una de mis compañeras—, mañana en la noche saldremos en grupo, quería saber si te gustaría ir con nosotros. —Me parece bien, solo dime el lugar y estaré ahí. —Perfecto —ella sonrió—. Te avisaré hoy en la tarde. Justo como ella había dicho, esa misma tarde me llegó un mensaje de Celia diciéndome el lugar y la hora. Querían ir a un bar. No me molestó en absoluto la propuesta. Supongo que hacer algo nuevo podría ayudar a alegrarme un poco. Dejé el celular de lado y cerré las cortinas de la habitación. Encendí una vela aromática de vainilla y me senté sobre la cama, al lado de aquel cuchillo que había estado a mi lado los últimos meses. Comencé con un pequeño corte cerca de la vena de mi muñeca. No sabía muy bien por qué, pero me encantaba ver la sangre brotar de mi piel y sentir el dolor de la cortada combinados con aquel delicioso aroma a vainilla. Sé que muchos dirían algo como “es demasiado rara, está loca”; pero no lo estoy. En mi mundo, ellos son los raros.

Me vi al espejo una última vez antes de tomar mi bolso y me dirigí a la puerta principal. No tuve que pedir permiso para salir ni nada parecido, mis padres difícilmente estaban en casa por lo que siempre había tenido la libertad de salir cuando quisiera, aunque nunca la aproveché. Tomé un taxi y me encaminé al lugar de encuentro. En una situación así he de suponer que las adolescentes pueden llegar a sentirse emocionadas o nerviosas por todo ese asunto de salir con gente nueva; conmigo era lo contrario. No sentía nada más que ganas de comer algo. — ¡Qué bueno que estés aquí! —exclamó Celia, al verme llegar—. Por un momento pensé que quizá no vendrías. No respondí ante eso, solo sonreí. En la mesa estaban casi todos mis compañeros (8, para ser exactos), cada uno con una cerveza en su mano.


No fue un rato tan interesante como esperada, por lo que omitiré detalles. Solo diré que escuché algunas burlas por no pedir nada con contenido alcohólico, mas no dije nada al respecto. Solo me quedé callada con mi té frío. Luego de un par de horas salimos del bar. Inmediatamente nos dirigimos a una licorera cercana, donde compraron aún más cervezas y algunos cigarros. Al salir de ahí, una brisa fresca me golpeó suavemente. Levanté la vista y vi aquel oscuro cielo adornado con algunas nubes. Nunca había podido disfrutar de un paisaje parecido, a estas horas usualmente estaba dentro de mi habitación detestando el mundo que me rodeaba, por lo que ver aquello por primera vez me dio una extraña sensación de deleite. —Creo que esta ha sido la noche más interesante que he tenido —comenté, cuando encontramos un lugar donde sentarnos tranquilamente. — ¿Es en serio? —Celia rio, algo burlona—. Tú no has vivido… Fruncí el ceño, algo extrañada. ¿Esto era vida para ellos? Pues, si a sus 16 años el beber y fumar como si no hubiese un mañana les hacía sentirse vivos, no los critico. Mientras no hagan daño a nadie más, por mí no hay problema. Solo que no lo entiendo, no entiendo la alegría ni el placer de hacer estas cosas… Seguro por eso me corto. Es lo único que me hace sentirme viva, que me llena, que hace que me dé cuenta que estoy aquí, existiendo, respirando, resistiendo. Dudo que alguien más lo entienda, por eso se preocupan al ver las heridas en mi brazo. Pero no deberían hacerlo, no quiero suicidarme, no aún, no tengo el valor de hacerlo. Pasaron algunos meses desde que salí con ellos por primera vez. Cada fin de semana me invitaban a acompañarlos y yo con gusto iba a verlos atontarse con aquellas bebidas. Llegué a probar algunas, dejaban un ardor extraño en la garganta, aunque era una sensación agradable. Sin embargo, nunca se convirtió en un vicio. Hasta que llegó ese punto en el que todo se volvía monótono y aburrido de nuevo, en el que no le hallaba sentido alguno a las acciones cometidas por los humanos. Pensé entonces que siempre terminaría aburriéndome de las cosas, que mi destino no sería otro que detestar cada vez más lo que hacía, por lo que esa tarde finalmente me decidí.


Cerré la puerta y encendí esa adictiva vela aromática de vainilla. Limpié la sangre seca del cuchillo y me arreglé. No estaba muy segura de por qué esto último, pero lo hice, y escogí el vestido más elegante que tenía. Sí, lo sabía mejor que nadie. Tengo toda una vida por delante, sueño y metas qué cumplir, gente nueva por conocer y muchas cosas por ver… Pero ¡por favor! ¿Qué soy yo?, sino otra persona más del millón. También sabía mejor que nadie que era joven, bastante joven; pero, después de todo, en algún momento debía morir, ¿no? Entonces ¿qué tiene de malo adelantar la muerte?, ¿por qué no darle la bienvenida al ser de capa negra?, ¿por qué no ser yo quien escoja el fin de mis días? Todo ese plan de las personas de estudiar, casarse y tener hijos para mí no tenía sentido alguno. ¿Cuál era el fin de todo eso? ¿Para qué esforzarme en “ser feliz” y “hacer a alguien más feliz” si en unos años ya nadie recordaría si quiera que existí? Todo ese trabajo que tendría que hacer no evitaría que la Muerte viniese por mí, ¿cierto? Entonces era inútil. Me preparé para acabar con toda esa basura y posé el cuchillo sobre mi brazo. Pensé que quizá algo adictivo para los humanos eran las nuevas emociones, las nuevas experiencias, y aún más lo era encontrar aquello que te hiciera sentir cosas inusuales; como me pasó a mí, la primera vez que me corté. Fue maravilloso. En ese instante entonces recordé la primera vez que admiré el cielo estrellado. Dejé el cuchillo de lado y me dirigí a la ventana, abriéndola de inmediato. Nuevamente me encontré con el cielo despejado, la Luna reluciendo y las estrellas brillando. Aquella vista era demasiado hermosa. Decidí cumplir con mi objetivo luego de disfrutar una última vez de aquello. Salí de mi casa e inmediatamente sentí la fría brisa abrazándome, cosa que me hizo sonreír. Caminé por la acera sin desvanecer aquella curvatura de mis labios. Era bastante tarde, por lo que no había nadie más que yo fuera de la cama en ese momento. No era como si me importara, ciertamente era lo que menos me interesaba. Aquella sensación… ¡No podía creerlo! No era algo que podía expresar con palabras. Me sentía viva, libre, alegre. Era como una especie de droga, una provocada por el frío, el silencio, la luz de luna, la paz, la libertad…


Quizá no necesitaba hacerlo, no necesitaba acabar con mi corta vida. Tal vez primero debía descubrir todas esas drogas que están allá afuera, esperando a que algún pobre humano se detenga a admirarlas. Sí, eso debía hacer, eso era lo que le daría la razón a la vida, a mi vida. Estaba segura de que no llegaría jamás a aburrirme de admirar el máximo esplendor de la belleza de la naturaleza. Fue una pena que, al pasar frente un oscuro callejón, haya tenido que escuchar un disparo. La bala fue directo a mi cabeza, lo sé porque justo en el momento de escuchar el tiro todo se volvió negro, sombrío y lúgubre. ¡Qué lástima! Me hubiese gustado darme cuenta de la belleza del mundo mucho antes.

Autora: Melina Valdez. Colegio Del Valle.


El Héroe Toto En el centro de un enorme Bosque, había una Gran escuela para aves localizada en lo alto de un Enorme Roble tan Grande que Él solo semejaba una verde y oscura montaña. A esa escuela iba un pajarito muy inteligente y valiente al que le gustaba mucho cuidar el ambiente, este pajarito se llamaba Toto. Un día Toto iba volando cerca de la escuela y vio una basura tirada en un corredor, él le dijo a un pájaro que iba pasando por ahí que la juntara; pero él le respondió que esa basura no era suya y por eso no la juntaba, Toto la junto y la echo en el basurero adecuado; pero se fue a su casa muy triste. Al llegar a su hogar Toto le preguntó a su madre ¿Qué podría hacer? para que sus compañeros entendieran que tirar basura no era bueno, su madre le dijo que intentara razonar con ellos. Al día siguiente Toto reunió a todos sus compañeros y compañeras y les propuso que no tiraran basura, que la recogieran para que su escuela estuviera limpia, nadie le puso atención, todos lo rechazaron con una enorme sonrisa de burla , todos menos una pajarita muy agradable llamada Margarita quien le dijo que lo ayudaría. Ese día Toto y Margarita salieron de la escuela y se dirigieron hacia la casa de Toto, ahí Margarita le contó que ella tenía una abuelita que conocía a un pájaro sabio quien los podría aconsejar para saber qué hacer. Las dos avecillas se dirigieron hacia donde la abuela de Margarita y ella les dijo que el pájaro sabio estaba en la cumbre de la montaña más alta y que para llegar a ella tendrían que ser muy valientes. Los dos empezaron a volar y volar hacia la montaña, después de un largo rato por fin llegaron pero no veían nada hasta que empezaron a ver una casa que era muy extraña parecía tenebrosa, pero al entrar descubrieron que en el interior era una hermosísima casa, y ahí estaba el sabio junto a una reluciente chimenea contemplando como se encendía una maravillosa luz que se semejaba a un brillante sol. El sabio al ver a los visitantes tan cansados que no paraban de jadear les preguntó ¿En qué puedo ayudarles? Y ellos le respondieron con un hilo de voz, ya que casi no les salía por lo cansados que estaban, venimos desde muy lejos para pedir su consejo, porque en nuestra escuela tenemos un problema. ¿Y cuál es ese problema? En la escuela los compañeros y compañeras no recogen la basura y la tiran por todas partes ya no sabemos qué hacer, solo Margarita y yo la recogemos y no damos a vasto, hemos tratado de conversar con ellos , pero se


burlan y no hacen caso. El sabio se quedó por un momento en silencio y luego saco de su saquito mágico un paquete tito pequeño con un polvito mágico y les dijo: --Tomen este polvito y no recojan la basura por lo menos durante tres días y al tercer día después que terminan las clases esparcen todo el polvito frente a la escuela y al día siguiente traten de llegar después de que hayan legado todos, no me fallen hagan todo como les he dicho.

Margarita y Toto iban muy felices de regreso a su escuela, ya que creían en aquel sabio y por eso pensaban hacer todo lo que les había indicado. Y así llegaron a la escuela y no recogieron basura durante tres días y al tercer día hicieron lo que el sabio les había dicho y se fueron tranquilos para sus casas. Al día siguiente no podían creer lo que estaban mirando todos los compañeros y compañeras lloraban y se lamentaban al ver que la escuela estaba totalmente cubierta de basura , no quedaba ningún espacio para entrar y además el terrible olor casi no los dejaba respirar y también habían grandes nubes de moscas, todo era como un gran desierto de basura sin árboles ni flores, todos tenían miedo, ya que, era un lugar espeluznante. No quedaba ni rastros de su apreciada escuelita. Entonces Toto se subió a la parte más alta y hablo lo más fuerte que pudo y Preguntó ¿Les gusta tener una escuela así? .A lo que todos respondieron a coro ¡Noooooooooooo! Estamos arrepentidos de no haber hecho caso cuando ustedes nos hablaron. . Toto se dio cuento que estaban diciendo la verdad, entonces les conto de su viaje con Margarita a donde el sabio y que lo que observaban era un acto de magia, pero que podía hacerse realidad. Entonces todos los pájaros decidieron hacer grupos de trabajo para recoger la basura y los desechos y así evitar que la escuela se volviera un basurero, cuando los pájaros terminaron de hacer los grupos, la basura y los desechos que cubrían la escuela fueron desapareciendo y a la vez aparecían muchos pajaritos y flores que desprendían ricos aromas, que hacia juego con las dulces melodías de las avecillas recién llegadas. ¡Y saben de dónde venían …! El polvito mágico que les había dado el sabio en realidad eran pajaritos y flores de todos los colores que ahora serían huéspedes de la escuelita como regalo del sabio a Toto y Margarita.

