Page 1

LA FILOSOFÍA APLICADA DESDE EL PENSAMIENTO CRÍTICO Y DESDE LA RACIONALIDAD EXTENDIDA. DEL ESPÍRITU DEL CARTESIANISMO Y EL HEGELIANISMO AL DEL UNAMUNISMO Y EL ZAMBRANISMO

José Barrientos Rastrojo barrientos@us.es – http://filosofia-aplicada.blogspot.com – www.josebarrientos.net Universidad de Sevilla – Consejo Superior de Investigaciones Científicas 1 Abstract El presente artículo resume las ideas básicas de la filosofía aplicada a la persona. Partimos de una definición de la disciplina, basándonos en nuestra investigación académica y en nuestra práctica profesional, y explicamos cada uno de sus puntos pormenorizadamente. Añadimos una descripción de las herramientas básicas que usa el orientador filosófico. Asimismo, concretamos su universo de trabajo desmitificando que el gabinete filosófico se ocupe exclusivamente de cuestiones éticas. Más adelante, nos detenemos es el perfil del consultante. Por último, añadimos una adenda crítica al planteamiento racionalista argumental cartesiano y hegeliano de la profesión y nos inscribimos en una atmósfera unamuniana y zambraniana. Palabras clave Filosofía aplicada, orientación filosófica, asesoramiento filosófico, filosofía aplicada zambraniana, María Zambrano, conceptualizar, argumento

A Anita, perenne lectora del “semper scriptorum” 1. Filosofía Aplicada a la Persona (FAP) 2 . Definición. Desde la constitución oficial de la FA, hace tres o cuatro décadas 3 , los representantes internacionales de la disciplina han propuesto diversas definiciones 4 . 1

Este artículo ha sido posible gracias a una beca concedida al autor por el CSIC (Referencia UAC 20050012). 2 La definición que aquí presentaremos es aplicable al trabajo grupal con sutiles variaciones. 3 Consúltese una sucinta historia de la Filosofía Aplicada en RAABE, P.B.: “A brief history of philosophical counselling” 16 de Junio de 1999 disponible on-line en www.interchange.ubc.ca/raabe/Raabe_article2.html, último acceso 30 de mayo de 2005; POLLASTRI, N.: “Breve storia della consulenza filosófica” en CAVADI, A. Quando ha problema chi è sano di mente. Un´introduzione al philosophical counseling Rubettino Editore, Soveria Mannelli (Catanzaro), 2003. Págs. 135-162. Hay otra exposición española en BARRIENTOS RASTROJO, J.: Introducción al asesoramiento y al orientación filosófica, Ideapress, Tenerife, 2005. Págs. 19-38. 4 Algunas de ellas pueden encontrarse en las siguientes obras: LAHAV, R.- TILLMANNS, M. V. (eds): Essays on Philosophical Counselling. University Press of America Londres y Nueva York, 1995; AAVV.: Philosophical Practice in Italy, Apogeo, Milán, 2008; AA.VV.: Saber pensar para saber vivir. Filosofía aplicada, identidad y sufrimiento, Fénix editora, Sevilla, 2008; ORDÓÑEZ GARCÍA, J. – MACERA GARFIA, F. – BARRIENTOS RASTROJO, J.-MACERA GARFIA, F.: La filosofía a las puertas del tercer milenio, Fénix editora, Sevilla, 2005; DIAS, J.: Filosofia Aplicada à Vida, Esquilo, Lisboa, 2006; GUERRA BRAVO, S. – CHAÓN PADILLA, G. – MONTALVO ZUMÁRRAGA, A. – VILLAMARÍN CARRASCAL, M.: El arte de vivir con sentido. Manual de consultoría filosófica latinoamericana, Editorial Abyal-Yal, Quito (Ecuador), 2007; KREIMER, R.: Artes del buen vivir, Editorial Anarres, Buenos Aires, 2001; LAHAV, R.: ― “Much More than Critical Thinking” Disponible on-line:http://www.geocities.com/ranlahav/Reflection_4.html, último acceso 15 de enero de 2006; CURNOW, T. (ed).: Thinking through Dialogue. Practical Philosophy Press, Surrey, 2001; LEBON, T.: Wise Therapy, Continuum, Londres, 2001; MACERA GARFIA, F.: “Filosofía aplicada a la persona y vínculos con el lenguaje” en ORDÓÑEZ GARCÍA, J. – BARRIENTOS RASTROJO, J.: Filosofía Aplicada a Personas y Grupos, DOSS ediciones, Sevilla, 2008. Págs. 43-49; MARINOFF, L.: Más Platón y menos prozac, Suma de Letras, Madrid, 2002; DIAS, J.H. (org.): Encontros portugueses de filosofía aplicada, APAEF, Albufeira, 2008; MICCIONE, D.: La consulenza filosófica, Xenia, Milán, 2007; MONTANARI, M.: La consulenza filosofica: terapia o formazione. L´Orecchio di Van Gogh. Italia, 2006; POLLASTRI, N.: Il pensiero e la vita, Apogeo, Milán 2004; RAABE, P.B.: Philosophical Counseling. Theory and Practice. Praeger Publisher, Westport (Connecticut), 2001; SCHUSTER, S.C.:

1


Cada una muestra caracteres propios, aunque la actuación de los orientadores filosóficos patentiza concomitancias dentro del gabinete. Nosotros ofrecemos una definición general que asume el trabajo que se está realizando a nivel nacional e internacional, nuestra propia práctica y la investigación que hemos realizado en la última década. Se cifra en los siguientes términos. Proceso de conceptualización y/o clarificación acerca de cuestiones relevantes (significativas y/o esenciales) para el consultante cuyo objetivo es la mejora de su acto de pensamiento y/o depuración de sus contenidos veritativos y cuyo resultado acostumbra a ser su bien-estar (vida-buena)

1.1. Proceso... Cuando el consultante entra el primer día en el gabinete será sometido a un proceso que implica: - Un punto inicial o comienzo: motivado por una preocupación o cuestión a clarificar por el consultante que sea significativa en su vida. - Un punto de arribo o atraque: determinado por el momento en que el consultante o Soluciona la cuestión, o Decide que no quiere continuar con el proceso, o Establece que su indagación filosófica es suficiente en relación a sus expectativas y/o o El orientador lo anima a abandonar el proceso para fomentar su autonomía y enfrentamiento personal de la vida 5 . El punto de atraque puede ser definitivo o temporal. Habitualmente, el segundo caso se debe a que se propone al consultante a disponer un tiempo de trabajo personal prolongado sin sesiones filosóficas. En lugar de citarlo semanalmente, puede ofrecérsele un intervalo de un mes hasta la siguiente sesión 6 . - Cultivo filosófico. Denominamos con esta metáfora de laboratorio biológico a lo que se va generando en las diversas sesiones filosóficas. El proceso no debe ser entendido como un conjunto de islas monádicas sino como lugares en que se vitaliza (se alimenta) un nuevo modo de vida y donde autonomiza al sujeto para ser capaz de afrontar un conflicto o capacitar para responder a ciertas preguntas. Al final del proceso, la persona no necesitará de las andaderas del filósofo aplicado. El proceso incluye dos elementos: los temas y el acto reflexivo-vital: a. Temas: Asuntos que se van sucediendo en las sesiones. Normalmente hay uno focal, pero junto a él cada sesión incluye uno o más temas filosóficos. b. Acto reflexivo-vital.

Philosophy Practice. An Alternative to Counseling and Psychotherapy. Praeger Publisher, Westport (Connecticut), 1999. 5 A veces, el consultante desarrolla adherencias hacia la consulta que es preciso limitar. Esto no incluye las adherencias filosóficas, las cuales, si bien no se fomentan, tampoco se reducen. 6 Piénsese que el proceso que proponemos no requiere en todas las fases la asistencia a la consulta. Muchas veces, es suficiente la monitorización a distancia. La eficacia obtenida en consultas semipresenciales, a veces, ha sido mayor que la de una tutela constante y semanal del consultante. La consulta es un medio del proceso y no, el fin mismo. Adviértase, en cualquier caso, el peligro inherente a la semipresencialidad: el abandono del proceso.

2


Implica la capacitación del filósofo para reflexionar, conseguir una vida más armónica, más consciente de sí mismo y de lo que le rodea, lo cual suele redundar, como resultado, en un aumento en los niveles de bien-estar. Obviamente, son las transformaciones motivadas por el acto reflexivo-vital lo interesante para el filósofo aplicado. 1.2. …de clarificación y/o conceptualización…. Conceptualizar o nominar son actos propios de las tendencias más lógicoargumentales de la filosofía aplicada. Conlleva dar o imprimir nombres a/sobre lo que sucede. Forma una de las acciones más propias de las consultas. Desde el momento en que el consultante narra lo que le sucede, intenta poner en palabras sus preocupaciones o intereses. El concepto permite al orientador conocer el problema del consultante. Asimismo, compone un primer acceso para que el consultante dé orden a su conflicto o asunto. Ahora bien, no es suficiente con conceptualizar para comprender. No todos los términos y realidades pueden ser encorsetados en sistemas de términos. Por ello, proponemos dos formas de trascender las fronteras de la palabra. La más fácil de llevar a cabo supone la admisión de terminologías idiosincrásicas del sujeto, algunas de las cuales son ajenas a los diccionarios oficiales. El orientador filosófico trabajará con términos como “marimandonismo” (del vulgarismo “mari-mandona”), frigilidecadentismo (de frigidez y decadencia), “orugismo” (sentirse como una oruga), “catarsis etílica”, etc… Será crucial acercarse a los “grosores” vitales de los términos. Estos términos son medios para tocar una experiencia donde lo social tiene menos vigencia debido a que la palabra pertenece a círculos particulares del sujeto o le son propios, es decir los ha creado él. Así, una persona puede quejarse en la consulta de que al impartir una clase siente un sentimiento de “orugismo” o bien lamentarse de que la angustia lo envuelve. Obviamente, el término “orugismo” es una metáfora mucho más llena y cercana a la experiencia del sujeto que la angustia. Se trata de una palabra personal donde se mezclan gran cantidad de sentimientos y comprensiones que son verdaderos diamantes para el buscador filosófico que se interna en la vida de su consultante. Por otra parte, este tipo de palabras evita caer en errores: el orientador puede estar tentado a inquirir por el sentido del “orugismo” y, sin embargo, dar por sabido 7 el significado de la angustia siendo un craso error por su parte. Obviamente, “orugismo” no es un término aceptado oficialmente, pero la “angustia” está sometida a muchas acepciones. Añádase que la acepción del consultante puede no estar contenida en el diccionario. Clarificar los términos implicados en la consulta no sólo sirve para que el orientador vislumbre correctamente la problemática asociada, sino para que el consultante construya un relato en que comience a entender lo que dice, se aperciba de sus implicaciones, evidencie las realidades vacías que usa y, en definitiva, para que se haga responsable de su discurso.

