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Intervenci贸n Pedag贸gica Profesional | 2013-I


Índice Presentación……………………………………………………………………………………………….03 Depresión en estudiantes universitarixs Mereditte Vega Ramírez…………………………………………………………………………………..04 Rendimiento académico de las y los estudiantes de Medicina. Mereditte Vega Ramírez…………………………………………………………………………………..06 El estrés.

Dulce Villavicencio Ramos…………………………………………………………………………………08

Nuestro proyecto de intervención: una mirada desde la Pedagogía Social. Javier Solís Mendoza………………………………………………………………………………………….12 Tanatología ¿Para qué? Dulce Villavicencio Ramos………………………………………………………………………………..16 Carrera de “Médico Cirujano” ¿Y las médicas dónde quedaron? Javier Solís Mendoza………………………………………………………………………………………..21


Presentación Ticitl,

es la voz del idioma náhuatl para denominar a la persona que en

las antiguas comunidades mexicas se encargaba de curar padecimientos de las y los habitantes mediante rituales y magia.

los

Es clara la elección del título de nuestra revista al reconocernos como agentes pedagógicos que durante un año, estaremos poniendo en marcha dispositivos y acciones pedagógicas con la finalidad de fortalecer los procesos de formación profesional de las y los estudiantes de la Carrera de Médico Cirujano de la Facultad de Estudios Superiores Iztacala, una de las entidades multidisciplinarias de la Universidad Nacional Autónoma de México ubicada al norte de la Zona Metropolitana de la Ciudad. Formación, estudio, tensión, estrés, un ethos institucional y gremial diferente, identidad profesional, ética, rutina, hábitos de estudio, fortalecimiento de los procesos de enseñanza-aprendizaje, tutoría, acompañamiento, estrés… entre muchas otras, serán las palabras que marcarán las directrices de nuestra acción pedagógica; acción que representará para nosotrxs un ejercicio de de-construcción de nuestra identidad pedagógica, y un ejercicio de reflexión y enriquecimiento de lo que ha sido la formación pedagógica, a través del cambio de escenario del aula al campo laboral profesional. El equipo de intervención pedagógica FES Iztacala 2013. F. Javier Solís Mendoza Sandra Itzel Cañas Jardón Karla E. Carmona Dionisio Ma. Elena Romero Nava Mereditte B. Vega Ramírez Dulce Ma. Villavicencio Ramos Lic. Lupita García Abán Coordinadora del Proyecto- FES Acatlán Dra. Leticia Osornio Ochoa Coordinadora del Proyecto- FES Iztacala


Depresión en estudiantes universitarixs.

Por Vega Ramírez Mereditte B. Gestora Educativa

La depresión es una de las patologías mentales más frecuentes en las personas a nivel de población mundial. En el caso de nuestro país, las edades más frecuentes en las que se encuentra este padecimiento son entre los 15 a 19 años de edad y por arriba de los 65 años. La depresión es un estado interno de tristeza y desánimo en diferentes niveles, tanto cognitivos como conductuales, que influyen significativamente en su quehacer total, algunos de los factores que influyen en este problema tienen que ver con la autoestima baja, el estrés constante o un afrontamiento inhábil. Por otra parte en el caso de la depresión situada en jóvenes tiene una implicación profunda en la cultura, la economía, los servicios médicos, el desempeño escolar y la familia; se clasifica como primaria o secundaria según el trastorno principal o como consecuencia de un problema médico. El adolescente pasa gran parte de su tiempo en la escuela y los éxitos o fracasos obtenidos en este espacio facilitan (en gran medida) la imagen de competencia o incompetencia que adquiere de sí mismo, en caso de ser negativa, origina depresión, de esta manera se forma un círculo que retroalimenta: estudio - fracaso – depresión – fracaso – depresión, etc. Se puede decir que existe una relación entre depresión y rendimiento académico. Así el nivel de depresión dependerá del significado de la pérdida, la amenaza de pérdida, el fracaso, la desaprobación o la desilusión tengan para el sujeto. Las dificultades en las relaciones con los docentes son los principales que pueden conducir a la depresión, tales como el manejo de autoridad, estilo docente, dificultad en la intercomunicación, inequidad


en la evaluación, sobrecarga de asignaturas, horarios, metodología del docente y deficiencia en los métodos de estudio del alumno, etc. Tal y como es el caso de los estudiantes de la carrera de medicina, los cuales cuando cursan ciencias básicas en el primer semestre. La depresión, ansiedad y hostilidad son respuestas emocionales al estrés; los síntomas de depresión en estudiantes de medicina pueden ser difíciles de distinguir de los efectos del estrés inherentes a la vida del estudiante, por lo cual el desempeño académico está indiscutiblemente ligado al estado emocional de los estudiantes. Un alumno que pasa por estados de depresión, no se encuentra en condiciones óptimas para la adquisición de nuevo aprendizaje; el detectar oportunamente signos de alerta que pudieran conducir a la depresión en los alumnos, contribuiría al incremento de su rendimiento académico. Finalmente es importante mencionar que la implantación de estrategias encaminadas a desarrollar capacidades para afrontar el estrés sanamente son de vital importancia. Por lo que se propone realizar programas preventivos cuyas actividades estarán encaminadas a propiciar la identificación tanto en el plano comportamental como en el de las ideaciones de elementos autodestructivos, lesivos, negativistas, catastróficos, que produzcan angustia o que antecedan a estados de melancolía y tristeza.

Referencias: OSORNIO Castillo, L. (2009) “Depresion en estudiantes universitarios” en Archivos de medicina Familiar Redalyc. Vol. 11 num.1, enero-marzo, disponible en http://www.redalyc.org/src/inicio/ArtPdfRed.jsp?iCve=50719069001 , consultado el 26/07/2012.


