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El acorde perdido

TONALIDAD MENOR Y MENOR ARMÓNICA por David Patricio

S

in excepción, todos pasamos una parte de nuestra vida bajo la influencia del acorde menor. Los americanos lo llaman “el blues”; es decir, las fatigas, las penurias y en definitiva, la tristeza... Hace unos días mientras miraba una película acurrucado con mi novia, aprecié que ella me apretaba la mano cada vez que sonaba una acorde concreto en la banda sonora. Efectivamente, era un acorde menor. Es evidente que la música es curativa para nuestros sentimientos. El principio de la musicoterapia es escuchar la música alineada con el sentimiento que se tiene en un preciso instante. Es decir, si el paciente está triste le ponen Albinoni, Bach o Sinead O’Connor, pero si esta eufórico, ponen Metallica o Chuck Berry. Esas dos polaridades dependen fundamentalmente de la tonalidad menor en el primer caso y mayor en el segundo, aunque no siempre es así. En la pasada entrega hablamos de las tonalidades: las familias de acordes que se forman a partir de cada una de las escalas mayores. Como vimos, las tonalidades mayores tienen como centro tonal el primer grado (I), que es un acorde mayor, y las sensaciones que transmiten son más luminosas y positivas. Una vez que conocemos las tonalidades mayores, estamos listos para comprender las tonalidades menores. Cada tonalidad tiene su relativo o correspondiente en menor; si cogemos como I grado el VI grado de una tonalidad mayor estaremos en su relativo menor.

Es muy frecuente en las tonalidades menores convertir el V grado en un acorde mayor; un ejemplo serían los acordes tradicionales de una rumba: (Am, G, F, E*) Al convertir el acorde de Em en E, hemos modificado su tercera pasando a ser sol# en lugar de sol natural. Escala A menor

28 | El Musicógrafo | Junio 2014

Nº 6 El Musicógrafo - Junio 2014  

Revista destinada a la música emergente. Este mes con las bandas Patty Lodeiro, Et-Co*, David Patricio Band, Estirga, Make My Day, Scelion,...