7

“Dar por sabido” implica incardinar el término angustia en categorías reconocidas oficialmente. El peligro es la posible distancia que media entre ambas especificaciones. Por ejemplo, he tenido algún consultante para quien “tener angustias” era tener nauseas, que sólo aparece, secundariamente, en la sexta acepción del Diccionario de la Real Academia Española).

3


A las funciones anteriores de la clarificación, ha de sumarse la misión de que el consultante empezará a evidenciar el desajuste entre su decir, su hacer y su ser. El orientador filosófico, según lo entendemos nosotros, deberá desde el primer momento, ayudar a que estos tres aspectos coincidan o, al menos, se abra una ventana para explicar y aceptar su falta de coherencia. Tal auxilio no ha de hacerse desde la crítica (por ejemplo, no se trata de reprobar con frases como “eso que haces no es coherente con lo que dices”) sino desde una indagación que profundiza en implicaciones sin juzgar o ajusticiar. 1.3. …acerca de cuestiones relevantes (significativas y/o esenciales) para el consultante… Las cuestiones planteadas siempre son relevantes para el consultante, ¿por qué si no fuese de ese modo, acudiría a servicios profesionales? Esas cuestiones tocan niveles esenciales para el sujeto, es decir, se refieren a lo que el sujeto es, bien porque (1), potencialmente, lo vulneran, porque (2) lo destruyen o porque (3) abren nuevas posibilidades de determinación de la identidad. Los dilemas de consulta serán más que una determinación objetiva indiferente a la persona: la disolución del conflicto conduce a profundos cambios en las cosmovisiones, en la actuación y comportamiento, en el sentir respecto a realidades. Esto es motivado por el universo filosófico-globalizante en el que se opera 8 . 1.4. Objetivos y resultados. El objetivo es aquello que el orientador persigue. Los resultados se refieren a lo que se obtiene. No siempre coinciden. Aunque el consultante acostumbra a acudir a las sesiones por los resultados, la labor del filósofo aplicado está comprometida con los objetivos. El objetivo del filósofo aplicado es concordante con la labor de todo filósofo: “la mejora del acto de pensamiento y/o depuración de contenidos veritativos”. Algunos filósofos aplicados apuntan que el fin de la consulta es la felicidad 9 . Nosotros afirmamos esa consecución (matizándola levemente) como resultado acostumbrado. A nuestro entender, el compromiso (objetivo) del filósofo es con el saber, a pesar de las consecuencias. Admitimos, como Peter Raabe, que la filosofía aplicada produce beneficios terapeúticos 10 . Ahora bien, nos negamos a que el punto de mira a la que se haya dirigido la acción filosófica (y la FAP) sea meramente el bienestar. El filósofo piensa en lugar de hacer filoterapia 11 , igual que el artista pinta cuadros (siendo labor de otras profesiones la arteterapia) o el jinete monta a caballo (y no hace equino terapia), o el adiestrador de perros enseña a los animales (y no los usa para mejorar las relaciones sociales de los niños autistas). No será inútil repetirlo: el filósofo aplicado tiene como prioridad esencial la reflexión, a pesar de las consecuencias que se puedan derivar de este acto. El objetivo de nuestra disciplina se concreta en dos puntos. 8

Hay problemas para conseguir resultados en el caso de orientadores que se aferran a ideas excesivamente cartesianas o hegelianas, es decir, que contemplan al sujeto, exclusivamente, como un mero individuo racional. 9 Tal es el caso del filósofo aplicado Jorge Dias. Aparte de su libro reseñado puede consultarse el siguiente artículo: DIAS, J.: “La felicidad como objetivo de la filosofía aplicada” en AA.VV.: Filosofía aplicada a personas y grupos DOSS, Sevilla, 2008. Págs. 53-76. 10 La filosofía Aplicada no es terapia pero es terapéutica. 11 Cfr. RAABE, P.B.: Philosophical Counseling… Págs 205. Ran Lahav indica que cuando la filosofía aplicada no responde al objetivo de la verdad, sino que se afilia a la mejora de la vida ha de usarse otro nombre filoterapia (de la cual, Breitner ha escrito un libro: BREITNER, E.: Philotherapy: a new approach to psychoptherapy editado por IHR Press).

