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POR LA CUARTA PRESIDENCIA

-Vió cómo son estas cosas de la genética. Parece que pudieron hacerle un clon, como quien dice una copia de él. Y el chico nació sanito, igualito, dicen. Con esto han cambiado ya no la historia del país, sino de la humanidad toda, me parece.

(-Gracias. Gracias. En nombre mío y de mi equipo quiero manifestarles el enorme placer que significa la sensación de la tarea cumplida con creces. Quiero agradecerles también la oportunidad de encabezar una empresa desafiante pero motivadora, extenuante pero magnánima. Gracias por semejante reconocimiento. Trataré de ser lo menos técnico que me sea dable, para que puedan comprender el proceso del cual deseo efectuar un resumen. En principio les expreso que si bien extraer ADN a partir de dientes y huesos tiene las tasas de obtención menos fiables de todas las pruebas no estandarizadas de ADN, en el caso del sujeto en cuestión se obtuvo éxito pleno. Los restos se encontraban bien conservados a pesar del tiempo del fallecimiento, y debieron manipularse con extremado cuidado y técnica especial, aplicando eficientemente los protocolos de identificación


genética en el material óseo. Luego de la muerte, las moléculas biológicas comienzan a ser degradadas por las enzimas endógenas, y por organismos exógenos, además del daño provocado por las condiciones ambientales a las que el organismo haya estado expuesto. No obstante, aunque las biomoléculas se alteren en forma, sus componentes pueden persistir por largos períodos de tiempo. Resumiendo, para encontrar el material genético, el hueso debió pulverizarse y se le sustrajo el calcio. Se quitó el núcleo de un ovocito y se transfirió el núcleo de una célula diploide, aunque no se trata de la vieja técnica de la transferencia nuclear. Luego el embrión se implantó de manera exitosa en el vientre de la madre sustituta, arraigando sin inconvenientes. El alumbramiento también resulto, como ustedes saben, normal. Debimos trabajar en condiciones especiales, pues como saben, en Argentina, como en muchos otros países, aún hay una legislación vigente para prohibir la clonación humana -aquí el juez Solovich se rió-. Pero aun así, lo trascendente del proyecto, justificó esas, llamémosles, pequeñas interferencias. En el relato “La reliquia”, de Gary Jennings, se plantea la clonación de Jesucristo a partir de una ampolla de su sangre que se conserva en un santuario. Nuestro logro, ha derribado cualquier barrera ficcional. -¿Pero usted asegura que realmente es él, doctor Acuña? -Bueno, General. Digamos que poseen las mismas características genéticas, morfológicas y fisiológicas. Después dependerá en cierto modo de la educación y las motivaciones que reciba y el ambiente en que crezca.)

(-Ahora, doctora, disociamos las blastómeras. Separamos célula. Eso es. Procedemos a bisección embrionaria de mórula o blastocisto. Eliminamos la membrana pelúcida y separamos las células totipotenciales. Usted, doctor Riboira,


filme, qué esto es verdadera historia. Retiramos la célula. *Dos horas después* -Se obtiene embrión de ocho células, doctor Acuña. -Muy bien, doctora. No somos Dios, pero hacemos su trabajo. Haremos dos embriones de cuatro células, entonces. Doctor Verne, volvemos a colocar la zona pelúcida. -Los dos embriones están en el oviducto, doctor Acuña. -Bien. Cortamos por la mitad de la masa celular interna. Siga filmando, doctor Riboira. Qué la gente del Nobel tenga de dónde agarrarse.)

-Parece que alquilaron el vientre y contrataron como actriz para que lo críe a una hija de indios tehuelches de ascendencia mapuche, nacida en cercanías de Lobos.

(-Para padre conseguimos a un actor de varieté cultor de la botánica, hijo de un médico admirador de Mitre, señor gobernador. -¿Al "padre" lo contagiaron de tuberculosis, como proponía el primer esbozo del guión, licenciado?)