Al día siguiente cuando todos llegaron a la escuela y pudieron ver tantas avecillas y tantas flores multicolores, decidieron festejar a Toto y darle el título de Héroe, porque estaban seguros que la belleza que poseía la escuela ahora era producto


de la valentĂ­a de Toto . Y desde ese dĂ­a la Gran Escuela del Enorme Roble siempre estuvo limpia y muy feliz

Autor: Allan Venegas Mora Escuela Quebrada Vueltas.


Alma de Cartón Carry S. Canille. Su nombre era Sebastian Mermello. Sebastián fue la denominación que le fue otorgada por su madre desde el día en el que en un catre viejo y maloliente dio el primer y desgarrador suspiro de vida, que arrancó de sus pulmones un llanto potente y agudo; el primer dolor experimentado antes de comenzar aquel pedregoso y complicado sendero que sería la vida. Mermello le fue dado simplemente el tiempo, y la necesidad de tener un apellido para ser catalogado como "alguien", incluso en ese bajo y pestilente mundo en el que nació, un nombre y apellido se convertían en una necesidad más, algo imprescindible agregado a la extensa lista de todo lo que necesitaba para vivir decentemente, escrita en papel arrugado y amarillento. Sin embargo, no contaba con más que unos cuantos harapos manchados, un cuerpo flacucho y descuidado, y un alma marchita que pesaba como el concreto, incluso para caminar. Creció junto a seis niños más; posiblemente amamantado por el seno de cualquier otra prostituta, durante las horas que su madre estuviera rompiendo las caderas por llevar el mísero sustento que los mantenía apenas respirando. En aquella mugrienta taberna, el principal objetivo de los que ahí se reunían era beber licor, comer como cerdos y fornicar; satisfacer los más mundanos deseos, sin reglas de moralidad o ataduras que impidieran cometer las sucias y más bajas libertades que ofrecía el mundo. En ese mismo lugar vivían las prostitutas, que ofrecían sus servicios por algunas míseras monedas. De entre todos los mugrientos y tristes niños, Sebastian era reconocido casi de inmediato por los ojos azules con los que fue bendecido -Probablemente la única bendición derramada sobre él-, también era un poco más resistente que los demás pequeños. Habían pasado siete años de su nacimiento y de seis criaturas solo quedaban tres, al cumplir los once años, el único que permanecía de pie, aunque con las piernas temblorosas, era ese endeble mocoso de orbes celestes, aquel que con el menor soplo del viento podía ser derribado con facilidad, como una frágil hoja de papel. Y transcurrieron los meses y los pocos que lo conocían sabían que al niño en cualquier momento le caerían los zopilotes o se lo comerían los gusanos... Era lo más probable, tomando en cuenta las condiciones en las que vivía y su estado de salud; ojeras obscuras, el cabello negro y tieso, desaliñado hasta los hombros, los brazos lánguidos y la desnutrición reflejada en la piel sucia y pálida, era casi un muerto viviente. Pero cuando se creyó que el asunto no podía ser peor, su madre contrajo una destructiva enfermedad.


Aquel día funesto y nublado, un hombre de ojos celestinos entró a la taberna abriendo la puerta de golpe, haciendo las paredes temblar por el impacto y el ambiente obscurecerse ante su presencia; no pidió un trago, ni nada para comer, sin perder el tiempo se dirigió a las habitaciones, a una en específico. Entró a la habitación maloliente a carne podrida, vio una única cama vieja, y en ella, un cadáver con la piel pegada a los huesos, aquel hombre de expresión inquebrantable ni se inmutó, dirigió la gélida mirada a la esquina de la habitación, donde con las rodillas juntas al pecho y queriendo protegerse del mundo, yacía aquel pobre y desdichado niño, recién huérfano. A aquel individuo, lo único que le quedó de aquella precipitada visita fue un olor a peste acumulado en las fosas nasales, la factura para el pago del entierro de una prostituta y un crío medio muerto, mugriento hasta las orejas. Nadie sabía exactamente lo que pasaba por la cabeza de aquella persona cuando salió de la habitación hedionda a muerto, casi arrastrando del holgado camisón a un niño de baja estatura y flacucho, que no superaba los once años y que no tenía ni un centímetro de piel libre de pegajosa suciedad. Posiblemente no podía dejar un alma de por si, ya miserable morir en medio del frío, junto a la soledad, tristeza y olor que desprendía el cuerpo de su madre marchita, o simplemente por un impulso propio, dirigido por algo más fuerte que la lástima... la sangre; fuera como fuera, el niño no emitía palabra alguna y el sujeto era una maraña de misterios. En la misma taberna, el mayor de orbes celestinos le dio al niño un vaso de agua y un bollo de pan duro, al menos para que acariciara el estómago y pudiera sobrevivir a esa noche sin vomitar por una comida pesada. El chiquillo comía casi sin detenerse, bocado tras bocado, atragantándose con el pan y bajándolo con agua, atenuaba levemente el hambre desgarradora que le carcomía el estómago; las gruesas palabras nacieron de las tensas cuerdas vocales de la persona que lo estaba viendo. — ¿Cuál es tu nombre? —Sebastian—respondió. De inmediato hizo pasar la dura consistencia del pan por su esófago. Y esa fue la corta conversación que intercambiaron. Los meses siguientes, Sebastian pasó por un intenso proceso de "rehabilitación", al principio fue con comidas ligeras y poco a poco la ración fue aumentando, hasta poder comer con normalidad; le cortaron el cabello y lo bañaron hasta casi raspar la piel, aprendió a hacerlo todos los día y a no desperdiciar la comida, pudo vivir en una casa más decente, sin embargo, aquel hombre de retinas azuladas no planeaba adoptarlo, no, simplemente lo levantaría de la miseria y le enseñaría a sobrevivir. "Sobrevivir" —¡No me molestes engendro!—Y un puño impactó contra la quijada. Diecisiete años, y a pesar de que su vida había mejorado un poco, seguía viviendo en barrios bajos, delincuencia, homicidios, prostitución y robos seguían siendo parte de su día a día y el tenía que sobrevivir a ello. Otro puñetazo, la cabeza del comerciante palpitó adolorida, otro más y cayó de espaldas en el suelo áspero y cuando el joven extrajo la cuchilla de su pantalón y rozó el filo con el suave cuello de aquel señor de clase alta, el tiempo se detuvo expectante. Había bajado a ese barrio para quitarse las ganas con alguna "Mujer de ambiente", sin embargo, antes de siquiera llegar al lugar fue interceptado por


Sebastian; cabello obscuro brillante y recortado y los ojos celestes contrastando con la piel pulcra y limpia, apenas interrumpida por cicatrices de pruebas pasadas. —¡Dame el dinero!—No muy lejos de allí, la mirada fría y afilada del hombre que lo había sacado de la porquería de aquella taberna, asintió para si mismo, el chico podía continuar por su cuenta, podía defenderse, podía vivir sólo. Se dio la vuelta y poco a poco se fue de allí; él podría decir que había cumplido con su deber, darle las herramientas al joven varón para que sobreviviera de la basura del mundo, sentía que había cumplido: Como tutor... como padre. Aunque de eso Sebastian nunca se diera cuenta. Cuando el chico se irguió hasta quedar de pie, con el costal de monedas en la mano y se dio la vuelta, vio la silueta de aquel hombre alejarse, pudo haberlo seguido, pero comprendió de inmediato que ahora estaba sólo, y se fue también de ahí, en una dirección distinta, separando ambos caminos para siempre, se marchó, dejando atrás al señor de alta sociedad aturdido y asustado en el suelo. Un día fresco y soleado, una hoja de periódico cayó a sus pies, los ojos brillaron con curiosidad y tomó el papel arrugado, miró confundido las cosas que estaban impresas en el papel y suspiró algo decepcionado al no poder descifrar lo que estuviera escrito, recordó de inmediato que había visto a muchos señores leerlos con afán; dejó la hoja tirada sobre un charco de agua, sin embargo, la curiosidad y las ganas de averiguar lo que decían esos símbolos se habían hundido en lo profundo de su ser. Sebastian tenía lo necesario para sobrevivir, la casa que había usado hasta ahora aún seguí de pie, salía con frecuencia a estirar los músculos o para conseguir dinero, pero sin darse cuenta, ni advertir en que momento inició, comenzó a llevar libros que encontraba tirados por allí; posiblemente por las tapas duras y de distintos colores, pero era fisgón y el ardiente deseo de aprender a leer le carcomía el alma. Uno de tantos días, rondó cerca de una escuela ubicada a varios kilómetros de los barrios en los que vivía. Se exaltó cuando escuchó una campana, posiblemente anunciando el fin de la jornada. Una gran aglomeración de niños fue escupida de la institución, Sebastian abrió bastante los ojos, nunca había visto tantos chicos juntos, la mayoría pasó su presencia por alto, otros le dedicaron una leve mirada; así transcurrió por algunos minutos, hasta que algunos pocos alumnos se perdían en la lejanía. Él parpadeó y dio unos pocos pasos para irse, pero unas cuantas hojas de papel tiradas dispararon su infinita curiosidad, caminó hasta ellas y las tomó con cuidado. Había más letras; suspiró y estuvo observando la página durante un rato, una mano tocó su hombro, y él, que estaba acostumbrado a un intento de asalto en cada esquina y al recordar que no llevaba consigo la cuchilla, se horrorizó y luego de un violento estremecimiento se dio la vuelta estupefacta. No esperaba encontrarse a una mujer sonriéndole, frunció el ceño y apretó los papeles en sus manos, como una manera de aferrarse a algo en concreto para mantener la calma. —No eres de por aquí, ¿Verdad?—Sebastian la miró con desconfianza, no respondió y clavó la mirada en las letras—.Es el ruiseñor y la rosa, de Oscar Wilde—él la miró con una mueca de confusión desfigurándole el rostro, no entendió nada de lo que dijo. — ¿Qué?


