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Introducción El pequeño archipiélago de las islas Medes (21,5 ha de superficie), formado por siete islotes y algún arrecife, situado a una milla escasa de la costa ampurdanesa del macizo del Montgrí -del cual forma parte geológicamente constituye un paraje de extraordinario valor biológico y ecológico por la variedad de especies y ambientes. De gran interés científico, se halla enmarcado en un paisaje de gran belleza, único en Cataluña. La vegetación y especialmente la fauna terrestres son dignas de estudio, pero lo que determina el valor excepcional de las Medes en el Mediterráneo es su medio marino. La proximidad de la costa y de la desembocadura del río Ter que aportan materia orgánica, la influencia de los vientos y corrientes del norte, que favorecen la entrada de agua del fondo a la vez que la enriquecen con aportaciones orgánicas incluso del Ródano, las distintas profundidades de su fondo y su diversa composición, arenosa o rocosa y su formación cársica con grandes cavidades y túneles, explicada la citada variedad de ambientes y especies que se encuentran en ellas (1345 taxones marinos identificados en los grupos vegetales y animales estudiados) y su gran productividad.

Esta riqueza de recursos ha sido explotada durante muchos años por los pescadores y especialmente por los coraleros que desde el siglo XVIII intensificaron su actividad en toda la costa hasta llegar, desgraciadamente, a


al verano -con algas blancas y requemadas por el sol y la desecación. En las irregularidades de la superficie se alojan gran cantidad de algas, como la coralina (Corallina elongata) y la lechuga de mar (Ulva rigida), y animales como el tomate marino (Actinia equina), los trompos (Monodonta turbinata), los mejillones (Mytilus galloprovincialis), las lapas (Patella aspera), los quitones (Acanthochiton fascicularis), los cangrejos correderos (Pachygrapsus marmoratus), los cangrejos morunos (Eriphia spinifrons), las babosas (Blennius canevae). En el interior de la cornisa se forman túneles y cavidades donde viven más de cincuenta especies de gusanos y un buen número de moluscos perforadores. En este ambiente tan rico buscan alimento desde las gaviotas patigualdas, en la superficie, hasta los sargos (Diplodus sargus) o las doradas (Sparus aurata), capaces de romper la coraza de los aparentemente inmóviles trompos y lapas. La vida está marcada por los cambios bruscos de las condiciones ambientales humedad, temperatura, luz- y por la fuerza del oleaje que obliga a los organismos a poseer excelentes órganos de fijación. Las algas bien iluminadas Una densa cobertura de algas caracteriza el paisaje submarino de las rocas someras y bien iluminadas, con más de un centenar de especies de frondas arborescentes y variados colores rojos, verdes y ocres. La franja oscila entre los 5-6 m de las vertientes N y NE, de pronunciada pendiente y corta insolación, y los 15 m de las S, SO y O, de suave pendiente y corta insolación. En las partes más batidas por el oleaje encontramos Cystoseira mediterranea y gran número de algas rojas; en las resguardadas, abanicos blancuzcos de Padina pavonica, pequeños parasoles de las acetabularias y otras algas comunes. El aspecto de estos fondos cambia estacionalmente por el hecho de que algas y animales tienen su máximo desarrollo en primavera y verano. En este manto vegetal tupido encontramos también esponjas rojas (Hymeniacidon sanguinea) y amarillas (Verongia aerophoba), hidroideos (Aglaophenia y Sertularella ellisi), gusanos y ascidias como Clavellina lepadiformis, adheridos sobre las algas, ostras(Ostrea edulis y Spondylus gaederopus) y mejillones (Mytilus galloprovincialis), fijados en las rocas, y erizos (Paracentrotus lividus y Arbacia lixula) y estrellas de mar, que se mueven lentamente. Las algas, a pesar de que producen substancias repelentes, son consumidas por los erizos, liebres de mar(Aplysia), lisas (Mugil cephalus), salpas (Sarpa salpa), morrudas (Diplodus puntazzo) y gran cantidad de pequeños gusanos, caracolillos y crustáceos que atraen a su vez peces pequeños como babosas, gobios, serranos, doncellas. Encontramos también pulpos, cangrejos y peces de mayor tamaño como sargos, mojarras, doradas, etc., e incluso peces cazadores como las lubinas, que se alimentan de los bancos de peces pelágicos (boquerones, chanquetes y bogas) que se acercan a los rompientes. Las algas de la penumbra Por debajo de los 10 o 15 m. , el paisaje submarino, sumido ya en la penumbra, condiciona la presencia de un grupo de algas adaptadas a la falta de luz y que recubren casi todo el fondo en franjas estrechas donde dominan una o dos especies de algas verdes y rojas, Sobre las rocas inclinadas encontramos Halimeda tuna o Udotea petiolata, junto con otras algas rojas y algo calcificadas del género Peyssonelia, mientras en las zonas arenosas viven las del Codium


