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¿Es usted un directivo que funciona como estufas que no queman? Un directivo que ignora los comportamientos de su gente genera una cascada de efectos indeseables, empezando por el peor mensaje de todos: “¡Hagas los que hagas, nada sucederá!”. Eso aplica para premiar conductas meritorias o sancionar actuaciones reprochables, pues de ambos derivan ejemplos para otras personas respecto de lo que se quiere promover o desestimular. Si bien el poder es la capacidad para influir en el comportamiento ajeno a traces de incentivos externos (por ejemplo, permisos y castigos), la autoridad es el reconocimiento de confianza de los demás en las buenas capacidades e intenciones de quien lo ostenta. El poder por sí mismo no genera autoridad, pero si contribuye a perderla si se usa mal: de forma arbitraria, inútil o, más frecuentemente, cuando debiendo usarlo (por ejemplo, para corregir malas conductas) no se lo hace. No olvide preguntarse: ¿Qué mensaje quiero enviar? ¿Qué precedente estoy sentando con mi decisión? Y aun cuando decida no hacer nada, recuerde que también ahí comunica algo. Por eso, debe cuidar el uso de las vías formales e informarles para educar, con lo que hace o deja de hacer, pues sus colaboradores esperan justicia. Así mismo, se espera sabiduría de quien tiene poder. ¿O que sucede cuando un padre omite corregir a sus hijos? Eso mismo sucede con la cultura de las empresas. Tanto, que Douglas McGregor recomienda la Regla de la Estufa Caliente para estos casos (llamadas así por el símil con el niño quien se advirtió no tocar la estufa caliente):

1.

Advertencia previa: “Si tocas la estufa, te quemarás; y entre más cerca estés, el calos te advertirá lo cerca que estas de que suceda”. La persona sabe y ha sido advertida de que la acción no debe realizarse, a menos que quiera enfrentar las consecuencias negativas de infringir la norma. Cada vez que alguien esté a punto de cometer una falla definitiva, debe ser consciente de que el castigo no se hará esperar.

2. Oportunidad / Inmediatez: “Si tocas una estufa, inmediatamente sobrevendrá una quemadura”. No tiene sentido las normas que no producen consecuencias, las cuales deben producirse en el muy corto plazo, no cuando se ha olvidado que se corrige. 3. Consistencia y proporcionalidad del castigo. “La gravedad de la quemadura será resultado de la forma en que se haya tocado la estufa”. No toda infracción es igual en grado ni en impacto, por lo que la sanción debe ser proporcional a la falta. A


veces el ejemplo y menaje de una mala acción es tan negativo, que el castigo ejemplar obliga a considerar también el mensaje para quienes pretendan repetirla. 4. Castigo Impersonal: “Toda persona que toque la estufa se quemará. Independientemente de quien se trate”. Las sanciones no miran a la persona, sino la falta. Así que no debe haber favoritismos a la hora de cumplir con lo que es norma. ¿Tiene dudas de que omitir las sanciones debidas genera perversos efectos sociales?


La regla de la estufa caliente