Rendimiento académico de los y las estudiantes de medicina. Por Vega Ramírez Mereditte B. Gestora Educativa Cuando se habla de factores sociodemográficos se hace referencia a aspectos como, sexo, edad, estado civil, tipo de vivienda, antecedentes académicos, activivdad laboral, nivel social y cultural de los padres y habitos de estudio, entre otros; dnde se encuentran implicitos una serie de interacciones de los individuosque reflejan comportamientos directamente relacionados con su rendimiento académico. Sea cual sea (mayor o menor) la magnitud de los factores sociodemográficos, el sujeto obtendrá un nivel diferente de desempeño en cualqueir área en el que se encuentre, con lo cual se deduce que su rendimiento académico esta ligado a factores socioeconómicos que conforman su medio ambiente. El rendimiento académico se puede definir como el cumplimiento de las metas, logros u objetivos establecidos en el programa o asignatura cursada por el alumno. De igual forma tambien es el grado de conocimientos, que a traves de la escuela, reconoce el sistema educativo que posee un individuo el cual es expresado por medio de las calificaciones que pone el profesor. Sin embargo es importante aclarar que el rendimiento académico no depende exclusivamente de las capacidades individuales si no también de factores extraescolares como son los antecedentes socioeconómicos (sociodemosgráficos) del alumn, entre los cuales esta el nivel de vida material, ingresos, tipo de vivienda, composicion familiar, nivel


academico y cultural, asi como ocupacion de los padres; pudiendo agragarse actitudes y valores hacia la educacion, patrones lingüísticos, habitos de estudio y de esparcimiento y el acceso a bienes culturales. En general, el rendimiento escolar se caracteriza en varios aspectos como por ejemplo; en el aspecto dinámico responde al proceso de aprendizaje, como tal esta ligado a la capacidad y esfuerzo del alumno, en el aspecto estatico comprende al producto del aprendizaje generado por el alumno y expresa una conducta de aprovechamiento; el rendimiento esta ligado a medidas de calidad y juicios de valoracion y de igual forma es un medio y no un fin en si mismo y finalmente esta relacionado a propositos de carácter ético que incluye expectativas económicas, lo cual hace necesario un tipo de rendimiento en funcion al modelo especial vigente. En el caso de los alumnos de primer ingreso de la carrera de medicina, se pueden encontrar algunas variables sociodemográficas que influyen en su rendimiento académico tales como la desercion, el nivel socieconómico, el género y el nivel educativo de los padres, su estado civil así como también el de sus padres, el tiempo de traslado que hacen hacia la escuela, las amistades, entre otros. Estas variables la mayoría de las veces son las que definen su rendimiento y su desempreño académico de los estudiantes, ya que si hay conflicto en alguno de estos puntos mencionados se desequilibra completamente el alumno, por lo que existen programas de orientacion psicopedagogica con los que se pretende estabilizarlos y ayudarlos para mejorar su rendimiento y de igual forma su estado emocional.

Referencias: OSORNIO Castillo, L. et, al. (2008) “Variables sociodemográficas que influyen en el rendimiento académico de estudiantes de Medicina en la FESI-UNAM” en Revista Electrónica de Psicología Iztacala. Vol. 11 No. 4, Diciembre, disponible en http://www.iztacala.unam.mx/carreras/psicologia/psiclin/vol11num4/Vol10No4Art1.pdf Consultado el 26/07/2012


EL ESTRÉS. Por Dulce María Villavicencio Ramos Orientadora Educativa El termino estrés se refiere a la emoción que creamos al reaccionar ante ciertos eventos. Es la manera en la que el cuerpo se enfrenta a un reto y se prepara para actuar ante una situación difícil. El estrés y su influencia en la vida del ser humano ha sido retomado en la actualidad con gran fuerza, impulsado por las nuevas concepciones teóricas asumidas, su reconocimiento como una enfermedad o su asociación a múltiples alteraciones del funcionamiento normal del organismo (Bonet, 2003). El surgimiento del término estrés tiene su origen en el estudio de la física en los albores del siglo XVII. En esa época el inglés Robert Hooke descubría la energía potencial elástica y la relación existente entre las deformaciones de un cuerpo y la fuerza aplicada sobre este. Los primeros reportes del concepto de estrés aplicado a otras ciencias como la medicina corresponden al médico y fisiólogo francés Claude Bernard, a principios del siglo XIX. Aquí Bernard llega a un concepto clave, “la estabilidad del medio ambiente interno es la condición indispensable para la vida libre e independiente”. A mediados del siglo XX comienza a reconocerse la implicación del estrés en la vida del ser humano como posible generador de enfermedades a mediano y largo plazo. A partir de este momento se potencia el estudio del estrés con una metodología científica y un enfoque positivista siendo Hans Selye el pionero en este campo.