— ¡Así que sabes hablar!—comentó la mujer risueña—, ¿Sabes leer?—negó con la cabeza—.Ya veo, ¿Me permites?—ella tomó el cuento y comenzó a traducir aquellos símbolos con voz florida y suave. —Dijo que hablaría conmigo si le llevaba una rosa roja—se lamentaba el joven estudiante—, pero no hay ni una sola rosa en todo mi jardín..." Sebastian escuchaba atento y casi fascinado el pequeño fragmento de la historia, observaba fijamente los labios delgados moverse en armonía, articulando con fluidez las palabras. Se concentró en el lamento del joven estudiante y su deseo por tener en su dedos la delicada flor del amor para poder invitar a su amada al baile, le prestó especial atención a el pensamiento del ruiseñor y su reflexión sobre el misterio y pureza del amor, sintió como si una cálida corriente ambarina le hubiera recorrido las venas mientras se deleitaba con la voz de aquella mujer al narrarle los acontecimientos. "...De pronto desplegó sus alas oscuras y emprendió el vuelo" Ella se mantuvo en silencio, y el joven salió de su ensoñación sacudiendo levemente la cabeza. — ¿Eso dice?—preguntó Sebastian con un aire casi infantil, la profesora asintió— ¿Y qué ocurre después? — ¿Te gustaría saber cómo termina la historia?—el de ojos celestes asintió— ¿Te gustaría aprender a leer?—él se quedó en silencio, analizando por un instante la respuesta, algo dudoso movió la cabeza en señal afirmativa y ese tenue movimiento fue el que abrió una nueva puerta a una fresca perspectiva del mundo, no todo era tan malo después de todo... Transcurrieron los meses y cada día de nueve a tres, Sebastian aprendía a leer, absorbía todo como una esponja y se mostraba siempre deseoso de adquirir nuevos conocimientos. Ah, que glorioso había sido por fin apagar el fuego que le quemaba las venas por aprender a leer; a pesar de ello, la joven profesora no le había dejado leer todavía El ruiseñor y la rosa, nada era más dulce que alcanzar un objetivo tan fervientemente deseado, el azucarado brebaje que para él sería leer al fin el cuento que le abrió las puertas, ella lo estaba guardando especialmente para el día definido para Sebastian como su cumpleaños. Pero el mundo perfecto que tanto añoran las personas, no lo es. El mundo en el que todos nacen no es el que tanto desean desde lo profundo de sus almas. El mundo es un lugar cruel. —Recibirás tu pago por haberme golpeado aquella vez—Sebastian impactó contra la pared de concreto, el cráneo palpitó por el dolor, se removió furioso, pero aquel "Señor de clase alta" lo tenía bien sujeto por las ropas—¡¿Te gusta?!—un puñetazo contra su ojo y se inclinó con dolor, un rodillazo lo desestabilizó y supo que si no hacía algo pronto, moriría en ese mismo lugar. Tanto por el dolor como por la adrenalina, la mente se nubló y la rabia corrió por sus venas como la lava. Con un grito desgarrador empujó a aquel hombre y segado por el pecado extrajo la cuchilla de su pantalón y sin pensar en su futuro, se abalanzó sobre el enemigo, hundiendo el filo del cuchillo en la suavidad de la carne, escuchó un alarido pero lo ignoró, enloquecido, hundió más profundo, la sangré salpicó y manchó las paredes con su legado carmesí y no se detuvo hasta que el cuerpo debajo de él dejó de moverse. Y de repente la razón enfrió su mente, y abrió


los ojos horrorizado, y las pupilas destilaron desesperación, se levantó y retrocedió un par de pasos, pero el temblor de sus rodillas lo hicieron flaquear, y cayó, chocando la espalda contra la pared, respirando agitado, mirando el cadáver con los ojos en blanco y el pecho mutilado, las lágrimas picaron en sus ojos, y lentamente juntó las rodillas a su pecho mientras ocultaba el rostro en sus brazos, las lágrimas se deslizaron por sus mejillas. —Por arremeter contra la vida de un político, asesinándolo sin piedad y no tener encargado que ayude a responsabilizarte por tus macabras acciones y por el hecho de cumplir dentro de pocos días la mayoría de edad. Tu condena será justificada y pagada con justicia; ser colgado del cuello hasta morir. El oxidado ruido metálico de las celdas al cerrarse le hizo temblar hasta los huesos. Tres días... Uno después de su cumpleaños, en el húmedo y solitario ambiente de aquella vieja celda, Sebastian permanecía con la mirada baja y el corazón martillando desesperado en su pecho. Moriría, moriría, moriría. Hundió los dedos en su cabello al borde del frenesí. Todo en su vida había sido tan incierto, nunca había asesinado y la primera vez que lo hizo fue para defenderse, sin embargo no era excusa suficiente, una vida era una vida, no era justo, nada era justo; todo el mundo estaba podrido y él no era la excepción. De repente, el eco de un par de pasos lo sacó de sus pensamientos, con los ojos desorbitados de desesperación, miró hacia el pasillo desolado y entre las penumbras, solo pudo discernir una silueta obscura, un jadeó incrédulo brotó de su pecho cuando reconoció a la profesora, el fantasma de una sonrisa intentó aparecer en sus labios resecos, pero se esfumó de inmediato cuando reparó en la mirada de decepción tatuada en el semblante de esa mujer, no pudo articular palabra cuando estuvo frente a la celda, intentó hablar, pero las palabras se quedaron atoradas en la garganta y formaron un nudo imposible de tragar o escupir; la joven que estuvo tanto tiempo con él ni se inmutó, con el rostro esculpido en hielo y con una dolorosa indiferencia extendió a través de los barrotes lo que parecía ser un libro de tapa dura, cuando Sebastian lo tomó en sus manos ella se dio la vuelta y se marchó, el chico solo la vio alejarse, a aquella mujer que había comenzado a amar. Como aquella vez con el hombre de ojos celestes, comprendió que estaba sólo... otra vez. Cuando dirigió la mirada marina a la tapa del libro entre sus manos sintió un vacío de desconsuelo infinito, las lágrimas saladas escaparon de sus ojos sin control, mientras sentía su corazón de cartón arrugarse y el alma hacerse polvo, sus rodillas flaquearon y se derrumbó ya sin fuerzas, lloraba con desesperación, porque le habían cortado las alas, porque su futuro se veía borroso. Acunó en su pecho aquello que ahora era su único consuelo en medio de la tristeza y la soledad. Resaltando en letras doradas, estaba escrito aquello que lo hizo quebrarse en pedazos: "El ruiseñor y la rosa"


ISMAEL Ismael es uno de los muchos jóvenes que abandonan el colegio por situaciones que no son ni de importancia. En esta historia conoceremos que le pasó a Ismael. Ismael desde pequeño fue un niño muy sobresaliente en el estudio, le gustaba participar en cualquier actividad, como actos cívicos. Además, era un alumno muy querido por los profesores y por sus amigos. Incluso le gustaba participar en el Festival de las Artes y era una personita muy talentosa. Sus padres siempre lo apoyaban en todo lo que él hacía, tenía mucha confianza en él y sabían que su hijo podría llegar a ser una persona muy sana y de éxito en un futuro. Un día Ismael iba para el colegio muy tranquilo y repasando la materia, mientras él iba caminando, dos jóvenes venían detrás de él desde hacía ya bastante rato, pero Ismael no se percataba, ya que estaba en lo suyo. Pero de un pronto a otro aceleraron el paso hasta alcanzarlo y lo pasaron rápidamente. _ ¡Hey, mae! ¿Para dónde va tan así? _le dijeron con un tono muy extraño. _ ¿Yo? En estos momentos voy para el colegio. ¿Por qué me preguntan? _ contestó Ismael. _ No. Diay. Solo quería decirle que en aquella casa que usted va allá, hay una buena fiestilla. Jale, Jale. Nosotros le decimos a la gente que viene con nosotros. ¡Vieras que buena va a estar!_ con carácter algo sarcástico, ellos le dijeron. _ No puedo chicos. Ya voy a entrar a clases y no pienso faltar por nada, además, no soy de esas personas _ con tono fuete y seguro, respondió Ismael. Pero ellos siguieron insistiéndole. ¡Ay! ¿Qué le cuesta? ¿Por qué no lo experimenta una vez? Vamos, Vamos. Es muy divertido. Va a ver que gustará. Vieras todo lo que hay. No lo piense. Siguieron hablando un gran rato, hasta que lograron convencer a Ismael. Y así Ismael se fue con ellos a aquella fiesta. Mientras iban de camino, Ismael se puso medir y a pensar. _ ¡Oh, Dios! ¡Es la primera vez que falto! ¡Qué raro me siento! Pero también hoy va hacer la primera vez que voy a una fiesta y, por otro lado, me siento más o menos. Me pregunto qué iré hacer ahí. ¿Cómo será esas fiestas y si me dejarán tarea hoy?... Y así se fue hasta llegar a la casa de la supuesta fiesta. Los jóvenes extraños abrieron la puerta de esa casa y, en ese momento, Ismael se llevó una inesperada sorpresa. No había nadie más que ellos tres en esa casa oscura y deshabitada. _ Creo que nos hemos equivocado de casa, porque aquí no hay nadie _ les dijo Ismael algo asustado.


_ Tranquilidad, ya casi llega la gente _ le respondieron ellos muy frescamente. _ ¿Qué hacemos durante este rato? _ dijo Ismael, muy desesperado. _ ¡No sé, amigo, pero aquí tenemos nuestra diversión!_ Dijo uno de ellos. Y sacaron un puro de marihuana. Ismael sabía lo que era, pues en la clase de Educación Cívica les habían explicado un tema acerca de las drogas, donde se mencionaban estas y las ilustraban, al mismo tiempo, se les explicaba la importancia de no consumir drogas y las consecuencias que genera su consumo. _ ¡Ven y te invitamos, pero que no se le haga costumbre! ¡Verdad! ¡Solo por hoy, por caernos tan bien! _ dijeron ellos. Ismael entró en shock y les respondió: ¡No, gracias, mejor yo me voy! _ No, no, no. ¿Qué te ocurre? ¡Ven quédate, relájate, prueba esto y solo déjate llevar por tu cuerpo, amigo! _ ellos volvieron a insistirle. Y así le echaron la hablada otra vez, hasta, que lamentablemente, volverlo a convencer. Ismael probó la droga. Y como era la primera vez que él lo hacía, se puso muy mal. Vomitaba, tocía y hasta se puso pálido. Ese día ni se arrimó al colegio ni se puso muy mal. Vomitaba, tocía y hasta se puso pálido. Ese día ni se arrimó al colegio ni se preocupó lo más mínimo por buscar la materia del día ni nada relacionado con el estudio. Cuando regresó a su casa, no quiso dirigir palabra alguna a sus padres. Solo se metió en su habitación. Sus padres pensaron que seguro solo había tenido problemas con algún compañero o algo así. Por eso, decidieron dejarlo con su privacidad. A Ismael todavía le quedaba un poco de marihuana que ellos le habían regalado. Mientras sus padres estaban distraídos, él aprovecho y en su misma habitación, fumo. Para disimular el olor que siempre queda, agarro desinfectante y limpio el cuarto. Es lógico que volviera a sentir sensaciones extrañas y así fue, hasta que terminó gustándole la marihuana. Llegó el siguiente día. Ismael decidió no asistir a lecciones. Lo peor de todo es que ese mismo día tenía examen. Lo que hizo fue ir en busca de esos jóvenes para ver si le regalaban más marihuana, pero ya estos no le regalaron, sino que le vendieron. Así pasaron días y días e Ismael no asistía al colegio. Él seguía fumando y, en ocasiones, tomando licor. Sus notas habían bajado extremadamente por la cantidad de ausencias que tenía.