-Dicen que le construyeron un pueblo falso en una zona entre el propio Lobos y Roque Pérez, montado dentro de muros, para mantener el secreto, igualito al Roque Pérez de fines del siglo XIX, una zona de quintas, protegido de la prensa curiosa por coimas de dirigentes muy importantes. Del otro lado del mismo predio, levantaron una réplica del caserío de Lobos. Escuché que la casa donde nació se la armaron igual que en la que nació el


original: piso de tierra, una ventanita, dos puertas, una sola pieza. Con un aljibe y unos ranchos alrededor. Parece que copiaron la crianza de punta a punta. La casa en que vivió después, en Lobos, también la hicieron igualita. La única diferencia en el tiempo de su crecimiento, es que desde muy niño le leían los Principios Generales de la Doctrina Nacional. Después todos actuaban de acuerdo a un guión que copiaba su vida de chico.

(-No, Pereyra. Repasemos. Le dije que ladrillos de quince por treinta revestidos de adobe. Cuarenta y ocho metros cuadrados en el fondo del terreno de veinte por treinta y siete. Un dormitorio con piso de ladrillos asentados sobre un contrapiso de arena y ladrillo molido. En el otro cuarto piso de tierra apisonada. En los dos techo de chapa acanalada. En la habitación del fondo cielo raso de pinotea, con algunos agujeros por donde se entrevean los mechones de paja. -Está bien, arquitecto. -Y otra cosa, Pereyra. Los profesores de historia del Proyecto quieren, me lo recalcaron con énfasis, si bien es una típica casa rancho, que se note que fue levantada por un constructor muy ducho. -Sí, arquitecto. -Algo más. Qué se sabe del muro norte, me tiene preocupado. -Según me dijo el arquitecto Grispino, sólo faltan constriurse los diez kilómetros finales. El ejército cuida la brecha para que nadie se cole. -Perfecto. ¿Y de la laguna de Flores Grande? Los informes dicen que llevaban muy a menudo al General allí para bañarlo. -Las máquinas están terminando de cavar -dijo Pereyra.


-Bueno, yo por mi parte ya conseguí los sauces llorones adultos para la orilla. Ahora los ingenieros tendrán que encarar el proceso de impermeabilización cementicia con armadura de polipropileno y el desvío del afluente para poder inundar semejante pozo, más allá de que esté hecha a escala. Aunque también tengamos que montar las vías, la estación de trenes, la copia del almacén de ramos generales La Paz y hacer una réplica del río Salado, nos ha tocado la tarea menos ardua. Al arquitecto Federico Arzúa le corresponde recrear el casco urbano de Lobos allá, en la parte sur del predio. Ahora me retiro a supervisar los túneles bajo tierra que cruzarán todo el predio, donde se desplazará el personal auxiliar y se ubicarán los equipos técnicos).

(-Estos hijos de puta van a querer matarme cuando culmine la obra -se dijo el Arquitecto Federico Arzúa-. Voy a tener que manejarme de manera por demás cautelosa, mover algunos contactos. Mientras insistía con estas cavilaciones caminaba por la réplica de la plaza de Lobos, la cual había proyectado y también dirigido su constitución. -El fortín de San Salvador de Lobos -musitó para sí-. Trataremos de que no me cueste la vida. Se dirigió hacia su camioneta. Allí abrió unos planos, se dijo: -Claro. El ferrocarril dividió en dos la traza del pueblo, ocupando para su playa de maniobras y descarga seis manzanas del núcleo Central. Allí la Estación de Empalme, siendo seleccionado para emplazarla un sector que comprende parte de las quintas 67 y 68 y la Chacra N° 4. Alrededor se asientan las villas... Escuchó unos gritos. Bajó del vehículo y corrió hacia donde estos provenían. Pudo observar que dos obreros se estaban


tomando a golpes de puños. Otros tantos intentaban separarlos. -¡Basta! -les gritó. Los operarios cesaron su forcejeo. -¡Qué carajo les pasa! -agregó. Hubo un silencio. -¡Qué carajo les pasa! -Es que éste dice que toda esta obra la hacen para el General. Dice que va a volver a nacer. Yo le digo que tenga más respeto. ¡Yo soy justicialista hasta los huesos! -dijo uno de los obreros al borde del llanto. -Pero así escuché -agregó el otro-. Dicen que el General... -¡Basta! -interrumpió el arquitecto-. ¿Qué les dijeron cuando los contrataron? Que de este proyecto no se habla. Ustedes saben que esto lo maneja gente demasiado poderosa. Miren si los ven los militares. ¿Quieren tener problemas, que a ustedes también se los lleven? -Lo dos obreros agacharon la mirada y negaron en silencio. -Que no vuelva a suceder algo así o quedan ambos en la calle. Ni un comentario más de ese tipo, ni mucho menos una pelea. No voy a ser responsable de ninguna desgracia que pueda pasarles.)