vermilara.

Esta franja de transición se sitúa con frecuencia en las Medes entre grandes bloques de piedra, desprendidos por la erosión, que alojan en su cara inferior una rica fauna de animales coloniales, dispersos entre las algas, entre los que se destacan esponjas de vivos colores o de aspecto hirsuto y colores oscuros, vistosos celentéreos como las manos de muerto (Alcyonium acaule), briozoos como el falso coral (Myriapora truncata) y ascidias como la ascidia roja (Halocynthia papillosa) o el puril (Microcosmus sabatieri), además de gusanos, caracoles y moluscos. En las cavidades que se forman viven crustáceos como langostas (Palinurus elephas), sastres (Galathea strigosa) y santiaguiños (Scyllarus arctus), y gran variedad de peces territoriales, desde serranos (Serranus cabrilla), tordos (Symphodus ocellatus, S. mediterraneus y S. scina) y escórporas (Scorpaena porcus) hasta grandes cazadores como congrios (Conger conger), corvas (Sciaena umbra) o meros (Epinephelus guaza).

El paisaje cambia poco a lo largo del año, pero los pequeños organismos que viven encima de las algas tienen un ciclo estacional muy marcado y por ello las "hojas" de Halimeda y Udotea se cargan en la primavera y parecen peludas mientras en otoño se vuelven blancuzcas y en invierno aparecen verdes y limpias. La pradera de posidonia En la vertiente submarina de tierra de las Medes, resguardada de los golpes de mar y sobre fondo arenoso, se desarrolla la pradera de posidonia (Posidonia oceanica), popularmente conocida por "alguer" en el país, nombre inadecuado porque ésta es una de las pocas plantas fanerógamas (con raíces y flores) que habitan en el fondo del mar. La pradera de posidonia, formada por matas de hojas en forma de cinta de un cm. de ancho y hasta un metro de largo, da cobijo a buen número de animales que viven escondidos entre el herbazal y a toda una serie de pequeñas algas y animalejos que se incrustan en las hojas. La posidonia tiene mucha celulosa y por ello la comen muy pocas especies, como los erizos (Paracentrotus lividus), los erizos violáceos (Sphaerechinus granularis) o las salpas (Sarpa salpa). Pero los sedimentos que se acumulan en esta pradera son mucho más ricos en materia orgánica y sales nutritivas que los arenales y se aprovecha de ello una multitud de animales suspensívoros comátulas, ascidias, esponjas, hidroideos, gusanos, etc.- y sedimentívoros -


