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ISSN 07180718-4867

PERSPECTIVAS DE LA COMUNICACIÓN · PUBLICACIÓ PUBLICACIÓN SEMESTRAL · VOL1 · Nº 1 · AÑO 2008


UNIVERSIDAD DE LA FRONTERA PERSPECTIVAS DE LA COMUNICACIÓN ISSN 0718-4867

CARRERA DE PERIODISMO PROGRAMA DE MAGÍSTER EN CIENCIAS DE LA COMUNICACIÓN DEPARTAMENTO DE LENGUAS, LITERATURA Y COMUNICACIÓN FACULTAD DE EDUCACIÓN Y HUMANIDADES UNIVERSIDAD DE LA FRONTERA

TEMUCO - CHILE 2008


PERSPECTIVAS DE LA COMUNICACIÓN ·· Vol. 1, Nº 1, 2008 ·· ISSN 0718-4867

UNIVERSIDAD DE LA FRONTERA PERSPECTIVAS DE LA COMUNICACIÓN TEMUCO – IX REGIÓN Revista PERSPECTIVAS DE LA COMUNICACIÓN Vol. 1, Nº 1, 2008 ISSN 0718-4867

La revista Perspectivas de la Comunicación, revista electrónica semestral y adscrita a la Carrera de Periodismo y al Magíster en Ciencias de la Comunicación de la Universidad de La Frontera (Temuco-Chile), se crea con la finalidad de contribuir al diálogo entre los diversos investigadores en el amplio campo de la comunicación, difundiendo, principalmente, los trabajos asociados a proyectos de investigación y fomentando el desarrollo de un pensamiento crítico acerca de los diversos fenómenos sociales, culturales, comunicacionales, discursivos, interculturales, políticos y económicos que se observan en América Latina y el Mundo. A través de la presenta convocatoria, invitamos cordialmente a la comunidad nacional e internacional a enviar sus trabajos. La revista Perspectivas de la Comunicación, aceptará trabajos relacionados con las siguientes áreas temáticas: I. COMUNICACIÓN, POLÍTICA Y CAMBIO SOCIAL II. COMUNICACIÓN, CRÍTICA DE LA CULTURA E INTERCULTURALIDAD III. SEMIÓTICA, DISCURSO Y SOCIEDAD. Los trabajos deben ser remitidos al Director de la revista Dr. Carlos del Valle Rojas (delvalle@ufro.cl), con copia al Editor de la publicación Mg. Alberto Javier Mayorga Rojel (perspectivas@ufro.cl). La revista Perspectivas de la Comunicación sólo publica los trabajos que cuentan con el dictamen favorable del Comité Científico. Se invita a consultar y citar los trabajos contenidos en la revista, indicando su procedencia. Las normas de publicación deben ser consultadas en: www.perspectivasdelacomunicacion.cl www.magisterencomunicacion.cl Plazos (fechas de cierre) para el envío de trabajos: • 31 de Marzo de 2009 (1er semestre) • 3 de Agosto de 2009 (2do semestre) Revista catalogada en las siguientes base de datos: 1. LATINDEX (Sistema Regional de Información en Línea para Revistas Científicas de América Latina, El Caribe, España y Portugal) 2. Red Iberoamericana de Revistas de Comunicación y Cultura. 3. Red Bogotá de Revistas Científicas en Comunicación.

Carrera de Periodismo Programa de Magíster en Ciencias de la Comunicación. Departamento de Lenguas, Literatura y Comunicación. Facultad de Educación y Humanidades. Universidad de La Frontera Av. Salazar 1743. Temuco. IX región. Chile Teléfonos: (52) (45) 987380

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Revista PERSPECTIVAS DE LA COMUNICACIÓN Vol. I, Nº 1, 2008 ISSN 0718-4867 •

Director Dr. Carlos Del Valle Rojas

Editor General Mg. Alberto Javier Mayorga Rojel

Jefe de Redacción Mg. Alonso Azócar Avendaño

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Comité de Redacción Mg. Rommy Martínez Venegas Mg. Luis Nitrihual Valdebenito Lic. Carlos Reyes Velásquez

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Consejo Consultivo Universidad de La Frontera (Temuco – Chile) Mg. Jorge Araya Dr. Mario Bernales Dr.Hugo Carrasco Dra. Verónica Contreras Dr. Luis de la Barra Dr. Juan Manuel Fierro Mg. Mabel García Dra. Orietta Geeregat Dr. Eduardo Miranda Mg. Manuel Ortiz Mg. Teresa Poblete Mg. Jaime Otazo Mg. Héctor Painequeo Mg. Omer Silva Mg. Nataly Cancino

Comité Científico (Pares Evaluadores) • Dr. Gonzalo Abril Universidad Complutense de Madrid (España) • Dr. Norddin Achiri Universidad Sidi Mohamed Ben Abdellah (Marruecos) • Dr©. Alfredo Alfonso Universidad Nacional de Quilmes (Argentina) • Dr. Miquel Rodrigo Alsina Universidad Pompeu Fabra (España) • Mg. Lorena Antezana Barrios Universidad de Chile (Chile) • Dr. Francisco Arenas-Dolz Universidad de Valencia (España) • Dra. Mercedes Arriaga Flórez Universidad de Sevilla (España) • Dr. Claudio Avendaño Universidad Diego Portales (Chile) • Dr. Vicente Baca Lagos Universidad Complutense de Madrid (España) • Dr. Nelson Barría Universidad Adventista (Chile) • Msc. Leda Berardi Universidad de Chile (Chile) • Dr. Francisco Bernete Universidad Complutense de Madrid (España) • Dr. César Bolaño Universidade Federal de Sergipe (Brasil) • Dra. Adriana Bolívar Universidad Central (Venezuela) • Dra. Elizabeth Bonilla Loyo Universidad Veracruzana (México) • Dr. Aldo Borsese Universitá di Génova (Italia) • Dr. José Gabriel Brauchy Universidad del Bío Bío (Chile) • Dr. Rodrigo Browne Sartori Universidad Austral (Chile) • Dr. José Calvo González Universidad de Málaga (España) • Dr. Jorge Calbucura Mid Sweden University (Suecia) • Dr. Gustavo Cimadevilla Universidad Nacional de Río Cuarto (Argentina) • Dra. Mireya Cisneros Estupiñán Universidad Tecnológica de Pereira (Colombia) • Dr. Eliseo Colón Universidad de Puerto Rico (Puerto Rico) • Dr. Fernando Contreras Medina Universidad de Sevilla (España)

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• Dr. Valerio Cruz Brittos Universidade do Vale do Rio dos Sinos (Brasil) • Dr. José Manuel de Pablos Coello Universidad de La Laguna (España) • Dr. Alvaro Elgueta Universidad Católica de la Santísima Concepción (Chile) • Dr. Paolo Fabbri Università IUAV di Venezia (Italia) • Dra. Mar de Fontcuberta Pontificia Universidad Católica de Chile (Chile) • Dr. Raúl Fuentes Navarro Universidad Jesuita de Guadalajara. ITESO (México) • Mg. Valerio Fuenzalida Pontificia Universidad Católica de Chile (Chile) • Dr. Juan Antonio García Galindo Universidad de Málaga (España) • Dr. Antonio García Gutiérrez Universidad de Sevilla (España) • Dr. Felip Gascón i Martín Universidad de Playa Ancha (Chile) • Dr. Juan Carlos Gil Universidad de Sevilla (España) • Dr. Robert Huesca Trinity University (USA) • Dr. Octavio Islas Tecnológico de Monterrey (México) • Dr. José Carlos Lozano Tecnológico de Monterrey (México) • Dr©. Víctor Marí Sáez Universidad de Cádiz (España) • Dr. Guillermo Mastrini Universidad de Buenos Aires (Argentina) • Dr. Armand Mattelart Universidad de París VIII (Francia) • Dra. Concha Mateos Martín Universidad Rey Juan Carlos (España) • Dra. Claudia Mellado Universidad de Concepción (Chile) • Dr. Antonio Méndez Rubio Universidad de Valencia (España) • Dra. María Eugenia Merino Universidad Católica de Temuco (Chile) • Dr. José Manuel Moreno Universidad de Sevilla (España) • Dr. Rafael Obregón Ohio University (EEUU) • Dr. Guillermo Orozco Universidad Guadalajara (México) • Mg. Carlos Ossa Swears Universidad de Chile (Chile) • Dr. Carlos Ossandón Buljevic Universidad de Chile (Chile) • Dra. Teresa Oteiza Universidad de Concepción (Chile) • Dra. Neyla Pardo Abril Universidad Nacional de Colombia (Colombia) • Dra. Teresa Quiroz Velasco Universidad de Lima (Perú) • Dr. Alejandro Raiter Universidad de Buenos Aires (Argentina) • Dr. Ramón Reig Universidad de Sevilla (España) • Dra. Clemencia Rodríguez Oklahoma University (EEUU) • Msc. Lázaro Rodríguez Centro de Investigación y Desarrollo de la Cultura Cubana “Juan Marinello” (Cuba) • Dr. Tomás Rodríguez-Villasante Universidad Complutense de Madrid (España) • Dra. Claudia Rosas Aguilar Universidad Austral (Chile) • Dr. Francisco Sacristán Romero Universidad Complutense de Madrid (España) • Dra. Paulina Salinas Universidad Católica del Norte (Chile) • Dr. Enrique Sánchez Ruiz Universidad de Guadalajara (México) • Dr. Pedro Santander Universidad Católica de Valparaíso (Chile) • Dr. Jan Servaes. University of Queensland (Australia) • Dr. Francisco Sierra Caballero Universidad de Sevilla (España) • Dr. Víctor Silva Echeto Universidad de Playa Ancha (Chile) • Dr. Miguel Ángel Sobrino Universidad Complutense de Madrid (España) • Dr. Juan Torres López Universidad de Málaga (España) • Dra. María Immacolata Vassallo de Lopes Universidad de São Paulo (Brasil) • Dr. Miguel Vázquez Liñán Universidad de Sevilla (España) • Dr. Héctor Vera Vera Universidad de Santiago de Chile (Chile) • Dr. Luis Villavicencio Universidad de Valparaíso (Chile) • Dr. Lorenzo Vilches Universidad Autónoma de Barcelona (España) • Dra. Janet Wasko University of Oregon (EEUU)

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UNIVERSIDAD DE LA FRONTERA PERSPECTIVAS DE LA COMUNICACIÓN I.

PRESENTACIÓN………..…………………………………………………………………………………...…….…….. 6

II.

ARTÍCULOS

MIGRANTES PERUANOS EN LA PROA DE LA PLAZA DE ARMAS DE SANTIAGO DE CHILE: DE UMBRALES A INDICIOS DE HIBRIDEZ CULTURAL. XIMENA POO.….............................................................................................................................................................…… 8 LA OBRA CINEMATOGRÁFICA COMO REPRESENTACIÓN COLECTIVA DE LAS MEMORIAS POPULARES: EL CASO DE LATINOAMÉRICA EN LOS AÑOS SESENTA. SILVANA FLORES.……………………………………………………………………………………………………………..……. 20 “LAS AUDIENCIAS DE LA CALLE” ENTRE MERCADOS, CALLES Y MÚSICA EN PERÚ. FRANKLIN CORNEJO URBINA……………………………………………………………………………………..................…. 29 CULTURA POLITICA: ACERCAMIENTO CONCEPTUAL DESDE AMERICA LATINA. CECILIA MILLÁN LA RIVERA………………………………………………………………….………….…………………..…… 42 EL SUEÑO MINERO: UN ANÁLISIS DE LA NARRATIVA UTÓPICA DEL DESARROLLO. FACUNDO BOCCARDI, SILVINA GOIVANNINI, MAURO ORELLANA, DOLORES ROCCHIETI……..…...…………..… 56 CONTRA LA OBJETIVIDAD. EL MITO DE LA NEUTRALIDAD PERIODÍSTICA Y LAS ALTERNATIVAS PARA REPENSARLO. RAQUEL SAN MARTIN.……………………………………………………………………………………………………………... 73 PROCESOS POLÍTICOS Y COMUNICACIONALES EN LATINOAMÉRICA EN LOS ÚLTIMOS 50 AÑOS. MARÍA SOLEDAD SEGURA.…………………………...………………………………………………………...………………… 81 EL TRATAMIENTO INFORMATIVO DE LA INMIGRACIÓN EN LOS MEDIOS ESPAÑOLES. UN ESTUDIO COMPARATIVO DE LA PRENSA Y TELEVISIÓN. CARLOS MUÑIZ MURIEL, JUAN JOSÉ IGARTUA PEROSANZ, JOSÉ ANTONIO OTERO PARRA, CITLALI SÁNCHEZ HERNÁNDEZ………………………………………………………………………………….….............….. 97 CINE ARGENTINO Y ESPAÑOL: DIFUSA NACIONALIDAD DE ACTORES Y PERSONAJES. FCO ALFREDO CAMINOS, MARÍA JESÚS RUIZ MUÑOZ.…………………………………….………………………...…... 113 JORNALISMO ESTRÁBICO: VEJA E CARTA CAPITAL NA COBERTURA DO “ESCÂNDALO DO MENSALÃO”. TOMÁS EON BARREIROS, DANILO AMOROSO.…………………………………………………………………..………..…120 COMUNICACIÓN, CULTURA Y MEMORIA. REFLEXIONES TEÓRICO-METODOLÓGICAS A PARTIR DE UN HALLAZGO EN CAMPO. MIRTA ALICIA AMATI.………………………………………..…………………………………………………………..….…..... 132

III.

DOCUMENTOS

COMUNICACIÓN PARA LA DEMOCRACIA EN IBEROAMÉRICA: MEMORIA Y RETOS DE FUTURO. LUIS RAMIRO BELTRAN SALMÓN.………………………………………………………………..……….………….…..…… 145

IV.

RECENSIONES

COMUNICACIÓN PARTICIPATIVA, ESTADO-NACIÓN Y DEMOCRACIA: DISCURSO, TECNOLOGÍA Y PODER FABIANA ANCIUTTI ORREDA…………………………………….....................................………………………...…........... 160 DESINFORMACIÓN Y PROPAGANDA EN LA GUERRA DE CHECHENIA JAIME E. FIGUEROA DAZA.…………………………………………………………...……………….…………………........... 162

CONTENIDO PERSPECTIVAS DE LA COMUNICACIÓN · Vol. 1, Nº 1, 2008 ·

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PRESENTACIÓN

Con la publicación del primer número de nuestra revista Perspectivas de la Comunicación, revista electrónica semestral y adscrita a la Carrera de Periodismo y al Magíster en Ciencias de la Comunicación de la Universidad de La Frontera (Temuco-Chile), queremos aprovechar la oportunidad de informar a la comunidad académica del compromiso adquirido por el equipo de trabajo para fortalecer el desarrollo de los estudios en el campo de la comunicación y fomentar los lazos de cooperación entre los diversos investigadores y estudiantes del amplio ámbito de las ciencias de la información y la comunicación. Así entonces, nuestra revista tiene el objetivo central de contribuir al diálogo entre los diversos investigadores en el campo de la comunicación, difundiendo, principalmente, los trabajos asociados a proyectos de investigación y fomentando el desarrollo de un pensamiento crítico acerca de los diversos fenómenos sociales, culturales, comunicacionales, discursivos, interculturales, políticos y económicos que se observan en América Latina y el Mundo. Tenemos la convicción en que la comunicación es una forma de teoría y crítica social y cultural y una estrategia para pensar la sociedad y la cultura. No es sólo un espacio del juego disciplinario convencional, sino que es más provocadora aún: un espacio trascendido. No siempre valorada, porque otras disciplinas suelen administrar en ella sus miedos y sus crisis epistémicas. Pero la comunicación asume el desafío, como disciplina –o transdisciplina- joven y osada. Y desde este modesto proyecto editorial deseamos canalizar las numerosas inquietudes para fortalecer el proyecto de una comunicación pública, plural, comprometida y crítica. Fiel a esta naturaleza, y como prueba de lo expuesto, en este primer número se presenta un diverso conjunto de artículos relacionados con temáticas afines al ámbito de los estudios en comunicación, cultura, discurso, política, poder y sociedad. Por ende, mediante el análisis de distintos problemas de la comunicación, los textos cobran entonces plena contingencia y se articulan con su contexto como reacción, y también como acción. Vayan nuestros agradecimientos a las/os integrantes del Comité de Redacción, por su dedicada labor al proyecto, a las/os colegas del Consejo Consultivo por estar en la gestación de esta publicación, a las/os miembros del Comité Científico por su generosa y activa colaboración en el difícil arte de la revisión exhaustiva (evaluación de pares) de los artículos recibidos, a las/os investigadores que han confiado en la calidad y seriedad de nuestra revista al enviar sus artículos, producto del trabajo serio y riguroso, y, en definitiva, a todas/os las personas que han sido parte de este proyecto académico que hoy se hace público en el ciberespacio. Por último, la revista Perspectivas de la Comunicación invita a la comunidad académica a participar en la configuración de un espacio abierto al diálogo y al intercambio de resultados de investigaciones y reflexiones teóricas críticas, las cuales permitirán fortalecer la labor académica y de difusión que genera esta publicación.

Equipo Perspectivas de la Comunicación

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II. ARTÍCULOS UNIVERSIDAD DE LA FRONTERA

PERSPECTIVAS DE LA COMUNICACIÓN

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MIGRANTES PERUANOS EN LA PROA DE LA PLAZA DE ARMAS DE SANTIAGO DE CHILE: DE UMBRALES A INDICIOS DE HIBRIDEZ CULTURAL. XIMENA POO. (pp. 8 – 19).

MIGRANTES PERUANOS EN LA PROA DE LA PLAZA DE ARMAS DE SANTIAGO DE CHILE: DE UMBRALES A INDICIOS DE HIBRIDEZ CULTURAL

PERUVIAN MIGRANTS IN PLAZA DE ARMAS IN SANTIAGO DE CHILE: FROM DAWN TO THE EVIDENCE OF A CULTURAL HYBRID Mg. Ximena Andrea Póo Figueroa Universidad de Chile xpoo@uchile.cl Chile

Resumen Los inmigrantes peruanos en Santiago de Chile que han hecho suyo el entorno de la Plaza de Armas, específicamente de uno de sus vértices desde donde surge la calle Catedral, plantean varias preguntas sobre la resignificación de los espacios en el casco histórico y sobre la articulación de discursos y prácticas culturales que emergen entre los migrantes y entre ellos y los “otros”, considerando esa alteridad en un espacio reconstituido, tanto por la memoria histórica como por los flujos de una ciudad que (des)aparece en la inflexión modernidad/posmodernidad/sobremodernidad. En este documento se realiza una exploración por esas rutas liminales, intentado teorizar sobre los niveles de hibridez a los que pueden llegar los flujos, los movimientos y los anclajes que se dan entre los dos mundos (in between) de los migrantes y entre ellos y el lugar que “acoge y discrimina” y que es resignificado como un espacio público con nuevos sentidos, y el “no lugar” de movimiento perpetuo y fugaz que los desplaza entre las máscaras intercambiables de lo global y lo local. En ese escenario la comunicación intercultural es clave.

Palabras Claves: Discurso, Posmodernidad, Inmigrantes, Comunicación.

Abstract Peruvian immigrants in Santiago de Chile have appropriated Plaza de Armas, specifically where Catedral street crosses one of its corners. They posit several questions regarding the reassignment of meaning to spaces in this historic city center and the articulation of cultural discourses and practices that emerge among immigrants and between they and the “others”, where this otherness is in a space that is reconstituted by both historical remembrance and the flow of a city that (dis)appears in the inflection of modernity/postmodernity/overmodernity. This paper explores these liminal routes and attempts to theorize on the hybridities arising from the flows, movements, and anchors in these inbetween worlds of immigrants and between these and the land that both takes them in and discriminates against them, that is given new meaning as a public space, and the "no land" of perpetual and fleeting movement between the interchangeable masks of the global and local worlds. In this scene, intercultural communication is both dialog and resistance at the same time.

Key words: Discourse, Postmodernism, Immigrants, Communication.

(Recibido el 07/11/07) (Aceptado el 08/03/08)

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MIGRANTES PERUANOS EN LA PROA DE LA PLAZA DE ARMAS DE SANTIAGO DE CHILE: DE UMBRALES A INDICIOS DE HIBRIDEZ CULTURAL. XIMENA POO. (pp. 8 – 19).

Introducción “La vida y su libre albedrío a veces nos alejan de la patria. Pero con todo el amor que le tengo al país que ahora me acoge, no dejo que mis pensamientos olviden mi Lima querida. La Lima de Santa Rosa, San Martín de Porres y del Señor de los Milagros…”.1

T

erritorio, lugar, no-lugar, flujo, global/local. Todos conceptos que fluyen, y se desplazan, en los límites de los imaginarios marcados por el neoliberalismo y la urgencia, el éxodo, y que se reconstruyen a la hora de detener la mirada en la forma en cómo inmigrantes peruanos se ubican en una no-residencia establecida como tal a un costado del centro histórico-patrimonial, eje simbólico de la memoria “patria”, que resulta ser la Plaza de Armas de Santiago de Chile. Un lugar que se constituye como un espacio cargado de significados, cuyo anclaje está dado por la memoria residual y dominante -marcada por profundas diferencias históricas con Perú- así como por la emergencia de este tipo de sujetos que hacen de este lugar, un espacio en donde seguir compartiendo tradiciones para proyectarlas en un contexto nuevo. Ajedrecistas, vagabundos, prostitutas, turistas, pintores, fotógrafos de cajón, evangélicos, oficinistas, ejecutivos, entre otros, han hecho de la Plaza de Armas, en el centro histórico de Santiago de Chile, un lugar en donde se pueden reconocer sujetos cuyas características interceptan las categorías con las que habitualmente se reconoce al sujeto propio de la modernidad y al sujeto que “a veces” cruza hacia una “sobremodernidad”. Y digo interceptan, porque los sujetos que allí es posible distinguir se desplazan en planos distintos, con mayor o menor permanencia que bien podría ser explicada a través de distinciones a propósito de identidades y no de única identidad. En este escenario es donde encontramos el anclaje temporal de inmigrantes peruanos de extracción socioeconómica media, media-baja. Especialmente en los últimos cinco años, la llegada de inmigrantes peruanos a Chile ha sido alta en cifras y constante. En la actualidad, el Ministerio de Relaciones Exteriores chileno considera que la migración peruana alcanzaría, sólo en cifras oficiales, a unos 60.000 habitantes, según el Censo 2002. La Plaza de Armas de Santiago constituye para muchos de ellos un habitar no residencial, pero que está constituyendo un habitus de relevancia cultural en la forma en cómo resignifican el espacio y lo transforman, ya sea por mediaciones y negociaciones comerciales, de ocio y, sobre todo, de ámbito laboral, al dotarlo de nuevos sentidos. El cómo ellos habitan este espacio público de gran carga residual y dominación histórica a nivel simbólico e institucional -y si es que este habitar resignifica el propio espacio desde una perspectiva identitaria-, configura una interrogante propia de los estudios culturales. Estaríamos en presencia de una transformación del espacio, de los lugares al espacio de los flujos, en donde las identidades adquieren sentidos a partir de dos ejes que se cruzan: territorialidad, entendiendo al espacio como objeto de estudio, y sujetos en esa territorialidad, entendiendo en este escrito a los sujetos como inmigrantes peruanos que estratégicamente “negocian” un vértice de la Plaza de Armas para que, desde ahí, emerjan discursos que posibiliten redes sociales, laborales y de ocio.

Espacio y migrantes entre dos mundos En primer lugar, hay que distinguir este espacio, la Plaza de Armas de Santiago y las calles que surgen de sus vértices, en especial calle Catedral. En este lugar se inscribe la noción de sujeto migrante peruano que se considera en este texto. Un sujeto desterritorializado que considera el entorno de la Plaza como un lugar de llegada para reterritorializar su historia y sus proyectos, un nuevo territorio para sobrevivir y vivir.

1

JANDRINA, Peruana. 2004. “Una nueva página en mi vida”, en HUATAY, Carolina (Comp.): Mujeres sin fronteras, primer concurso de relatos autobiográficos de trabajadoras migrantes organizado por Oxfam y Proandes.

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Es en este espacio donde las redes de comunicación conforman un tejido de autorreconocimiento, en el que “lo” chileno tiende a ser excluido, como cuando se organizan para celebrar fiestas populares, sobre todo religiosas, o incluso para verlas a través de videos grabados que son exhibidos en televisores que instalan en los locales de venta de productos alimenticios como chifles, habas, porotos y maíz sazonado, ají de gallina, camote, maíz morado, azúcar de caña o Inca Cola. En la distinción de alteridad es posible hasta encontrar ciertas marcas simbólicas pintadas en los muros de edificios aledaños a la Plaza de Armas, como un lema popular peruano escrito en quechua: Ama Sua, Ama Quella, Ama Lulla (no serás ladrón, no serás mentiroso, no serás ocioso). De los pocos estudios etnográficos que se pueden pesquisar en Chile se encuentra uno desarrollado por las investigadoras Claudia Steffoni y Lorena Núñez, de FLACSO-Chile (2003). Un estudio que bien puede constituir un punto de partida más que de llegada. Una de las conclusiones a las que llegaron en 2003, es que la migración peruana a Chile tiene un componente femenino muy importante, considerando que fueron las primeras en llegar al país y que superan en número a los hombres en número. Un dato no menor si se tiene en cuenta que muchas de ellas provienen, con un peak en 1998, de lugares golpeados por la cesantía como Lima, Trujillo, Barranca y Chimbote. Otra de las conclusiones a las que llegan es que el 54% de los encuestados posee estudios secundarios y el 24% estudios técnicos universitarios completos. Construcción y servicio doméstico son las principales fuentes de trabajo a las que optan y, en el caso de las mujeres, el 84% se emplea en este último rubro. Un dato que no deja de ser interesante y que influye en la percepción de sus identidades frente a los “otros”, los chilenos, en la construcción de la misma, es de cómo asumen el concepto de familia. Según el estudio que arrojó la mencionada encuesta, el 66% de los entrevistados señaló tener hijos. El 80% de ellos afirmó tener sus hijos repartidos entre Perú y Chile. Y sólo el 20% de los niños peruanos viven en Chile con sus padres. Una información reveladora cuando se trata de las redes sociales que ellos configuran al estar entre dos culturas, entre Chile y Perú en un lugar entre dos mundos a medida que se experimentan prácticas significantes en construcción. Las relaciones de proximidad, desde la llegada, dan cuenta de un territorio central que comienza a configurarse precisamente en el vértice del centro histórico de la ciudad. Y es ahí donde el territorio que se configura entre tiempo, espacio, estar, ser, pertenecer, huida y desplazamiento constante en el flujo urbano adquiere un nivel de análisis específico al vincularlo con la teoría de los espacios liminal/liminoide. De acuerdo con un estudio sobre espacios de comunicación intercultural, desarrollado por el investigador Rico Lie en el Research Centre Communication for Social Change, CSC, de la Universidad Católica de Bruselas, los espacios de comunicación liminales y liminoides, en tanto construcciones de identidad en un contexto global/local, apoyan el análisis de este escrito por tanto se sitúan en lugares en donde la experiencia es fundamental: son lugares vividos, practicados y hasta apropiados a través de gestos discursivos y explícita materialidad. La aproximación que recoge Lie es decisiva para definir los puntos de apoyo de esta propia aproximación a los migrantes que han adaptado uno de los vértices de la Plaza de Armas de Santiago como su punto de llegada y redes, un “no lugar”, como define Augé, que aquí se resignifica y que en ciertos momentos para los migrantes pasa a ser de un “no lugar” a un lugar resignificado por sus diversas experiencias y contextos culturales previos y el contacto con los otros, considerando que la idea de identidad se establece a partir de la alteridad. “Esta es una frase de cita frecuente de Michel de Certau (publicada originalmente en francés en 1974). La cita prosigue ‘Así pues, la calle definida geométricamente por la planificación urbana, se transforma en espacio por medio de los transeúntes’ (…). El espacio es un lugar vivido, de modo que, a través de la (inter)acción y la comunicación, los lugares se transforman en espacios de comunicación. Según De Certau, los lugares son fijos y estables. Las fronteras de los lugares se han fijado y se pueden determinar de forma precisa. Las fronteras de los espacios son flexibles y han sido construidas de una manera simbólica e interpretativa. Así, ‘caminar en la ciudad’ (De Certau, 1984: 91-110) transforma el lugar en el

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espacio (…). Dichos espacios de comunicación creados, por el acto del consumo y la interpretación, pueden ser geográficos y físicos, o no físicos y no geográficos. En este proceso, y en el contexto de las sociedades que pasan de la modernidad a la postmodernidad, los expertos en ‘geografía cultural y humana’ están profundizando en el estudio de estos lugares vividos o practicados” (Lie, 2002). La hibridez es una parte constitutiva de estos lugares vividos y practicados por los migrantes, convertidos en espacios también híbridos, por cuanto cruzan los significantes de un lugar de memoria, antropológico y simbólico, como lo es esta área del casco antiguo, con un lugar de desplazamiento, efímero, marcado por un transeúnte cuya historia no queda marcada en el lugar y el lugar lo marca a él por un periodo fugaz, casi rozándolo. Cobra aquí sentido la definición de Augé por cuanto en el sector de la Plaza de Armas de Santiago confluyen -coexisten o negocian- el lugar histórico y el “no lugar” para dar sentido a un espacio porque “si un lugar puede definirse como lugar de identidad, relacional o histórico, un espacio que no puede definirse ni como espacio de identidad ni como relacional ni como histórico, definirá un no lugar (…). El lugar y el no lugar son más bien polaridades falsas: el primero no queda nunca completamente borrado y el segundo no se cumple nunca totalmente: son palimpsestos donde se reinscribe sin cesar el juego intrincado de la identidad y de la relación” (Augé, 1996: 83-84). El lugar histórico, de la memoria, y el “no lugar” se interpenetran y generan una hibridez temporal y espacial que para Augé configura una “sobremodernidad” en donde priman los “diálogos silenciosos”. Una hibridez que se da, así, en varios planos. Los migrantes peruanos que se acercan a la Plaza de Armas por primera vez ven a este lugar como un lugar de llegada que, poco a poco, se torna en un espacio practicado en tanto relaciones que establecen con sus pares de migrantes entre los circuitos de locutorios y cabinas de Internet emplazados en calle Catedral, y los puestos de comida (emporios y restaurantes) peruana que ya se han establecido en este espacio, sobre todo desde 1998, entre el lugar de la memoria, histórico, “arropado” por una arquitectura de alto contenido simbólico y entre el lugar de paso, de tránsito fugaz aunque éste sea cotidiano para muchos de los sujetos que por ahí “pasan”, como se abordará más adelante. “Las sociedades postindustriales actuales son el escenario de nuevos flujos migratorios, nuevas identidades territoriales, de confluencias culturales plurales y proyectos interculturales” (Nash, 2001: 14), sobre los que es necesario indagar. Si bien en el caso de los migrantes peruanos que llegan a la Plaza de Armas de Santiago en busca de un referente en la ciudad, descubriendo y experimentando que antes “otros” como “ellos” desde ahí han constituido sus formas de estar en la ciudad, el lugar se transforma en un espacio practicado, existe a partir de esa llegada un nivel de representaciones culturales que subyacen a las relaciones comerciales y laborales que en apariencia dominan las redes que desde aquí dialogan y construyen. Siguiendo con esta línea argumental, Néstor García Canclini sostiene que: “Ahora veamos cómo coexisten estas tres ciudades. La histórica territorial, la ciudad industrial y la ciudad informacional o comunicacional. Esta es la pregunta central de la multiculturalidad urbana en la actualidad. Vivimos la tensión entre tradiciones que todavía no se van (tradiciones barriales, de formas de organización, y estilos de comunicación urbana) y una modernidad que no acaba de llegar a los países latinoamericanos, cuya precariedad no impide, sin embargo, que también lo postmoderno ya esté entre nosotros” (García Canclini, 1997: 87). En un plano distinto, las representaciones culturales son vitales para la construcción de nuevas identidades cuando se trata de migraciones en la “demografía del nuevo internacionalismo”, en palabras de Homi K. Bhabha. “Los conceptos mismos de culturas nacionales homogéneas, de transmisión consensual o contigua de tradiciones históricas, o de comunidades étnicas “orgánicas” (como los fundamentos del comparativismo cultural) están en un profundo proceso de redefinición” (2001: 21).

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MIGRANTES PERUANOS EN LA PROA DE LA PLAZA DE ARMAS DE SANTIAGO DE CHILE: DE UMBRALES A INDICIOS DE HIBRIDEZ CULTURAL. XIMENA POO. (pp. 8 – 19).

El sociólogo de la Universidad de Buenos Aires, Christian Ferrer, ha escrito un texto para la revista Nueva Sociedad, en 1993, cuyo acercamiento a la noción de “emigrar” rescata al sujeto, aquel que emigra provocando una sutura entre su historia y el presente, entre el paisaje interior que lleva y al que llega, provocando este nuevo espacio que debe habitar y al que, de una u otra forma, modifica, conmociona o susurra como un moscardón en la experiencia del sujeto migrante: “Laborar, parir, migrar -tres variedades del dolor- han sido, desde aquel cruce primordial de frontera, signos distintivos del luto humano. Si es posible atribuir algún otro sentido a la historia humana que no sea el de la dominación de unos sobre otros, él es concebido por la migración. Quizá, mejor, por el viaje, que cual migrar constituye su sombra dolorida” (Ferrer, 1993: 60-67). Es la frontera, el umbral, la sutura que comienza a construirse entre puntadas de diverso calibre y generadoras de tensiones permanentes. El sujeto de Ferrer, si se piensa en los migrantes peruanos que han hecho de la Plaza de Armas un simbólico punto de sutura, su umbral, es significativo para el análisis. “Cuando no se es turista o exiliado político, se está realmente en tierra ajena, y allí la centralidad no nos pertenece; y además, pasamos a ser observados desde una posición central, tal cual el preso desde el panóptico, el ‘primitivo’ desde la ideología del progreso y el fugitivo desde el reflector de luz (una luminosa bienvenida que reciben los seres furtivos que pretenden inmiscuirse en el país de la libertad). La ‘libre circulación de personas’ es otro más de los incisos constitucionales ante los cuales la ‘mano invisible’ del mercado queda manca a la hora de las soluciones. El inmigrante es justamente aquel cuerpo que tiene circulación restringida” (Ibid.). La migración transnacional peruana es, como se vio en el estudio de FLACSO, significativa hacia Chile. Según datos del Ministerio de Relaciones Exteriores peruano, en 2003 había 81.270 peruanos en Chile (De los Ríos y Rueda, 2005). Ese mismo año las cifras chilenas registraban 35.410 peruanos, por lo que se aprecia que más del 60% de los inmigrantes peruanos no poseen papeles de residencia ni permiso de trabajo. Eso oscurece aún más la “sombra dolorida” en este tipo de movimientos históricos, sociales y culturales. Según datos del estudio Sociodemografía de la Inmigración en Chile, basado en el Censo 2002, realizado por Jorge Martínez para CEPAL, en 2003, el 77,9% de la comunidad peruana en Chile reside en la Región Metropolitana. Las comunas donde viven más mujeres son Santiago Centro, Las Condes, Vitacura y Lo Barnechea, principalmente porque residen en casas en donde prestan servicios como empleadas para el trabajo doméstico. Los hombres habitan en Santiago Centro, Recoleta, Estación Central e Independencia (Olivares, 2006). “La principal razón de la discriminación a los peruanos en Chile no es porque sean más; es porque se han constituido en un fenómeno social (…). A diferencia de los otros inmigrantes, ellos se instalan geográficamente, donde tienen sus redes sociales. Son más visibles”, sostiene Carolina Huatay, directora del programa de Orientación a Migrantes del consulado peruano en Chile (Ibid.). Esa visibilidad es notable para el transeúnte del “no lugar” en la calle Catedral, a un costado de la Plaza de Armas y desde ahí a través de otros desplazamientos y habitus urbanos. Una visibilidad aparente, donde los velos de la discriminación suelen ocultar historias de vida, al individuo que se constituye en sujeto migrante en un país en donde no existen políticas públicas con propuestas concretas sobre multiculturalismo ni menos sobre interculturalismo a partir de las actuales condiciones de inmigración latinoamericana y en especial a la que proviene desde Perú. La frontera es, por tanto, también institucional, circunscrita al concepto de ciudadanía. De Lucas se refiere a esta distinción, que es también

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política, como “un status formal, pero también como un vínculo de identidad y sobre todo, un título de poder (…), la nueva realidad de los flujos migratorios pone en cuestión que los elementos que nos permiten definir quién y por qué es ciudadano y practicar así una discriminación justificada, sea aceptable e incluso, simplemente, viable en un mundo de desplazamiento, marcado por un proyecto globalizador que dice superar las fronteras” (De Lucas, 2002). En medio de los desplazamientos y en el anclaje entre dos mundos los testimonios permiten visualizar el espacio que constituye al sujeto, tal como sigue a modo de fragmento: “Soy peruana y tengo cuarenta y ocho años, que parece que fueran como sesenta de tantas cosas que he pasado y he vivido, aunque si me ven me veo más joven. Nací en el pueblo de Goyllarisquizga, hoy desaparecido, provincia Daniel Alcides Carrión, departamento de Pasco (…). Los organismos de derechos humanos me sacaron del país y me trajeron a Chile (…). La Plaza de Armas se llenaba de compatriotas y otros extranjeros buscando estabilidad y progreso para sí y sus familias. Ello abrió otros desafíos. Las discriminaciones, los abusos y las necesidades sufridas por algunos eran un problema que abordar…” (Testimonio en Huatay, 2004).

Texturas de hibridez fronteriza en un centro urbano Al llegar al centro histórico de Santiago, la presencia de los inmigrantes peruanos que se organizan, en un principio muy intuitivamente para luego generar redes en el espacio de este casco histórico, interpela a la cultura dominante en la configuración de, precisamente, un espacio cultural híbrido. Para los migrantes se produce un quiebre entre lo que se “deja atrás” y a lo que se pretende “llegar”. El espacio intermedio, el entre dos mundos, o lo que Bhabha ha denominado in between, interpela, por tanto, no sólo a esta cultura dominante sino a la propia historia del migrante. Bhabha, si bien en lo que se refiere a la obra y la estética, hace, a mi juicio, también un guiño a ese anclaje que propone la representación cultural que se crea sobre el lugar para constituir el espacio resignificado. Y es ahí donde el vértice de la Plaza de Armas aludido se observa desde la experiencia migratoria, en tanto espacio geográfico (territorio) como espacio cultural (a partir de la desterritorialización del migrante). “La obra fronteriza de la cultura exige un encuentro con ‘lo nuevo’ que no es parte del continuum de pasado y presente. Crea un sentimiento de lo nuevo como un acto insurgente de traducción cultural. Ese arte no se limita a recordar el pasado como causa social o precedente estético; renueva el pasado, refigurándolo como un espacio ‘entre-medio’ contingente, que innova e interrumpe la perfomance del presente. El ‘pasadopresente’ se vuelve parte de la necesidad, no la nostalgia, de vivir” (Bhabha, 2001: 24). En este punto es donde se vuelve a conectar el concepto de entre-medio (in between) con el de hibridez. Las identidades se configuran en un flujo, que pueden llegar o no a establecer grupos de resistencia, pero que más bien se tornan hibridas y desde esa hibridez generan nuevas identidades que pueden llegar a tener o no participación en los discursos dominantes (en el espacio resignficado e incluso en el ámbito institucional y/o de políticas públicas). Los migrantes peruanos que se relacionan en y con el entorno de la Plaza de Armas no sólo “interrumpen” la performance del presente, sino que desde esa interrupción establecen procesos de comunicación en donde los sujetos se identifican de alguna manera con proyectos en común en entre-medio de un “otro” proyecto en común nacional que apenas se asoma a reconocer en el discurso oficial al multiculturalismo. Es por eso que la comunicación

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intercultural sugiere, para este ámbito de la migración peruana en Santiago, una mirada mucho más incisiva y prácticas vividas que apelen a la hibridrez, que no la asimilación ni alternación, como resistencia ante la exclusión. Es ahí donde coexisten prácticas identitarias que se mecen bajo el movimiento pendular de las leyes del mercado en la aceleración de su propio flujo, y prácticas de quienes apelan a las fisuras de ese movimiento para encontrar -ya sea a través de dispositivos de comunicación- un nuevo orden social en medio de un modelo de producción y consumo que puede tornarse incluso coercitivo para los migrantes. “[La hibridación se refiere a los] procesos socioculturales en los que estructuras o prácticas discretas, que existían en forma separada, se combinan para generar nuevas estructuras, objetos y prácticas (…). En un mundo tan fluidamente interconectado, las sedimentaciones identitarias organizadas en conjuntos históricos más o menos estables (etnias, naciones, clases) se reestructuran en medio de conjuntos interétnicos, transclasistas y transnacionales (…). Estudiar procesos culturales, por esto, más que llevarnos a afirmar identidades autosuficientes, sirve para conocer formas de situarse en medio de la heterogeneidad y entender cómo se producen las hibridaciones” (García Canclini, 2000). En los espacios de hibridez se encuentran categorías de oposición convencionales como son subalterno/hegemónico y tradicional/moderno en sus formas dinámicas. En la obra de Raymond Williams Sociología de la Cultura, el autor inglés da algunos indicios teóricos al respecto. Él explica que “como vía para analizar esas formas dinámicas, debemos por tanto distinguir entre las residuales, las dominantes y las emergentes”. Es aquí donde, para el caso que interesa, habría que detenerse en estas tres categorías. “En la producción cultural las condiciones de dominación están por lo general claras en ciertas instituciones y formas dominantes. Estas pueden presentarse como desconectadas de las formas sociales dominantes, pero la eficiencia de ambas depende de su profunda integración. Los dominados por tales formas las consideran a menudo más como formas naturales y necesarias que formas específicas, mientras quienes dominan, en el área de la producción cultural, pueden ser conscientes de forma bastante desigual de estas conexiones prácticas, en una gama que va desde el control consciente (como el de la prensa y la radio y la televisión), pasando por varios tipos de desplazamiento, hasta una presunta (y por tanto dominante) autonomía de los valores estéticos y profesionales (…). Pero se da también el caso de que en la producción cultural, tanto lo residual –la obra realizada en sociedades y épocas anteriores y a menudo diferentes, pero todavía accesibles y significativas – como lo emergente –la obra de diversos tipos nuevos- son accesibles como prácticas” (Williams, 1984: 189-190). Las categorías para Dominante y para Residual que ofrece Williams se pueden, para el caso de los migrantes peruanos que han establecido a un vértice y calle lateral específica de la Plaza de Armas como centro de llegada, contacto y de nuevas prácticas sociales y culturales en el centro histórico de Santiago, visualizar en planos que se interceptan en varios niveles: a) Cierta identidad chilena, urbana, capitalina, en apariencia homogénea en sus contrastes de configuración de sujetos populares diversos y dispersos, configura simulacros de modernidad (proyecto emancipador), de corte económico liberal que se cruza con el peso del conservadurismo moral dominante, especialmente a través de los medios de comunicación masivos. En ese escenario, la presencia cada vez más visible de los migrantes peruanos se percibe a través de los mismos medios desde una óptica más bien estigmatizadora-negativa hacia los factores identitarios que determinan esta dinámica migratoria. Es decir, en el plano de los discursos identitarios que representan

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a los migrantes peruanos que consideran a la Plaza de Armas como un referente, los medios de comunicación juegan un papel fundamental al situarlos como discursos dominantes que permean otros tipos de relaciones sociales, culturales y hasta políticas con la cultura de acogida a la que “se llega”. Este tipo de discursos es a la vez dominante y residual. b) En el plano espacial, la carga simbólica de la Plaza de Armas, como referente que reúne una arquitectura que simboliza la construcción de una nación y un Estado, no deja de ser relevante. Desde señalar el Kilómetro Cero, propio de la cuadrícula española, hasta identificar construcciones como la Catedral de Santiago, el Museo Histórico Nacional, el edificio de Correos, la Municipalidad de Santiago, el monumento al conquistador español Pedro de Valdivia y el monumento al pueblo mapuche, dan cuenta de un emplazamiento y una distribución de elementos arquitectónicos que remiten a una historia nacional común, “propia” de los chilenos, que no admite a “otros” si no más bien de paso (como un “no lugar” de tránsito, pero no residencia, que ésta está destinada a quienes forman parte de la República y, por tanto, están legitimados como sus ciudadanos en el discurso político y cultural dominante). Pues bien, este patrimonio que se releva en la Plaza de Armas es dominante y residual a la vez. Para la categoría de emergente, se visualizan, principalmente, dos aproximaciones en el mapa de la migración peruana que se “apropia” no del espacio de la Plaza de Armas que despliega sus discursos y su patrimonio dominante, sino que se apropia físicamente y simbólicamente uno de sus vértices y calle lateral, resignificando este espacio –también histórico- desde un anclaje en que la cultura peruana que se desplazó con los migrantes (in between) adquiere un profundo sentido, tanto así que se suele hablar de este núcleo como la “pequeña Lima”, connotación que no es menor si se trata justamente de estar emplazada entre coordenadas que remiten a fijar el nacionalismo chileno como es la Plaza de Armas de la capital. Emergente, entonces y en tanto “apropiación” simbólica del espacio, ya sea a través de cibercafés, locutorios, restaurantes y pequeños locales comerciales con productos propios de la cultura peruana o a través del punto de encuentro para transacciones comerciales, laborales y de ocio que se dan en el costado de la misma calle Catedral. Desde ahí las redes que dan origen a discursos emergentes pueden ser variadas y de diversa intensidad, pero que comienzan a poner en tensión ciertos discursos dominantes, por ejemplo, fijados por la prensa chilena. La referencia a los dispositivos de comunicación que ha establecido la comunidad de migrantes peruanos, sobre todo de clase trabajadora (media y media-baja) es, en este contexto, ineludible. Si se vuelve la mirada al espacio que nos interesa, en el corazón del casco histórico de la ciudad, por lo menos en el “espectáculo” patrimonial construido como una puesta en escena del pasado que se reditúa en el presente, habría que preguntarse si es que efectivamente la modernidad y el proceso dinamizador de la globalización (con efectos de postmodernidad en el discurso fragmentado) han ido construyendo imaginarios urbanos que desbordan los márgenes estáticos de la “nación” que se intenta representar en espacio y en el discurso. En esos imaginarios urbanos emergentes, la migración peruana en este caso es más que relevante. El académico de la Universidad Autónoma Metropolitana de México, Daniel Hiernaux, pone en tensión al centro “revistado”, y ese análisis –más allá de la estética a la que hace continua referencia- clarifica lo expuesto, en especial cuando se considera una Plaza de Armas de Santiago marcada por una vida republicana, quebrada por la dictadura militar de Augusto Pinochet, y reinventada por una transición a la democracia sin proyecto –incluso urbano- coherente sino más bien de urgencia: “La vida urbana que se puede reinsertar en los centros históricos y en ese patrón espacio-temporal, no podrá nunca adquirir las características de la urbanidad tradicional, donde la pertenencia se tejía entre espacios conexos, por las tradiciones y costumbres ancladas en la piedra y en la memoria colectiva, con la certeza de actuar de manera ‘adecuada’ y avalada por la costumbre. Este modo de vida urbano tradicional se ha desmoronado progresivamente por la embestida de la

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modernidad. Esta insertó progresivamente, en un proceso de décadas, piezas de un nuevo juego ajeno a la vida tradicional de los barrios centrales. Los comercios nuevos, las actividades recreativas no tradicionales, la nuevas pautas constructivas y la destrucción progresiva del patrimonio para fragmentarlo en piezas sueltas, inconexas, todas ellas fueron algunas de las estrategias modernizadoras que llegaron progresivamente para imponerse y transformar de fondo los barrios tradicionales” (Hiernaux, 2006: 35).

