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más gente la que los soltaba. Debido a mi mal genio y a mis ansias por defenderme, me propuse callar todas esas bocas. Así pasaban los días, los meses, incluso los años, defendiéndome de todos, llegando muchas veces, aunque parezca un poco increíble, con un ojo morado a casa, con muchas amenazas a la espalda, mucha rabia contenida e inmensas ganas de llorar. Y no sólo eran los problemas de la calle, dentro de casa había aún más. Con la separación de mis padres, cambiar de vida así, ese paso de la niñez a la adolescencia que yo quería que terminase ya, mi brote de rebeldía producido por todo esto y las broncas, los castigos y que ellos, los padres, siempre creen saberlo todo, siempre te echan la culpa de que los demás se metan contigo, no entienden que estés cambiando, que seas diferente y no pienses igual que ellos… eso me llevó a querer desaparecer, a plantearme por qué vivía, para qué existía, si yo no quería… y quise terminar con mi vida, así terminaría todo, se extinguirían el dolor y la tristeza, todo se esfumaría, ya no haría más daño a los demás, sin mí sería mejor. Total, yo no tenía nada que perder, en todo caso ganaría algo muy valioso: la paz. Busqué refugio en los libros, en escribir, con la música. Después de un tiempo, algunas personas se acercaron más a mí e intentaron ayudarme, aunque sin mucho éxito, ya que nadie podría hacerlo. Ahora experimentaba el miedo, ya no eran sólo insultos, en medio de la clase, sin que nadie dijese nada, sólo escuchando risas de fondo que retumbaban en mi cabeza, que hacían que la sangre hirviese y sintiese que explotaba. También eran las amenazas continuas de todo tipo, llamadas ocultas advirtiéndome que si salía de casa… Mi impotencia era infinita, no sabía que hacer, yo siempre les había

plantado cara, pero ya no me quedaban más fuerzas. Empecé a preocuparme también por los problemas del mundo, la pobreza, las guerras, el cambio climático, el maltrato… y después de todo esto me cuesta creer cómo había gente con ganas de vivir. Esto me producía un gran sentimiento de soledad cada mañana al despertar, ¿cómo podía alguien acabar con todo esto? Sin saber por qué, ni cómo frenarlo, un gusto por la venganza fue creciendo en mí, incluso ahora sigo sintiéndolo. Me ha quedado claro que siempre tendré que oír desprecios hacia mi, que hay muchos intolerantes, como en todos los rincones del mundo, pero que también hay gente que merece la pena y se preocupa por los demás o que, simplemente, vive y deja vivir. Aunque lo que más claro me ha quedado, y creo que con el paso de los años, aún más, es que los cambios que vives en la vida te hacen cambiar y ser tal como eres. Cristina Márquez Prieto (4º ESO)

A Vuela pluma Los cambios en la vida  
A Vuela pluma Los cambios en la vida  

A vuela Pluma Revista del IES DE LLERENA

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