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John Grisham

Causa justa

Y lo hizo. Sin hacer el menor esfuerzo por mirarme a los ojos me soltó toda la historia. Tiempo atrás, no recordaba cuánto, pero Terrence debía de tener unos diez años, los dos vivían solos en un pequeño apartamento. La detuvieron por vender droga y la encerraron cuatro meses en la cárcel. Terrence se fue a vivir con su tía. Cuando la soltaron, recogió a Terrence y ambos iniciaron una existencia de pesadilla en las calles. Dormían en coches, en edificios desocupados o debajo de los puentes cuando hacía buen tiempo; si hacía frío, se iban a un albergue. Se las arregló para que el niño fuera a la escuela. Pedía limosna en las aceras, vendía su cuerpo —«hacer la calle», lo llamaba—, o un poco de crack. Hacía lo que hiciera falta con tal de que Terrence estuviese bien alimentado, vistiera como Dios manda y fuese a la escuela. Pero era una adicta y no consiguió librarse del crack. Se quedó embarazada y, cuando nació el niño, el Ayuntamiento se hizo inmediatamente cargo de él. Padecía síndrome de abstinencia. No parecía sentir el menor afecto por el niño; sólo le importaba Terrence. Los del Ayuntamiento empezaron a hacerle preguntas acerca de él, y madre e hijo se hundieron progresivamente en las sombras de la falta de hogar. Desesperada, recurrió a una familia para la que había trabajado como asistenta, los Rowland, cuyos hijos ya eran mayores y se habían marchado del hogar. Vivían en una acogedora casita cerca de la Universidad Howard. Ruby ofreció pagarles cincuenta dólares al mes a cambio de que Terrence viviese con ellos. Encima del porche trasero tenían un pequeño dormitorio; ella lo había limpiado muchas veces, y le pareció que sería ideal para Terrence. Los Rowland dudaron un poco al principio, pero finalmente se mostraron de acuerdo. Por aquel entonces eran buena gente. Ruby fue autorizada a visitar a su hijo durante una hora todas las noches. Las notas escolares del niño mejoraron; estaba aseado y a salvo, y Ruby se sentía muy feliz. Organizó su vida en torno a la de Terrence: nuevos comedores sociales y programas de acogida más cerca de los Rowland; distintos albergues para casos urgentes; distintos callejones, parques y coches abandonados. Cada mes conseguía reunir el dinero y jamás se saltaba la visita nocturna a su hijo. Hasta que volvieron a detenerla. La primera vez fue por ejercicio de la prostitución; la segunda por dormir en el banco de un parque de Farragut Square. Puede que hubiera una tercera, pero no lo recordaba. En una ocasión la llevaron corriendo al Hospital General del distrito de Columbia. Alguien la había encontrado tendida en la calle sin conocimiento. La enviaron a un centro para drogadictos, pero se fue a los tres días porque echaba de menos a Terrence. Una noche estaba con el niño en la habitación de éste cuando él le miró el vientre y le preguntó si volvía a estar embarazada. Ella respondió que creía que sí. ¿Quién era el padre? No tenía ni idea. Él la maldijo y le pegó tales gritos que los Rowland le pidieron que se fuera. Durante su embarazo, Terrence apenas le prestó atención. Fue muy doloroso dormir en coches, mendigar por las calles, contar las horas que faltaban para ver a su hijo y, cuando este momento llegaba, ser objeto de su desprecio durante una hora, sentada en un rincón de la habitación mientras él hacía los deberes. Al llegar a este punto de su relato, Ruby se echó a llorar. Tomé unas notas y oí que Mordecai paseaba a grandes zancadas por la sala principal, tratando de iniciar una discusión con Sofía. Su tercer embarazo, del que apenas hacía un año, se saldó con otra criatura con síndrome de abstinencia, de la que el Ayuntamiento se hizo cargo de inmediato. Se pasó cuatro días sin ver a Terrence mientras permanecía en el hospital recuperándose del parto. Cuando le dieron el alta, regresó a la única vida que conocía. Terrence era un alumno aventajado, excelente en matemáticas y español, tocaba muy bien el trombón y era un estupendo actor en las representaciones teatrales de la escuela. Soñaba con ingresar en la Academia Naval. El señor Rowland era militar retirado. Ruby llegó una noche a visitar a su hijo en muy mal estado. La señora Rowland discutió con ella en la cocina. Ambas cambiaron palabras muy duras y se dieron ultimatos. Terrence se puso de parte de los Rowland; tres contra una. O ella buscaba la ayuda que necesitaba o le prohibirían las visitas. Ruby contestó que se llevaría al niño. Terrence dijo que no iría con ella a ninguna parte. Al día siguiente, una asistente social del Ayuntamiento estaba esperándola. Alguien se había adelantado y había acudido a los tribunales. Cederían a Terrence en adopción. Los nuevos padres serían los Rowland, con quienes ya llevaba tres años viviendo. Las visitas terminarían a menos que 110

John Grisham - Causa justa (1998)  

Causa justa (1998) Michael Brock deja su flagrante carrera e...