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John Grisham

Causa justa

No lo dijo. Me pareció que no se fiaba. El apetito se me pasó de golpe, pero seguí comiendo para aparentar tranquilidad. Aunque no era necesario, ya que a Claire le importaba un bledo. A pesar del considerable dolor que sentía, me dirigí a pie hacia la calle M bajo una fina lluvia que se estaba transformando en aguanieve. Aparcar un viernes por la noche habría sido imposible. Quería estirar un poco los músculos y despejarme la mente. El motivo de la reunión debía de ser algún problema. Me preparé para lo que me esperaba. Traté de inventarme unas mentiras a fin de borrar mi rastro y otras mentiras a fin de borrar las anteriores. Tras haberme convertido en ladrón, mentir no me parecía tan grave. Cabía la posibilidad de que Héctor actuara en nombre de la empresa; hasta era posible que llevara unos escuchas encima. Decidí que prestaría mucha atención y diría muy poco. El Nathan's estaba medio vacío. Había llegado con diez minutos de antelación, pero él ya estaba allí, esperándome en un pequeño reservado. En cuanto me acerqué, se levantó de un salto y me tendió la mano. Usted debe de ser Michael. Soy Héctor Palma, del Departamento Inmobiliario; encantado de conocerle. Era una agresión, un estallido de personalidad que me puso en guardia. Le estreché la mano medio aturdido y le dije algo así como: —Encantado de conocerle. Me indicó el reservado y, con una cordial sonrisa en los labios, dijo: —Tome asiento. Me incliné cuidadosamente y me introduje en el reservado. —¿Qué le ha pasado en la cara? —me preguntó. —Le he dado un beso a una bolsa de aire. —Ah, sí, ya me he enterado del accidente —repuso con excesiva rapidez. —¿Cómo se encuentra? —¿Tiene algún hueso roto? —No —contesté muy despacio, tratando de adivinar sus intenciones. —Me enteré de que al otro lo habían matado —añadió una décima de segundo después de que yo hubiera hablado. Llevaba la voz cantante y yo tenía que seguirlo. —Sí; era un traficante de droga. —Menuda ciudad —masculló mientras se acercaba el camarero. ¿Qué va a tomar? me preguntó. —Un café —contesté. En aquel momento, mientras decidía qué iba a tomar, su pie empezó a rozarme la pierna. —¿Qué cervezas tienen? —le preguntó al camarero. El hombre, que como todo camarero aborrecía que se lo preguntaran, miró al frente y empezó a soltar la retahíla de marcas. El roce de su pie contra mi pierna hizo que ambos nos miráramos a los ojos. Medio oculto detrás del camarero, se señaló imperceptiblemente el pecho con el dedo índice derecho. —Una Molston Light —anunció de repente. El camarero se retiró. Llevaba escuchas y estaban observándonos. Dondequiera que estuvieran, no podían vernos a través de un camarero. Experimenté el instintivo deseo de volver la cabeza para echar un vistazo a los clientes del bar, pero resistí la tentación gracias, en buena medida, a que tenía el cuello más rígido que una tabla. Ésa era la explicación de que me hubiese saludado como si jamás nos hubiéramos visto. Héctor había estado sometido durante el día a un interrogatorio implacable y lo había negado todo. —Soy auxiliar del Departamento Inmobiliario —me explicó. —Usted conoce a Braden Chance, uno de los socios de la empresa. —Sí. Puesto que sabía que mis palabras estaban siendo grabadas, diría lo menos posible.

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John Grisham - Causa justa (1998)  

Causa justa (1998) Michael Brock deja su flagrante carrera en un prestigioso bufete de Washington para trabajar como abogado de los sin tech...