El estrés se ha percibido en situaciones diversas como en las relaciones amorosas y de pareja, sexual, familiar, por duelo, enfermedad, laboral, militar, por tortura y encarcelamiento entre otros. Uno de los ambientes más estudiados como medio desencadenante de estrés lo constituye el ambiente escolar o académico, según sea el nivel de enseñanza. En la actualidad el Estrés Académico se puede definir como el proceso de cambio en los componentes del Proceso de Enseñanza y Aprendizaje, a través de un conjunto de mecanismos adaptativos individuales e institucionales, producto de la demanda desbordante y exigida en las experiencias de enseñanza y aprendizaje que se desarrollan en las Instituciones de Educación Superior, con el propósito de mantener el estado estacionario (estado dinámico del sistema donde se producen entradas y salidas sin modificar de manera considerable las características y propiedades de este) en el proceso educativo. Según Barrazas Macías, “el estrés académico es un proceso sistémico de carácter adaptativo y esencialmente psicológico, que se presenta de manera descriptiva en contextos escolares, a una serie de demandas que, bajo la valoración del propio alumno son consideradas estresores. Segundo: esos estresores provocan un desequilibrio sistémico (situación estresante), que se manifiesta en una serie de síntomas (indicadores del desequilibrio). Tercero: ese desequilibrio sistémico obliga al alumno a realizar acciones de afrontamiento para restaurar el equilibrio sistémico. Al hablar del estrés en los estudiantes universitarios se podría decir que las ciencias médicas han sido consideradas como una de las ramas donde los estudiantes manifiestan mayores niveles de estrés. Los estudios de Medicina se caracterizan por una constante y creciente exigencia académica que demandan al estudiante esfuerzos de adaptación. A ello se agrega la necesidad de una preparación óptima, fundamental para el futuro profesional, la carrera se desarrolla en un período del ciclo vital con características propias, la adolescencia y la


adultez joven. Además, se postula que el estrés que soporta un estudiante de Medicina durante su adiestramiento es obligadamente alto, con riesgo de menoscabo de su salud mental. Algunos de los síntomas que se presentan cuando se da el estrés pueden de tipo físicos, conductuales o escolares por ejemplo:

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Físicos Respiración jadeante Sequedad de boca y de garganta Manos húmedas Acaloramiento Tensión muscular Indigestión Diarrea Estreñimiento Agotamiento indebido Jaquecas Contracciones nerviosas Desasosiego Agitación Palpitaciones

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Conductuales Trastornado Confundido preocupado temeroso Irritable Incomprendido Inútil Incapaz de actuar Inquieto Fracasado Carente de atractivo Desmotivado Sin iniciativa Desmotivado Con flojera Ansioso

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Escolares Pérdida de vitalidad Poca o nula energía Ruptura de la comunicación Defectuosa adopción de decisiones Mengua de la creatividad Falta de innovación Concentración en tareas improductivas Malestar por la rutina Dificultad para terminar los trabajos Retrasos en las tareas Falta de colaboración

La habilidad para manejar el estrés se va perfeccionando si se usa con regularidad, no solamente cuando se está bajo presión. Saber cómo eliminar el estrés y hacerlo durante situaciones calmadas puede ayudarte a pasar por circunstancias difíciles que puedan surgir, algunas estrategias para manejar el estrés son:


Estrategias sugeridas              

Hacer deporte Tener una dieta equilibrada Dormir las horas necesarias Planificar el trabajo No hacer más de una cosa a la vez Comentar los problemas con alguien de confianza Evitar el perfeccionismo excesivo Ver el lado positivo de las cosas Enumerar y determinar en orden de importancia mis objetivos semanales. Hacer una lista diaria de “cosas por hacer” y ordenarlas según su importancia y trascendencia. Dedicar atención primordial a mis “A”. Utilizar sólo una vez la hoja en la que hago mi lista. Preguntarse con frecuencia: “¿cuál es la mejor forma de aprovechar mi tiempo en este momento?” para quitarme estrés innecesario al hacer los ajustes requeridos. Hacer lo que me propongo oportunamente.

REFERENCIAS. Silva y Ortíz, Teresa (2012) “Estrés” consultado el 27 de julio de 2012 en apuntes de Orientación Educativa. ¿Qué es el Estrés?, consultado el 27 de julio de 2012 en http://www.dgadp.uady.mx/salu d/articulos/n14_04092009/que_ es_el_estres.pdf Del Toro, Añel, Y. (s/d) “Estrés académico en estudiantes de medicina de primer año con bajo rendimiento escolar” consultado el 27 de julio de 2012 en http://bvs.sld.cu/revistas/san/vol _15_1_11/san03111.pdf


Nuestro proyecto de intervención: Una mirada desde la PEDAGOGíA SOCIAL. Nuestro proyecto y la categoría “exclusión social”

Por F. Javier Solís Mendoza Pedagogo Social

En el caso del proyecto de acompañamiento y asesoría pedagógica a las y los estudiantes de la carrera de Médico Cirujano en la FES Iztacala, es difícil pero no imposible articular las relaciones existentes entre los modelos de exclusión social, las reformas educativas y el tipo de intervención que como agentes pedagógicos llevaremos a cabo durante el ciclo que comienza. Situándome desde un inicio como pedagogo social, debemos reconocer en este corpus de conocimiento (haciendo referencia a la Pedagogía Social) como una disciplina desde la que se trabaja teórica y prácticamente, en las complejas fronteras de la inclusión/exclusión y da lugar a la educación social en un mundo complejo y globalizado (Núñez, 2007 y 2008). Como todo campo, la pedagogía social se configura desde una diversidad de miradas tanto en su interior como en la relación que guarda con otras disciplinas, partiendo de este núcleo conceptual ponemos