Sus padres ya no podían resistirse más. Desde mucho tiempo atrás lo notaban muy extraño y con actitudes muy fuera de lo normal. Por eso, llamaron al colegio y preguntaron que si sabían que pasaba con Ismael, porque desde mucho tiempo atrás estaba extraño. Le respondieron que llevaba mucho tiempo de no asistir a lecciones, que no volvieron a saber nada de él y que algunos amigos de él aseguraban haberlo visto con constante bipolaridad. Sus padres intentaron hablar con Ismael lo más pacíficamente posible, pero él respondía muy agresivo e incluso hasta casi golpea a su madre. Dijo que no quería ir al colegio, porque era una porquería y no servía para nada. Con el pasar del tiempo, Ismael se había vuelto un drogadicto, sus padres sufrían día y noche por él porque él antes era muy aplicado, muy respetuoso y con muchas cosas buenas, pero ahora no era ni una pizca de ese Ismael que conocían. Sus padres le pedían mucho a Dios por él, para que les concediera el milagro y les ayudara a resolver ese enorme problema. Unos días después, intentaron llevar a Ismael a un psicólogo, pero era tan agresivo y terco que ni con psicólogo, ni con trabajadora social, ni con especialistas del PANI lograron ver algún resultado positivo. Al contrario, se hacía más intenso. Era un día normal. Un amigo cercano de la familia había invitado a los padres de Ismael a una oración. Obligaron a Ismael, casi que amarrándolo, para que fuera. La oración fue muy bonita. Se sentía un alivio en el espíritu y una paz en la mente, mientras se rezaba. Rezaron mucho por Ismael, para que Dios iluminara y dejara de andar en esos malos pasos, para que pudieran volver a los buenos caminos que llevaba antes. Ese día Dios hizo lo que ninguna otra persona en este planeta puede hacer, un milagro. A Ismael le gustó demasiado esa oración e incluso se unió a ella. Después de ese día, su mente iba volviendo a recapacitar. Él intento seguir yendo a esa oración y por su propia voluntad. Decidió meterse en un grupo de restauración juvenil. Gracias a Dios, se propuso no consumir más drogas ni faltarle el respeto a nadie. Volvió a ser un buen adolescente, encaminado por los caminos de Dios y practicando valores que desde pequeño había aprendi do. No solo dejo de consumir drogas si no que quiso volver a enfocarse en el estudio, aunque ese curso lo había perdido. Muy decepcionado con él mismo, escribió en su diario. “Sé que este año lectivo lo he perdido. Y estoy y enojado, pues por una idiotez deje de lado las cosas que en verdad si valen la pena. Sin embargo, no puedo aferrarme al pasado. Debo superarme y tener claro que eso no es obstáculo para detener mis sueños y mis metas, porque me quiero volver a apuntarme al estudio, a demostrar que soy una nueva persona. No volveré a ver el estudio como una obligación tonta aburrida, sino como una oportunidad insaciable en mi vida, la cual debo de aprovechar ahora que puedo. Esta mi arma para el futuro. No la voy a desperdiciar.


Muy motivado, el año siguiente regresó a las aulas. Se encargó de compartir esa experiencia a las personas que él veía que se quería desviar del buen camino, y los motivaba de la misma forma que él se motivó, ya que en la vida no importa cómo se cae, si no como se levanta. Sus notas ahora son excelentes y ese error lo uso como un motor para aspirar a más, cada vez. Sus padres recuperaron la tranquilidad y la confianza en él. Quedaron muy admirados de la clase de persona que era su hijo. A pesar de lo que pasó, siguió adelante como muchos lo tenemos que hacer.


“Nosotros apuntadísimos” La competencia de talentos. Lulo y Tabu eran dos animalitos muy inteligentes. Cada día que iban a la selva eran el centro de atención de todos los animales. Gracias a eso, los demás animales, les tenían una tremenda envidia. Un día, cuando Lulo y Tabu se dirigían a la selva, Sisi, la dragona, los quiso impresionar y escupió fuego por la boca justo cuando ellos iban pasando. Sisi les dijo en tono irónico: -¿Les gustó? Vieron cómo yo también soy importante en la selva, no sólo ustedes son importantes. Algo extrañados Lulo y Tabu le respondieron: - ¡Claro que sí! Eres muy importante para todos aquí. Lo que pasa es que tal vez ustedes no son tan inteligentes como nosotras dos. La dragona se sintió profundamente despreciada por las palabras de Tabu, se retiró del lugar y se fue a hablar con el resto de las animales. -Tabu se siente mejor que nosotras, me lo acaba de confesar- dijo Sisi con tremendo resentimiento en su corazón. -¿Por qué?- le preguntó Ramona la iguana. -Me acaba de decir que no somos inteligentes como ellas. Lobelo, el perro, estaba escuchando lo que Sisi estaba diciendo e interrumpió la conversación: -Yo no creo que eso sea verdad, Tabu no diría algo así de nosotros, así que voy a investigar por mi propio medio. Lobelo se retiró por un rato para realizar su investigación y cuando ya era tarde regresó. -Estoy un poco triste, dijo Lobelo. Tabu y Lulo están desarrollando un ego muy grande y sí me expresaron que se sienten más inteligentes que todos nosotros. Me siento muy decepcionado porque ellas habían sido muy buenas amigas pero están perdiendo de vista que todos somos importantes. Después de un rato de discordia Ramona intervino con una idea grandiosa. Ella proponía realizar una competencia de talentos en la que todos los animales del bosque expusieron sus habilidades. Tendrían libertad de elegir cómo realizar su presentación, lo que sí se pedía era que todos se esforzaran por disfrutar al máximo de los talentos de los demás. Acordaron que Lulo y Tabu participaran también.


El día acordado inició la competencia a las 3:00pm y todos estaban ansiosos y listos. - ¡Comiencen, comiencen!, -dijo Ramona. Empezó Lulu, quien se caracterizaba por ser un animal fuerte e inteligente. Hizo una presentación de saltos y piruetas espectaculares, todos quedaron admirados. Lobelo, el perro, hizo alarde de sus habilidades como buen artista de pintura. En cuestión de segundos hizo un retrato de Ramona a puros blancos y negros. Ramona se sintió muy alagada y todos aplaudieron con entusiasmo. Uno a unos los animales demostraron sus habilidades, inclusive Lulo y Tabu. Al finalizar la tarde todos estaban muy satisfechos. Ramona fue la última en participar y llevaba un cartel hecho con bordados muy hermosos que decía: “Yo me apunto a entender que todos somos importantes y necesarios aún con nuestras diferencias”. Los participantes no pudieron más que guardar silencio y después brindar un fuertísimo aplauso. Para el cierre de la actividad Lulo y Tabu solicitaron atención para dirigirse al público. - Queremos decirles que hemos sido muy injustos con ustedes, hemos sido presumidos y prepotentes con nuestros amigos, que son ustedes y queremos pedirles disculpas. Los animales aceptaron las disculpas y se prometieron a ellos mismos dedicarse a cuidar de la selva y de sus amigos para no volver a pelear.


LA ESCUELA DEL BOSQUE Esta es la historia de un lindo conejito, hermoso como la nieve y tan suave como el algodón, sus ojos parecían estrellas iluminadas por la luz de la luna. Sus padres le llamaban Blanquito. Junto con sus tímidos padres habitaba en una pequeña cueva, vivían atemorizados por todos los depredadores que caminaban en el bosque. En ese hogar solamente el señor conejo podía salir en busca de alimento y lo hacía de noche mientras las fieras dormían, en algunas ocasiones regreso sin nada a casa y tenían que pasar mucha hambre. Un día Blanquito, que era el más pequeño de la familia, le entro un poco de curiosidad por saber que había afuera de la oscura cueva donde vivía y en un descuido de sus padres se asomó a la puerta y pudo por un momento contemplar la hermosa naturaleza, el color de la flores y su delicioso aroma, escuchar el canto de las aves, además de sentir la brisa limpia y fresca. Justamente en ese momento pasó un yigüirro con su hermoso cantar y bailando su felicidad, el conejito extrañado y con voz muy suave le preguntó. -¿Por qué estás tan contento?, el yigüirro muy amable le contesto. -¿no te has enterado? La maestra Lora ha abierto una escuelita en el centro del bosque donde abunda la paz, el respeto y nos enseña a defendernos de nuestros enemigos. Al día siguiente el conejito muy feliz contó a sus padres lo sucedido y les preguntó si podía asistir a aquella escuela maravillosa que los iba a sacar de la oscuridad y el temor. Pero los padres después de castigarlo por su atrevimiento de salir, le dijeron que dejara de soñar y que jamás lo dejarían ir por pura precaución. Pasaron los días y Blanquito insistía en lo mismo, él quería estudiar, sin embargo sus asustados padres no lo dejaban. Una noche cansado de insistir, tomó sus pocas pertenencias, caminó suavemente, se dirigió a la puerta y con nudo en la garganta y lágrimas en sus ojitos se alejó de la oscura cueva, marchando por el bosque en busca de la escuela de la maestra Lora. Fue una noche terrible, nunca había sentido tanto miedo, tanto frío y tanta soledad, solo la esperanza lo mantenía con vida. Casi medio muerto acostado en la raíz de un viejo árbol escuchó la voz de aquel yigüirro que un día había conocido, corrió hacia él y juntos caminaron hacia la escuela.


Cuando llegaron a la escuela de Doña Lora, ella los recibió con mucho amor, les contó miles de experiencias y les narraba como la sabiduría siempre está por encima de la fuerza y la brutalidad. Blanquito se destacaba por ser el más atento de sus clases. Un día mientras estaban en clases llegaron los padres de Blanquito muy enojados, lo tomaron de sus largas orejas y lo arrastraron por el salón llevándoselo para su casa, Blanquito iba por el camino llorando por la humillación, cuando de pronto y sin aviso apareció en el camino una enorme boa que de inmediato se los trago a los tres . Dentro de la panza de ese animal Blanquito dijo a sus padres yo los sacaré de aquí y empezó a buscar con sus manos en aquella oscuridad, llena de cadáveres y encontraba huesos, pelos y plumas de aves. Recordando una clase de Doña Lora, Blanquito tomó una pluma y empezó a hacerle cosquillas a la serpiente la cual estornudó y lanzó a los tres por los aires, se levantaron y corrieron rápidamente hasta su hogar. En aquella cueva oscura y fría, el papá de Blanquito mirándolo fijamente a los ojos se le acercó y lo abrazó, lloraron largo rato, luego de pedirle perdón, dijo: -Desde hoy seremos los más astutos del bosque, nadie podrá contra nosotros, eso sí, aquí todos irán a la escuela y hasta yo me apunto con la educación. Fin. Autor: Maykel Mora Araya Sexto Grado Escuela Escaleras. Agosto 2015.