-Más tarde le armaron otro pueblo en la Patagonia, también entre muros, donde parece que se crió con indios falsos y cazando guanacos llevados especialmente.

(-Su vida, como bien sabemos, se ceñirá a un guión. Él no lo sabrá pero no será realmente libre, en términos corrientes. Pero en definitiva ¿no somos todos somos víctimas de


estrictos condicionamientos familiares y culturales de los que no podemos apartarnos con facilidad? Quienes acompañarán al General en su "vida ficcional" fueron cuidadosamente elegidos a través de un “casting”. De manera inconsciente, todos seleccionamos sólo la compañía de las personas que nos permiten representar nuestro “guión”. Por ende, el General no va a cuestionar circunstancias muy sospechosas de la vida que le es impuesta, simplemente porque nadie a su alrededor las cuestionará tampoco. Y va a aceptar sin más análisis las débiles explicaciones que reciba por parte de nuestros actores si plantea alguna duda. En nuestra sociedad, conductas como el consumismo salvaje o la búsqueda exclusiva de éxito económico le dan un muy discutible sentido a la vida, que demasiadas personas prefieren no cuestionar -dijo el psicólogo evolutivo Leandro Rosa. -Estoy muy entusiasmado con todo esto -replicó el gobernador Rojas. -A mí me preocupa que, a pesar de lo pactado con ellos, algún obrero delate detalles del proyecto -dijo el juez Abrahamovich. -No se preocupen -dijo el gobernador-. Los elegimos ex profeso extranjeros de países limítrofes, iletrados, sin familiares cerca. La idea es ir haciéndolos desaparecer de a poco, a medida que vaya haciendo falta.)

(-Sientesé por acá nomás, Juancito -dijo el Chino Sixto Magallanes, acomodándose la boina colorada-. Sientesé que hoy se va a hacer hombre. -Buen día pa´usted también, don Sixto -respondió el chico con gesto entre sorprendido y medroso. Era muy temprano por la mañana. Un gallo cantaba con estrépito ronco muy cerca de ellos. Se encontraban en una


cocina de peones. Estaba centrada por un fogón de campana y tenía las paredes negreadas por el humo. El piso era de ladrillos gastados. -Ahí al lado de tu banco, hay un poco de sebo. Pasameló, nomasito. Sixto tenía en las manos un par de riendas ásperas. Cuando el muchacho le alcanzó la pasta, el hombre comenzó a pasarla por el cuero blanquecino. El Chino era un hombre colosal. Era alto y de su cuerpo manaba una fuerza inaudita, despegando del basto pecho. Tenía la piel muy curtida por el sol. Fumaba unos cigarrillitos armados de olor apestoso. Vestía una chaqueta corta y gastada con cuello y solapas, una camisa blanca amarillenta y rota, pañuelo al cuello, chaleco muy abierto v prendido con dos botones sobre el esternón, dejando ver los caprichosos buches de la camisa entre él y el ceñidor. Se puso a silbar un estilo. Dijo a Juan Domingo: -Bueno muchacho, tráite el mate y cebame, nomasito. Juancito reactivó el bracerío y acomodó la oscurecida pava de hierro entre la ceniza. Le estuvo cebando amargos durante un buen tiempo habiendo cambiado varias veces la cebadura. Sixto dijo: -Bueno. Vamos a domar la yegua. Juancito quedó azorado pero caminó tras el paisano. Traspusieron el potrerito pastoso e ingresaron al corral vecino a los zanjones donde estaban las supuestas yeguas redomonas. El chico estaba pasmado. El Chino se acercó a una de las yeguas -una cebruna-, le colocó el recado y enriendó con gran cuidado y baquía y la sujetó a un poste. Tomó al chico de un brazo y lo ayudó a montarse. -Tenga cuidado Sixto, no se le vaya a caer el chico -le decían al actor que hacía las veces del Chino Magallanes por el auricular. El Chino hacía un gesto de disgusto y continuaba la acción.


