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John Grisham

Causa justa

CAPÍTULO 21 Cuando hice el suficiente acopio de valor como para decirle a Mordecai que necesitaba la tarde libre, él me comunicó en tono severo que mi situación era exactamente la misma que la de los demás, que nadie controlaba mi horario, y que, si necesitaba tiempo libre, tenía perfecto derecho a tomármelo. Abandoné a toda prisa el despacho. Sólo Sofía pareció advertirlo. Me pasé una hora con el tasador de daños de la compañía de seguros. El Lexus estaba totalmente destrozado; mí compañía ofrecía veintiún mil cuatrocientos ochenta dólares con un finiquito para que después pudiera demandar a la compañía de seguros del Jaguar. Puesto que le debía al banco dieciséis mil dólares, me fui con un cheque de cinco mil y pico, cantidad más que suficiente para comprarme un coche acorde con mi nueva situación de abogado de los pobres, que no constituyera una tentación para los ladrones. Perdí otra hora en la sala de espera de mi médico. Yo, que era un atareado abogado con teléfono móvil y muchos clientes, no podía soportar permanecer sentado entre las revistas, escuchando el tic tac del reloj. Una enfermera me indicó que me quitase todo menos los calzoncillos. Después me pasé veinte minutos tendido sobre una fría camilla. Las magulladuras estaban adquiriendo un color marrón oscuro. El médico hurgó en las lesiones agravando mi tormento, y me dijo que volviera al cabo de dos semanas. A las cuatro en punto llegué al despacho de la abogada de Claire, donde me atendió una antipática recepcionista vestida de hombre. Todo en aquel lugar respiraba desprecio. Los sonidos eran antimasculinos: la áspera y ronca voz de la chica que atendía el teléfono; la voz de una bruja cantando melodías country a través de los altavoces; la estridente voz que de vez en cuando se escuchaba desde el fondo del pasillo. Los colores eran suaves tonos pastel; lavanda, rosa y beige. Las revistas de la mesa auxiliar estaban allí como si fueran una declaración de principios: nada de chismes o historias románticas, sino temas serios relacionados con la mujer. No estaban destinadas a invitar a la lectura, sino a suscitar la admiración de las visitas. Al principio, Jacqueline Hume había ganado una tonelada de dinero vaciando los bolsillos de unos médicos rebeldes, después se había ganado fama de dura al acabar con la carrera política de un par de senadores mujeriegos. Su nombre era el terror de todos los prósperos varones malcasados del distrito de Columbia. Yo estaba deseando firmar los documentos y marcharme. Pero tuve que esperar media hora, y estaba a punto de armar un alboroto cuando una asociada me llamó y me acompañó a un despacho que había al fondo del pasillo. Allí me entregó el acuerdo de separación, y comprendí por primera vez la cruel realidad. El encabezamiento rezaba: «Claire Addison Brock contra Michael Nelson Brock.» La ley exigía que antes de divorciarnos estuviéramos seis meses separados. Leí cuidadosamente el acuerdo, lo firmé y me marché. El día de Acción de Gracias volvería a ser oficialmente libre. Mi cuarta etapa de aquella tarde fue el aparcamiento de Drake & Sweeney, donde Polly se reunió conmigo a las cinco en punto con dos cajas de embalaje que contenían los recuerdos que aún quedaban en mi despacho. Estuvo muy amable y eficiente conmigo, pero habló muy poco y tenía mucha prisa. Seguramente le habían colocado encima un dispositivo de escucha. Recorrí varias manzanas y me detuve en una esquina abarrotada de gente. Marqué el número de Barry Nuzzo. Estaba reunido, como de costumbre. Dejé mi nombre, dije que era urgente y, en cuestión de treinta segundos, Barry me llamó. —¿Podemos hablar? —le pregunté. Di por sentado que estarían grabando la llamada. —Pues claro. —Estoy en la calle, en la esquina de la K y Connecticut. Vamos a tomarnos un café. —Estaré ahí dentro de una hora. —No, o vienes ahora mismo o nada. No quería que los muchachos tuvieran tiempo de urdir planes. Ni de preparar dispositivos de escucha. 104

John Grisham - Causa justa (1998)  

Causa justa (1998) Michael Brock deja su flagrante carrera en un prestigioso bufete de Washington para trabajar como abogado de los sin tech...

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