4


La mejora del acto de pensamiento fomentará que el filósofo aplicado auxilie al consultante dentro de la acción de pensar. Junto a la analítica del contenido material del pensamiento, se alimentará la capacidad práctica para la comprensión en general. Consecuentemente, se acompañará al consultante en el acto reflexivo desde que percibe algo hasta que extrae conclusiones. Esto desglosa la actividad del filósofo aplicado en actividades como el análisis de la percepción-visión 12 (estudio de los modos de visión, las relaciones entre los sentidos, la imbricación entre percepción e intepretación, la práctica de ser críticos con estadísticas u opiniones de los demás, etc…), la conceptualización, la crítica del acto de análisis y síntesis, de la inferencia (deducción e inducción, implicaciones del acto de pensar en relación a la lógica de predicados), la decantación de conceptualización o la indagación en el paso de ideas a creencias, el estudio de la atención, del tiempo en que se desenvuelve la reflexión, de los sistemas personales de comprensión del mundo y su justificación o la determinación de relaciones entre esos posos ideológicos y la propia vida. En síntesis, se mejora la acción argumental (y vivencial) del pensar y se analiza lo que el consultante asume como verdadero. Por último, ciertos filósofos (y no sólo los que trabajan en la universidad) han sido reacios a las derivaciones pragmáticas de la filosofía. Advierten que la filosofía, a semejanza de otras artes como la literatura, la escultura o la pintura, no debería demandar fines ajenos a sí misma. El arte por el arte debería trasladarse al campo del pensamiento y rendir una filosofía por la filosofía. De los párrafos anteriores, puede inferirse nuestra concordancia con esta posición, si bien, no coincidimos con su absolutismo. Por una parte, la lectura de obras literarias con fines educativos deja en evidencia sus valores como narración, ¿acaso una filosofía con ciertos fines que no le sean inherentes no implicaría lo mismo? No obstante, que la pretensión de la FA no sea la mejora de las condiciones del sujeto, no es óbice para que aceptemos que la filosofía posea resultados (no fines) inherentes que acostumbran a aumentar el bienestar general del sujeto. 1.5. Bien-estar. Maticemos, lo usual al final del proceso filosófico es la mejora del sujeto, pero no siempre es así. Muchos consultantes descubren en la consulta verdades que les conducen a un sufrimiento vital extremo. Por ejemplo, se percatan que su vida está construida sobre una mentira, o dirigen su visión a lugares que producen gran dolor. El compromiso de la FA con la verdad es primordial sobre una posible condición acariciadora de la consulta. El filósofo aplicado no faltará a la verdad o a su promoción para evitar momentos dolorosos dentro de la consulta. A pesar de ello, previa al hecho de internarse en cada uno de estos pasos que pueden causar sufrimiento está la decisión del consultante de transitarlos o no. Él decide si quiere ir hacia dentro o no y el filósofo aplicado no puede suplantarlo en esta decisión. Sea como fuere, el bien-estar suele ser la consecución más común en las consulta. Según el Diccionario de la Real Academia Española, se define “bienestar” del siguiente modo. Bienestar. (De bien y estar). 1. m. Conjunto de las cosas necesarias para vivir bien. 2. m. Vida holgada o abastecida de cuanto conduce a pasarlo bien y con tranquilidad.

12

Recordemos que la primera definición del filósofo era de un sujeto cuyo rol ciudadano era ver.

5


3. m. Estado de la persona en el que se le hace sensible el buen funcionamiento de su actividad somática y psíquica.

La duda, la incertidumbre, el desarraigo o el descentramiento propio de la crisis litigan con el bienestar y provocan un malestar. El centrado propio de las sesiones filosóficas es uno de los elementos precisos para el vivir bien, armónico y sosegado. Sin embargo, el producto no es sólo rozar una buena vida sino una vida buena. Cuando ambas instancias se enfrenten, el bienestar filosófico moverá ficha a favor de una vida buena. No escondemos, pues, que la tranquilidad es quebrantable, dentro del gabinete, en aras de la coherencia, el placer a favor de la virtud y la relación interpersonal hedónica por el intento de respetar la sinceridad ante el amigo. 2. Bases del quehacer dentro del gabinete. 2.1. Herramientas filosóficas. Repetimos la idea del principio: cada especialista tiende a esgrimir ciertas herramientas que caracterizan su labor filosófica. Nosotros, respetando la fidelidad al trabajo del filósofo, pensamos que no todos los instrumentos usados por filósofos aplicados son estrictamente filosóficos. Algunos le son inherentes, otros proceden de otras disciplinas, aunque se utilicen con fines reflexivos o argumentales. Para hacer una criba que distinga unos y otros, nos basamos en el estudio de lo que la historia nos ha ofrecido como propio del filósofo. Herramientas que tradicionalmente se han atribuidos de modo específico al filósofo no podemos afirmarlas como propias de su profesión, aunque obviamente las use. En terminología kantiana, diríamos que son herramientas necesarias pero no alcanzan ser herramientas suficientes. Caso paradigmático de ello es el diálogo. No nos cabe la menor duda de que sin diálogo no hay consulta filosófica, pero establecerlo como materia específicamente filosófica es un error: ¿acaso no hacen (también) uso de él la terapéutica del psicólogos, la escucha del psicoanalistas, la anámnesis del médico y el enfermero o el tratamiento del mediador? Siguiendo estos principios, nos parece pertinente relegarlo a un segundo nivel, privilegiando otras herramientas. 2.2. Argumentación. La época moderna ha elevado la imagen del filósofo como argumentador, es decir, como sujeto que esboza cuestiones, sigue un proceso formal, ordenado y sistemático y produce un mapa conceptual y lógico con dos componentes: las razones y las consecuencias. La orientación filosófica añade a esta actividad una novedad: la importancia del papel interventivo. La intervención acarrea dar primacía a la voz del otro, trascendiendo la filosofía como proceso reflexivo individual. Así, el origen del cuestionamiento filosófico no se inscribe en el sujeto (quien se pregunta y se responde) sino que habla desde el consultante que se cuestiona o desde su queja sufriente. Entendemos por argumentación un proceso reflexivo con varios niveles de formalización: (1) Critical Thinking (CT): el CT es una disciplina altamente difundida en los países angloparlantes que integran conocimientos de retórica, lógica informal y dialéctica aplicados a coyunturas cotidianas 13 . Se basa en el esclarecimiento de argumentos (que están formados por razones, asunciones y conclusiones) y su evaluación a partir de tres criterios fundamentales: relevancia, bases o fuentes suficientes y aceptabilidad. Recomendamos la lectura y estudio de GOVIER, T.: A practical study of argument. Wadsworth Publishing Company, Beltmont (Canadá), 1997.