PERSIGUIENDO LOS SUEÑOS

Khisamy era una niña muy inteligente y audaz, criada en el campo, acostumbrada a ese olor a tierra mojada, a los bellos atardeceres, a correr por los potreros, ordeñar las vacas, ir al cerco y ayudar a sus padres, además de subir a los árboles de guayaba, siempre junto a su amigo Landy un joven vecino, también muy inteligente y especial a pesar de que padecía cáncer, su ánimo siempre era alegre y jovial. Landy y Khisamy tenían un sueño, mejorar su calidad de vida y estaban conscientes que para ello debían estudiar, el problema es que eran pobres y no podían pagar la escuela. Cierto día mientras jugaban uno de esos miles de juegos que inventaban decidieron irse a la ciudad para conseguir un trabajo y así poder pagar sus estudios. Hortensia la madre de Landy estaba muy preocupada por la enfermedad que su hijo tenía, por eso le dijo: ¡Hijo! Cómo vas a comprar las medicinas? -Pero él la abrazó y le dijo: Madre!! Yo te admiro y te doy gracias porque durante todos estos años te has hecho cargo de comprar mis medicinas, pero la mejor de todas ha sido tu amor, paciencia y cariño que han dado alivio a mi alma y a mi ser. La madre con sus ojos llenos de lágrimas, abrazó a su hijo y ambos se despidieron. Mientras esto sucedía con Landy, en la casa vecina los padres de Khisamy, Juan y Carmen estaban muy angustiados porque no hace mucho tiempo su hija se había enterado que era adoptada y ellos temían que no regresará. Khisamy notó su preocupación y les dijo: Padres, yo sé que no soy su hija biológica y no tengo su sangre pero lo que sí sé; es que mi corazón siempre ha sido de ustedes y aunque seamos tan pobres somos una familia humilde y eso es lo único que importa, siempre estaré orgullosa de que sean mis padres. Y así entre sonrisas, lágrimas y dolor, los tres unidos en un abrazo se despidieron. El día siguiente empacaron sus pertenencias y tomaron el tren a primera hora de la mañana. En el pueblo todos se preguntaban como esos dos amigos pagaron el tren; claro desconocían que ellos tenía pensado este viaje hace mucho tiempo y habían ahorrado de lo poco que tenían y vendido alguna de sus pertenencias. Pasaron tres días para que llegaran a la ciudad, lo cual fue algo realmente interesante y a la vez aterrador, verse solos tras su sueño. Ya instalados en un cuarto de una linda viejecita que les dio posada se sintieron mejor y empezaron a buscar trabajo. Al cabo de unos días, ya tenían amigos nuevos, Leo y Camila que por cariño llamaban “Cami”. Ellos les ayudaron a conseguir trabajo en una panadería.


El tiempo pasaba y con mucho esfuerzo Landy y Kishami terminaron sus estudios, aunque siempre extrañaban a su pueblo natal, tenían muy claros sus sueños, por eso daban lo mejor de sí. En una ocasión mientras como de costumbre acomodaban el pan en las urnas, recordaban la belleza de su pueblo y pensaron en voz alta, lo hermoso que sería tener una empresa ecológica sin percatarse que un extranjero los escuchaba. Nate River era un inglés que pasaba por la ciudad, se acercó a Landy y le dijo: Disculpe, he escuchado vuestra conversación y pienso que es una buena idea. Soy amante de la naturaleza y trabajo en proyecto con Parques Nacionales les dejó su tarjeta y los invitó a visitar su empresa. Apenas se había ido el señor y ellos brincaban de la felicida d y decidieron ir a conocer esa empresa al día siguiente. Así fue como inicio un lindo proyecto para este par de amigos, conocieron en la empresa a una científica Japonesa quien los contrató para trabajar con ella en un experimento ecológico con plantas. La vida dio un giro de 180 grados Landy y Kishami ganaron mucho dinero, compraron una casa y mantenían a sus familias; pero ahí no termina la historia, además de esto crearon su propia empresa ecológica y la ciudad tuvo un cambio completo gracias a que había menos contaminación, ya que la empresa de éstos jóvenes cuidaba el medio ambiente. Todo estaba muy bien ambos se sentían felices de todas las bendiciones que habían Ilegado a sus vidas. Un día cuando estaban en una inauguración de autos no contaminantes Landy se puso mal y fue internado en el hospital de la ciudad, los doctores dijeron que el cáncer estaba muy avanzado y que en cualquier momento podía morir. Qué triste estaba Kishimi no quería perder a su mejor amigo y compañero. Apenas Landy se sintió mejor abandonó el hospital, pues pensó que quería aprovechar sus últimos días de vida pero en su pueblo, con sus verdes montañas y el aire puro, fue ahí donde decidieron volver. Era difícil describir la alegría que tenían Landy y su amiga de volver a casa, habían sido mucho años fuera, pero el amor siempre los unía, durante el viaje en una parada que realizaron en una montaña encontraron una escultura de madera la cual recogieron y llevaron a su casa para guardarla como un lindo recuerdo. Al llegar al pueblo aquello fue una fiesta, amigos y familiares los esperaban con gran amor y alegría, disfrutaron mucho aquel día, pero al llegar a casa después de la fiesta Kishami buscó la escultura de madera entre sus cosas pero no la observó, creyó que se le había perdido en el camino. Pero al día siguiente tuvo que viajar


UN DESEO PARA MI FUTURO A veces los cuentos no son de hadas, con grandes castillos y princesas en apuros, a veces hay más en el mundo que una fantasía porque en ocasiones sin darnos cuenta no vemos la realidad aun teniéndola en nuestras narices, como en el caso de la historia que hoy les quiero contar. Sarah, una pequeña niña de tan solo 9 años, vivía junto con su madre en un pequeño barrio alejado de la ciudad. La pequeña familia vivía de lo que el agotador y desgastador trabajo de su madre les daba, ya que su padre pocos meses antes del nacimiento de Sarah, abandonó la familia y con su fuga puso el peso de una vida nueva en manos de la madre de Sarah, sin embargo aunque esta familia sea de muy escasos recursos su riqueza interior es sobreabundante ya que no conozco nadie con el corazón tan grande y generoso como el de ellas. Sarah escondía en su corazón un deseo, algo que estaba lejano de lo que podía hacer, su deseo era estudiar. Su ilusión comenzó cuando una mañana vio pasar en frente de su casa a unos niños que iban para la escuela, se les veía felices y sonrientes parecía que nada ni nadie los podía hacer sentirse de otra manera, pero Sarah solamente creía que era una ilusión tonta, sin motivo realista porque ¿Cómo ella no teniendo dinero para el pan de cada día, lo tendría para pagar una escuela? Era absurdo, ya que no tenía la valentía necesaria para contárselo a su madre. Cada día las cosas empeoraban, su madre se quedó sin empleo y ahora no había nada que hacer, no tenían familia, no tenían refuerzo ni tan siquiera donde ir si las echaban de su hogar, pero si algo tenían era fe ante todo y es difícil tenerla en momentos donde la desesperación es mayor que todo, pero sabían que no importaba lo que pasara, todo estaría bien. Al cabo de 15 días la paciencia del dueño de la casa se agotó por lo que les dio 2 días para cambiarse de casa o por poder legal las echaría a la calle, así que la tensión aumentaba, la desesperación empezaba a consumir esa fe que tanto abundaba en su corazón, pero nada es imposible si la fe está allí presente aunque sea un pizca de ella. Sarah ensayaba frente a un vidrio que tenía como espejo, como decirle a su madre las añoradas palabras: “Quiero estudiar” pero al ver la aflicción de su madre su emoción se debilitaba cada vez más, así que todo se iba acumulando en su interior poco a poco hasta tener que estallar de tantos sentimientos mezclados. Un día antes de tener que irse de su hogar le pidió a su madre que se sentaran a hablar sobre temas que eran necesarios discutir, su madre asombrada de las palabras de su pequeña niña acertó con su cabeza señalando unas sillas que habían cerca de Su cocina. Sarah la miró fijamente a los ojos y con su boca tartamuda le dijo:


-Mamá, hay algo que siempre he querido pedirte y sé que tal vez no sea muy conveniente ahora pero solo quiero saber si existe por lo menos una esperanza de poder cumplirme este deseo. Su madre ansiosa y nerviosa le asintió con la boca como señal de que siguiera -Yo quiero estudiar —dijo- quiero ser como las niñas que pasan todos los días en frente de casa hablando sobre lo maravilloso que fue su día en la escuela, quiero tener amigos y amigas con quienes jugar y hacer tareas, porque según lo que dicen en la radio todos los grandes que son importantes estudiaron y yo quiero ser alguien grande, pero no solo eso, quiero ser importante. Su madre tenía los ojos brillosos y quebradizos, parecía que las lágrimas ya no podían sostenerse más en sus ojos, y comenzó el llanto sin césar, desbordaban sobre sus mejillas las lágrimas de conmoción y confusión porque sabía que lo que Sarah le pedía era algo bueno para ambas, algo que en un futuro podría mejorar su situación, pero al mismo tiempo era algo que estaba fuera de su alcance. Sarah miró a su madre por un par de segundos y la mirada de su madre le dio la respuesta de todo, así que con sus ojos de decepción, quebradizos por la tristeza abundante en ellos, salió y se fue a un lugar cercano a su casa sonde había un rancho de paja en el que a su orilla había una vieja fuente a la que todos llamaban “la fuente de los deseos”. -¿Será cierta la leyenda? —Susurró- y acercándose a la fuente cerró sus ojos y puso la mano en su pecho y dijo: -No sé si eres un mito, pero tengo fe en ti, creo que no me queda nada más qué hacer, por favor fuente de deseos cúmpleme un par de peticiones o al menos solo una, solo quiero que mi madre pueda tener un trabajo estable, algo que le permita quitar sus cargas de encima y yo algo que anhelo desde lo más profundo de mi corazón es poder ir a la escuela, sé que es una locura porque las niñas como yo no pueden pagar una, pero fuente de deseos tu si lo puedes hacer. Sus lágrimas caían una tras otra hasta quedarse dormida a la orilla de la fuente, sin darse cuenta que la última lagrima que brotó de sus ojos cayó en la fuente, haciendo que un raro y mágico resplandor invadiera su cuerpo. Al despertar fue deprisa a su casa, recordando que era el día de la mudanza y tenía que ayudarle a su madre a sacar todo, pero cuando llegó a la puerta su madre la esperaba con una gran sonrisa y ella extrañada por el gesto le pregunto: -Madre, ¿acaso pasó algo? Su madre la abrazo fuertemente y le dijo: -Sarah es un milagro, una compañía que fabrica telas me ha llamado y me han dicho que buscaban personal como distribuidora y hasta pagaron 100 000 colones por adelantado para que empiece a trabajar mañana, no detendré la mudanza porque nos iremos a un lugar mejor para ambas, cerca de mi trabajo y además queda a 100 metros de tu nueva escuela -¿Nueva escuela? —Pregunto Sarah- y asombrada por los hechos no tuvo más que hacer que ir corriendo a la fuente de los deseos.


Al llegar al lugar, tomó la fuente y la abrazó como si fuera un humano y no paraba de llorar, al fin sus sueños estaban cumpliéndose, estudiaría, se superaría y además, ya empezaba a contar con lo necesario para estudiar que era el dinero, eso alegró SL corazón y su fe aumentó porque se aferró a su fe y creyó. ¿Saben algo? Los sueños de esta pequeña niña no fueron obra de esa fuente de deseos, fueron obra de su fe pero no cualquier fe, si no la fe que tenía en ella, porque si no lo sabían la verdadera fuente de deseos está dentro de nosotros. Escrito por Tiffany Brizeth Calderón Fuentes.


