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John Grisham

Causa justa

—Tan segura como cualquier otra persona de Washington. Vive en el hospital, probablemente el lugar más adecuado para vivir en aquella ciudad. —Me preocupo mucho por ustedes. Leo las estadísticas de la criminalidad, ¿sabes? Es una ciudad muy peligrosa. —Casi tanto como Memphis. Vimos aterrizar una pelota cerca del jardín y esperé a que apareciera su propietario. Una rolliza dama bajó de un carrito de golf, se acercó a ella y, tras vacilar por un segundo, le dio un fuerte puntapié hacia la derecha. No sé cuál de mis progenitores sufrió más profundamente los efectos de mi visita. Mi madre quería familias fuertes con muchos nietos. Mi padre quería que sus hijos ascendieran muy rápido en la escala social y disfrutaran de los beneficios de un éxito duramente alcanzado. A última hora de la tarde mi padre y yo hicimos nueve hoyos. jugaba él; yo bebía cerveza y empujaba el carrito. El golf aún no había conseguido seducirme. Después de dos cervezas, estuve en condiciones de hablar. Había vuelto a contar la historia de Señor durante el almuerzo y, por consiguiente, mi padre pensaba que sencillamente me había tomado un par de días de descanso para recuperarme del susto antes de regresar como una fiera al trabajo. —Estoy empezando a cansarme de la gran empresa, papá —dije mientras permanecíamos sentados junto al tercer punto de salida a la espera de que terminara de jugar la pareja que nos precedía. Me sentía nervioso, y eso me irritaba. Era mi vida, no la de mi padre. —¿Y eso qué significa? —inquirió. —Significa que me he cansado de lo que estoy haciendo. —Bienvenido al mundo real. ¿Crees que el tipo que trabaja con la taladradora no se cansa de lo que está haciendo? Tú, al menos, tú te estás haciendo rico. Ganó el primer asalto casi por KO. Dos hoyos después, mientras caminábamos por la zona de matojos buscando su pelota, me preguntó: —¿Vas a cambiar de trabajo? —Estoy pensando en ello. —¿Adónde irás? —No lo sé. Es muy pronto todavía. Aún no he buscado nada. —Pues entonces, ¿cómo sabes que los pastos que encontrarás serán más verdes? Recogió su pelota y se alejó. Yo conduje solo el carrito por el estrecho camino adoquinado mientras él avanzaba por la calle en pos de su pelota, preguntándome por qué razón aquel hombre de cabello canoso me infundía tanto miedo. Había encauzado a sus hijos de tal forma que se impusieran unos objetivos, trabajaran de firme, se esforzaran por convertirse en hombres importantes, todo ello con el propósito de ganar dinero a espuertas y vivir el sueño americano. Y no cabía duda de que había pagado todo lo necesario para que así fuera. Al igual que mis hermanos, yo no había nacido con sensibilidad social. Dábamos dinero a la iglesia porque la Biblia invita a hacerlo. Pagábamos impuestos al Gobierno porque la ley así lo exige. No nos cabía la menor duda de que con todas aquellas ofrendas se haría alguna cosa buena y nosotros tendríamos parte de responsabilidad en ello. La política pertenecía a los que estaban dispuestos a participar en aquel juego y, además, las personas honradas no podían ganar dinero. Nos habían enseñado a ser productivos. Cuanto mayor fuera nuestro éxito, tanto más se beneficiaría de ello la sociedad. Fijarnos objetivos, trabajar duramente, jugar limpio, alcanzar la prosperidad. Por eso me daba miedo. Tenía un nivel muy bajo de tolerancia. Embocó el quinto hoyo con dos golpes sobre el par y le echó la culpa al putter. —A lo mejor, no busco pastos más verdes —dije. —Por qué no te dejas de rodeos y vas directamente al grano? —me espetó. Como de costumbre, me sentí un cobarde por no hacerlo. —Estoy pensando en el trabajo social. —¿A qué demonios te refieres? —A trabajar por el bien de la sociedad sin ganar demasiado dinero a cambio. 30

John Grisham - Causa justa (1998)  

Causa justa (1998) Michael Brock deja su flagrante carrera en un prestigioso bufete de Washington para trabajar como abogado de los sin tech...