13

6


(2) Teorías de juegos y teoría de la argumentación formal. (3) Lógica formal: Constituye una extensión de la reducción del CT. Incluye la lógica proposicional y la de predicados. A veces se incluye dentro del CT. Tan importante es esta base en la FAP que muchos orientadores la reducen a argumentación 14 . 2.3. Analítica conceptual. Se integra en el modelo angloparlante de CT, aunque la destacamos por el papel extenso que juega en la práctica filosófica. La clarificación de conceptos, la ampliación de sus sentidos, la criba de las definiciones o la asignación de términos a sensaciones y situaciones se insertan en este estudio. Tan trascendental es esta cuestión que algunas técnicas de Filosofía Aplicada, por ejemplo el “diálogo socrático”, se fundan en el estudio de un concepto y su clarificación grupal. Dentro de la consulta, los conceptos a analizar son diversos: libertad, control, dependencia, amistad, amor, dolor, infidelidad, miedo, sufrimiento, angustia, identidad, etc… 2.4. Historia de la Filosofía o contenidos materiales conceptuales filosóficos. Se trata de un recurso controvertido dentro de la FA. Algunos filósofos aplicados señalan que la historia de la filosofía no debe incluirse en la reflexión individual o grupal. La razón que esgrimen es la asunción de que el hecho de mencionar el nombre de un filósofo amilana a los que lo escuchan, determina que acaten su afirmación como autoridad inexpugnable y incapacitándolos para criticarla. Anexo a este razonamiento, se encuentra el aserto de que la FA no es una exposición de contenidos materiales sino la promoción del pensamiento. Nuestra experiencia es contraria a la primera aseveración del párrafo anterior. El uso de filósofos dentro de nuestras consultas y grupos ha servido para fomentar la amplitud de miras (por aceptación o crítica de las posiciones del filósofo) y para aumentar la autoestima del consultante (porque descubría que sus afirmaciones las habían alcanzado personas que pasaron a la posteridad). Por tanto, el problema no es el uso de la historia de la filosofía sino el modo en que se lleva a la consulta. Siempre que se estimule la reflexión con el pensamiento de otros autores, no se vulneran los fines del proceso dentro del gabinete. En cuanto a la segunda crítica, afirmamos que el pensamiento de otros es punto de partida para construir sobre (o contra) sistemas complejos. Nótese la enorme diferencia que media entre construir sobre (o contra) grandes pensamientos y hacerlo sobre la nada o encima de débiles opiniones o percepciones no argumentadas. De hecho, nunca se piensa en el vacío sino desde puntos de vista u opiniones específicos, se sea o no consciente de ello. Por eso, hacer un uso de la historia de la filosofía, lejos de dogmatizar suele aquilatar la reflexión. Sumariando, no se trata de criticar el uso de la historia de la filosofía sino ciertos modos de introducirlos en el debate. Intentar justificar un argumento desde la autoridad subvierte los fines críticos de la reflexión, pero ¿quién teme esta posibilidad absolutistas?, ¿acaso no se incluye dentro del criticismo de la FA y del CT la superación de esta posibilidad mediante la denuncia de la falacia ad autoritatem?

Véase BRENIFIER, O.: “La consultation philosophique. Principes et Difficultés” en APAEF: Actas do <<I encontro português de filosofia prática>>”, Lisboa, 2005. Págs. 30-37. LEBON, T.: Wise.... RAABE, P.B. Philosophical... 14

7


2.5. Otros recursos filosóficos. Otros recursos filosóficos pueden añadirse a éste. Serán filosóficos en tanto en cuanto responden a los fines de la reflexión crítica o al conocimiento personal y del medio circundante. La concomitancia de estos recursos dentro de todos los métodos de FA es menor. Algunos de ellos serían la agudización de la capacidad para mirar, el aumento de la sensibilidad para ponerse en contacto con experiencias íntimas, la apertura a modos de percepción no argumentales (como la evidencia), el uso de la escritura de modo confesional, etc… 2.6. Recursos híbridos. Son híbridos porque se alojan tanto en el campo de la reflexión como en el de otras disciplinas (psicología, trabajo social, enfermería, etc…). Sin embargo, pueden adaptarse al medio filosófico. El diálogo sería una muestra, la asertividad, la escucha activa o el uso de la sonrisa acogedora serían otros. Adviértase que, en estos casos, sería interesante investigar la especificidad filosófica de cada recurso, para justificar que con su uso no se termina cayendo en intrusismo laboral. Actividad a la que animamos, también, a los profesionales no filosóficos. 3. Universo de trabajo. El neófito en FA piensa que los casos trabajados remiten siempre a cuestiones de tipo ético. Ciertamente, éste ha sido el caso de personas e instituciones que comenzaron a trabajar en el particular 15 . Sin embargo, el espectro suele ser mayor. Tanto (1) el sujeto como (2) el problema, o asunto que le aqueja, son instancias filosóficas en el sentido más complejo y amplio del término. Una cuestión ética acostumbra a ser respaldada por una antropología específica y viceversa. Por ejemplo, la moral estoica define un sujeto como ente inscrito en una racionalidad universal; por su parte, una moral pragmática acarrea una concepción del hombre más flexible y no necesariamente tan universal. El cuadro aumenta su complejidad: estas dos dimensiones suelen relacionarse con un modo de entender los entes y de entenderse uno mismo como ente; así, entran en juego la ontología y, en el caso de que se vaya a su fundamento, la metafísica. Si se añade a la ética la decisión de que ésta se inserte o no en un contexto social, nos percataremos de cómo las dimensiones sociales del sujeto no se encuentran exentas de la reflexión. Si agregamos que todo esto se expresa de un modo y afirmamos que el tipo de lengua que expliquemos limita (o no) el contenido de la explicación, nos introduciremos en la reflexión filosófica sobre el lenguaje. Vayamos a un ejemplo real: una hija con unos padres en proceso de separación manifiesta la sensación creciente de odio hacia sus progenitores, llegando a pensar emanciparse, puesto que es mayor de edad. Desglosadas algunas dimensiones filosóficas, se esquematizaron las siguientes cuestiones a lo largo de diversas sesiones: - Cuestión ética: ¿es justo que me emancipe de mis padres y los abandone en un momento tan difícil para ellos?, ¿no es justo que privilegie mi autonomía personal?, ¿qué es mejor abandonarlos y retomar fuerzas fuera de casa para