El niño que logró sus metas En un pueblito muy lejano nace la historia de un niño con sueños por cumplir, llamado Austin, pasó su infancia corriendo por potreros, persiguiendo vacas y trayendo los terneros pero muy dentro de él sabía que eso no era lo que quería hacer. Todo empezó con un reportaje que Austin observó en la tele, donde decía que de cada 100 niños el 60 por ciento estaban en desnutrición, en la calle y sin donde dormir…ese mismo día en la escuela hablaron del tema de la desnutrición. Austin se interesaba en este tema con mucha frecuencia, hasta que un día en una conversación con sus padres decidió comentarles acerca de su interés – Papi, mami, vieras que en la escuela hemos estado hablando de la pobreza que afecta a las personas, sobre todo a los niños y niñas de nuestro país y a mí me interesa estudiar una carrera donde yo pueda ayudar a los niños y niñas, como Trabajo Social. -Sus padres muy preocupados le dijeron: ¡carrera cara! nunca podremos pagar. Austin corrió a su cuarto y llorando se quedó dormido. Él fue creciendo y con el tiempo las ideas se fueron desapareciendo y borrando de su mente. Austin creció y se casó, tuvo un hijo al que llamó Erick. Cuando Erick creció y fue a la escuela dio la casualidad que también tuvo el mismo interés y sueño que su padre, así que muy interesado le preguntó a su maestra - ¿Niña Lucía: ¿ es muy difícil quitar la pobreza de este mundo? , su maestra, no pudo evitar ver esa ternura que irradiaban sus ojos, así que le contestó, - ¡Si tú te lo propones lo puedes lograr! Erick llegó a su casa, muy convencido dijo a su papá Austin – Papá, quiero ayudar a combatir la pobreza - Austin no lo pudo evitar y una lágrima corrió por su mejilla y recordó cuando sus padres no le permitieron estudiar lo que él quería por miedo a no tener dinero; así que sin pensarlo dos veces le dijo a su hijo - ¡Sí, yo te apoyo, siempre lo hare! – así fue como Erick creció lleno de ilusiones y fue un joven


que ayud贸 a muchas personas, estudi贸 con mucho esmero y trat贸 de disminuir la pobreza de su pa铆s y siempre conto con la ayuda de sus padres. Yariela Duran Valverde, Escuela Santa Cecilia, San Pedro, circuito 09


Yo me apunto a darles centros para entender mejor la materia. Hace mucho tiempo, en un bosque de Tarrazú, vivía un loro muy inteligente, llamado Jack. Él recién había cumplido doce años e iba al Liceo de Tarrazú. Un día, cuando dormía, tuvo una “visión”: él propiciaría un cambio en la escuela. Durante el desayuno, le contó el sueño a su familia y se fue para el liceo. Ese día entregaron un examen de Matemáticas, en el cual todos sus compañeros salieron mal, excepto él. Al día siguiente entregaron la prueba de Ciencias, donde pasó lo mismo, y así, con todas las demás. Entonces Jack tomó la iniciativa de “levantar” una pequeña aulita en su casa para ayudar a sus compañeros y así estos pudiesen mejorar las calificaciones. El sábado siguiente estuvo dándole forma a su proyecto y el lunes repartió volantes para anunciar la apertura. Por fin llegó el sábado esperado. La pequeña aula improvisada en su casa se llenó, pues llegaron todos sus compañeros: el cocodrilo Carlos, el perro Pedro, la vaca Sofía, el gato Jony, el lobo Bairon, el puma Kendall, el venado Isaac, el tigre David, el águila Alexander, el oso Rony, el pez Jeison, la serpiente Jairo, entre otros. La iniciativa fue todo un éxito. Cuatro meses después vinieron los exámenes y todos los chicos pusieron en práctica lo que aprendieron con Jack, desde Español hasta Matemáticas. Dos semanas después, cuando entregaron resultados, se alegraron mucho, pues todos pasaron y así siguió dándose todos los años, gracias a Jack. Con el tiempo fue mejorando esa pequeña aulita, ahora era más atractiva y grande, con ayuda de los vecinos se fue llenando de libros, lápices y materiales. Jack estaba creciendo más y avanzando niveles, esto lo llenaba de alegría porque seguía aprendiendo, pero también le preocupaba, pues sabía que tenía que irse lejos a estudiar algo de su agrado. No quería dejar de aprender, pero tampoco quería irse, decidió llevar sus cursos de educador a distancia, y así, seguir en casa ayudando a sus vecinos y amigos. Y así durante muchos años el loro Jack les ayudó a todos sus amigos y vecinos a convertirse en personas de bien y a mejorar sus calificaciones… Hasta que al pasar el tiempo se convirtió en el director de una escuela de su pueblo Tarrazú. Esta es la historia de un gran profesor y loro, un profesor que a los doce años se preocupó por ayudar a los demás. Liceo San Pedro,Circuito 09


El sueño Cierto día, en un lugar lleno de sueños e ilusiones, de tristezas y aventuras , llamada escuela, un niño de nombre Eduart, se encontraba en una esquina, sin hacer nada, era un lugar sombría, cuyas ramas de aquel árbol de mango, cobijaba la silueta de aquel, que sin duda no pensaba más que en no entrar a su clase. Todos los niños lo reconocían como el estudiante problema, aquel que no quería estudiar, que se escapaba de las lecciones, que amenazaba y golpeaba a los más pequeños e inocentes, Eduart, odiaba la escuela, todos los consejos de sus padres y sus maestros eran ignorados, por completo, ya su vida era para él un torbellino de emociones que no podía tolerar más, así que decidió levantarse y salir corriendo hacia donde nada ni nadie le hablara, o le diera más consejos. En su camino encontró a Perceus, un chico grande, con fuertes brazos, con muchos tatuajes y una mirada muy intensa, su cabellera larga, y sus ojos delineados llamaron la atención del muchacho, quién sin esperar su llamado corrió a su encuentro, aquel amigo nuevo de Eduart, le mostro lo maravilloso de la vida, la calle, las drogas, el licor, pero cada día que pasaba era una día especial para Eduart, ya que se sentía más fuerte, dejó de ser aquel niño aunque problemático pero inocente para convertirse en un terror de las calles, con su cabellera larga, sus ojos inconscientes, su mirada perdida, la vida para él era espectacular, no compromisos ni molestias solo era lo que él quería. Los días pasaron uno a uno, igual que las noches, igual como viaja el tiempo, sin darnos cuenta, y ahí estaba, aquel muchacho hambriento, tirado en la calle sin poder casi ni hablar, solo se quejaba del gran dolor que sentía de muchos golpes que la noche anterior había recibido en un encuentro de bandas, era imposible para Eduart, poder percibir entre el calor y el frío su cuerpo moreteado y ultrajado por las agujas de la droga, sentía que era su fin, de repente siente sobre su frente una mano suave y cálida, al alzar su mirada casi no puedo ver aquel hermoso rostro, con cabellos de oro y ojos como el cielo -Hola estas bien", soy Eva, aquella voz que parecía la de un ángel se escuchaba a lo lejos casi como un cálido susurro al oído, solamente cerró sus ojos, y se dejo caer entre sus brazos.


Días después, Eduart amanece en una casa blanca como las nubes, llena de luz, donde el dolor había desaparecido, el aroma de las flores era maravillosos, los pajaritos cantaban de alegría al verlo despertar, cuando sintió que se acerco aquella hermosa mujer que acariciaba su cabello, y le decía: - La vida es corta, debemos aprovechar cada minuto, cada instante, el aprender, ser paciente, estudiar, nos lleva al éxito, un éxito que dura para siempre, una vida que nos llena de ilusiones y de sueños, el camino de la desobediencia no nos lleva a nada, solo al sufrimiento, ya vez como estabas, pero tú, es el único que decides lo que quieres para tu vida. Al terminar de decir estas palabras, un interminable concierto de campanas interrumpió su conversación, eran unas campanas diferentes, se escuchaban a lo lejos, como si estuvieran llamando a alguien, de pronto una ráfaga de viento descubrió el rostro de Eduart, quien muy asustado se levanta, bajo la misma sombra de aquel árbol de mango, el niño sonrío por primera vez en la vida, pensaba en lo afortunado que era de estar en la escuela, y que todo lo vivido no había sido más que un sueño, que le enseño a valorar lo importante de la educación. Eduart, tomo su bolso y corrió al encuentro de aquel concierto de campanas y ansioso de ver el rostro angelical de su niña Eva.

Melissa Vásquez Chavarría Quinto Nivel Escuela Santa María de Cajón


Vida Colegial. Liceo San Francisco Hace algún tiempo, aproximadamente hace 17 años, hubo un nuevo habitan en la población mundial, en el continente americano, tierra costarricense, específicamente en Pérez Zeledón, un varón que al igual que a cualquier otra persona creció con su familia y amigos, aprendiendo día con día sobre el verdadero significado del amor, amistad, y la disciplina para seguir adelante, este varón que hace 17 años nació, hoy sigue creciendo y luchando por mejorar y seguir adelante, poniendo en práctica lo que iba aprendiendo con las situaciones que va enfrentando, ese niño que nació hace algún tiempo, se llama Kevin, era yo. Hoy a pesar de los problemas familiares, que por distintas causas o motivos empezaron a surgir en mi hogar, a lo largo de los años, me fui acostumbrando, fui aprendiendo y teniendo experiencia; hasta que alcancé y cumplí mis 12 años. Un viernes 17 de diciembre, junto a mis compañeros, nos pudimos graduar en el sexto nivel, de acuerdo con mis capacidades y al esfuerzo que mi madre me inculcaba, logre obtener mis primeros títulos, que en mi infancia eran de mucho placer personal, logre alcanzar metas y fui premiado en el mejor promedio en el nivel escolar, por los años que estuve en la escuela, mis seis títulos que hoy recuerdo y guardo, ya que de estos inicie a obtener logros que nunca pensé que iba a obtener, y que hoy con mucha alegría conservo. Recuerdo cuando empecé una nueva vida, una nueva experiencia en mi vida, inicie a mis 12 años la vida colegial, fue un gran cambio, el podre acoplarme fue de mucha dificultad ya que no soy una persona muy sociable, y cuando logre ingresar al colegio, aun lo seguía siendo, no tenía conocimiento alguno, ni amigos en quienes apoyarme y que me ayudaran a poder confiar en mí mismo, y ver esa confianza con las otras personas que estaban a mi alrededor, solo contaba con mi hermana, que cursaba el noveno nivel en ese entonces cuando yo inicie en sétimo, me acuerdo con en mis libres yo caminaba a buscarla, cuando la veía sentía un alegría, ella no tanto,: −Hola ¿Qué hace?−le decía, y ella no muy contenta me respondía: −Kevin, estoy en clases, deje de molestar−no lo olvidare ya que de aquí empecé a cambiar mi mentalidad para hacerme otra persona y reflejar quien soy realmente para poder como todo estudiante que cursa el colegio, tener un grupo de amigos y trabajar con ellos; no fue fácil pero empecé a soltarme, poco a poco, alcanzando para mi persona grandes logros, esa timidez que tenía fue desapareciendo y las personas lo empezaban a notar, ya no era el niño que la pulseaba por ser el mejor promedio sino, que aprendí a compartir mis conocimientos con mis compañeros y a ayudarles con sus dudas.