Espacios de comunicación en el espacio liminal/liminoide Los juegos de frontera en la ciudad, donde la exclusión y el poder tensionan el concepto de identidades, remiten a dualidades que permitirían, en grados diversos y dispersos, puntos de (des)encuentros, aludiendo a que “las identidades se construyen a través de la diferencia, no al margen de ella (…). A lo largo de sus trayectorias, las identidades pueden funcionar como puntos de identificación y adhesión, sólo debido a su capacidad de excluir, de omitir, de dejar afuera, abyecto (…). Las identidades sólo pueden leerse a contrapelo, vale decir, específicamente no como aquello que fija el juego de la diferencia en un punto de origen y estabilidad, sino como lo que se construye en o a través de la differance y es constantemente desestabilizado por lo que excluye” (Hall, 2003: 18-19). En la Plaza de Armas, y sobre todo en la calle Catedral que la bordea desde su vértice, es posible distinguir estados de liminalidad que se construyen a través de la differance. El académico Rico Lie distingue en su estudio de investigación, a modo de propuesta metodológica, tres estados de (inter)culturalidad liminal/liminoide: “a) un estado de coexistencia cultural, b) un estado de negociación intercultural y c) un estado de transformación intercultural hacia una transculturalidad hibridizada” (Lie, 2002). En cada uno de estos estados se establecen relaciones entre el espacio físico como tal, transformado, y los discursos que conforman imaginarios a partir de esos espacios vividos, practicados a partir de la experiencia y percepciones de la inmigración peruana que en ocasiones adquiere ciertas categorías de diáspora. Si bien no necesariamente se trata de un orden lineal para categorizar los diferentes momentos de la comunicación intercultural a través sus espacios, en el primer estado que Lie releva hay presencia de elementos identitarios claros entre la cultura dominante y los elementos identitarios que se distinguen entre los inmigrantes. Existe una co-presencia que no genera diálogo cultural y que se manifiesta, entre otros, por la exaltación de rasgos sicológicos de unos y otros. Existe un “mirarse” sin “verse”, una especie de co-existencia en donde aún no se establecen redes, sino más bien demarcaciones. Y es ahí donde volvemos la mirada a categorías de dominante, residual y emergente. Coexisten elementos residuales y dominantes de la cultura de “acogida” que pueden tender a la exclusión o a la asimilación (blanqueando, desactivando, neutralizando y normalizando) de los migrantes. Las relaciones en este ámbito se dan más bien con el espacio y sus límites. Como ya hemos visto, los sujetos se comunican con la simbología emplazada dentro de este centro histórico y en una primera etapa decodifican los mensajes de quienes también habitan ese centro como residencia o bien se desplazan a través de él como un “no lugar”. La negociación en este estado es muy básica y la relación se da por medio del comercio, la publicidad, los servicios y las necesidades de los migrantes de reconstituirse en un nuevo paisaje urbano-cultural. En el segundo estado, la interacción entre los elementos del espacio público y del espacio de la comunicación sería más activa, lográndose una negociación que sitúe al sujeto migrante y a los sujetos “nacionales” en un espacio de frontera, entre dos mundos, un espacio en el que uno y otro deban movilizarse para negociar en un proceso de ceder, exigir y recibir. En este estado ya los migrantes peruanos comienzan a producir un desembarco cultural de urgencia con una presencia más o menos permanente, constituyendo una “Lima chica” o “pequeña Lima”, como le suelen llamar a la calle Catedral que se emplaza a un costado del

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edificio símbolo del poder eclesiástico católico en Chile. En la negociación, chilenos y peruanos llegan a acuerdos sobre la propiedad (arriendos, iniciación de actividades laborales y comerciales, y relaciones con los servicios públicos que otorga el Estado, entre otros elementos de la institucionalidad) y sobre las relaciones sociales que también negocian. Pero esas relaciones no sólo se dan a nivel de redes incipientes con “lo” chileno sino que entre los migrantes que comienzan a situar residencias en Recoleta, Independencia, Barrio Brasil y otros mencionados con anterioridad, y que ven a la Plaza de Armas como un nudo significativo para la negociación de sus condiciones de vida cotidiana (búsqueda de trabajo, socialización e información relativa a derechos, deberes y beneficios, comunicación con sus comunidades y familias de origen en Perú y envío de remesas, entre otros). En medio de esa negociación tanto entre los mismos peruanos como entre peruanos y chilenos, comienzan a emerger nuevas formas de relación a partir de una reconstrucción de sentidos emergentes desde los puntos de encuentro/quiebre surgidos desde la alteridad que se dan entre los grupos identitarios. Aquí también se insertan asociaciones, foros y hasta dispositivos de comunicación, como espacios en radios o diarios de circulación metropolitana (prácticamente sólo en el centro de Santiago se distribuye el diario Contigo Perú) que crean redes entre peruanos y entre peruanos y chilenos, más allá de los espacios institucionales dirigidos por el Estado u organizaciones civiles como el Observatorio Control Interamericano de Derechos de los y las Migrantes (OCIM). Siguiendo esta línea es posible advertir ciertas luces, que grafican lo anterior, en la metáfora de la escalera de Bhabha: “La escalera como espacio liminal, entre-medio de las designaciones de identidad, se torna el proceso de la interacción simbólica, el tejido conectivo que construye la diferencia entre lo alto y lo bajo, entre negro y blanco. El movimiento de la escalera, el movimiento temporal y el desplazamiento que permite, impide que las identidades en los extremos se fijen en polaridades primordiales. Este paisaje intersticial entre identificaciones fijas abre la posibilidad de una hibridez cultural que mantiene la diferencia sin una jerarquía supuesta o impuesta” (2001: 20) como la apreciada en el estado anterior. En el tercer estado, Lie se refiere a una “culturalidad hibridizada”, donde ya no se fija una unicidad sino una multiplicidad interrelacionada, a tal punto que hay una fusión entre las culturas y los límites entre “ellos” y “nosotros”, la alteridad, quedan difuminados ante la emergencia de una nueva cultura. Este último estado no es posible advertirlo sino sólo en relaciones discursivas muy íntimas de sujetos particulares que comienzan a surgir retroalimentadas por una situación más cercana a la experimentada en el estado anterior. Se requiere tiempo y ampliación de espacios, entre otras condiciones de contexto, pese a que los tres estados mencionados pueden, dependiendo de la situación de sujeto, coexistir. En el norte grande de Chile, en las zonas de frontera, es posible encontrar con mayor claridad esta fusión que interpela más directamente incluso hasta al sentido de identidad como unidad y a nación y Estado al tratarse de la hibridación en las particularidades antropológicas e históricas del altiplano, en donde ya se puede sostener el discurso sobre una “cultura altiplánica” que aporta contenidos propios de una cultura en donde la situación de diálogo cultural es más evidente.

A modo de cierre Las máscaras de una ciudad como las de Santiago de Chile, en el Cono Sur de América Latina, sumergida en crisis de su propio desarrollo urbano marcado por una historia de fracturas democráticas y ciudadanas, reconvertida, suelen superponerse unas a otras. Tras esas máscaras coexisten múltiples fronteras. Límites y umbrales que comunican, suturando y tendiendo puentes entre grupos urbanos divididos tanto por condiciones objetivas como por subjetivas. Forman umbrales culturales, a partir de su propia historia personal y social, cargada desde mucho antes del viaje, del éxodo, del exilio económico o político, los presentes temporales entre dos mundos que configuran en la ciudad aquellos sujetos de flujos migratorios como los aproximados aquí a través de una mirada de lo “micro” desplazada hacia el centro histórico de Santiago, la Plaza de Armas y su entorno dado por su vértice que da origen a la calle Catedral. Se trata de un umbral temporal y espacial en donde migrantes peruanos, que han hecho de este lugar un espacio resignificado, han logrado levantar discursos y prácticas

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emergentes que interpelan al “otro” al mismo tiempo que se abren puertas para puntos de encuentro y quiebre de experiencias que dialogan con una interculturalidad incipiente, ofrecida en primera instancia por una coexistencia diseñada por la necesidad y el mercado. La mirada de aproximación, como si se tratara de una navegación fragmentada que proporciona un acercamiento casi visual al mapa que se exploró, permite pensar que en tanto flujo migratorio, la diáspora peruana en Santiago de Chile, especialmente visualizada en las coordenadas elegidas, ha pasado por una etapa de coexistencia entre discursos sociales y culturales -con una distribución arquitectónica y organización urbana dominante-residual en tanto lugar histórico de una memoria simbolizada en forma permanente- de un escenario en apariencia inamovible y discursos sociales y culturales -con toda la carga de desarraigo que implica y el anclaje también simbólico, organizacional que construye- que se transforman y reditúan con la llegada de inmigrantes peruanos. A partir de esa coexistencia, que se cruza con el concepto de “no lugar” acuñada por Marc Augé para hacer una distinción de flujo en lo global/local, sobreviene una nueva etapa que en ciertos momentos y espacios puede transparentarse/enmascararse con la etapa anterior. Esa nueva etapa que ofrece como una oportunidad la migración es la de la negociación que abre paso a la hibridación cultural como posibilidad de trascender a la dominación homogenizadora y estandarizante. Los desafíos culturales de los actuales procesos migratorios redefinirán no sólo los espacios, la otredad e incluso los cuerpos en esta escalera de hibridaciones. Redefinirán las ciudadanías y las políticas públicas en donde se espera que los migrantes, como los peruanos en Santiago, logren posicionar en los discursos y prácticas dominantes sus discursos y prácticas vividas entre un contexto, el chileno, que tensiona día a día sus posibilidades de excluir o acoger entre simulacros y máscaras ocultas en la propia piel de una ciudad mutilada.

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LA OBRA CINEMATOGRÁFICA COMO REPRESENTACIÓN COLECTIVA DE LAS MEMORIAS POPULARES: EL CASO DE LATINOAMÉRICA EN LOS AÑOS SESENTA. SILVANA FLORES. (pp. 20 – 28).

LA OBRA CINEMATOGRÁFICA COMO REPRESENTACIÓN COLECTIVA DE LAS MEMORIAS POPULARES: EL CASO DE LATINOAMÉRICA EN LOS AÑOS SESENTA THE CINEMATOGRAPHIC WORK AS A COLLECTIVE REPRESENTATION OF POPULAR MEMORIES: THE CASE OF LATIN AMERICA IN THE SIXTIES Lic. Silvana Flores Universidad de Buenos Aires silvana_1977@yahoo.com.ar Argentina Resumen En este artículo desarrollo el uso de la obra cinematográfica en Latinoamérica (durante los años sesenta) como instrumento ideológico que nos permite abordar la cuestión de la reivindicación de memorias populares. Inserta en un contexto altamente politizado e influida por las discusiones sobre el colonialismo y la teoría sartreana del compromiso, encontramos en la producción cinematográfica de esta región una voluntad de incitar al espectador a través del arte acerca de la creación de una nueva identidad que englobe al pueblo latinoamericano. Estas obras constituyen documentos, testimonios audiovisuales; pero el historiador que los examinará no será, esta vez, únicamente el estudioso, sino el pueblo mismo. La pretensión de estos films será, entonces, convertirse en portavoces de la memoria: el discurso cinematográfico se convierte en narrador de una identidad. Estas películas, que tendrán un tono militante, tomarán a esas “minorías” como protagonistas esenciales del cambio y como sujetos constructores de representaciones frente a las elaboradas por el discurso hegemónico. Las películas, entonces, no son concebidas como acto individual sino como obra colectiva, asumiendo la cosmovisión de grupos que no se conciben fuera de una comunidad. El cine latinoamericano de los sesenta culminó con la idea de que para la elaboración de un objeto artístico aprobado hay que tomar como referente a los paradigmas exitosos de Hollywood, y entendió que la cultura nacional no es un mero elemento de exhibición destinado a inflar la ambición conquistadora eurocentrista. Palabras Claves: Memoria, Latinoamérica, Cinematografía, Identidad, Representación Abstract In this article I develop the use of cinematographic works in Latin America (during the sixties) as ideological instruments that let us board the question of recovery of popular memorials. Inserted in a highly political context and influenced by discussions about colonialism and the theory of compromise of Sartre, we found in the cinema production of this region a will to incite spectator through art about the creation of a new identity that includes Latin American people. These works are documents, audiovisual testimonies; but the historian that will examine them won’t be, this time, only the studious, but people itself. These films will pretend to be spokesmen of memory: cinematographic discourse turns narrator of an identity. These films, that have a militant tone, will take this “minorities” as essential protagonists of change and as constructor subjects of representations facing the ones that are elaborated by hegemonic discourse. The films are not conceived as an individual act but as a collective work, assuming the conception of groups that are not conceived outside a community. Latin American cinema of the sixties finished with the idea that to elaborate an artistic approved object the referent it must have is the successful paradigms of Hollywood. It understood that national culture as not a mere element of exhibition destined to inflate the euro centrist conquering ambition. Key words: Memory – Latin America – Cinematography – Identity - Representation (Recibido el 26/09/07) (Aceptado el 10/03/08)

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La colectividad como actor histórico

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as películas de Jorge Sanjinés nos servirán de paradigma acerca de cómo se inserta la creación artística individual en las representaciones colectivas. Con el fin de constituir un arte cinematográfico que funcione como arma al servicio del pueblo boliviano, Sanjinés fundó en 1966, junto con el guionista Oscar Soria, una agrupación llamada “Ukamau” (que en lengua aymará significa “Así es”). A través de sus diversas realizaciones1, este grupo ha centrado su atención en la filmación dentro del contexto de las comunidades indígenas. He aquí el problema mencionado previamente: ¿cómo pueden hacerse obras comprometidas con la cosmovisión de una minoría2 estando inmersos en la cultura hegemónica?. El objetivo de Sanjinés y de la mayoría de los realizadores involucrados en la construcción de un cine militante se define por la concepción de la creación colectiva, tomando a la obra cinematográfica como elemento de contra-información y como arma de obreros, campesinos e indígenas en la lucha contra el neocolonialismo. Uno de los referentes principales de esta ideología se encuentra en las elaboraciones teóricas del psiquiatra Franz Fanon, quien en su ensayo “Los condenados de la tierra” (1961) reflexiona sobre el comportamiento de opresor y oprimido, y establece a la violencia revolucionaria como respuesta a los problemas impuestos por el imperialismo. Según Fanon (1963), en el vocabulario del colonizador, al referirse al colonizado, proliferan términos que despojan a este último de su carácter de hombre, incluyéndole en una especie de bestiario. También habría que mencionar que por largo tiempo los adultos indígenas fueron considerados legalmente como infantes necesitados de tutelaje, no pudiendo disfrutar de los mismos derechos que los adultos occidentales. En el film “Sangre de cóndor” (1969), de Jorge Sanjinés, podemos observar de qué manera a los sujetos de la comunidad de campesinos indígenas se los reduce a una condición animal: las mujeres esterilizadas sin consultar para que dejen de procrear, la falta de atención digna en los hospitales donde será más importante el dinero que el cuidado del enfermo, la obligación de robar para conseguir ese dinero vital, hasta el punto de negar al indígena el derecho a tener sangre y vivir. Según Fanon (1963), en la mentalidad del colonizador, el indígena es un ser inferior, incluso fisiológicamente, incapaz de indagar y de demostrar emotividad y necesitado de una domesticación por parte del occidental. Nuevamente, en “Sangre de cóndor”, la comunidad indígena es llevada a agradecer por el bien que los “gringos” están otorgándoles, ayudándoles a desarrollarse y ofreciéndoles vestimenta como sinónimo de una nueva identidad impuesta. En el discurso planteado en esta película, existe un choque entre la cultura occidental y las tradiciones del grupo de campesinos indígenas. Las esterilizaciones que los médicos “gringos” ejercían sobre las mujeres se enfrentan a la importancia de la fertilidad en la comunidad aborigen. Además de ser considerada como una maldición, la imposibilidad de la concepción habla de un intento de aniquilación de la cultura. Más que una ayuda beneficiaria, este desempeño de los médicos extranjeros consiste en una lucha de poder. Es por eso que al final del film observamos la tesis final de Sanjinés: las manos del pueblo levantando armas para ejecutar justicia será una imagen recurrente en el cine latinoamericano de los años sesenta.

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La filmografía producida por esta agrupación consta de los siguientes largometrajes: “Ukamau” (¡Así es!, 1966), “Yawar Mallku” (Sangre de cóndor, 1969), “El coraje del pueblo” (1971), “El enemigo principal” (1973), “¡Fuera de aquí!” (1977), “Las banderas del amanecer” (1983), “La nación clandestina” (1989), “Para recibir el canto de los pájaros” (1995) y “Los hijos del último jardín” (2003), todas dirigidas por Jorge Sanjinés, con la co-dirección de Beatriz Palacios en el caso del film “Las banderas del amanecer”. En lo que respecta a la producción de cortometrajes, contamos con dos títulos dirigidos por Sanjinés: “Revolución” (1962) y “¡Aysa!” (1965). 2 Cuando en este texto hablamos de minorías nos referimos a las mismas no desde el punto de vista cuantitativo, sino más bien a partir de la existencia de una imposición colonialista de un grupo en particular sobre esas culturas “minoritarias”.

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La vida de estos campesinos y sus propios dramas personales funcionan como una especie de microhistoria dentro del universo cinematográfico, la cual nos permitirá reconstruir el estado general del indígena en la Latinoamérica colonizada. Estas obras constituyen documentos, testimonios audiovisuales; pero el historiador que los examinará no será, esta vez, únicamente el estudioso, sino el pueblo mismo, aquel que sufre lo documentado en la pantalla. La pretensión de estos films será, entonces, convertirse en voces de la memoria: el discurso cinematográfico se convierte en narrador de una identidad. Según el historiador Pierre Nora, la memoria evoluciona día a día. Es manipulable, susceptible a las deformaciones y tiene un carácter mítico y afectivo. La comunidad alimenta su memoria a través de detalles simbólicos y recuerdos flotantes. Pero Nora también nos habla del pasaje a una memoria de tipo archivística, que necesita el registro para mantenerla en el recuerdo. Habría una necesidad imperiosa de mantener vigente las huellas, de “materializar la memoria”, a partir de los documentos. El arte cinematográfico es parte de esa tendencia contemporánea a la recopilación de material, que tiene en el soporte fílmico y su capacidad de reproducción, un aliado eficaz.

El “otro” como productor de sentido El enfrentamiento de diferentes culturas, como puede ser el de una etnia tribal ante un grupo no aborigen, suele traer como consecuencia, según gran parte de los historiadores, la desaparición de las tribus o su asimilación a la cultura occidental. Sin embargo, autores como Darcy Ribeiro (2000) afirman lo contrario: ese cruce produce dos tipos de impacto diferenciados. Por un lado, nos encontrarnos con el exterminio y la aculturación de esas tribus aborígenes. Otra consecuencia posible es su aislamiento parcial o total. Basada en la teoría sobre la existencia de tres mundos3, es conocida también la idea de la inserción de un Cuarto Mundo, compuesto por las comunidades de indígenas o cualquier grupo social extremadamente excluido, que hayan sido despojados y aniquilados en nombre del “progreso”. El afán por la modernización, con el fin de estar “a la altura” de las naciones desarrolladas, está en íntima conexión con la marginación y/o aniquilación de los pueblos que no respondan con las características étnicas del “blanco civilizado”. Si volvemos a considerar a la obra de arte como generadora de representaciones, el llamado cine antropológico o etnográfico nos ofrece una oportunidad de estudiar los mecanismos de intercambio entre la instancia productora y receptora a la hora de proyectar la memoria. En lo que respecta a la transmisión de ideologías, el arte cinematográfico se ha destacado desde sus inicios por su capacidad de emplear la imagen en movimiento, con su magnetismo e impresión de realidad, como elemento orientador de una cosmovisión. Los portadores de la cámara ejercen un poder de convencimiento sobre los receptores de esas imágenes, y por lo tanto, la obra presentada se convierte, inevitablemente, en un testimonio sobre la inclinación ideológica de su realizador. La tecnología del cinematógrafo fue una herramienta ampliamente aprovechada para los estudios etnográficos, y el ejemplo de este tipo de filmaciones pueden ser una útil descripción de la manera en que el cine es capaz de elaborar representaciones ideológicas colectivas. Tradicionalmente, el arte cinematográfico fue un instrumento de ilustración en las investigaciones de carácter antropológico, aportando la imagen móvil a las observaciones escritas del investigador. Por otra parte, la mirada de la instancia productora es la de alguien que observa con estereotipos prefabricados y no la del participante. En esa visión exógena de la cultura filmada se impone la perspectiva etnocentrista del antropólogo más que la concepción del mundo del sujeto observado. Como afirma el investigador Adolfo Colombres, el

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Estos tres mundos han sido usualmente catalogados de la siguiente manera: el Primer Mundo representa a los países capitalistas de Europa, a Estados Unidos, a Australia y a Japón; el Segundo Mundo se refiere a los países de corte comunista; y el Tercer Mundo estaría compuesto por los países víctimas de algún proceso de colonización o neocolonización, ya sea territorial como económica.

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ser colonizado “hablará poco o nada pues la palabra corresponde al antropólogo-narrador” (1985: 20). La figura del “otro”, y según Augé (2000: 30) la interpretación que los otros hacen acerca del otro, es el objeto básico de la antropología. Ese elemento de estudio es descripto como “el otro exótico que se define con respecto a un ‘nosotros’ que se supone idéntico” (Augé, 2000: 25), ya sea que se diferencie por su etnia, o por su grupo social o político. El problema de la alteridad será esencial en la etnología, y aparecerá como factor predominante en el cine anti-colonialista. La propuesta renovada del cine de tendencia antropológica que surge en los años sesenta es la de abandonar la figura del observado/oprimido como objeto de estudio o como un “otro” cargado de atractivo exótico. Se planteará la figura dual del objeto/sujeto, a la vez elemento a narrar e instancia productora de sentido. Esta será una estrategia de lucha contra el etnocidio cultural, el cual se manifiesta como un silenciamiento, a través del bloqueo de la transmisión de la cultura ajena a la del narrador. El cine latinoamericano de este período comenzó a preocuparse por los pueblos sin voz en cada una de las sociedades, reducidos a una minoría ideológica. Se empiezan a reivindicar memorias que se orientan a un restablecimiento de la justicia a partir de la lucha. Por eso, estas películas, que tendrán un tono militante, tomarán a esas “minorías” como protagonistas esenciales del cambio y como sujetos constructores de representaciones frente a las elaboradas por el discurso hegemónico. Se trata de abandonar el paternalismo “protector”, desestabilizar la memoria social, de carácter simbólico y consensual, e imponer la propia a la manera de reivindicación. La propuesta del cine etnográfico, que tiene entre sus máximos representantes al argentino Jorge Prelorán4, puede resumirse en la afirmación de que no hay nada “más revolucionario que dar la palabra al colonizado, al explotado, para que nos muestre su realidad tal cual es…” (Galeano, citado en Colombres, 1985: 27). Inspirado por los trabajos del documentalista estadounidense Robert Flaherty5, Prelorán apostaba por la importancia de tener un tiempo previo de convivencia con los sujetos a filmar, para luego poder aspirar a que esa cultura “se haga carne” en sí mismo como cineasta. De esta manera, podría “dar voz a los que no la tienen, a los que nadie conoce ni escucha” (Colombres, 1985: 27). La descripción etnográfica ya no sería hecha desde el lugar del extraño “civilizado” que da a conocer al mundo occidental el exotismo de una supuesta barbarie, sino que empieza a dar lugar a la colectividad filmada para ejercer el rol de expositor de sus propias representaciones, y de esa manera, establecer un testimonio o denuncia políticos sobre la marginación social y las particulares reivindicaciones de esas comunidades olvidadas y prejuzgadas por la cultura hegemónica. La tendencia del cine político latinoamericano que pone sobre la mesa la presencia del negro, el mestizo o el indígena, se destacará por su iniciativa para el reconocimiento de esas identidades diferenciadas, teniendo en cuenta la existencia de cosmovisiones que se engloban en identidades diversas, que tienen el mismo derecho a ser destacadas que las de la cultura dominante. Podríamos afirmar que esa propuesta se acerca a una visión multiculturalista, que se define como un intento de ver la historia a partir de la igualdad de los diversos pueblos y razas, desde una perspectiva descolonizada. Ese multiculturalismo está integrado a una visión policéntrica de la cultura, que no favorece a “ninguna comunidad o parte del mundo, sea cual sea su poder político o económico” (Shohat; Stam, 2002: 70), pero que apunta, sin embargo, a levantar a los que siempre han sido marginados de la posibilidad de estar en el centro. El cine ha sido, desde sus comienzos, un arte que ha permitido cumplir el sueño del espectador de penetrar en paisajes desconocidos, exóticos, a los que tal vez nunca tendrá 4

Es importante aclarar que Prelorán no pretendió ser catalogado de creador de un cine antropológico, sino de documentos humanos y vivencias, sin fines científicos (Columbres: 111). Sin embargo, es uno de los pocos ejemplos latinoamericanos que pueden acercarse a esta categoría cinematográfica. 5 Robert Flaherty es considerado el padre del cine etnográfico, realizando en 1920/21 el film “Nanuk el esquimal” (Nanook of the north), para el cual dedicó un año de su vida conviviendo con una comunidad de esquimales, para luego poder filmarlos.

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acceso. Por sobre otras artes, como la fotografía o la pintura, el cine ha hecho de los espectadores una suerte de exploradores de tierras y culturas remotas, con una ventaja técnica propia del cinematógrafo: el movimiento. Las películas que documentan culturas “lejanas”6 corren el peligro de presentar una posición totalitaria. Existe la posibilidad de ofrecer un discurso confuso al receptor, que le manipule ideológicamente. La imagen y el montaje cinematográfico poseen recursos estilísticos para desfigurar el imaginario del sujeto estudiado con fines a un propio discurso político. Entre ellos podemos mencionar los muy usados carteles explicativos al inicio del film, que remontan la narración a seres, lugares y/o tiempos remotos; la presencia de actores que a través de vestimenta y maquillaje representan a aborígenes o negros de una manera estereotipada; la inserción de valores y concepciones de mundo domesticadores; la identificación con un héroe que ejerce un choque con la idea de protagonismo de la comunidad, o la elaboración de espacios exteriores en estudios, a través de decorados y escenografías cargadas del imaginario popular. Como opción contrastante ante el modo de representación institucional inspirado en Hollywood, el cine anti-colonialista propone utilizar recursos estilísticos del lenguaje cinematográfico que sean afines a la concepción de los pueblos a filmar. Por este motivo, se le da prioridad a los planos secuencia antes que a los cortes continuos, se utiliza al sujeto colectivo en preeminencia ante el protagonista individual (héroe), se favorece el distanciamiento emocional para dar lugar en primer término a la reflexión, se reduce la cantidad de primeros planos que nos identifiquen con el héroe y se alienta la utilización no solo de actores no profesionales, sino también de los mismos protagonistas del acontecimiento histórico. Como afirmaba Robert Flaherty, “el documental se rueda en el mismo lugar que se quiere reproducir, con los individuos del lugar” (citado en Colombres, 1985: 58). De esta manera, se facilitó la interculturalidad con fines a una solidarización. El motor de este intercambio lo encontramos en el anhelo por la liberación de las ataduras del imperialismo, tema fundamental en el período que estamos tratando. Junto con Robert Flaherty, encontramos en la figura del francés Jean Rouch otro ejemplo de un abordaje renovado del estudio antropológico-cinematográfico. Es sabido que incluso ha tenido como técnicos de sus films a aborígenes, y algunos de los integrantes de tribus africanas, protagonistas de esas películas, han llegado a darse el lujo de efectuar una especie de práctica antropológica casera con los blancos europeos. Pero más allá de estas anécdotas, el cine de Rouch sirvió de inspiración a sus colegas latinoamericanos en lo que respecta al intento de captar la nueva realidad creada por la cámara en su interacción con los sujetos filmados. Un desarrollo importante en las reivindicaciones de las tribus indígenas sería, entonces, el uso de los medios de comunicación (entre ellos, el cine) para sus propios fines, y dejar de ser simplemente objetos de estudio para complacer los anhelos de exotismo del occidental. Sin embargo, no fue en este período donde esto se hizo realidad, ya que las innovaciones que en los años sesenta hubo respecto a un cine etnográfico han sido elaboradas principalmente por sujetos no pertenecientes a esas culturas aborígenes.

El cine militante como expresión del pueblo El arte como representación colectiva de memorias populares pretende integrar al pueblo en la realización, y no ejerce el rol de voz autoritaria. El cine latinoamericano de los sesenta tuvo, entonces, un abordaje diferenciado frente al modo de representación institucional o clásico. No pretenderá mostrar obras estéticamente deleitables ni hacer uso de tecnicismos o academicismos. El objetivo será el hacer una radiografía de cada país, un arte como “espejo del pueblo” (Diegues, citado por Amar 6

Es de destacar que siempre ha existido una tendencia a clasificar el mundo ideológicamente a partir de las divisiones geográficas, que marcan a los diferentes pueblos como “lejanos” o “cercanos” de acuerdo al punto centralizado desde el cual se los mira.

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Rodríguez, 1994: 20), que muestre a cara lavada las miserias de los pueblos oprimidos y una imagen de la sociedad, que generalmente es ocultada por motivaciones políticas. Se necesitaba acabar con el discurso complaciente que excluía a los pueblos marginados, y se proponía documentar el subdesarrollo, iniciativa que en Argentina tuvo entre sus primeros exponentes al realizador Fernando Birri7 y sus alumnos de la Escuela de Cine de la Universidad Nacional del Litoral (Santa Fe). En el film “Tire dié” (1960), hecho por Birri junto con sus alumnos podemos observar a los niños mendicantes que son sujetos centrales del film, relatando su propia experiencia sobre su supervivencia. El fin de los trabajos hechos en Latinoamérica dentro de esta tendencia no será solamente narrar la opresión y la injusticia, sino más bien revelar las estructuras de explotación, que llevaron a esa dominación. Una vez expuesto esto, se impulsará al público a tomar conciencia y llevarle a la acción revolucionaria. El realizador levanta su cámara8 y se la entrega al receptor, que ya no será pasivo, un mero consumidor o sujeto de contemplación estética, sino un sujeto-actor, que continuará el film luego de la proyección9; y a su vez, ese film será considerado una obra inconclusa. Las películas, entonces, no son concebidas como acto individual sino como obra colectiva, asumiendo la cosmovisión de grupos que no se conciben fuera de una comunidad. El cine latinoamericano de los sesenta deja de lado la idea de la consagración individual del artista para insertarse en el corazón de las masas, quienes no reciben un mensaje de características unívocas, sino que se le dará lugar a la palabra, la discusión y el planteo de soluciones a las imágenes que acaba de ver en la pantalla.

Narrando la identidad nacional Podemos considerar al término “nación” como una categoría demarcadora de fronteras, que delimita personas y espacios. Dentro de esa clasificación ubicamos a las identidades, definidas por el antropólogo Ruben George Oliven (1999: 30) como construcciones sociales que se forman a partir de las diferencias, tanto reales como imaginarias. Las identidades serían entidades abstractas que se construyen a partir de vivencias cotidianas y sirven de referencia para la distinción de los diferentes grupos sociales. Las identidades también podrían definirse como estructuras narrativas, creadas para un conjunto de individuos, y sus historias son transmitidas de generación en generación, como una especie de memoria colectiva. Si la historia puede ser considerada como una narración, es comprensible que el arte cinematográfico, como instrumento para narrar historias y transmitirlas a un grupo colectivo de individuos, pueda ser utilizado como elemento político de transmisión de identidades. Como afirman Ella Shohat y Robert Stam, a diferencia de la novela “el cine se disfruta en un espacio común, donde la congregación efímera de espectadores puede cobrar un impulso nacional…” (2002: 119). Por ese motivo, el arte cinematográfico, así como los diferentes medios de comunicación audiovisuales, posee un poder superior para la elaboración de representaciones colectivas. Y como medio audiovisual posee mayor capacidad de convocatoria popular, a causa de su ofrecimiento de entretenimiento. El tipo de obras que estamos abordando se caracterizaron por una exaltación de las identidades nacionales y la utilización de un lenguaje inspirado en la propia realidad. Dentro de esos valores se intentaron rescatar las identidades ocultas y marginadas. La mirada se hizo centrípeta, a diferencia de la tendencia general de realizar películas de carácter universalista, con temáticas que podrían trasladarse a cualquier espacio y tiempo. 7

Fernando Birri se destacó no sólo como director sino también como formador de cineastas y autor de una serie de manifiestos cinematográficos que sirvieron de base teórica a un cine de carácter testimonial. Sus películas más conocidas son el mediometraje “Tire dié” (1960) y el largometraje “Los inundados” (1962). 8 Es conocida la frase de Fernando Solanas que afirma que el cine tiene la capacidad de disparar a 24 fotogramas por segundo. Esta declaración, claro está, fue influida por las ideas del realizador francés Jean-Luc Godard, quien definiera al cine como “la verdad 24 fotogramas por segundo”. 9 Una de las elaboraciones teóricas más interesantes de la mencionada agrupación “Cine Liberación” fue el concepto de “cine-acto”, que plantea a la obra cinematográfica no como elemento “destinado a espectadores de cine, sino, ante todo, a los formidables actores de esta gran revolución continental” (Getino-Vellegia, 2002: 141).

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Esta línea nacionalista resultó en un cambio de presencias en las pantallas latinoamericanas: los campesinos empiezan a ser protagonistas, se incorporan elementos míticos característicos de cada cultura, se describen las miserias del hombre de los suburbios y se otorga mirada a grupos indígenas. El espectador es identificado ideológicamente con ellos, con el objetivo de solidarizarse y unirse en la lucha contra la dominación. Estas películas, en gran medida, no pudieron ser estrenadas comercialmente, como ocurrió, entre otros casos, con el film “La hora de los hornos” (1966/68), de Fernando Solanas y Octavio Getino, y otras películas de “Cine Liberación”, que fueron divulgadas en circuitos clandestinos durante el período de proscripción del peronismo. Otras películas fueron prohibidas por funcionarios de gobierno, y lograron estrenarse gracias a las presiones del público en general o de agrupaciones, como en los casos de los films “Río, cuarenta grados” (Rio, cuarenta graus, 1955), de Nelson Pereira dos Santos, y “Sangre de cóndor” (1969), de Sanjinés. A causa de la persecución política, muchos realizadores fueron obligados a exiliarse, entre ellos el brasileño Glauber Rocha, el mismo Sanjinés, Fernando Solanas, y los chilenos Miguel Littín y Raúl Ruiz. Otros, menos afortunados, son parte de las listas de desaparecidos, como resultó con el argentino Raymundo Gleyzer y el camarógrafo chileno Jorge Müller. Por lo tanto, la búsqueda común que hubo en la Latinoamérica de los sesenta por la reconstrucción del ser nacional se vio paradójicamente bloqueada por el mismo Estado nacional en su accionar represor.

Reivindicar la memoria en el exilio Otro punto interesante a tratar es el caso de aquellos realizadores que no pudieron circular libremente sus obras de corte nacionalista en sus países de origen, y que pudieron hacerlo, incluso con éxito, en el exilio. Mientras los artistas son apresados en su país por reivindicar una memoria popular, en el extranjero son aplaudidos en diversos festivales cinematográficos. Se produjo, entonces, una paradoja: mientras generalmente el inmigrante recibe las últimas oportunidades y los lugares que nadie quiere en el país de acogida, los inmigrantes cineastas políticos son laureados y valorados por sus colegas extranjeros. Eso ocurrió, por ejemplo, con el argentino Fernando Solanas durante su exilio en París en la década del setenta, hasta el punto de ser considerado por algunos comentaristas (quizá con exageración), como “el más grande cineasta épico desde Eisenstein” (Tal, 2002). El caso más interesante es el de los cineastas chilenos en el exilio, quienes recibieron apoyo de diversas organizaciones de Europa, Unión Soviética o Cuba, interesadas en los problemas asociados a la dictadura militar. El cine chileno realizado en el exilio alcanzó una cantidad de producciones superior a la lograda en los años anteriores al éxodo. Fue durante estas circunstancias donde se ha podido filmar un documental sobre la historia reciente del país, titulado “La batalla de Chile” (1973/1979), de Patricio Guzmán (conformado por tres partes tituladas “La insurrección de la burguesía”, ���El golpe de Estado” y “El poder popular”). En él se reconstruyó parte de la historia reciente chilena como una forma de mantener en vigencia, aunque desde otro espacio geográfico, la memoria sobre la existencia de una conspiración contra el gobierno de Allende. La estructura del mismo es coincidente con la estética común al cine político latinoamericano de la década anterior, con sus tres partes como formadoras de una historia y tesis política, el uso de entretítulos, las entrevistas a los diferentes actores sociales que fueron protagonistas y antagonistas de los hechos narrados, y su objetivo de contra-información. A través de este film, y de otros como “Actas de Marusia” (1975), de Miguel Littín, que hacían mención de los acontecimientos terribles que estaban ocurriendo durante el gobierno de Pinochet, se pudo sacar a la luz la memoria de lo que en Chile se mantenía oculto desde el punto de vista cinematográfico. Podríamos concluir que el desarraigo causado por la experiencia del exilio ha potenciado en los realizadores latinoamericanos de este período la necesidad de mantener viva la memoria y las identidades nacionales, con la esperanza siempre presente del posible retorno.

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Desplazando la mirada eurocentrista El cine latinoamericano del período en cuestión se movilizó a partir de un eje desestabilizador ante la cultura eurocentrista. Como afirman Robert Stam y Ella Shohat (1994), las manifestaciones artísticas han sido concebidas tradicionalmente teniendo en cuenta a Europa como monopolio de las artes a nivel mundial, y fuente de sentidos. A lo largo de los años, este ha sido el punto de referencia que ha trazado concepciones estéticas y estilos narrativos en las cinematografías latinoamericanas. La perspectiva eurocentrista ha dividido al mundo entre “Occidente y los demás” (Shohat; Stam, 2002: 20), introduciendo una serie de oposiciones: “… nuestras ‘naciones’, sus ‘tribus’ […] nuestra ‘cultura’, su ‘folklore’, nuestro ‘arte’, su artesanía […] nuestra ‘defensa’, su ‘terrorismo’” (Shohat; Stam, 2002: 20). Nos encontramos, entonces, con una idea de Occidente como región formada y transformada por una mezcla de culturas e identidades, no sólo en el área de las artes sino incluso en las innovaciones científicas y la adquisición de riquezas. Sobre esto último, podríamos citar a Fanon (1963) cuando afirmaba que “Europa es, literalmente, la creación del Tercer Mundo. Las riquezas que la ahogan son las que han sido robadas a los pueblos subdesarrollados”. De esta manera, toda obra de caridad hacia esas naciones “tercermundistas” es considerada por él como una “justa reparación”. En el caso de la producción de América Latina en particular, durante muchas décadas se han realizado películas que seguían los lineamientos culturales de Europa y Estados Unidos, obras absorbidas por una cultura ajena a las autóctonas, que ofrecían un lenguaje y valores importados, en un afán de “modernización” y en una voluntad de querer entrar en el anhelado “Primer Mundo”. Es así como surgieron productoras cinematográficas, como la brasileña Vera Cruz10, que se levantó como una especie de Hollywood sudamericano, con técnicos especializados traídos de Europa y un estilo visual y narrativo calcado de ámbitos ajenos a la cultura brasileña. El caso más representativo lo observamos en su producción más famosa, titulada “O cangaçeiro” (1953), de Lima Barreto, film que ofrecía un atractivo folklórico nacional a través de una mirada eurocentrista. La controversia sobre el carácter social de las acciones de los bandidos del Nordeste brasileño es totalmente desplazada para dar lugar a una narración que apunta a mostrar a los cangaçeiros como divertidos cowboys sudamericanos. Podemos decir, entonces, que este tipo de películas se han dejado manipular por la tendencia domesticadora de las culturas hegemónicas. Así como Europa y Estados Unidos se han jactado de teñir con su propia visión la cultura de otros pueblos, es interesante reafirmar, junto con Stam (1994), que al mismo tiempo Europa ha absorbido también elementos de las culturas africanas, asiáticas y de los indígenas de América, en especial en lo que respecta a las vanguardias históricas. Por lo tanto, antes que hablar de una dominación deberíamos decir que hubo, en un principio, un intercambio cultural que luego derivó en mecanismos de explotación nacidos primero en el ámbito político y económico, y trasladados posteriormente al área de las artes. Se podría decir que luego de ese intercambio, lo que se produjo fue una apropiación, dejando de lado todo crédito a la cultura “no occidental” que originó esa producción estética. En resumen, el cine latinoamericano de los años sesenta ofreció un enfoque alternativo a la visión colonizadora que preponderó durante gran parte de la historia del cine mundial. Culminó con la idea de que para la elaboración de un objeto artístico aprobado hay que tomar como referente a los paradigmas exitosos de Hollywood, y entendió que la cultura nacional no es un mero elemento de exhibición destinado a inflar la ambición conquistadora eurocentrista. Estos realizadores intentaron descolonizar la memoria social y reivindicaron la cosmovisión de grupos autóctonos. Hicieron uso de los recursos del lenguaje cinematográfico pero sin tecnicismos ambiciosos ni deseos de hacer un cine apto para la exportación con fines a la autopromoción de un supuesto desarrollo modernizador.

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La Compañía Cinematográfica Vera Cruz fue fundada en São Paulo en 1949 por los empresarios Franco Zampari y Francisco Matarazzo Sobrinho, y contó con el aporte del cineasta Alberto Cavalcanti, quien poseía experiencia internacional en Italia e Inglaterra.

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LA OBRA CINEMATOGRÁFICA COMO REPRESENTACIÓN COLECTIVA DE LAS MEMORIAS POPULARES: EL CASO DE LATINOAMÉRICA EN LOS AÑOS SESENTA. SILVANA FLORES. (pp. 20 – 28).

Plantearon realizar películas con economía de recursos, uniendo cada significante con la ideología a transmitir. Lo que al fin y al cabo estos realizadores tendrían como meta era educar al pueblo, para hacerlo constructor de su propio destino, para desarrollar, como dijimos antes, un hombre nuevo y emancipado, que sea el actor real de una anhelada revolución.

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“LAS AUDIENCIAS DE LA CALLE” ENTRE MERCADOS, CALLES Y MÚSICA EN PERÚ. FRANKLIN CORNEJO URBINA. (pp. 29 – 41).

“LAS AUDIENCIAS DE LA CALLE” ENTRE MERCADOS, CALLES Y MÚSICA EN PERÚ “STREET AUDIENCES” BETWEEN MARKETS, STREETS AND MUSIC IN PERÚ

Dr. Franklin Cornejo Urbina Pontificia Universidad Gregoriana de Roma fcu_75@yahoo.com Italia

Resumen Cuando se habla de audiencias de los medios de comunicación entendemos también que ellas cambian en los contextos, donde los televidentes y radioescuchas usan los medios con modos y fines diferentes. Así y como parte de la diversidad de las audiencias he ubicado bajo la definición “audiencias de la calle” a un grupo social, más bien de origen humilde y de rutinas cotidianas colectivo-comunitarias, que incluyen a ex campesinos, niños de la calle, comerciantes ambulantes e inmigrantes empobrecidos que se reúnen, trabajan y pasan gran parte del día en mercados de zonas urbano marginales de Lima, en Perú. El mercado popular es un lugar para las grandes mayorías donde hay encuentros y tensiones entre lo urbano y rural por viejas diferencias étnicas, regionales, locales y comunitarias entre andinos y costeños. La pobreza, la urbanización y el crecimiento de las ciudades han convertido al mercado en un lugar de sobrevivencia, trabajo, y un espacio para afrontar la vida de la ciudad. El presente artículo aborda el tema de los estudios de audiencia desde el mercado popular peruano, sus medios y comunicaciones. Palabras claves: Medios de Comunicación, Audiencias Populares, Mercado Popular, Música Popular. Abstract Audiences of the mass media are different with the context. In this diversity of audiences there is un type of audiences, “The audiences of the street”, include social groups composed by former peasants, children of the street, itinerants sellers and unemployed, all this persons are users of the popular market. The popular market of Peru is the place for the majorities, old problems constitutes relations between people of the Andeans and the cost. Tensions ethnics, local and regional questions are conflict in this socio-cultural space. The poverty, urbanization and the development of the cities change the popular market on the place for the subsistence and place for the popular culture. This article tries about audience’s studies from the popular market, the street, mass media and the communications in this context. Key words: Mass Media, Cultural Studies, Popular Culture, Popular Audience’s.

(Recibido el 06/11/07) (Aceptado el 07/02/08)

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Introducción iguiendo los Estudios Culturales y los trabajos sobre estudios de audiencia nos ocupamos aquí del mercado popular y de la calle como espacios para la recepción de los medios de comunicación en el contexto peruano. Hacemos notar que no hay casi nada escrito sobre los mercados populares y la calle en Perú, realidades contemporáneas donde se concentran subalternos y personas en procesos de migración del campo a la ciudad que viven en contextos de pobreza y exclusión social.

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En los mercados populares y las calles se encuentran agregados de personas y grupos sociales, gran parte de ellos de origen campesino y rural, y nuevos ciudadanos, aglomerados en espacios colectivos que ven televisión y escuchan radio desde una cultura popular que incluye los contenidos de los medios en su vida cotidiana, en sus conversaciones y relaciones sociales. Las audiencias de la calle tienen y viven una intensa oralidad pública cargada particularmente de música, conversaciones, comentarios y asuntos de resistencia, placer y diversión que hacen alusión a lo que es popular y a lo que es urbano en Perú, es decir, aquello que viene preponderantemente del mundo de la sierra, lo andino, y del mundo urbano de la capital, Lima. El encuentro entre lo urbano y lo rural en Lima es parte de la migración masiva interna que ha repoblado en los últimos 30 años la ciudad capital y traído consigo, a raíz de este encuentro entre lo rural y urbano, viejas diferencias étnicas, regionales, locales y comunitarias que se redimensionan en espacios públicos y colectivos como el del mercado popular. Por su parte, La relación entre el mundo del trabajo y el mundo del consumo de los medios en el contexto callejero existe a partir de una serie de actividades socioeconómicas, de ventas, compras, discursos desarticulados, y lugares a cargo de comerciantes ambulantes y pequeños comerciantes formales, que utilizan masivamente la radio y escuchan música de tipo vernacular y comercial en dichos contextos. Hablar de lo popular urbano y de lo popular rural implica desde el uso de los medios callejeros identificar los modos, en que los menos favorecidos, pueden lograr entrar a la vida de la ciudad escuchando radios, música y video clips para contar historias de vida, mantener sus memorias y lograr presentar sus dramas, desde sus propios textos, géneros y voces. Con esto estamos viendo que la comprensión y reivindicación de lo popular rural en un contexto popular urbano queda facilitado en espacios sociales comunes, como el mercado, y mediante el uso de medios de comunicación en estos espacios de tipo colectivo comunitario. Para estas audiencias del contexto público usar los medios representa una forma de imaginar sus mundos sentimentales, sus casas lejanas ubicadas en los Andes o en otros barrios urbanos, las dificultades del trabajo precario en condiciones de pobreza, y todo esto como parte de unas estrategias para entrar a la modernidad usando la TV y la radio desde unos contextos, abiertos y privados, que están en constante movimiento. En estos lugares se vive una realidad callejera/colectiva/pública animada por estímulos socioculturales que van cobrando vida en lenguajes, modos de hablar, cantar, pensar, interpretar la vida, explicar la realidad, y ubicarse en la historia. En la calle, hay formas de testimoniar y narrar frente a los medios, que encuentran nuevas claves de lectura en el hecho de narrar a través de una canción, imaginar con una telenovela, una película de acción, dibujos animados y de verse identificado o proyectado en un actor, una cantante de moda, un político o en la casa de una familia; que por televisión se ve feliz y organizada en una privacidad de dos o tres personas. Imaginarse, relacionarse, recordar, pensar, articular nuevos discursos es lo que hacen más o menos todas las audiencias del mundo entero cuando ven televisión y escuchan radio o música, pero también cuando usan Internet. Lo mismo ocurre en el espacio público de las calles y los mercados populares, un lugar de paso, de comunicaciones, de encuentros y desencuentros generado por flujos de emigrantes del campo a la ciudad, y por la globalización, que en condiciones de exclusión y subordinación social están formando una nueva generación de ciudadanos en barrios populares y precarios de Lima metropolitana al igual que en muchas otras ciudades

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metropolitanas nuevas y pobres de Latinoamérica. Al hablar de “las audiencias de la calle” tomo en cuenta la sociedad, la cultura y la comunicación propia de los sectores marginales y subalternos de la ciudad de Lima en Perú1, pues, estoy viendo que las audiencias de televidentes y radioescuchas que están en los espacios públicos como el mercado popular o el barrio no han sido estudiadas todavía desde sus propios contextos específicos de recepción siguiendo los usos sociales que ellos hacen de los medios en su vida cotidiana. Se trata de audiencias reunidas fuera de sus casas, en la calle, y en un espacio público entre la propia casa y el espacio público del barrio, la calle o el mercado popular. “Las audiencias de la calle” son el resultado de jornadas de observación empírica que realicé en mercados populares y calles con comercio masivo y ambulante en Lima metropolitana donde se encuentran niños, jóvenes y adultos que usan los medios en el espacio público. Estas audiencias usan la televisión, la radio y los videos para organizarse cotidianamente, construir un sentido cultural y un discurso frente a la familia, la sociedad y el Estado. Las audiencias de la calle están creando en medio de crisis sociales, económicas y políticas: “espacios de producción, circulación y consumo de significados que los van constituyendo en culturas híbridas” (García Canclini, 1990: 45).

Planteamiento teórico Para ubicar teóricamente “las audiencias de la calle” se presentan aquí cuestiones útiles para entender y analizar la categoría empírica. Este artículo es una parte del planteamiento de mi tesis de doctorado titulada “Los niños de la calle de Perú como audiencia comunicativa. Un estudio sobre los usos sociales de los medios en la calle” (Cornejo, 2006), en el estudio se revisan teorías anglosajonas y latinoamericanas sobre comunicación, cultura y sociedad e incluye datos de campo en calles peruanas. Detallamos nuestro planteamiento teórico siguiendo el enfoque de Thomas Tufte para ubicar las audiencias de la calle dentro de la línea de los Estudios Culturales y particularmente en los estudios empíricos sobre los públicos de los medios de comunicación que se han orientado cada vez más, desde los años ochenta, hacia los métodos de análisis cualitativos con el fin de hacer más evidente la compleja relación entre los medios de comunicación y el público. Tufte (1997a) dice que en Gran Bretaña y Estados Unidos se han realizado estudios empíricos sobre los públicos de los medios aplicando “un cambio cualitativo en la orientación” de la teoría a la práctica cuyo resultado ha sido una serie de estudios de tipo empírico sobre los medios de comunicación. Algunos de esos trabajos anglosajones y americanos son el reconocimiento de la polisemia del texto (Hall 1980), el proceso de recepción activa (Morley 1980, Radway 1984, Ang 1985), la intertextualidad (Fiske 1987). Se han realizado también análisis etnográficos basados en el contexto del papel mediador que desempeñan los medios de comunicación masivos en la sociedad (Lull 1980, 1988 y 1990, Morley 1986). En América Latina se están empezando a realizar trabajos sobre los medios inspirados en los Estudios Culturales anglosajones que estudian desde el enfoque empírico, los procesos de recepción e interpretación del público o audiencias de los medios. Dentro de estos estudios podemos mencionar los trabajos de Nilda Jacks en Brasil sobre estudios de recepción y los trabajos sobre los estudios de los medios de Jesús Martín-Barbero desde una perspectiva socio-cultural. Como parte del desarrollo de los Estudios Culturales latinoamericanos, dentro del cual hemos incluido la categoría de las audiencias de la calle, queremos hacer notar aquí que los trabajos de Thomas Tufte son un aporte importante a los estudios cualitativos de los medios en Latinoamérica. Tufte siguiendo los Estudios Culturales latinoamericanos y en especial las teorías sobre la mediación de Martín-Barbero y las culturas híbridas de Néstor García Canclini ha desarrollado estudios etnográficos mediante observaciones participantes y entrevistas 1

Sobre el surgimiento de la nueva cultura emergente popular en Perú se pueden ver los trabajos de los sociólogos peruanos: Anibal Quijano: “Dominación y cultura: lo cholo y el conflicto cultural en el Perú” (1980) y la obra de Matos Mar: “Desborde Popular y crisis del Estado” (1988).

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cualitativas en los contextos de recepción de la televisión, en contextos latinoamericanos, partiendo además de los trabajos de James Lull que, por su parte, ha desarrollado una tipología sobre los usos sociales de los medios aplicando una serie de análisis etnográficos que ha titulado: “Los usos sociales de la televisión” (Lull, 1980). Nuestro trabajo sigue en gran parte la obra de Tufte y Lull. Los estudios de recepción etnográfica consideran que para “la mayoría de los miembros de la audiencia la situación común para interactuar con la TV es el hogar (en el contexto privado de la casa), que es el lugar donde primero se producen las negociaciones y las apropiaciones televisivas” (Lull, 1990)2. Sin embargo, Tufte (1997a) reconoce que en Latinoamérica donde hay sociedades altamente polarizadas, con “ámbitos culturales diferentes”, hay una esfera colectiva entre lo privado y lo público. En esa esfera la televisión desempeña un papel constitutivo fundamental (Tufte, 1997a: 90). Nosotros sugerimos que en el caso de Perú no es solamente la televisión sino que al igual que ésta la radio y la música son los medios que están desempeñando un papel constitutivo en la formación de nuevas audiencias populares como las audiencias de los mercados populares donde se encuentran inmigrantes o hijos de inmigrantes provincianos que usan habitualmente la música y la radio en lo cotidiano (Matos Mar, 1988), (Lloréis, 1983) y (Alfaro, 1990) (Vich, 2003). Con los flujos migratorios internos del campo a la ciudad, el mercado popular y la calle se han convertido en espacios socioculturales y de socialización donde no solo se comercia sino también se produce y manifiestan significados ligados al placer (por la diversión en fiestas y bailes), crisis del desempleo y la pobreza donde surgen además resistencias y conflictos entre lo tradicional y lo moderno en Perú. El papel mediador que juegan los mercados, las calles y el uso social de radios, la música y la televisión entre los peruanos que participan de estos espacios está contribuyendo al reforzamiento de identidades y al posicionamiento de discursos de inmigrantes subalternos en la ciudad moderna de Lima.