como directriz de todo proyecto socioeducativo a los conceptos posestructuralistas de límite, margen, frontera y fuga (Belausteguigoitia, Mingo: 1999) aunado a la as categorías centrales de trabajo “inclusión-exclusión” que nutren y dan vida a las acciones educativas, no intervencionistas (Núñez: 2010) que posicionan en el centro a las y los sujetos de la educación actual con la posibilidad de producirse, descubrirse y re-posicionarse ante el mundo y las exigencias del proyecto globalizador actual. De esta manera la exclusión entendida como “una categoría difícil de conceptualizar, pero rica y compleja en significados, sentidos, sinsentidos y contrasentidos, denota la mayoría de las ocasiones tensión y disputa en su comprensión y que se asocia principalmente con la desventaja social” (Silver:1994) Más aún, siguiendo el discurso de Violeta Núñez (2007) poner en el centro de la categoría exclusión social, la inequidad en cuanto al acceso a la cultura, la participación social y la dignidad como personas; de tal suerte que dicha categoría juega un papel fundamental en la comprensión para re-pensar el proyecto de intervención actual dentro de la FES Iztacala (es necesario precisar que los proyectos socioeducativos pensados desde la pedagogía social no son exclusivos del trabajo en comunidad y dirigido a poblaciones en condiciones de disocialización; las y los pedagogos que conciben a la pedagogía social como aquella que se encarga del trabajo con la alteridad, etiquetando a las y los sujetos desde un principio como “pobres”, “enfermos”, “adictos”, “jóvenes”, sin techo”, “mujeres”, etc. Están errados y sus concepciones son tan cerradas e inútiles que consideran que los espacios de educación formal por ser ya institucionales no dan cabida a proyectos socioeducativos [como si las fronteras de la exclusión-inclusión desaparecieran dentro de la escuela, y ni hablar de sus consecuencias que cruzan y marcan las vidas, cuerpos y subjetividades de las y los sujetos en cuestión] ). Situamos a la comunidad universitaria como una comunidad heterogénea, diversa; las y los estudiantes de la carrera de Médico Cirujano, están cruzados al menos por un límite de la exclusión social: el de su condición etaria, y aparentemente han sido bien librados de aquella otra frontera que marca en nuestro país la configuración de “dos juventudes”, de las desigualdades profundas de la condición juvenil, me refiero a la del acceso a la educación media superior y


superior. La primera juventud siguiendo a García Canclini (2006) desconectada y desigual: una juventud con escaso o nulo acceso a servicios de salud, limitadas garantías laborales y deficiente información; cuyos reclamos se inscriben en una lógica absolutamente estructural con aspiraciones elementales de justicia social y bienestar. La segunda, una juventud bien situada en relación con el empleo, la educación y la salud (aquí se ubican las y los universitarios) no obstante tenemos que reconocer que las desigualdades sociales entre ellos y ellas se concretan en dos sentidos: el tipo de escuela a la que asisten (pública o privada), y aún más, si su estancia es en las instituciones de educación pública(cómo es nuestro caso) allí también se producen desigualdades sociales y culturales, ya sea por las condiciones de logro, ya sea por nuestras historias de vida que tiene huelle vigente en los capitales clásico, social y cultural que portamos hoy día. Como uno de los propósitos fundamentales de nuestra intervención es el de contribuir con la formación integral de las y los sujetos de educación universitarios, tenemos que reconocer como ya menciona la doctora Alma Sánchez (2011) que la identidad estudiantil “ no puede entenderse, ni analizarse al margen de las condiciones objetivas que la hacen posible, como la historia de vida particular de los sujetos, las actividades, las facetas en que se encuentran insertos, las diversas experiencias que viven simultáneamente en distintos contextos. Su condición heterogénea, transitoria y plural de estudiantes, forma parte de un entramado de experiencias en su juventud”, de tal suerte que los síntomas visibles y por los que somos llamados a desarrollar el proyecto de intervención que son el estrés, el bajo rendimiento académico y los altos índices de reprobación guardan secretos que solo se encuentran rasgando en las voces, cuerpos y subjetividades de los sujetos de la educación universitarios. Como bien menciona Marcela Gómez (2011) “escudriñar en sus historias es perturbador, porque inquietante es el orden social que las ha dejado a la deriva, a pesar de que en sus cuerpos, niños y niñas, adolescentes y jóvenes portan las huellas de lo que significa ser diferente en una sociedad estigmatizada por la desigualdad, la


injusticia y la exclusión”. Finalmente con respecto a las reformas educativas cabe mencionar que diversas políticas de educación han manifestado la preocupación de hacer llegar las opciones de formación a un número mayor de demandantes, reconociendo que el acceso al Sistema de Educación Superior, ha sido reiteradamente asociado con los antecedentes familiares y escolares, y con las desigualdades regionales, económicas y sociales; los esfuerzos de hacer crecer la cobertura en educación superior han ido caminando con ritmos y resultados diferentes, por medio de una mayor tasa de absorción de las instituciones en educación, de la descentralización y diversificación de la oferta a partir de apoyos a las y los estudiantes (Mancera:2011) Este último configura el campo de acción de nuestra intervención : el acompañamiento pedagógico-tutorial, y el apoyo psicopedagógico como claves centrales para lograr en lengua cuantitativa: la eficiencia terminal, reducir los índices de reprobación, incrementar los índices de aprovechamiento escolar y en idioma cualitativo: la formación de profesionales exitosos, sin estrés, gustosos y con la capacidad de reconocerse sujeto-actor central de los procesos educativos de tal manera que podamos orientarles como sujetos juveniles con necesidades, derechos, sueños y aspiraciones particulares, que se van conformando en las interacciones cotidianas entre sus pares y otros agentes, de acuerdo a su condición socioeconómica, genérica, etaria, étnica, lingüística y escolar.