holoturias, ofiuras, etc.- que a su vez sirven de alimento a los animales carnívoros -cangrejos, peces, pulpos, estrellas de mar, etc. Cada otoño, las hojas de posidonia caen arrancadas por los temporales y en invierno las hojas nuevas empiezan a brotar de los rizomas y crecen verdes y vigorosas a lo largo de la primavera. A medida que se van desarrollando se les van incrustando pequeños organismos y por ello, al final del verano, las hojas se ven blancas y dobladas por el peso de estas incrustaciones. El paisaje coralígeno Por debajo de los 20 m de profundidad se desarrolla un paisaje exclusivo del Mediterráneo y bien representado en las Medes, llamado coralígeno a pesar de que el coral es más típico de la comunidad de cuevas semioscuras, porque los investigadores pensaron que era el ambiente donde crecía el coral rojo (Corallium rubrum). Está constituido por auténticos arrecifes en miniatura de algas calcáreas laminares (Mesophyllum lichenoides y Lithophyllum expansum) que forman tejados y abanicos soldados entre sí dejando huecos donde crecen y se incrustan animales de esqueleto duro como corales, moluscos, gusanos, briozoos, etc. Esta estructura, muy compleja, está surcada por túneles y agujeros donde son posibles tantos microambientes que podemos encontrar en ellos casi todos los organismos de los fondos rocosos mediterráneos. En los lados superiores y laterales, donde hay corrientes, las gorgonias blancas (Eunicella singularis) y las azules, amarillas y rojas (Paramuricea clavata) pueden formar auténticos bosques en miniatura. En el "sotobosque" de estas gorgonias hay hasta 600 especies animales entre esponjas, anémonas, corales, gusanos, moluscos, caracoles, babosas, crustáceos, briozoos, equinodermos, ascidias y peces. En el interior de los huecos y grietas viven especies de profundidad como el coral rojo, y también Leptopsammia pruvoti y esponjas. Con frecuencia se acumulan en los huecos sedimentos y arena que permiten la vida de animales de fondo arenoso como Bonellia, holoturias y ofiuras. El paisaje coralígeno, casi inmutable a lo largo de los años, tiene de todos modos cambios estacionales que afectan a las especies más pequeñas situadas en las "barbas" e incrustaciones que recubren las especies de más tamaño. Las cuevas submarinas Cuando las Medes y el Montgrí formaban parte de un macizo alejado del mar, la erosión de las aguas formó una serie de túneles y galerías que constituyen hoy, en el caso de las Medes, las cuevas submarinas que aumentan aún más su atractivo subacuático. El paisaje de estas cuevas es muy peculiar. La falta de luz impide la vida vegetal y a medida que penetramos en ellas la fauna de las paredes se va empobreciendo y el fondo está prácticamente desnudo. En los túneles, en cambio, gracias a la circulación del agua, todas las paredes mantienen una rica fauna. En el suelo de las cuevas, donde viven holoturias (Holothuria tubulosa), ofiuras (Ophioderma longicaudum y Ophiotrix fragilis) y cangrejos como el cangrejo peludo (Dromia personata), se esconden entre los guijarros y bloques muchas especies de crustáceos como langostas (Palinurus elephas), sastres (Galathea strigosa) y santiaguiños (Scyllarus arctus). El caso más espectacular es el del pequeño misidáceo (Heminysis speluncola), que forma enjambres muy densos en los rincones más oscuros de las cuevas y sirve de alimento a una fauna