Los estudios de audiencia Los estudios de audiencia nacen en los años ochenta como parte de los Estudios Culturales de la Escuela británica de Birmingham y destacan la importancia activa de los públicos de los medios estudiando las dinámicas de recepción y los usos que hace de los textos la cultura de masa. El género, la estructura familiar y el contexto de recepción son relevantes para estos estudios. Al igual que una cierta comprensión del rol del público de los medios en los procesos de construcción de sentido. He notado que la mayor parte de estudios de audiencia 3 se han realizado en ámbitos anglosajones, o inspirados plenamente en ellos, y desde el espacio privado de la casa. Desde estos estudios la modernidad, la cultura, los estilos de vida, lo cotidiano y los géneros populares mediáticos son difíciles de contextualizar y universalizar en Latinoamérica y en especial en Perú, donde existen mercados y calles populares que viven la modernidad y el uso de los medios de manera colectiva y donde lo cotidiano tiene que ver más con la superación de crisis sociales que se experimentan y presencian en público y no necesariamente en espacios privados como sucede en las casas del norte del mundo. Así ver el papel de los medios y su uso desde contextos públicos cobra un interés especial pues allí hay sociedades, cultura y comunicación interactuando con los medios de comunicación masiva y protagonizando, desde sus familias y mercados populares, el hecho mismo de ser ciudadanos, es decir reivindicando la igualdad 2

Entre los investigadores que han realizado análisis y trabajos sobre la etnografía de los medios en Latinoamérica se pueden mencionar a: Tufte (1993a), Uribe (1993) y Muñoz (1994). 3 Estos estudios han ganado interés con la aplicación de la etnografía y en especial con los trabajos de James Lull (1980) sobre “Los usos sociales de la televisión”. Forman parte de los estudios de audiencia los trabajos pioneros de David Buckingham (1987) titulado “Public Secrets: EastEnders and Its Audience”; Dorothy Hobson (1980) sobre la codificación y decodificación de las soap operas y sus relaciones con el género femenino; David Morley (1980) y su trabajo de “Nationwide”. Al igual que los trabajos de Ang (1985), Silverstone (1994), Brown (1994), Fiske (1989), Hebdige (1979), Livingstone (1999) y, Larsen y Tufte (2001). Por el lado latinoamericano podemos destacar los trabajos más bien dedicados a la comunicación popular y a la recepción de telenovelas de: Fuenzalida y Hermosilla (1989), Fadul (1989), Tufte (2000), Nilda Jacks y Thomas Tufte (1997), Martín-Barbero (1987), Alfaro (1995), Muñoz (1994), Uribe (1993), Barrios (1988), Orozco (1991) (1996), Quiroz (1993), Martín-Barbero y López de la Roche (1998), Trinidad (2002) entre otros.

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social y derechos como el acceso a la educación, el trabajo, la vivienda, la participación ciudadana, la defensa de los valores culturales, el reconocimiento en la vida política del país. Derechos que reclaman las grandes mayorías de latinoamericanos.

Las audiencias de la calle desde el contexto Para entender las audiencias que están en la calle, un contexto diferente al contexto privado de la casa es importante conocer el contexto sociocultural del que surgen, donde las sociedades viven rutinas cotidianas y atraviesan procesos sociales, económicos y culturales diferentes. La calle como espacio de recepción de los medios y formación de audiencias tiene un rol diferente al de la casa, pues se trata de un espacio público, precario, colectivo y comunitario donde se viven situaciones de sobrevivencia y se afrontan conflictos locales y regionales ligados a cuestiones étnicas y de acceso a necesidades básicas. La calle, los mercados populares y los barrios populares son espacios de socialización para las grandes mayorías en América Latina. Por consiguiente hablar de audiencias en la calle nos pone frente a aglomerados de personas, sociedades multiculturales y pluriétnicas que están viviendo procesos indistintos, donde el placer, la resistencia, los usos y los significados ligados a la recepción de los medios entra en una dinámica compleja entre esferas personales y públicas, identidades locales, regionales y nacionales. Conocer y establecer unas audiencias de la calle facilita la comprensión de la cultura popular desde dimensiones reales, problemáticas, discursos, preferencias mediáticas y visiones de la comunicación para el desarrollo. El intento de estudiar las audiencias es el de relacionar medios y públicos a favor de una comunicación critica, deliberadora, constructiva, inclusiva, social y humana. Por lo cual desde América Latina la cultura de la comunicación y los medios en este proceso están inmersos en un tipo de sociedad y una especie de expresión cultural caracterizada por el “mestizaje” y, por lo tanto, por muchos conflictos y procesos de desenvolvimiento discontinuos y complejos. El desafío de los Estudios Culturales en Latinoamérica es entender las relaciones entre esas recientes culturas híbridas y el éxito que tienen los medios de comunicación de masas en la vida de casi todas esas personas. Definiendo o delimitando un objeto para o dentro de la vida cotidiana, las culturas híbridas, en el contexto latinoamericano, representan los mayores desafíos metodológicos y teóricos (Tufte, 1996b). Lo interesante del comentario de Tufte para los fines de nuestro trabajo es que identifica el “mestizaje” como parte de un tipo de sociedad y de expresión cultural en América Latina del cual se derivan “culturas híbridas” y ubica además “los Estudios Culturales” como un campo de estudios desde el cual se puede “entender las relaciones entre esas recientes culturas híbridas y el éxito que tienen los medios de comunicación de masas en la vida de todas esas personas”.

El mercado popular En el Perú de estos días las colectividades marginales de la urbe emergente limeña se están concentrando en los mercados populares, ubicados muy cerca de los asentamientos humanos, donde viven los sectores sociales pobres del país. Los mercados populares de Lima son el nuevo epicentro urbano que reúne la nueva cultura popular y emprendedora, donde empiezan y terminan un sinnúmero de calles, plazas, avenidas, barrios, asentamientos humanos, centros de recreación, iglesias y paraderos urbanos de transporte público masivo. Casi no existen estudios dedicados al mercado popular, realidad que se ha multiplicado y consolidado en los últimos veinte años y ha significado una solución para afrontar la falta de trabajo. El economista peruano Hernando De Soto en su libro “El otro sendero” (1986) dice que el mercado forma parte del comercio informal en el Perú. Así, De Soto explica que a medida que la ciudad fue llenándose de gente y su espacio urbano se fue informalizando

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otras actividades económicas comenzaron a sufrir una evolución equivalente. Una de esas actividades fue el comercio, que empezó a realizarse masivamente al margen y hasta en contra de las normas estatales nominalmente encargadas de regularlo. Surgió así el comercio informal que, en lo esencial, se desarrolla en las calles -bajo la denominación común de comercio ambulatorio- y en mercados construidos específicamente para salir de las mismas (De Soto, 1986: 63). Por otro parte, Hernando De Soto observa que no son informales los individuos en el mercado, sino sus hechos y actividades (Ibíd.: 12). Como parte de su investigación sobre la economía informal y/o marginal del Perú, presentada en “El otro Sendero”, De Soto reveló que “los ambulantes se encuentran en los barrios populares” (Ibíd.: 64). Comentando además que los 15 distritos considerados generalmente como de bajos ingresos albergan el 80% del total de ambulantes de la ciudad de Lima. De acuerdo con la información recabada por el investigador peruano, la mayor concentración de los mercados populares se encuentra en los distritos de San Juan de Lurigancho, con el 17.2% del total de mercados de Lima y le siguen Comas, San Martín de Porres y La Victoria. Sobre los emplazamientos que van tomando los ambulantes en el mercado De Soto dice que estos son de dos tipos a saber: “los cinturones” y “las paraditas”. “Los cinturones” se producen cuando los ambulantes se instalan entorno a los mercados. Los giros que no pueden ser atendidos por el mercado formal son abastecidos por el cinturón que lo rodea. De la misma manera, cuando el control de precios ocasiona una escasez de productos en el núcleo, éstos se ofrecen en el cinturón a mayor precio, permitiendo que el suministro se mantenga. Por otro lado, “las paraditas” son concentraciones de ambulantes que a diferencia de lo que sucede con los cinturones constituyen por sí mismas el núcleo de la actividad comercial. “Las paraditas” adquieren un volumen y una complejidad que las convierten en centros de atracción autosuficientes, que abarcan las más distintas formas de comercio de bienes y servicios. Pueden ubicarse en la Lima tradicional, como en el caso de Tacora o la avenida Aviación (En el distrito de La Victoria) y en los asentamientos informales. En este último caso cubren todas las demandas básicas, ya que se trata por lo general de zonas desprovistas de otros centros de abastos.

La calle Estar en la calle no quiere decir negar el ámbito doméstico de la casa donde el hombre y la mujer entran en contacto con sus familias y con las personas con las que han decidido compartir una vida social. La casa es el lugar de lo privado para las sociedades anglosajonas y estadounidense, para Silverstone, la casa es una “privacidad inundada de luz” (Silverstone, 1996: 82) donde hay una vida cotidiana “centrada en los niños, competitiva, sociable pero también solitaria, exclusiva, dependiente de un particular equilibrio entre la domesticidad femenina y la movilidad, la seguridad y la ambición social y geográfica masculinas” (op. cit. 82). Creemos que la calle es el lugar de lo público en la vida de las sociedades que tienen una historia de civilizaciones antiguas y una simbología, un ritualismo y un folklore estrechamente marcado por sus vivencias y sus procesos históricos y sociales (De Certeau 1990/2005). Las calles latinoamericanas tienen además “condiciones materiales de existencia y espacios con vocación de ser extraños que producen los fenómenos más imprescindibles que podemos imaginar” (Colón, 1985: 81-85).

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Si la calle es un lugar donde hay vida social entonces en términos retóricos es un tipo de lugar propio en lo colectivo. Un lugar “propio” es una victoria del espacio sobre el tiempo. Permite capitalizar ventajas adquiridas, preparar futuras expansiones, y adquirir así una independencia en relación a la variabilidad de las circunstancias. Es una forma de control del tiempo a través de la institución de un espacio autónomo (De Certeau, 1990/2005: 72). En Latinoamérica y en el Perú pluricultural y pluriétnico, la calle es de alguna manera un lugar y espacio que media entre lo privado y lo público. Tufte ha llamado a esa realidad social latinoamericana “esfera híbrida de significación” (Tufte, 1997a: 90)4 desde un caso de estudio en Brasil. Dicha definición es pertinente para nuestro trabajo pues se trata de un estudio en barrios pobres brasileños con mujeres que ven telenovelas y tienen una socialización entre la casa y el vecindario que incluye las calles públicas del barrio donde viven estás mujeres. Así, Tufte entiende como esfera híbrida de significación a la existencia de una zona gris que enlaza los elementos de domesticidad (hogar-casa y comunidades interpretativas) y la cultura del vecindario latinoamericano, que es más colectiva y menos privada. Esta zona gris que une lo público con lo privado y viceversa dentro de un proceso comunicativo dinámico está sucediendo en el mercado popular, y particularmente en los mercados populares ubicados en barrios y zonas urbano-marginales de Lima. Mi intento por ver las audiencias de las culturas urbanas populares me lleva a considerar toda esta realidad sociocultural desde la familia y la comunidad local donde están sus redes sociales y se lleva a cabo su socialización en ambientes públicos y colectivos. Según Tufte, la tecnología como tal, sus posibilidades de aumentar la comunicación intercultural, como el incremento y la diversificación de la oferta de programas, son elementos que están cambiando nuestra vida, nuestra forma de organizar y usar nuestro hogar, nuestras familias y otras comunidades interpretativas, y nuestra casa. Dada esta situación, comenta Tufte, se está volviendo cada vez más pertinente llevar a cabo estudios empíricos con el fin de descubrir la reorganización de la esfera pública y privada, así como entender mejor los procesos de mediación (dentro de) las sociedades modernas. De esta manera, al asegurar un análisis contextualizado que refleje la transformación actual de la sociedad moderna, la domesticidad retiene su importancia cuando se analiza la televisión y la radio en la vida cotidiana. En Latinoamérica la presencia de comerciantes en la calle y de niños y adultos que trabajan en la calle y en los mercados se debe a la crisis que atraviesan sus economías nacionales, la sobrepoblación de las ciudades por los procesos de urbanización, el desempleo, la violencia política interna, las olas de desplazados por el terrorismo y la reivindicación de los derechos de las sociedades marginales. Y una particular forma de socializar en la vía pública y en los mercados populares al aire libre, donde niños, jóvenes, adultos, hombres y mujeres se encuentran en el barrio que “aparece -según Martín-Barbero- como el gran mediador entre el universo privado de la casa y el mundo público de la ciudad” (Martín-Barbero, 1987). Nos estamos refiriendo aquí, coincidiendo con Martín-Barbero, en un barrio que en algunos casos puede ser entendido, lo veo así, como un “barrio extendido”, y que incluye al mercado al aire libre donde una marea de conocidos y desconocidos se encuentra y establece lazos sociales con el fin de ser reconocidos, intercambiar valores, y construir la propia identidad personal y colectiva, y todo esto fuera de la casa “el espacio natural” de la televisión según algunas teorías sobre la televisión y las tecnologías de la comunicación. Por su parte, Morley y Silverstone (1991) estudiosos británicos del público de la 4

Tufte utiliza el término esfera híbrida de significación en su estudio etnográfico de los medios de comunicación para ver cómo empleaban las brasileñas de bajos ingresos la televisión y las telenovelas en su vida cotidiana. Ver Tufte (1997a) op. cit., pág. 90.

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televisión sostienen que “detrás de las puertas cerradas de las sociedades occidentales y de otras sociedades, la televisión y otras tecnologías de la comunicación e información se consumen y se usan uno supone en formas que son tanto comunes como únicas en su género” (Morley y Silverstone, 1991). Siguiendo la connotación y la trayectoria de estos comentarios observo para los fines de nuestro estudio que esas “otras sociedades” son las sociedades de la calle que más bien socializan sin las puertas cerradas, con las puertas abiertas, donde el público ve y escucha los medios de otra forma, con otras miradas, atenciones e intereses. Sugiero que las sociedades de la calle ven la calle como un lugar y un espacio físico que une la cultura tradicional de la que provienen muchos de ellos y la cultura moderna a la que tratan de entrar con sus propios referentes y los nuevos referentes que toman del encuentro social con el mundo urbano de la ciudad. “La cultura, la unidad doméstica y la persona”, son niveles de análisis desde los cuales Lull (1988) ha estudiado el uso y la interpretación de la televisión por parte de las audiencias en la casa, pero se presentan de otra manera en la calle de los barrios latinoamericanos. Al respecto, Thomas Tufte afirma que en los barrios de Latinoamérica existe un sentido de comunidad. Esos barrios: constituyen dinámicas en las que se vive socialmente. Las penurias sociales, los conflictos sociales y económicos, la falta de seguridad, el desempleo, la situación como emigrantes recientes de zonas rurales, etcétera, todo contribuye a acercar a la gente (Tufte, 1997a: 87). Por otro lado, Tufte sostuvo en su artículo Televisión, modernidad y vida cotidiana. Un análisis sobre la obra de Roger Silverstone desde contextos culturales diferentes (Tufte, 1997a) que es necesario “contextualizar” la teoría de la televisión y hablar de “modernidades diferentes” para no caer, como dice Silverstone, en “la inexactitud histórica, el universalismo y el reduccionismo” cuando se estudia el público de la televisión. En su artículo Tufte explica la diferencia entre el público televisivo anglosajón y el público televisivo latinoamericano desde “las formas de vida suburbanas” de las que habla Silverstone en su libro Televisión y vida cotidiana (Silverstone, 1994/1996) encontrando así que no existe una realidad común entre los suburbios urbanos de las grandes metrópolis latinoamericanas con la idea anglosajona de los suburbios y la vida en estos suburbios (Tufte, 1997a).

Cultura popular y comunicación Sobre la cultura popular y la comunicación, la investigadora peruana Rosa María Alfaro (1990) sugiere que el concepto de cultura popular planteado por García Canclini (1982) es: “interesante por su amplitud y porque tienen una gran aplicabilidad en el ámbito de la comunicación”. Canclini dice que: “las culturas populares se configuran por un proceso de apropiación desigual del capitalismo económico y cultural de una nación o etnia por parte de sus sectores subalternos. Pero también por la comprensión, reproducción y transformación real y simbólica de las condiciones generales y propias de trabajo y de vida (...) Las culturas populares son el resultado de una apropiación desigual del capital cultural, una elaboración propia de sus condiciones de vida y una interacción conflictiva con los sectores hegemónicos” (García Canclini, 1982: 47). Por otro lado, la misma Alfaro reconoce otras formas de entender la cultura popular

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referida a “las afirmaciones de Martín-Barbero sobre los medios masivos relacionados con el imaginario popular” (Ibíd.: 20). Así Martín-Barbero dice que: “Lo masivo es a la vez negación y afirmación de lo popular, su mediación dialéctica. Lo masivo es negación de lo popular en la medida en que es una cultura para las masas y no por (la masa). Lo masivo es la imagen que la burguesía se hace de las masas (...) Y sin embargo, lo masivo es también mediación popular (...) la producción como el consumo de lo popular pasa tanto cuantitativa como cualitativamente por lo masivo ya que en ello las masas populares invierten deseo y extraen placer” (Ibíd.: 20).

La oralidad de la calle En este apartado tomamos las definiciones y los conceptos sobre “el discurso de la calle” del antropólogo peruano Víctor Vich quien ha dedicado un trabajo etnográfico a los discursos callejeros de los cómicos ambulantes de Lima. Sobre la oralidad, Vich menciona que se debe “entender la oralidad y la escritura como usos verbales interdependientes entre ellos mismos, siempre inestables y profundamente relacionados con el contexto social en que se utilizan” (Vich, 2001: 69). Por ello, vemos que en la calle peruana hay una oralidad que se da a conocer a partir de prácticas sociales asociadas al uso de ella. Vich (2001) comenta que los sujetos migrantes, en el Perú, hablan desde experiencias múltiples y que cuando se habla de un “discurso de la calle”, como en el caso de los cómicos ambulantes en Lima, se hace referencia a una propuesta de “múltiples voces y muchas memorias” (Cornejo Polar, 1996) que circulan de boca en boca -o de oído en oído- y que así dan cuenta de una buena parte de lo que vivimos los peruanos (Ibíd.: 176).

La radio y la música en la cultura popular de Lima Al igual que la televisión vemos que la radio y la música son también medios que cumplen un papel mediador en la constitución de sociedades y culturas que están viviendo una vida cotidiana fuera de la casa y en los espacios públicos como los mercados y la calle, donde permanecen y se van constituyendo en culturas populares que practican un sinnúmero de actividades socioeconómicas al aire libre. No estudiadas todavía del todo estas audiencias son un nuevo campo dentro de los Estudios Culturales de los medios.

Las audiencias populares en el mercado de Lima Las audiencias populares en Lima forman parte de una problemática social vinculada a la migración y al desempleo5. Dichas audiencias usan la música en el mercado popular como un punto de referencia importante en su vida cotidiana. Pues se ve que en el mercado popular de Lima (Perú) existe una interacción social privilegiada entre los “ambientes rural y urbano” (Seligmann, 2001: 2). Al parecer la música que se consume en el mercado confirma el creciente número y poder de aquéllos que constituyen el sector informal (Ibíd.: 1) de un país, multicultural y multiétnico como Perú donde diversos códigos de comunicación coexisten y compiten entres sí (Degregori y Grompone, 1991: 55). En el mercado hay niños (Bunster y Chaney 1989 y Tejada Ripalda, 2005) y adultos marginales y pobres, que excluidos de la sociedad, buscan legitimar nuevas identidades sociales y contar su propia historia, muy vinculada a “una experiencia de desigualdad” (Vich, 5

Ya García Canclini y Martín-Barbero han comentado sobre la formación de nuevas identidades latinoamericanas surgidas como causa de la migración, el desempleo y la creatividad popular en sus trabajos sobre “las culturas híbridas” Néstor García Canclini (1990) y Jesús Martín-Barbero (1987) en su libro “De los medios a las mediaciones”.

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2003: 14 y 21). Al respecto, McQuail (1997/2001) comenta que el punto de resistencia a las fuerzas dominantes de la sociedad ha estado siempre constituido por formas de música y baile, de las cuales se han apropiado las subculturas, y se han convertido en símbolo de resistencia. Lo mismo piensa Fiske. Ver Fiske (1989). Las audiencias populares de los mercados están constituidas por las nuevas clases sociales populares conformadas por sectores marginales y subalternos ubicados en zonas urbano-marginales, llamadas en Lima-Perú asentamientos humanos. Estas nuevas clases sociales en Lima son principalmente el resultado de las grandes migraciones del campo a la ciudad, incontenibles en los años sesenta, que según Hurtado Suárez (1995) han alterado por completo el rostro de la capital (peruana) convirtiéndola en una ciudad mayoritariamente provinciana en donde el encuentro entre la cultura occidental dominante y la cultura andina dominada que portaban los inmigrantes produjo profundas transformaciones. Dichas transformaciones tuvieron grandes consecuencias sobre el equilibrio entre el mundo de la oficialidad y el de las mayorías, abriendo canales para un cambio. El desarrollo capitalista, la expansión de los medios de comunicación, el crecimiento del Estado. Y desde abajo, las grandes migraciones y los masivos movimientos sociales terminaron por romper el aislamiento de las comunidades campesinas, definieron y/o redefinieron regiones, transformaron las relaciones ciudad-campo, transformaron asimismo las ciudades y, finalmente el Perú en su conjunto. Así en los barrios marginales, eufemísticamente llamados después “Pueblos Jóvenes” o “Asentamientos Humanos” los inmigrantes ocuparon masiva y aceleradamente Lima, empezando una nueva vida y encontrando en vez del bienestar que ilusionaban: la pobreza, la miseria, el escaso espacio habitacional y la falta de servicios básicos (Hurtado Suárez, 1995: 7-8).

La música de las audiencias populares en Lima Para entender la presencia de la música en los mercados populares se debe entender antes cómo los emigrantes que llegaron a Lima hicieron de la música una práctica importante en su vida cotidiana. Pero, vamos por partes, por el lado del público de la radio vemos que en Lima metropolitana hay una cierta especialidad en los sectores populares compuestos por los inmigrantes andinos y los jóvenes hijos de inmigrantes por producir y consumir “programas folclóricos” de música tradicional y moderna difundidos por la radio (Lloréis, 1983: 187) y “escuchar, cantar y bailar nuevos géneros musicales como el huayno y la technocumbia” (Trinidad, 2002: 115). El huayno es la música tradicional de los andes peruanos y la technocumbia es un tipo de música chicha que privilegia ritmos tropicales sobre ritmos andinos (Quispe, 2002). La música chicha es un “producto musical surgido del contacto entre las melodías andinas y los ritmos tropicales” (Vich, 2003: 15). Cabe señalar que hay un desarrollo de la música popular en el Perú moderno que tiene sus orígenes en el huayno, le sigue la música chicha y de esta última se deriva la technocumbia. Siguiendo la trayectoria de la música chicha se puede reconocer uno de los fenómenos culturales más interesantes del Perú ya que a través de esta música los inmigrantes y los pobres han compuesto una serie de letras y canciones que representan la problemática de las nuevas identidades andinas en el contexto de la migración y el desempleo (Ibíd.: 15). Sobre la chicha se dice, además, que es la música de los inmigrantes pobres que expresa un nuevo patrón cultural (Matos Mar, 1988: 86). Al ser la chicha el producto musical de sectores sociales relegados del país, es un producto que responde al enajenamiento de las capas más lumpenizadas de los pobres y también es el disfraz de una segunda generación de provincianos que perdió la ligazón con su matriz andina, haciéndose así funcionales a los sectores más retardatarios de nuestra sociedad (Roberto Humala en Lloréis, 1983: 65). El huayno, la chicha y la technocumbia fueron difundidos inicialmente y en forma

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masiva por la radio y posteriormente a través de video clips televisivos y videos. Rosa María Alfaro (1990) comenta que la radio en el Perú popular “constituye un medio clave para descubrir la complejidad de los procesos sociales que se superponen y se entrecruzan en el Perú” (Alfaro, 1990: 20). Al respecto, dentro de la cultura popular de la nueva Lima de los migrantes y de los desempleados estamos viendo en especial que, la música, que ellos consumen en sus diversos géneros de huayno, chicha, technocumbia difundidas, especialmente por radios y equipos de sonidos y en los últimos tiempos también por programas de televisión y videos de aficionados está formando audiencias en los espacios públicos donde se sitúan las nuevas “subjetividades sociales” (Alfaro, 1990: 14-15) de la ciudad de Lima de estos días. Vemos que la música marca la pauta en la formación y mantenimiento de las nuevas identidades y subjetividades sociales en el Perú emergente, se trata en parte de un tipo de música que tiene su origen en la música andina, del campo peruano6. La canción “Soy Provinciano” pertenece al género popular chicha y es una de las canciones más emblemáticas entre los sectores populares peruanos. Representa ella sola el trajín del migrante en la ciudad que busca la felicidad, el amor, trabajar, progresar y entrar a una lógica del mercado del trabajo apelando a la esperanza y a Dios sin romper sus vínculos de parentescos ligados a la provincia pobre, colectiva y religiosa de tipo rural. “Soy provinciano” : “Para todos mis hermanos provincianos/ que labran el campo/ para buscar el pan de sus hijos/ y de todos sus hermanos,/ les canta:“Chacalón y la Nueva Crema” (Hablado)/ Soy muchacho provinciano/ me levanto muy temprano/ para ir con mis hermanos/ayayayay,/ a trabajar./ No tengo padre ni madre/ ni perro que a mi me ladre/ solo tengo la esperanza/ayayayay,/de progresar/ Busco una nueva vida en la ciudad donde todo es dinero y hay maldad/ con la ayuda de Dios/ sé que triunfaré/ y junto a ti mi amor/ Feliz seré/ Feliz seré oh, oh/ Feliz seré oh, oh/ Con sabor Sandoche/ Y tú también, Nicanor, hombre”7.

Conclusión Existe una tradición oral presente en espacios colectivos y públicos entre migrantes del campo en la ciudad poco estudiada en Latinoamérica, que le ha dado ese corte comunitario participativo a su modo de comunicar. Dichas comunicaciones se escuchan y se hablan -en medio de las migraciones, el uso de los medios y las nuevas ciudades- además de la casa también en calles y mercados. La calle en Latinoamérica y en especial en el Perú urbano-marginal tiene estímulos socioculturales. La calle y los mercados populares son 6

José Uriel García en su libro sobre El Nuevo Indio, que es una interpretación estética de la vida y de la historia serrana donde surge el “alma indígena” de los Andes del Perú, dice: “más acorde con la grandeza del pensamiento arquitectónico o con la profundidad de la emoción religiosa está la música indiana. Es la música del pastor montañés, para quien la vida es una beligerancia cotidiana y el mundo un opositor contumaz que hay que vencer; antes que la del agrícola, cómodamente posesionado de la tierra fértil y para quien el campo tiene cordiales incentivos. Fue el ayllu de la quebrada, del comunismo incaico, el que mutiló esa energía viril, ese color y esa melancolía dinámicos de la música de las punas para trocarla en el huaino cantor de los maizales, de las ternuras de las frondas pobladas de quíshuares, de los molles y chachacomos, del orto de las mañanas primaverales. Y fue la autocracia incaica y, mayormente todavía, la servidumbre exclavizante del coloniaje, la que trocó ese dolor activo en la tristeza pasiva y conformista de la quena – peligroso instrumento nocturno que conduce a la esclavitud. Esta es la modalidad recóndita de la música indiana. Marcial lirismo puneño, canto del hombre afanado en dominar la montaña o en atravesar la pampa. Y no ese plácido aquietamento que le dio el labriego agrícola del incanato y el blando paisaje de las quebradas en flor, que no hizo sino conducir al sentimiento hacia la nostalgia y al ligamen emotivo con la cuna del terrazgo”. J. Uriel García: El Nuevo Indio. Lima, 1973, págs. 79 y 80. Por otro lado, una etnografía sobre la música de los Andes del Perú dice que: “En los pueblos de los Andes casi todos son, en alguna medida, músicos o cantantes. Los rituales entorno de la herranza son un buen ejemplo. En ellos se entonan canciones sin cesar, se componen versos y se tocan diversos instrumentos europeos. Los campesinos que interpretan el arpa, el violín y la mandolina son tan numerosos como los que saben aporrear los tambores de cuero y corteza (la tinya) o soplar las trompetas hechas con cuernos de toros (el waqra puqu). A veces se encuentran pueblos enteros dedicados a la música y a la formación de las bandas, cuyas giras a través de los pueblos andinos son tan constantes como sus fiestas”. En: Juan Javier Rivera Andía y otros: Músicos en los Andes. Lima, 2005, págs, 18 y 19. 7 Cantante Lorenzo Palacios, alias “Chacalón”, la composición es del año 1974.

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epicentros urbanos y los escenarios de cultura popular masiva de las sociedades de los pobres y excluidos. Escuchar música popular, ver videos y hablar en el espacio público fuera de la casa es lo que está pasando en calles y mercados populares de Lima. Allí sujetos sociales migrantes y nuevos ciudadanos se están valiendo de la música y la canción popular transmitida por videos musicales (que ellos mismos producen y comercializan) radios y la televisión para organizar espacios de enunciación, conversación y expresar a viva voz subjetividades migrantes, pensamientos ciudadanos ligados a sus experiencias rutinarias y a sus orígenes históricos. Se trata de una cultura comunicativa que sin desligarse del todo de sus orígenes andinos agrícolas, comunitarios, humildes y faltos de oportunidades, desafía y negocia con los tiempos modernos globalizadores, más bien individualistas, del capital y consumo.

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CULTURA POLITICA: ACERCAMIENTO CONCEPTUAL DESDE AMERICA LATINA. CECILIA MILLÁN LA RIVERA. (pp. 42 – 55).

CULTURA POLITICA: ACERCAMIENTO CONCEPTUAL DESDE AMERICA LATINA POLITICAL CULTURE: CONCEPTUAL APPROACHING FROM LATIN AMERICA

Mg © Cecilia Millán La Rivera Universidad Bolivariana ceciliapazmlarivera@yahoo.com Chile

Resumen Este artículo analiza el concepto de cultura política planteado por los autores Almond y Verba, entregando una breve contextualización del término, para luego centrarse en ciertas críticas surgidas desde Europa y América Latina. A partir de lo anterior, se invita a la reflexión sobre la problemática del concepto de Cultura Política en América Latina, cuestionándose su pertinencia literal, debido al origen ajeno a nuestra realidad. Luego de este análisis, se describen algunos elementos que debiesen tenerse en cuenta para adecuar el concepto a la realidad latinoamericana, a fin de hacer más pertinente su uso.

Palabras claves: Cultura Política, América Latina, Teoría Política, Ciudadanía.

Abstract This paper to analysis the concept of ‘Political Culture’ proposed by the authors’ Almond and Verba, providing a brief background to contextualised the concept, to then focus on same criticism arise from Europe and Latin America. From the preceding, a reflexion is done about the problematic that the concept ‘Political Culture’ has is Latin America, challenging its literal pertinence, due to the origins of the concept, which is alien to our (Latin American) reality. After this analysis, some elements that needed to be considered to adapt this concept to the Latin America reality are described to make it used more pertinent.

Key words: Culture Politic, Latin American, Political Theory, Citizenship

(Recibido el 04/12/07) (Aceptado el 10/04/08)

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Cultura Política

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l concepto de Cultura Política nace y se desarrolla en la década del 60, como un modelo alternativo a las premisas marxistas sobre la política. Este enfoque alternativo intenta explicar desde una mirada psicocultural los fenómenos políticos, buscando unificar las interpretaciones más psicológicas del individuo (orientaciones), con una mirada más macro de la realidad política (instituciones políticas). Esta perspectiva se sustenta en el supuesto de que toda sociedad tiene una cultura política, que se transmite a través de la endoculturación y las instituciones encargadas de ello, serían la familia, iglesia y escuela. Mirada que difiere del enfoque marxista, el cual enfatiza que la cultura política depende finalmente de la ideología de las clases dominantes, clases que se encargan de imponer una visión de la realidad. (Peschard, 2001). Lo descrito anteriormente se desarrolla en el contexto de la modernidad y de la dicotomía entre lo tradicional y lo moderno, situación en la que se desarrollan la mayoría de los estudios realizados en torno a la temática. Esta productividad de estudios se debe principalmente a los cambios que implicó el proceso modernizador1, que afectó las estructuras y relaciones políticas, amenazando el orden establecido. En este contexto y como parte de los nuevos ajustes, se acuerda que el sistema democrático representativo pareciera ser el mejor modelo para las sociedades industrializadas. No obstante, no todas las sociedades lograrían tal nivel de democracia, lo cual obligaría a buscar respuestas. Es así como nace el interés por los aspectos culturales y conocer cómo la influencia de los valores y símbolos respecto a lo político impactan en el buen desarrollo o no de la democracia. Este enfoque sostendría entonces que es necesario un consenso de valores y normas que respalden y legitimen la institucionalidad política. Lo que buscaría es validar y legitimar un modelo político en particular, la democracia (Peschard, 2001). De tal forma, el éxito del régimen democrático será explicado por los aspectos culturales, relegando a un segundo plano las explicaciones que se centraban principalmente en criterios de tipo económicos, religiosos, educacionales y de comunicación (García, 2006). En el contexto de legitimación de la democracia y los factores asociados, se realiza el estudio pionero de Almond y Verba en 1963, enfoque que buscará la unión entre la micropolítica y lo macro, es decir, el individuo y las estructuras políticas (Cruces y Díaz, 1995). Estos autores definen por primera vez cultura política enfatizando la comprensión de factores culturales que posibilitarían el desarrollo y buen funcionamiento del sistema democrático (Tejera, 1998). El estudio buscaba mostrar que la estabilidad de la democracia no dependía sólo de sus instituciones, sino también de actitudes políticas y no políticas de los integrantes de la sociedad. La cultura política, sería tanto el resultado de la endoculturación infantil, como del modelamiento simbólico de los medios de comunicación y las experiencias adultas frente al desempeño del gobierno (García, 2006). La teoría política de Amond y Verba, se desarrolla principalmente debido al derrumbe de la democracia de Weimar y al surgimiento del nazismo. Sin embargo existen otros hechos que potenciaron su desarrollo, como por ejemplo, la polaridad entre totalitarismo y democracia, regímenes políticos que predominaron después de la segunda guerra mundial; el fuerte interés de EEUU por estudiar países con los que estaba en conflicto y conocer de mejor manera sus instituciones, cultura y política (García, 2006). El interés en la aparente estabilidad de las instituciones democráticas Británicas y de EEUU (Almond, 1988). También el proceso de descolonización, la guerra fría y la Revolución Cubana habrían incidido en el interés por esta temática (Krotz, 2002). Si bien Almond y Verba recibieron influencias de intelectuales alemanes, debido a la alta emigración de Alemania a EEUU (como fue el caso de Horkheimer, Fromm, Adorno y Marcuse), no le darán tanta importancia a la familia y la socialización infantil, lo que sí fue considerado en las obras de los autores alemanes (García, 2006).

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Que implicó una industrialización, urbanización, alfabetización y consecutivamente escolarización, descenso en la tasa de mortalidad, medios de comunicación y democratización (Montes, 1998)

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El estudio de Almond y Verba se centró en las virtudes cívicas de americanos, ingleses, italianos, alemanes y mexicanos, con hincapié en el sistema democrático, recibiendo variadas críticas, entre ellas su etnocentrismo. (Cruces y Díaz, 1995). Lo que buscan los autores es comprender las orientaciones individuales hacia los objetos políticos, dividida en tres dimensiones: cognitivas, afectivas y evaluativas (Almond y Verba, 1963). Lo cognitivo se refiere a “conocimientos y creencias acerca del sistema político, de sus papeles….en sus aspecto políticos y administrativos”; lo afectivo son los “sentimientos acerca del sistema político, sus funciones, personal y logros” y la orientación evaluativa a “los juicios y opiniones sobre objetos políticos que involucran típicamente la combinación de criterios de valor con la información y los sentimientos” (Almond y Verba, 1963:180). Los objetos están referido tanto a las estructuras institucionales, a los roles que se cumplen en dichas instituciones, como a las decisiones públicas. La relación de orientaciones individuales hacia los objetos políticos permiten establecer una clasificación de tres tipos de cultura política existente: la cultura política parroquial, la cultura política de súbdito y la cultura política de participación. La primera, sería un tipo de cultura que vincula estrechamente lo político con lo religioso y económico, no existiendo clara conciencia de un gobierno central ni tampoco de una exigencia hacia la política. Es un tipo de cultura vinculada a las sociedades “tradicionales”. En cambio, en la cultura política de súbdito, existe claridad con respecto a un gobierno central, con una actitud más bien pasiva, sin involucrarse en las decisiones públicas. Por último, en la cultura política de participación, existe una plena orientación positiva hacia el sistema político, un rol activo y participativo, considerándose la participación como elemento fundamental del desarrollo de la política. La clasificación descrita no supone homogeneidad y unicidad de un tipo de cultura u otra, siendo reconocido la posible coexistencia de dos o tres de las culturas políticas descritas (Almond y Verba, 1963) Por consiguiente, cada tipo de cultura política es acorde con un tipo de estructura política. La cultura parroquial con una sociedad tradicional, la cultura de súbdito con un sistema autoritario, y la participativa con un sistema político democrático. Finalmente, los autores concluyen que el desarrollo de una democracia estable se logra en sociedades con cultura política participativa, lo cual no excluye la coexistencia de dos tipos de cultura política, por ejemplo, la Parroquial y la de Súbdito. Esta mixtura es lo que llaman estos autores cultura cívica (Almond y Verba, 1963). Posteriormente y en la misma línea de los autores mencionados, Inglehart (1988) realiza un estudio comparativo más amplio para medir las diferencias actitudinales en sociedades industrializadas, basándose no sólo en la tesis de Almond y Verba sobre la influencia de la cultura política en el desarrollo democrático, sino también en el desarrollo económico. A partir de este periodo existirán innumerables estudios que se centrarán en los valores, sentimientos y creencias que influyen en la conducta política, y que entenderán a la cultura política, como no reducible, ni a elecciones, ni a conductas individuales, ni tampoco a las estructuras políticas (Almond, 1988). Algunas investigaciones desde entonces, se han centrado principalmente en los países desarrollados, dando cuenta de la cultura política en EEUU, Gran Bretaña, Alemania e Italia. Estos estudios han concluido que la cultura política ha ido cambiando a lo largo de las décadas y que esto ha dependido tanto de factores históricos como de la socialización política. Algunos ejemplos de estos estudios muestran la disminución de la confianza en las instituciones políticas, no así de la legitimidad democrática, lo cual sucedería tanto en EEUU como en Gran Bretaña. En Alemania, en cambio, habría aumentado la confianza en la democracia, existiendo una mayor cultura política participante. En los países comunistas, en cambio, los estudios sobre el papel de la cultura política son escasos. Por último y también de forma menor se han realizado investigaciones en Asia, los cuales han mostrado que los países de esta región se han caracterizado por un tipo de modernización particular, ni la educación ni el sistema económico han influido necesariamente en los procesos democráticos. Muestran además como el Confucionismo, el Hinduismo y el Islam influyen en un modelo político más bien paternalista, consensual y clientelístico (Almond, 1988). Con respecto a América Latina, el interés nace a mediados de los 80, teniendo como referencia a la cultura cívica, ya sea como referencia teórica y empírica o como crítica al

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modelo. El uso del concepto se aplica en el contexto de las transiciones a la democracia, luego de varios años de dictadura en distintos países latinoamericanos. Algunos de los aspectos que se intentaba comprender fueron los segmentos de la población que posibilitaron las dictaduras en América del Sur (Echegollen, 1998). También debido a la evolución histórica de Latinoamérica, los estudios se centrarán en comprender por qué nuestros países que han copiado modelos políticos europeos no logran en la práctica llevar a cabo de manera óptima el modelo (Meoño, 2002). Al respecto Alfredo Echegollen (1998) y Jhonny Meoño (2002) realizan una descripción histórica que permite comprender las peculiaridades latinoamericanas desde el periodo colonial, que serían cruciales para la comprensión de la cultura política en el presente en América.

Cuestionamientos al concepto de Cultura Política Si bien, se reconoce el gran aporte de la Cultura Cívica, para la ciencia política del siglo XX, el enfoque no ha estado exento de cuestionamientos tanto por parte de cientistas sociales de países desarrollados, como de países del tercer mundo como en Latino América. Desde Europa algunas divergencias vendrían desde sectores políticos de izquierda y de grupos más liberales. Desde el enfoque marxista, Jerzy Wiatr (1980), señala que las actitudes políticas son producto de la estructura económica y social. También se han cuestionado por parte de investigadores comunistas como Richard Fajen (1969), Robert Tucker (1973), y Stephen White (1979 y 1984), entre otros, la separación que se realiza entre comportamiento y actitudes políticas, lo cual equivale a sobrevalorar demasiado lo psicológico y por tanto lo subjetivo. De tal forma, se advierte que el énfasis en lo que piensan y no así en la conducta, revela un análisis demasiado subjetivo y por tanto imparcial de la cultura política (Boron, 2000). Frente a la crítica de la separación analítica entre actitud y comportamiento, se argumenta que permite conocer como se vinculan ambas y por tanto profundizar entre pensamiento y acción política. (Almond, 1998). Hoy por su parte los neomarxistas2 reconocen cierta autonomía entre Estado y Política, y tendrán un análisis más resignado sobre la estructura y dinámica del capitalismo, y como afecta a la riqueza y el poder (Boron, 2000). También se cuestiona la selección de los países, los cuales respondían de forma muy adecuada a los supuestos de su teoría, países que les permitía comparar las democracias exitosas como la de EEUU y la de Gran Bretaña con dos democracias que habían surgido de la crisis de sus instituciones políticas como Alemania e Italia, corroborándose que efectivamente las democracias más estables se debían a los mayores grados de cultura política, y en cambio las democracias inestables se debían a la fragilidad de la cultura política. Con respecto a México, se critica el desconocimiento de tal país, considerándose que era uno de los países menos idóneos de ser considerado democrático. Siendo la democracia uno de los criterios de selección de los países (García, 2006). Además se crítica y señala que tanto la conducta como las estructuras políticas pueden ser explicadas en base a los beneficios que obtienen los actores políticos, lo cual relega a un segundo plano aspectos como los valores, normas, símbolos, contexto histórico y cultural. (Almond, 1998). Por otra parte, también hay autores como Anderson (1991), Gellner (1983), Smith (1984) y Shumway (1993); quienes cuestionan que en las investigaciones políticas de cultura cívica, no se han considerado los aspectos históricos de la identidad nacional3, ni se asume que la cultura cívica podría no incluir los valores democráticos, ni una identidad nacional (PNUD, 1998). Otro cuestionamiento apuntó al determinismo del enfoque que supone que la estructura política se debe a un comportamiento político, que depende de las actitudes políticas, las cuales surgen finalmente del proceso de endoculturación política. La discusión se centraba en definir cuál era el factor más relevante, si la estructura social o el individuo en el desarrollo de 2

Los cambios históricos como fue la desintegración de la Unión Soviética, y las democracias de Europa Oriental, generaron nuevamente una discusión en torno al marxismo, surgiendo el posmarxismo, como expresión de una síntesis entre las ideas planteadas por Karl Marx y aportes intelectuales irreconciliables, como afirma Atilio Boron, el resultado será una postura ecléctica y políticamente conservadora, representada por Laclau y Mouffe (Boron, 2000).

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Al respecto se puede consultar el libro de Benedict Anderson, Comunidades Imaginadas.

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una cultura política en particular. Hoy esta crítica no tendría mayor peso dado el consenso en reconocer la doble influencia entre estructura y comportamiento (Almond, 1998). Este reconocimiento de la mutua influencia entre cultura política y estructura es posteriormente aclarado, planteándose en sus inicios que la cultura política ejercía influencia sobre la estructura (García, 2006). Inglehart (1988) al respecto, consideró que tanto las actitudes internas como las condiciones externas serían igual de relevantes, además señala y critica que debido a que las democracias se desarrollaron en países con altos niveles de industrialización se supuso que el desarrollo económico sería un requisito para el sistema político democrático, cuestionando el énfasis en los factores económicos, relegando a un segundo plano los aspectos culturales, los cuales como por ejemplo la religión tendrían un peso fundamental, no así las influencia de la clase social que se han ido debilitando (Inglehart, 1988). Los estudios muestran la correlación entre religión y democracia, vinculándose el protestantismo con la democracia. En el caso de los países latinos, el catolicismo es más ambivalente y en el islamismo la democracia más débil (Huntington, 1983). En consecuencia, los estudios reflejan que serían tan relevante los factores culturales, económicos y políticos, los cuales ninguno por sí solo serían determinantes. Además se reconoce que la cultura política se caracteriza por su persistencia en el tiempo y puede ser medida (Inglehart, 1988). Además de todas las críticas mencionadas al modelo de cultura política, también se suman cuestionamientos de cientistas sociales Latinoamericanos con respecto a su aplicación en sus países, señalando que sería universal, racional y civilizada (Acosta, 2004). Otros autores críticos a este modelo de cultura política serán los antropólogos mexicanos Cruces y Díaz (1995), quienes señalan lo restrictivo, universalista e institucionalista del concepto utilizado por Almond y Verba. Lo restringido de la concepción anglosajona de la cultura política esta centrado en el énfasis en la orientación de los sujetos con respecto al sistema político, lo cual evita entrar en la polémica sobre qué influye primero, las actitudes de los ciudadanos sobre el sistema político o éste sobre los ciudadanos. Además, la jerarquización que categoriza a las sociedades de mayor o menor nivel de cultura política según un modelo exógeno, no contempla la riqueza y diversidad de significados que tiene toda sociedad. Por otra parte, se cuestiona las distinciones de “tradicional”, “moderna” o “posmoderna”, y el supuesto de que todos los países pasan por las mismas etapas y por tanto también han vivido los mismos procesos. Además, el universalismo de este enfoque se da en lo unívoco de la cultura política al Estado Nación, característica de un periodo histórico en particular -la época moderna-, homogenizando a los estados y comunidades, destacándose como lo más relevante los deberes y derechos que se tienen como ciudadano. Por último, se cuestiona el énfasis institucional, tomándose en cuenta sólo la mirada de los sujetos con respecto a la institucionalidad hegemónica, sin considerar lo ajeno o distinto. La divergencia sería catalogada con expresiones de poca cultura cívica, fragmentación, apatía, lo cual no daría cuenta de las fracturas, conflictos, posibles diferencias de opiniones e intereses que pudiesen existir entre los políticos y las personas. (Cruces y Díaz, 1995). Las críticas dan cuenta de la problemática del concepto de Cultura política, en América Latina, esto debido a que nace en países de referencia como EEUU y Europa, con historias y realidades distintas y a veces totalmente opuestas al continente americano, y por tanto incongruente con extrapolaciones que se hacen de forma literal, tanto de su definición y sustento. Se argumenta además que este concepto sería bastante lejano a las sociedades latinoamericanas, caracterizadas por el elitismo, la desigualdad política, el autoritarismo y el "no reconocimiento del otro" (Calderón, Hopenhayn y Ottone, 1993). Es así que el uso del concepto “literal” de Cultura Política en países de Latinoamérica, muchas veces lo que develaría es el poco conocimiento que se tiene de la propia realidad Latina. Lo anterior no significa desconocer los aportes de autores “foráneos”, sino reconocer y adecuar las referencias extranjeras a nuestra propia realidad Latinoamericana, (Meoño, 2002). Más allá de las críticas realizadas al concepto de cultura cívica planteada por Almond y Verba, como aportes se reconoce sobre todo el plantear la diferencia que existe entre las instituciones políticas y la percepción que tienen de ella los individuos, lo cual podría ser totalmente divergente, reconociéndose que la estabilidad no depende sólo de las instituciones, sino también de las percepción de las

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personas (García, 2006). También son aportes: la importancia que le dan a los individuos, el esquema clasificatorio creado, (Krotz, 1997) y la intención de comprender las falencias de la democracia, pese a ser considerado por los mismos autores uno de los mejores sistemas (Krotz, 2002). Si bien hay un cuestionamiento al concepto de cultura cívica, estas formas de comprensión de la cultura política mantienen la idea inicial de Almond y Verba sobre la importancia y relación tanto de la institucionalidad política como la subjetividad de los individuos (Gutiérrez, 1993). Además la mayoría de los estudios trabajan en torno a la concepción planteada por ellos, ya sea tomando en forma íntegra dicha perspectiva, sólo algunos elementos de él, o bien utilizándolo con la finalidad de desestimarla como propuesta válida (Krotz, 2002).