Referencias: Belausteguigoitia, Marisa y Mingo, Araceli (1999) Géneros prófugos: Feminismo y Educación. México: PUEG_UNAM. Gómez Sollano, Marcela (2011) Prólogo en Sánchez, Alma –Estudiantes, sexualidad y vida cotidiana en el espacio universitario-, México: UNAM_DGAPA_FES- Acatlán_Plaza y Valdés Editores. Hernández-Flores, Gloria Elvira (2011) Debates Educativos en Pedagogía Social en Revista Perfiles Educativos, vol. XXXIII, núm. 134, IISUE:UNAM Mancera Cardós, Enrique (2011) Acceso a la educación superior y expectativas educativas de jóvenes universitarios mexicanos en en Sánchez, Alma –Estudiantes, sexualidad y vida cotidiana en el espacio universitario-, México: UNAM_DGAPA_FES- Acatlán_Plaza y Valdés Editores. Núñez, Violeta (2007) Pedagogía Social: un lugar para la educación frente a la asignación social de los destinos. Barcelona: Universidad de Barcelona. Sánchez Olvera, Alma Rosa (2011) Introducción en Sánchez, Alma –Estudiantes, sexualidad y vida cotidiana en el espacio universitario-, México: UNAM_DGAPA_FES- Acatlán_Plaza y Valdés Editores. Silver, Hilary (1994) “Reconceptualización de la desventaja social: tres paradigmas de la exclusión social” en Lenguo, Julián- Paradigmas de gobernación y exclusión social en educación. Fundamentos para el análisis de la discriminación escolar contemporánea- Barcelona: Ediciones Pomares.


Tanatología ¿para qué? Por Dulce María Villavicencio Ramos Orientadora Educativa Dentro del proyecto de intervención una necesidad que se planteó como emergente pero difícil de abordar por su complejidad fue la de la preparación para la muerte. Debido a que en los ciclos básicos los y las alumnas se enfrentan a un estrés y presión total cuando sus pacientes no se recuperan y mueren. Además de que los y las médicas son quiénes deben de dar la fuerte noticia de la pérdida de un ser querido a sus familiares. Es por esto que se incluye un artículo sobre la tanatología, rescatando el papel que juega esta disciplina en la formación profesional de los y las médicas en formación. La Tanatología es la disciplina encargada de encontrar sentido al proceso de la muerte, con un método científico que la ha convertido en un arte y en una especialidad. Su objetivo principal está centrado en proporcionar calidad de vida al enfermo terminal buscando que sus últimos días transcurran de la mejor forma posible, fomentando el equilibrio de y entre los


familiares. Además se ocupa de todos los duelos derivados de pérdidas significativas que no tienen que ver con la muerte ni con los enfermos moribundos. El vocablo tanatos deriva del griego Thanatos, nombre que en la mitología griega se le daba a la diosa de la muerte, hija de la noche, denominada Eufrone o Eubolia, que quiere decir “madre del buen consejo”. Thanatos (la muerte) es representada con una guadaña, una ánfora y una mariposa. La guadaña indica que los hombres son cegados en masa como las flores y las yerbas efímeras, el ánfora sirve para guardar las cenizas, y la mariposa que vuela es emblema de esperanza en otra vida. LOGOS deriva del griego logos, tiene varios significados: palabra, razón, estudio, tratado, discurso, sentido, etcétera. La gran mayoría de los filósofos griegos le daban la acepción de sentido, pero el que haya prevalecido como estudio, tratado u otro, se debe a errores interpretativos con el transcurso del tiempo. Para efectos de esta investigación, retomaremos para el vocablo logos el significado de sentido. De ahí que la Tanatología pueda definirse etimológicamente como “la ciencia encargada de encontrar sentido al proceso de la muerte” (dar razón a la esencia del fenómeno). La intervención con los enfermos terminales es multidisciplinaria, puesto que son varias las áreas que necesitan apoyo, por ejemplo en la medicina.- cuya función es dar al enfermo aquellos paliativos que le permitan estar con el mínimo dolor y sufrimiento. (Cuidados Paliativos). Muchos autores han abordado el tema. Los más destacados han sido George Engel y Weissman A, pero por su influencia dentro del ámbito tanatológico, médico y cultural en general, Elisabeth Kübler-Ross25 es la autora de mayor trascendencia en el tema, por lo que a continuación se exponen sus postulados acerca de este proceso. Debe recordarse que se trata de una experiencia totalmente individual, que involucra muchos procesos psicológicos que pueden dar incluso manifestaciones frecuentes de psicopatologías; y que debe considerarse como un apoyo contínuo, dado que no se trata de etapas que deban seguirse unas a otras en forma rígida, ni con duración definida entre ellas. La experiencia del Médico ante el proceso bien conducido es fundamental para poder comprender el proceso y poder ayudar al paciente y sus familiares. 1) NEGACIÓN Y AISLAMIENTO. Se trata de un período defensivo que permite amortiguar el impacto inicial y da oportunidad para que otros mecanismos de defensa de la personalidad salgan a flote. Estos a veces son sanos y apropiados y a veces no lo son.