15

Piénsese que la Asociación portuguesa distingue en su denominación a la ética como campo autónomo de trabajo “Associaçao Portuguesa para o Acnselhamento Ético e Filosófico”. Asimismo, Lou Marinoff indica que su labor filosófica comenzó en sesiones de clarificación ética (cfr. ROMANO, C.: “A doce of philosophy”, The Philadelphia Inquirer, 17/8/1999 (Disponible on-line en www.appa.edu, último acceso 24 de enero de 2004).

8


-

-

-

-

ayudarlos o continuar con una posición distante dentro de ella?, ¿es justo que el daño que me están haciendo? Cuestión ontológica: ¿qué significa la familia y qué implican las relaciones dentro de ella?, ¿cuáles son las bases del nexo personal y familiar?, ¿es el sujeto por naturaleza un ser que busca la individualidad o la sociedad? Cuestión metafísica: ¿cuál es el fundamento del vínculo?, ¿hay un previo formal que fomente la unidad? Cuestión epistemológica: ¿cómo puedo estar segura de que mi percepción no está influida por mi odio a la situación?, ¿deberían ser los sentimientos parte del razonamiento o han de evitarse para ser “objetiva”? Cuestión lógica: ¿qué criterios puedo usar para ser objetiva ante las razones de mis padres e impedir que mis sentimientos las deformen? Cuestión de filosofía social o política: ¿debe la sociedad fundarse en el matrimonio a pesar del riesgo del divorcio y el daño causado a los hijos?, ¿son los padres lobos para sus hijos?, ¿cuál es la función social de la familia nuclear? Cuestión existencial: ¿es posible recuperar la fe en el amor después de sufrir un divorcio, aunque no sea en primera persona?, ¿cuál es el papel del amor en la globalidad de la vida?

A pesar de que el foco de una cuestión o problema se localiza en una rama exclusiva del saber filosófico, vemos cómo todas ellas están imbricadas. La decisión de que la consulta bascule sólo sobre una, no es razón suficiente para justificar que el resto no están contenidas en la totalidad. De hecho, la disolución conflictiva de muchos problemas pasa por el “sencillo” paso de que el consultante se haga consciente de su ubicación en el universo filosófico, es decir, que comprenda como las está impregnando o infectando. 4. Perfil del consultante. Uno de los elementos que sesga el perfil del consultante es su potencial adquisitivo. Si el orientador filosófico admite en su gabinete sólo a consultantes que puedan pagar un servicio de elevados costes, se está apartando de la consulta a un sector de la ciudadanía. Hay modos de salvar este inconveniente: desde dedicar un tiempo a consultas de bajo coste o gratuitas (previo análisis de cada situación) hasta conseguir subvenciones o financiación pública o privada para proyectos específicos integrados por sesiones individuales. Superado el obstáculo, diremos que el perfil del consultante es bastante amplio. No existe un segmento de edad ajeno a la consulta. Aunque existe una mayor prevalencia de consultantes entre los veinticinco años y los sesenta, es decir, la edad productiva de la vida. Los niños no acuden por iniciativa propia a la consulta, aunque hay casos de niños que han acudido a instancias de sus padres. Respecto a los adolescentes, hemos de indicar que existe bastante interés cuando se enteran de su existencia. El inconveniente de éstos es que el orientador no puede actuar a espaldas de sus padres (al ser menores); además, sin un programa financiado, no contarán con recursos suficientes para permitirse el servicio filosófico. Acostumbra a haber un porcentaje mayor de mujeres en la consulta que del sexo contrario. Esto no quiere decir que la asistencia de hombres sea pequeña. Mi experiencia establece la relación de cuatro hombres por cada seis mujeres o tres hombres por cada siete. En cuanto al nivel cultural, hay una proporción elevada de personas con estudios medios (ciclos formativos profesionales y estudios universitarios medios –diplomatura y 9