Definiciones: Cultura Política y Culturas Políticas Más allá de las críticas generadas por las distintas posiciones y formas de abordar la cultura política, resulta todavía difícil consensuar una definición. Esto no es de extrañar, ya que tanto los conceptos: cultura y política, por si sólo contienen una multiplicidad de definiciones, lo cual dificulta aún más al usarlos juntos. A continuación se indagará en algunas de las definiciones y formas de abordar la Cultura Política. Este constructo no ha estado exento de ambigüedades y controversias teniendo diversas aproximaciones, enfoques disciplinarios y metodológicos. Debido a lo polisémico del concepto, se abarcará una variedad de definiciones partiendo por la primera definición de cultura política dada por Almond y Verba (1963: 179) entendida “como orientaciones específicamente políticas, posturas relativas al sistema político y sus diferentes elementos, así como actitudes relacionadas con la función de uno mismo dentro de dicho sistema”. Dos años después Sydney Verba también lo definirá como “el sistema de creencias empíricas, símbolos expresivos y valores que define la situación en la cual se produce la acción política” (Verba, en Huntington, 1984: 22). El énfasis de esta perspectiva esta en comprender al individuo, sus actitudes, creencias y cómo se relacionan con las instituciones políticas. Los estudios realizados en torno a lo que se entendió por cultura cívica se han centrado en explicar los factores culturales que inciden en el buen desarrollo del sistema democrático. Desde ese prisma, la cultura es vista como un obstáculo para las transformaciones políticas. Esa forma de comprender la realidad no da respuestas a situaciones como la mexicana en la cual se constató por parte de la población, una cultura política democrática dentro de un contexto autoritario. Desde el enfoque de la cultura cívica se espera una sintonía entre la cultura política (actitudes) y las instituciones políticas (Inglehart, 1988). Debido a los aspectos no considerados desde este enfoque, desde los años sesenta a la fecha la concepción de cultura cívica se ha modificado, entre otros, debido a que la política es vista de una manera más instrumental, lo cual ha obligado a redefinir y buscar nuevas formas de comprensión de la relación entre los individuos y política. (Peschard, 2001). La perspectiva descrita de Almond y Verba se centró en sociedades democráticas industrializadas Europeas, las cuales no coinciden con la realidad latinoamericana, esto obligó a adecuar la concepción de cultura política a la realidad y evolución histórica propia de Latinoamérica. Sin embargo, aún se cuestiona que los estudiosos latinoamericanos hayan podido adecuar totalmente el concepto a nuestra realidad (Meoño, 2002). Debido a nuestro contexto y características latinoamericanas se ha puesto especial énfasis en la diversidad y divergencia como parte de la cultura política, es decir, en lo pluricultural de la sociedad, lo cual claramente no es una característica sólo propio de nuestro continente. Este enfoque latinoamericano habla, más bien, de culturas políticas, entendiéndose como “síntesis heterogénea y en ocasiones contradictoria de valores, informaciones, juicios y expectativas que conforman la identidad política de los individuos, los grupos sociales o las organizaciones políticas” (Gutiérrez, 1993: 74). Esta forma de entender la cultura(s) política(s) se hace cargo de la idiosincrasia Latinoamérica que se caracteriza, por su diversidad y diferencias culturales al interior de un mismo país. Esto provoca muchas veces choques discursivos o a lo menos diferencias de apreciación de la realidad política. En este sentido, la

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diversidad de significados en lo político, también es un elemento a considerar dentro de la(s) cultura(s) política(s). Dicho de otra manera, es “un complejo universo de percepción, transformación y producción alternativa de significados y contenidos específicos, ligados a situaciones y a pertenencias sociales determinadas (Giglia, A y Winocour, R, 2002: 92). Esta forma de entender la(s) cultura(s) política(s), implica aceptar la coexistencia de distintos significados frente a un mismo hecho, como también variaciones según los contextos, también supone comprender que los discursos políticos muchas veces difieren de lo que piensan la sociedad o segmentos de ella (Giglia, A y Winocour, R, 2002). Este concepto, además de develar y ser una fotografía del presente y de las influencias del pasado, también incluye expectativas y sueños con respecto al futuro, es decir, también la cultura(s) política(s) serían “la manera de representar, imaginar, legitimar y proyectar a futuro el mundo de la política y al mismo tiempo, es también un mapa, plan, modelo, receta para actuar políticamente” (Kraemer, 2004: 135). Es decir, la cultura(s) política(s) no sólo refleja la multiplicidad de miradas frente a lo político, sino también debiera dar cuenta de los sueños y por tanto, de las utopías. Desde estas miradas, se asume que el estudio de la cultura(s) política(s) debe ser abordado siempre desde un contexto histórico y, contemplando e incluyendo las distintas instituciones tradicionalmente vinculadas a la política, como son el parlamento, partidos políticos, incluso los sindicatos, como también instituciones como la familia, escuela y medios de comunicación, lo cual invita no sólo a quedarse en los ámbitos institucionales, sino también en las relaciones de la cotidianidad (Gutiérrez, 1993). La cultura política puede interesarse tanto por las dinámicas de luchas de poder por parte de organizaciones sociales o por las instituciones políticas formales. En este sentido, el estudio puede ir desde el interés por los actores políticos o las instituciones. (Krotz, 2002). La subjetividad y valoración que hacen los individuos de la cultura y específicamente del ámbito político se torna como eje central en la comprensión de la cultura política. En esta línea Lechner ha enfatizado la importancia que tiene comprender la mirada desde lo cotidiano que devela también el ejercicio de la autoridad y las relaciones con el poder (Lechner, 1988). Por tanto, la cultura política no se centra sólo en las estructuras de poder, sino que también en los actores y las subjetividades de la vida política. En este sentido, tanto la subjetividad colectiva como lo objetivo de las estructuras, son relevantes (Krotz, 2002). En suma, según los autores mencionados la(s) cultura(s) política(s), en América latina, se centran o debieran centrarse en el reconocimiento de la diversidad y en lo pluricultural de nuestras sociedades, esto a su vez implica asumir la diversidad de discursos que existen, los cuales pueden no ser sólo disímiles, sino también contradictorios entre distintos segmentos de la sociedad. Esto último implica por tanto, un acercamiento a la subjetividad de los diferentes actores de la sociedad, no sólo de los sujetos tradicionalmente con poder, sino también de los sectores más invisivilizados. Por otra parte, el análisis asume que la historicidad es importante para comprender lo que sucede hoy y también los sueños y construcciones que se puedan hacer del mañana. Por tanto se puede entender cultura política como una: “síntesis heterogénea y en ocasiones contradictoria de valores, creencias, juicios y expectativas que conforman la identidad política de los individuos, los grupos sociales o las organizaciones políticas (Gutiérrez, 1993: 74) y la manera de representar, imaginar, legitimar y proyectar a futuro el mundo de la política” (Kraemer, 2004: 135). Esta forma de entender cultura política, asume que se expresa a través de valores, creencias, juicios y expectativas, los cuales pueden ser muy distintos dentro de una sociedad, incluso contradictorios y por tanto también conflictivo. También se desprende de la definición que la cultura política no se acota sólo al pasado y presente, sino que el futuro, entendido como los deseos y anhelos de lo que se quiera que exista, haciendo alusión a los sueños y esperanzas. Finalmente el cómo se entienda el poder y los sueños, que se tengan, impactarán en la cercanía o no que se tenga de lo político. Estos últimos dos puntos, tanto el poder como los sueños pasan a ser dos pilares sustanciales de la cultura política, lo cual nos lleva a desarrollar un poco más estos conceptos. Por otra parte, también la desafección política es un punto relevante dado que los dos pilares señalados anteriormente se ven afectados y se transforman en el contexto de desafección

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vivido en nuestra sociedad, por lo cual se comenzará un breve análisis con la desafección política, para continuar con el poder y los sueños. Las tres dimensiones elegidas de la cultura política - desafección política, poder político y sueños políticos- se entenderán de la siguiente manera. La desafección política como un “cierto alejamiento o desapego del sistema político” (Montero, Gunther y Torcal, 1999: 124) “y falta de confianza en la acción colectiva” (PNUD, 2000: 191). El poder político se entenderá como “la capacidad para definir y construir un entorno de relaciones y recursos que permite realizar la existencia deseada de capacidades de acción distribuidas asimétricamente en la sociedad” (PNUD, 2004: 64) y los sueños políticos se entenderán como las esperanzas de poder construir algo distinto, nuevo y que se caracteriza como algo mejor (Krotz, 1997). A continuación se desarrollan distintas reflexiones a partir de las tres dimensiones mencionadas como parte importante de la cultura política en el contexto chileno.

Desafección Política En América Latina se está viviendo la paradoja de cierta legitimidad al sistema político democrático que se ha ido institucionalizando, pero a su vez, las personas se han alejado cada día más de la política (Baquero, 2001). Nuestro país también ha sido parte del proceso descrito, específicamente Lechner diría que Chile vive “un déficit de política en relación a la modernización económica” (1998: 233). Si bien los motivos de tal situación son variados y no por todos compartidos -la dictadura militar, el modelo neoliberal imperante o la apatía de las personas-, es claro que la política ya no ha vuelto a ser lo mismo para los individuos de nuestro país (Lechner, 1998). Si ampliamos la mirada al escenario mundial, la política también ha cambiado, debiéndose su nueva forma de hacer y vivir a los cambios acontecidos, que incluyen desde el colapso del comunismo hasta la globalización del mercado, lo cual ha desencadenado en un malestar frente a la política (Lechner, 1997). Lo descrito surge en el contexto del proceso de modernidad, que cree como en ningún otro periodo en el futuro y, confía en la construcción de la sociedad que puedan hacer los individuos, lo cual genera también cierto grado de incertidumbre (PNUD, 2000). En este contexto, la política es entendida como el despertar y la autoconciencia de las personas que les permitirá actuar por si mismos y así construir el tipo de sociedad deseada a través de los proyectos de futuro anhelados (Baño, 1997). A pesar de lo señalado anteriormente, estaríamos viviendo un “desencanto” que tiene entre sus orígenes un cuestionamiento hacia la ideologización del futuro, una sensación de inseguridad en el presente que limita la confianza y una percepción de que el futuro tiene más amenazas que oportunidades (PNUD, 2000). Entre los múltiples factores que explican el distanciamiento de la política en nuestro país, estaría el modelo económico impuesto, el cual ha generado grandes desigualdades. Este modelo ha impactado en el país dándose un cambio cultural que ha mermado el interés por la política, que se expresa a través de un malestar, una mirada y una desconfianza de la política (PNUD, 2000). Algunos de los motivos de tal situación obedecen a que la política ya no conduce ni protege, perdiendo su papel fundamental de convocar, cohesionar, crear un sentido común con proyectos a futuro. La política cada día se ha ido reduciendo, acotando a la contingencia, lo cual repercute en la desconfianza en los partidos políticos que no reflejan a la ciudadanía, dejando de ser referentes colectivos (Lechner, 1995), que se ha expresado también en una disminución en las inscripciones electorales y falta de confianza en la acción colectiva (PNUD, 2000). El fenómeno de desafección política se vive y expresa a través de un “alejamiento o desapego de los ciudadanos con respecto a su sistema político” (Montero, Gunther y Torcal, 1999: 124), lo cual también nos indica una “indiferencia o rechazo a participar en la construcción histórica” (Baño, 1997: 12). Los estudios en Chile del PNUD han mostrado la desafección política, especialmente a través de la investigación del 2000 “Desarrollo Humano en Chile, Más Sociedad para Gobernar el Futuro”. Publicación que surge en el contexto de reflexión nacional sobre la necesidad de crecer con equidad, aumentar la integración, la participación social y así profundizar la

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democracia. Tal estudio es continuación del Informe de Desarrollo Humano4, “Las Paradojas de la Modernización” (1998). En el informe de 1998, se da cuenta de los avances en la modernización del país, pero se reconoce a su vez altos grados de inseguridad en la protección social, como en la cotidianidad que cuestionan la gobernabilidad y sustentabilidad social. En ese contexto surge la necesidad de estudiar la capacidad de gobierno y sustentabilidad social, centrándose en tres ámbitos: en los sueños colectivos, el capital social y el peso de la acción ciudadana (PNUD, 2000). De tal forma el informe del 2000 revela el descontento con la política percibida ésta como muy distante de la realidad cotidiana de las personas. También existe una crítica hacia los partidos políticos y se evidencia una desconfianza en la acción colectiva, ya que la sensación es la de no tener mayor incidencia ni poder afectar mayormente en la sociedad. A pesar de lo anterior, el respaldo a la democracia se mantiene. El mayor grado de desafección esta en los jóvenes entre 18 y 34 años de grupo socioeconómico bajo y educación media incompleta. Con respecto a la ciudadanía activa, un 72% expresa estar menos interesado en asuntos de la comunidad, privilegiando su interés por valores materiales como son una economía estable y la lucha contra la delincuencia, además el 67% tiene una percepción que en Chile es más lo que los separa que lo que los une. Frente a la confianza política, la menor confianza refleja una mayor desafección (PNUD, 2000). La desconfianza en lo colectivo, es relevante si nos detenemos en el poder, ya que la confianza en la sociedad permite pensar que es factible transformar y mejorar el país, teniendo las capacidades necesarias para aquello, siendo esto último lo que se pone en duda en nuestro país. De ahí la importancia del tema del poder.

Poder y Cultura Política Como ya se mencionó, la cultura política hace referencia al poder. Una forma de abordarlo es asumir la existencia de relaciones de dominación y desigualdad, y entender que el poder implica relaciones conflictivas y de permanente lucha. Esta forma de acercamiento nos lleva a preguntas tales como cuáles son los símbolos predominantes en una sociedad y por qué son esos y no otros, cómo se construyen los consensos, cómo se adquiere y mantiene el poder, cómo se transforma, etc. (Tejera, 1998). Al incluir el conflicto en las relaciones de poder y por tanto en la(s) cultura(s) política(s), es necesario precisar los grupos que establecen este tipo de relación, lo cual se suele asociar con instituciones y específicamente al Estado Nacional. Si bien el Estado también forma parte de las relaciones de poder, su horizonte es mucho mayor, ya que lo relevante sería lo público entendiendo éste desde el bien común hasta el mantenimiento del Estado, (Cruces y Díaz, 1995). En este sentido, cuando se habla de poder no se está haciendo referencia sólo a un contrapoder identificado con el Estado, sino que se refiere a la conflictividad dada entre los distintos segmentos de la sociedad, sean estos colectivos o individuales. Se asume que los universos simbólicos siempre conllevan un grado de conflicto y por tanto de tensión, dado que no existen sociedades en la cual todos sus integrantes compartan los mismos universos simbólicos. Entender la cultura política de esta forma, como universos simbólicos asociados al ejercicio y estructura de poder, implica, no sólo aceptar la existencia de la diversidad, sino más bien asumir y reconocer las diferencias y oposiciones que puedan darse. Tal situación implica una legitimidad o no de ciertos universos simbólicos y el intento de destrucción o no de este universo (Krotz, 1997). Como señala Quevedo (1997) los discursos dominantes no se basan sólo en generar las condiciones de legitimidad, sino también en prohibir otros discursos alternativos, lo cual puede generar diversas reacciones. Rescatar este aspecto de la cultura política implica a su vez una forma distinta de enfrentar lo cognoscitivo, en cuanto a que no se trata de estudiar a los otros, sino con los otros. El estudio con los otros nos lleva a detenernos en los grupos excluidos, marginados, oprimidos de la sociedad. (Krotz, 1997). Lo relevante, como señala Oakeshott, es conocer si los pueblos practican la política que imaginan, y conocer

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Los Informes de Desarrollo Humano en Chile, comienzan a realizarse a partir de 1996, llevándose a cabo cada dos años, investigaciones que retratan distintas dimensiones del desarrollo, evaluándose las condiciones tanto positivas y negativas de las personas beneficiarias del desarrollo.

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si lo que imaginan es más bien, opuesto, excluyente o complementario al espacio público de la política (Oakeshott, en Acosta, 2004). Es así que tenemos, por una parte, definiciones que dan cuenta de la importancia del poder dentro de la cultura(s) política(s) definiéndola como “el universo simbólico asociado al ejercicio y las estructuras de poder en una sociedad dada” (Krotz, 1997: 39), o el “conjunto de signos y símbolos que afectan a las estructuras de poder” (Varela, en Tejera, 1998: 148) y otras definiciones que agregan y explicitan la conflictividad y tensión propia de toda sociedad y de las relaciones de poder entre individuos y segmentos de la población, poniendo el énfasis no en el consenso, sino en las diferencias. Como señala Quevedo, la cultura(s) política(s) es un “conjunto de las formaciones simbólicas e imaginarias mediante las cuales los individuos viven y se representan las luchas por el poder y las competencias por el dominio de los sistemas decisorios de una sociedad” (Quevedo, en Winocour, 1997: 62), lucha de poder que implica siempre relaciones de subordinación y de dominación, es decir, como un “conjunto de relaciones de dominación y de sujeción, esto es, las relaciones de poder y autoridad que son los ejes alrededor de los cuales se estructura la vida política” (Peschard, 2001: 10). El poder puede ser entendido de distintas maneras, como una condición personal de un individuo que puede hacer uso o no de él; como quién impone decisiones influyendo en las decisiones de otros en contextos de interrelación, también como la influencia y control que se ejerce sobre el contexto de otros individuos y finalmente como el control de estructurar el accionar de otros. Ahora, si nos abocamos al contexto de la cultura política, puede ser entendido como “aquellos procesos organizativos de las relaciones de producción, reproducción y consumo de los bienes (materiales o simbólicos) de una sociedad determinada, donde el poder delimita el cuándo, el cómo y el por qué se accede a cada una de dichas relaciones” (Tejera, 1998: 150). Con respecto al poder, se pueden hacer distinciones en torno a quien o quienes detentan el poder, lo cual nos lleva a dos miradas: por una parte, se señala que radica en los sujetos de acción y por otra parte, en la estructura de la sociedad. Ambas posturas no tienen porque ser opuestas, por el contrario, se puede afirmar que existe una reciprocidad entre personas y sociedad (PNUD, 2004). En relación a la naturaleza del poder, podemos suponer que éste se distribuye de manera desigual, dándose una lucha de poder que implicaría siempre que a medida que algunos ganan, otros pierden (Quevedo, 1997). Otra forma de entenderlo es creer que efectivamente es posible aumentar el poder para todos, siendo más simétrica su distribución (PNUD, 2004). El estudio del PNUD del 2004, llamado El poder: ¿para qué y para quién?, reconoce que como parte del desarrollo debe existir más poder para los individuos y la sociedad en su conjunto. En este sentido, lo político y por tanto lo colectivo, serían ejes fundamentales del desarrollo. En este informe se reconoce la importancia de la participación en la construcción de la propia sociedad, el 70% asevera que Chile es más exitoso que antes, debido principalmente a que se ha incrementado la educación y que existe mayor libertad. A pesar de tal apreciación, persiste el malestar5 frente a las instituciones, que muchas veces no posibilitan un escenario de mayor participación y por tanto de poder con respecto a las decisiones importantes que afectan a los individuos en su propia sociedad.(PNUD, 2004) Este estudio refleja que en Chile prevalecen los actores individuales, por sobre los actores colectivos, contexto de individualización que debilita lo político. Con respecto a los discursos sobre imaginarios de poder, se muestra a través de grupos de discusión, una sensación de autoritarismo y sumisión que genera una dinámica de asimetría al interior de la sociedad, creando una sensación de humillación. Si bien existe esta apreciación, se reconoce que ha ido disminuyendo paulatinamente. La percepción de los chilenos y chilenas del poder aparece muy ligada a la experiencia personal, no así referido a la sociedad o instituciones. También se perciben obstáculos de dominación y sumisión que impiden a los individuos alcanzar las metas propuestas. Consideran que en términos individuales es factible llevar a cabo algunos deseos personales, sin embargo, 5

Malestar que también se expresa en el Informe de Desarrollo Humano 1998, a través de los altos grados de inseguridad social e incertidumbre vivida por chilenos y chilenas.

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cuando se amplia el poder al ámbito social, emerge la pasividad y sensación de no control de la acción, que refleja las dificultades de influir y afectar en el ámbito social, reconociéndose un distanciamiento con los grupos de poder, debido entre otras razones, a que su proyecto no pasa a ser necesariamente el proyecto de la ciudadanía (PNUD, 2004). Los datos del estudio también reflejan un conflicto con respecto al poder, que se muestra a través de “luchas” de poder y diferencias en cuanto a lo político, es decir, entre lo que existe y quisieran que existiera (PNUD, 2004), lo cual nos lleva al otro punto fundamental de la cultura política que son los anhelos y aspiraciones de los individuos sobre la sociedad, es decir, la utopía.

Sueños (utopía) y Cultura Política Si vinculamos la cultura política con las expectativas, es decir, lo que queremos que exista, entramos en el ámbito de la utopía, el cual está estrechamente vinculado al poder, dado que se requiere de poder para llevar a cabo la utopía. A lo largo de la historia, la insatisfacción de los seres humanos frente a su medio, ha generado deseos de cambio y mejora del actual estado de cosas. En ese sentido, siempre ha existido el deseo de algo nuevo, que implica una visión de mundo distinta a lo existente, que a menudo ha sido censurada y coartada debido al cuestionamiento que implica al orden imperante. Por consiguiente, la utopía se relaciona con la deslegitimidad del consenso y la transformación del orden social. Es así que el estudio de la cultura política tiene relación con los universos simbólicos que surgen en pos de la construcción de algo nuevo y factible, no entendiéndose lo utópico como la definición tradicional de inalcanzable o fantasioso (Krotz, 1997). Como ya se menciono la cultura política pone énfasis también en el futuro, en cuanto a que “se mueve entre lo que existe y lo que se quiere que exista”. (Alonso, en Tejera, 1998: 150). Esto implica asumir y enfatizar un aspecto de los individuos y de la sociedad que siempre ha existido; sin embargo, hoy no goza de mucho prestigio, como son los sueños y las esperanzas de poder construir algo distinto y nuevo. Por tanto, no sólo importa conocer qué piensan y opinan las personas, sino también, cuáles son las esperanzas y sueños. La crisis de esperanza vivida en nuestros tiempos se debe, entre otros factores, a un aumento en la complejidad de las oportunidades y amenazas, lo cual ha mermado la confianza de los sujetos, transformándose en sujetos menos autónomos, con menor capacidad de enfrentar y modificar las amenazas y potenciar las oportunidades. A esto también se suma una percepción de futuro de mucho riesgo debido a los problemas medioambientales, la poca legitimidad de la política, inestabilidad laboral, etc. (PNUD, 2000) Al respecto existen muy pocos estudios que den cuenta de los sueños y esperanzas de los individuos, lo cual llevó al Programa de Naciones Unidas, en el Informe de Desarrollo Humano en Chile, 2000, “Más Sociedad para Gobernar el Futuro”, a realizar un estudio exploratorio al respecto. Este estudio reveló, a grandes rasgos, que los sueños son expresados de manera tímida, refiriéndose principalmente a una mejora en la calidad de vida, que se expresaría en mayor igualdad, solidaridad y autenticidad. La mayoría señala una valoración positiva de los sueños, el 78.1% de los encuestados señala que estos se pueden hacer realidad y que no se podría vivir sin ellos. La afirmación que es bueno soñar en todas las etapas de la vida tendría un mayor porcentaje equivalente, a un 91.8%. En general se evidencia una aceptación positiva de los sueños sin diferencias de sexo, siendo ocho de cada diez personas quienes muestran una actitud favorable. Con respecto a las esperanzas, estas suelen concentrarse en las aspiraciones de índole individuales, más que colectivas, siendo conflictivas las aspiraciones con respecto al país o instituciones, lo cual expresa cierta crisis en la esperanza, con una sensación de que no es mucho lo que se puede cambiar, dándose la paradoja de que sin esperanza es difícil tener sueños (PNUD, 2000). De tal forma, resulta preocupante que si bien existe una buena aceptación de lo sueños, no sea igual con respecto a la esperanza en lo colectivo y en el futuro del país, ya que toda sociedad avanza mejor en la medida que existen proyectos en común.

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Reflexión final La cultura política, como todo fenómeno social es complejo y multivariado. Además las transformaciones históricas y culturales obligan constantemente a las ciencias sociales a una revisión de los conceptos y teorías para adecuarlos a los contextos, y así mejorar la interpretación y comprensión de la realidad social. De tal forma este concepto que nació en la década del 60 y con énfasis en los países europeos y norteamericano, requiere de un análisis crítico, pero sobre todo de un aporte que lo adecue al contexto Latinoamericano, lo cual según Johnny Meoño está pendiente. Quizás también podría crearse una nueva definición que sea más representativo de la idiosincrasia Latina y de la realidad cultural e histórica actual. Por otra parte, la cultura política requiere ampliar su mirada de la realidad incorporando nuevos factores de la política y no siempre los tradicionales como la inscripción electoral, militancia política y abstención electoral. La política claramente es vivida de manera distinta a la década del 60, lo cual no es de extrañar, y requiere en ese sentido de propuestas y análisis acordes a las nuevas formas e interpretaciones de la política. Con respecto a Chile, los estudios sobre política se han centrado principalmente en análisis de tipo cuantitativo, lo cual muchas veces muestra una parte de la realidad social, relegando a un segundo plano las percepciones y subjetividades de los individuos sobre la política. En ese sentido, la incorporación de grupos de discusión en los informes del PNUD, permiten un acercamiento distinto a la realidad e interpretación de lo que acontece en nuestro país, permitiendo un análisis a temáticas que no suelen ser consideradas en la cultura política, como son las relaciones de poder, la confianza, esperanzas y sueños de las personas. Temáticas todas que reflejan la cultura política de los individuos y de la sociedad. Finalmente, los informes del PNUD, reflejan la desafección política, que ha sido diagnosticada a nivel mundial y que pareciese a pesar de los acontecimientos actuales no haberse modificado mayormente. No obstante, la elección de una mujer como Presidenta de la República refleja un cambio cultural político que requiere ser estudiado en mayor profundidad. Si bien, las decisiones de votos son complejas y multifactoriales, se puede señalar y reconocer, que se dio un grado de aceptación que posibilitó que una mujer fuese presidenta, que las mujeres votaron preferentemente a una mujer, y que la actual presidenta expresó y representó un concepto distinto de hacer política, que se manifestó en una forma más emocional, sensible y empática, y con énfasis en la participación ciudadana, lo cual no era tradicional en la política chilena, caracterizada más bien por la “racionalidad masculina” (Brunner, 2006). No obstante el hecho de tener una presidenta muestra un cambio cultural en algunos aspectos, como son el tipo de discurso político, y aceptar a una mujer en el cargo más importante que existe en un país, esto claramente no fue repentino, sino que es consecuencia de un cambio que se ha ido dando de forma paulatina en nuestra sociedad y que aún no concluye, muestra de aquello han sido las dificultades y agresiones claramente sexista que ha tenido la actual Presidenta Michelle Bachelet de parte de políticos tanto de la oposición como de la misma concertación. De tal forma, lo vivido en nuestra sociedad, son apenas atisbos de cambios valóricos y tendencias políticas que reflejan una mayor aceptación a la “política no tradicional”. Sin embargo a pesar de lo señalado, se requiere más tiempo y de estudios que den cuenta de los cambios políticos acontecidos. Por ahora, es posible vislumbrar que si bien existen cambios culturales, aún no se evidencian modificaciones importantes en la forma de hacer política desde las cúpulas de poder, ni tampoco la existencia de una ciudadanía más participativa y comprometida con las decisiones relevantes que se toman en la sociedad.

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EL SUEÑO MINERO: UN ANÁLISIS DE LA NARRATIVA UTÓPICA DEL DESARROLLO THE MINING DREAM: ANALYSIS OF THE UTOPIAN NARRATIVE OF THE DEVELOPMENT Facundo Boccardi usuariosdelserra@yahoo.com.ar

Mauro Orellana maesemau@yahoo.com.ar

Silvina Giovannini cracovich@hotmail.com

Dolores Rocchietti lolongui@hotmail.com

Centro de Investigaciones de la Facultad de Filosofía y Humanidades (CIFFyH) Universidad Nacional de Córdoba Argentina Resumen El presente trabajo forma parte de un proyecto de investigación en curso denominado “Cultura mediática, pasiones, política(s). El lazo social en la construcción de la actualidad (Argentina post-estallido 2001)”. En este caso, el análisis intenta dar cuenta del funcionamiento de los dispositivos de construcción de consenso en torno a la implementación de proyectos de explotación minera transnacional situados en la Cordillera de los Andes. Por esta razón, indagamos los discursos provenientes de dos sedes autorizantes: el Estado y las empresas mineras, ya que consideramos que sus enunciadores son poseedores de una palabra con poder performativo por estar habilitados para hablar. Desde ese lugar, tanto el discurso empresarial como el estatal urden la narrativa utópica del desarrollo entendida como la articulación de ficciones, invenciones y construcciones que funcionan como estructuras constantes dentro del discurso hegemónico sobre la minería a cielo abierto.

Palabras claves: Narrativa Utópica del Desarrollo, Discurso Hegemónico, Discurso Empresarial. Abstract This article is part of a project of investigation in process called “Media culture, passions, politics. The social bond in the construction of the actuality (Argentina post-crisis 2001)”. In this case, the analysis intends to demonstrate the operation of the devices that construct consensus about the implementation of projects about transnational mineral exploitation situated in Cordillera de los Andes. For this reason, we investigated the discourses from two “sedes autorizantes”: the state and mineral companies, due to the fact that we consider their speakers deliver a speech with the power of doing by saying because of being allowed to speak. From this point of view, the business discourse as well as the state discourse plot the utopian narrative of the development understood as the articulation of fictions, inventions and constructions that function as constant structures within the dominant speech about open-air mining.

Key words: Utopian Narrative of the Development, Dominant Discourse, Business Discourse.

(Recibido el 21/11/07) (Aceptado el 31/03/08)

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Introducción

E

l presente artículo pretende ubicarse en una perspectiva sociosemiótica tendiente a indagar problemas de la sociedad contemporánea, en este caso, vinculados a conflictos socio-ambientales. Este trabajo parte de un proyecto de investigación en curso1 y se ubica en una posición limítrofe entre diferentes disciplinas y teorías del campo de las ciencias sociales y humanas. Tiene como objetivo analizar el funcionamiento del dispositivo que opera en el proceso de construcción de consenso acerca de la explotación minera a cielo abierto en la Argentina posterior a la crisis del 2001-2002. Desde una perspectiva foucaltiana, entendemos que los discursos de los agentes del gobierno y de las empresas, las racionalidades políticas, los programas de gobierno y las tecnologías de poder, el discurso mediático y los Think tanks, están articulados formando redes de relaciones entre elementos heterogéneos que responden a un problema concreto: la necesidad de construir consenso para que las empresas mineras puedan obtener la “licencia social para operar”2 en el territorio. La minería a cielo abierto se nos presenta como un tipo de explotación ambiental que comienza a desarrollarse a partir de la década del ´90, incentivada, apoyada y garantizada por las políticas neoliberales que marcaron a toda América Latina. Como parte de este proceso, se diseñó un marco legal3 que sigue vigente y cuyo objetivo fue generar territorios fértiles para la inversión de capitales extranjeros. Para ello, a comienzos de esa década, el Gobierno Nacional argentino puso en marcha el denominado “Plan de Desarrollo Minero” privatizando totalmente las tareas de exploración y explotación. Con el inicio del mandato presidencial de Néstor Kirchner en el 2003, la minería se constituye, desde el discurso hegemónico, en uno de los vectores de crecimiento para el país. Teniendo en cuenta este marco, nos interesa analizar la configuración de la narrativa utópica del desarrollo4 como una de las estrategias discursivas transversales que pretende obturar las voces de los actores sociales que se alzan en contra de estos emprendimientos y legitimar la explotación minera como una política de desarrollo nacional.

La narrativa utópica en el marco de las sociedades de control El proceso que indagamos puede ser inscripto en lo que Deleuze (1996: 277-286) llamó “sociedades de control”. En esta línea de sentido, según Lazzarato -filósofo italiano que continúa y profundiza algunos de los trazos del trabajo de Foucault y Deleuze- la proliferación de mundos posibles, constitutiva de la época actual, implicó el advenimiento de un cambio de paradigma: de las sociedades disciplinarias a las sociedades de control. Las sociedades disciplinarias se caracterizaban por una técnica doble de poder: las disciplinas (técnicas de encierro como fábricas, prisiones, escuelas o cuarteles, que ordenan, reducen y delimitan la multiplicidad en espacio y tiempo actuando sobre el individuo en tanto cuerpo) y el biopoder 1

Proyectos de Investigación: Cultura mediática, pasiones y política(s). El lazo social en la construcción de actualidad. (Argentina, post diciembre del 2001) y Dispositivos hegemónicos y Construcción de neomapas de la Argentina actual, dirigidos por Mgter. Mirta Alejandra Antonelli, radicados en el marco del programa Discurso, Cultura mediática y poder del área de Ciencias Sociales del Centro de Investigaciones María Saleme de Burnichón de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Nacional de Córdoba, ambos proyectos subsidiados por la Secretaría de Ciencia y Técnica (SECyT). Esta temática viene siendo desarrollada desde el 1º semestre del 2007, en el Seminario “¿Cómo se construye una (supra)nación?”, radicado en la Cátedra Teoría de los Discursos Sociales II, Escuela de Letras, FFyH, Universidad Nacional de Córdoba. 2 Con esta expresión, las empresas mineras aluden a la creación de condiciones sociales de aceptabilidad para llevar adelante la explotación. 3 El nuevo marco legal se constituyó, inicialmente, con las siguientes leyes: ley 24196 Inversiones Mineras, ley 24224 Reordenamiento Minero, ley 24228 Acuerdo Federal Minero, ley 24402 Régimen de financiación e IVA para minería, ley 24498 Actualización Código de Minería, ley 24585 Impacto ambiental. A este conjunto de leyes se le sumaron, posteriormente, otras complementarias tales como el acuerdo con las provincias por las regalías y el acuerdo con Chile relativo a explotación de yacimientos en zonas de frontera, y decretos y normas de diverso tipo a nivel nacional y provincial. Por otro lado, con respecto a la estructura institucional, en 1993 se creó el Instituto Nacional de Tecnología Minera (INTEMIN) para dar asistencia tecnológica a la industria y se lo incorporó en 1997 al actual Servicio Geológico Minero Argentino (SEGEMAR). Dichos organismos, conjuntamente con la Dirección Nacional de Minería, que lleva el registro de la actividad productiva, y los organismos provinciales, constituyen el área estatal minera. Se creó también el Consejo Federal Minero (COFEMIN) integrado por representantes de los gobiernos provinciales. 4 Esta hipótesis viene siendo trabajada en el equipo de investigación dirigido por Mirta Antonelli

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(técnicas biopolíticas de gestión de la vida que circunscriben a la multiplicidad en el espacio más amplio -pero bien delimitado- del territorio-nación para reproducir y asegurar las condiciones de existencia de una población). Por su parte, en las actuales sociedades de control, el poder ya no se ocupa de encerrar un solo mundo posible y disciplinar las subjetividades sino que la única manera de actuar sobre la proliferación de los posibles que coexisten y de las subjetividades es modulándolas, regulando y capturando el acontecimiento, la invención, la creación de otros mundos posibles. “Las sociedades de control se caracterizan por una desmultiplicación de la oferta de los ´mundos´ (de consumo, de información, de trabajo, de ocio, etcétera)” (Lazzarato, 2006: 110) llevada a cabo por la empresa, la publicidad y el marketing, es decir, por “el poder semiótico del capital”5 El soporte subjetivo representativo de las sociedades contemporáneas es el público, “(…) masa dispersa donde la influencia de los espíritus de unos sobre otros se convierte en una acción a distancia”( (Lazzarato, 2006: 92). En este contexto, las disciplinas y el biopoder no desaparecen sino que son integrados al nuevo dispositivo6 que, al operar en el nivel más desterritorializado, se encarga de organizar y agenciar el funcionamiento de éstos en pos del control de la oferta de “mundos”. Al tiempo que se va consolidando este paradigma en las sociedades occidentales, en Argentina, se desarrolla un proceso que Lewkowicz plantea como el agotamiento de la ficción del Estado Nación y la puesta en funcionamiento de otra ficción que es la del Estado técnicoadministrativo o técnico-burocrático. La noción de ficción alude, desde la perspectiva del autor, a lo que “en las ciencias sociales se suele llamar ficciones a estas grandes entidades discursivas que organizan y dan consistencia al lazo social” (Lewkowicz, 2004: 26). La década del noventa es el periodo en el cual se produce el fin de un determinado modelo de lazo social en donde el Estado era el ordenador de cada una de las situaciones, articulaba simbólicamente lo social. Y se inaugura otro tipo de relación en la cual las fronteras entre el Estado y las empresas privadas se disipan. En las condiciones actuales, el Estado es una fuerza entre otras fuerzas tratando de hacer palanca; no es un vector de pensamiento. En esta lógica, las fuerzas del mercado son capaces de imponer una serie de funciones al Estado que ha dejado de ser programático y ha devenido administrativo (Lazzarato, 2006: 157). Dentro de esta nueva etapa de relación entre el Estado y el capital, el dispositivo de construcción de consenso para la implementación de la minería a cielo abierto en la Argentina, se nos presenta como el punto de partida para analizar lo que denominamos la narrativa utópica del desarrollo. El concepto de dispositivo, desarrollado por Foucault en su etapa genealógica, nos permite considerar toda una red de relaciones de elementos heterogéneos en la que se articulan prácticas discursivas y no discursivas con el fin de cumplir una función estratégica. El dispositivo que analizamos surge en la década del ´90 con el gobierno de Carlos Menem y las políticas neoliberales del momento, pero a partir del 2004, con el gobierno de Néstor Kirchner, se acentúa su papel fundamental en la construcción de las condiciones económicas, legales y sociales de posibilidad.

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La publicidad en tanto maquinaria de expresión de la empresa, construye mundos cerrados y totalitarios que excluyen o invisibilizan otros mundos posibles ya existentes o que podrían llegar a existir, por lo cual la libertad de la que se ufana el capitalismo se reduce a optar por adscribir a los mundos posibles ya formateados por ésta. Es por esto que Lazzarato afirma que el capitalismo contemporáneo llega antes que con la fábrica, con las palabras, los signos y las imágenes. Pero como la amenaza de lo divergente está siempre allí, en los pliegues mismos de los mundos normalizados que crea la publicidad; el capitalismo, como decíamos, debe hacer suya la dinámica de la variación ya que, si bien los mundos que concibe son totalitarios, éstos deben estar en continua variación (variación que es administrada por las técnicas de control y modulación de los públicos) para poder hacer frente a la fuerza del acontecimiento, a la potencia de la multiplicidad, a las singularidades en devenir. 6 Lazzarato denomina como no política a este nuevo dispositivo, conjunto de técnicas de control de acción a distancia que se ejercen sobre el cerebro modulando la atención, la memoria y su potencia virtual.

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Entre las prácticas no discursivas que conforman este dispositivo, consideramos algunos nombramientos políticos (como el de Romina Picolotti como Secretaria de Medio Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación), eventos de promoción de la minería7, actos políticos8, etc. Si bien estos elementos, constitutivos del dispositivo, son abordados en el artículo, nuestro propósito es indagar con profundidad las prácticas discursivas. Para ello, formulamos la noción de narrativa utópica del desarrollo, que nos permite aglutinar diferentes tipos de discursos (empresarial, político, institucional, etc.) funcionales en este dispositivo. La noción de narrativa como categoría analítica, si bien proviene estrictamente del análisis estructural del relato, es actualmente utilizada en una extensa zona de las ciencias sociales y humanas. En la presente investigación, la pensamos, desde una perspectiva socodiscursiva, como una configuración estructural que posibilita la cohesión imaginaria de la experiencia temporal de los actores. Esto significa que la narrativa se articula como una cadena imaginaria que eslabona la reapropiación simbólica del pasado y la proyección del futuro. Tal noción de narrativa se asienta sobre una concepción de la experiencia temporal deudora de las categorías espacio de experiencia y horizonte de expectativa planteadas por Koselleck. Con el término espacio de experiencia, el autor refiere al presente entendido como un espacio constituido por la apropiación simbólica de acontecimientos pasados; es decir: un pasado presente. Vinculado a ello, el término horizonte de expectativas es pensado como un futuro hecho presente que apunta a lo aún no experimentado (Koselleck, 1993: 10-30). En esta perspectiva, tanto la articulación de las expectativas dirigidas hacia el futuro como las interpretaciones del pasado se influencian dándose mutuamente nuevos significados. De acuerdo con este planteo, pensamos la noción de narrativa como el modo de entramar esos significados cohesionándolos y configurando una determinada estructura de sentido. Consideramos que la narrativa utópica del desarrollo atraviesa los discursos del dispositivo pro-minería articulando pasado, presente y futuro en una trama de sentidos que permite sostener la explotación minera como una necesidad imperante para el desarrollo de la Nación. Por esta razón, uno de los objetivos de este artículo consiste en describir el funcionamiento de esta narrativa indagando quiénes son sus enunciadores, cómo significan el pasado y el futuro, desde qué lugares hablan y qué campo de efectos se abre a partir de esta narrativa. El trabajo aborda puntualmente el discurso hegemónico a favor de la minería realizando el siguiente recorte: En primer lugar, se analiza la problemática a nivel nacional teniendo en cuenta discursos de Néstor Kirchner; de Jorge Mayoral, Secretario de Minería de La Nación y de Martín Dedeu, expresidente de CAEM (Cámara Argentina de Empresarios Mineros). En segundo lugar, nos centramos en el caso de San Juan recuperando una serie de discursos pronunciados por el gobernador José Luis Gioja en relación a la actividad minera en la provincia. Por último, se analizan las páginas Web institucionales de Bajo La Alumbrera Ltd. una de las empresas mineras de mayor antigüedad, que inició sus actividades en la década del ´90- y Barrick Gold Corp. –una de las empresas de mayor envergadura a nivel mundial, que ingresó en Argentina en el 2001-. Nuestro propósito aquí no es abordar el “discurso del no”9, pero consideramos pertinente su mención ya que se trata de una manera otra de proyectar el futuro, otra configuración de “mundo posible”. En la actualidad, el discurso prominería y el “discurso del no” 7

Megaeventos internacionales como Argentina Oro 2006, Arminera 2007, Siminera 2007 Al respecto mencionamos: el Lanzamiento del “Plan Minero Nacional” (Kirchner, 23/01/04), el Acto de Inauguración de Veladero en San Juan (Gioja, 11/10/05), Festejo por el Día de la Minería en San Juan ( Gioja, 07/05/06) 9 El discurso del “no a la mina” surge en Esquel, provincia de Chubut, donde el 23 de marzo del 2003, mediante plebiscito, una amplia mayoría rechazó la instalación de una mina a cielo abierto. Las asambleas ciudadanas, constituidas por vecinos autoconvocados de diferentes clases sociales y actividades económicas de las ciudades afectadas por la minería a cielo abierto, comenzaron a realizarse en diferentes partes del país. El sintagma “no a la mina” pasó a formar parte de uno más abarcador: “contra el saqueo y la contaminación”. Este último, expresión de la unión de asambleas ciudadanas de toda la Argentina y de otros países latinoamericanos, incluye a su vez el sintagma “no a las papeleras” y otros vinculados con los conflictos derivados del monocultivo de soja, por mencionar algunos. La principal característica del discurso del “no a la mina” es la de la percepción del tiempo futuro como el fin, visión escatológica que vincula directamente la minería a cielo abierto con la muerte, la contaminación del agua y de la tierra, la destrucción y la pobreza. 8

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se manifiestan en una tensión asimétrica por la cual éste queda invisibilizado por aquél. En este sentido, consideramos que determinados regímenes de visibilidad/invisibilidad obturan y controlan la aparición y visibilización del “discurso del no a la mina” ubicando a la utopía del desarrollo, en la escena pública, como único mundo posible.

Minería: La utopía nacional El conflicto entre Argentina y Uruguay por la instalación de dos pasteras sobre el río Uruguay representa un acontecimiento mediático que ubica al agua, en tanto bien común amenazado, en el centro de la escena pública y a los asambleístas como portavoces del sintagma “No a las papeleras”. Sin embargo, si bien los medios instalaron el conflicto en la “actualidad” en tanto que noticia, generaron la regionalización/localización de los problemas ambientales y una consecuente invisibilización de otros conflictos como el de la minería transnacional a cielo abierto que avanza a lo largo de las provincias argentinas desde la década del ´90 profundizándose a partir del 2004 con el lanzamiento del Plan Minero Nacional. El 23 de enero del 2004 el presidente Néstor Kirchner, en su discurso de presentación de dicho Plan, postula a la minería como política de Estado y se manifiesta a favor de impulsar la “minería sustentable” que comenzó a crecer con las leyes mineras de los ’9010. Desde nuestra perspectiva, este rescate de una de las actividades productivas más contaminantes y beneficiadas económicamente, resulta considerable si lo ponemos en relación con toda una manera de significar el pasado como la “crisis” que en el presente se pretende superar. Ese pasado que muchos de los portavoces del discurso hegemónico sobre la minería definen como “la crisis que nos tocó vivir”11 se refiere al neoliberalismo implementado desde la década del ´90 por Carlos Menem. Esta apropiación simbólica del pasado constituye una estrategia de diferenciación entre un tiempo pasado y un presente superador de la crisis. Es, también, una estrategia de autolegitimación del gobierno actual pero, a la vez, se contradice con la siguiente afirmación de Kirchner: “el sector minero argentino es uno de los pocos que durante la década del ´90, con cambios importantes en la legislación, empezó a tener un principio y un punto de inflexión que le permitió avizorar un destino estratégico diferente.”12 Es decir, si bien se critica el pasado en el que se creó este marco jurídico, las condiciones jurídicas de posibilidad de este tipo de minería siguen siendo las mismas que las de los ´90. Como decíamos, en el discurso que analizamos, la minería es entendida como un factor de concreción de la utopía del desarrollo y el Estado se compromete, en el 2004, a apoyar al sector: “El sector minero puede ayudar muchísimo para el desarrollo argentino, para el crecimiento productivo, del empleo, de las exportaciones, para el ingreso de divisas. Así que nosotros desde el Gobierno Nacional vamos a jugar fuertemente a apoyar al sector.”13 Para este gobierno, la minería constituye un factor de desarrollo sustentable, una actividad perfecta de la que no hay necesidad de debatir14, en el 2004 el Presidente pretendía

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Debemos decir que estas leyes, establecidas con el fin de promover la inversión extranjera en nuestro país se caracterizan por otorgar un número considerable de beneficios a las empresas mineras, entre los que destacamos: 1)Doble Deducción de Gastos de Exploración (Ley Nº 24.196) 2) Devolución del IVA a la Exploración (Ley Nº 25.429) 3) Estabilidad Fiscal y Cambiaria (Ley Nº 24.196) 4) Amortización Acelerada (Ley Nº 24.196) 5) Exenciones de Aranceles y Tasas Aduaneras (Ley Inv. Mineras -Resolución 112/2000) 6) Deducción por Gastos de Conservación de Medio Ambiente (Ley Inv. Mineras) 7) Exención de Ganancias (Ley Inv. Mineras) 8) Regalías (Ley de Inv. Mineras- Ley 25.161- artículo 22bis) Cf. No a la mina “El saqueo al país - 19 razones para decir NO a la mina: incentivos fiscales a la minería en Argentina”. 12/10/2005 <http://www.noalamina.org/index.php?module=announce&ANN_id=3&ANN_user_op=view> 11 Secretaría de Minería de la Nación “Palabras del presidente de la nación, Néstor Kirchner, en la presentación del Plan Minero Nacional”. Buenos Aires, 14/11/2007 <http://www.mineria.gov.ar/planesnacionales/discurso.asp?titpag=Discurso%20Presidencial%202004> 12 Ibídem. 13 Secretaría de Minería de la Nación “Palabras del presidente de la nación, Néstor Kirchner, en la presentación del Plan Minero Nacional”. Buenos Aires, 14/11/2007 <http://www.mineria.gov.ar/planesnacionales/discurso.asp?titpag=Discurso%20Presidencial%202004> 14 El 23 de marzo de 2003 se realizó una consulta popular en Esquel (Provincia de Chubut) en la que más del 80% votó en contra de la explotación minera a cielo abierto, dando origen a la consigna migrante del “No a la mina”. Este

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“(…) que la gente perciba que la minería trae progreso, trabajo, mejoramiento en la calidad de vida y que tiene que ver con el desarrollo económico y el crecimiento de la región donde se están desarrollando este tipo de inversiones.”15 En la actualidad asistimos, como ya dijimos, a una nueva etapa de relaciones entre el capital y el Estado, a un dislocamiento entre lo público y lo privado que hace posible que el Secretario de Minería de la Nación, Jorge Mayoral, sea: (…) un ingeniero minero sanjuanino que llegó a la función pública en 2002, posea el 30 % de la firma Micas Argentina S.R.L., el 15 % de Millstone S.A. y el 25 % de Minvail S.A. (dedicadas a la explotación de canteras y a la explotación minera)16 Un dislocamiento que, además, permite que existan leyes estatales que legislan lo público según los requerimientos del capital privado. Nos remitimos a alguno de los discursos de Mayoral, en tanto que funcionario del Estado, para considerar cómo se borran las fronteras entre lo público y lo privado y cómo se ubica a lo privado como posibilitador/garante del desarrollo público. En el cierre de ARMINERA 2007 (VI Exposición Internacional de Minería, realizada el 2, 3 y 4 de Mayo en Buenos Aires, organizada por la Cámara Argentina de Empresarios Mineros), Mayoral se dirigió hacia los empresarios del sector de la siguiente manera: Son ustedes, son los proyectos, los operadores y los prestadores de servicios, los que generan más de 37 mil empleos directos por estos tiempos en la Argentina, y los que generan más de 165 mil empleos indirectos un verdadero pico histórico jamás conocido que pone a la minería en el contexto nacional como un sector muy activo en la construcción de un país más justo17 De esta forma, el representante del Estado en la cuestión minera elogia y destaca la responsabilidad de las empresas en el crecimiento económico del país, pero a su vez, el elogio se traslada hacia su propia persona por ser parte él mismo de ese sector empresario. Incluso, Mayoral realiza una proyección imaginaria del futuro desde un presente en el que “estamos entre todos construyendo efectivamente la minería de la Argentina de las próximas cinco décadas, concebimos el escenario actual sólo como la punta de un iceberg que aún muchos no imaginan.”18 La utopía, en este sentido, se vincula con el crecimiento de un sector que promueve la inversión en el territorio nacional -previamente a la elección del nuevo Presidente, el Secretario de Minería adelantó a la prensa que hasta fines del 2008, tras nuevos beneficios fiscales para la minería, el sector invertirá unos US$ 8000 millones entre los cuales se destacan las inversiones de “Pascua Lama (San Juan) por 1500 millones de dólares; Potasio Río Colorado (Mendoza) por 2100 millones; Pachón (San Juan), 1500 millones, y Agua Rica (Catamarca), por 2055 millones de dólares”19-. El desarrollo se configura como narrativa utópica desde rituales con gran poder performativo por ser los enunciadores los mismos representantes del pueblo argentino. Sus discursos presentan acentuaciones sobre un léxico referido a lo productivo y al crecimiento.

acontecimiento que opera como condición de producción del discurso de Kirchner se opone cabalmente a las tesis expresadas. 15 Secretaría de Minería de la Nación “Palabras del presidente de la nación, Néstor Kirchner, en la presentación del Plan Minero Nacional”. Buenos Aires, 23/01/2004 <http://www.mineria.gov.ar/planesnacionales/discurso.asp?titpag=Discurso%20Presidencial%202004> 16 No a la mina “El secretario de Minería de la Nación es empresario minero”, 02/05/2007 <www.noalamina.org/mineriaargentina-articulo603.html> 17 El Pregón minero “Finalizó ARMINERA 2007”, Nº 1779, 7-5-2007. <http://www.editorialrn.com.ar/pminero/pm2007-05/pm2007-05-20.html> 18 Ibídem. 19 La Nación “Impulsan medidas. Amplían beneficios fiscales para la minería”, 9-10-2007. <http://www.lanacion.com.ar/Archivo/nota.asp?nota_id=951399>

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“Desarrollo sustentable” es sinónimo de “trabajo”, “inversión”, “producción”, “exportación”, “mejoramiento en la calidad de vida”. Si nos detenemos en las voces del sector privado, de los empresarios mineros que llevan a cabo proyectos de minería aurífera en Argentina, nos encontramos con la misma narrativa utópica, por lo que afirmamos que hay una continuidad entre la voz del Estado y la del sector minero. Martín Dedeu, el ex presidente de la Cámara Argentina de Empresarios Mineros (CAEM)20, ve a la minería como la madre de las industrias, un “sector estratégico para el desarrollo de todo el potencial productivo e industrial del que depende la economía argentina.”21 Para este empresario, la unión entre proveedores, trabajadores y empresas es indispensable para “triunfar para darle al país un mejor futuro”22. Ahora bien, nos preguntamos: ¿de qué hablamos cuando hablamos de “desarrollo sustentable”, de “minería responsable” y de “responsabilidad empresarial, social y ambiental”? Si observamos la narrativa escatológica que disputa con la utópica la configuración de mundos posibles, “las voces del no a la minería” (y las de la nueva consigna más abarcadora “contra el saqueo y la contaminación”) despliegan un saber que no circula masiva y mediáticamente, un saber que moviliza otro tipo de pasión y ya no se trata de la esperanza que despierta la utopía, necesaria para la obtención de la licencia social para operar, sino del miedo como pasión que se desprende de la amenaza de la vida por el uso de cianuro, por la posesión del agua, por la contaminación ambiental en general y por el monopolio de la producción y el desplazamiento de las otras actividades productivas del país. De esta manera, “desarrollo sustentable” se transforma en un sintagma vacío que implica una proyección imaginaria del tiempo del tipo: “las empresas vienen, explotan la montaña, se llevan metales valiosos, no dejan regalías ni trabajo, sólo contaminación”23, siendo este tipo de enunciados los que son obturados por el despliegue de la narrativa utópica. Si bien el Estado Argentino se ha posicionado como el legítimo defensor del medio ambiente, tras el conflicto por las papeleras, nuestro Presidente se considera a sí mismo “un defensor de la minería”24. Por esto mismo, consideramos que las diferentes estrategias políticas desplegadas por el Poder Ejecutivo en los últimos años, tales como la incorporación de Romina Picolotti (la abogada de los asambleístas de Gualeguaychú) en la Secretaría de Medio Ambiente y Desarrollo Sustentable y la instalación de un monolingüismo25 (Bajtin, 1989: 88; 2006:95)) sobre la defensa del medio ambiente que elimina/anula el plurilingüismo sobre los conflictos ambientales, contribuyen a obturar las posibilidades de enunciación/visibilización de la narrativa escatológica.