variada de crustáceos -como la quisquilla Palaemon serratus -y peces- como los tres colas ( Anthias anthias), los salmonetes reales (Apogon imberbis) o los gobios (Thorogobius ephippiatus). Las cuevas sirven también de escondite a cazadores de actividad nocturna como los congrios (Conger conger) y las brótolas (Phycis phycis) que junto con las corvas (Sciaena umbra) son los grandes depredadores de estos espacios. En el interior de las cuevas hay, por otra parte, especies muy raras, organismos de gran profundidad como Stenopus spinosus o Herbstia condyliata y otras reliquias del Mediterráneo. Mientras el ciclo estacional es poco perceptible, hay en cambio interesantes oscilaciones en la actividad día-noche. Por la noche, los enjambres de misidáceos, gallinetas (Helicolenus dactylopterus) o los congrios salen a comer fuera y las ofiuras escondidas de día dentro de las esponjas, se mueven activamente. Los fondos detríticos En los fondos llanos situados en la base de las Medes y entre los islotes se acumulan piedras y detritos además de guijarros y arenas groseras. El paisaje se ve empobrecido porque hay poca luz para la mayoría de las algas, excepto para algunas cistoseiras o para ciertas grandes algas rojas. La sedimentación dificulta la vida de los filtradores incrustantes (pequeños briozoos, gusanos, ascidias) que a pesar de todo abundan en los relieves verticales y en la cara inferior de los guijarros. Las gorgonias (Lophogorgia sarmentosa) y algunos grandes animales erectos como las esponjas del género Ircinia, el gusano colonial Filograna implexa, el briozoo Pentapora fascialis o la ascidia Phallusia mamillata son las especies más características de este fondo. En el suelo viven animales que se alimentan de sedimentos como las holotaurias negras (Holothuria forskali), las holoturias reales (Stichopus regalis), las ofiuras (Ophioderma longicaudum) y Bonellia viridis. También son frecuentes los ceriantarios (Cerianthus membranaceus), los grandes caracoles -como la caracola (Charonia lampas)- los ermitaños (Dardanus arrosor) -asociados a anémonas (Calliactis parasitica)-, los erizos (Echinus acutus), etc. Entre los peces, los más conocidos son la pintarroja (Scyliorhinus canicula), el rape (Lophius piscatorius), la raya común (Raja clavata) y el torpedo (Torpedo marmorata). En estos fondos más profundos, la vida es estable y el paisaje varía poco a lo largo del año, ya que no hay cambios importantes de temperatura y los temporales no les afecta directamente de manera significativa. En el mar de las Medes existe un mundo fascinante que vive suspendido entre las aguas, formado por millones de microorganismos que en general no pueden verse a simple vista. Los más pequeños son las bacterias y los ciliados; de tamaño un poco mayor son las algas clorofíceas, diatomeas y dinoflageladas, que forman el fitoplacton; y, en movimiento incesante, se adivinan copépodos, anfípodos, larvas de gusanos, equinodermos, crustáceos decápodos y Sagitta, que forman la mayor parte del zooplancton. Si las corrientes son favorables, se acumulan gran cantidad de plancton gelatinoso formado por sifonóforos, micromedusas, ctenóforos y salpas (Salpa maxima y Thalia democratica). Las grandes medusas aparecen más ocasionalmente con la excepción de Pelagia nociluca. Cerca de las rocas más abatidas se puede encontrar enjambres de pequeños peces plateados que son en realidad los alevines de chanquete (Atherina


hepsetus), boquerones (Engraulis encrasicholus), bogas (Boops boops), sardinas (Sardina pilchardus) y obladas (Oblada melanura). Estos pequeños peces sirven de alimento a los grandes depredadores -lubinas (Dicentrarchus labrax), servias (Seriola dumerilii), barracudas (Sphyraena spyraena) o bonitos (Sarda sarda)que se acercan a las Medes. La mayor parte de los organismos tienen en este ambiente una vida reducida a días, semanas o meses y la estacionalidad es muy marcada, con una densidad máxima de plancton en primavera y otoño, cuando las condiciones oceanográficas permiten la máxima productividad de algas. Geomorfología Las Medes forman parte del frente de cabalgamiento del macizo calcáreo del Montgrí y los islotes son su prolongación en el mar. Los niveles inferiores presentan, por tanto, las mismas series estratigráficas (Triásico, Jurásico y Cretáceo inferior), cabalgando sobre el Terciario peculiar del Baix Empordà. La presencia de un nivel de arrecife del Cretáceo superior hasta desconocido en el Montgrí es una característica peculiar de las Medes. Encontramos diversas fallas orientadas según la alineación del frente de corrimiento del macizo, es decir NO a SE, que limitan diferentes bloques en la Meda gran y la Meda Petita. La Meda Gran presenta una disimetría muy acusada: la parte oriental tiene altos acantilados sobre el mar, cortados verticalmente y formados por calizas con estratificación maciza, mientras que los materiales más blandos -arcillas, yesos y margas- de la parte occidental dan como resultado pendientes más suaves que hacen accesible la isla desde l'Estartit, con dos pequeñas playas, una de ellas formando una pequeña bahía, l'Embarcador, donde se desembarca con cierta facilidad. Las fallas ya aludidas son responsables del relieve que se refleja en la articulada línea de la costa, con diversos valles suspendidos que forman arroyos, así como del gran número de cuevas y grutas, exteriores y subterráneas, por encima y por debajo del nivel del mar, en la parte oriental. También son numerosos los arrecifes y escollos que bordean la isla. Separada por El Freuetó, la Meda Petita presenta características muy similares, con pendientes suaves a poniente, donde se abre El Portitxol, y acantilados a levante, con cuevas importantes y túneles de parte a parte. El hombre en las Medas La presencia humana de les Medes se remonta a la época de la colonización griega de Roses, ya que en su entorno se han encontrado ánforas, ruedas de molino manuales, fragmentos de cántaros y cepos de ancla de plomo y piedra así como la pizarra (como las halladas entre Rosas y Cadaqués). Probablemente, entonces se explotaba ya la cantera de yeso que da nombre a la punta NO de la Meda Gran. Los vasos lacrimatorios de barro y vidrio y los huesos humanos hallados también en la Meda Gran dan pie a la hipótesis de que la isla sirvió de necrópolis. La situación estratégica de las islas, cerca de la costa, que facilitaba ataques rápidos con retirada segura, fue la causa de que se convirtiesen, ya en la edad media, en refugio de piratas que amenazaban no sólo las masías y pueblos costeros sino también el comercio marítimo, especialmente el barcelonés. Martín I el Humano proyectó una torre de defensa y el establecimiento de un monasterio de caballeros del Santo Sepulcro, pero las obras de fortificación, muy costosas, no finalizaron hasta mucho tiempo después y los caballeros abandonaron las islas. Su custodia pasó por diversas manos, y los genoveses quemaron dependencias y la capilla de Sant Miquel en un ataque (1442). El conjunto de