Luego al terminar ese nivel colegial, curse octavo, ya era un poco más distinto a sétimo. El grado de dificultad crecía y era un nuevo reto que se me presentaba, a pesar de las circunstancias siempre le sonreí a la vida y a las personas que se acercaban a mí y yo me empezaba a acercar a ellos, ya creía ser un joven normal. Recuerdo que se ese mismo año, estábamos bailando una compañera y yo en un recreo, nos estaba mirando el profesor de música, Sebas que de cariño le decíamos me dijo: −Oye, Kevin ¿te gusta bailar? –Sí, respondí−bueno hay un grupo para el FEA que se está organizando, tal vez te interese, necesita un hombre más –me decía el profe Sebas−Claro, mientras pueda−respondí. Fue aquí mi primera participación en lo que es el Festival Estudiantil de las Artes, la cual no sería la última. Luego de mi preparación y la del grupo, logramos ganar en etapa institucional y circuital, nos enfrentamos en la regional, pero no obtuvimos el título de ganadores, ese año lo recibió el Liceo Sinaí que presentó un excelente y grandioso trabajo. Al pasar un tiempo, ya estaba en noveno, tenía nuevos compañeros ya que el Director redujo tres secciones en solo dos grupos, teníamos nuevas caras o eran las nuestras las nuevas de la sección, que pronto nos íbamos air acoplando como compañeros y amigos, como decía la profe de francés Fernanda: −¨en el colegio se hace una nueva familia, se comparte, se ríe, se llora, se pelea, nos contentamos… pasamos más en el cole que en nuestra casa¨−y ahora que lo pienso y medito, ella tenía razón. En ese año, al igual que los otros, estaría cargado de muchas sorpresas que se empezaban a descubrir a lo largo que iba pasando el tiempo, recuerdo cuando gane el primer lugar institucional en categoría dibujo en el FEA, la alegría que sentía, ganar esa oportunidad era de gran entusiasmo para mí también obtuve un segundo lugar en baile junto con mi hermana que me ayudo a montar una coreografía. Todos los niveles del cole son de gran interés, pero noveno seria hasta en entonces, el de mayor relevancia para mí, recuerdo una charla que recibí, un señor, director de otra centro educativo nos vino a dar una charla de motivación para que ingresáramos al CCCPZ o bien al Colegio Científico de Pérez Zeledón, no tenía conocimiento alguno sobre lo que era ese colegio, pero me llamaba la atención y bastante; el requisito principal para hacer la prueba de admisión era tener notas superiores a 85 en todos los promedios de años anteriores, yo cumplía ese requisito así que me inscribí y un 27 de setiembre, me presente a realizar la prueba, una cantidad grande de estudiantes del cantón estaban allí, un total de 109 estudiantes para ser exacto, en esa prueba no me había ido tan mal a como yo esperaba. Paso un par de meses y ya los resultados estaban listos, alcance obtener una nota de 63.72, al final de 109 tuve un posición de 21, he ingresaría en los 30 primeros, logre ingresar para cursar décimo y undécimo nivel en el CCCPZ.


Las clases dieron inicio un 20 de enero , y desde esa fecha empecé a sufrir cambios, el estrés me empezó a afectar, descubrí que ese colegio era muy complicado, no era para mí, al cabo de un mes en esta institución, decidí volver a mi colegio de procedencia, al Liceo San Francisco, para continuar con decimo nivel. Al regresar a mi colegio de procedencia, encontraría a una persona distinta, alguien con quien me siento identificado, al principio lo vi raro, demasiado diría yo, desde ese día que empecé a hablarle, mi vida dio un giro, ya que nunca había encontrado un amigo como el, y hasta entonces él es el mejor que he tenido y tengo hasta el momento, con Randy aprendí el valor de la amistad. Ya matriculado seguía con un cambio fenomenal, y que a la vez podía ser preocupante, la nota de presentación, que en estos dos últimos años hasta ahorita han sido los más difíciles y en los que necesitas algunas veces sacrificar algunas cosas, necesitan sacrificio personal y prioridad en tu estudio, darle importancia a tu futuro, a concentrarse para bachillerato con los profesores que siempre te apoyan para que empieces a dar un 100% en español, matemáticas, inglés, cívica, biología y estudios sociales, para este reto que finalizara al culminar este año, poder graduarme y una vez con el título en mano, poder gritar: −Soy bachiller, gracias a Dios y al esfuerzo que he entregado a lo largo de estos años−. El colegio a pesar de todo lo que pases es una experiencia que nunca se olvida, desde las caídas y chistes hasta de tus compañeros y profesores, los buenos y malos momentos que aprendiste a vivir y a disfrutar con ellos, las distintas participaciones en el FEA, y las giras del colegio, exámenes, en fin todo, es una experiencia que solo el colegio te puede dar y es cuestión tuya apreciar y disfrutar esta gran oportunidad que tus padres te brindan el poder vivir este reto académico; pero que lastima hoy a mis 17 años, no queda más que poner todo en las manos de Dios y despedirme, llevar en mi corazón y en mi memoria, lo que este colegio dejo en mí, hizo por mí, y lo que pude vivir en él.


El sueño de Lorena En un hermoso vecindario de un lugar de América, vivía una pequeña niña llamada Lorena. A ella le gustaba ver las estrellas, los planetas y los astros pues le llamaba mucho la atención todo lo relacionado con el espacio. Una noche Lorena miraba desde de su ventana al cielo. Estaba muy estrellado y eso le hacía pensar cómo sería el espacio. Esa noche hacía mucho calor. Ella estaba muy acalorada y mareada. De repente escuchó un ruido muy extraño; se sorprendió, bajó las escaleras de su casa y en su patio, había un cohete. Cuando llegó lo observó y no podía creer lo que veía. Aun así abrió una pequeña puerta que tenía el cohete y se metió adentro. En su interior había una gran cantidad de botones y no sabía para qué era cada botón. Estuvo sentada por varios minutos pensando y luego observó un botón con un dibujo de un cohete. Presionó el botón y para su sorpresa, el cohete se encendió y empezó a despegar. ¿Cómo puede ser esto posible? –Dijo Lorena muy extrañada. Por una pequeña ventana que tenía a su lado veía como se alejaba. Veía su casa cada vez más y más pequeña. Después su vecindario, su ciudad, su país, su continente y por último, su planeta. Cuando cruzó la atmósfera sintió tristeza porque ya no estaba en su mundo pero miró hacia los lados y vio el espacio, que había sido siempre su sueño. Ahí se fue la tristeza y se llenó de alegría. Veía las estrellas tan cerca. La emoción que ella sentía era inmensa. No lo podía creer. Las estrellas le sonreían; veía cometas que dejaban su luz por todos lados. A Lorena le parecía que esa luz eran hilos de azúcar que dejaban los cometas al pasar tan rápido. Después de un rato de andar en el espacio, Lorena observó un planeta; era de color azul brillante como el sol, tan hermoso como el azul de nuestros océanos. Lorena quedó encantada, sin palabras y quiso ir a investigar ese planeta. El cohete aterrizó. Ella bajó con un traje especial que encontró en la nave. Miró hacia todas partes y no había nada; ni un solo mosquito; nada. En ese momento vio un hombrecito de color celeste con azul y tenía cuatro manos. Él se acercó y le preguntó: ¿Tú quién eres? No eres igual a mí. –Yo soy un ser humano. –Dijo Lorena quien a su vez preguntó: ¿Tú quién eres? –Soy un Mirbes. Aquí en nuestro planeta Venus solo vivimos Mirbes. ¿Cómo te llamas? –Yo


soy Lorena y vengo del planeta Tierra. ¿Cuál es tu nombre? – Me llamo Cruby. Dijo el hombrecillo (porque era de muy baja estatura). – ¿Qué haces aquí? ¿No deberías estar en tu planeta? –Preguntó muy extrañado. Entonces la niña respondió: –Yo quería conocer el espacio y una noche, en el patio de mi casa, apareció un cohete y sin pensarlo me subí en él y aquí estoy. Entonces Lorena recordó algo: siempre quiso conocer cuatro planetas que eran Venus, Marte, Júpiter y Saturno. Estaba feliz pues ya conocía Venus y además de eso ya tenía un nuevo amigo. De inmediato le dijo a Cruby: – ¿Te gustaría conocer más planetas al igual que yo? – ¡Si claro Lorena! Vamos a conocer más planetas – Le respondió. Cruby estaba muy emocionado. Lorena le comentó que le gustaría ir a Júpiter y emprendieron su camino. En el trayecto le preguntó a Cruby qué seres o quiénes vivían en Júpiter. Cruby contestó: –Se llaman Monorrinos; son una especie muy extraña. Son monos y rinocerontes a la vez. – ¡Cómo puede ser esto posible! – Dijo Lorena muy consternada. Volaron y volaron hacia Júpiter. Llegaron al cabo de muchas horas. Cruby no se sentía muy bien. Estaba tan mareado del viaje que casi se cae de las escaleras al bajar del cohete porque era la primera vez que viajaba en una nave espacial. Júpiter era un planeta con una gran variedad de plantas, aunque no se parecían a las que hay en la tierra. Vieron un bosque y decidieron entrar para ver cómo era. Una vez dentro se percataron de que todo ahí parecía de juguete. De repente, alguien tocó la espalda de Lorena y ella gritó. – ¡Tranquila! No te asustes. Mi nombre es Sitre. Yo soy un monorrino y vivimos aquí en Júpiter. – ¡Qué susto me diste! Yo soy Lorena, soy humana y vengo del planeta Tierra. – Y yo soy Cruby, soy un Mirbes y vengo del planeta Venus. – ¿Qué hacen aquí? – Preguntó Sitre. Lorena le contestó: –Quiero conocer el espacio y quiero conocer planetas. Quiero saber cómo son Venus, Marte, Júpiter y Saturno. Ya conocí Venus y es un planeta muy hermoso y de Júpiter todavía no conozco mucho. –Amigos los llevaré a conocer los hongos saltarines. Dijo Sitre. Pronto todos fueron a buscar los hongos. Iban encantados de todo lo que veían mientras caminaban. Poco después estaban cansados de tanto caminar. Encontraron un gran árbol lleno de frutas. Comieron unas cuantas y recobraron energías para continuar. Lorena quedó sin palabras al ver los hongos tan grandes y en tanta variedad de colores. Había azules, rojos, amarillos y verdes. – ¡Lorena, ven! – Gritaron sus amigos. Empezaron a saltar y saltar por encima de los hongos. Tan cansados estaban de jugar que mejor decidieron pasar la noche allí, bajo los hongos.


