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ROMANCE DE LA CABEZA DEL REY DON PEDRO I EL CRUEL, TAMBIÉN LLAMADO EL JUSTICIERO

Por Javier Berger


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Personajes: Pedro I Guzmรกn Don Tello Juan, el carbonero Vieja Juglar Soldado Mujer 1, 2 y 3 Danzantes Capas

Si ha menester doblar caracteres por la poca plata o los pocos cรณmicos ha de ser tal como sigue: Pedro I Guzmรกn/ D.Tello Juan / Soldado Vieja / Juglar Mujeres/ Danzantes/ Capas negras


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I. Sevilla. Callejón de los Cuatro Cantillos. A lo lejos suenan los metales de dos espadas batiéndose. Algunos gritos, insultos. Entra de una patada en el pecho Guzmán, que cae al suelo; le sigue, espada en ristre, su contrincante embozado en su capa ocultando tras ella su rostro y su odio. Tiene una pequeña cojera, quizás por tener una pierna más larga que otra o por el peso de la maldad que arrastra su cuerpo o quizás el desnivel del terreno que le hace reclinar sus maltrechas y chirriantes rodillas a pesar de su evidente vitalidad y maestría en el manejo del acero. Guzmán se levanta. El embozado no rehuye el combate. Pelean y mientras, la dialéctica como cuchillos afilados ruge en la noche de Sevilla.

GUZMÁN.- Ni temo ni rechazo tu envite. ESPADACHÍN.- Más os vale pues no veréis más la luz del día. GUZMÁN.- ¡Callaos y notad el frío acero de un Guzmán! ESP.- Mucho habláis para tan poca industria. Luchad como nunca porque la vida os va en ello. GUZMÁN.- ¿Quién sois? ESP.- Alguien que ha de callar a los guzmanes. GUZMÁN.- ¿Por qué mi mal queréis? ESP.- Por tus agravios y los de tu sangre. GUZMÁN.- Poniendo tu espada al servicio de Pedro condenas tu alma, infame. ESP.- No callarás hasta que abra un canal en tu garganta. GUZMÁN.- Es amigo de judíos. ESP.- Conversos. GUZMÁN.- Amigos de la herejía que envenenan nuestros pozos. ESP.- Buena gente con buenos dineros y buen hacer para administrarlos. GUZMÁN.- Que venderán tu oro en el sepelio.

(Pelean. Caen. Gran alboroto. Recuperan sus armas. En un balcón cercano una luz que se enciende.)

VOZ.- ¿Quién va?


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(Una vieja que se asoma con un candil en su mano. Los caballeros siguen peleándose. Nada han oído.)

GUZMÁN.- ¿Quién sois? ¿Tan cerca estáis de Don Pedro como lo estuvo el degradado Alburquerque, su mano derecha, el que lo crió y gobernó cuando era un infante y que sólo recibió una patada en las posaderas como pago? ESP.- Más cerca aún. GUZMÁN.- ¿Más cerca que su esposa Blanca de Borbón con la que se mofó del sagrado sacramento del matrimonio? ESP.- Más cerca aún. GUZMÁN.- En menos de tres días te desterrará. ESP.- Lo dudo. GUZMÁN.- Así es el criminal Don Pedro y no será distinto contigo. ESP.- Lo será. GUZMÁN.- Como no lo será con su concubina María de Padilla a la que escupirá en su cara cuando el hartazgo haya hecho mella en su corazón caprichoso de hijo único. ESP.- ¿No callaréis? ¡Callad! ¡Callad! ¡Callad! (Desata una furia de golpes que hacen que Guzmán pierda su espada, cayendo desarmado al suelo). Y ahora Guzmán , muere. GUZMÁN.- ¿Quién sois? ¿Quién sois? No me deis el billete sin retorno sin saber quién es mi verdugo. No se lo neguéis a un caballero que muere en justa liza.

(Silencio. Se miran los dos caballeros. El embozado hinca su espada en el vientre de Guzmán. Éste apenas lanza un suspiro de muerte)

ESP.- Cuando lleguéis a las puertas del infierno decidle a Lucifer que os envía Don Pedro, el único y legítimo rey de Castilla al que rendís pleitesía. VIEJA.- ¡Oh!

(Desde el balcón cae un candil que la sorpresa ha hecho resbalar de las manos curtidas de la vieja. El candil se estrella contra el suelo. Don Pedro huye cojeando dirección al Alcázar)


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II. El balcón. La vieja sigue callada. Han pasado quizás dos horas. Entra Juan, el carbonero.

