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John Grisham

Causa justa

Yo me dirigí al asiento delantero. No vi el expediente. Tras un instante de terror lo encontré intacto en el suelo detrás del asiento del conductor. Lo tomé y sentí deseos de irme. No estaba de humor para comprobar los daños sufridos por mi coche. Había sobrevivido, y eso era lo único que importaba. Ya discutiría con la compañía de seguros la semana entrante. —¿Es ése? —preguntó Winkle. —Sí —contesté, con ganas de marcharme de allí. —Sígame. Entramos en el cobertizo, donde una estufa de butano encendida nos echó encima una vaharada de aire caliente desde uno de los rincones. Winkle tomó una de las tablillas de papeles de la pared y clavó la mirada en el expediente que yo sostenía en la mano. —Una carpeta de cartulina marrón —dijo, haciendo una anotación. —De unos cinco centímetros de grosor. —Seguía escribiendo, mientras yo la apretaba contra mi pecho como si fuera un tesoro. —¿Lleva algún nombre? No estaba en condiciones de protestar. Si conseguía hacer un comentario ingenioso, jamás me encontrarían. —Por qué quiere saberlo? —pregunté. —Déjela encima de la mesa —dijo. Y allí la dejé. —RiverOaks barra TAG, Inc. —dijo sin dejar de escribir. —Número de archivo TBC963381. Sentí que el abismo se abría un poco más bajo mis pies. —¿Es suya? —me preguntó, señalándola sin el menor asomo de sospecha. —Sí. —Muy bien. Ya puede irse. Le di las gracias y no obtuve respuesta. Por un segundo deseé cruzar corriendo el depósito, pero el simple hecho de caminar ya constituía todo un reto. Cerró la verja a mi espalda. Mordecai y Peeler se volvieron y vieron el expediente en cuanto subí al coche. Ninguno de los dos tenía idea de lo que era; sólo le había dicho a Mordecai que el expediente era muy importante y tenía que recuperarlo antes de que se perdiera. —¿Tanto trabajo por una simple carpeta de cartulina? Estuve tentado de pasar las páginas mientras regresábamos al consultorio, pero no lo hice. Le di las gracias a Peeler, me despedí de Mordecai y me dirigí hacia mi nueva buhardilla conduciendo con mucho cuidado. El origen del dinero era el Gobierno federal, lo que no era de extrañar en el distrito de Columbia. La administración de Correos proyectaba construir en la ciudad un edificio de veinte millones de dólares para el servicio de paquetería, y RiverOaks era una de las muchas empresas agresivas que aspiraban a construirlo, alquilarlo y gestionarlo. Se habían estudiado al menos tres emplazamientos, todos en zonas degradadas de la ciudad, la lista de los cuales había sido publicada el pasado mes de diciembre. RiverOaks había empezado a comprar ávidamente toda una serie de inmuebles baratos por si llegaba a necesitarlos. TAG era una empresa debidamente registrada cuyo único accionista era un tal Tillman Gantry, descrito en un memorándum del expediente como antiguo proxeneta, estafador de poca monta y delincuente condenado en dos ocasiones. Se trataba, en definitiva, de uno de los muchos personajes de esa clase que abundaban en la ciudad. Tras purgar sus delitos, Gantry había descubierto los automóviles usados y los inmuebles. Compraba edificios abandonados que unas veces reformaba ligeramente para volver a venderlos y otras, cedía en alquiler. En el expediente se enumeraban catorce propiedades de TAG. El camino de Gantry se cruzó con el de RiverOaks cuando el servicio de Correos de Estados Unidos necesitó más espacio. El 6 de enero Correos comunicó a RiverOaks por carta certificada que la empresa había sido elegida como contratista propietaria arrendataria del nuevo edificio de paquetería. En un memorándum de acuerdo se especificaba un alquiler anual de un millón y medio de dólares por un período garantizado de veinte años. El documento señalaba, con la celeridad propia de las empresas no estatales, que el acuerdo entre RiverOaks y Correos debería firmarse no más tarde del 1 de marzo, o de lo contrario quedaría sin efecto. Tras siete años de proyectos y estudios, el Gobierno quería que el edificio se construyera de la noche a la mañana. 78

John Grisham - Causa justa (1998)  

Causa justa (1998) Michael Brock deja su flagrante carrera en un prestigioso bufete de Washington para trabajar como abogado de los sin tech...