Al día siguiente Lorena les dijo: – Chicos, ¿Qué tal si vamos a Marte? – Sitre contestó: – ¡Claro que sí! ¡Vamos! Yo no conozco Marte. – Yo tampoco conozco ese planeta – Dijo Cruby. Caminaron juntos de vuelta al cohete. Cuando llegaron subieron a la nave y despegaron. Cuando iban saliendo de ese mundo tan lindo, Lorena preguntó a sus amigos: – ¿Saben ustedes quienes viven en Marte? – Ahí viven los Sorbis. Son muy parecidos a los humanos, pero su piel es de color morado. – Dijo Sitre. Pasaron varias horas, los nuevos amigos llegaron a Marte y justo en donde aterrizó el cohete, vieron a muchos Sorbis preparándose para una carrera. Caminaron un poco y una Sorbi se les acercó y les pregunto: – ¿Qué hacen aquí? ¿De dónde vienen? – Venimos a conocer Marte y de lejos vimos una carrera y quisimos pasar a ver cómo era. – Dijo Cruby. – Hola, mi nombre es Lucy. Yo soy una Sorbi. – Hola, soy Lorena. Soy humana y vengo del planeta Tierra. Ellos son mis amigos Sitre, un Monorrino de Júpiter, y Cruby, un Mirbes de Venus. – ¡Qué gusto conocer seres de otro lugar! ¡Vengan! Los invito a participar en la carrera. – Dijo Lucy – ¡Gracias! – Dijeron todos al mismo tiempo. Todos emocionados, sin pensarlo, empezaron a correr, pero Lucy era tan rápida que al instante dejó atrás a todos los que estaban en la carrera y ganó. Su premio fue una gran medalla de oro. Todos estaban felices por ella. Al terminar la carrera regresaron al cohete e invitaron a Lucy para que viniera con ellos al último planeta que Lorena quería conocer. Lucy contestó: – Será un honor acompañarlos. Todos subieron al cohete y emprendieron la marcha a Saturno. Lorena nuevamente preguntó quiénes vivían en Saturno. Todos de una vez contestaron que ahí vivían los Tirbes. – ¿Qué es un Tirbe? – Preguntó Lorena. Lucy contestó: – Nadie lo sabe. Ellos no se dejan ver. Sabemos que existen pero no sabemos cómo son. Pasaron muchas horas y aterrizaron en Saturno. Era un lugar muy frío y desolado. Todos salieron del cohete y con temor vieron algo que parecía un monstruo. Lorena se acercó con miedo, y le preguntó. – Tú, tú, tú eres… (Con una voz temblorosa)… ¿Eres un Tirbes? – Sí, si lo soy, pero no te asustes. Soy Berlán, no te haré daño. ¿Te gustaría conocer mi mundo? Lorena muy feliz aceptó. Se presentó y presentó a sus amigos Lucy, Cruby y Sitre. Berlán preguntó: – ¿Qué hacen aquí tan lejos de casa? Lorena le contó su sueño de conocer el espacio y que por eso estaba allí. Le contó también cómo había conocido los amigos que la acompañaban en su viaje. Berlán les dijo que iba a patinar en los anillos de Saturno y los invitó a ir con él. Todos muy contentos dijeron que sí. Fue una experiencia inolvidable… ¿Quién


habría imaginado que en los anillos de Saturno se podía patinar? Se estaban divirtiendo mucho y en ese momento pasó un cometa velozmente y se llevó a Lorena en su cola. Lorena lo único que le pudo decir a sus amigos fue adiós con la mano. El cometa le dijo: –Ya es hora de regresar a la Tierra. Mientras tanto Lorena veía a sus amigos alejarse, perdiéndose en la distancia. Cerró los ojos e imaginó a sus amigos en sus planetas. Cruby en el paneta azul tan hermoso y brillante, Sitre en su mundo lleno de hongos saltarines, en donde jugaron tanto sin parar, Lucy en su carrera (¡Cómo disfrutaron al verla ganar!) y por último, a Berlán patinando en los anillos de Saturno. Pensó en cómo harían sus amigos para volver cada uno a sus planetas. En ese momento recordó que había dejado su cohete en Saturno. Ahora cada quien podría volver a su mundo y seguir con sus vidas. El cometa le lanzó a un agujero negro. Mientras caía y caía cada vez más profundo, escuchó una voz que le decía: –Lorena levántate, tienes que ir a la escuela, rápido se te hace tarde. Abrió pues los ojos y vio a su mamá sentada al lado de su cama. Supo que todo había sido sólo un sueño y recordó que la noche anterior mirando las estrellas se había quedado dormida y así había empezado su maravillosa aventura. Por ultimo pensó: –Todo fue tan solo un sueño pero sé que algún día conoceré el espacio. Estudiaré mucho y cuando crezca llegaré a ser una gran astronauta. Mis amigos vivirán en mi mente para siempre. Conoceré algún día esos planetas y veré mi sueño convertido en realidad.

“El Sueño de Lorena” Por Jaziel Durán Mora Escuela Las Mesas Circuito 08 Sexto Grado 2015


Educación sin límites En la ciudad de San José, capital de Costa Rica se encuentra un mundo muy distinto al de los pueblos campesinos de la zona sur, Pérez Zeledón y Buenos Aires. Los edificios presentes en comparación con las pequeñas casas, corrales y potreros. Las carreteras son diferentes a los sucios y mojados caminos en octubre y las agrietadas calles de febrero. La gente es muy diferente desde su forma de pensar, hablar, comer, hasta su estatus económico. Esto se refleja en las fachadas de sus casas, sus vehículos y su forma de vestir. Las costumbres son muy distintas, si en Limón se almuerza “Rice and Beans” y se baila Calipso o en Guanacaste se comen tortillas y se baila “El Punto Guanacasteco” en la capital predomina la comida chatarra y la música electrónica. Hace un par de años, en medio del Mercado Municipal, me encontré a unos jóvenes, un muchacho y una muchacha ellos conversaron un rato conmigo y me contaron unas historias que creo conveniente estampar en papel. En unos años como estudiante de secundaria de un liceo rural, en la zona sur de Costa Rica, Antonio Valverde casi acaba con su vida, así es, estuvo al borde del suicidio. La razón era una sola, el grave problema que se vive en nuestro país; la drogadicción. Por otra parte a Ana María Escalante le tocó vivir algo similar. En un colegio Académico en pleno centro de San José comenzó sus estudios, su familia tenía gran renombre en la capital, por ende su imagen ante la sociedad era de suma importancia su problema no fueron las drogas, sino un embarazo a la corta edad de quince años. Antonio era un estudiante, normal, sus notas no eran las mejores, pero tampoco eran malas. Lo que sí era malo, eran sus amistades. En un principio él los ignoraba, pero comenzó a seguir un mal camino, camino que después lo llevaría hasta el borde de un puente. Ana María también estudiaba, pero su familia la presionaba para que sacara excelentes calificaciones. Me contó que muchas veces la depresión se apoderaba de su mente y quería salir de casa y dejar atrás todo ¿A dónde ir? Muy buena pregunta. Ella solo quería salir corriendo y no regresar. En el colegio a causa de una discusión con su desinteresado padre, por cierto viudo desde que Antonio nació, fue que por primera vez consumió cocaína y lo peor es que se le hizo costumbre. Cuenta que consumir es una experiencia atroz, que ahora no entiende por qué hacía algo tan estúpido, sin embargo el asegura que después de inhalar olvidaba todos sus problemas. Con motivo de todo esto Antonio abandonó sus estudios después de las vacaciones de medio año, y luego de eso vivió cuatro meses en lo que él mismo describe como el infierno. Consumía todo tipo de drogas, dejó su casa y llegó a estar a punto de acabar con su vida.


Por otra parte, Ana María en su depresión comenzó a salir a “fiestas” en lugar de asistir a clases y ahí fue donde cometió un error fatal y terminó embarazada. Apenas tres meses tomaron sus padres para enterarse de su situación. Las repercusiones fuero más. Dejó el colegio y por esa razón sus intolerantes padres la echaron de la casa, y tuvo que buscar auxilio en la casa de su tía. La tía de Ana María y su familia tenían una propiedad en la zona sur, que a menudo la visitaban con el propósito de que la mente de Ana María se despejara y alejarla de las presiones de la sociedad, decidieron pasar un tiempo en el campo. Era finales de setiembre, el clima lluvioso asechaba todo el país, y el día en que Ana María abandonó la ciudad, marcaría tanto su vida como la de Antonio. Ella, acompañada de su tía, el esposo de su tía, y en sus brazos el niño de tan solo dos meses, casi terminaban el cansado viaje en automóvil desde San José. Eran ya las seis de la tarde cuando por la lluvia no observaron a un caminante que estaba en medio de la calle. El atropello no fue grave, en aquel muchacho había unos cuantos rasguños, pero solo fue un simple susto. El joven atropellado era Antonio Valverde, que caminaba hasta su suicidio, le faltaban tan solo doscientos metros para llegar al puente. No se apartó del camino por su estado de drogadicción, además en ese momento pensó que si lo atropellaban le harían el favor de acabar con su vida. El favor que le hicieron fue recogerlo y llevarlo al hospital, ahí conoció a un sacerdote que le ayudo a salir del vicio y lo respaldó en todo momento. Ana María y su tía lo visitaron varias veces en el hospital y en la parroquia que por cierto se convirtió en el hogar de Antonio por un tiempo. Desde eso se conocen y ahí empezó su amistad. Los dos regresaron al colegio y lograron terminar su formación académica con el bachillerato. Yo los conocí en el Mercado, un día que regresaban a la universidad después de sus vacaciones en el sur del país, él era estudiante de Ingeniería mecánica y ella de Derecho.

Tonny Anthony Fallas Retana Liceo Las Esperanzas


El Estudiante Aplicado. El día pintaba precioso, el Sol asomaba sus rayos entre las montañas verdeazuladas que rodeaban la escuelita del bosque. Bolita, la conejita, alistaba sus útiles con gran entusiasmo. Ella se caracterizaba por ser una estudiante muy aplicada y con una gran facilidad para los números. Su mayor felicidad era poder ayudar o los compañeros que les costaba la matemática, por eso se ofreció a enseñarles. Conversó con su maestra, la señora Ardilla, sobre lo que pretendía realizar en su salón de clase; ella con mucha alegría acogió la iniciativa de su alumna. Bolita estuvo esperando aquel día con mucho entusiasmo, sería el día que le explicaría a sus compañeros lo asignatura que tonto amaba. Por fin esa mañana llegó. Muy contenta se dirigió o sus compañeros y estos correspondieron el gesto prestando mucho atención, todos menos uno, que parecía no sentirse muy a gusto con lo que su compañerita trataba de hacer. Se trataba de lo tortuga Luga. Luga tenía un problema de autoestima, ya que se creía superior o sus compañeros. Nunca prestaba atención, nada más le importaba ella misma. Un poquito egoísta la amiga... Al ver que en esa mañana Bolita era el centro de atención de sus compañeros se molestó tanto y empezó a alardear de sus destrezas, diciéndoles o los demás que ella era mejor que la coneja.

Bolita, siempre con la humildad que la caracterizaba, se acercó donde Luga estaba y muy respetuosamente se dirigió o ella: - Luga, ¿por qué andas diciendo que tú eres mejor que yo? Creo que ambos somos muy inteligentes! Sabes hasta me agradas y me encantaría poder ser tu amiga. Luga la observó con una mirada tímida y no le contestó nada. Bolita prosiguió: - Tú, al igual que yo eres muy ágil con la matemática, quizás si nos unimos me podrías ayudar a dar los centros de estudio o los compañeros que no entienden esta asignatura. - ¿Estas Segura, Bolita, que eso quieres? Yo he tenido uno actitud egoísta hacia ti, quizás porque todos te admiran por tu gran corazón –replicó Luga. - Claro que estoy hablando en serio, así que te apuntas a enseñar matemáticas Con sus ojos empapados en lágrimas, Luga accedió a la propuesta de Bolita. Es más, frente o su maestra les prometió a sus compañeros ser más humilde y


menos prepotente. Que dejaría de alardear de sus habilidades y de que ahora en adelante antes de alabar sus cualidades, más bien, las iba o demostrar, ayudando o todos los que lo necesitaran. De esta manera Bolita y Luga se unieron. Cada día eran más los compañeros que asistían o los centros de estudio que estas dos animalitos daban con gran entusiasmo.

Con el tiempo, un fuerte lazo de amistad creció en lo que antes era rivalidad y ambas no sólo enseñaron matemáticas sino dieron una lección de entrega y humildad.


Cuentos de niños para niños  
Cuentos de niños para niños  

Recopilación de los cuentos de los estudiantes que obtuvieron el primer lugar en los FEAs circuitales

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