2 ) IRA. Implica un proceso de proyección de sentimientos muy primitivos de rabia, envidia, resentimiento, etc. tiene componentes tanto racionales como irracionales de muy difícil manejo para el paciente, para sus familiares y para su Médico, se debe ser especialmente comprensivo, paciente y prudente en ésta etapa. 3) NEGOCIACIÓN. Es una etapa que se da por accesos, breves y progresivos hasta que el paciente llega a liberarse de sus temores irracionales, deseos inconscientes de castigo y culpas. Es una etapa en donde el paciente necesita un acompañamiento muy dirigido y profesional. 4) DEPRESIÓN. Es un estado psicoafectivo de tipo negativo, en el que el paciente tiene enfrente y sabe, que se dirige hacia su propia muerte. 5) ACEPTACIÓN. Siempre y cuando se haya tenido suficiente tiempo y recibido la ayuda idóneay su conducción en las fases anteriores, se llega a esta etapa habiendo vivido juntos, el paciente y el médico estas etapas, aquí se tiene una de las experiencias más formativas y de mayor templanza humana y espiritual que un Profesional de la Medicina pueda vivir. A partir de esta etapa se debe procurar la ayuda a los familiares, que en algún momento deberán empezar a vivir su proceso de duelo. La muerte digna o apropiada, según Veisman, para que alguien muera dignamente, debe tener poco dolor y sufrimiento con mínimo empobrecimiento social y emocional. Dentro de los límites de su incapacidad, debe funcionar en el nivel más alto y efectivo posible, aunque sólo quede una muestra de sus capacidades anteriores. Debe reconocer y resolver conflictos anteriores, así como satisfacer cualquier deseo que sea consistente con su condición presente y sus ideales, tener la posibilidad de ser atendido por personas de su confianza así como la opción de buscar o renunciar a personas significativas. No perder la esperanza, bien de la curación, de la ausencia de dolor, de lucidez mental hasta el final, buena calidad de vida en la fase terminal y ser asistido por un médico humanista. En pocas palabras, la muerte con dignidad es la muerte que alguien escogería para sí mismo si tuviese la oportunidad18. Los atributos del proceso orientado hacia la buena muerte se resumen en seis temas, que involucran los componentes biomédicos, sicológicos, sociales y espirituales: adecuado tratamiento del dolor y los síntomas asociados; buena comunicación y decisión; preparación para la muerte; espiritualidad y sentido existencial; contribución al bienestar de otros, sea en regalos, tiempo o conocimiento; confirmación de ser una persona única e íntegral. El desarrollo contemporáneo de la ciencia y la tecnología ha contribuido a fortalecer la creencia a esperar imposibles. Nadie debiera enfermar. Nadie debiera


envejecer, nadie debiera morir. Nadie debiera sufrir. Esta negación de la muerte y de la naturaleza humana, no logra sostenerse en la realidad. En consecuencia, la muerte se asocia al fracaso de la ciencia y la tecnología. Al Médico se le educa y entrena para enfrentar la enfermedad y para conservar la vida pero no se le forma en el manejo de la muerte, que es una circunstancia ineludible, el final previsible de todos los pacientes y una experiencia inevitable a corto o mediano plazo y con menor o mayor frecuencia para el equipo médico.

Lo anterior se deba quizá, porque el contenido psicodinámico de la respuesta del Médico ante la muerte sea en principio negar la vulnerabilidad de la vida y la limitación de los esfuerzos ante lo impostergable de la muerte; también quizá porque desde el primer año de la carrera, la filosofía siempre tiende hacia la vida, a promoverla y preservarla y porque no se habla de la muerte, sólo hasta que tenemos que vivirla con los propios pacientes o cuando nos toca la experiencia con alguien muy cercano, es que llegamos, después de un enorme esfuerzo de autocrítica, a percatarnos de que la muerte es la que le da el sentido de existencia a la vida y nos enseña a valorarla en una dimensión más objetiva: la de la finitud que nos hace simplemente humanos.


A lo anterior es necesario agregar las contradicciones de nuestra sociedad mercantil, dado que la Medicina es cada vez más una actividad profesional que se ve afectada por costos progresivamente mayores. La forma de morir es considerada claramente selectiva: depende de la capacidad adquisitiva de cada quien, lo que plantea un serio dilema filosófico sobre la dignidad intrínseca de los seres humanos. La Tanatología ayuda tanto a los pacientes terminales como a los familiares y allegados desde que el familiar es diagnosticado, durante el proceso y posterior a la muerte para la elaboración del duelo. Así también la Tanatología se enfoca a cualquier pérdida significativa que tenga el ser humano, es por ello que la importancia de la Tanatología hoy en día es indiscutible, contemplando que a lo largo de nuestra vida enfrentamos diversos tipos de pérdidas, muertes, separaciones, pérdidas de miembros, pérdida de salud, de ilusiones ante una discapacidad, es por ello que su campo de acción es muy amplio. REFERENCIAS. BRAVO, M, M. “¿Qué es la tanatología?” en Revista Digital Universitaria 10 de agosto 2006 • Volumen 7 Número 8, consultado el 28 de julio de 2012 en http://www.revista.unam.mx/vol.7/num8/art62/ago_art62.pdf De LEÓN, R, V. “Tanatología: Una perspectiva distinta de la muerte” consultado el 28 de julio de 2012 en http://132.248.9.1:8991/hevila/BoletinmedicoCuliacanMexico/2004 05/vol1/no4/3.pdf DOMINGUEZ, M, G. “La Tanatología y sus campos de aplicación”, Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado, consultado el 28 de julio de 2012 en http://www.publicaciones.ujat.mx/publicaciones/horizonte_sanitario/ediciones/2009_mayo-agosto/04-Tanatologia.pdf


Carrera de “Médico Cirujano” ¿Y las médicas dónde quedaron?

