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John Grisham

Causa justa

—Es verdad. Vamos a divorciarnos. —¿Qué te pasa en la cara? Una bolsa de aire. —Ah, sí; lo había olvidado. Creía que sólo se había abollado el guardabarros. —Y se abolló. Dejó el abrigo sobre el respaldo de una silla y rápidamente volvió a ponérselo. —¿La reducción de los gastos generales significa no pagar la factura de la calefacción? —De vez en cuando nos saltamos un mes. Recorrió la estancia y asomó la cabeza por las puertas de los pequeños despachos laterales. —¿Quién financia este proyecto? —Una fundación. —¿Una fundación que está quedándose sin fondos? —Sí, y rápidamente. —¿Y cómo lo encontraste? —Señor solía venir por aquí. Éstos eran sus abogados. —El bueno de Señor... —musitó Barry. Interrumpió momentáneamente su inspección y fijó la mirada en la pared. ¿Crees que nos habría matado? —No. Nadie le hacía caso. Era otro pobre tipo sin hogar. Quería que le hicieran caso. —¿Se te pasó en algún momento por la cabeza la posibilidad de abalanzarte sobre él? —No, más bien pensaba apoderarme de su arma y pegarle un tiro a Rafter. —Ojalá lo hubieras hecho. —Quizá la próxima vez. —Tienes un poco de café? —Pues claro. Siéntate. No quería que Barry me acompañara a la cocina, pues ésta dejaba mucho que desear. Encontré una taza, la lavé rápidamente y la llené de café. Lo invité a pasar a mi despacho. —Bonito —dijo, mirando alrededor. —Aquí es donde se hacen los grandes negocios expliqué con orgullo. Tomamos posiciones a ambos lados del escritorio en unas chirriantes sillas a punto de romperse. —¿Con esto soñabas en la Facultad de Derecho? —me preguntó. —Ya no me acuerdo de la Facultad de Derecho. He facturado muchas horas desde entonces. Finalmente me miró a la cara sin sonreír, como si hubiese pasado el momento de hacer bromas. Por mucho que me doliera, no pude evitar preguntarme si Barry llevaría un escucha oculto. Habían enviado a Héctor al combate con un micro debajo de la camisa, así que eran capaces de hacer otro tanto con Barry. Él no se habría ofrecido voluntariamente, pero era probable que lo hubiesen presionado. Yo me había convertido en un enemigo. —¿De modo que viniste aquí en busca de Señor.. ? —dijo. —Supongo que sí. —¿Y qué has descubierto? —¿Te estás haciendo el tonto, Barry? ¿Qué ocurre en la empresa? ¿Estáis estrechando el cerco en torno a mí? Sopesó cuidadosamente las preguntas mientras tomaba rápidos sorbos de café. —Este brebaje es horrible dijo, a punto de escupirlo. Pero por lo menos está caliente. Lamento lo de Claire. —Prefiero no hablar de eso. —Falta un expediente, Michael. Todo el mundo te señala. —¿Quién sabe que estás aquí? —Mi mujer. —¿Te envía la empresa? 82

John Grisham - Causa justa (1998)  

Causa justa (1998) Michael Brock deja su flagrante carrera en un prestigioso bufete de Washington para trabajar como abogado de los sin tech...

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