licenciatura-) frente a los sujetos con estudios inferiores o superiores. A pesar de ello, no se presentan grandes dificultades para trabajar con sujetos de cualquier nivel educativo. Es más, podemos afirmar que se presentan tantas dificultades en el trabajo con sujetos altamente cualificados como con los no cualificados (aunque el tipo de dificultad es diferente). Respecto al tipo de cuestionamientos, la mayoría acude a la consulta con una queja específica o dolencia espiritual-vivencial. Los casos interesados en investigar un tema que no es causante de sufrimiento son mínimos. A pesar de ello, esta segunda circunstancia es frecuente que al final de la consulta: el individuo desea continuar las sesiones con cuestionamientos que directamente no les provocan malestar alguno. Inversamente, los asistentes a Filosofía Aplicada Grupal no suelen ser personas con conflictos personales sino sujetos que anhelan una investigación profunda sobre temas filosóficos. En cuanto a los conflictos principales, señalamos algunos a continuación: - Dilemas éticos. Cuestiones de consulta: “¿me divorcio y me desarrollo personalmente o sigo casada por el bienestar de mis hijos y mi pareja?”, “¿cambio de trabajo para buscar mejores oportunidades o soy fiel a una empresa que siempre me ha respetado y ayudado a crecer?” - Crisis existenciales Sujetos que, en ciertas edades, se replantean el sentido de sus vidas, sus consecuciones y la posibilidad de operar un cambio radical o personas que sienten el vacío de la actividad a las que han dedicado décadas de sus existencias. - Dudas recurrentes en la toma de decisiones esenciales. Cuestiones de consulta: “¿qué carrera universitaria debo elegir?”, “¿me arriesgo a un compromiso vital que trastocará la vida construida en las últimas décadas?”, “¿dedico varios años de mi vida a estudiar o me pongo a trabajar a la menor oportunidad?” - Problemas en relaciones afectivas. Cuestiones de consulta: “¿me estoy enamorando?”, “¿es infidelidad chatear por Internet?”, “¿cuál es el límite para romper una relación?”, “¿son los celos una enfermedad o una muestra de amor?” - Reestructuración vital después de cambio brusco. Representa a consultantes que han estado cerca de la muerte o que han vivido un fallecimiento cercano muy significativo. Asimismo, cursa en personas maduras despedidas del trabajo después de décadas en su mismo puesto o en jubilados anticipadamente de modo no conciliado en la empresa. Estas personas suelen preguntarse sobre su utilidad y sobre el sentido de su “nueva” vida. - Comprensión de situaciones complejas o nuevas. Es un resultado de lo anterior o del hecho de tener que abordar responsabilidades nuevas en una sociedad en la que los periodos de carencia se extinguen. - Búsqueda de armonía personal. Inherente a individuos con acusado nivel de estrés o que sienten alteraciones puntuales y preocupantes o momentos en que no se sienten dueños de sí mismos. 5. Adenda crítica: fronteras de la FA racionalista. Después de años de investigación teórica y de práctica profesional en FA, dilucidamos un problema alojado en su entraña, que dejaremos aquí bosquejado desde

10


la pregunta y no, desde la respuesta. Nos referimos al desajuste entre el pensar y el hacer 16 . El planteamiento racionalista-lógico de la FA se preocupa demasiado del trayecto argumental del proceso discursivo, obviando la dimensión personal y vital del mismo. Esto provoca graves problemas en el ínterin de algunos procesos filosóficos. Lo especificamos con varios ejemplos. El primero emana del libro Cuando Nietzsche lloró de Irvim Yalom. Allí, se nos presenta un Nietzche ficticio que ejerce funciones de orientador filosófico adherido al planteamiento racionalista. Durante una de sus sesiones, Breuer, su consultante, se queja en los siguientes términos: -Si, si, si – Breuer se enfadaba cada vez mas. – Me apercibo de eso intelectualmente. Sin embargo, Friedrich, simplemente una frase como “un momento en el que la tragedia dejará de parecer trágica” no hace que me sienta mejor. Perdóneme, si parezco impaciente, pero existe un abismo, un inmenso abismo, entre saber algo intelectualmente y saberlo emocionalmente. Muchas veces, cuando me desvelo por la noche, con miedo a morir, recito para mi la máxima de Lucrecio: “Donde la muerte está, no estoy yo. Donde estoy yo, no está la muerte”. He ahí una verdad con una racionalidad suprema e irrefutable. Sin embargo, cuando estoy verdaderamente asustado, ella nunca funciona, nunca calma mis temores. Ese es el fallo de la filosofía. Enseñar filosofía y aplicarla en la vida real, son proyectos bastante diferentes 17

Un segundo ejemplo procede de una de las sesiones grupales de Oscar Brenifier en Perú. Allí, trazaba una pregunta y nadie la respondía. Por tanto, el filósofo francés daba dos opciones: “levanten la mano los que sepan la respuesta” y “álcenla los que no sepan contestarla”. Sólo unos pocos se definieron dentro de las dos opciones. Había un fallo argumental, puesto que sólo es posible saber o no saber (aunque la contestación sea errónea) la respuesta de algo. ¿Qué pasaba con el resto? La sencilla, y medrosa, respuesta de un alumno manifestaba que el sujeto es más que lógica racionalista: “Tal vez, el problema sea que no se atreven a responder”. Obviamente, todos los alumnos disponía de una respuesta positiva o negativa, pero esto no conectaba directamente con su voluntad, con su hacer. Mediaban elementos no contemplados por una racionalidad excesivamente reducida. El tercer caso es el de una consultante afectada de un cáncer terminal a la que atendimos hace más de un lustro. Trabajar con ella, únicamente, desde la cognición tenía poco sentido y menos eficacia, puesto que poseía una conciencia diáfana de la situación. Sólo una razón que tocó la vida a cada paso fue útil en este caso 18 . El último caso se inscribe en el fallecimiento de la tía de una consultante unos días antes de venir a visitarnos. El dilema de la joven se cifraba en volver a su facultad (que distaba cuatrocientos kilómetros de su casa) después de las vacaciones o quedarse a cuidar y consolar a su madre. La consulta no trajo ningún saber cognitivo nuevo pero sí la coherencia entre el saber y el hacer. La chica concluyó al final de las sesiones que 16