Por F. Javier Solís Mendoza Pedagogo Social

Resulta increíble pensar que el imaginario androcéntrico siga casi intacto en algunas áreas de las ciencias. Ciencias que en su objetividad pecan de poseer un sesgo de género eminentemente patriarcal. Las mujeres al ser excluidas por años del conocimiento científico han representado en su incorporación una lucha de ascenso constante logrando derribar y cruzar esos terrenos marginales de la exclusión de algo que nos dignifica a todos y todas como humanos, como lo es la educación. El presente artículo hace es un análisis desde la perspectiva feminista a la incorporación de las mujeres en las ciencias médicas, la razón que inspira el título del mismo, es el nombre de la licenciatura y grado académico que se otorga: reflejo de la herencia patriarcal de las ciencias. A partir del año 2000 a nivel nacional, y desde 1994 en la UNAM, se ha logrado prácticamente la equidad entre mujeres y hombres en la matrícula de ingreso a la educación superior. La Agenda estadística de la UNAM, de 2011, muestra un dato excepcional: en la Facultad de Medicina, por ejemplo, las mujeres


representan el 63 por ciento del alumnado (la misma condición se encuentra en la carrera de Médico Cirujano de la FES Iztacala, aunque no se cuenta con el dato exacto, pero aproximadamente el 70% de la población de la carrera es matrícula femenina- Según datos compartidos por la Dra. Leticia Osornio). Si bien existe en la actualidad un mayor reconocimiento a la participación de las mujeres en la vida pública, y su presencia es más visible en los quehaceres universitario, científico y tecnológico, persiste una división sexual en el trabajo académico. Ésta da lugar a la llamada “segregación horizontal” o por áreas –la escasa presencia femenina en algunas disciplinas y ramas del conocimiento– y también a una “segregación vertical” o jerárquica, que se aprecia en las dificultades que enfrentan para acceder a posiciones de mayor nivel y a puestos de responsabilidad o toma de decisiones, así como a la obtención de distinciones y otros reconocimientos. En México, la formación académica en la educación profesional es el punto de partida para optar por una carrera científica. La distribución de la población estudiantil, desde el nivel de los estudios universitarios en las distintas disciplinas, muestra ya la división sociocultural de roles entre mujeres y hombres:


Las áreas del conocimiento donde se concentra la mayor población femenina son las ciencias sociales, la enfermería, la educación y las humanidades, mientras que las ciencias agropecuarias, las físico-matemáticas y las ingenierías siguen siendo los campos con mayor población masculina. Existen también disciplinas que muestran en su matrícula una distribución equitativa entre mujeres y hombres, como las ciencias naturales, el derecho, la administración y el comercio. Se observa, además, que en algunas áreas del conocimiento ha ocurrido una transformación: de una composición típicamente masculina se ha pasado a una femenina, como en las ciencias de la salud y en particular la medicina. Lo anterior es útil para ilustrar los fenómenos de segregación horizontal y vertical que caracterizan la participación de las mujeres en las instituciones de educación superior y en la generación del conocimiento científico. La medicina ha sido históricamente un territorio masculino en el que se han expresado no solamente el combate de las enfermedades y el cuidado de la salud, sino que además se ha ejercido un control sobre los cuerpos, por ejemplo, en los terrenos de la sexualidad y la reproducción humanas (Blazquez, 2008). La medicina es una de las carreras que, en comparación con otras, requiere de mayor tiempo para la formación completa, la cual casi siempre se prolonga hacia la especialización. En la actualidad es una de las disciplinas que más se han transformado a partir de la acelerada incorporación de contenidos científicos y tecnológicos. Los mecanismos para la selección de estudiantes en nuestro país son de los más exigentes. Resulta muy interesante que la matrícula femenina ha experimentado en los últimos años un incremento en comparación con la masculina. Estos elementos obligan a revisar las características que presenta la incorporación de las mujeres a la medicina, a formular nuevas preguntas, y a reflexionar sobre la trayectoria de las mujeres en este campo, desde el nivel de los estudios universitarios, pasando por su ejercicio profesional y su dedicación a la investigación biomédica. La primera mujer que ingresó a la Escuela Nacional de Medicina fue Matilde Montoya, en 1882, y fue también la primera médica que se graduó en México, en 1887 (se han elaborado varias biografías de esta pionera de la medicina; por ejemplo: Carrillo, 2002). En 1900 se tituló Columba Rivera; tres más lo hicieron en la primera década del siglo XX, y cinco en la etapa revolucionaria. Así, hasta 1936, 74 médicas


egresaron de la Escuela Nacional de Medicina, superando todas las dificultades familiares, sociales y económicas de la época. Alcanzar el nivel de educación superior en México sigue siendo un privilegio. Sólo ingresa un porcentaje muy bajo de la población en edad de estudiar, lo que constituye una gran injusticia para la mayoría de la población joven del país. De acuerdo con el censo de 2010, la oportunidad de acceder a este nivel es de 16 por ciento para los hombres, y de 13 por ciento para las mujeres. Dentro de esta proporción, a partir de 2000, a nivel nacional, y desde 1994 en la UNAM, se ha logrado prácticamente la equidad en la matrícula de ingreso a la educación superior. Los datos de la Agenda estadística de la UNAM de 2011 (www.planeacion.unam.mx/Agenda/2011) muestran que la matrícula de mujeres por áreas del conocimiento en la licenciatura es de 29 por ciento en las ciencias físico-matemáticas e ingenierías, 66 por ciento en las ciencias biológicas, químicas y de la salud, 51 por ciento en las ciencias sociales y 64 por ciento en las humanidades. Los datos sobre la proporción de hombres y mujeres que forman parte de los cuerpos de dirección en las instituciones académicas y científicas muestran que en las carreras universitarias en las que el número de mujeres es mayor al de los hombres, y en las que se esperaría, por su elevada proporción, que la dirección pudiera corresponder a las mujeres, está generalmente a cargo de los hombres, como en las carreras de trabajo social, enfermería o psicología. Esto sucede también en medicina, que ha sufrido transformaciones en su matrícula y en su personal académico, pero nunca ha tenido una directora, contrario a la FES Iztacala donde en el mes de febrero Patricia Dolores Dávila Aranda fue designada directora de la multidisciplinaria.


