Page 54

John Grisham

Causa justa

al azar, garabatos y diagramas con flechas que apuntaban hacía RiverOaks y Drake & Sweeney desde todas direcciones. Braden Chance, el socio especializado en bienes inmuebles con quien me había enfrentado a propósito del expediente, era quien recibía casi todos los disparos en representación de la empresa. Mi principal sospechoso era su auxiliar, el joven que había oído nuestro duro intercambio de palabras y que segundos después, mientras yo abandonaba su despacho, había calificado a Chance de «imbécil». Él debía de conocer los detalles del desahucio y seguramente tendría acceso al expediente. Utilizando un teléfono móvil para eludir los registros de D&S, llamé a un auxiliar del Departamento Antimonopolios. Su despacho estaba a la vuelta del mío. Él me envió a otro y, con un poco de esfuerzo, averigüé que el nombre del tipo a quien buscaba era Héctor Palma. Llevaba unos tres años en la casa, siempre en el Departamento Inmobiliario. Quería localizarlo, pero fuera del despacho. Llamó Mordecai. Me preguntó qué planes tenía para la cena. —Invito yo —anunció. —¿A sopa? Soltó una carcajada. —Por supuesto que no. Conozco una sandwichería estupenda. Acordamos reunirnos a las siete. Claire había regresado a sus hábitos hospitalarios, ajena al tiempo, las comidas o los maridos. Se puso en contacto conmigo a media tarde; en pocas palabras me dijo que no tenía ni idea de cuándo podría volver a casa, pero sería muy tarde. A la hora de cenar, cada cual por su lado. No se lo reprochaba. Había aprendido de mí el estilo de vida del carril de circulación rápida. Nos encontramos en un restaurante cerca del DuPont Circle. El bar de la entrada estaba lleno de bien pagados funcionarios de la administración del Estado que se tomaban un trago antes de huir de la ciudad. Nos sentamos en un reservado del fondo y pedimos una copa. —El asunto de Burton está adquiriendo cada vez más importancia —dijo Mordecai, y bebió un sorbo de cerveza. —Lo siento; me he pasado doce horas encerrado en una cueva. ¿Qué ha ocurrido? —Mucho interés por parte de la prensa. Una madre y sus cuatro hijitos hallados muertos en el automóvil donde vivían. Los encuentran a un par de kilómetros de la colina del Capitolio, donde están tramitando una reforma de la beneficencia estatal que enviará a más madres a la calle. Muy bonito, —O sea, que el entierro será todo un espectáculo. —Sin la menor duda. Hoy he hablado con docenas de activistas sin hogar. Asistirán, y tienen previsto hacerlo con los suyos. El lugar estará lleno de gente de la calle. Muchos fotógrafos y reporteros. Cuatro pequeños ataúdes al lado del de la madre, y las cámaras lo captarán todo para el telediario de las seis. Primero haremos una concentración y después una marcha. —Puede que de sus muertes surja algo bueno. —Puede que sí. En mi calidad de curtido abogado de la gran ciudad, sabía que todas las invitaciones a almorzar o a cenar tenían un propósito. Mordecai se traía algo entre manos. Lo adiviné por la forma en que me miraba a los ojos. —¿Se sabe por qué razón estaban sin hogar? —pregunté, tratando de sonsacarle. —No. Probablemente, la de costumbre. No he tenido tiempo de hacer preguntas. Mientras me dirigía hacia el local había tomado la decisión de no comentarle nada acerca de la misteriosa carpeta y su contenido. Era materia confidencial, y yo estaba al corriente gracias al puesto que ocupaba en Drake & Sweeney. Revelar lo que sabía sobre las actividades de un cliente habría constituido una grave falta de honradez profesional. La idea de divulgarlo me daba miedo. Además, no había comprobado ningún dato. El camarero nos sirvió las ensaladas y empezamos a comer. —Esta tarde hemos celebrado una reunión de empresa —me dijo Mordecai entre bocado y bocado—. Yo, Abraham y Sofía. Necesitamos ayuda. No me sorprendió oír aquello. —¿Qué clase de ayuda? 54

John Grisham - Causa justa (1998)  

Causa justa (1998) Michael Brock deja su flagrante carrera en un prestigioso bufete de Washington para trabajar como abogado de los sin tech...