JUAN.- Madre, ¿qué hacéis ahí en el balcón antes de la amanecida? VIEJA.- El calor de la noche no me dejaba dormir. JUAN.- A mí me despertó entre sueños una lechuza despellejada. VIEJA.- Mal presagio. JUAN.- La nobleza, los diezmos y la malfetría han cabalgado de la mano de los jinetes del apocalipsis, nada peor puede pasar. VIEJA.- Sí, han dejado sus caballos en el abrevadero de nuestra casa. Mira allí, en lo oscuro yace un hombre asesinado delante de mis ojos. JUAN.- ¿Al fondo, decís? Quizá siga vivo. Bajaré a comprobarlo. VIEJA.- No seas loco. JUAN.- Es de buen cristiano ayudar al herido. VIEJA.- Vi a su verdugo y nadie juzga a la justicia. JUAN.- Pero... VIEJA.- Alguien viene. (Se esconden)


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III.

(Por la calle entran tres encapuchados con quinqués. Toman el cuerpo del guzmán y el candil perdido, se echan al hombro el cadáver y salen)

VIEJA.- ¡Dios mío! Se llevaron el candil que se me cayó. La justicia me dará tormento para averiguar qué ha pasado, y quizá te culpen a ti de la muerte. JUAN.- Nada va a pasar. Porque aquí no ha pasado nada. Con no decirlo , nadie sabrá que presenciaste ... nada. VIEJA.- El candil. JUAN.- Olvídalo y duerme, el sopor del sueño borra los malos recuerdos. (Salen)

IV.

El Alcázar. Don Pedro se regocija viendo unas danzas ejecutadas por bellas bailarinas al compás de un juglar que les acompaña. Esparcimiento tranquilo para un rey.

PEDRO.- Tú que malvives con los odios de mi pueblo. Deléitame con el solaz divertimento del campesinado. JUGLAR.- Un nuevo romance, que seguro le parecerá divertido. Majestad... PEDRO.- Comienza. JUGLAR.- (Recita) Por los campos de Jerez

a caza va el rey Don Pedro

Vio volar una garza, disparóle un halcón nuevo. Por donde la garza sube

vio bajar un bulto negro

A sus pies cayó un neblí,

túvolo por mal agüero.

De él salió un diablillo,

sale bufando y gimiendo,

Con los pies llenos de abrojos y el cuerpo lleno de vello, En su mano una culebra

y en la otra un puñal sangriento,

En el hombro una mortaja,

una culebra al cuello;


7 A su lado de traílla

traía un gato negro.

PEDRO.- Basta. JUGLAR.- (Que no lo oye) Los maullidos que daría

a todos ponía un gran miedo

PEDRO.- Suficiente. JUGLAR .- (Sigue) Y a grandes voces decía:

¡Morirás Rey don Pedro!

Que desterraste a tu madre

¡A Dios darás cuenta de ello!

PEDRO.- ¡Silencio! JUGLAR.- Aún no ha terminado. PEDRO.- Ya le creo, como vive Dios que has acabado. ¿Dónde aprendiste semejante horca romancera? JUGLAR.- Me lo dieron, lo aprendí y lo dije. Pensé que le divertiría, majestad PEDRO.- ¡Pardiez! ¿Quién ha estado orinando en tu sesera? ¿Quiénes componen semejantes chanzas jugándose el cuello por delito de lesa majestad?

(Entra Don Tello acompañado de un soldado que apenas puede retenerlo. Está visiblemente enfadado)

D.TELLO.- En las calles, tus propios súbditos que te temen y se mofan de ti. PEDRO.- ¡Qué grata sorpresa! Supongo que fuera te estarán esperando tu cohorte de guzmanes. D.TELLO.- Guardándome las espaldas. SOLDADO.- Majestad, le advertí que no podía interrumpir... PEDRO.- Está bien. Somos familia y entre familiares no hay nada que temer. ¿No Tello? (A las bailarinas y el juglar) Marchad, luego disertaremos sobre poesía, he de hablar con mi hermanastro.

(Salen las danzantes y el juglar)

D.PEDRO.- ¿A qué se debe el honor de tu irrupción en mi corte, comportándote fuera de las normas que te marcan el señorío de Vizcaya y tu condado de Niebla?


