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John Grisham

Causa justa

—¿Y no estaría mejor en la cárcel? —¿Has estado en la cárcel últimamente? No. —Pues no vayas. Los policías no están preparados para tratar a los indigentes y mucho menos a los enfermos mentales y los drogadictos. Las cárceles están abarrotadas de reclusos. El sistema judicial es una pesadilla y la persecución de los vagabundos sólo sirve para atascarlo más de lo que están. Y aquí viene lo más estúpido: mantener a una persona en la cárcel cuesta un veinticinco por ciento más por día que proporcionarle cobijo, comida, transporte y servicios de asesoramiento. Como es natural, todo eso se traduciría en un beneficio a largo plazo, y sería mucho más lógico. Un veinticinco por ciento más lógico, sin incluir los gastos del arresto y de su tramitación. De todas maneras, casi todas las ciudades están en bancarrota y muy especialmente el distrito de Columbia (recuerda que es por eso por lo que están clausurando los centros de acogida), y aun así malgastan el dinero convirtiendo a los sin hogar en unos delincuentes. —Al parecer, la situación está madura para los litigios —dije a pesar de que Mordecai no necesitaba que lo aguijonearan. —No paramos de presentar querellas. Los abogados de todo el país están atacando estas leyes. Los malditos ayuntamientos se gastan más dinero en honorarios de abogados que en construir centros de acogida para los indigentes. Hay que amar mucho este país. Nueva York, la ciudad más rica del mundo, no puede ofrecer cobijo a todos sus habitantes; la gente duerme en la calle y pide limosna en la Quinta Avenida, y eso molesta a los sensibles neoyorquinos, que eligen a Rudy como se llame porque les promete limpiar las calles y consigue que el competente consejo municipal declare ilegal la situación de los sin hogar, así por las buenas. No pueden pedir limosna, no pueden sentarse en las aceras, no pueden ser unos vagabundos, mientras las autoridades recortan los presupuestos y las ayudas, cierran los albergues y, al mismo tiempo, se gastan una maldita fortuna pagando a los abogados neoyorquinos para que los defiendan por haber intentado eliminar a los pobres. —¿Cómo está Washington? —No tan mal como Nueva York, pero temo que no mucho mejor. Nos encontrábamos en una zona de la ciudad que dos semanas. atrás yo no habría cruzado en pleno día ni siquiera con un vehículo blindado. Las lunas de los escaparates estaban protegidas con barrotes de hierro; los edificios de viviendas, unas estructuras elevadas carentes de vida, mostraban la ropa tendida en los balcones. Todos eran de ladrillo gris y se caracterizaban por la sosería arquitectónica propia de las viviendas de protección oficial. —Washington es una ciudad negra con un porcentaje considerable de la población que vive de la beneficencia —añadió. —Atrae a muchas personas que quieren un cambio, activistas y radicales. Personas como tú. —Yo no soy precisamente un activista ni un radical. —Estamos a lunes por la mañana. Piensa dónde has estado todos los lunes por la mañana en los últimos siete años. —Sentado ante mi escritorio. —Un escritorio muy bonito. —Sí. —En un elegante despacho. —Sí. —Ahora eres un radical dijo, mirándome con una amplia sonrisa en los labios. Y con eso terminó mi cursillo de orientación. Más adelante, a la derecha vimos un grupo de hombres muy abrigados, acurrucados en una esquina en torno a una estufa de butano. Doblamos la esquina y aparcamos junto al bordillo. Muchos años atrás, el edificio había sido la sede de unos grandes almacenes. Un rótulo pintado a mano rezaba: CASA DEL BUEN SAMARITANO. —Es un albergue privado —me explicó Mordecai. —Noventa camas, comida aceptable, fundado por un grupo de iglesias de Arlington. Llevamos seis años viniendo aquí. Cerca de la entrada había una furgoneta de un banco de alimentos de la cual unos voluntarios descargaban cajas de fruta y verdura. Mordecai se dirigió a un anciano que se hallaba ante la puerta, quien nos hizo pasar. 88

John Grisham - Causa justa (1998)  

Causa justa (1998) Michael Brock deja su flagrante carrera en un prestigioso bufete de Washington para trabajar como abogado de los sin tech...

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