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Desde el 31 de octubre del 2007, el presidente de CAEM es Manuel Benítez, Presidente de Yacimientos Mineros Agua de Dionisio (YMAD), es decir, la empresa que desde 1997 explota junto con Minera Alumbrera el yacimiento Bajo La Alumbrera en Catamarca. 21 El Pregón minero “Finalizó ARMINERA 2007”, Nº 1779, 7-5-2007. <http://www.editorialrn.com.ar/pminero/pm2007-05/pm2007-05-20.html> 22 Ibídem. 23 Palabras de un vecino de la Provincia de Jujuy en un acto contra la minería realizado en julio del 2007. “Acto contra la minería: el atraso del progreso”, 25/07/2007 <http://www.conflictosmineros.net/al/html/modules.php?name=News&file=article&sid=293 24 Palabras del presidente Néstor Kirchner en Diario de Cuyo. “Kirchner dio un fuerte apoyo al sector minero. El presidente hizo la primera declaración pública del año sobre el tema”, 5-10-2007 <http://www.diariodecuyo.com.ar/home/new_noticia.php?noticia_id=245013> 25 Bajtín se refiere a la categoría de “lenguaje único” en tanto que: “(…) expresión teórica de los procesos históricos de unificación y centralización lingüística, expresión de las fuerzas centrípetas del lenguaje. El lenguaje único no viene dado, sino que de hecho se impone siempre; y se opone al plurilinguismo real en todo momento de la vida del lenguaje.” (En: Bajtin, M. Teoría y estética de la novela, Madrid, Taurus Humanidades. 1989. Pág. 88). Aquí realizamos una apropiación del concepto para decir, junto con Lazzarato que: “Bajtin nos muestra de qué modo la multiplicidad de los lenguajes, de las formas de enunciación, de las semióticas, en el interior del mundo precapitalista (plurilingüismo) es reprimido y subordinado a una lengua que, al imponerse como mayoritaria, se convierte en la codificación normativa de la expresión (monolingüismo).” (En Lazzarato, M. Políticas del acontecimiento, Buenos Aires, Tinta Limón Ediciones. 2006. Pág. 95).

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San Juan: “La quimera del oro” Desde la asunción de José Luis Gioja, en diciembre del 2003, como gobernador de San Juan, esta provincia se convierte en un caso testigo ya que es posible advertir allí una saturación de discursos tendiente a instalar el monolingüismo en relación a la sustentabilidad de la minería a gran escala.26 “La Segunda Reconstrucción de San Juan” fue el nombre que recibió la plataforma de gobierno de Gioja, plan estratégico basado en la “promoción y reactivación” de diversos sectores productivos (Agroindustria, Ganadería, Turismo) donde la denominada “Nueva minería” ocupa un lugar central. Esta consigna estableció un hito a partir del cual ha comenzado a operar el mito de refundación de la provincia, que tiene asegurada su vigencia luego de ser reelecto Gioja en agosto del 2007. “En ese programa, dijimos que uno de los pilares del desarrollo, del crecimiento sustentable de la provincia, tenía que ser el desarrollo minero”27. El compromiso que el gobierno asume con la sociedad sanjuanina supone una dimensión pragmática, la promesa de un poder-hacer que contribuye a legitimar al enunciador inscribiéndolo en el pivote presente-futuro; el presente de “la transformación histórica” en vías hacia un “futuro venturoso”. “(…) hacer minería significa desarrollarnos, para que juntos reflexionemos que la riqueza guardada no sirve, que tenemos que transformarla en progreso para nuestra gente, en posibilidades de realización para los sanjuaninos”28. La concepción de la minería como principal operadora del progreso viene impulsada mediante un glosario que coloca positivamente a la actividad extractiva en esta nueva etapa de la Argentina donde retorna con fuerza hegemónica el mito del desarrollo como superador de la crisis 2001-2002. Al mismo tiempo, se busca suscitar la esperanza colectiva como relevo de la indignación y escepticismo -experimentados durante el estallido social- conjurando, así, la necesaria aceptabilidad y legitimidad de la megaminería.29 Este vocabulario específico (“desarrollo sustentable”, “responsabilidad corporativa”) – que, como veremos, viene instituido desde la esfera privada- elide toda polémica en torno a los riesgos de contaminación que implica la explotación minera a cielo abierto. Postula así un imposible: “la coexistencia armónica” de diversas actividades económicas; una supuesta compatibilidad y complementariedad que reside en un simple fundamento retórico: el tipo de minería impulsado por el gobierno responde “en todas sus formas al concepto de un desarrollo minero ambiental y socialmente sostenible, sustentable y responsable”30. Esta política de nominación que rehuye mencionar y problematizar el potencial impacto ambiental contribuye a legitimar los métodos extractivos de la “Nueva minería” que son, en realidad, repudiados y denunciados en canales alternativos de difusión31 no sólo por diversas agrupaciones ambientalistas sino también por un amplio sector de trabajadores del resto de las áreas productivas de la provincia32 y por los vecinos de las comunidades que se ven afectadas por estos proyectos33. En relación a esto, debemos mencionar que en San Juan se experimenta un avance de la “criminalización de la protesta”, en términos de Svampa, luego de sancionarse, de manera unánime, la ley 7.819 que pena cualquier manifestación pública en oposición a la política oficial34. Esta homologación de la protesta social al delito -instituida con fuerza de ley-

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En esta provincia existen actualmente alrededor de 30 proyectos mineros en exploración y explotación llevados a cabo, en su gran mayoría, por capitales canadienses. “VII Conferencia de Ministros de Las Américas. Discurso del Gobernador José Luis Gioja”. 07/05/05 http://www.sanjuan.gov.ar/prensa/archivo/2005_05.html 28 Ibídem. 29 Antonelli, Mirta. “La esperanza hegemónica: narrativas utópicas y cartografías del ‘desarrollo’. Imaginarios de comunidad, sociedad y ambiente posibles”. V Jornadas de encuentro interdisciplinario. Las ciencias sociales y humanas en Córdoba. Facultad de Filosofía y Humanidades. UNC, 2007. 30 Gioja, J: “Nos espera un futuro venturoso”, Diario de Cuyo, 07/05/06, S/D. 31 Por ejemplo, la página Web de NO a la Mina. http://www.noalamina.org/ 32 Entre los que se encuentran la Asociación de Viñateros y Productores agropecuarios de San Juan 33 Autoconvocados Calingasta, Madres Jachalleras-Autoconvocados Jachal, Salve San Juan, Asamblea Sanjuaninos No al Saqueo y la Contaminación, entre otras. 27

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El artículo 113 de dicha ley castiga con arresto o multa en los siguientes casos: “Será sancionado, conjunta o alternativamente, con pena de multa de cien (100) a trescientos (300), instrucciones especiales, trabajos de utilidad pública, clausura y/o arresto de hasta treinta (30) días:

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sumada a la construcción de un aparato discursivo estratégico -tendiente a prever y modular la emergencia de voces divergentes- dan cuenta de una profundización de las formas de control social en las sociedades contemporáneas que buscan capturar el acontecimiento, la diferencia, el devenir. Por otro lado, en los discursos de Gioja, San Juan es construida como una provincia “predestinada” para la minería por su realidad geográfica: Tenemos nuestras montañas que cubren más de un 80% de la superficie de la provincia, entonces no podemos dejar de decir que nuestro desarrollo, las oportunidades de realización de muchos sanjuaninos van atadas de la mano de la actividad minera.35 El gobernador coloca a la “Naturaleza” como fuente de legitimación de la decisión de convertir a San Juan en provincia minera, decisión política que no responde a un mero dato de la realidad sino que está subordinada a las reglas de juego determinadas por el capital. En esta apelación constante a la naturaleza como dadora de oportunidades para el crecimiento económico jamás se indica que los métodos utilizados en la actividad extractiva actual implican una alteración radical del paisaje cuyano (además de la irreversible contaminación y el uso indiscriminado de agua y energía subsidiadas). El gobierno provincial se convierte, así, en un agente activo (socio y cómplice)36 en esta nueva etapa de explotación de minerales ya que garantiza al sector privado condiciones ideales para la inversión: Desde esta visión institucionalizamos (…) la libertad de acceder sin ningún tipo de trabas burocráticas a la prospección y exploración que han permitido ir identificando nuestro potencial geológico, avanzando en todos aquellos aspectos legales que no generarán una discriminación entre un inversionista nacional y extranjero.37 En este sentido hablamos de Estados tecnocráticos o técnico-administrativos cuyo fin es responder a las exigencias de un mercado fluctuante, razón por la cual su eficacia se mide, exclusivamente, en términos de gestión y administración. En el marco de esta apertura y ofrecimiento de la provincia a los inversores extranjeros, hay una construcción filantrópica del empresariado: (…) el primer paso de este camino nuevo es la certeza de estar dando el ejemplo para que otras empresas de nivel mundial, como hoy Barrick, vengan a San Juan para ayudarnos a que la

1º) El que anunciando desastres, infortunios, o peligros inexistentes provoque alarma en lugar público, de modo que pueda llevar intranquilidad o temor a la población. 2º) El que con música, ruidos o gritos, vibraciones o abusando de instrumentos sonoros o ejerciendo un oficio, industria o comercio ruidoso, de modo contrario a la legislación vigente, provoque ruidos que por su volumen, reiteración o persistencia, excedan la normal tolerancia, perturbando el descanso, la convivencia, la actividad laboral o la tranquilidad de las personas. 3º) El que organice desfiles, manifestaciones o reuniones públicas multitudinarias al aire libre o en local cerrado, sin dar aviso a la autoridad policial para que implemente las medidas de seguridad que el caso requiera. 5º) El que en una reunión pública de carácter político, religioso, social o de otra índole, moleste o cause desorden con demostraciones hostiles o provocativas o arroje líquido u objetos. 6º) El que realice reuniones tumultuosas en perjuicio de la tranquilidad de la población o en ofensa de persona determinada. 35 “VII Conferencia de Ministros de Las Américas. Discurso del Gobernador José Luis Gioja”. 07/05/05 http://www.sanjuan.gov.ar/prensa/archivo/2005_05.html 36 En el marco del proceso de dislocamiento entre lo público y lo privado que estamos analizando, vale la pena aclarar que el actual gobernador de San Juan, José Luis Gioja y su hermano César Ambrosio Gioja, senador nacional, son los dueños de la industria Bentonita Santa Gema, que provee de insumos mineros a empresas como Barrick Gold y Techint. Ver www.bentonita.com.ar 37 Gioja, J: “Nos espera un futuro venturoso”, Diario de Cuyo, 07/05/06, S/D.

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riqueza escondida bajo la tierra se transforme en oportunidades para quienes vivimos sobre ella38. Esta benevolente caracterización del sector privado resulta absurda si la comparamos con el “Código minero”, garante de un saqueo sin precedentes ya que establece, entre otras cosas, que el Estado se encuentra inhabilitado para realizar tareas de exploración y explotación en el territorio nacional. Esta autoinhibición del Estado para disponer de sus propios recursos naturales se corresponde con la idea de Lewkowicz del Estado atravesado por los poderes destituyentes del capital. Observamos, a su vez, la ausencia de cualquier mención a la década de los ´90 donde precisamente se encuentran las condiciones de posibilidad jurídicas para que las empresas lleven a cabo proyectos mineros de carácter transnacional en Argentina. Gioja expresa: “Tenemos leyes, reglamentaciones, un marco jurídico del que tengo el orgullo de haber participado en su realización está vigente en la Argentina”39. Estas deliberadas omisiones confirman la pérdida de eficacia histórica del paradigma neoliberal que caracterizó la década anterior; pero, al mismo tiempo, constatan la permanencia de sus políticas, leyes, efectos, revalidados en el discurso de Gioja cuando hace referencia al “Marco legal de la Estabilidad Jurídica”40. El enunciador Gioja sí enfatiza que ese “Marco legal” se articula con el Plan Minero Argentino como política de Estado nacional y provincial irrenunciable, consolidándose, en la voz del enunciador, la narrativa utópica del desarrollo:”A cuatro o cinco años de aquella crisis hoy hay otra Argentina (…) Una Argentina que está creciendo y dentro de esta Argentina está mi provincia que no quiere quedarse atrás”41. En esta etapa de refundación de la provincia, el Gobierno confecciona su propia genealogía mediante la cual establece una continuidad entre “el pasado glorioso” representado en la figura de Sarmiento -uno de los más importantes planificadores del proyecto moderno- y la actual gestión, que ha promovido y concretado la instalación de emprendimientos mineros de gran envergadura en la provincia. Gioja evoca y cita recurrentemente a este pro-hombre, también sanjuanino, en relación a quien se construye, autolegitimándose, como heredero de un proyecto de país: Sarmiento ya lo decía cuando en su discurso pronunciado en la Asamblea Legislativa del 22 de junio de 1862 expresaba: -La naturaleza nos ofrece un nuevo camino por donde salir de este estancamiento y ese camino son las minas-qué simple! (…) La puesta en producción de Veladero representa un hecho histórico para San Juan y para el País; se necesitaron 136 años para decir, comenzamos, por fin, comenzamos (…)42 Esta operación discursiva se presenta como una estrategia de legitimación de las prácticas mineras actuales llevadas a cabo por capitales extranjeros y apunta a soslayar las diferencias cualitativas entre los métodos extractivos43 que emplean las empresas transnacionales radicadas en el país y la minería que, antaño, impulsaba Sarmiento. El sintagma “la segunda reconstrucción de San Juan” funciona como un condensador simbólico de la articulación del presente (como lugar de enunciación y, por consiguiente, de significación) con el pasado y con el futuro. Implica, entonces, un doble movimiento, por un lado, retrospectivo, hacia los albores de la patria, donde se gestaron los primeros mitos que 38

“VII Conferencia de Ministros de Las Américas. Discurso del Gobernador José Luis Rioja”. 07/05/05 http://www.sanjuan.gov.ar/prensa/archivo/2005_05.html 39 Ibídem. 40 El actual gobernador de San Juan, autoproclamado kichnerista, es un exfuncionario menemista y, como se lee en la cita, uno de los autores del “Código Minero” que goza de plena vigencia en la nueva era donde la retórica oficial se caracteriza por repudiar las políticas neoliberales de los ´90. 41 Palabras del gobernador de San Juan, José Luis Gioja, en el evento Argentina Oro 2006. Ver: http://www.argentinaoro.com.ar/home.htm 42 Ibídem. 43 Lixiviación con cianuro y otros variados compuestos tóxicos, voladuras, etc (Ver en Tribunal a la Minería Transnacional: El caso Barrick Gold Corp. en Latinoamérica (Chile, Perú, Argentina) en www.noalamina.org 43 Por ejemplo, la página Web de NO a la Mina

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vinculan a la minería con el progreso. Por otro lado, proyectivo, hacia el “futuro venturoso” que, según palabras de Gioja, le aguarda a la comunidad toda. (…) queremos, en definitiva, hacer realidad dos grandes visiones: la que hace casi un siglo y medio tuviera Sarmiento y la visión actual de ese país federal, moderno y productivo que hoy el presidente Kirchner está construyendo día a día en la Argentina44. Esta utopía promesante vehiculiza la esperanza como única pasión colectiva válida ya que viene legitimada por el discurso hegemónico. Decimos, entonces, que la narrativa dominante del desarrollo actúa clausurando la posibilidad de emergencia de otros modos de decir, hacer y sentir, de otros mundos posibles en esta nueva etapa del Estado impactado por los poderes destituyentes del capital.

Usos de la utopía en el discurso empresarial En este apartado, analizaremos el discurso de las mineras Barrick Gold Corporation45 y Bajo La Alumbrera Ltda.46, deteniéndonos particularmente en sus páginas Web, ya que podemos leer en esos espacios virtuales cómo se construyen las empresas como enunciadores en donde “hablan” sobre sí mismas, configurándose como empresas socialmente responsables, y en donde se “muestran” en su accionar interviniendo en las comunidades locales. El propósito es anudar al discurso político analizado hasta ahora el discurso empresarial para advertir cómo éste, desde su especificidad, refuerza la narrativa utópica después de la crisis del 2001. Cabe aclarar que los materiales analizados forman parte de un género discursivo específico que se denomina página institucional. Este espacio virtual soporta y escenifica la construcción de la identidad corporativa poniendo en juego un repertorio de enunciados, estrategias discursivas y tópicos fundamentales que se articulan en torno a la construcción de la identidad/imagen empresarial y, en consecuencia, responden a las siguientes indagaciones: quiénes somos, qué hacemos y cómo lo hacemos. La página institucional ofrece una serie de links internos con un contenido rígidamente codificado por el género que construye el ser y el hacer de la empresa. En el orden del ser, los siguientes ítems responden a la ontológica pregunta ¿quiénes somos?: estructura, misión, visión, valores e historia. En el orden del hacer, los links se multiplican para explicar, mostrar y demostrar qué hace la empresa y cómo lo hace. De este modo, se enuncian todas las operaciones presentes pasadas y futuras de la empresa y se explica el modo en que las mismas son puestas en práctica. En este punto, se despliegan los tópicos “responsabilidad social”, “políticas de preservación ambiental”, “desarrollo sustentable”, “salud y comunidad”, “desarrollo comunitario”, “políticas de seguridad y salud”, etc. Todos estos elementos, desarrollados con un léxico específico, forman parte del paradigma temático “responsabilidad social corporativa”47. 44

“VII Conferencia de Ministros de Las Américas. Discurso del Gobernador José Luis Rioja”. 07/05/05 http://www.sanjuan.gov.ar/prensa/archivo/2005_05.html 45 Barrick Gold es una empresa transnacional con sede central en Canadá. Actualmente, lleva a cabo 27 proyectos y operaciones de explotación minera en diferentes regiones del mundo, pero plantea que Sudamérica constituye “un área estratégica para el crecimiento futuro de la empresa” (www.barrick.cl/quienes/historia.php). En 1993, Barrick inició sus actividades en Perú, un año más tarde en Chile y en 2001 en Argentina. Actualmente, Sudamérica representa un tercio de sus reservas mundiales. 46 Bajo la alumbrera, ubicada en el departamento de Andalgalá en el oeste catamarqueño, de propiedad de Yacimientos Mineros de Agua de Dionisio (YMAD) -una sociedad compuesta por el gobierno de la Nación, el gobierno de la Provincia y la Universidad de Tucumán-, entabló un acuerdo transitorio con empresas de capitales extranjeros para realizar la explotación de la mina. Xstrata Plc de origen suizo (posee el 50% de las acciones), Goldcorp Inc (37,5 % de las acciones) y Northern Orion Resources Inc (12,5%) de capitales canadienses, componen, actualmente, la empresa Bajo La Alumbrera Ltda. 47 Cabe aclarar que existe un aspecto de las normas ISO referido a la “responsabilidad social” que la define como: “la responsabilidad de una organización respecto de los impactos de sus decisiones y actividades en la sociedad y el medio ambiente, por medio de un comportamiento transparente y ético que sea: consistente con el desarrollo sustentable y el bienestar general de la sociedad; considere las expectativas de sus partes interesadas; esté en cumplimiento con la legislación aplicable y consistente con normas internacionales de comportamiento; esté integrada a través de toda la organización.” (Cfr. www.vincular.org/index/base0.php?id_secciones=9)

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En consecuencia, la operación discursiva de las empresas consiste en enmarcar todas sus acciones bajo un paradigma temático que las significa. Así, la “responsabilidad social corporativa” adquiere el estatuto de una filosofía, en palabras de la empresa, que justifica y fundamenta su accionar.48. En este marco, se pone en escena una serie de acciones y proyectos tendientes a favorecer a la comunidad de manera directa e inmediata y a desarrollar la macroeconomía del país. Este rasgo que forma parte de la plataforma de las empresas se configura en relación a la carencia como producto de crisis económicas en el país. En este sentido, la apertura de la empresa Bajo La Alumbrera se produjo en la década del noventa, cuando el país presentaba los índices más altos de desocupación. Así, una de las estrategias utilizadas para capturar las expectativas de la sociedad fue la de las posibilidades laborales que se abrían y produjo, a su vez, que se desoyeran las voces impugnadoras de estos megaproyectos por ser contaminantes49. Enfatizar la cantidad de puestos de trabajo es una estrategia que reaparece de modo reiterativo en los discursos de los gobernadores, presidentes, funcionarios y de las empresas buscando la legitimidad necesaria para llevar adelante los proyectos. Actualmente, la empresa tiene unos 1.800 trabajadores y un promedio de 8,3% de empleos indirectos por puestos de trabajo directo, mientras que durante la construcción de la planta, entre 1995-1997, se contrataron a 4000 trabajadores. La empresa legitima su accionar al señalar que: a) “El 50% de los ocupados por el proyecto en el Área Primaria de Impacto (API) estaban desocupados antes de su ingreso al proyecto”; y b) “El 35% de los nuevos puestos de trabajo directos creados en el API durante la década del ‘90 corresponden al proyecto minero”50. En esa autolegitimación que realiza la empresa y su decisiva incidencia en las políticas económicas y sociales del país, no discrimina cuáles de esos trabajos son ocupados por profesionales foráneos y cuáles no, siendo éste uno de los tantos puntos cuestionados por “voces del no” al no incorporar a los habitantes de la zona. Por su parte, la empresa Barrick Gold arribó a Perú a comienzos de la década del ’90 y desde entonces se fue instalando progresivamente en Chile y Argentina. Actualmente, lleva a cabo operaciones de explotación minera en Pierina (Perú), Lagunas Norte (Perú), Zaldívar (Chile) y Veladero (Argentina). A diferencia de la empresa Bajo La Alumbrera, la página institucional de la Barrick no le otorga un lugar privilegiado a la cantidad de puestos de trabajo. Dicha estrategia únicamente es utilizada en el caso de Pierina, donde se enfatiza que actualmente Barrick “emplea a 440 trabajadores, de los cuales el 98% son peruanos”51 y que además “da trabajo en forma rotatoria a un promedio 450 pobladores provenientes de las comunidades aledañas que se desempeñan en actividades complementarias, tales como reforestación, control de erosión y obras de desarrollo para sus propias comunidades”52. Con respecto al tópico “empleo”, el énfasis está colocado en la seguridad y salud de los trabajadores. De este modo, se enuncia que todas las prácticas de la empresa en materia de seguridad y salud laborales estuvieron guiadas por una consigna: “Cada persona de regreso a casa sana y salva todos los días”. Tal como hemos visto anteriormente, el discurso de la empresa coloca las prácticas en una relación de determinación con respecto a enunciados generales que funcionan como principios de acción. En consecuencia, todas las prácticas en materia de salud y seguridad aparecen homogeneizadas por un principio teleológico que las abarca y les atribuye, de este modo, la propiedad de “cuidado del trabajador”.

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De este modo, la filosofía aparece como algo lógicamente previo y determinante con respecto a las acciones de la empresa; en consecuencia ninguna acción de la empresa podría escapar a ella: “En Argentina, tal como lo hacemos en todo el mundo, Barrick trabaja bajo la filosofía de Minería Responsable, la cual -entre otras cosas- implica que estamos comprometidos a desempeñar nuestro trabajo de manera segura y a cumplir o superar los requisitos regulatorios para cuidar el medio ambiente.” (www.barrick.cl/preguntas/veladero_detalle.php) 49 “Hace diez años yo di la bienvenida a la Alumbrera. Creía que era signo de progreso. Todos estábamos felices. Pero fue el error de mi vida. Todo fue mentira: no dieron trabajo, trajeron más pobreza y contaminaron todo. Nos están matando, en serio, se lo juro”, palabras expresadas por Urbano Cardozo, integrante de los vecinos Autoconvocados de Andalgalá, al diario Página 12. “La guerra del oro catamarqueño”, Página 12, 18/12/ 2005 http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-60635-2005-12-18.html 50 Cf. http://www.alumbrera.com.ar/rrhh-empleo.asp 51 Cf. http://www.barrick.cl/operaciones/pierina_informacion.php 52 Cf. Ibídem.

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Otro aspecto de los procedimientos de autolegitimación lo constituye la construcción de la empresa como un espacio donde los empleados pueden desarrollar al máximo sus capacidades. El discurso empresarial se vale de componentes léxicos del campo deportivo construyendo a Barrick Gold como el lugar de las oportunidades para consolidar una “carrera profesional” gracias a las posibilidades de “entrenamiento” con las que se compensa a los trabajadores por su desempeño53. A modo de casos ejemplares, la página central de la empresa incorpora la voz testimonial de algunos empleados de diferentes puntos del mundo que cuentan las razones por las cuales se unieron a la empresa y los beneficios que esto les produjo en su carrera profesional54. En la misma línea de sentido, la página de Barrick tiene un espacio destinado a la recepción de currículum vitae titulado “Trabaja con nosotros”. Así, la empresa se construye como una oportunidad abierta a todo aquel que tenga deseos de progresar. En el caso de Bajo La Alumbrera, podemos ver la construcción de la empresa como un espacio de oportunidades para el desarrollo y crecimiento en algunos relatos de historias de vida que son incorporados en la página de manera complementaria. Uno de los links nos envía a una nota publicada en la revista Gente de 2005, bajo el título “Y pensar que algunos creen que son el sexo débil”, donde se narran las historias de vida de mujeres que trabajan en la mina. El texto está acompañado por fotografías en las que estas mujeres aparecen mostrando sus cuerpos rodeados por las dantescas maquinarias y la geografía explotada como telón de fondo. Las historias de Sandra, Martha, Teresa y Marita, encargadas de tareas generalmente delegadas a hombres, se caracterizan por sufrir una trasformación positiva al ingresar a trabajar en la mina. La historia de Sandra, madre soltera del departamento Belén, es presentada como la de la mujer carente de todas posibilidades de desarrollo y crecimiento hasta que su ingreso a la empresa produce un cambio en su vida ya que mediante una serie de pruebas fue ascendiendo: se inició como lava copas, manejó luego unos gigantescos camiones de siete metros de alto y trabaja ahora con las perforadoras que abren la tierra para colocar los explosivos. De esta manera, el acento en ese artículo recae por un lado en que la empresa no escatima las posibilidades de trabajo tanto en hombres como en mujeres, mientras actúen como sujetos eficientes, y en segundo lugar, los beneficios económicos que reciben los trabajadores, gracias a la empresa, en un marco social pobrísimo. “Sandra, los ojos indios, sangre atacameña corriendo por el cuerpo, 2.300 pesos de sueldo que son una bendición en la Argentina desempleada -y ni hablar de lo que significa en Belén, provincia de Catamarca-, encontró su lugar en el mundo: una mina de oro y cobre que le dio vuelta la vida”55. En este relato puede percibirse cómo desde una singularidad se produce una transformación cualitativa, un crecimiento, un desarrollo, que se engarza con la narrativa utópica, pero no desde los índices de la macroeconomía, sino a través de las historias de vida, mientras que se refuerza la legitimación de la empresa como responsable de su accionar. La “responsabilidad social empresaria”, sintagma utilizado por la empresa, está caracterizado, en sus mismas palabras, como “el compromiso de la empresa de contribuir al desarrollo sostenible con la participación de sus grupos de interés, a fin de mejorar la calidad de vida de la sociedad en su conjunto”56. Esta definición es polémica al expresar el objetivo de “mejorar la calida de vida”, cuando se viene demostrando de modo sostenido por “las voces del no a la minería” los efectos dañinos que afectan a las comunidades. Bajo La Alumbrera dispone de un conjunto de proyectos de intervención en la comunidad entre los cuales están los de ayuda productiva regional para los cultivos (mencionamos algunos: nogales, vid, comino, anís, etc.), desarrollando un trabajo articulado con el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA). En esta intervención, la empresa se autolegitima por su compromiso social, por las posibilidades de desarrollo que ofrece. De todos modos, aquí se puede percibir lo controvertido de dicho accionar ya que en todos estos proyectos se requiere de recursos hídricos necesarios para que puedan prosperar, recurso 53

Cf. http://www.barrick.cl/minera/relaciones_empleados.php Cf. http://jobs.barrick.com/why-join-barrick.html 55 Cf. Seselovsky. A “Y pensar que algunos creen que son el sexo débil” http://www.alumbrera.com.ar/download/articulos/RevistaGente.pdf 56 Cf. http://www.alumbrera.com.ar/Responsabilidad_Social.asp 54

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escaso que la empresa utiliza de manera discrecional57. Por lo tanto, mientras pregona por la defensa de proyectos de cultivos donde se requiera del agua, se muestra como una empresa que pone en juego este recurso vital. Esta minera extiende su intervención a proyectos educativos ayudando a alrededor de 150 escuelas aportando materiales didácticos, colaborando con talleres de distinto oficios y charlas sobre medio ambiente58. Bajo La Alumbrera dicta un curso de educación ambiental con el objetivo de promover el cuidado de los recursos naturales de la región y otorga pasantías a estudiantes de escuelas técnicas y de la universidad59. A su vez, la salud se encuentra como otro de los ejes de intervención en la comunidad, colaborando con 70 centros de salud a través de la entrega de medicamentos, apoyo de vacunación y asistencia por epidemias y emergencias60. En el caso de Bajo La Alumbrera, a partir del análisis de su página, advertimos que el acento está puesto en dar cuenta detalladamente de su participación en la comunidad, interviniendo en ámbitos como la educación y la salud. En sus estrategias, se refuerza la imagen de un agente activo, responsable, previsor. En este énfasis, la empresa está respondiendo indirectamente a los cuestionamientos de los “grupos del no”, con una necesidad cada vez mayor de presentarse como una “empresa socialmente responsable”. En ambas empresas, la rúbrica “minería socialmente responsable” y “desarrollo sustentable”, funciona, como indica Mirta Antonelli, “como reaseguros a priori para enmarcar la economía extractiva trasnacional mediante la evocación del principio jurídico de responsabilidad ante terceros -compromiso de no daño- y, a la vez, la postulada naturaleza filantrópica del empresariado sensible a las necesidades y deseos de la sociedad y las comunidades bajo explotación61”.

La tierra del porvenir y la ciudad utopía Existe, en la tradición occidental, un acervo de narraciones utópicas productoras de representaciones que “construyen y codifican la felicidad social” (Baczko, 2005: 67). En este apartado, analizaremos algunas estrategias de apropiación y uso de componentes de dicho repertorio narrativo de utopías por parte del discurso de las empresas. La página de Barrick Sudamérica abre su presentación con un planisferio marcado con 27 pequeños círculos semejantes a los que se utilizan para situar las capitales de los países que, en este caso, representan los asentamientos de la empresa en el mundo. El mapa no presenta las líneas divisorias de los países, sino sólo dos colores: blanco para Sudamérica y ocre para el resto del mundo. Sobre el fondo blanco del territorio sudamericano se dibujan tres círculos opacos del mismo color del fondo de la página. En cambio, sobre el fondo ocre del resto del mundo, los círculos aparecen en un brillante dorado. Los tres círculos de Sudamérica son iluminados, uno tras otro, por una especie de onda expansiva dorada que nace en el núcleo de cada círculo con un color dorado intenso que va menguando a medida que se expande hasta desaparecer. Cada una de estas iluminaciones va acompañada del nombre de los países donde están asentados dichos círculos: Perú, Argentina, Chile.

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Alumbrera cuenta con un permiso de extracción de 1.100 litros por segundo, es decir 66.000 litros por minuto: casi cuatro millones de litros por hora en una zona semidesértica. Cf. “Agua que no has de beber”, Página 12, 18/12/ 2005. En el traslado de los minerales por el mineraloducto hacia la provincia de Tucumán se han producido derrames que contaminaron las aguas subterráneas. En setiembre del 2004 se produjo el primer derrame reconocido por la empresa y luego continuaron otros más durante el 2006 y el 2007. De esta manera el recurso del agua se constituye en uno de los tópicos de las disputas entre la posición de la empresa y los discursos del no. 58 Cf. http://www.alumbrera.com.ar/Resp-Prog-Educacion.asp 59 Uno de los casos presentados en la página Web es el de un joven catamarqueño que se encuentra en la etapa final de la carrera de Ingeniería en Minas y que, por medio del Programa Europeo de Ingeniería en Minas, estudió durante nueves meses en universidades europeas (EMEC). 60 http://www.alumbrera.com.ar/Resp-Prog-Salud.asp 61 Antonelli, M. “El discurso de la ‘minería responsable’ y ‘el desarrollo sustentable’: notas locales para deconstruir políticas que nos hablan en una lengua global”. Revista Alfilo Nº 20. http://www.ffyh.unc.edu.ar/alfilo/alfilo20/opinion.htm

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Son numerosos los relatos de la tradición europea que construyeron a América como la tierra virgen o la tábula rasa (recordemos, por ejemplo, las crónicas de los primeros conquistadores) que aparecía como el escenario ideal donde erigir la soñada sociedad próspera y feliz. Estos relatos construían a América como el espacio de recursos exuberantes e inexplotados, donde todo estaba por hacerse. El mapa que hemos descrito actualiza esta representación ubicando a Sudamérica como el territorio blanco, virgen de explotaciones, en contraposición al resto del mundo que aparece como el territorio ocre (perteneciente a la misma gama que el oro), donde el oro ya ha sido sacado a la superficie. De esta manera, es ahora la empresa quien adquiere el estatuto de descubridor de una tierra inexplorada e inexplotada que conserva oculta, bajo la superficie, el tesoro dorado. Barrick cuenta en su haber con la experiencia de haber sido la empresa que ya sacó a la superficie el oro del resto del mundo dorando el territorio con sus riquezas. Ahora, ha llegado el turno de pintar de oro el territorio blanco de Sudamérica, esto es: desocultar el oro para que todos nos podamos beneficiar con él. En este punto, la utopía de la Barrick plantea una noción de beneficiario que se extiende a todos los pobladores de las comunidades aledañas a los yacimientos y a todos los ciudadanos, ya que el oro motorizará el desarrollo de la economía nacional. Como hemos analizado, su discurso redunda en los beneficios para las comunidades y el país que otorgará la actividad minera. A esta imagen del mapa latinoamericano, podemos agregar una segunda, la de la ciudad como espacio idílico. Ese lugar es construido por Bajo La Alumbrera mediante un conjunto de fotografías que muestran la combinación de la monumental naturaleza con las obras de ingeniería. La empresa, bajo su política de recursos humanos –buscar el bienestar de los empleados creando un ambiente saludable y libre de lesiones, la diversidad cultural, un buen ambiente de trabajo, etc.- ha desplegado un sofisticado complejo donde habitan los empleados y que incluye las respectivas habitaciones como así también, un cine, un gimnasio, un club, etc. Este espacio interno se convierte en una mini ciudad exclusiva, su ingreso es restrictivo ya que la geografía misma imposibilita su acceso, además de los controles en la zona y, a diferencia de las ciudades modernas caracterizadas por los flujos comunicacionales, se presenta como “incontaminado por el afuera”. Otro de los componentes del género de la utopía es la delimitación de una determinada ciudad donde se habita armónicamente y que se contrapone con los territorios ya conocidos, corrompidos por las relaciones humanas. Así el uso de las narrativas utópicas siempre estuvo asociado a las posiciones críticas de las sociedades modernas y postulaban un ideario libertario. En la página de Bajo La Alumbrera hay una configuración discursiva de su espacio que se aproxima a las características de los relatos utópicos en tanto delinea una ciudad insular, la cual posee todo para dar de sí, desarrollarse, y que mantiene una distancia con lo dado. No todos pueden llegar y no todos son admitidos. Una de las historias de vida de las mujeres es presentada al inicio, como decíamos, desde la carencia, “no tenía nada” y “agarró el asfalto y dejó allí su constancia: cien kilómetros de un largo paso a paso al Bajo de la Alumbrera, donde alguien le había dicho algo de una mina, una empresa, un empleo”62. Esa caminata es presentada como el pasaje a ese otro y nuevo lugar, el de la transformación cualitativa. Aparecen otros rasgos comunes como la planificación y la organización de la vida, donde el tiempo del trabajo y el del ocio están definidos en horas y espacios fijos. De esta manera, reconocemos que a través de ese mapa latinoamericano y de esa ciudad hay una construcción utópica, pero desde una sede empresarial, que reactiva todo un conjunto de representaciones en donde se ponen en funcionamiento pares binarios como interioridad – exterioridad y explotado – explotación.

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Seselovsky. A “Y pensar que algunos creen que son el sexo débil” http://www.alumbrera.com.ar/download/articulos/RevistaGente.pdf

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EL SUEÑO MINERO: UN ANÁLISIS DE LA NARRATIVA UTÓPICA DEL DESARROLLO. FACUNDO BOCCARDI, SILVINA GOIVANNINI, MAURO ORELLANA, DOLORES ROCCHIETI. (pp. 56 – 72).

Conclusiones En Argentina, desde la asunción de Néstor Kirchner, advertimos la emergencia de lo que hemos dado en llamar la narrativa utópica del desarrollo que, mediante una retórica antineoliberal pero con todo el marco jurídico normativo de los años noventa (contexto en que se produjeron las reformas del Estado), postula al presente como un estado de umbral hacia un futuro promisorio. La narrativa, en tanto categoría aglutinadora de las diferentes prácticas discursivas que constituyen el dispositivo de construcción de consenso, nos permitió visualizar una doble operación de asignación de sentido al tiempo desplegado desde el Estado y las empresas. Con respecto a la significación del pasado, advertimos que: por un lado, el pasado inmediato es visto como crisis que se intenta superar en el presente; y por otro lado, se rescata eufóricamente el momento fundacional del Estado moderno (particularmente en el discurso de Gioja). En cuanto al futuro, se realiza una proyección utópica que significa al porvenir como tiempo venturoso. A su vez, las empresas mineras, desde sus páginas Web, despliegan una serie de estrategias para poder legitimarse construyéndose a sí mismas como “empresas socialmente responsables”. En estos espacios, también se evidencia una apropiación simbólica del tiempo. En relación con el pasado, que siempre es crítico y carente, las mineras se construyen como agentes que vienen a coadyuvar al crecimiento del país; mientras que el futuro también es configurado como prominente y venturoso. Pero a diferencia del discurso del Estado, ese progreso no es ilimitado sino que tiene fecha de caducidad, esta sería cuando las empresas dejan de producir. A su vez, en la construcción que las empresas hacen de sí mismas, advertimos la presencia de componentes de los relatos utópicos, que lejos de un ideario libertario, funcionan bajo la lógica empresarial. Percibimos, en ambos casos, que esta manera de significar el tiempo que aún no ha acontecido abre un campo de expectativas en el que el deseo y la esperanza, en tanto que pasiones cívicas, serían modelados para posibilitar el consenso sobre la implementación de este tipo particular de minería. La macro operación que realiza el discurso hegemónico, al no problematizar los impactos sociales, económicos y ambientales de la megaminería, forma parte de lo que, siguiendo a Lazzarato, pensamos como una manera de imponer un “mundo posible”. El discurso hegemónico, mediante la narrativa utópica del desarrollo, intenta imponer “un mundo posible” y obturar la existencia de algo “otro” -el cual no es más que otra manera de constituir el lazo social- que no responde a los intereses de los poderes destituyentes del capital sino más bien a la “resistencia” y a la construcción de otros modos de vivir.

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EL SUEÑO MINERO: UN ANÁLISIS DE LA NARRATIVA UTÓPICA DEL DESARROLLO. FACUNDO BOCCARDI, SILVINA GOIVANNINI, MAURO ORELLANA, DOLORES ROCCHIETI. (pp. 56 – 72).

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CONTRA LA OBJETIVIDAD. EL MITO DE LA NEUTRALIDAD PERIODÍSTICA Y LAS ALTERNATIVAS PARA REPENSARLO. RAQUEL SAN MARTIN. (pp. 73 – 80).

CONTRA LA OBJETIVIDAD EL MITO DE LA NEUTRALIDAD PERIODÍSTICA Y LAS ALTERNATIVAS PARA REPENSARLO AGAINST THE OBJECTIVITY THE JOURNALISTIC NEUTRALITY MYTH AND THE ALTERNATIVES TO RETHOUGHT IT

Mg. Raquel San Martín Universidad Católica Argentina (UCA) rsanmartin@lanacion.com.ar Argentina

Resumen La objetividad es uno de los valores fundantes del periodismo como profesión. Como desiderátum ético y práctica concreta, la neutralidad y la distancia del periodista frente a los hechos que narra se siguen sosteniendo en las representaciones que muchos periodistas construyen sobre sí mismos. Sin embargo, la propia organización y funcionamiento del campo mediático y la creciente complejidad de los fenómenos de los que debe dar cuenta el periodismo desmienten hoy la posibilidad de la objetividad. A la vez, la neutralidad y la distancia han sido cuestionadas por imposibles pero también por perjudiciales frente al público. Esgrimir la objetividad se ha convertido en un ritual de defensa que esconde la necesaria construcción de realidad que implica el periodismo y la postura institucional, social y profesional de los periodistas frente a los hechos. El artículo recorre estos cuestionamientos y describe las alternativas que se han ido proponiendo para reemplazar a la objetividad como valor y como práctica concreta, con la idea de que transparentar la inevitable presencia del periodista en el acontecimiento que relata mejora la calidad de su trabajo y a la vez lo obliga a cuestionamientos más profundos y comprometidos.

Palabras claves: Periodismo, Medios de Comunicación, Objetividad, Discurso.

Abstract Objectivity is at the core of professional journalism. Both as ethic goal and as practice, neutrality and distance from the facts keep playing a key role in the self representations of journalists. However, the way in which mass media function and the growing complexity of the issues journalism deals with deny the possibility of objectivity. Neutrality has been contested as impossible but also as negative as regards the public interest. Asserting objectivity has developed into a defensive ritual that hides the construction of reality journalism implies and the institutional, social and professional placement of journalists covering any issue. The article describes this debate and the alternatives that have been put forward to replace objectivity as value and as practice, arguing that making journalists’ presence evident improves the quality of their work and faces them with deeper dilemmas.

Key words: Journalism, Mass Media, Objectivity, Discourse.

(Recibido el 19/11/07) (Aceptado el 08/03/08)

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Introducción

E

l periodismo carga con la demanda de objetividad como parte de su deber ser. En sus inicios más formalizados como actividad profesional se entendió que el periodista debía volverse transparente y transmitir los hechos tal cual eran, con la mínima interferencia de su presencia frente a ellos. Con el paso del tiempo y la creciente complejidad de sus modos de organización y de los fenómenos que aborda, el periodismo ha visto esta pretensión de objetividad cuestionada, al mismo tiempo por humanamente imposible y por poco recomendable. En el modo actual en que se organiza el mundo de los medios de comunicación, sostener la posibilidad de la objetividad resulta difícil. Más allá de las técnicas de trabajo, el propio entorno mediático lo cuestiona. Está hoy ampliamente aceptada la noción de que los medios construyen la realidad más que reflejarla o transmitirla, y que conforman el contexto fundamental de creencias, símbolos y representaciones de las culturas contemporáneas. En este escenario, todas las rutinas productivas de construcción de las noticias desmienten la objetividad: la elección de dar espacio a un tema y no a otro, las voces que se elegirán para comentarlo, el despliegue que se dará a su cobertura, el enfoque que elegirá un medio según su línea editorial, son todas decisiones que implican un modo de mirar que no es neutral ni desinteresado. Por otra parte, se acepta que no sólo la presencia de los medios modifica los acontecimientos, sino que existen verdaderos acontecimientos mediáticos, es decir, preparados para ser cubiertos. Sin embargo, la objetividad continúa siendo una presencia poderosa en el imaginario de los periodistas y en las representaciones que construyen sobre ellos mismos. Paralelamente, desde el propio campo periodístico se han propuesto alternativas más realistas para reemplazarla, que apoyan sus argumentos en la lingüística, la semiótica, la ética, la sensibilidad del periodista y hasta el más llano sentido común. Este artículo se propone recorrer la noción de objetividad en periodismo y las funciones que ha cumplido y cumple como valor fundante para la identidad profesional, que resiste en el imaginario de los periodistas a pesar de todas las evidencias en su contra. Se intentan demostrar, también, los perjuicios que esta persistencia causa en la calidad del trabajo periodístico, y se describen propuestas alternativas para reemplazarla. Más realistas, igual de comprometidos con la función social y una ética para el periodismo, los valores que se postulan como reemplazo de la cuestionada objetividad no hacen más sencilla la tarea. Por el contrario, abren todo un conjunto de nuevos desafíos: entre ellos, demandan del periodista un trabajo consciente sobre su propia subjetividad, el uso inevitablemente ficcional del lenguaje que hace cotidianamente y el valor de su presencia frente a los acontecimientos que está relatando.

La vida de los otros En el periodismo, la objetividad es uno de los elementos clave que sostiene el modelo hegemónico de la prensa y, a pesar de las críticas que ha recibido casi desde su instalación como principio profesional, sigue en buena medida dando forma a los hábitos mentales, actitudes y características personales de los periodistas. En el momento de constitución de la prensa profesional, en el último tercio del siglo XIX y principios del XX, la objetividad se convirtió en la forma aceptada de presentar los hechos al público. El periodismo asumió para sí la función de informar lo que sucedía sin interpretar ni indicar al lector qué debía pensar, un ideal de neutralidad, asepsia y distanciamiento que tuvo correlatos en las rutinas profesionales dentro de las redacciones y en la propia identidad de los profesionales. En ese momento resultó funcional, además, como una temprana “estrategia de marketing”, a través de la cual las incipientes empresas

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informativas demostraron que incluían información aceptable para una gran cantidad de público1. Esta verdadera mitificación de la objetividad, que se instaló como opuesta a las distorsiones ideológicas y subjetivas que serían contrarias a la función informativa de la prensa, se asentó sobre algunos presupuestos: que el periodismo puede y debe ser completamente desinteresado hasta el punto de volverse transparente, que es posible separar la exposición de los hechos de su evaluación crítica y que el público necesita información neutral para poder, sobre esos datos, sacar sus propias conclusiones. Así, la objetividad –como desideratum ético y como práctica exigible en la tarea cotidiana– se prolongó en las imágenes que de sí mismos construyeron los periodistas y dio lugar a uno de sus modelos más extendidos: el del “periodista neutral” y apolítico, que evita juicios personales y cuya intervención pasa desapercibida y deja que la vida continúe como si él no estuviera allí para registrarla (Abril, 1997; Fuller, 2002). A pesar de que ha crecido y se ha difundido ampliamente la noción del carácter sofístico de la objetividad, aún puede identificarse hoy su presencia en dos planos de la actividad profesional: como ritual expresivo y como ritual estratégico (Chillón: 1999). Es decir, en los artificios retóricos y formas de escritura periodística, y a la vez como un elemento clave en las rutinas profesionales que organizan el trabajo cotidiano de transformar la “realidad” en un producto periodístico concreto.

La ficción de escribir La escritura periodística enfrenta al menos dos desafíos. Por un lado, debe atraer y dirigirse a un público sólo interesado de manera superficial en los textos y bombardeado por cientos de estímulos informativos. Por el otro, necesita convencer al lector de que lo que se le cuenta realmente sucedió. Para eso, el lenguaje periodístico utiliza recursos narrativos dramáticos y se caracteriza por su “retórica objetivadora” (Rodríguez Borges, 1998), es decir, por el uso habitual de recursos estilísticos y marcas del discurso que contribuyen a reforzar la imparcialidad del relato y su credibilidad. Estas marcas de veridicción incluyen, por ejemplo, el lenguaje neutro; el uso de cifras y porcentajes; las precisiones sobre fechas, horas y lugares de los acontecimientos narrados; la descripción de hechos en directo; la atribución de citas directas de protagonistas y fuentes; la apelación a testigos directos y a representantes de autoridad. Son estrategias persuasivas que al mismo tiempo excluyen los coloquialismos, el estilo del lenguaje hablado, el uso del yo y la opinión personal. Sin embargo, alerta Restrepo (2001), “todos estos recursos puestos al servicios de la objetividad, de hecho no crean objetividad sino una ilusión de ella, porque es posible aparentar impersonalidad, manejar fuentes, manipular cifras y porcentajes y convertir todas estas tácticas en simples coartadas”. En efecto, en el centro del ejercicio periodístico está el lenguaje, lo que le suma inevitablemente un carácter de construcción ficcional. Desde el llamado “giro lingüístico” en todas las ramas del pensamiento occidental, se acepta que, más que un vehículo para dar cuenta de ideas anteriormente formadas en nuestra mente o para designar realidades objetivas, el lenguaje es el modo en que construimos nuestro conocimiento sobre el mundo. “Conocemos el mundo, siempre de modo tentativo, a medida que lo designamos con palabras y lo construimos sintácticamente en enunciados, es decir, a medida que y en la medida en que lo empalabramos” (Chillon, 1999: 25, énfasis en el original). Desde ese punto de vista, escribir –como hace el periodismo al “traducir” sus experiencias de cobertura en textos preparados para un medio de comunicación– excluye desde el vamos la posibilidad de la objetividad. Como ha señalado George Steiner, “el lenguaje mismo posee y es poseído por la dinámica de la ficción. Hablar, bien a uno mismo o a otro es inventar y reinventar el ser y el mundo” (citado en Chillón, 1999: 41). El lenguaje es un artefacto cultural, es la manera fundamental en la que cada individuo experimenta la 1

Se trata de un modelo desarrollado en el periodismo norteamericano, no tanto en el europeo, que se importó en buena parte de América Latina, nuestro país incluido.