edificios desapareció en 1552, cuando se hundió la punta occidental de la Meda Gran, donde estaban enclavados. En los conflictos bélicos de finales del siglo XVIII las Medes tuvieron de nuevo cierto protagonismo: los franceses edificaron aquí una fortificación en 1794, durante la guerra contra la Revolución Francesa, que fue tomada por los ingleses y que sirvió también de presidio militar. En la guerra contra Napoleón fueron ocupadas de nuevo por los franceses. Hasta 1890, permaneció una guarnición, cada vez más reducida. Todavía existe el faro construido en 1866, en la época de Isabel II, degradado por el paso del tiempo, con la característica silueta de su torre sobre la vivienda de los antiguos fareros, así como restos dispersos de las antiguas baterías y construcciones militares. En 1930 se edificó el nuevo faro automático que actualmente funciona con energía solar. A partir de 1932 la Meda Gran fue definitivamente abandonada por el hombre. La naturaleza ha recuperado por tanto su dominio absoluto sobre las islas, que en su parte terrestre se han convertido en un paraíso ornitológico.

Illes Medes

Nombre de la isla

Superficie emergida (m2)

Altura máxima (m)

Perímetro (m)

La Meda Gran

182.530

75,4

2.800

La Meda Petita

25.850

66,8

1.400

El Carall Bernat

2.985

72,0

200

Els Tascons Grossos

1.885

41,9

200

El Medallot

550

25,0

100

Els Tascons Petits

510

15,2

100

Les Ferranelles

390

Otros islotes

680

Posición geográfica (Centro Meda Gran)

60


Latitud 42º 02' 55'' Norte Longitud 3º 13' 30'' Este de Greenwich

Distancia mínima del Molinet - Guix de la Meda

800 m

Distancia mínima del puerto de l'Estartit - Embarcador Meda Gran

1.500 m

Distancia extrema entre los islotes (Medallot-Carall Bernat) 1.300 m Distancia del Carall Bernat al puerto

2.400 m

Distancia del Medallot al puerto

1.500 m

Orientación de las islas Del noroeste al sudoeste Zona protegida (sin zona emergida) 509.405 m2

----------------------------Última actualització el 29/10/98 wsia@correu.gencat.es

Patrimoni natural Illes Medes  

Material bàsic de treball ecologia Illes Medes

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