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John Grisham

Causa justa

Le resumí la historia de RiverOaks y su carrera para hacerse con la construcción del edificio de Correos. —Tenía que conseguir rápidamente el solar. La primera vez que Palma acudió al almacén, lo atracaron. Memorándum para el expediente. Volvió con un guardia de seguridad. Falta el memorándum. Fue debidamente anotado en el diario del expediente y más tarde retirado, quizá por Braden Chance. —¿Qué decía el memorándum? —No lo sé; pero tengo la corazonada de que Héctor inspeccionó el almacén, encontró a los squatters en sus improvisados apartamentos, habló con ellos y se enteró de que le pagaban un alquiler a Tillman Gantry. No eran ocupantes ilegales, sino inquilinos con derecho a toda la protección que se contempla en la Ley de Arrendamientos Urbanos. Para entonces, el derribo ya estaba decidido, se tenía que cerrar la venta, Gantry estaba a punto de ganar mucho dinero, el memorándum no se tuvo en cuenta y se llevó a cabo el desalojo. —Había diecisiete personas. —Sin contar los niños. —¿Conoces los nombres de los demás? —Sí. Alguien, sospecho que Palma, me hizo llegar una lista. Si pudiéramos localizar a esas personas, tendríamos testigos. —Tal vez; pero lo más probable es que Gantry los haya amenazado. Es un hombre importante con una pistola muy grande; se cree una especie de padrino. Cuando le dice a alguien que se calle, éste obedece o acaba flotando en un río. —Pero tú no le tienes miedo, ¿verdad, Mordecai? Vamos a localizarlo y a acosarlo un poco; se vendrá abajo y lo contará todo. —Llevas mucho tiempo en la calle, ¿no es cierto? He contratado a un insensato. —Cuando nos vea echará a correr. Las bromas no resultaban muy eficaces a aquella hora de la mañana. La calefacción del automóvil tampoco, a pesar de que el ventilador funcionaba a toda velocidad. El interior del coche estaba helado. —¿Cuánto cobró Gantry por el almacén? —preguntó Mordecai. —Doscientos mil. Lo había comprado seis meses atrás; en el expediente no se indica por cuánto. —¿Y a quién se lo compró? —Al Ayuntamiento. Estaba abandonado. —Debió de pagar unos cinco mil. Diez mil como máximo. —No fue un mal negocio. Gantry ha subido de categoría. Siempre se había dedicado a cosas de poca monta, casas adosadas, túneles de lavado de coches, tiendas de comestibles, pequeños negocios. —¿Y por qué razón iba a comprar un almacén y dividir el espacio en apartamentos baratos de renta baja? —Para disponer de dinero en efectivo. Supongamos que pagó cinco mil y se gastó otros mil en levantar tabiques e instalar un par de lavabos. Se da de alta de la luz y ya tiene un negocio. Se corre la voz y aparecen los inquilinos; les cobra cien dólares mensuales pagaderos sólo en efectivo. De todos modos, a sus clientes les importan un bledo los papeles. Deja que el almacén parezca un edificio abandonado para que, en caso de que se produzca una inspección municipal, él pueda decir que son unos simples squatters. Promete echarlos, pero no tiene la menor intención de hacerlo. Es algo que ocurre constantemente por aquí. Alojamientos ilegales. Estuve a punto de preguntarle por qué el Ayuntamiento no obligaba a cumplir la ley, pero me contuve. La respuesta habría sido los incontables baches de las calles que nadie arreglaba por falta de presupuesto; la flota de vehículos de la policía, un tercio de los cuales se encontraba en tan mal estado que su utilización era un peligro; las escuelas con los tejados a punto de derrumbarse; y las quinientas madres y criaturas sin hogar que no conseguían encontrar cobijo. La ciudad no funcionaba, así de sencillo. Y un casero renegado que en realidad sacaba a la gente de la calle, no constituía precisamente una prioridad. 98

John Grisham - Causa justa (1998)  

Causa justa (1998) Michael Brock deja su flagrante carrera en un prestigioso bufete de Washington para trabajar como abogado de los sin tech...