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realidad, y de ese punto parte el periodismo, obligado a una construcción ficcional por la naturaleza misma del lenguaje, una de sus materias primas.

Ritual y defensa Por otra parte, la objetividad ha sido señalada como un valor funcional, que sostiene y justifica las rutinas productivas de los medios de comunicación. La tarea del periodismo de transformar una materia tan inasible como “la realidad” en productos periodísticos concretos en un tiempo acotado demanda la puesta en marcha de mecanismos estandarizados y rutinas artificiales que terminan creando un microclima alejado del mundo que se dice relatar. El discurso de la objetividad serviría como “ritual estratégico de defensa” ante las posibles críticas y distorsiones (Rodrigo Alsina, 1993) y funcionaría como el cimiento que une a la empresa periodística. “Profesionalmente, organizacionalmente y personalmente, el estilo periodístico y la norma de la objetividad captan mejor el espíritu del oficio y los hábitos mentales de los periodistas. Y la norma parece ser compartida por las audiencias heterogéneas y masivas (Chillón, 1999: 48). El discurso objetivo está, además, basado en la paradoja funcional de la profesión periodística: mientras el periodismo se caracteriza por el conocimiento directo y la narración no mediada de los acontecimientos de actualidad, “la organización misma de la actividad periodística conduce a la creación de un ambiente funcional, artificial y separado: el pequeño mundo de las redacciones, la relación con otros colegas”, que termina produciendo un efecto de abstracción e irrealidad (Rodrigo Alsina, 1993: 169). A poco que se reflexione sobre las implicancias del trabajo de informar y se recorran las formas en que se organiza el trabajo periodístico, el ideal de la objetividad se resquebraja y se revela incluso como perjudicial. Para empezar, hoy se acepta ampliamente que, lejos de transmitir imágenes transparentes de la realidad, los medios de comunicación en general, y en particular el periodismo, construyen la información que hacen llegar al público y con su intervención incluso contribuyen a dar forma a los mismos acontecimientos. Hay innumerables mediaciones que condicionan el modo en que el periodismo crea y procesa la información, tales como el ángulo particular desde el que los periodistas miran la realidad; los objetivos, estructura y rutinas de las organizaciones donde ellos trabajan; las condiciones técnicas y económicas de su trabajo, y los conflictos de intereses y luchas de poder que implica la circulación social de información (Meditsch, 2005). “Mientras las reglas de la objetividad prohíben a los reporteros hacer interpretaciones subjetivas, su misma tarea lo demanda. Un dato es una construcción cultural y sólo puede ser comunicado a través de su ubicación en un sistema de significados compartido por periodistas y lectores” (Malkki, 1997: 97). Así, aunque la objetividad se considera la antítesis de la ideología, en realidad se ha transformado en una, ya que la performance discursiva y social de la objetividad, tanto por los periodistas como por los funcionarios y las fuentes, contribuye a enmascarar relaciones de dominación y legitimar el orden existente de las cosas. La ilusión de la objetividad, por otro lado, se debilita en cuanto intervienen las inevitables tomas de posición que supone este trabajo: qué hechos se cubren y cuáles se silencian, a qué fuentes se consulta, con qué criterio se selecciona la información que luego se difundirá, cómo se titula, qué fotografías se utilizan, si el tema tiene lugar en tapa del diario, qué despliegue se da a la cobertura, son todas decisiones cotidianas del trabajo periodístico, en las que se mantienen activas necesariamente las posiciones subjetivas de los periodistas y las influencias de la línea editorial del medio. Estas necesarias tomas de posición que se suceden en el trabajo cotidiano no sólo son inevitables, sino que, como se ha señalado, aceptarlas y transparentarlas resulta beneficioso: como se ha señalado, lejos de contribuir a la credibilidad, la posición supuestamente objetiva de los periodistas perjudica la relación con el público, cada vez más crítico y acostumbrado a la presencia mediática. Un periodista que hace gala de no creer en nada suele menos creíble que el que manifiesta claramente en qué cree y deja claro a su audiencia cómo está enmarcando la información que transmite. Más aún, la objetividad

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puede resultar un impedimento para que los periodistas cumplan su función más propia: atravesar la superficie de las cosas para interpretar y analizar los fenómenos sociales (Restrepo, 2001). En ese sentido, la objetividad contribuiría a reducir las complejidades más que explicarlas; evadir las contradicciones en vez de acercar al lector las dudas y contradicciones inevitables que suponen los fenómenos sociales. “Los principios de la objetividad periodística obligan a los informadores a construir un falso sentido de certidumbre; una visión simplificada y concretizada de la realidad que adormece la curiosidad e inhibe el pensamiento crítico” (Malkki, 1997: 99). Más aún, la objetividad deliberadamente dejaría en las sombras la efectiva influencia política que el periodismo ha tenido sobre la realidad social desde su misma constitución como institución social y empresa comercial, y se habría comportado como “un sofisma de distracción” que impidió ver el papel de la información en la construcción de la democracia. Como ha señalado Miralles (2001: 11), mientras el periodismo ha adoptado casi como slogan la función de ocuparse del “interés público”, paradójicamente ha sostenido con la misma convicción que los hechos son asépticos y ha negado que “en términos de ética pública se trata de hacer visibles los actores que inciden, las razones desde las cuales se construye y los modos en que se manifiesta ese interés público”.

¿Qué dicen los periodistas? Más allá del discurso público sobre la profesión, ¿qué lugar dan los periodistas a la objetividad en su tarea cotidiana? ¿Son conscientes de las dificultades que sostener este ideal tiene en su trabajo? ¿Manejan alguna noción que esté reemplazando de alguna manera a la neutralidad imposible? Una investigación realizada sobre periodistas en los tres principales diarios nacionales de la Argentina demuestra que la problemática está clara en las ideas de los periodistas sobre su trabajo, que la objetividad como tal está cada vez más ausente de su ideal profesional, porque las presiones y condicionamientos variados (políticos, técnicos, organizativos, económicos) obligan a los profesionales a repensar los alcances de su tarea2. Según los resultados, cuando se pregunta a los periodistas por la función social que cumple el periodismo, la respuesta aparece bastante clara en el discurso y surge en general relacionada con dos conceptos: el poder y la influencia social que tiene la actividad, de los cuales son muy concientes, y los estrechos márgenes en los que el periodista se mueve para ejercer su trabajo. Así, aunque en principio los periodistas definen su tarea como la de ser “intermediarios” entre los hechos y la gente, a quien se le hace llegar información y datos para que “tome decisiones” (más en consonancia con el discurso “políticamente correcto” sobre el periodismo), también aparecen visiones menos académicas, como cuando se describen a sí mismos como “testigos privilegiados”, capaces de “manejar información que no maneja el resto”. Sin embargo, del discurso y del diálogo entre los periodistas se desprende claramente que el ejercicio profesional está encuadrado y limitado por muy diversas variables: la línea editorial, las características técnicas del medio, las decisiones de los editores. Incluso, aparecen con fuerza dos condicionamientos novedosos: la “necesidad de impactar” con el trabajo (como si los periodistas hubieran incorporado en su tarea cotidiana las exigencias que impone el marketing del diario) y un lector que le pide al diario más que lo que el medio puede darle. La objetividad, en este escenario, se aleja de las posibilidades reales de los periodistas.

2

“La información como bien público: qué dicen los medios y qué piensan los periodistas” estuvo orientada a sondear las percepciones de los periodistas sobre la función social que cumplen, el alcance de la conciencia de influencia social y el concepto de información que manejan. Se realizó en 2004, mediante focus groups con periodistas de los diarios argentinos La Nación, Clarín y Página/12, en el marco del Programa de Estímulo a la Investigación y Aportes Pedagógicos del Instituto de Comunicación Social de la Universidad Católica Argentina (UCA).

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En ese sentido, la responsabilidad profesional aparece, pero ya no con la impronta de ser “transparentes” frente a los hechos y contar lo que sucede de manera neutral, sino que es una ética acotada al trabajo individual, a la nota como unidad de trabajo, al área que se cubre. Los límites están puestos por las condiciones técnicas y opciones ideológicas del medio, por los lectores, por las fuentes, por los editores, por la sección, por la necesidad de atraer a los lectores. A pesar de la conciencia clara de influencia y poder, el alcance de la responsabilidad del periodista se vive como limitado e individual, porque esos factores que enmarcan el trabajo son vistos más como obstáculos para cumplir con la tarea que como parte de las condiciones corrientes de elaboración de un diario. Se trata, además, de limitaciones naturalizadas, internalizadas a fuerza de trabajar en ese medio determinado.

Alternativas En los últimos años se han propuesto alternativas que, sin negar la necesidad del equilibrio y la honestidad de los relatos periodísticos, hacen lugar a los procesos de construcción que implica la tarea y a la propia capacidad analítica de los periodistas como un elemento beneficioso para el público. Así, por sobre el periodista neutral han ido ganando terreno otros modelos profesionales: el del “periodista orientador”, que más allá de comunicar noticias debe explicar un mundo cada vez más complejo a una audiencia que demanda entender, y el del “periodismo público”, que reconoce como una de sus principales funciones hacer posible el debate de ideas de interés común, permitiendo la expresión de voces distintas. Del mismo modo, la neutralidad imposible se ha relativizado con la exigencia del equilibrio, es decir, la preocupación por dar en las coberturas un lugar equivalente a todas las interpretaciones, opiniones y voces protagonistas e interesadas (Abril, 1997). Se la ha llamado también “honestidad intelectual” (Fuller, 2002: 26), es decir, aquella actitud del periodista que incluye “mentalidad abierta, imparcialidad, el deber de ser honesto respecto al propio razonamiento y respecto a lo que uno sabe y a lo que ignora, la responsabilidad de plantear de la manera más impactante posible las posiciones de aquellos con quienes uno discrepa”. Se trata, en el trabajo cotidiano, de “representar un asunto de interés público en su totalidad”, “jugar limpio con los argumentos de los demás, expresarlos honestamente y presentar los hechos y la lógica que los sustentan” (Fuller, 2002: 27). Entre los extremos igualmente perjudiciales de la información sesgada y distorsionada, y de la noticia aséptica hay un término medio: “contar la historia e interpretarla sin tocarle un pelo a la exactitud, pero al mismo tiempo hacerle sentir al lector que uno está de su lado, que trabaja para él y con él, y que sólo él le importa” (Restrepo, 2001). Más que lograr una postura neutral inalcanzable entre lo que se observa y lo que supuestamente se puede reproducir sin interferencias, el periodismo tiene otro equilibrio que lograr: el que pone en balance la inserción en un fenómeno y la distancia necesaria para contarlo. Es en este continuo y obligado movimiento de ida y vuelta a los fenómenos, este ejercicio de introducirse en una realidad, trasladarse por ella y salir de ella para contarla, lo que mejor caracteriza al periodismo y le otorga su particularidad más precisa. Al mismo tiempo, el periodismo ha revalorizado en los últimos tiempos la sensibilidad del periodista como un elemento de su trabajo, no como sensiblería ni emoción fácil o sensacionalista, sino como aquella conexión empática con las personas cuyas historias cuenta, ese “ponerse en el lugar del otro” que permite entender y contar de manera más fidedigna una historia. Como ha escrito el periodista polaco Ryszard Kapuscinski (2003), recientemente fallecido, “una condición fundamental para ejercer este oficio consiste en ser capaz de funcionar en conjunto con los otros (…). Un periodista no puede ubicarse por encima de aquellos con quienes va a trabajar: al contrario, debe ser un par, uno más, alguien como esos otros, para poder acercarse, comprender y luego expresar sus expectativas y esperanzas”. El periodismo tiene interés por la pequeña escala, por buscar entender qué de nuestra sociedad se encuentra concentrado en un determinado fenómeno, que se conoce

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como acontecimiento noticioso, o que la propia tarea periodística revela y desnaturaliza. Su intención es adentrarse en las experiencias de la gente, mostrar el modo en que la vida es vivida en determinadas circunstancias, en las historias mínimas y cotidianas. Como ha escrito Kapuscinski (2003: 16), “el periodismo está entre las profesiones más gregarias que existen, porque sin los otros no podemos hacer nada. Sin la ayuda, la participación, la opinión y el pensamiento de otros, no existimos (…). Es imprescindible saber ponerse en contacto con ese otro, conseguir su confianza, lograr cierta empatía con él”.

Conclusiones: Política y poética La demanda de objetividad parece inevitablemente superada para el periodismo. Los cuestionamientos atendibles no provienen solamente de la teoría que supone imposible la “desaparición” del periodista como sujeto participante y creador de lo que narra, sino también de los aspectos éticos y políticos que sostenerla supone. Entre otros, como se dijo, oscurecer la influencia política del periodismo (en el saludable sentido de promover el debate público sobre distintas cuestiones). Pero además, las propias voces de los periodistas ayudan a comprender la complejidad del escenario en que hoy se desarrolla la profesión, que obliga a refinar el debate y reemplazar la antigua objetividad por conceptos más matizados, que tomen en cuenta las condiciones concretas del trabajo mediático. En ese sentido, las alternativas que la han reemplazado son más realistas, más complejas y más favorables a un pensamiento crítico, pero al mismo tiempo requieren de los periodistas un ejercicio que no suele ser frecuente: una autoconciencia creciente y despierta sobre su propia intervención y sobre los sesgos inevitables que introducen su formación y su lugar dentro del escenario mediático. Pero también –y quizás sea el reto más complicado que enfrenta– demandan una reflexión sobre la propia subjetividad de los periodistas. Las nuevas metas pueden ser menos totalizadoras y ambiciosas que “contar de manera neutral los asuntos públicos para permitir el debate de ideas”, pero no por eso representan desafíos menores. Al contrario, aceptar la subjetividad dentro del trabajo que se hace, negociar con ella y utilizarla resulta más difícil que dar por sentado la posibilidad de la distancia neutral. Significa, por ejemplo, aceptar que el periodismo también cumple su función cuando logra que el relato de una experiencia humana produzca en el lector “ese tipo de conmoción que lo lleva a salir de su propio mundo para comprometerse con el mundo exterior” (Fernández Pedemonte, 2001). Implica, en ese mismo movimiento, aceptar que el periodismo incluye tanto una “política” como una “poética” de su ejercicio. Es a la vez parte de los discursos que dan forma a los fenómenos sociales (además de investigarlos, revelarlos, narrarlos) y constructor de representaciones sobre los otros, autores-creadores de mundos, viajeros que usan el lenguaje para contarlos.

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PROCESOS POLÍTICOS Y COMUNICACIONALES EN LATINOAMÉRICA EN LOS ÚLTIMOS 50 AÑOS POLITICAL AND COMMUNICATIONAL PROCESS IN LATIN AMERICAN IN THE LAST FIFTY YEARS

Mg. Maria Soledad Segura Universidad de Buenos Aires sole_segura@yahoo.com.ar Argentina

Resumen Procuraré mostrar aquí las relaciones entre las disputas en torno a las políticas comunicacionales dadas por universidades, gobiernos y movimientos sociales, y los procesos políticos generales -y las teorías políticas que los sustentaban- desarrollados durante el último medio siglo en Latinoamérica. La hipótesis de la que parto es que las políticas comunicacionales –igual que otras políticas específicas- se definieron al calor de las luchas sociales, por lo que los debates sobre teorías y políticas de comunicación son –o deberían serinseparables de las consideraciones sobre las transformaciones políticas.

Palabras claves: Políticas Comunicacionales, América Latina, Desarrollo, Democracia.

Abstract I will try to show the relationship between the dispute about communication policies among universities, governments and social movements, and the political processes -and their implicit political theories- developed during the past half century in Latin America. The hypothesis is that the communicational policy -like other specific policies- is defined by social struggles, so discussions about theories and communication policies are -or should beindivisible from considerations on political transformations.

Key words: Communication Policies, Latin America, Development, Democracy.

(Recibido el 01/11/07) (Aceptado el 11/02/08)

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Introducción

E

n la investigación que desarrollo en vistas a la obtención del Doctorado en Ciencias Sociales, analizo las prácticas de las organizaciones (universidades, gremios, ONGs y otras organizaciones de la sociedad civil) que proponen democratizar las comunicaciones en la Argentina después de 2001. Estas propuestas renuevan la discusión sobre la relación comunicación y política, a partir de la relación comunicación, ciudadanía y democracia. Esta discusión se tornó central en los últimos años en el campo comunicacional en Latinoamérica, tanto en eventos científicos y académicos del área (Mata y otros, 2005), como en la intervención de numerosas organizaciones sociales (Mattelart en Mata y otros, 2005). En este artículo procuraré mostrar las relaciones entre las disputas en torno a las políticas comunicacionales dadas por universidades, gobiernos y movimientos sociales, y los procesos políticos generales -y las teorías políticas que los sustentaban- desarrollados durante el último medio siglo en Latinoamérica. La hipótesis de la que parto es que las políticas comunicacionales –igual que otras políticas específicas- se definieron al calor de las luchas sociales, por lo que los debates sobre teorías y políticas de comunicación son –o deberían serinseparables de las consideraciones sobre las transformaciones políticas. Cabe aclarar que no intento realizar aquí un análisis exhaustivo de estos procesos políticos, sino sólo establecer conexiones con las disputas por la formulación de políticas comunicacionales y definir algunas hipótesis y algunos argumentos que las sustenten, con la pretensión de profundizar este trabajo en la tesis doctoral. En primer lugar, pretendo demostrar aquí que, la práctica (en tanto “teoría de la acción en acción” –Costa, 1997-) de la comunicación en Latinoamérica, se fue modificando a medida que cambiaba: 1. La teoría de explicación de las prácticas sociales y su perspectiva sobre el sujeto de su intervención (clase media, sector popular esencialmente opositor, sujeto popular contradictorio, ciudadano); 2. La teoría del cambio de las prácticas sociales (lucha de clases, construcción de hegemonía, democracia radical) y su noción de desarrollo. En segundo lugar, procuro demostrar que la definición de las políticas comunicacionales del Estado fueron objeto de lucha entre agentes sociales provenientes de las corporaciones privadas de los medios de comunicación de masas, los funcionarios políticos de gobierno, las iglesias –particularmente la católica-, los investigadores y docentes de comunicación, los gremios de prensa, las ONGs que trabajaban en comunicación popular, etc. Y que en esa disputa por la imposición del modo correcto de organizar el sistema comunicacional en Latinoamérica, los beneficiados fueron siempre y cada vez más las grandes corporaciones mediáticas, aún cuando los movimientos sociales hayan ido logrando pequeñas reivindicaciones colaterales que no hacen al control de los medios de producción.

El Desarrollo: ¿modernización o dependencia? ¿Comunicación para el desarrollo o comunicación popular?

El desarrollo a imagen y semejanza Después de la segunda guerra mundial, en el marco de la guerra fría, las economías capitalistas crecieron, incluso las de Latinoamérica. Este crecimiento se mantuvo por 30 años, hasta la década de los 70 cuando se clausuró esta “época de oro” del capitalismo. Además, en el marco de la bipolaridad, los movimientos sociales obtuvieron grandes conquistas sociales que se tradujeron en las políticas de los Estados de Bienestar. En la década de los 50, algunos investigadores comenzaron a pensar que el capitalismo podía extenderse indefinidamente, que era viable y que los factores políticos y sociales debían subordinarse al desarrollo económico. De acuerdo con el paradigma de la

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sociología estructural- funcionalista, suponían que todas las economías se integraban de igual manera al sistema mundial y que los países subdesarrollados debían superar los “obstáculos estructurales” que los alejaban del único patrón de desarrollo: el de los países centrales, para lo cual debían superar los resabios de la sociedad tradicional, para dar paso a la sociedad moderna. En Latinoamérica, los investigadores de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) –órgano regional de Naciones Unidas creado en 1948 con el objetivo de “contribuir al desarrollo económico” de la región-impulsaron lo que se conoció como teoría del desarrollo. Desde esta perspectiva, era necesario que la periferia impulsara su propio desarrollo, para lo cual debía industrializarse. Esto debía ir estrechamente ligado al progreso técnico de la agricultura para evitar el deterioro relativo de sus precios. Así se desarrolló el concepto de “desarrollo hacia adentro” por sustitución de importaciones. La CEPAL sostuvo que en este proceso debía intervenir el Estado en la planificación del desarrollo tanto para elevar el ritmo de acumulación del capital como para prevenir sus consecuencias. Este rol modernizador conferido al sector público se tradujo en la creación de agencias estatales de investigación y difusión técnica. El sujeto de la transformación serían los sectores medios. Esta idea del desarrollo como un avance a la prosperidad y el bienestar, previsto y organizado racionalmente por medio de la intervención estatal activa con apoyo de la tecnología, requería provocar cambios de conducta y costumbres por persuasión educativa tanto en funcionarios como en beneficiarios. Esto es lo que llegaría a constituir lo que luego se conoció como comunicación para el desarrollo. En este campo, inicialmente -desde fines de los 40 y hasta inicios de los 50-, se realizaron experiencias prácticas como las de las radio escuelas promovidas por la Iglesia Católica en la aldea andina de Sutatenza, en Colombia, y las radios mineras de Bolivia mantenidas por los sindicatos que transmitían incluso desde los socavones en español y quechua. Por otra parte, en la misma época, los servicios públicos de agricultura, educación y salud copatrocinados por los gobiernos de EEUU y de la región, tenían sus propios órganos de comunicación dedicados a la “extensión agrícola”, la “educación sanitaria” y la “educación audiovisual” respectivamente. La teorización se inició aproximadamente diez años después. Desde fines de los años 50 sociólogos y comunicólogos estadounidenses publicaron estudios referidos a la necesidad de extinción de la “sociedad tradicional” para dar paso a la “modernización” (Lerner, 1958 citado por Beltrán Salmón, 2005), a métodos de “difusión de innovaciones” como motor de la modernización social (Rogers, 1962 citado por Beltrán Salmón, 2005), la necesidad de creación de un “clima para el cambio” (Schramm, 1964 citado por Beltrán Salmón, 2005). Estas teorías sostenían que los medios de comunicación debían ser usados como instrumental de apoyo en las instituciones que ejecutan proyectos de desarrollo y que, gracias a su influencia, la comunicación de desarrollo es la creación de “una atmósfera pública favorable al cambio que se considera indispensable para lograr la modernización de sociedades tradicionales” (Beltrán, 2005). Entre los desarrollos teóricos sobre la comunicación de masas y la opinión pública, hay algunos determinados a tal punto por el contexto internacional de la guerra fría que reflexionan operativamente sobre el equilibrio de poder, la seguridad colectiva y el gobierno mundial. “La presión de la peritación es tan fuerte que Ithiel de Sola Spool, profesor en el Massachussets Institute of Technology (MIT), no duda en dedicarse plenamente, a petición del Pentágono, a la formulación de un modelo (Agile Coin) que alimente las estrategias contrainsurreccionales (Coin es la contracción de Counterinsurgency) en el sudeste de Asia y en América Latina” (Mattelart, 1997: 45). La práctica de la comunicación para el desarrollo que aplicó los formatos operativos propuestos por estos teóricos estadounidenses se consolidó durante los años 50 y 60 con el apoyo de los gobiernos de Estados Unidos, Alemania y Holanda, y de organismos multilaterales de la Organización de Naciones Unidas (como la FAO, UNESCO, OPS, UNICEF, PNUD) y de la Organización de Estados Americanos.

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“La propia aproximación difusionista a los problemas de la comunicación asociada con las estrategias de desarrollo y modernización en el Tercer Mundo es inexplicable sin el trasfondo de esta discrepancia maniquea dictada por el imperativo de la ‘seguridad nacional’ (visión del espacio internacional como lugar de enfrentamiento entre dos bloques, entre dos ideologías). Eso explica por qué el análisis funcional confía en la doctrina del departamento de Estado sobre el free flow of information calcado del principio intangible de la libertad de circulación de las mercancías, asimilando pura y simplemente la libertad de expresión comercial de los actores privados del mercado a la libertad de expresión sin más” (Mattelart, 1997: 79).

La dependencia buscada En los años 60 comienza a hacerse evidente que las economías de los países latinoamericanos no podían dar ese “gran salto” hacia una economía industrial. La dependencia comercial y financiera de las economías de la región de los países centrales y la vulnerabilidad financiera de sus Estados, se hacen evidentes. Además, luego de dos décadas de industrialización, importantes grupos sociales quedaban excluidos. A la tensión Este- Oeste, principal controversia luego de la Segunda Guerra Mundial, en las décadas de los 50 y 60, a partir de los procesos de liberación e independencia de las antiguas colonias, se sumó un nuevo eje de tensión: Norte- Sur. Las nuevas naciones independientes, si bien se encontraban afectadas por el conflicto entre los bloques de la Guerra Fría, reconocieron que sus intereses se encontraban por fuera de esa disputa y comenzaron a cuestionar la distribución de la riqueza a nivel mundial. Los gobiernos del que comenzaba a ser llamado Tercer Mundo, se organizaron en el Movimiento de los Países no Alineados y sus votos comenzaron a tener un valor estratégico en las Naciones Unidas. Sin embargo, no pudieron eludir la disputa entre el bloque soviético y los países occidentales. El desarrollismo ignoraba que las economías nacionales se insertaban en el sistema mundial en una estructura jerárquica. Prebisch reconoció que no supieron presentar “una opción eficaz a la ortodoxia” ya que no se ocuparon de la estructura social y la distribución del ingreso. “Quedaba acaso un resabio neoclásico: el mismo vigor del desarrollo traería espontáneamente la equidad distributiva con el andar del tiempo. (…) En aquellos años prevalecía en mí el extraviado concepto de una teoría esencialmente económica del desarrollo” (Prebisch, 1981). “Se está desvaneciendo el mito de que podríamos desarrollarnos a imagen y semejanza de los centros. Y también el mito de la expansión espontánea del capitalismo en la órbita planetaria. El capitalismo desarrollado es esencialmente centrípeto, absorbente y dominante. Se expande para aprovechar la periferia. Pero no para desarrollarla. Muy seria contradicción en el sistema mundial. Y muy seria también en el desarrollo interno de la periferia. Contradicción entre el proceso económico y el proceso democrático. Porque el primero tiende a circunscribir los frutos del desarrollo a un ámbito limitado de la sociedad. En tanto que la democratización tiende a difundirlos socialmente. Y esta contradicción, esta tendencia conflictiva del sistema, tiende fatalmente a la crisis, al desenlace inflacionario con graves consecuencias de todo orden” (Prebisch, 1981). En la década de 1960, economistas y cientistas sociales latinoamericanos impugnaron las teorías desarrollistas y realizaron –desde un paradigma económico estructuralistarigurosos análisis de los procesos históricos de constitución de las estructuras económicas de

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la periferia en el orden capitalista internacional en el marco del dominio neocolonial y la división internacional del trabajo. A partir de estos estudios, sostuvieron que los países dependientes debían formular políticas de consolidación de los mercados internos y protección de los trabajadores. Estas críticas y propuestas conocidas como teoría de la dependencia, mostraban variantes que dependían de la apreciación del margen de maniobra y el nivel de autonomía de cada nación en relación con las determinaciones del sistema mundo. El beneficiario del desarrollo cuyas pautas de conducta había que cambiar se convierte en sujeto de un desarrollo diseñado desde el propio Tercer Mundo, y aparece un nuevo sujeto de cambio: la clase trabajadora. En sus análisis de la oposición centro- periferia, la teoría de la dependencia se distanciaba no sólo de la teoría del desarrollo sino también del marxismo clásico que concebía “de manera general e indeterminada” que “el proceso de desarrollo capitalista se da en provecho de la burguesía y de que en las condiciones de América Latina y del desarrollo de capitalismo internacional, ella es una expresión del imperialismo” (Cardoso, 1994). “La crítica se hace mostrando que el desarrollo que ocurre es capitalista y que no se puede desligar del proceso de expansión del sistema capitalista internacional y de las condiciones políticas en que se opera. Por otro lado, la crítica se orienta a mostrar (…) que el ‘análisis estructural’ de los procesos de formación del sistema capitalista solo tiene sentido cuando son referidos históricamente” (Cardoso, 1994). Cardoso insiste en que la noción de dependencia permite explicar los procesos sociales, políticos y económicos “a partir de las situaciones concretas y particulares las cuales se dan en las situaciones de dependencia” (Cardoso, 1994). Se parte de considerar que “los cambios ocurridos en el ‘centro’ son concomitantes y encuentran expresión concreta en otros tantos cambios de la periferia”, pero se acepta que “existe una ‘historia’ –y por tanto, una dinámicapropia de cada situación de dependencia” (Cardoso, 1994). Los análisis de la dependencia implicaron una visión del desarrollo desde la perspectiva del Tercer Mundo. Cardoso sostiene que “no existe una teoría de la dependencia independientemente de la teoría del imperialismo” ya que las situaciones de dependencia provienen de la existencia de algún tipo de expansión del capitalismo. En respuesta a Weffort quien sostenía que el avance teórico sobre la cuestión del problema nacional en el cuadro de las relaciones de clase pasa por la crítica a la propia noción de dependencia (1970), Cardoso sostiene: “Precisamente, lo que se pretendía mostrar concretamente, o sea, sin recurrir a las contradicciones generales e indeterminadas de las ideas abstractas de clase, nación, Estado o imperialismo, que la contradicción entre las clases, en los países dependientes pasa por una contradicción nacional y se implica en el contexto más general de una contradicción de clases en el plano internacional y en las contradicciones que derivan de la existencia de Estados Nacionales” (Cardoso, 1994). En la investigación en comunicación, algunos estadounidenses hicieron una autocrítica y pronosticaron “la extinción del paradigma dominante” (Rogers, 1974 citado por Beltrán, 2005), y Schiller inaugura una perspectiva crítica estadounidense sobre la cuestión de la dependencia cultural al definir el concepto de “imperialismo cultural” (Schiller, 1976 citado por Beltrán, 2005). Esto se sumó a los múltiples cuestionamientos al modelo clásico de comunicación realizados por teóricos latinoamericanos. En América Latina, una generación de investigadores críticos inicia en los años 60 una ruptura con la sociología funcionalista de los EEUU. “América Latina no es sólo un lugar de una crítica radical de las teorías de la modernización aplicadas a la difusión de innovaciones en relación con los campesinos en el marco de las tímidas reformas agrarias, a la política de planificación familiar o a la enseñanza a distancia, sino que produce también iniciativas que rompen con el modo vertical de transmisión de los ideales del desarrollo” (Mattelart, 1997: 81).

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El precursor de estas críticas fue en 1963 el venezolano Antonio Pasquali y luego, en 1969, el brasileño entonces exiliado en Chile, Paulo Freire. “Así se fue constituyendo el núcleo generador de la propuesta para la democratización de la comunicación”, sostiene Beltrán y Mattelart destaca cómo investigadores paraguayos, brasileños y argentinos rápidamente se distinguieron por su reflexión sobre el vínculo entre comunicación y organización popular. Esta perspectiva rompió tanto con las tesis sobre la historia del capitalismo moderno del marxismo, como con el esquema Este/ Oeste de la guerra fría que había marcado la sociología estadounidense de la comunicación. Mattelart (quien entonces vivía y producía en Chile) sostiene que América Latina fue a la vanguardia de este tipo de estudios porque aquí vacilaron las viejas concepciones sobre agitación y propaganda desarrolladas en Europa y Estados Unidos durante y después de la guerra, porque en esta región el desarrollo de los medios de comunicación era entonces bastante más importante que en las demás regiones del tercer mundo. La economía política de la comunicación comienza a desarrollarse en los anos 60. “Primero adopta la forma de una reflexión sobre el desequilibrio de los flujos de información y de productos culturales entre los países situados a uno y otro lado de la línea de demarcación del ‘desarrollo’” (Mattelart, 1997: 77). En tanto, a partir de 1975, en un momento en el que las políticas gubernamentales de democratización cultural y la idea de servicio y monopolio públicos deben afrontar un mercado en vías de internacionalización, se comienza a reflexionar no ya sobre la industria cultural, sino sobre las industrias culturales: “Se trata de entrar en la complejidad de estas diversas industrias para intentar comprender el proceso creciente de valoración de las actividades culturales por el capital” (Mattelart, 1997: 77). En esa época, se desarrollaron prácticas de comunicación alternativa en muchos países de la región: las escuelas radiofónicas y reporteros populares de comunidades campesinas en Bolivia promovidas por la iglesia católica; cooperativas de agricultores en Uruguay; campesinos en Ecuador; enseñanza por televisión en El Salvador y México; periodistas con la prensa nanica (en miniatura) en Brasil; y otras más en Perú. “Festivales de música y de bailes, ferias, pancartas, teatro callejero, concursos y funciones de títeres fueron otros de los procedimientos empleados en varios países de la región para decir lo que los grandes medios no decían”, recuerda Beltrán (2005). En estas prácticas pioneras de la comunicación alternativa, el sujeto popular era identificado con los campesinos e indígenas y considerado esencialmente opositor a las clases dominantes. Se consideraba que la comunicación debía contribuir a la “concientización” de las clases subalternas para impulsar el cambio social que conduciría a su “emancipación” o “liberación”. Estas prácticas fueron duramente reprimidas durante las dictaduras de las décadas de 1970 y 1980. En los años 70, los comunicadores latinoamericanos constituyen agrupaciones profesionales como la Asociación Latinoamericana de Escuelas Radiofónicas (ALER), la Federación Latinoamericana de Facultades de Comunicación Social (FELAFACS), la Asociación Latinoamericana de Investigadores en Comunicación (ALAIC) y la Federación Latinoamericana de Periodistas (FELAP), además de institutos y centros de países como México, Perú y Chile que se destacaron por sus contribuciones a “la democratización de la comunicación y del desarrollo”. En esa época de altísima productividad teórica y práctica, los gobiernos que formaban parte del Movimiento de Países No Alineados, con liderazgo principalmente yugoslavo y árabe, proclamaron, en la IV Conferencia de Jefes de Estado y Gobierno de los Países no Alineados en Argel en 1973, la necesidad de un Nuevo Orden Internacional de la Información (NOMIC) – en el que disputaban el control de las comunicaciones en tanto recurso estratégico en el marco de una confrontación como la de la Guerra Fría donde la disputa central, al no llegar a utilizar las armas, era cultural, ideológica e informativa-. Los No Alineados reclamaban un flujo de información no sólo “libre” –como propiciaba el Departamento de Estado de los Estados Unidos- sino también “equilibrado” (Mastrini y de Charras, 2005), la reafirmación de la identidad nacional y el fin de las secuelas coloniales de dependencia cultural. Además, surgieron algunos intentos de cooperación Sur- Sur. Este fue un debate restringido a los Estados nacionales y, en menor medida, a los sectores con capacidad de lobby como los empresarios y los académicos, pero no incluyó a actores de la sociedad civil. De todos modos, como apuntan Mastrini y de Charras, “fue un debate que involucró a nuevos actores, que superaban el histórico reparto del

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mundo entre los países centrales” al involucrar a los países del Tercer Mundo (Mastrini y de Charras, 2005). Estas propuestas provocaron el áspero rechazo de los países desarrollados. La discusión sobre los desequilibrios de información se desarrolla paralela a la del reparto más justo de la riqueza. Al año siguiente, los países del Tercer Mundo presentarán en la Asamblea General de ONU, la necesidad de un Nuevo Orden Económico Mundial. Al mismo tiempo, se exigieron y se produjeron reuniones intergubernamentales para implementar Políticas Nacionales de Comunicación más democrática, bajo el supuesto de que nada servía democratizar las relaciones internacionales en materia de comunicación, si al interior de los países desarrollados se mantenían situaciones inequitativas. Este debate sobre los desequilibrios de los flujos y los intercambios alcanza a la comunidad internacional y se expresa principalmente en la UNESCO a partir de 1969. El debate sobre la “comunicación en sentido único” que caracteriza las relaciones norte- sur desemboca en la creación de una comisión internacional para el estudio de los problemas de comunicación, cuyo informe (conocido con el nombre de su presidente, el irlandés Sean MacBride) es aprobado en la Asamblea General de la UNESCO en Belgrado en 1980. “Se trata del primer documento oficial emitido bajo los auspicios de un organismo representativo de la comunidad internacional que reconoce y expone claramente la cuestión del desequilibrio de los flujos y que reflexiona sobre las estrategias que han de ser puestas en marcha para ponerle remedio” (Mattelart, 1997: 82). El informe constituyó “un aporte importante para legitimar la noción de derecho a la comunicación, superador del ya obsoleto concepto de libertad de prensa, y mucho más abarcador que el de derecho a la información” (Mastrini y de Charras, 2005). A principios de la década de 1970, el fracaso del modelo de desarrollo central se hizo impuso: la crisis del petróleo tuvo consecuencias graves en la economía latinoamericana. Era el fin de una época. Sin embargo, los gobernantes de la región parecieron no notar la extinción del modelo. Cuando los países necesitaron rearticularse, sobrevinieron convulsiones sociales y políticas. Los golpes de Estado militares concretaron y consolidaron la división del trabajo preexistente por medio del librecambio y la liquidación de la base industrial. Las economías se reprimarizaron. Se consolidó así un “subdesarrollo antidemocrático” (O’Donnell, 1988). Las economías latinoamericanas perdían capacidad de funcionamiento autónomo: eran dirigidas por sus líderes nacionales, pero no podían tomar decisiones sin consultar actores de fuera de la región, particularmente de los EEUU.

Avatares del Estado Social: democratización y reformas orientadas al mercado. La soberanía del receptor y la democracia de las redes.

La transición no pactada A fines de los 70 y principios de los 80, durante los procesos de salida de las dictaduras, se desarrollaron en Latinoamérica estudios que se conocerían como teoría de la transición. Este paradigma ya no era sociológico como el desarrollista ni económico como el de la dependencia, sino politológico y considera que en el “cambio de régimen”, los problemas a resolver eran “la participación ciudadana, la mediación política y el sistema de partidos” (García Delgado, 2001: 36). La oposición pasa a ser autoritarismo- democracia y se preguntan por la vigencia del Estado de Derecho como sistema político democrático liberal. Este enfoque institucional de la discusión sobre la democracia se preocupaba por la manera de lograr la coincidencia entre cultura política e instituciones liberales. “La hipótesis profunda que sustentó la teoría de la transición y que le transmitió un sesgo conservador fue la de una ingobernabilidad por exceso de demanda, alimentada por una cultura movimientista. Estaba la sospecha de que los sujetos populares promovían una excesiva presión sobre el sistema político generando la crisis del sistema. La gobernabilidad de la

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democracia dependería, en consecuencia, del modo en que se hiciese esta transición, de los pactos y equilibrios de fuerzas que se lograsen para disminuir esta presión desde abajo. Desaparecerían, de esta manera, otros condicionamientos para la explicación de los golpes, como los provenientes del poder económico o las orientaciones de las potencias hegemónicas. Las causas del autoritarismo eran fundamentalmente endógenas y cultural- institucionales, disolviéndose la relación del Estado con intereses económicos, nacionales e internacionales y produciéndose un corte con la problemática del poder tanto interno como externo” (García Delgado, 2001). En este sentido, O’Donnell observaba que en América Latina se registraba “una fúnebre colección de diversos tipos de gobiernos autoritarios” y que en el largo plazo, las variaciones de régimen “no parecen haber tenido ningún efecto significativo en las grandes y crecientes desigualdades que caracterizan las economías y sociedades en América Latina” (O’Donnell, 1988). Sin embargo, cifraba sus esperanzas en que la democracia se consolide en la región, en un cambio en el “clima ideológico” ya que “en gran medida como consecuencia del penoso aprendizaje inducido por los fracasos de esos regímenes y por su represión y violencia sin precedentes, la mayoría de las fuerzas políticas y culturales de algún peso atribuyen ahora un alto valor intrínseco al logro y consolidación de la democracia política” (O’Donnell, 1988). Sostenía que no había que subestimar el surgimiento de ideas, discursos y símbolos “orientados hacia la democracia”, ya que hasta hacía poco tiempo los discursos prevalecientes –si bien divergían tajantemente en muchos aspectos- coincidían en una visión profundamente autoritaria de la vida política y social. El padecimiento de gobiernos autoritarios “inusualmente represivos y socialmente regresivos” y de una inusualmente profunda crisis de las economías de la región, sumado al nuevo “prestigio ideológico de la democracia política”, provee una oportunidad sin precedentes, pero, al mismo tiempo (y paradojalmente), estos factores conducen a la emergencia de democracias frágiles. “Desalentada por el fracaso en la lucha por las políticas de comunicación y por un nuevo orden mundial de la información y la comunicación, la combatividad intelectual latinoamericana por la democratización de la comunicación vio algo menguado su brío en el primer tercio de la década del 80” (Beltrán, 2005), aunque muchos autores destacados de los 70 continuaron con su producción intelectual. Sí se hicieron algunas valiosas compilaciones de bibliografía regional. Y a mediados de la década, el comunicólogo español radicado en Colombia J. Martín Barbero introdujo una renovación conceptual al platear la comunicación como un fenómeno de mediaciones culturales más que de medios. Se procura superar así la visión bipolar de la política mundial y de las clases sociales, para abordar los procesos de mediación y los mediadores, y con ellos, todo lo que hace complejo el enfrentamiento, el “choque cultural”. Este planteo, junto con los aportes del argentino radicado en México, N. García Canclini sobre las relaciones entre lo popular y lo masivo en las modernidades periféricas, contribuyó a que lo popular deje de ser asimilado exclusivamente a lo campesino e indígena, y considerado un sujeto esencialmente opositor que lideraría el proyecto emancipador, y a que se pasara a abordar su complejidad cultural y contradicciones políticas, en relación al mestizaje, lo urbano y lo masivo. En 1985, el gobierno de los Estados Unidos, invocando una “politización” de los problemas de comunicación en el debate sobre el NOMIC, se retira de la UNESCO y luego lo sigue el de Inglaterra. La oposición intransigente del gobierno de Ronald Reagan y los conflictos de intereses entre los No Alineados -ya que los países del sur luchaban por su emancipación cultural nacional, los del bloque comunista se oponían a la apertura de sus propios sistemas de comunicación de masas, mientras otros utilizaban estos debates para legitimar sus propias carencias- contribuyeron al fracaso las propuestas del informe MacBride. Además, ya a partir de inicios de la década del 80 se había producido un cambio sustantivo del contexto político. “Efectivamente, no puede considerarse la derrota de los planteos de MacBride desligada de la derrota del movimiento político que las impulsaba”, sostienen Mastrini y de Charras (2005).

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Neoliberalismo y repliegue En la década del 80, la apertura y desmembramiento de la URSS y la caída del muro de Berlín configuran los hitos de un nuevo escenario geopolítico mundial donde Estados Unidos se consolida como potencia mundial única. Se multiplican los discursos sobre el fracaso del comunismo y el triunfo del capitalismo, primer modo de producción que se universaliza. Estos sucesos sumados al auge de internet, instauran la estrategia del “ensanchamiento pacífico a través de la integración de cada vez más países a la global democratic marketplace” (Mattelart en Mata y otros, 2005). En la década del 80 se consolida el enfoque neoliberal de la economía. La meta a alcanzar es la estabilidad macroeconómica y para eso, se considera necesario encarar una drástica separación entre Estado y sociedad civil, y proceder al achicamiento del Estado para liberar el mercado y las supuestas tendencias autorreguladoras de la sociedad civil. Las políticas impulsadas por el llamado “Consenso de Washington” suponían que la crisis de la región tenía dos premisas que había que modificar: el exceso de estatismo y el exceso de populismo (excesivo poder en manos de sindicatos y organizaciones de trabajadores). Prebisch hace notar cómo la ortodoxia económica que se había impuesto en la periferia latinoamericana hasta 1930 siguiendo las consignas de la división internacional del trabajo en el libre juego de la economía internacional, el Estado prescindente y el patrón oro, en una concepción del “desarrollo hacia fuera”, demostró ser incompatible con las exigencias del desarrollo periférico; y que el tipo de desarrollo que lo sustituyó luego de la gran depresión mundial, demostró graves fallas económicas y sociales: concentración del ingreso, exclusión social e incremento de la conflictividad. “Se imponía pues la búsqueda de nuevas formas de desarrollo. Pero he aquí que en vez de ello (…) se retorna a la ortodoxia pretérita. No se trata de una simple reacción a intervenciones del Estado, varias de ellas contraproducentes, sino de un cambio fundamental en la concepción del desarrollo. El desarrollo tiene que ser una consecuencia espontánea de las fuerzas del mercado tanto en el plano internacional como en el interno y el Estado ha de abstenerse de toda ingerencia como no sea asegurar el juego de la libre competencia” (Prebisch, 1982). De acuerdo al principio del Estado prescindente, se desbarata la protección a la industria y los subsidios a la exportación de manufacturas y se impone el regreso al esquema de la división internacional del trabajo bajo el lema del aperturismo económico. Pero el éxito de esta política no sólo depende de la eficiencia de la actividad productiva de la periferia sino también del grado de receptividad de los centros. Esta particular visión del mercado internacional –en contradicción con la realidad- conlleva un considerable costo económico y social pero se argumenta que el sacrificio será transitorio, como sostenía el ex presidente argentino Carlos Menem: “Estamos mal, pero vamos bien”. Las privatizaciones de las empresas que habían sido potestad del Estado incluyeron a las telecomunicaciones y los medios masivos de comunicación, y se permitió además el ingreso de empresas transnacionales, tanto en Europa como en Latinoamérica. El poder del sector financiero aumentó a partir de la desregulación del sistema y de la utilización de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación. En el campo de las teorías de la comunicación, en consonancia con el libremercadismo imperante, se desarrollaron teorías de la recepción que ponían el acento en la libertad del receptor/ consumidor/ usuario de hacer uso de los productos culturales, particularmente de los mensajes de los medios, y resignificarlos. “Las concepciones monolíticas del espectador, de la audiencia o de la propia televisión están aquí desplazadas (…) por el nuevo énfasis puesto en la diferencia y las variaciones (…) debidas a los factores que elaboran los contextos sociales de la recepción” (Hall, 1986 citado por Mattelart, 1997: 100). El interés por analizar las lecturas y usos diferenciados se realiza en un contexto particular en el que “la recepción y el individuoconsumidor ocupan un papel central en la concepción neoliberal de la sociedad” (Mattelart, 1997: 103). No se trata de cualquier consumidor sino de alguien considerado “soberano en sus

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elecciones” en un mercado libre. “De ahí las derivas neopopulistas de algunas teorías de la recepción”, apunta Mattelart (1997: 103). Algunos estudios sobre las interpretaciones y resignificaciones diversas que realizan los receptores a partir de sus diferentes culturas y contextos, contribuyeron a borrar la cuestión del poder de la comunicación y a invalidar la cuestión de las determinaciones sociales y económicas del consumo individual como de la producción y consumo cultural nacional en un momento en que la hegemonía de los Estados Unidos en la producción audiovisual está en el centro de los debates en organismos internacionales. “Llegan con sordina a la siguiente conclusión: como el poder de los emisores es muy relativo, contrariamente a lo que pudiera creerse, la idea de un emisor más poderoso que otro, al igual que la necesidad de una economía política establecida bajo un signo crítico, pierden en gran parte su pertinencia. En efecto, ¿de qué sirve apenarse sobre el intercambio desigual de los programas de televisión o las películas en el mercado internacional de lo audiovisual si el poder del sentido está en manos del consumidor?” (Mattelart, 1997: 103). El desarrollo tecnológico de las redes informáticas y la digitalización de señales permitieron el almacenamiento, transmisión y manejo de grandes paquetes de información. Esto incidió en una transformación del medio televisivo y de las telecomunicaciones. “Se modificaba sustancialmente la base tecnológica sobre la cual se asentaba el servicio al tiempo que mutaba la estructura de propiedad” (Mastrini y de Charras, 2005). A mediados de los 90, la apertura y comercialización de las redes informáticas y la web permite el crecimiento desmesurado de la red y comienzan a registrarse grandes ganancias en las empresas del rubro. En 1999 la red obtiene los mayores índices de capitalización bursátil en medio de una burbuja especulativa que caerá en marzo de 2000. “Evidentemente, la tecnología no constituía por sí misma una garantía de crecimiento económico, así como el desarrollo de la, en términos de Castells, Sociedad Informacional, no reducía las desigualdades en términos de acceso a la información” (Mastrini y de Charras, 2005). Desde mediados de la década del 70 se venía configurando un imaginario tecnicista, que se consolida en los 80 y se expande en los 90. Estos planteos futuristas ven en la tecnología –y en su capacidad para almacenar, manipular y transmitir información y conocimiento- una solución para la crisis económica del capitalismo postfordista y para la democratización de la sociedad. El fetichismo tecnológico de esta época “nace con la electrónica, pasa a la informática, para finalmente anclarse en ‘las redes’ y la biotecnología” (Mastrini y de Charras, 2005). En 1995 M. Castells desarrolla una de las sistematizaciones teóricas más rigurosas sobre la tensión entre tecnología y sociedad en sus libros La era de la información donde desarrolla el concepto de “modo de desarrollo informacional”. Con sus análisis se sedimentan las teorías proféticas que centraban en la tecnología todas las expectativas de recomposición económica. Pronto se hablará de la new economy. Desde la década del 80 y durante la década de los 90, bajo la influencia de los discursos sobre el fin de la historia, las teorías que proclamaron el advenimiento de una sociedad posmoderna, produjeron una nueva utopía de la comunicación, la tecno- utopía: la de la “democracia en tiempo real” gracias a las “autopistas de la información” (Lévy, 1990, 1994 citado por Mattelart, 1997: 120) facilitadas por los nuevos desarrollos de tecnologías de la información y la comunicación. Sin embargo, también hay quienes observan en estos desarrollos tecnológicos una amenaza: la posibilidad del control omnipresente. Así los desarrollos técnicos de la comunicación son considerados tanto condición de emancipación como de sujeción. Los gobiernos de Estados Unidos –bajo la presidencia de Bill Clinton- y Europa – entonces Comunidad Económica Europea- impulsan el proyecto de la Sociedad de la Información. En 1994, en la conferencia plenaria de la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) en Buenos Aires, Al Gore, entonces vicepresidente de los EEUU, había anunciado el proyecto de “autopistas de la información”. Al año siguiente, la Cumbre del G7 en Bruselas convalida la Global Information Society sobre la base de la apertura, liberalización y libre actuación del sector privado. “Los términos de la cuestión del desequilibrio de los flujos de comunicación han cambiado tanto que algunos se permiten negar la

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persistencia de un intercambio desigual”, sostiene Mattelart (1997: 115). En esos años, los debates sobre la regulación de los intercambios de información pasa a ser abordado por organismos “con vocación más técnica” como el GATT (Acuerdo General sobre las Tarifas Aduaneras y el Comercio) que luego se convertiría en la OMC (Organización Mundial de Comercio), “donde el debate sobre los productos culturales quedó englobado en el del libre cambio de los servicios, en cuya ocasión la tesis neoliberal del free flow of information adquirió una nueva legitimidad” (Mattelart, 1997: 115). La OMC impulsa las políticas libremercadistas dirigidas a concretar la desregulación del comercio audiovisual, la propiedad intelectual y las telecomunicaciones. “El mercado planetario sin trabas pone en tensión la ‘libertad de expresión comercial’ y la libertad de expresión ciudadana. Las autoridades gubernamentales que, en los años setenta, reclamaban la creación de un nuevo orden mundial de la información y la comunicación se han eclipsado, mientras que en los países más favorecidos de un Tercer Mundo, desde entonces desaforado, se ha afirmado un nuevo objetivo de desarrollo: arrimarse al primer mundo. ‘Yankee go home! Pero llévanos contigo’, reza el eslogan pintado en las paredes tanto de Puerto Príncipe como de Tijuana” (Mattelart, 1997: 116).