La presencia femenina en la matrícula por campos del conocimiento en la educación superior, así como la incorporación de las mujeres a la práctica profesional y a las actividades científicas hasta sus niveles más altos, muestran que en las últimas décadas se han incorporado al sistema de educación superior con resultados positivos. Sin embargo, todavía no existe una incorporación homogénea de las mujeres a todas las áreas del conocimiento, ni a la vida laboral, y mucho menos a los espacios científicos de reconocimiento y toma de decisiones. El aumento en el número de mujeres en la matrícula y la titulación en educación superior no equivale a su incorporación inmediata al mercado de trabajo en condiciones de equidad. El grado de inserción de las mujeres con estudios superiores en el mercado laboral, si bien muestra una creciente participación, ocurre con características en las que prevalece la desigualdad, como recibir menor salario respecto a los hombres con la misma formación, el escaso acceso a posiciones de dirección, y un mayor desempleo femenino con respecto a sus colegas hombres(Milosavljevic, 2007). Al respecto, se ha documentado que en la baja contratación femenina influyen diversos factores. Entre ellos destaca la competencia por el mismo trabajo, ya que todavía se prefiere contratar a loshombres, en especial si se trata de campos como la medicina. Otra razón es que más mujeres que hombres prefieren diferir o interrumpir el ejercicio de sus profesiones para dedicarse a tener familia, por lo que el estado civil, el número de hijos y la doble jornada pueden influir en la contratación y la exclusión de las mujeres, mientras que los hombres estarían en mejores condiciones para lograr la inserción laboral. También se han identificado patrones de discriminación implícitos y explícitos que obstaculizan la profesionalización de las mujeres y su promoción académica en las universidades y en las actividades de investigación, particularmente en las categorías más altas (Bonder, 2004;Daza y Pérez, 2008; Blazquez y Bustos, 2008).


Entre estos patrones se encuentran las dificultades que enfrentan algunas mujeres para encontrar puntos de equilibrio entre las responsabilidades de una carrera académica y las provenientes de los roles de esposa y madre que les son asignados socialmente; los estereotipos de género asociados tanto a los campos disciplinarios en los estudios profesionales como a las profesiones mismas y los sectores donde éstas se desarrollan; y las resistencias de las comunidades científicas, donde los temas de género se vinculan a cuestiones sociopolíticas o culturales y, en el mejor de los casos, se consideran importantes, pero no tienen la legitimidad necesaria para ser aceptados como de interés científico. El tema de la igualdad en la participación de las mujeres en la producción científica y tecnológica representa para estas comunidades la preocupación de un “sector minoritario”, y en general no interesa saber si las mujeres están proporcionalmente representadas en el financiamiento de proyectos y en posiciones de liderazgo y de toma de decisiones. En este análisis también es preciso partir del hecho de que todos los campos del saber se inician como territorios masculinos. Si las mujeres representan ahora el sector mayoritario en algunas disciplinas, esto es resultado de un proceso en el que ha sido necesario vencer obstáculos de distinto orden. Entre los factores que han favorecido la inserción femenina se encuentra la separación sexualidad-reproducción y una mayor autonomía en el marco familiar. Lo anterior muestra que se requieren estudios dirigidos para tener un mayor conocimiento de la participación de las mujeres en la educación superior y la ciencia que incluyan la recopilación, actualización y seguimiento de datos desagregados por sexo, nivel de preparación y área del conocimiento, así como el análisis crítico acerca de las realidades histórica, socioeconómica y política en las cuales se desarrollan las actividades educativas y científicas. En ellos resultará importante considerar los roles y exclusiones de género, con el fin de contar con una visión integral que permita elaborar políticas encaminadas a eliminar la inequidad en estos ámbitos. Es necesario, por lo tanto, adoptar medidas que promuevan el ingreso de las mujeres a todos los campos del


conocimiento, así como el fortalecimiento de aquellos en los que las mujeres ya tienen presencia significativa. Esto se justifica por razones de equidad social, de optimización y aprovechamiento de recursos, así como por la necesidad urgente de integrar sus perspectivas, modos de conocimiento y actuación, en la construcción de paradigmas científico tecnológicos inclusivos, enriquecidos por la diversidad de enfoques. En la actualidad en México el examen de la participación, producción y gestión de las mujeres en las actividades científicas no es un tema prioritario, y todavía no se incluye dentro de las políticas de ciencia y tecnología. Por ello es esencial identificar los elementos que propician o se oponen a una plena participación de las mujeres en las universidades y en los centros de investigación, lo cual requiere del análisis y de una mirada crítica en las instituciones y las propias comunidades académicas, con el fin de lograr la equidad entre hombres y mujeres. Referencias: Blazquez Graf, Norma (2008), El retorno de las brujas.Incorporación, aportaciones y críticas de las mujeres a la ciencia, México, CEIICH, UNAM. Blazquez Graf, Norma y Olga Bustos Romero (2008),Académicas pioneras. Trayectorias y contribuciones en la UNAM, México, CEIICH/DGAPA, UNAM. Bonder, Gloria (2004), “Equidad de género en ciencia y tecnología en América Latina: bases y proyecciones en la construcción de conocimientos, agendas e institucionalidades”, Cátedra Regional UNESCO. Mujer, Ciencia y Tecnología en América Latina, Washington, D.C, UNESCO. Carrillo, Ana María (2002), Matilde Montoya: primera médica mexicana, México, DEMAC. Castañeda López, Gabriela y Ana Cecilia Rodríguez de Romo (2010), Pioneras de la medicina mexicana en la UNAM: del porfiriato al nuevo régimen, 1887-1936,México, Facultad de Medicina.


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