La respuesta a esta cuestión se encuentra en nuestra tesis doctoral BARRIENTOS RASTROJO, J.: Vectores zambranianos para una teoría de la filosofía aplicada, Departamento de Metafísica, Corrientes Actuales de la Filosofía, Ética y Filosofía Política, facultad de Filosofía (Universidad de Sevilla), directores Prof. Dr. Ramón Queraltó Moreno y Prof. Dr. Peter Raabe, 2009. 17 YALOM, I.: Quando Nietzsche Chorou, Saída de emergência, Parede, 2007. Pág. 220. La traducción y las cursivas son nuestras. 18 Cfr. BARRIENTOS RASTROJO, J.: “Del pensar zambranista a la filosofía poiética en la consulta filosófica” en Entre historia y orientación filosófica, X-XI, Sevilla, 2006. Págs. 207-221.

11


la solución inferida no era una novedad, se correspondía con su idea inicial, pues era consciente de que era lo “más correcto”. Ahora bien, la “sabía”, pero no la “veía”, en estos términos se expresó. Poseía un conocimiento cognitivo de la resolución de su dilema pero le faltaba una visión más completa que la condujese a llevarla a la práctica, le faltaba que ese saber tocase su vida. Esto no es accidental o de segundo nivel: con frecuencia sabemos qué hemos de hacer sin que esto nos conduzca directamente a cumplimentarlo. Una consulta racionalista la hubiera dejado en el punto de la primera sesión; una sesión que admita una racionalidad extendida (una racionalidad vivencial y experiencia) la situó en una comprensión que fomentaba el hermanamiento entre el pensar y el hacer. Todo esto no niega que el trabajo del orientador filosófico desde la argumentación y el critical thinking sea efectivo en la mayor parte de los casos sino que demanda una ampliación de la racionalidad en el resto de los casos. De este modo, no tendremos que diferenciar entre los dos miembros de la frase humeana “sé filósofo, pero en medio de tu filosofía continúa siendo un hombre”, puesto que ser persona y ser filósofo encontrarán concierto armónico. BIBLIOGRAFÍA AAVV.: Philosophical Practice in Italy, Apogeo, Milán, 2008. AA.VV.: Saber pensar para saber vivir. Filosofía aplicada, identidad y sufrimiento, Fénix editora, Sevilla, 2008. BARRIENTOS RASTROJO, J.: “Del pensar zambranista a la filosofía poiética en la consulta filosófica” en Entre historia y orientación filosófica, X-XI, Sevilla, 2006. Págs. 207-221. BRENIFIER, O.: “La consultation philosophique. Principes et Difficultés” en APAEF: Actas do <<I encontro português de filosofia prática>>”, Lisboa, 2005. Págs. 30-37. CURNOW, T. (ed).: Thinking through Dialogue. Practical Philosophy Press, Surrey, 2001. DIAS, J.: Filosofia Aplicada à Vida, Esquilo, Lisboa, 2006. DIAS, J.H. (org.): Encontros portugueses de filosofía aplicada, APAEF, Albufeira, 2008. GOVIER, T.: A practical study of argument. Wadsworth Publishing Company, Beltmont (Canadá), 1997. GUERRA BRAVO, S. – CHACÓN PADILLA, G. – MONTALVO ZUMÁRRAGA, A. – VILLAMARÍN CARRASCAL, M.: El arte de vivir con sentido. Manual de consultoría filosófica latinoamericana, Editorial Abyal-Yal, Quito (Ecuador), 2007. KREIMER, R.: Artes del buen vivir, Editorial Anarres, Buenos Aires, 2001 LAHAV, R.: “Much More than Critical Thinking”. Disponible online:http://www.geocities.com/ranlahav/Reflection_4.html, último acceso 15 de enero de 2006. LAHAV, R.- TILLMANNS, M. V. (eds): Essays on Philosophical Counselling. University Press of America Londres y Nueva York, 1995. LEBON, T.: Wise Therapy, Continuum, Londres, 2001. MACERA GARFIA, F.: “Filosofía aplicada a la persona y vínculos con el lenguaje” en ORDÓÑEZ GARCÍA, J. – BARRIENTOS RASTROJO, J.: Filosofía Aplicada a Personas y Grupos, DOSS ediciones, Sevilla, 2008. Págs. 43-49. MARINOFF, L.: Más Platón y menos prozac, Suma de Letras, Madrid, 2002. MICCIONE, D.: La consulenza filosófica, Xenia, Milán, 2007. MONTANARI, M.: La consulenza filosofica: terapia o formazione. L´Orecchio di Van Gogh. Italia, 2006. ORDÓÑEZ GARCÍA, J. – MACERA GARFIA, F. – BARRIENTOS RASTROJO, J.-MACERA GARFIA, F.: La filosofía a las puertas del tercer milenio, Fénix editora, Sevilla, 2005. POLLASTRI, N.: Il pensiero e la vita, Apogeo, Milán 2004. RAABE, P.B.: Philosophical Counseling. Theory and Practice. Praeger Publisher, Westport (Connecticut), 2001. SCHUSTER, S.C.: Philosophy Practice. An Alternative to Counseling and Psychotherapy. Praeger Publisher, Westport (Connecticut), 1999;

12

Definición de Filosofía Aplicada de José Barrientos  

Definición de Filosofía Aplicada de José Barrientos

Read more
Read more
Similar to
Popular now
Just for you