Un giro… ¿a la izquierda? En Argentina, Brasil, Chile y Uruguay triunfaron partidos o coaliciones políticas de centro-izquierda que, al menos en su retórica, se oponen a la ortodoxia neoliberal; en Venezuela y Bolivia los nuevos gobiernos formulan propuestas de transformación social más radicales; y la revolución cubana aparece como un referente importante ante los nuevos dirigentes políticos. En los análisis de estas experiencias, se comenzó a hablar de un “giro a la izquierda” de la política latinoamericana, y se procura distinguir entre una izquierda “populista” o “radical” y otra más conciliadora y “realista” que acepta la globalización neoliberal. Más allá de sus desiguales logros y de sus ambiguos compromisos con un proyecto transformador, este “giro a la izquierda” es la expresión de la generalizada insatisfacción ante el funcionamiento del modelo neoliberal que, aún en los casos y en los momentos en que obtuvo altas tasas de crecimiento económico no sólo demostró ser incapaz de redistribuir la riqueza sino que también profundizó la desigualdad y la pobreza. En este escenario, las alianzas “progresistas” procuran avanzar con reformas graduales y acumulativas que restrinjan el fundamentalismo del mercado. “A tono con ciertas corrientes críticas de la globalización neoliberal, (…) mediante la combinación de productivismo y redistribución, la superación de la exclusión económico-social, la presencia de un estado fuerte y dotado de recursos y una radical democratización de la economía del mercado, el programa progresista buscaba erigirse en una alternativa viable al neoliberalismo y no en su mera humanización” (CLACSO, 2006). En este marco, Borón sostiene que “las frágiles democracias latinoamericanas sólo podrán sobrevivir si tienen la audacia y la sabiduría suficientes como para promover un ambicioso programa de reformas sociales que modifiquen sustantivamente el funcionamiento del capitalismo periférico” (Borón, 2003). Para llevar adelante esta política reformista es prioritario reconstruir el Estado –por medio del fortalecimiento fiscal, la jerarquización del funcionariado, la lucha contra la corrupción, la reforma administrativa y burocrática, la redefinición de la estrategia de intervención económica y social, la transparencia y control ciudadano de decisiones-, realizar una reforma democrática que perfeccione la calidad de las instituciones y prácticas, emancipar a la política de los mercados, e implementar políticas orientadas a la provisión de bienes públicos no mercantilizados (Borón, 2000). Como resalta Borón, estas reformas son imprescindibles para consolidar las frágiles democracias de la región, evitar su formalismo institucional y dotarlas de contenido de justicia social.

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“La democracia latinoamericana no sólo debe depositar en el pueblo la conformación de la autoridad pública y regirse por una legalidad constitucional: debe, además, impulsar un conjunto de políticas de reforma social sin las cuales las bases sociales que la sustentan tarde o temprano desertarán del campo democrático” (Borón, 2003). En consonancia con los nuevos tiempos, los estudios de comunicación de la década del 2000, se verifica una renovada preocupación por el nexo entre comunicación y política –que se ocupa ahora de la relación entre comunicación y ciudadanía-, la continuación de las reflexiones sobre comunicación alternativa y hegemónica y comunicación para el desarrollo, y un renovado interés por los estudios de economía política de los medios. De este modo, ante la crisis del modelo neoliberal en los países latinoamericanos, los investigadores en comunicación retoman las discusiones económicas y políticas de los años 70. “Con la entrada en el nuevo milenio, la legitimidad del discurso tecno- utópico se va a fisurar. El atentado a las Torres Gemelas en Nueva York es una desmentida al ‘todo tecnológico’, incapaz de anticipar el acto terrorista. La cara oculta de la ‘sociedad global de la información’ aparece: ‘la sociedad del control’. (…) La guerra de Irak fragmenta los mitos que están en la raíz de la llamada ‘revolución de la información’, otro de los slogans en vigor desde más de tres décadas. (…) el mito de un planeta dirigido por un recurso inmaterial único. (…) el mito del softpower, (…) el mito del ‘fin de las ideologías’ (…) En ese inventario de los factores que desinflaron el mito de la ‘revolución de la información’, agregaría un último: las desilusiones ocasionadas por la quiebra de la ‘nueva economía’ y las contradicciones de la construcción de la llamada ‘sociedad del conocimiento’” (Mattelart en Mata y otros, 2005: 30- 31). Luego de la caída de los valores bursátiles tecnológicos y la quiebra de varias empresas de telecomunicaciones, la decisión de la Asamblea General de Naciones Unidas de desarrollar la Cumbre Mundial sobre la Sociedad de la Información –a iniciativa de la UITreactivó el debate. En esta Cumbre –que se desarrolló en dos fases, en Ginebra en 2003 y en Túnez en 2005- reapareció el debate multilateral sobre la información y la comunicación veinte años después del NOMIC. Esta reaparición conlleva muchos cambios. El debate se desplazó de un órgano dedicado a los problemas de la cultura como la UNESCO, a un órgano económico- técnico: la UIT que “es, hoy por hoy, la organización de Naciones Unidas más exitosamente semiprivatizada desde 1992. Siemens, Motorota, Bell, Nec, Alcatel, Ericsson y AT&T forman parte de su principal y cuasi deliberante órgano consultivo” (Pasquali, 2002 citado por Mastrini y de Charras, 2005). Se incorpora a organizaciones de la sociedad civil –donde se incluye a los académicos- como interlocutores de los gobiernos, además de las corporaciones privadas. Sin embargo, muchas de éstas últimas están doble o triplemente representadas por la eficacia de sus lobbies sobre los gobiernos y porque algunas cámaras empresarias de medios se incorporaron como parte de la sociedad civil. Los países periféricos ya no se presentan como bloque de los No Alineados, de modo que pierden peso. Aparecen nuevos ejes de debate ligados a los desarrollos tecnológicos como uso social de las tecnologías, el software libre y la propiedad intelectual. Como destacan Mastrini y de Charras, la declaración de la Cumbre no hizo referencia a la concentración de la propiedad de medios y su correlato nocivo en la pluralidad de voces para la democracia y el control del Estado, se refiere escuetamente a “los medios tradicionales”, obvia el rol de los medios comunitarios y pasa por alto el papel de los medios públicos. Asigna al Estado “sólo el lugar de ‘velar por la libre competencia’” y propiciar el “entorno habilitador” para el desarrollo del mercado (Mastrini y de Charras, 2005). Se hace hincapié en la necesidad de saldar la “brecha digital” cuando más que una brecha, es un desequilibrio, y se origina en la brecha socioeconómica. En tanto, no se habla de la brecha entre quienes poseen y acceden a los medios de comunicación y quienes no, desconociendo que “la información y la comunicación, aún en el siglo XXI no se reduce a internet” (Mastrini y de Charras, 2005).

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Los movimientos sociales por la democratización de las comunicaciones surgen en este nuevo milenio de la mano de múltiples organizaciones sociales que reivindican la centralidad de la libertad de expresión, la pluralidad informativa, el acceso a la información pública y la diversidad cultural para asegurar la participación ciudadana y el Estado de Derecho, que consideran a la comunicación como un bien social que debe ser servicio público vinculado a la vigencia del sistema democrático y al desarrollo social, y que impulsan cambios en el sistema de medios. Estas organizaciones latinoamericanas y europeas desarrollan estrategias de acción en dos planos: ƒ

En alianza con otras organizaciones que proponen la democratización de las relaciones sociales en diversos ámbitos, como fue la apertura en el Foro Social Mundial de 2003 y su continuidad desde entonces, de la mesa redonda Medios, Cultura y Contrahegemonía. En esta instancia, se lanzó en 2003, Media Global Watch, organización mundial de veeduría de medios con sede en Francia, a partir de la cual nacieron los observatorios de medios de Brasil, Venezuela, Ecuador, Colombia y Argentina.

ƒ

Frente a los Estados, las organizaciones supranacionales y las empresas, como sucedió en las reuniones preparatorias para la Cumbre Mundial sobre la Sociedad de la Información y durante sus desarrollos en Ginebra en 2003 y en Túnez en 2005. “Indudablemente, uno de los logros más importantes de la primera etapa de la Cumbre ha sido el papel que ha logrado jugar lo que se conoció como sociedad civil. En el etapa NOII/ NOMIC el movimiento de no alineados (…) jugó un rol primordial al momento de analizar críticamente el status quo, en la actualidad ese rol quedó prácticamente en manos de las OSC que han logrado ser escuchadas por los estados en muchos momentos, pero sobre todo han logrado un principio de articulación de sentidos comunes globales frente a la cuestión de los derechos humanos vinculados a la información y la comunicación (…), los medios comunitarios y públicos en oposición a la concentración mediática, el software libre (…) frente al software propietario, el dominio público frente a la propiedad intelectual, el respeto a la diversidad cultural y la participación más que el acceso, entre otros temas” (Mastrini y de Charras, 2005).

Conclusiones preliminares Los debates en torno a la relación entre comunicación y política estuvieron siempre presentes en los desarrollos teóricos y en las prácticas de la comunicación en América Latina. Es más, Roncagliolo sostiene que el diseño de políticas nacionales de comunicación “constituyó casi la obsesión de los investigadores latinoamericanos” (Mastrini y de Charras, 2005). En la última década, estas discusiones, en gran parte, se dedican a explorar la relación entre comunicación y ciudadanía. Las disputas en torno a la formulación de políticas de comunicación son inescindibles de los procesos políticos de la región. En estas disputas, se ponen en juego las visiones sobre la acción social –sobre los sujetos y las condiciones objetivas del cambio- y las perspectivas de cambio –la noción de desarrollo y democracia en juego- de cada perspectiva. De estas luchas participan fundamentalmente, gobiernos, organismos multilaterales, organizaciones sociales, universidades y centros de investigación, y corporaciones empresarias. Así, en la posguerra y durante la guerra fría, predominó en las prácticas y en la “importación” de las teorías difusionistas desarrolladas en los Estados Unidos, una perspectiva de la comunicación para el desarrollo, donde los medios de comunicación eran utilizados como instrumentos para generar un “clima favorable” a la difusión de las innovaciones tecnológicas y al cambio de conducta requerido para dejar atrás la sociedad tradicional y dar paso a la modernización, a tono con las teorías desarrollistas impulsadas en la región por la CEPAL y

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financiadas por los gobiernos de Estados Unidos, Alemania y Holanda, y por la ONU y la OEA. El Departamento de Estado de los EEUU promueve el libre flujo de la información, a tono con el libre flujo de mercancías. El sujeto de las transformaciones serían los sectores medios y el desarrollo se pensaba a imagen y semejanza de los países centrales. En la década de los 60, mientras se consolidaban los procesos de liberación e independencia de las antiguas colonias, investigadores latinoamericanos impugnan las premisas del desarrollismo y realizan aportes conocidos como teoría de la dependencia mientras que, en comunicación, cuestionan las teorías difusionistas, se avanza en estudios de economía de medios y se realizan aportes teóricos y prácticos de comunicación popular o alternativa. Los sujetos de la transformación eran los sectores populares –considerados esencialmente opositores al statu quo- quienes, a través de la “toma de conciencia” impulsarían procesos de desarrollo independiente. Por eso, se consideraba imprescindible disputar la propiedad de los medios y el emisor de los mensajes: las prácticas de comunicación alternativa son desarrolladas por campesinos, indígenas, mineros y otros obreros que se apropian de la tecnología de la radio para producir sus propios mensajes. Los años 70 continúa una gran productividad teórica y práctica en la región. El Movimiento de Países no Alineados asume la tensión Norte-Sur (aunque no deja de estar atravesada por la Este-Oeste) impulsa el Nuevo Orden Mundial de la Información y la Comunicación reclamando no que el flujo de información no sólo sea libre, sino también equilibrado. Este debate se traslada a la UNESCO que produce el informe MacBride que es aprobado en 1980 por la Asamblea General de la ONU, a pesar de la férrea oposición de los países centrales. En los 80, los procesos de transición democrática en Latinoamérica se desarrollan en el marco de la crisis de los Estados de Bienestar y la avanzada del neoliberalismo. Luego del fracaso de las políticas impulsadas por el Nomic y el informe MacBride, en el campo comunicacional se registra un repliegue tanto en la producción teórica como en la práctica. En las prácticas de comunicación para el desarrollo o comunicación alternativa que continúan, el sujeto popular comienza a ser comprendido como contradictorio y complejo, atravesado por lo urbano y lo masivo, y no necesariamente crítico ni opositor. Las teorías de la recepción desarrolladas desde diferentes perspectivas son aplicadas de modo populista para sustentar la autonomía y libertad del receptor para hacer uso de los mensajes de los medios a tono con la soberanía del consumidor para elegir productos en el mercado. En la década de 1990, el desarrollo tecnológico de las redes informáticas y la digitalización de la información, sumado a la consolidación de las políticas neoliberales, permiten expandir un imaginario tecno- utópico (iniciado en la década de 1970) que ve en la tecnología la salida a la crisis económica –se habla de la new economy- y para la democratización de la sociedad –“democracia en tiempo real”-. El debate multilateral sobre los flujos de información pasa ahora a un organismo técnico, el GATT, ahora OMC, que impulsa políticas de privatización y desregulación de las telecomunicaciones, desde una perspectiva de la comunicación como un servicio mercantilizado. El G7 impulsa la noción de “sociedad de la información”. En el nuevo milenio, en Latinoamérica asumen gobiernos progresistas que, a pesar de sus diferencias, comparten –al menos en la retórica- los intentos de poner límites al fundamentalismo de mercado y de reconstruir el Estado. Luego de que en el 2000 los valores bursátiles de la tecnología caen estrepitosamente lo que lleva a la quiebra a muchas empresas del sector –con lo que se diluye la ilusión de que la tecnología salvaría a la economía-, y de que en 2001 los atentados a las torres gemelas y luego las guerras de Afganistán y de Irak pusieran en cuestión los mitos del softpower y de la democracia de las redes, la ONU reflota las teorías tecnófilas en el debate multilateral al convocar a la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información que se realizó en 2003 y 2005. En las declaraciones de esta cumbre, la comunicación aparece asimilada a la comunicación por la red –casi no se mencionan los “medios tradicionales”-, se la considera una mercancía –desconociendo el papel de los medios públicos y comunitarios, y dejando al Estado el rol de garante del “entorno facilitador” para el libre juego de mercado-, y los desequilibrios de propiedad, acceso y participación son reemplazados por la noción de “brecha digital” que desconoce su origen en una brecha –o, mejor dicho, en una asimetría- socioeconómica, e incluso desconoce la existencia de otras “brechas” comunicacionales.

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Sin embargo, también las organizaciones sociales y los académicos han retomado el debate y la iniciativa para impulsar reformas del sistema comunicacional tendientes a promover la democratización y un modelo de desarrollo equitativo. “De la reivindicación por medios alternativos, comunitarios, independientes y libres, han pasado a pensar el sistema comunicativo a partir de la noción de ‘servicio público’” (Mattelart en Mata y otros, 2005: 37). La sociedad civil y la academia comenzaron a pensar también la articulación entre comunicación y ciudadanía Ante la crisis de la clase trabajadora unificada y ante la necesidad de responder a demandas feministas, étnicas, religiosas, ecológicas, “la ciudadanía es el candidato obvio: nuestras posiciones pueden divergir de forma creciente, pero todos somos ciudadanos y, como tales, tenemos el derecho de recibir del Estado un ingreso mínimo, atención médica, etc. Más aún, es necesario apelar a la ciudadanía para unificar el conjunto de grupos sociales (…) Es necesario que existan algunos principios generales que puedan incorporar y armonizar las demandas de sus miembros” (Miller, 1997). Las disputas de las organizaciones sociales latinoamericanas que proponen democratizar las comunicaciones se dan en coincidencia –una vez más- con el renovado auge del debate acerca de la noción de ciudadanía en la Teoría Política y en el marco de procesos políticos que impulsan reformas progresistas en la región.

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EL TRATAMIENTO INFORMATIVO DE LA INMIGRACIÓN EN LOS MEDIOS ESPAÑOLES. UN ESTUDIO COMPARATIVO DE LA PRENSA Y TELEVISIÓN. CARLOS MUÑIZ MURIEL, JUAN JOSÉ IGARTUA PEROSANZ, JOSÉ ANTONIO OTERO PARRA, CITLALI SÁNCHEZ HERNÁNDEZ. (pp. 97 – 112).

EL TRATAMIENTO INFORMATIVO DE LA INMIGRACIÓN EN LOS MEDIOS ESPAÑOLES UN ESTUDIO COMPARATIVO DE LA PRENSA Y TELEVISIÓN. 1 THE INFORMATIVE TREATMENT OF THE IMMIGRATION IN THE SPANISH MASS MEDIA A COMPARATIVE STUDY OF THE PRESS AND TELEVISION Dr. Carlos Muñiz Muriel Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey carmuniz@itesm.mx México Dr. Juan José Igartua Perosanz Universidad de Salamanca jigartua@usal.es España Lic. José Antonio Otero Parra Universidad Europea Miguel de Cervantes otero@uemc.edu España Lic. Citlali Sánchez Hernández Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey citla.sanchez@gmail.com México

Resumen La inmigración es un hecho social presente en todos los países de la Unión Europea, entre ellos España, donde en los últimos años su aumento poblacional extranjero ha ido unido a un incremento de las actitudes perjudiciales hacia la inmigración. El tratamiento informativo (framing) que los medios de comunicación hacen de esta realidad puede tener una alta influencia en las opiniones y actitudes mantenidas por la opinión pública hacia la inmigración. Ello hace necesario el estudio del tipo de cobertura que en los últimos años han dado la prensa y televisión españolas, como medios informativos de mayor audiencia, a los inmigrantes y la inmigración a través de sus noticias. Para ello, se realizó un análisis de contenido de las noticias aparecidas en las principales cadenas de televisión y periódicos españoles durante el año 2004, que permitiera comprobar las hipótesis de investigación planteadas en el estudio. En este sentido, se observó que la mayoría de las noticias que daban cobertura informativa a la inmigración solían tener un carácter negativo y ser emplazadas dentro de la sección de nacional o sociedad. Además, los datos permitieron observar un tratamiento polarizado entre las noticias positivas, que presentaban la contribución económica de los inmigrantes, y las negativas, que vinculaban en mayor medida la inmigración con aspectos negativos como la violencia, siendo además éste el encuadre noticioso dominante. En último lugar, se observó una falta de contextualización temática en las noticias analizadas, con una especial predominancia de la televisión. Palabras claves: Framing, Inmigración, Medios de Comunicación, Minorías.

1

Esta investigación se ha podido realizar gracias a la concesión por parte del Ministerio de Educación y Ciencia de España de una Beca de Investigación, dentro del Programa de Formación de Profesorado Universitario (F.P.U.) (Referencia: AP2002-289) y en el marco del proyecto de investigación financiado por el Ministerio de Ciencia y Tecnología “Análisis de los encuadres noticiosos de la información sobre inmigración en la prensa española” (referencia es BSO2001-1236-C07-03).

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Abstract Immigration is a social issue concerning every European Union’s country. In the particular case of Spain, a negative attitude towards immigration has been raised in proportion to an increment in foreign residency. The media framing about this subject can highly impact the public opinion and attitudes towards migration. Therefore, it is necessary to study the kind of coverage that the Spanish press and television has given to the news about migration and immigrants. In order to probe the hypothesis stated in this study, a content analysis of the news appeared in main Spanish TV networks and newspapers during 2004 was developed. At the end, it was observed that most of the news that covered migration were presented inside the social or national sections with a marked negative bias. Besides, the data allowed observing a marked dual treatment of the positive and negative news about migration, with an emphasis on the negative subjects. In the positive assets of migration, economic contribution of migrants is emphasized; on the negative side, migration is directly related to violence, the frame more presented at Spanish media. Last but not least, it was observed that the analyzed news lacked of the proper contextualization, predominantly concerning television Key words: Framing immigration in Spanish media. A comparative study about press and television.

(Recibido el 30/11/07) (Aceptado el 18/02/08)

Marco Teórico La inmigración en España

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spaña ha sido históricamente un país de emigración, una realidad que comienza a cambiar a partir del año 1996, en el que la inmigración que empieza a recibir es mayor a la emigración que mantiene en el exterior, con incrementos anuales de inmigrantes cada vez mayores. La situación actual de la inmigración en España ofrece los siguientes datos (INE, 2007). El número de extranjeros residentes en el país a 1 de enero de 2007 era de 4.482.568 personas, lo que constituye el 9.93% de su población total empadronada a esa fecha en el país. Un dato, que unido al de aquellos inmigrantes que a pesar de residir en España no están empadronados, arroja un porcentaje cercano al 11% del total de la población española, algo que sitúa al país en un lugar intermedio dentro del conjunto de la Unión Europea. Estos datos estadísticos ponen de manifiesto que en España se está produciendo desde hace varios años un encuentro entre la población “autóctona” y otra externa y de reciente implantación en el territorio español, que tiene además múltiples orígenes geográficos. Un hecho que puede llevar a la generación de dos grupos claramente diferenciados, donde frente a la noción del “nosotros” utilizada referida a los españoles, nace la idea de los “otros”, para referirse a los inmigrantes como grupo diferenciado (Rizo, 2001). Este proceso de encuentro está regido por diferentes opiniones y actitudes hacia la inmigración, que en algunos casos pueden ser de aceptación, y en otros de rechazo, claro precursor del racismo y la xenofobia (Cea D’Ancona, 2004; Gimeno, 2001). En las sucesivas encuestas realizadas por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) se muestra que las expectativas y actitudes de los españoles en relación con la inmigración han evolucionado desde 1996 hasta la actualidad. Así, si en ese año la postura mayoritaria era favorable hacia la inmigración (CIS, 1996), en la actualidad se aprecian actitudes más desfavorables hacia los inmigrantes, en general, entendiendo que “son demasiados” (59.6%) y que sólo se ha de “permitir la entrada a aquellos que tengan un contrato de trabajo” (84.7%) (CIS, 2005). También han aumentado las actitudes

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negativas con respecto a la inmigración, como considerar que su llegada hace disminuir los salarios (47% de acuerdo o muy de acuerdo) o que perjudican las expectativas económicas de los españoles pobres (68.1%). Sin embargo, también se observa un alto apoyo planteamientos como que los trabajadores inmigrantes deberían de tener los mismo derechos que los españoles (78.9%) o que cubren puestos que en la actualidad no cuentan con la suficiente mano de obra (65.4%) (CIS, 2005). Opiniones y actitudes que se generan entre un grupo de personas que reconocen en mayor medida tener contacto directo con los inmigrantes (65.5%), siendo sin embargo también alto el grupo que reconoce no haber tenido ningún tipo de contacto (34.3%) (CIS, 2005). Díez Nicolás y Ramírez (2001) señalan que es entre el colectivo con menor nivel de contacto entre los que se generan mayores niveles de rechazo a los inmigrantes, pero para Cea D’Ancona (2004) el factor del contacto también puede hacer aumentar las opiniones y actitudes negativas. En su trabajo, Ramos, Techio, Páez y Herranz (2005) señalan los factores que pueden explicar este fenómeno de rechazo, entre los que también incluyen la falta de contacto directo, como puede ser el de la amistad o la familiaridad. Además, estos autores señalan otros factores que explican el rechazo, entre los que están las variables socio-demográficas y de orientación política, pues se observa mayor rechazo entre personas de mayor edad, menor nivel de estudios, ideología más conservadora y menor estatus social. También la percepción del inmigrante como una “amenaza real o socioeconómica” en cuanto al conflicto laboral que puede suponer, o la “amenaza simbólica” debido a las diferencias culturales, son factores que para Ramos et al. (2005) pueden explicar el rechazo. Pero, no hay que olvidar el papel que pueden tener los medios de comunicación en el desarrollo de actitudes y creencias hacia los inmigrantes (Cea D’Ancona, 2004), a través de los contenidos informativos (Brader, Valentino y Suhay, 2004; Domke, McCoy y Torres, 1999; Igartua, Otero, Muñiz, Cheng y Gómez, 2007). Por ello, resulta de especial importancia conocer cuál es el tratamiento ofrecido por los medios de comunicación españoles hacia el hecho inmigratorio.

El tratamiento informativo (framing) de la inmigración. Los medios de comunicación tienen la capacidad de organizar, elaborar y dar tratamiento a la información relativa a los asuntos noticiosos, a través del ofrecimiento de diferentes enfoques o puntos de vista sobre el mismo tema (Igartua y Humanes, 2004). Éste es el planteamiento básico que establece la teoría del encuadre o del Framing (Entman, 1993; Reese, 2001; Scheufele, 2004; Tankard, 2001; de Vreese, 2003), que propone el análisis de encuadres noticiosos (news frames) empleados por periodistas para enfocar la realidad social en sus noticias. El proceso de encuadrar o framing implica la selección de “algunos aspectos de la realidad percibida, haciéndolos más sobresalientes en el texto comunicativo” (Entman, 1993: 52), de cara a organizar esos eventos o asuntos para darles sentido o definirlos (Reese, 2001). Ello conlleva, obviamente, que otros aspectos de un mismo tema queden relegados, imposibilitando al público tener acceso a esos puntos de vista a través de las noticias. Esta idea es perfectamente explicada a través de la metáfora utilizada por Tankard (2001) para hacer más comprensible el concepto de encuadre. Según este autor, los frames actúan con el “marco de una fotografía o pintura” (picture frame), puesto que ambos aíslan cierto material, excluyen el que queda fuera del marco y ayudan a centrar la atención sobre el objeto representado. Para ello, en las noticias se seleccionan determinados elementos del mismo, haciéndolos más sobresalientes enfatizando algunos de sus rasgos, de tal manera que se pueda suministrar un contexto para interpretar la información. Centrándose más en las rutinas periodísticas de elaboración de las noticias, Valkenburg, Semetko y de Vreese (1999: 550) describen el encuadre mediático (media frame) como “una forma particular a través de la cual el periodista compone o construye una noticia para optimizar la accesibilidad de la audiencia” es decir, con ellos se consigue simplificar la información. Durhan (1998: 100-101) plantea que los encuadres “hacen el mundo más reconocible y comprensible”, actuando “como dispositivos sociales unificadores, haciendo algunos significados más salientes que los otros”. Incidiendo en este aspecto más periodístico se encuentra la definición de Maher (2001: 86), para quien el framing “implica una relación entre los elementos existentes en el mensaje”, un trabajo que es realizado por el comunicador

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o periodista mediante la organización de esos aspectos de las noticias. Reese (2001: 11), por su parte, en su definición se centra más en los aspectos de relevancia social del mensaje, apuntando que los encuadres son “principios organizadores compartidos socialmente y que son persistentes en el tiempo, los cuales trabajan simbólicamente para estructurar el mundo social dándole sentido”. En este sentido, para Reese (2001: 1) el tratamiento informativo se refiere a “la manera en la que los eventos y asuntos son organizados y se les da sentido por parte de los medios de comunicación, los profesionales de los medios y sus audiencias”. Nelson (2004: 582) también señala la contribución de los encuadres noticiosos de dar sentido a los asuntos, si bien plantea que son “descripciones o interpretaciones alternativas de una misma información, problema o solución”. Estructuras que guían nuestro conocimiento sobre el origen de un problema determinado y ofrecen sugerencias para poder evaluar las soluciones posibles. Apoyándose en los postulados de la teoría del Framing, varios son los estudios que se han desarrollado analizando la cobertura dada a la inmigración en los contenidos informativos de los medios de comunicación. En el caso europeo, van Dijk (2007) apunta que la representación mediática que se ha hecho de la inmigración ha jugado un papel especial en el desarrollo de las actitudes prejuiciosas, a través de la legitimación de los discursos racistas que han sido tradicionales contra los pueblos no europeos. Por su parte, Van Gorp (2005) estudió el tratamiento dado en la prensa a las noticias sobre asilo e inmigración ilegal en Bélgica. Sus resultados mostraron que el enfoque negativo que presenta a los inmigrantes como problemáticos y que abusaban de los derechos que se les habían concedido al acogerlos en el país fue el más destacado. El hecho de la inmigración se ha convertido en una pieza clave de la propia Unión Europea, así lo detectó Dursun (2005) en su estudio que reveló que el asunto relacionado con la ampliación que mayor interés periodístico despertó en el Reino Unido fue el de la inmigración, presentando las consecuencias socio-económicas de la llegada de ciudadanos de los futuros nuevos países miembros. En otros países también se ha estudiado este tópico, como Alemania donde d'Haenens y de Lange (2001) detectaron que los peticionarios de asilo solían ser enfocados en la prensa con tintes sensacionalistas o mediante el enfoque que destacaba las consecuencias económicas de su llegada. También se han desarrollado estudios que abordan desde técnicas transculturales esta realidad en diversos países del Continente. En este sentido, ter Wal, d’Haenens y Koeman (2005) analizaron los 15 países más antiguos de los que conforman la Unión Europea, seleccionando las noticias de un día concreto de 2003. Los autores confirmaron que en su mayoría, las noticias sobre minorías e inmigración tenían un carácter negativo, siendo el principal tema narrado en ellas el del “crimen y la desviación”. Además, entre los roles desempeñados por los inmigrantes destacaba el de criminal o sospechoso. En el caso español, los datos de los estudios realizados concluyen que el tratamiento realizado de la inmigración en los medios de comunicación españoles es claramente negativo, manteniendo las noticias de los diferentes medios de comunicación analizados en general un carácter evaluativo negativo (Igartua, Muñiz y Cheng, 2005), sobre todo en las informaciones emitidas en los informativos de televisión (Igartua, Muñiz, Calvo, Otero y Merchán, 2005). Junto a ello, los estudios demuestran que la televisión tiende a utilizar en mayor medida el encuadre de “interés humano” (Igartua y Muñiz, 2004), cuyos efectos producen el aumento del sensacionalismo presente en la información (de Vreese, 2003). Al mismo tiempo, el tratamiento de la temática referida a la inmigración en los medios de comunicación españoles se produce normalmente desde varios enfoques, o utilizando primordialmente varios encuadres, que suelen priorizar la imagen más bien negativa de la inmigración. Igartua, Muñiz y Cheng (2005) señalan que normalmente domina el encuadre que “vincula la inmigración a la delincuencia”. Junto a él, otros encuadres predominantes son los que presentan la “entrada irregular de inmigrantes en pateras”, el que destaca las agresiones recibidas por los inmigrantes, y otros más positivos, como la “contribución económica” o el que presenta la “experiencia migratoria como proyecto vital”. Una escasa variedad temática y de encuadres que apunta hacia una falta de contextualización en este tipo de noticias, en especial en la televisión (Igartua y Muñiz, 2004).

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Hipótesis de Investigación Tomando como referencia las investigaciones mencionadas, en el trabajo que aquí se presenta se analizó el tratamiento informativo que de la inmigración y los inmigrantes se hizo en las informaciones de la prensa y la televisión de ámbito nacional español durante el año 2004. Con ello, se pretendía corroborar y dar respuesta a las siguientes hipótesis de investigación: H1:

En la elaboración de las noticias españolas sobre inmigración o inmigrantes predomina el uso del carácter evaluativo negativo, especialmente en la televisión.

H2:

Los medios de comunicación tienden a enfocar las informaciones sobre inmigración mediante encuadres más bien negativos, destacando el que vincula a la inmigración y los inmigrantes con aspectos negativos como la delincuencia o violencia.

H3:

El tratamiento informativo de la inmigración se suele realizar a partir de una variedad reducida de enfoques mediáticos, siendo mayor la contextualización informativa ofrecida por la prensa en comparación con la televisión.

Método seguido Muestra y unidad de análisis Las noticias seleccionadas para realizar el presente estudio fueron recogidas durante los 12 meses del año 2004. En concreto, se seleccionaron todas las informaciones aparecidas en los informativos televisivos emitidos en prime time en las cadenas TVE1, Antena 3 y Tele 5, así como en los diarios de información general de ámbito nacional (El País, El Mundo, ABC y La Razón), noticias que constituirían la muestra final del estudio. De cada mes se analizó una semana completa, construida de forma aleatoria, revisándose finalmente un total 252 informativos de televisión (tres telediarios por día) durante un período de 84 días (7 días de cada mes) y 336 diarios (cuatro por día durante el mismo período de tiempo). Para la selección de estas unidades de análisis se contó con la participación de 4 estudiantes de Comunicación Audiovisual de la Universidad de Salamanca, tanto de licenciatura como de doctorado. Su papel consistió en grabar y revisar cada uno de los informativos (grabados en vídeo) y diarios (en la hemeroteca de la Universidad) a fin de localizar todas las noticias, reportajes y entrevistas que aparecieran durante los días de los días seleccionados y que tuvieran como tema principal la inmigración o a los propios inmigrantes. Este proceso de selección y localización de unidades de análisis dio lugar a que se identificaran y se sometieron a análisis 1.000 noticias (267 en televisión y 733 en la prensa) que constituirían la muestra del estudio.

Libro de códigos De cara a realizar la codificación de las noticias seleccionadas, se elaboró un libro de códigos para determinar qué variables serían analizadas en cada una de las unidades de análisis. Los apartados de este libro fueron los siguientes: a) Datos de identificación básicos. Para cada noticia codificada se indicó el medio de comunicación al que correspondía, a la televisión (1) o a la prensa (2), así como el soporte en el que había sido publicada o emitida (1=TVE1, 2=Antena 3, 3=Tele 5, 4=El País, 5=El Mundo, 6=ABC y 7=La Razón). También fue codificado el mes del año en que aparecía cada noticia. La sección en la que aparecía publicada o había sido emitida la noticia fue objeto de análisis, debiendo los codificadores indicar si ésta pertenecía a “Nacional” (1), “Internacional” (2), “Economía y trabajo” (3), “Sociedad y sucesos” (4) y “Otras secciones” (5). Para ello, en el caso de la prensa se tuvo en cuenta la sección indicada en la página. En la televisión, donde las secciones no siempre aparecen de forma uniforme, los codificadores debieron previamente detectar a qué sección pertenecía cada noticia emitida, para después agrupar las que

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pertenecían a la misma dentro de un mismo grupo, independientemente de que hubieran sido emitidas en momentos diferentes del programa. b) Enfoques temáticos de la inmigración. Este apartado del libro de códigos estaba dedicado al estudio de los encuadres noticiosos de la inmigración realizado por cada medio de la muestra. Para ello, se elaboró una escala de 10 encuadres (30 ítems), tomando como referencia el estudio de Igartua et al. (2005). Los autores elaboraron para su investigación una escala que media la intensidad de presencia dentro de las noticias de 10 encuadres vinculados con la inmigración, partiendo del estudio previo de Igartua, Muñiz y Cheng (2005), que concluyó con la existencia de 17 encuadres noticiosos en la prensa para elaborar las informaciones sobre inmigración o inmigrantes. En este trabajo se analizaron 819 noticias publicadas durante el año 2002 en los principales diarios de España, aplicándoles una escala compuesta por 213 variables o ítems. Las diez dimensiones fueron las siguientes (entre paréntesis el coeficiente alfa de Cronbach para evaluar la consistencia interna de cada escala): 1) entrada irregular de inmigrantes en pateras (α=0.91); 2) actuaciones sobre menores inmigrantes (α=0.73); 3) contribución económica de los inmigrantes definidos como trabajadores (α=0.64); 4) tramitación de documentos y regularización de inmigrantes (α=0.78); 5) los inmigrantes como delincuentes y vinculados con mafias u organizaciones delictivas (α=0.83); 6) los inmigrantes como víctimas de agresiones, malos tratos o actos xenófobos (α=0.69); 7) medidas de política común de gestión de fronteras dentro de la Unión Europea (α=0.65); 8) expulsión y devolución de inmigrantes a sus países de origen (α=0.33); 9) debate en torno a la política española sobre inmigración (α=0.66); y, 10) descripción de la experiencia migratoria como proyecto vital (α=0.76). La suma simple de los tres ítems que servían para medir cada encuadre temático se tomó como indicador de la presencia, saliencia o énfasis de éstos en la noticia. c) Carácter evaluativo del acontecimiento principal. Se solicitó a los codificadores que determinaran el carácter evaluativo del acontecimiento principal narrado en la noticia, teniendo en cuenta que siempre habría que hacerlo desde la perspectiva de los inmigrantes. Atendiendo a ello, se codificó como “carácter negativo” (1) cuando el suceso o sus consecuencias eran juzgados como no deseables para los inmigrantes, como noticias sobre detenciones de inmigrantes delincuentes. Las informaciones fueron codificadas con un “carácter neutro o ambiguo” (2) cuando no se apreciaban consecuencias negativas ni positivas para los inmigrantes y, finalmente, “positivo” (3) si el suceso o sus consecuencias eran deseables para los inmigrantes, como las acciones que fomentan la atención y cuidado de inmigrantes.

Codificación y fiabilidad del estudio En la codificación participaron los cuatro estudiantes de Comunicación Audiovisual que habían realizado la selección de noticias, para lo que previamente se les dio formación a través de un sobre análisis de contenido. El corpus de noticias fue dividido entre los cuatro codificadores, a fin de que cada uno de ellos analizara un porcentaje similar de noticias. Finalmente, y después de efectuar el proceso de codificación, se realizó un nuevo análisis sobre aproximadamente un 24% de las noticias seleccionadas aleatoriamente (n=236) (67 noticias de televisión y 169 de prensa), con el objetivo de calcular la fiabilidad del proceso de codificación (intercoder reliability). La fiabilidad intercodificadores se computó utilizando la fórmula de la Pi de Scott, arrojando un valor medio (en las 48 variables consideradas) de 0.732.

2. La “duración de la noticia” (medida en segundos) fue evaluada por uno de los codificadores para todas las noticias que componían la muestra, tomando como referencia el código de tiempos que figuraba en el magnetoscopio. Pero, en el proceso de pilotaje del libro de códigos sí se evaluó la fiabilidad intercodificadores en esta variable, siendo la correlación (r de Pearson) entre las mediciones de dos jueces muy alta (r=0.85).

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Análisis de los resultados Análisis de la cobertura de la inmigración Del total de la muestra de noticias analizadas en el estudio (N=1.000), un 73.3% fueron localizadas en la prensa, mientras que el 26.7% restante se encontraron dentro de los informativos analizados en la televisión. Adentrándose dentro de cada medio de comunicación en los soportes analizados, en la prensa se observó un claro dominio de los medios escritos (El País con el 23.4%, El Mundo aportando el 19.4%, ABC el 15.7% y La Razón el 14.8%), frente a los televisivos (Tele 5 aportó el 12.6% del total, Antena 3 el 8.4% y TVE 1 el 5.7% del total de noticias analizadas). En cuanto al número de noticias emitidas o publicadas por cada periódico o informativo, se comprobó que la media de informaciones era de 3.4 diarias (DT=2.8). Observando la diferencia entre los medios de comunicación (t[998]=-10.242, p<.001), se comprobó que mientras que la televisión ofrecía una media de 2.34 piezas informativas (DT=1.17) por informativo, en la prensa se detectaban hasta 3.79 (DT=2.2) noticias referidas a inmigración por periódico diario. Tabla 1.- Sección en la que aparecía la noticia, por medio de comunicación (Porcentaje columna) Medio de Comunicación Sección

% Total Televisión

Prensa

Nacional

64.3%

46.1%

70.9%

Internacional

5.6%

3%

6.5%

Economía, trabajo

1.1%

1.1%

1.1%

Sociedad, sucesos

19.5%

47.9%

9.1%

Otras

9.5%

1.9%

12.3%

N

1000

267

733

χ2(4, N=1000)=196.639, p<.001 Junto a ello, los datos también permitieron observar cómo la mayoría de las noticias sobre inmigración (64.3%) eran emplazadas dentro de la sección de “Nacional” de los medios de comunicación, seguido a distancia por el porcentaje de noticias incorporadas en la sección de “Sociedad o Sucesos” (19.5%). Sin embargo, al analizar las diferencias entre medios de comunicación, se pudo comprobar cómo éstas eran sustanciales y significativas (χ2(4, N=1000)=196.639, p<.001). Así, mientras que la prensa utilizaba de forma predominante la sección de “Nacional” para presentar la información sobre inmigración o inmigrantes (70.9%), en la televisión estas noticias se repartían entre las secciones de “Nacional” (46.1%) y, sobre todo, la de “Sociedad o Sucesos” (47.9%). Por su parte, el resto de secciones quedaban reducidas a porcentajes muy bajos de noticias en cada uno de los medios de comunicación analizados (Véase tabla 1). Al analizar el carácter evaluativo de las informaciones, los datos reflejaron que el carácter evaluativo dominante entre las noticias analizadas era el negativo (70.6%), siendo menor el porcentaje de noticias con un carácter positivo (19.1%), y muchas menos las que se podían clasificar como neutras (10.3%). Teniendo en cuenta las diferencias entre la televisión y la prensa, se detectaron diferencias significativas (χ2(2, N=1000)=12.143,

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p<.01) en cuanto al carácter evaluativo. Los datos reflejaron que la televisión presentaba más noticias con un carácter negativo (77.5%), frente a las incorporadas en las periódicos analizados (68.1%). En sentido contrario, era la prensa la que tenía más noticias con carácter positivo (21.7%), mientras que la televisión emitió menos piezas informativas con este carácter (12%) (Véase Tabla 2). Tabla 2.- Carácter evaluativo de la información, por medio de comunicación (Porcentaje columna) Medio de Comunicación Carácter evaluativo

% Total Televisión

Prensa

Carácter negativo

70.6%

77.5%

68.1%

Carácter neutro o ambiguo

10.3%

10.5%

10.2%

Carácter positivo

19.1%

12%

21.7%

N

1000

267

733

χ2(2, N=1000)=12.143, p<.01

Encuadres noticiosos de la inmigración presentes en las noticias Al analizar el uso de de los diferentes encuadres noticiosos para la elaboración de las noticias por parte de los medios de comunicación, se pudo observar que era el frame que vinculaba la “inmigración con la delincuencia” el que predominaba sobre el resto de encuadres (M=0.93, DT=1.19). Además, también tenían una alta presencia los encuadres que se refería a la “entrada irregular de inmigrantes” (M=0.42, DT=0.97), la “contribución económica de los trabajadores inmigrantes” (M=0.37, DT=0.74), la “descripción de la experiencia migratoria como proyecto vital” (M=0.35, DT=0.79) y la “presentación de los inmigrantes como víctimas de agresiones” (M=0.33, DT=0.73) (Véase Gráfico 2). Por su parte, los encuadres con menor presencia eran aquellos que se referían a la “política europea de control de fronteras” (M=0.13, DT=0.46), la “expulsión o devolución de inmigrantes” (M=0.12, DT=0.39) y a las “actuaciones realizadas sobre los menores inmigrantes” (M=0.09, DT=0.40) (Véase Grafico 1).

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Gráfico 1.- Puntuación media de cada encuadre noticioso.

Los inmigrantes como delincuentes

0,93

Entrada irregular de inmigrantes en pateras

0,42

Contribución económica de los inmigrantes

0,37

Experiencia migratoria como proyecto vital

0,35

Los inmigrantes como víctimas de agresiones, etc.

0,33

Debate político español sobre inmigración

0,28

Tramitación de documentos y regularización

0,26

Política común de gestión de fronteras de la UE

0,13

Expulsión y devolución de inmigrantes

0,12

Actuaciones sobre menores inmigrantes

0,09

0

0,2

0,4

0,6

0,8

1

Media

Nota.- Cada uno de los encuadres posee un rango teórico de variación de 0 (nada) a 3 (mucho) Al evaluar la presencia de cada encuadre noticioso en las noticias, dependiendo del carácter o valencia afectiva que éstas tuvieran, se localizaron diferencias estadísticamente significativas para siete frames. Sin embargo, las pruebas post hoc de Duncan realizadas permitieron observar que sólo en dos casos las diferencias estaban polarizadas, es decir, se presentaban entre las noticias positivas o negativas y el resto de valencias afectivas. Así, el encuadre de “contribución económica” que presenta a los inmigrantes como trabajadores fue el que más destacó dentro de las noticias positivas (M=0.77, DT=0.02, F(2, 997)=47,307, p<.001). En sentido contrario, el enfoque que vincula la inmigración y a los inmigrantes con delincuencia era el que en mayor medida aparecía en las noticias con valencia afectiva negativa (M=1.20, DT=0.25, F(2, 997)=67,949, p<.001). A fin de detectar la presencia de los encuadres noticiosos en la muestra de noticias analizada, se estudió su evolución durante los meses del año, observándose diferencias estadísticamente significativas a nivel multivariado [Lambda de Wilks=0,60, Fmultivariada(110, 7339)=4.74, p<.001]. A nivel univariado, se analizó la evolución anual del uso de los encuadres con mayor polaridad dentro de las noticias. En este sentido, el frame que vinculaba la inmigración con la delincuencia [F(11, 988)=6.66, p<.001] puntuaba más alto en cuatro momentos del año, correspondientes a los meses de marzo, abril, julio y diciembre. Por su parte, la “contribución económica de los trabajadores inmigrantes” [F(11, 988)=3.97, p<.001] estaba más presente en los meses de junio y septiembre, momentos en los que disminuía en mayor medida el encuadre de inmigración y delincuencia (Véase Gráfico 2).

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Gráfico 2.- Evolución anual de los dos encuadres noticiosos con mayor polaridad afectiva. Contribución económica Inmigrantes como delincuentes

1,5

Media

1

0,5

0 Enero

Febrero

Marzo

Abril

Mayo

Junio

Julio

Agosto

Septiembre

Octubre

Noviembre Diciembre

Diferencias entre los medios en el uso de los encuadres noticiosos A fin de estudiar las diferencias entre los medios en su tratamiento de la inmigración, se procedió en primer lugar a contabilizar el número de encuadres utilizados en las noticias. Ello permitió comprobar que la mayoría de las informaciones tan solo contenían un encuadre (44.4%), que era el único utilizado para enfocar las informaciones sobre inmigración e inmigrantes. También eran muchas las noticias elaboradas utilizando dos encuadres (32.1%), reduciéndose hasta un 14.5% las informaciones con tres encuadres. La variedad de enfoques era muy pequeña, localizándose pocas noticias que utilizaran de cuatro a siete frames (un 7.1% en total). De la misma manera, también se observó que en un 1.9% de las noticias no se utilizaba ninguno de los encuadres propuestos, así como que no había ninguna noticia en la que se pudieran localizar más de siete encuadres (Véase Gráfico 3). Se observaron diferencias estadísticamente significativas entre los medios de comunicación en cuanto al número de encuadres utilizados (t[998]=-3.95, p<.001), haciendo la televisión un uso de menos encuadres noticiosos (M=1.61, DT=1.01), mientras que la prensa tendía a utilizar más enfoques (M=1.89, DT=0.98).

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Gráfico 3.- Porcentaje de noticias por número de encuadres utilizado.

50,0% 44,4%

40,0%

Porcentaje

32,1%

30,0%

20,0% 14,5%

10,0% 6,0% 1,9%

0,9%

0,0% 0

1

2

3

4

5

0,1%

6

0,1%

7

Al estudiar el uso hecho por cada medio de comunicación de los diferentes encuadres noticiosos disponibles, se comprobó que existían diferencias estadísticamente significativas, aunque sólo en la utilización de cinco de los diez tipos de enfoques, y diferencias tendenciales en un sexto encuadre (Véase la tabla 3). En las noticias de televisión tan sólo se detectó un predominio en el uso del encuadre relativo a la “entrada irregular de inmigrantes en pateras” (M=0.53, DT=1.06), frente a la prensa (M=0.38, DT=0.92) (t[998]=2.157, p<.05). Sin embargo, el medio impreso utilizó cinco de los encuadres noticiosos analizados con mayor importancia que la televisión. En este sentido predominaban en sus noticias el encuadre de “contribución económica” (M=0.40, DT=0.78, t[998]=-2.227, p<.05), de “tramitación de documentos y regularización” (M=0.31, DT=0.76, t[998]=-3.369, p<.001), las “medidas de política común de fronteras de la Unión Europea” (M=0.16, DT=0.51, t[998]=-3.375, p<.001) y el “debate político sobre la inmigración” (M=0.35, DT=0.74, t[998]=-5.378, p<.001). Por otra parte, también se detectó que la prensa puntuaba mucho más en el uso del encuadre relativo a la “expulsión y devolución de inmigrantes” (M=0.14, DT=0.41), si bien la diferencia con la televisión (M=0.09, DT=0.40) era tan sólo tendencial (t[998]=-1.678, p<.094). Tabla 3.- Diferencias en las dimensiones de los encuadres noticiosos, por medio de comunicación (Prueba t de Student)

Encuadres noticiosos

107

Media Total

Medio de Comunicación t (998) Televisión

p

Prensa

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Entrada irregular

.42 (.97)

.53 (1.06)

.38 (.92)

2.157

.031

Menores inmigrantes

.09 (.40)

.06 (.29)

.09 (.44)

-1.056

.291

Contribución económica

.37 (.74)

.28 (.62)

.40 (.78)

-2.227

.026

Regularización

.26 (.70)

.14 (.51)

.31 (.76)

-3.369

.001

Inmigrantes delincuentes

.93 (1.19)

.98 (1.17)

.91 (1.20)

0.761

.447

Inmigrantes víctimas

.33 (.73)

.27 (.65)

.35 (.75)

-1.587

.113

Política fronteras U.E.

