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John Grisham

Causa justa

—Bueno, vamos a ver. Sí, de acuerdo. Podré arreglarlo. —Estoy en el café Bingler's. —Lo conozco. —Te espero. Ven solo. —Has visto demasiadas películas, Mike. A los diez minutos ambos estábamos sentados delante de la luna de un abarrotado local con una humeante taza de café en la mano, contemplando el tráfico de peatones de la Connecticut. —¿Por qué la autorización de registro? —pregunté. —El expediente es nuestro. Tú lo tienes y nosotros queremos recuperarlo. Así de sencillo. —Pues no lo encontraréis, de modo que ya podéis dejar de hacer los malditos registros. —¿Dónde vives ahora? Solté un gruñido y le dediqué mi mejor carcajada sarcástica. —Después de una autorización de registro suele producirse una orden de detención —dije—. ¿Es eso lo que va a ocurrir? —No estoy autorizado a informarte acerca de ello. Gracias, amigo. —Mira, Michael, Para empezar vamos a dejar claro que estás equivocado. Te has llevado algo que no es tuyo, y eso se llama, pura y llanamente, robar. Al hacerlo te has convertido en adversario de la empresa. Yo, tu amigo, sigo trabajando en ella. No puedes esperar que te ayude en unos momentos en que tus acciones pueden perjudicarnos. Tú has creado este lío, no yo. —Braden Chance no lo ha dicho todo. Ese hombre es un gusano, un tipejo arrogante que cometió un delito de procedimiento ilegal y ahora está intentando protegerse. Os quiere hacer creer que se trata del simple robo de un expediente y que podéis perseguirme, pero esos documentos podrían constituir una humillación para la empresa. —¿Qué propones entonces? —Que me dejéis en paz y no cometáis ninguna estupidez. —¿Como mandar detenerte, por ejemplo? —Para empezar, sí. Me he pasado todo el día volviendo la cabeza, y no tiene gracia. —No tenías que haber robado ese expediente. —No tenía previsto hacerlo, ¿comprendes? Fue un préstamo. Quería fotocopiarlo y devolverlo, pero no pudo ser. —O sea, que al final confiesas tenerlo en tu poder. —Sí, pero también puedo negarlo. —Estás jugando con fuego, Michael, y acabarás por quemarte. —No, si me dejáis en paz. Te propongo una tregua de una semana. Nada de autorizaciones de registro. Nada de detenciones. —Muy bien, ¿qué ofreces a cambio? —No utilizaré el expediente para poner en aprietos a la empresa. Barry sacudió la cabeza y tomó un sorbo de humeante café. —No estoy en condiciones de cerrar tratos. No soy más que un simple asociado. —¿Es Arthur el que lleva la voz cantante? —Por supuesto. . —Pues dile que sólo hablaré contigo. —Supones demasiadas cosas, Michael. Supones que la empresa quiere hablar contigo. Y la verdad es que no. Están furiosos por el robo del expediente y por tu negativa a devolverlo. No puedes reprochárselo. —Procura que lo comprendan, Barry. Ese expediente será una noticia de primera plana; grandes titulares y entrometidos reporteros que contarán docenas de historias. Si me detienen, acudiré directamente al Post. —Has perdido el juicio. —Es probable. Chance tenía un auxiliar llamado Héctor Palma. ¿Has oído hablar de él? 105

John Grisham - Causa justa (1998)  

Causa justa (1998) Michael Brock deja su flagrante carrera en un prestigioso bufete de Washington para trabajar como abogado de los sin tech...