8 TELLO.- Justicia, reclamo justicia. Por el asesinato de mi hijo anoche en manos de un desalmado a traición y con saña. Grande afrenta contra los Guzmán. PEDRO.- Un horrible suceso, sin duda. Aunque según mis informadores tu hijo, mi sobrino, cuando lo encontraron muerto tenía el arma junto a él , y una sola herida, muy profunda, en el pecho. TELLO.- ¿Y? PEDRO.- Parece más bien un duelo entre caballeros y no un asesinato. TELLO.- ¿Y el candil que encontraron junto a él? PEDRO.- Más a mi favor. No hubo sorpresa , portaron el candil para no acuchillarse a oscuras. TELLO.- ¿Quién lleva un candil por la noche con la intención de ir a un duelo? PEDRO.- No en mi caso, desde luego. TELLO.- Pido justicia señor, justicia contra el matador de mi hijo. Justicia, si es que esa palabra existe en este reino. PEDRO.- Tello , perdono tu insolencia pues la sinrazón y el dolor es el que habla. Tendrás la cabeza del matador de tu hijo en un nicho, en la pared, en el mismo lugar donde le dieron muerte. TELLO.- Así lo espero... Y por el futuro de Castilla que así sea. PEDRO.- ¡Y larga vida al Rey Don Pedro! TELLO.- ... (Sale) PEDRO.- No dejaré a mi pueblo en manos de la nobleza, a su antojo de asaltos y tropelías. No les daré motivos a esos bastardos para ir contra mí. Si Tello quiere una cabeza , tendrá una cabeza.


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V. (El juglar , algo cambiado, sin divertidas cucamonas ni graciosos trajes lee a voz en grito y bien modulada un pregón. Juan lo escucha desde su balcón)

JUGLAR.- ... Y nuestra magnánima Majestad Don Pedro I rey de Castilla ofrecerá cien doblones de oro, a quien denuncie ante la suya presencia quien fue el matador del hijo del conde de Niebla y señor de Vizcaya, Don Tello de Guzmán, en la Calle de los Cuatro Cantillos. Y asimismo, ordena el Rey Don Pedro que si fuese hallado el matador, sea su cabeza puesta en un nicho en la misma calle donde le dio muerte. Firmado y fechado en Sevilla el año de nuestro señor... JUAN.- ( Entra corriendo . Abraza al juglar). ¡Felices días mi buen amigo! Las buenas nuevas llaman a mi puerta por una vez. Tomad esta bolsa de monedas por el bello sol que luce hoy y su voz templada y serena, mi lucero. (Le da dos besos y sale) JUGLAR.- No es mal oficio este de pregonero. Admiran mi voz y me dan buenos dineros. Además se vive igual sin un dedo. Nueve más me quedan y no me impiden cantar. Que bueno es el Rey D.Pedro, espero que no suba los impuestos. (Sale)


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VI.

El Alcázar. Uno de sus salones. Pasea el Rey don Pedro y advierte que Juan, anda mirando y comprobando ventanas y espejos.

PEDRO.- ¿Qué haces en esta sala? ¡Guardias! JUAN.- No es necesario majestad, la guardia me ha dejado pasar. PEDRO.- Rodarán sus cabezas. JUAN.- Hace poco estuve aquí poniéndole los nuevos espejos y cristales que le trajeron de Francia. PEDRO.- Que no me proteja la guardia contra un reflejo, pero sí contra los franceses. JUAN.- Habría que ajustar esta ventana de aquí. PEDRO.- Ponte a laborar y deja la plática entonces. (Va a salir) JUAN.- Si callo, su majestad no podrá saber quién dio muerte al caballero Guzmán en los Cuatro Cantillos. PEDRO.- ¿Lo sabes? JUAN.- Mi madre vio el suceso desde una ventana. PEDRO.- Si mientes te entregaré al verdugo y desearás morir al segundo día de martirio. JUAN.- Mi verdad es clara como la luz de un candil. Por eso he querido ver a vos a solas. PEDRO.- Habla. JUAN.- Mirad por esa ventana, mi rey, a la que le cambiamos el marco la semana pasada y veréis al otro lado al asesino de Guzmán. PEDRO.- Prepara tu cuerpo para el suplico, embustero... (Se acerca a la ventana, que no es ventana sino espejo , mira y sus ojos se clavan en él, en su propia alma. Queda callado). JUAN.- Reflejan como ninguno los espejos franceses. PEDRO.- Llevas razón, muy nítidos. JUAN.- Majestad... PEDRO.- Recibirás los cien doblones, que serán el precio de tu silencio, sino quieres andar a dos metros del suelo con una horca a tu cuello. Ve en paz... Mi mayordomo te entregará la recompensa. Ve en paz y en buena hora.