Los operadores se encontraban en una central de monitoreo bajo tierra. Juancito parecía experimentar un sueño lúcido y bravío. Aunque la yegua en realidad era muy mansa, se habían extremado los cuidados: se contrataron a los dos mejores "padrinos" del país para controlar las acciones donde era un hecho que el animal no corcovearía. Y así fue. Cuando el chino desató a la yegua y la tocó levemente con el rebenque, la misma trotó con tranquilidad por la playa. Pero Juancito iba aferrado con suma firmeza a las riendas, como si se debatiera en un combate colosal, pues eso le parecía. El Chino lo alentaba desde cerca y le profería indicaciones. Pero Juancito era bravo; pronto fue venciendo al miedo y comenzó a acodillar a la yegua tratando de buscar la bellaqueada. Uno de los "padrinos" rió: -Mirá -le dijo al otro-. ¡La invita! -No la busqués -gritó Magallanes, mientras entre él y los padrinos hicieron detenerse al animal y dieron apoyo al chico para que descendiera. Entonces, de manera triunfal, fueron hasta donde estaba el resto de la peonada, con la que a menudo se hacía pasar tiempo junto al niño (dada su condición de humildes), a sumarse al almuerzo que principiaba en torno al fogón. Magallanes, antes de alargarle un pedazo de churrasco, le convidó un trago de aguardiente. Le dijo: -Tomá, muchacho, te loah' ganao en güena ley -dijo mirando con gesto de aprobación a la paisanada. Y añadió enseguida una frase fuera de guión-: Vaya caudillo de montonera que va a ser éste mocoso.)

Y luego vino lo más difícil: armarle los tiempos de la


escuela primaria y la secundaria. Parece que el escenario se lo armaron dentro del propio colegio donde estudió, en la escuela de una parroquia, en Capital, y más tarde en un politécnico. No debe haber sido fácil. No sé cómo habrán hecho.

(-Vamos a pagarle lo que pida, señor director. Los recursos del Movimiento no tienen límites si se trata de lograr nuestro objetivo máximo... -Me deja anonadado, senador. -Necesitamos que estudie de nuevo en estas instalaciones, director. Necesita respirar el mismo aire, cómo decirle, atesorar la misma estructura. Sólamente tiene que aislarnos ese sector para que podamos llevar adelante nuestro montaje. Además de garantizarnos la más absoluta discreción, claro está. -No sé qué decirle, estoy estupefacto... -De más está mencionarle que no voy a aceptar un no como respuesta. No suelo amenazar, pero el chico ya tiene cinco años y se acerca la hora de comenzar a estudiar aquí. Tenemos un ejército de escenógrafos, historiadores, docentes, directores de arte, productores ejecutivos y demás personal trabajando de manera ardua, no crea que es fácil, el mismísimo gobernador, junto al secretario general de la CGT, me dijo...)

-Después, por supuesto, le armaron la parodia del Colegio Militar. Es allí en la etapa en que está ahora. Debe tener unos catorce años en este momento. Imaginesé que para armar todo eso, debe haber hecho falta una tonelada de historiadores, actores, ingenieros, arquitectos,


obreros, científicos de toda clase y no sé cuántos muñecos más.

(-¿Pero le parece que deben ser tan estrictos con él, profesor? -Sucede, señor juez, que en esa época en el Colegio Militar los códigos eran rígidos, inhumanos; habían reglamentaciones estrafalarias, germánicas. Hay que hacerle la vida dura, llena de esfuerzos y sacrificios. -Es que siendo quién es, profesor, me resulta chocante que no tenga privilegios.)

-Dicen que después van a mandarlo a un regimiento de Santa Fé, donde también van a montarle un escenario. Después vendrán la Escuela de Suboficiales y la Escuela Superior de Guerra, todo falso. Lo que habrá que ver es cómo arman el golpe de Uriburu (supongo que también con un doble) y el comienzo y continuación de su carrera política. Y no tenga dudas que llegado el momento harán un casting para conseguirle una actriz que haga de Eva.

(-Bueno, vinieron muchas rubias al casting. La cola es descomunal, diputado. -Lo que no tuvieron en cuenta las actrices, señor presidente, es que cuando se conocieron ella era castaña. -A mí la que me gusta es la número noventa y ocho, diputado. Ambos padres murieron de cáncer.)


-En unas dĂŠcadas, dicen que ya estarĂ­a listo para poder retomar y hacer su cuarta presidencia, aunque la tercera, como todos sabemos, no la pudo terminar porque se muriĂł en el medio, pobre.

Por la cuarta presidencia  

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