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John Grisham

Causa justa

—Otro abogado. —Pensé que no tenían ni un centavo. —Siempre reservamos una pequeña suma. Hemos adoptado una nueva estrategia de mercado. La idea de que el consultorio jurídico de la calle Catorce estuviese preocupado por la estrategia de mercado se me antojó graciosa; justamente lo que él pretendía. Ambos nos miramos sonriendo. —Si consiguiéramos que el nuevo abogado dedicara diez horas a la semana a reunir dinero, podría permitirse el lujo de pagarse el sueldo. Volvimos a sonreír. —Por mucho que nos moleste reconocerlo —prosiguió Mordecai—, nuestra supervivencia dependerá de la capacidad que tengamos de reunir dinero. La Fundación Cohen se encuentra en un estado precario. Hasta ahora no hemos necesitado mendigar, pero las cosas tienen que cambiar. —¿En qué consistiría el resto del trabajo? —El ejercicio del derecho de la calle. Ya ha recibido usted una buena dosis de eso. Ha visto nuestra sede. Es un vertedero de basura. Sofía es una bruja. Abraham es un estúpido. Los clientes huelen mal y el dinero es un chiste. —¿Cuánto dinero? —Podemos ofrecerle treinta mil dólares al año, pero sólo estamos en condiciones de prometerle la mitad durante los primeros seis meses. —Por qué? —El fondo cierra sus libros el 13 de junio, día en que nos dirán cuánto recibiremos el próximo año fiscal, que empieza el primero de julio. Tenemos reservas suficientes para pagarle los seis meses siguientes, Después, los cuatro nos repartiremos lo que quede una vez deducidos los gastos. —¿Abraham y Sofía están de acuerdo? —Después del sermón que les he echado, sí. Pensamos que usted debe de tener buenos contactos con los abogados y, como ha recibido una excelente educación, es apuesto, inteligente y todas estas mierdas, lo de reunir dinero se le debe de dar muy bien. —¿Y si yo no quiero dedicarme a reunir dinero? —Los cuatro tendríamos que rebajarnos un poco más el sueldo, y es probable que tuviéramos que conformarnos con veinte mil dólares al año. Y después con quince mil. Y cuando el fondo se agote tal vez vayamos a parar a la calle como nuestros clientes, y convertirnos en unos abogados pobres. —O sea, que yo soy el futuro del consultorio jurídico de la calle Catorce... —Ésa es la conclusión a que hemos llegado. Lo aceptaremos como socio de pleno derecho. A ver si Drake & Sweeney logra superar esta oferta. —Estoy conmovido —dije. Y también un poco asustado. El ofrecimiento de trabajo no era inesperado, pero su llegada abría una puerta que yo no estaba muy seguro de querer cruzar. Nos sirvieron la sopa de alubias negras y pedimos más cerveza. —¿Cuál es la historia de Abraham? —pregunté. —Nació en Brooklyn, en el seno de una familia judía. Vino a Washington para incorporarse al equipo del senador Moynihan. Se pasó unos cuantos años en el Capitolio y acabó en la calle. Es extremadamente listo. Dedica casi todo su tiempo a coordinar litigios con los abogados de oficio de los grandes bufetes. Ahora mismo mantiene un pleito contra la Oficina del Censo para conseguir que los indigentes sean tenidos en cuenta. Y ha puesto una querella contra el sistema escolar del distrito de Columbia para garantizar la escolarización de los niños pobres. Su capacidad de letrado deja mucho que desear, pero es muy hábil en el planteamiento de la táctica de los pleitos. —¿Y Sofía? —Es una asistente social que lleva once años estudiando derecho por la noche. Actúa y piensa como un abogado, sobre todo cuando maltrata a los funcionarios del Estado. Dice por lo menos diez veces al día: «Soy Sofía Mendoza, abogada.» —¿Es también secretaria? —No. No tenemos secretarias. Cada cual mecanografía y archiva lo suyo y se prepara su propio café. —Se inclinó hacia delante y, bajando la voz, añadió—: Los tres llevamos mucho tiempo juntos, 55

John Grisham - Causa justa (1998)  

Causa justa (1998) Michael Brock deja su flagrante carrera en un prestigioso bufete de Washington para trabajar como abogado de los sin tech...

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