11 JUAN.- Gracias, señor. A sus pies. (Sale) PEDRO.- Esta tarde D. Tello tendrá la cabeza que quería, la que le prometí, la del matador de su hijo... Antes he de prepararlo todo. (Sale)


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VII.

Cae la tarde. Alrededores de los Cuatro Cantillos. Tres mujeres esperan ávidas de espectáculo punitivo al verdugo con su víctima. Pocas distracciones en esta Sevilla del XIV.

MUJER 1.- Este es buen sitio. MUJER 2.- No se ha enterado casi nadie. MUJER 1.- Tengo mis contactos. MUJER 2.- ¿Llegará montado en una burra? MUJER 3.- ¡Qué barbaridad! MUJER 1.- ¿ O metido en un serón? MUJER 3.- ¡Dios mío! MUJER 2.- ¿O encerrado en una jaula? MUJER 3.- ¡Qué salvajada! MUJER 1.- ¿Tú que esperas remilgosa? Es un asesino. MUJER 3.- Que le acompañe la guardia de fuertes soldados y el verdugo venga con el torso desnudo pues ya el calor vive en las calles y hay que ajusticiar cómodo y fresco. MUJER 2.- ¡Perversa! MUJER 1.- ¡Ahí vienen! MUJER 2.- Traen un cajón de tablas de roble. No veo al reo, ni al verdugo... MUJER 3.- Ni a los guardias sudorosos con el vello húmedo...

(Entra la comitiva con un soldado que porta un arcón cerrado con un gran candado. Junto a él va juglar-pregonero con un tambor que toca de manera desidiosa. Tras ellos Don Tello y el rey Don Pedro I . Las mujeres se apartan a un lado. El juglar repica un redoble entusiasta, reminiscencia de sus tiempos de juglar. Las mujeres se dan codazos nerviosas )

MUJERES.- ¡Va a hablar, va a hablar! MUJER 3.- Es bien guapo


13 JUGLAR.- Manda el muy alto y poderoso rey Don Pedro, que la cabeza del hombre que mató al hijo del señor de Vizcaya y conde de Niebla sea puesta en un nicho en la pared donde cometió su homicidio. MUJERES.- ¡Bien! JUGLAR.- Pero por tratarse de persona muy principal, y por importar a la paz de esta ciudad, ordena el rey que la cabeza se ponga en el nicho, tal como está, dentro de este cajón. MUJERES.- ¿Cómo? JUGLAR.- Sin que nadie sea osado abrirla para reconocerla. Y pónganse por delante , fuertes rejas de hierro, para que nadie pueda reconocerlo.

(Tras el redoble final del pregón la comitiva inicia la salida. Le siguen las mujeres desganadas. Don Pedro queda atrás mirando la escena)

MUJER 1.- ¡Qué atropello! MUJER 2.- ¡Qué poco respeto al público! MUJER 1.- Si desde que en esta ciudad la gente va a los duelos con un candil qué se puede esperar. MUJER 3.- Allí hay mucha más gente... ¡Y soldados! ¡Corramos! (Sale) MUJER 1.- Quizá finalmente ahorque a alguien. MUJER 2.- O le echen aceite hirviendo. MUJER 1.- O le arranquen las uñas. MUJER 2.- O claven astillas en sus ojos. MUJER 1.- O...

(Salen las dos mujeres en su delirio de dolor y placer. Queda el rey Don Pedro solo)

PEDRO.- Pasaron los años y la guerra con los bastardos ,capitaneados por Enrique de Trastámara, deseosos de poder no se pudo evitar. Se aliaron con los franceses y con los infantes de Aragón ; y en Montiel, tras tres años de guerra abierta, me cercaron y me dieron muerte. Don Tello de Guzmán volvió a Sevilla para clavar en un garfio la calavera del matador de su hijo. Rompió las tablas del cajón y el escarnio le explotó en el rostro. Mi risa la tuvo que escuchar desde el más allá al ver que en el nicho encontró


14 una cabeza , sí, de una estatua mía , del único y legítimo hijo de Alfonso XI, rey de Castilla. Ante tal mofa no pudo destrozar la esfinge de mi semblante y Enrique, el ahora rey, mandó convertirla en busto; y a la calle, las gentes sabias la llamaron Calle de la Cabeza del rey don Pedro.

TELÓN


El Romance de la Cabeza del Rey Don Pedro