.13 (.46)

.04 (.26)

.16 (.51)

-3.375

.001

Expulsión y devolución

.12 (.39)

.09 (.34)

.14 (.41)

-1.678

.094

Debate político

.28 (.67)

.09 (.40)

.35 (.74)

-5.378

.000

Proyecto vital

.35 (.79)

.35 (.71)

.35 (.82)

-.113

.910

N

1.000

267

733

Nota.- Cada uno de los encuadres posee un rango teórico de variación de 0 (nada) a 3 (mucho). Entre paréntesis la desviación típica.

Discusión y conclusiones A la vista de los resultados obtenidos en el estudio, se confirma la primera de las hipótesis, pus se vuelve a confirmar el alto grado de negatividad presente en las noticias que tienen a la inmigración o los inmigrantes como tema central de sus hechos. Al igual que se señalara en anteriores investigaciones españolas y del resto de Europa (Dursun, 2005: d'Haenens y de Lange, 2001; Igartua y Muñiz, 2004; Igartua et al., 2005; Igartua, Muñiz y Cheng, 2005; ter Wal et al., 2005; Van Gorp, 2005), las noticias analizadas en esta muestra contienen un claro carácter negativo al dar cobertura a los temas con los que se relaciona a la inmigración y los inmigrantes (71%), frente a tan solo un 19% de noticias que enfocaran el proceso inmigratorio desde posiciones más positivas. Junto a ello, también se constata que los medios de comunicación difieren en cuanto a la negatividad presente en sus noticias, y vuelve a ser la televisión el medio donde los periodistas destacan más los aspectos negativos de la inmigración (Igartua y Muñiz, 2004; Igartua et al., 2005). Sin embargo, los datos obtenidos en este estudio permiten también apuntar hacia un repunte en la negatividad presente en las noticias de prensa (68%), un hecho que puede venir marcado por el propio momento en el que se hizo el estudio, el año 2004, en el que las noticias negativas hacia la inmigración pudieron aumentar debido a los actos terroristas del 11-M. Con todo, sigue siendo la prensa el medio de comunicación que ofrece una visión más positiva de la inmigración. Asimismo, se constatan diferencias entre ambos medios en cuanto al emplazamiento de las informaciones de inmigración, puesto que mientras la prensa las incorpora de forma dominante en la sección de Nacional, la televisión tiende a utilizar en mayor medida la sección dedicada a “Sociedad y sucesos”, y además ofreciendo a estas noticias una mayor importancia frente a la dada por la prensa. Todo ello puede llevar a pensar que la televisión sigue proporcionando una cobertura más sensacionalista de la inmigración, presentando los aspectos más negativos, vinculados con sucesos u otras actividades normalmente presentadas en ese tipo de secciones, y además dándoles a estas informaciones un emplazamiento muy destacado dentro de sus espacios (Igartua y Muñiz, 2004; Igartua et al., 2005). Frente a ello, la prensa parece seguir ofreciendo una visión algo más positiva, incorporando los acontecimientos

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relacionados con la inmigración dentro de una sección más “neutral” (como puede ser Nacional) y sin ofrecer un emplazamiento tan destacado a noticias que, por otra parte, siguen siendo predominantemente negativas. El análisis de los encuadres noticiosos utilizados por los medios de comunicación españoles para tratar la temática de la inmigración en sus noticias arrojó resultados similares a los estudios previos (Dursun, 2005: d'Haenens y de Lange, 2001; Igartua y Muñiz, 2004; Igartua et al., 2005; Igartua, Muñiz y Cheng, 2005; Van Gorp, 2005), pudiéndose por tanto comprobar la hipótesis segunda. En este sentido, se vuelve a comprobar como el encuadre que vincula la inmigración con la violencia y/o delincuencia sigue predominando en las informaciones ofrecidas por los medios de comunicación, seguido por otro encuadre “tradicional” de los medios como es el que enfoca la “entrada de inmigración irregular a través de pateras” y otras embarcaciones. Por tanto, se constata que el tratamiento mediático de la inmigración se sigue haciendo de forma predominante desde encuadres que presentan más bien aspectos negativos de la inmigración. Sin embargo, los datos del estudio también han permitido observar que a lo largo del año 2004 se ha producido un incremento de otros encuadres, antes relegados a posiciones inferiores, y que presentan una visión mucho más positiva de la inmigración. En este sentido, el encuadre que presenta la “contribución económica de la inmigración” ha experimentado un incremento notable dentro de las noticias de los medios, a tenor de los datos obtenidos en los estudios previos (Igartua et al., 2005; Igartua, Muñiz y Cheng, 2005). Los datos del estudio permiten comprobar que hay una clara polarización entre dos de los encuadres noticiosos presentes en las noticias sobre inmigración. En este sentido, el enfoque que vincula la inmigración con problemas como la violencia o la delincuencia (encuadre problematizador de la inmigración) tiende a estar más presente en las noticias donde el carácter evaluativo era claramente negativo. Frente a esta situación, el encuadre que presenta a la inmigración desde el punto de vista de la contribución económica que pueden aportar los inmigrantes a la sociedad de acogida tendía a estar más presente en noticias donde el carácter evaluativo era positivo, correlacionando de forma significativa. Ello viene unido al hecho de que las noticias que tienen un carácter negativo o positivo eran aquellas que además recibían un mejor emplazamiento por parte de los medios de comunicación. Este resultado nos lleva a pensar que durante el año 2004 estos dos encuadres, no sólo han estado muy presentes en las informaciones sobre inmigración, sino que además han sido los frames sobre los que los medios han hecho mayor énfasis en sus informaciones, a través del carácter y la importancia dada. Un hecho qie puede ser explicado por la especial realidad española durante el año 2004, en el que la sociedad vio la concurrencia de dos fenómenos especiales relacionados con la inmigración: los atentados del 11-M, con presencia de inmigrantes marroquíes, y el proceso de regularización comenzado por el nuevo Gobierno del Estado. Como se planteaba en la hipótesis tercera, los datos han permitido observar que la mayoría de las informaciones son elaboradas con tan sólo uno o a lo sumo dos encuadres noticiosos, por lo que se puede corroborar la tercera hipótesis, que planteaba que el tratamiento informativo de la inmigración se suele realizar desde pocos enfoques mediáticos. A este respecto, cabe mencionar que se encontraron muy pocas noticias que no contuvieran ninguno de los encuadres planteados en el estudio, pero también fueron muy pocas las que contenían al mismo tiempo más de 2 encuadres noticiosos. Esto hace pensar que todavía se necesita incrementar el abanico de enfoques temáticos que los medios pueden utilizar para abordar el hecho inmigratorio en el país. Además, cuando se analizó la diferencia por medios, se pudo observar que en general la prensa solía dominar en el uso de ciertos encuadres frente a la televisión, que tan solo dominaba en el uso del que presenta la “entrada irregular de inmigrantes en pateras”. También dominaba la televisión en el que vincula la inmigración con la delincuencia, si bien para este caso no se encontraron diferencias significativas. Todo ello confirma la hipótesis planteada, pues se comprueba que en general la prensa contextualiza más sus informaciones, ofreciendo una mayor variedad de encuadres temáticos sobre la inmigración. A partir de los resultados obtenidos, se puede hipotetizar que el tratamiento informativo dado a la inmigración y los inmigrantes en los medios de comunicación españoles pueden provocar diferentes efectos socio-cognitivos en la opinión pública, dependiendo de los encuadres utilizados para elaborar las noticias de prensa. Los estudios previos demuestran que

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el uso de diferentes encuadres para dar cobertura a ciertos temas o grupos sociales influencia el procesamiento de la información ofrecida sobre un asunto determinado, pudiéndose llegar a producir juicios y opiniones sustancialmente diferentes sobre el asunto, dependiendo del encuadre utilizado (de Vreese, 2003; McLeod y Detenber, 1999; Price et al., 2005; Reese, 2001). Por ello, el hecho de que los inmigrantes en general sean tratados en mayor medida con encuadres como el que les vincula a la violencia y/o delincuencia, o entrada irregular en pateras, además abordados con un carácter claramente negativo, puede hacer que las actitudes y creencias hacia este colectivo sea más negativas por parte del público que consuma este tipo de noticias. En todo caso, también cabe la posibilidad de que el uso del encuadre que presenta la “contribución económica” de la inmigración por parte de los medios genere creencias y actitudes más positivas entre quienes se expongan y consuman este tipo de noticias. Cabe mencionar la posibilidad de que estos efectos se refuercen por la presencia de otros datos adicionales en las noticias, como puede ser la referencia explícita a la nacionalidad de los inmigrantes (Brader et al., 2004). El hecho de que los datos hayan ofrecido una visión muy polarizada de dos grupos nacionales (latinoamericanos y africanos), permite hipotetizar que el protagonismo de la información por parte de estos colectivos refuerce las opiniones y/o actitudes negativas o positivas hacia la inmigración.

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EL TRATAMIENTO INFORMATIVO DE LA INMIGRACIÓN EN LOS MEDIOS ESPAÑOLES. UN ESTUDIO COMPARATIVO DE LA PRENSA Y TELEVISIÓN. CARLOS MUÑIZ MURIEL, JUAN JOSÉ IGARTUA PEROSANZ, JOSÉ ANTONIO OTERO PARRA, CITLALI SÁNCHEZ HERNÁNDEZ. (pp. 97 – 112).

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CINE ARGENTINO Y ESPAÑOL: DIFUSA NACIONALIDAD DE ACTORES Y PERSONAJES. FCO ALFREDO CAMINOS, MARÍA JESÚS RUIZ MUÑOZ. (pp. 113 – 119).

CINE ARGENTINO Y ESPAÑOL: DIFUSA NACIONALIDAD DE ACTORES Y PERSONAJES ARGENTINE AND SPANISH CINEMA: ACTORS AND CHARACTERS DIFFUSE NATIONALITY

Mtr. Fco. Alfredo Caminos Universidad Nacional de Córdoba alfredo_caminos@ciudad.com.ar Argentina Mtr. María Jesús Ruiz Muñoz Universidad de Málaga mariajesus@uma.es España

Resumen Los avatares políticos de España y Argentina en diferentes épocas han traído como resultado el flujo migratorio entre ambos países. Las consecuencias en lo personal son visibles y fáciles de describir, sin embargo, en lo que respecta a la producción cinematográfica, se han logrado complejas derivaciones acerca de la identidad y de la definición de la nacionalidad. De la observación de las últimas películas realizadas en ambas naciones, se deduce que estas apreciaciones narrativas responden, en su mayoría, a acuerdos de coproducción. Desde el punto de vista argumental, aparece un concepto de pérdida de identidad tanto en los actores como en los personajes que representan. Intérpretes de Argentina y España asumen características nacionales que no siempre se corresponden con las de su país de origen. Por otra parte, aparecen hijos de inmigrantes que, habiendo nacido en un país, representan papeles de individuos oriundos del otro lado del Océano, llegando incluso a perderse las formas típicas de hablar del lugar de nacimiento. Sirven de ejemplo algunas de las películas de los últimos años: “Roma” de Adolfo Aristarain, “Lifting de corazón” de Eliseo Subiela y “Tocar el cielo” de Marcos Carnevale.

Palabras claves: Cine, España, Argentina, Nacionalidad, Personajes.

Abstract The political circumstances in Spain and Argentina in different historic periods have brought, as result, the migratory flow between both countries. Referring to movie industry, the consequences could be observed especially in the identity and and the nationality of characters and actors. The analysis of the recent movies filmed in both countries shows that these narrative characteristics are, in most cases, strongly linked to the co-production agreements. From the argumental point of view, the loss of the identity of characters and actors attrack attention. Performers from Argentina and Spain assume national features that are not always conected to ones typical of their original countries. We also find actors, sons of immigrants, who play roles related to both nationalities, coming to terms with losing their original way of speaking typical of their place of birth. Certain movies filmed recently like 'Roma' by Adolfo Aristarain, 'Lifting de corazón' by Eliseo Subiela and 'Tocar el cielo' by Marcos Carnevale, are illustrative examples. Key words: Cinema, Film, Spain, Argentina, Nationality, Characters.

(Recibido el 20/11/07) (Aceptado el 07/03/08)

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Introducción

¿D

ónde están los límites de un país si hablamos de cine? ¿Existen las fronteras? ¿Tienen nacionalidad los actores y los personajes? Es común en las películas argentinas y españolas de los últimos años que se hagan referencias a los personajes argentinos y españoles, a sus gestos, acciones y diálogos, y a otras particularidades de cada nación, como si fuesen próximos sus territorios. Los ejemplos se multiplican día a día con el aumento de la producción de filmes argentinos y españoles. La mayor parte de la cinematografía de Aristarian –por ejemplo- refleja esa proximidad de personajes y la cotidianidad de escenarios de uno y otro lado del Atlántico. Sin duda, una de las más significativas, entre las películas que son objeto de este estudio, es la penúltima producción de Eliseo Subiela, Lifting de corazón (2006). Otros argumentos echan mano de esta binacionalidad, como el filme Roma de Adolfo Aristarain (2004), la obra La puta y la ballena de Luis Puenzo (2004), y los títulos de Marcos Carnevale Elsa & Fred (2005) y Tocar el cielo (2007). Las películas citadas son ejemplificadoras del fenómeno descrito. Por el lado español, se nota de manera significativa la cotidianidad de la existencia de los argentinos en los argumentos ibéricos. Esto se manifiesta de dos maneras: cuando aparecen representados con naturalidad los argentinos que viven en España y, por otra parte, cuando actúan argentinos sin ninguna justificación de la existencia de su nacionalidad. El filme Incautos (2004) de Miguel Bardem es claro en ese sentido, puesto que los actores argentinos ni siquiera expresan ser de Argentina y tampoco demuestran su presencia en el argumento. Las fronteras, por tanto, se remarcan, luego se diluyen y por último desaparecen en las propias aguas que las separan. La temática general expuesta pertenece al proyecto de investigación titulado “Personajes, acciones y escenarios del cine argentino-español español-argentino entre 1975 y 2007”, radicado en la Secretaría de Ciencia y Tecnología (SECYT)- Universidad Nacional de Córdoba1

Fronteras audiovisuales Empleamos habitualmente el vocablo frontera para designar el límite de un estado. En el caso de los intercambios culturales, con frecuencia, parece que frontera quisiera colocar enfrente a dos naciones saltando los límites. Sin ir más lejos, Latinoamérica ha intentado unirse mediante políticas culturales que resalten su identidad continental. Aunque no es éste especialmente el caso de Argentina, más propensa a mirar a Europa que al resto de América Latina, a la cual pertenece. Y si bien, las preferencias han sido por Inglaterra y Francia en un primer momento, ha encontrado en España el lugar adecuado para disolver esas fronteras, a pesar de existir todo un Atlántico de por medio. Nos preguntamos, entonces, dónde están los límites nacionales si hablamos de cine, y observamos que, en materia de producción audiovisual se hace necesario hablar de una binacionalidad. En las películas argentinas y españolas de los últimos años, se han convertido en algo habitual las referencias recíprocas a los personajes argentinos y españoles, a los gestos y acciones, como si fuese natural la existencia enfrente de, al mismo lado, contiguo.

La tradición cinematográfica entre Argentina y España La binacionalidad cinematográfica ha ido consolidándose a través de los años en la historia cultural de los países que constituyen nuestro objeto de estudio. El cine, por esa particularidad de cubrir distancias como los espectáculos presenciales no podían lograr, se desarrolla bajo el amparo de la diversidad y la complementariedad. Sin duda, en términos

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El proyecto está dirigido por el Mgter. Fco. Alfredo Caminos y, para poder cumplir con los objetivos propuestos, se cuenta con la colaboración de María Jesús Ruiz Muñoz, investigadora de la Facultad de Ciencias de la Comunicación, Universidad de Málaga, (España), además de disponer de cuatro ayudantes locales para el visionado y categorización de los filmes: Diego Sebastián Mina, Fernando Andrés Saad, Rafael Alejandro Caminos y Amelia Cristina Orquera.

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cinematográficos, los límites entre España y Argentina se están esfumando, comprender este proceso, es necesario conocer sus antecedentes.

pero para

Las cinematografías argentina y española han estado siempre vinculadas por profundos lazos culturales derivados de los avatares políticos de cada país. La emigración de principio del siglo XX de España a Argentina, producto de la Guerra Civil española y de los planes de población de Argentina, configuró un aporte significativo a la cultura nacional. Por otra parte, las dictaduras argentinas expulsaron a países extranjeros a numerosos artistas, en particular a actores y directores de cine. España y México, beneficiados por la lengua y los lazos ya establecidos, se convirtieron en destinos preferentes del referido grupo de población. Si bien con ambos países se estrecharon contactos de coproducción cinematográfica, la participación con España ha sido especialmente constante y fructífera. En Argentina, en la primera mitad del siglo XX, el comercio, la agricultura y las artes se nutrieron de trabajadores ávidos de mantener de alguna manera los vínculos con sus pueblos originarios. El pleno apogeo del cine al comienzo de la centuria facilitó esa proximidad. Al promediar el siglo pasado, las películas españolas aportaban en buena medida el acercamiento, al mismo tiempo que el cine argentino llegaba a España marcando la pujanza económica del país sudamericano. De esa manera, el vehículo cinematográfico se transformó en un medio de comunicación sumamente importante por las posibilidades culturales que llevaba implícitas. Puede decirse que, en el primer cuarto de siglo, se conformó un lugar especial para el cine dentro de la cultura nacional y también para la exportación a países concretos, en el caso que nos ocupa, España. Pero este flujo sociocultural, se complica aún más a partir de los años cincuenta y sesenta. Las constantes alteraciones al orden gubernamental en Argentina dieron lugar a un trasvase de individuos con destino a España, como refugiados políticos en primer término y en busca de pujanza económica en una segunda etapa. De esa manera, España se nutre de aportes artísticos argentinos relevantes, sobre todo a partir del golpe de estado de 1976, aunque, para ser más precisos, la situación ya arranca desde la persecución política acometida en 1975 tras el fallecimiento del presidente Perón y el advenimiento de la triple A y sus amenazas. Esta migración coincide también con la muerte de Francisco Franco en España, lo cual determina profundas transformaciones en todos los ámbitos y, evidentemente, se enriquece el terreno cultural y, por ende, el cinematográfico.

Personajes argentinos y escenarios españoles, y viceversa Al restablecerse la democracia en Argentina, a fines de 1983, sobrevienen diferentes acuerdos de cooperación cinematográfica que llegan hasta el día de hoy y que posibilitan una serie de películas que usan ambos países como escenarios. Los personajes no son menos, y se convierte en una constante en los argumentos audiovisuales, cinematográficos y televisivos2, la aparición de españoles en Argentina y de argentinos en España. En los últimos veinte años, esta particularidad de intercambio se ha convertido en algo habitual, hasta el punto que daría la impresión de una mayor proximidad geográfica o de que la gran mayoría de los ciudadanos están viajando entre esos países con mucha asiduidad. Pero la realidad es que ese intercambio se limita más a los artistas de diversa índole de ambos países que al común de la población. Con todo, debemos considerar que, a raíz de la crisis argentina del año 2001, se han incrementado los viajes de familiares de argentinos residentes en España y es mayor el flujo turístico de españoles a Argentina. Este nuevo universo escenográfico es aprovechado por los argumentos, y las historias narradas crean una generación de viajeros habituales que acentúa el concepto expuesto. Las necesidades de contar con espectadores de ambos mercados amplía aún más el marco de cooperación. De este modo, es común encontrar en las salas de exhibición productos 2

En el ámbito televisivo, encontramos un claro ejemplo de personajes y escenarios binacionales en la serie Vientos de agua (2006), dirigida por el argentino Juan José Campanella y producida por la cadena española Telecinco. Por otra parte, los equipos técnicos y artísticos que contribuyeron a llevar a cabo este proyecto estuvieron integrados por profesionales de ambos países.

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que reflejan problemáticas comunes con total naturalidad. En considerables ocasiones, también descubrimos la inclusión de simples personajes parodiados como el porteño o el gallego, que se utilizan para generalizar, respectivamente, al argentino y al ibérico. Por ejemplo, en el filme Tocar el cielo, el personaje interpretado por Facundo Arana exhibe su ropa interior una inscripción que reza “Te quiero mucho, gallega” normalizando esa habitualidad coloquial. Hoy, los personajes, las acciones y las localizaciones, en conjunto, dan una idea de la proximidad de la cultura compartida. Asimismo, del panorama descrito se desprende con fuerza la posibilidad de investigar en qué medida los argumentos son generados a partir de estas nuevas realidades. Los personajes y los escenarios compartidos influyen en los argumentos y, por cierto, en la narrativa audiovisual objeto de análisis. Las temáticas entonces aparecen como determinadas desde el guión, concebidas en gran parte al efecto de cumplir con los objetivos comerciales de la producción3. En definitiva, queda patente la necesidad de descubrir de qué manera los recursos de la narración audiovisual han potenciado el acercamiento entre Argentina y España y, al mismo tiempo, han permitido la proliferación de películas que interaccionan elementos procedentes de ambas realidades culturales.

Personajes y diálogos, diálogos y acciones La categoría de análisis Personajes se podría considerar incompleta, a los fines de este estudio, si no incluyésemos los diálogos que avanzan la historia y caracterizan a los que hablan. En numerosas ocasiones, se observa que estos diálogos se salen del esquema habitual para desempeñar la función de aportar alguna información irrelevante para el argumento que, sin embargo, indica detalles de cercanía o lejanía, de falta de fronteras y de límites difusos. La naturalidad del hablar de los personajes agrega cotidianeidad con referencias apenas significativas para los escenarios. Las formas de la conversación de ciertos personajes, entonces, requieren desde el punto de vista de la narración, una claridad argumentativa. Y ésta, en las películas que han sido visionadas, cabalga entre la justificación de la historia y la muestra de diferencias y similitudes. Veamos en primer término algunos ejemplos de aproximación. En Una estrella y dos cafés (Alberto Lecchi, 2005), la actriz española Ariadna Gil, que personifica la esposa del protagonista, pronuncia la siguiente frase en una escena: “¿O no te acuerdas de Madrid?”. Y ésta es la única referencia a la existencia de un mundo diferente al de las locaciones de la historia. La identidad española del personaje está presente, por lógica, en todos los diálogos y sin que exista explicación alguna de la razón de ser de una pareja de nacionalidades diferentes. Por su parte, en el filme Incautos de Miguel Bardem, nos llama la atención el siguiente comentario en una fiesta: “Acento bonaerense, supongo” y la respuesta “Acertó”. Este intercambio de palabras refleja una conversación entre personajes secundarios y su inclusión apunta que se quiere demostrar la existencia de un lugar ajeno al argumento. Más adelante, en el relato existe una segunda y última escenificación con un diálogo referencial. En una habitación, el personaje Pilar, al que da vida la actriz Victoria Abril, es sorprendido por un visitante inesperado. Ante el asombro, ella exclama: “Tenías que esperarme en Buenos Aires”. Este filme cierra así los nombres imprevistos de citas hacia lugares argentinos que apenas sirven para explicar, de alguna manera, una súbita argumentación. Llama la atención, en casos como éste, que si esos lugares se reemplazasen por locaciones españolas, el argumento no cambiaría.

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El proyecto de investigación Personajes, acciones y escenarios en el cine argentino-español y español-argentino ha sido diseñado con el propósito de ahondar en diversos aspectos teóricos y prácticos relacionados con los recursos narrativos empleados en la ficción cinematográfica para apuntalar las historias y los argumentos que interrelacionan los países que son objeto de estudio. Cabe añadir que el trabajo se ha acotado dentro del marco del cine comercial porque es el que tiene una mayor influencia en la configuración del imaginario del gran público y, más específicamente, en su percepción del trasvase sociocultural entre Argentina y España.

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Estos ejemplos no son los únicos, ya que se han detectado numerosos filmes de uno y otro lado del Atlántico en los que se emplean los mismos mecanismos y, con frecuencia, se observan estas características. En la película Cama Adentro (Jorge Gaggero, 2005), un portero de un edificio de Buenos Aires, interpretado por Eduardo Rodríguez, dice “hasta logo”, con típico acento madrileño, en una escena simple y sin mayor relevancia para el argumento. Se trata pues de una clara muestra de aquellos filmes que tienen escasa incidencia. Pero, curiosamente, Cama adentro se adscribe al programa Raíces del INCAA4 y, por lo tanto, debería reflejar de manera más contundente el desdoblamiento de personajes y acciones en escenarios de ambas orillas.

Los filmes de Adolfo Aristarain Las películas del director de cine argentino Adolfo Aristarain son, quizás, las más emblemáticas en lo que respecta a la inclusión y el trato narrativo de escenarios en ambos países y, por ende, también de los personajes, diálogos y acciones referentes a las dos nacionalidades. Si bien Un lugar en el mundo (1991) ensaya la inclusión de personajes españoles en la provincia de San Luis, de manera plenamente fundamentada y con una holgada lógica de argumentación, es la más razonable desde el punto de vista narrativo en los años en que fue realizada y constituye una base de lo que sobreviene después. Aunque, evidentemente, como ya se ha explicado, no es el primer caso ni mucho menos, ya que entre las cinematografías argentina y española pueden contarse numerosos y muy diversos antecedentes de colaboraciones e intercambios5. Martín (Hache) (1997), por su parte, consigue un argumento que justifica el desplazamiento de uno a otro lado con asiduidad, cruzando el charco como si las distancias no influyeran tanto en la vida de los personajes. De todos modos, la movilidad de los protagonistas queda bien amarrada en el contenido argumental, vinculado directamente con la lógica social de los avatares de la realidad del país sudamericano. Lugares comunes (2002) termina por conformar el panorama del traslado, ahora casi como una normalidad, en personajes que parecen vivir en países limítrofes. Aquí la habitualidad no es justificada y apenas pasa a ser una insignificancia en el argumento. Los personajes van y viene de España a Argentina y viceversa, sin que esto conlleve una percepción ajustada a la realidad de lo que implica una gran distancia. Los actores interpretan personajes de la misma nacionalidad que representan y se aprovecha al máximo los modismos y características de la lengua, los diálogos y las acciones. En cualquier caso, ya comienza a vislumbrase el pensamiento del autor en cuanto a cuestiones como el lugar que elegir para residir, las reflexiones en torno al pasado y otras temáticas que coinciden con las que dan lugar al análisis planteado en este trabajo. Si en Un lugar en el mundo se decide dónde vivir, aquí se elige dónde morir. Parecía, eso sí, su última película por la temática tratada. La obra más reciente de Aristarain, Roma, fechada en 2004, ingresa directamente en el relato de la realidad que hemos referido: la distancia, el cruce del océano, la inmigración, el desarraigo. Si en la precedente había indicios de que fuese la última, es en ésta donde se deja patente que aún quedaba un lugar para esconderse del mundo. Se trata de un análisis de la propia vida del director y, tangencialmente, pasa por el tema de los escenarios, los personajes y las acciones. La mixtura de geografías y personajes llega a tal punto que el actor José Sacristán interpreta el papel de un argentino que vive en España desde hace muchos años, justificando de esa manera el acento típico de la Península. Esta nueva realidad de personajes argeñoles6 se vuelve más comprensible en el contexto de la filmografía de Aristarian y ya forma parte de su acervo cultural.

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Programa de subsidio al desarrollo de proyectos que traten argumentos en los que exista referencia de Galicia, Catalunya o Andalucía con personajes argentinos, por parte del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales. 5 Consúltese al respecto González Acevedo (2005) y Maranghello (2005). 6 Denominación utilizada por algunos autores para personas o personajes que pertenecerían a ambas nacionalidades.

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Los diálogos de Roma reflejan en cierto modo una justificación argumental, al mismo tiempo que los relatos verbales del personaje principal retratan la historia de Argentina y los avatares de las últimas cinco décadas en la vida nacional. Los acontecimientos históricos incluidos en la obra participan en el filme como parte del sufrimiento de los personajes por la migración argentina hacia España. Algunos ejemplos son categóricos. Una escena transcurre en un restaurante, donde almuerzan el escritor Joaquín Góñez (personificado por José Sacristán) y su ayudante y transcriptor Manuel Cueto (interpretado por Juan Diego Botto). Allí se escucha el siguiente comentario. “Es curioso que no tenga acento porteño” y la respuesta aclaratoria: “Piensa que son… desde el 67, son treinta y siete años que hace que estoy aquí. Es cuestión de supervivencia, perder el acento era fundamental para ser admitido, para conseguir trabajo. En esos años todavía no nos llamaban sudacas. Pero nos habíamos ganado fama de chantas: ventajeros, arrogantes, mentirosos. No todos somos así, pero parece ser que vinieron los peores”. Trabajaba de traductor y, para ello, le resultaba imprescindible aprender a manejar el castizo. Los diálogos son el reflejo de la identidad de los personajes, permiten la explicación argumental y contienen la información necesaria para que se comprenda un lógico avance de la historia contada en Roma. En nuestro análisis sirven, además, para comprender las diferencias, similitudes y contrastes de los dos castellanos puestos en juego: el castizo y el porteño. Tal como se puede apreciar en el siguiente ejemplo. Quien habla ahora es el director de la editorial Omega, la empresa que tiene contratado a Joaquín Góñez en su juventud (interpretado también por Juan Diego Botto), en el momento que le reconoce sus dotes de escritor tras haber leído un texto suyo: “En un mes, como mucho, quiero todo esto en castizo, como debe ser. La acción transcurre en Madrid, coño. En castellano de verdad, y no en argentino. Y lo que es peor: en porteño.” En los filmes de Aristarain la distancia no existe, los personajes no necesariamente son lo que representan, las acciones son naturales, los escenarios narran en sentido estricto y los diálogos son parte de la identidad de los personajes, inmersos en una argumentación rica en matices. La narración apela a todos los recursos que ayudan a la comprensión de la obra, sin salirse de la binacionalidad y de la naturalidad de la lógica argumental.

Otros casos similares En este apartado, trataremos en primer lugar el último título del director de cine argentino Eliseo Subiela, Lifting de Corazón (2006). No se trata de realizar en este momento una crítica o un juicio de valor sobre la obra. Es más, desde el punto de vista narrativo, se pueden encontrar algunos problemas estéticos y argumentales que nos demuestran estar frente a una película que no va mucho más allá de lo meramente tópico y superficial. Máxime en un realizador del cual se esperaba, teniendo en cuenta sus antecedentes, una obra más reflexiva, más poética y de mayor profundidad. Sin embargo, cabe afirmar que, en el año de su estreno, es la más representativa de esta pérdida de la distancias, de las argumentaciones justificadas por la coproducción y de los diálogos explicativos de situaciones. Subiela presentó en 2006 la película Lifting de corazón, mostrando intenciones demasiado evidentes de confeccionar un argumento más pensado en términos de mercado que atendiendo a una idea que contar. No parece una obra destinada a descubrir que el autor tenga algo que decirnos sino que, por el contrario, se ajustaría en mayor medida a las necesidades de aprovechar un convenio de coproducción. Los personajes se desplazan con una facilidad poco verosímil, sin escenas de transición, si remarcar la distancia de los escenarios. Sirva como ejemplo el momento en que la protagonista femenina argentina llega al consultorio del médico andaluz de improviso, habiendo viajado desde Buenos Aires a Sevilla, como si se tratara del trayecto que va de un barrio al centro de cualquier ciudad. Los diálogos complementan las acciones de los personajes pero, en su reiterado afán de justificar el argumento, terminan siendo explicativos de la existencia o no de la distancia, evidenciando la falta de fronteras y forzando motivaciones argumentales.

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Recientemente, se ha estrenado Tocar el cielo, de Marcos Carnevale. Como en su obra precedente, Elsa & Fred, continúa la misma lógica de producción y además incentiva un argumento de raíces profundamente binacionales. En el filme, las distancias desaparecen y la cotidianidad de las acciones refuerza de alguna manera las características de cada país. No se intenta ahora hacer un juicio de valor sobre la justificación de la historia contada por Carnevale ni de su calidad artística, sino de subrayar la idea argumental arraigada en la existencia de personajes y actores de ambas nacionalidades.

Conclusiones Es posible hablar de la existencia de un nuevo universo que parte de la concepción de la dimensión geográfica que tienen los autores de los textos fílmicos. De Buenos Aires a Madrid se tarda aproximadamente once horas de viaje en avión, las mismas que se invierten en la ruta de autobús desde un lugar del interior a la ciudad de Buenos Aires, y aún existen regiones mucho más distantes. La capital de Argentina es la sede de la industria audiovisual y, por lo tanto, el lugar de residencia de todos los realizadores argentinos que han sido referidos a lo largo del texto y, en general, de aquellos cuya actividad profesional se sustenta en el cine comercial. Evidentemente, a estos cineastas les supone un menor esfuerzo llegar a Madrid que al interior de su país (por frecuencia del transporte, posibilidades laborales, comodidad en general). Incluso cabe apuntar que la capital de España o Barcelona pueden sentirse como lugares más cercanos al estilo de vida de Buenos Aires que el propio interior de Argentina. Ésta se revela como una de las razones que puede explicar los parámetros que rigen las narraciones cinematográficas más recientes. También se trata de los mismos argumentos que justifican que en la industria del cine argentino predomine claramente una visión centralista y capitalina. Los otros motivos del estrechamiento de fronteras a través de la gran pantalla parten específicamente de los convenios de coproducción y de sus correspondientes obligaciones concretas, de la ampliación de mercados y de los lugares de residencia de los actores, entre otros diversos aspectos. Ahora bien, si por alguna razón los realizadores argentinos decidieran contar historias locales, sin participación española, estarían más próximos a la realidad de la mayoría de los ciudadanos. Pero ésta es una decisión cultural y sociológica, más allá de los beneficios económicos de los convenios. De este modo, queda para la reflexión si los criterios de elecciones argumentales obedecen a un cambio cultural del realizador antes que al propio cambio de la sociedad. Si los artistas, que vehiculizan el pensamiento colectivo, el debate de ideas y ponen en crisis al pensamiento político, han migrado hacia una lógica alejada de la realidad del común de la población, entonces se habrían despegado del conjunto social al cual pertenecen, y estarían próximos a contar historias excesivamente ficcionales. Por su parte, los actores ya no representan exactamente la nacionalidad de procedencia, los personajes no se justifican argumentalmente y los timbres característicos de españoles y argentinos no están creando una diégesis correcta, en tanto que se usan sin mayor justificación argumental. Esta nueva situación es la que configura la binacionalidad tanto de los personajes como de los actores y, por ende, termina influyendo en las historias narradas.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS GONZÁLEZ ACEVEDO, Juan Carlos. 2005. Che, que bueno que vinisteis. El cine argentino que cruzó el charco. Barcelona: Diéresis. MARANGHELLO, César. 2005. Breve historia del cine argentino. Buenos Aires: Alertes.

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JORNALISMO ESTRÁBICO: VEJA E CARTA CAPITAL NA COBERTURA DO “ESCÂNDALO DO MENSALÃO”. TOMÁS EON BARREIROS, DANILO AMOROSO. (pp. 120 – 131).

JORNALISMO ESTRÁBICO: VEJA E CARTACAPITAL NA COBERTURA DO “ESCÂNDALO DO MENSALÃO” THE POLITICAL CORRUPTION SCANDAL IN BRAZIL. ANALYSIS OF THE PRESS COVERAGE

Mtr. Tomás Eon Barreiros tomas@unicenp.edu.br Lic. Danilo Amoroso damoroso@terra.com.br Centro Universitário Positivo (UnicenP) Brasil Resumen O presente artigo analisa a cobertura jornalística do chamado “escândalo do mensalão” feita por duas revistas brasileiras, Veja e CartaCapital. O objetivo deste trabalho é demonstrar a influência do posicionamento político na cobertura jornalística. A análise comparativa entre os dois veículos mostra que Veja explicitou uma tendência contrária ao candidato e depois presidente Luiz Inácio Lula da Silva, enquanto Carta Capital apoiou abertamente a candidatura de Lula em 2002 – esses posicionamentos influenciaram a cobertura dos fatos relacionados ao “escândalo do mensalão”, conforme se depreende da comparação entre as capas dos periódicos referentes à cobertura analisada e entre matérias publicadas nos dois veículos sobre o mesmo tema. Enquanto Veja procurou sempre atacar o presidente (e também seu partido e seu governo), considerando-o culpado a priori, CartaCapital, ao contrário, buscou isentar o presidente de culpa nos episódios referentes ao escândalo, chegando a omitir informações e preservando ao máximo a imagem de Lula.

Palabras claves: Meios de Comunicação, Jornalismo, Objetividade, Informação Jornalística.

Abstract The present article analyzes the press covering of the “scandal of mensalão” made by two Brazilian magazines, Veja and Carta Capital. The objective of this article is to demonstrate the influence of the political bias in the press covering. The comparative analysis between the two vehicles shows that Veja explicitly sustained a contrary trend to the candidate and later president Luiz Inácio Lula da Silva, while CartaCapital openly supported his candidacy in 2002. These two different political opinions influenced the covering of the facts related to the “scandal of Mensalão”, as it is inferred from the comparison between the covers of both periodics and between reports on the subject published by them. While Veja always attacked the president (and also his party and his government), considering him guilty a priori, Carta Capital, in contrast, tried to exempt the president from the guilt in the referring scandal episodes, coming to the point of omitting information and preserving Lula’s image as much as possible. These two previously assumed positions resulted in the creation of two “different truths” in relation to the “scandal of mensalão”.

Key words: Mass Media, Journalism, Objectivity, News.

(Recibido el 30/11/07) (Aceptado el 04/03/08)

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JORNALISMO ESTRÁBICO: VEJA E CARTA CAPITAL NA COBERTURA DO “ESCÂNDALO DO MENSALÃO”. TOMÁS EON BARREIROS, DANILO AMOROSO. (pp. 120 – 131).

Introdução tema deste trabalho é a influência do posicionamento político na cobertura jornalística. A pesquisa pretende mostrar como a posição editorial previamente assumida por um veículo de comunicação pode prejudicar a divulgação dos fatos. Embora ainda persista em manuais de grandes veículos da imprensa brasileira como valor do bom jornalismo, a “objetividade” – por vezes até alardeada como fator de qualidade jornalística em campanhas publicitárias para atrair leitores – é um mito insustentável que fica evidente na comparação de veículos com diferentes linhas editoriais.

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É o que se procura demonstrar neste estudo, a partir da análise da cobertura do chamado “escândalo do mensalão” por dois veículos brasileiros de circulação nacional. Foram escolhidas as revistas Veja e CartaCapital como objeto de estudo. Veja foi selecionada por ser a revista de maior circulação no Brasil, considerada referência no jornalismo de revista brasileiro, e por explicitar uma tendência contrária ao candidato e depois presidente Luiz Inácio Lula da Silva. CartaCapital foi escolhida por ter apoiado abertamente a candidatura de Lula em 2002. São comparados textos e capas de edições desses veículos com a mesma data de publicação. A análise de conteúdo é baseada na valoração positiva ou negativa atribuída por esses veículos ao presidente, a seus aliados, a seu governo e ao Partido dos Trabalhadores, evidenciada nas capas e textos das duas revistas. A análise comparativa entre os dois veículos foca-se especialmente em edições do segundo semestre de 2005, período crucial para os desdobramentos da Comissão Parlamentar Mista de Inquérido (CPMI) dos Correios, que gerou diversas denúncias contra o governo Lula. Nos dias 10 e 17 de agosto, principais datas da análise, Veja apontou em suas capas a possibilidade de impeachment de Lula; por isso, essas edições foram escolhidas. As edições de Carta Capital publicadas nos mesmos dias, por sua vez, não fizeram nenhuma referência a um possível impeachment. Enquanto uma revista toma uma posição quase “golpista”, outra poderia ser considerada “chapa-branca”, conforme o jargão jornalístico define os veículos de sustentação ao governo. Essas posições dos veículos influenciaram suas coberturas jornalísticas de modo a criar diferentes realidades em relação ao “escândalo do mensalão”.

Opinião x informação Por natureza, o jornalismo é ideológico. Em seu tempo de afirmação, diz José Marques de Melo, “o jornalismo caracterizava-se pela expressão de opiniões. Na medida em que a liberdade de imprensa beneficiava a todos, as diferentes correntes de pensamento ou os distintos grupos sociais se confrontavam através das páginas que editavam” (Melo, 2003: 23). Conforme Luiz Amaral, “Até a primeira metade do século XIX não havia preocupação, por parte do editor e do leitor, com equilíbrio e imparcialidade. Como a imprensa era sobretudo político-partidária, compravase (assinava-se) jornal para saborear a versão parcial dos acontecimentos e para se ler as críticas aos adversários, quase sempre pessoais, procedentes ou não, e invariavelmente em termos fortes, quando não afrontosos” (Amaral, 1996: 26). Não era objetivo desse jornalismo publicista oferecer informação objetiva e isenta, mas ganhar adeptos para as idéias defendidas. O principal responsável pela mudança na condução do jornalismo foi o capitalismo (cfr. Amaral, 1996; Pereira JR., 2001). Nos Estados Unidos, tomou corpo o jornalismo industrial, que vendia a notícia como mercadoria. Ganhava força o jornalismo informativo, que “afigura-se como categoria hegemônica, no século XIX, quando a imprensa norte-americana acelera seu ritmo produtivo, assumindo feição industrial e convertendo a

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informação de atualidade em mercadoria. A edição de jornais e revistas que, nos seus primórdios, possui o caráter de participação política, de influência na vida pública, transformase em negócio, em empreendimento rentável” (Melo, 2003: 24). Para fazer de um jornal uma empresa rentável, era necessário conquistar mais leitores, atraindo assim o mercado publicitário. Para isso, era necessário transformar a notícia no simples relato desapaixonado do fato. “Menos partidarismo, menos preconceito, menos distorções, menos parti pris, mais leitores, mais anúncios, receita maior. (...). O mecanismo da mudança foi simples: ficou decidido que a notícia guardaria isenção e apareceria em sua forma crua, natural, sem interpretação. Os fatos, exclusivamente os fatos” (Amaral, 1996: 34). No Brasil, o jornalismo informativo consolidou-se na década de 1950, como resultado da concorrência dos veículos impressos com a TV, novidade que prometia arrebatar os leitores de jornais. “Os sistemas de difusão foram revolucionados, nas décadas de 40 e 50, com a chegada da TV. O seu crescimento afetou as outras indústrias culturais, entre outras coisas, em termos da competição pelo lucro na publicidade” (Pereira JR., 2001: 44). Os jornais diários adotaram uma aparente posição de neutralidade para conquistar um maior número de leitores, agradando o mercado publicitário e aumentando a renda dos veículos. A notícia com ar de imparcialidade pode conquistar públicos mais amplos. Foi por essa razão que a limitação das notícias a um suposto relato imparcial dos fatos foi tão cultuada na primeira metade do século XX. Apesar disso, embora “a objetividade fosse um autêntico valor profissional do jornalismo, na década de 30, era um valor que, segundo Michael Schudson, parecia desintegrar-se tão logo foi formado. Ela se tornou um ideal exatamente quando a subjetividade passou a ser encarada como inevitável por ser insuperável na apresentação das notícias” (Amaral, 1996: 62). Clóvis Rossi explica: “(...) entre o fato e a versão que dele publica qualquer veículo de comunicação de massa há a mediação de um jornalista (não raro, de vários jornalistas), que carrega consigo toda uma formação cultural, todo um background pessoal, eventualmente opiniões muito firmes a respeito do próprio fato que está testemunhando, o que o leva a ver o fato de maneira distinta de outro companheiro com formação, background e opiniões diversas. É realmente inviável exigir dos jornalistas que deixem em casa todos esses condicionamentos e se comportem, diante da notícia, como profissionais assépticos” (Rossi, 2000: 10). Hoje, muitos grandes veículos impressos brasileiros apresentam-se (inclusive em suas campanhas publicitárias) como veículos informativos isentos, imparciais, objetivos, embora a realidade derrube o mito da objetividade. A suposta objetividade jornalística é ilusória, já que a informação passa pelo filtro de um sujeito, que seleciona a informação e a apresenta sempre a partir de um ponto de vista e de uma angulação determinadas. A “realidade objetiva” transmitida pelo jornal é sempre uma representação da realidade, construída a partir da manipulação dos dados pelo jornalista. Esses dados passam por inúmeros “filtros” subjetivos: a seleção da própria informação considerada relevante, a escolha dos aspectos mais importantes dessa informação e a construção da narrativa, por exemplo, são elementos que carregam necessariamente a subjetividade do jornalista que transmite a notícia.

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Não obstante procurem apresentar-se aos leitores como neutros, isentos, imparciais, transmissores de uma informação “verdadeira” baseada na reprodução da realidade objetiva, muitos veículos mal escondem sob essa aparente neutralidade suas preferências políticas. Não é condenável, muito menos antijornalístico, que um veículo demonstre sua satisfação ou insatisfação a respeito de alguém ou algo, desde que explicitamente. O problema é esconder as opiniões sob uma aparência de objetividade e imparcialidade. A partir da necessidade de mostrar um jornalismo sem opinião, os veículos impressos criaram espaços delimitados para a expressão aberta de idéias, sem a obrigação de imparcialidade. Separar graficamente e bem distintamente colunas opinativas de reportagens “objetivas” é um recurso para criar a impressão de que a opinião está reservada somente àquelas poucas seções: a existência desses espaços específicos para a manifestação da opinião faz o leitor supor que, nos demais textos da publicação, só vai encontrar informação objetiva e isenta de juízos de valor. Entretanto, não é o que acontece. O processo de produção jornalística, conforme já comentado, é permeado de escolhas subjetivas, de tal modo que não se pode dizer que o que está nas páginas dos veículos é informação objetiva e isenta. Os veículos, não obstante, escondem seu direcionamento editorial sob o véu de uma propalada isenção.

As revistas Os jornais diários, antes da difusão dos meios eletrônicos de comunicação, eram os principais veículos de informações novas. Com o avanço dos veículos eletrônicos, os diários encontraram seu espaço oferecendo ao leitor um aprofundamento das reportagens – na impossibilidade de competir com a velocidade e o imediatismo dos meios eletrônicos, os impressos têm caracteristicamente uma profundidade maior no trato das informações. A competição dos impressos com os meios eletrônicos é um problema ainda maior no caso das revistas semanais de informação. As revistas acabaram por criar um modelo mais analítico e interpretativo de cobertura dos fatos. Um jornal diário vai de novidades e notícias quentíssimas a passado de museu em um curto período de 24 horas. No caso da revista, por ela. “dispor de um tempo maior para informar, analisar e interpretar o fato, a revista semanal de informações não busca extremos de imparcialidade. Além do mais, a imparcialidade é um mito da imprensa diária. Um mesmo texto pode conter informação, análise, interpretação e ponto de vista. Outra característica da revista semanal de informações é assumir mais declaradamente o papel de formadora de opinião” (Vilas Boas, 1996: 34). Entretanto, mesmo que assumam “mais declaradamente” esse papel, as revistas não se apresentam como veículos de jornalismo opinativo – a opinião explícita também é separada graficamente das reportagens informativas, ou, mais propriamente, interpretativas: o jornalismo típico de revista é o jornalismo interpretativo, que busca não apenas informar acerca dos fatos, mas buscar os antecedentes, a contextualização e as conseqüências dos fatos noticiados. Veja-se o que afirma a publicação “A revista no Brasil” sobre a revista Veja, criada em 1968: “nos moldes da americana Time, (...) com a disposição de ir além da mera resenha da semana, servindo ao leitor coberturas exclusivas e, sobretudo, interpretação: o contexto em que o fato se deu, seus possíveis desdobramentos e conseqüências” (2000: 60). A revista CartaCapital, por sua vez, teve seu primeiro exemplar datado de 1994. Quem assina o editorial número 1 é Mino Carta, evidenciando o destaque aos assuntos políticos da nova publicação e o desejo de influenciar os detentores do poder: “[...] uma CARTA Capital endereçada ao coração do poder. De fato, ela vai falar de e para aqueles que, nos mais diversos níveis, decidem os destinos de comunidade. Aqueles que teriam de dar o exemplo ao escolher as melhores rotas com os

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olhos voltados para os interesses da sociedade toda” (Carta, 1994). As duas revistas têm linhas editoriais distintas. Com base na ideologia daqueles que controlam um veículo informativo, estabelece-se sua linha editorial, que condiciona que tipo de informação será divulgado, de que maneira o será e quem terá voz no veículo. Lembra Melo (2003) que escolher os temas que comporão uma edição de jornal ou revista é a primeira maneira de expor a ideologia de uma empresa jornalística. A decisão sobre o que é e o que não é notícia acaba sendo fruto de critérios subjetivos dos responsáveis pela seleção da informação a divulgar. Essa seleção representa a visão que um veículo possui do mundo, e é a principal maneira de o veículo expressar suas idéias. A seleção da informação de um veículo determina sua linha editorial. Os filtros ideológicos estão presentes nas etapas do processo produtivo de uma notícia, desde a escolha do que será ou não divulgado, passando pelo enfoque que será dado (pauta), como será pesquisado (cobertura), quem ganhará voz dentro do veículo (escolha das fontes), até a última filtragem do que foi apurado (edição ou copy-desk). A pauta direciona o percurso do repórter e indica o ângulo sob o qual o assunto deverá ser tratado. Esse ângulo é definido por um seleto grupo dentro da redação. São pessoas diretamente ligadas aos interesses ideológicos e comerciais da empresa – editores, pauteiros, chefe de reportagem, editor-chefe, dirigentes. São esses, segundo Melo (2003), os encarregados de orientar a opinião do veículo. O relacionamento e a escolha das fontes também são determinantes para a orientação ideológica de uma empresa jornalística – a consulta a certas fontes e não a outras conduzirá a informação numa determinada linha. Depois de produzido o texto pelo repórter, esse texto, para ser publicado, precisa passar pelo último filtro: a figura do copy-desk. Hoje, essa figura, em grande parte dos veículos, foi substituída por profissionais com funções que carregam outras denominações, como editor de página ou simplesmente editor. O termo copy-desk está caindo em desuso. É função do editor corrigir eventuais erros, reordenar parágrafos, se preciso, enfim, fazer as correções necessárias. O editor exerce essa função, mas seu trabalho não se limita às características textuais: ele é o microfiltro ideológico, a última peneira da produção jornalística, com função e autonomia para barrar aquilo que não convém à linha editorial da instituição jornalística. O editor é o vigia da empresa. A organização vertical de uma empresa jornalística, que permite a supervisão da redação por parte dos organizadores, e a maneira como é exposta a opinião assinada em um jornal diário, a fim de isentar o veículo que a divulga, atrela a orientação ideológica àqueles que controlam a instituição. A execução dessa orientação é dever dos repórteres e editores. Eventuais impasses e desacordos são inicialmente discutidos. Advertências aos repórteres podem acontecer. Em casos mais graves, pode até ocorrer o desligamento do repórter da instituição. A expressão opinativa por parte de um veículo acaba sendo fruto de um acordo entre todos os integrantes de sua redação e seus superiores. A direção determina um ângulo mais específico da cobertura de um assunto. Editores e repórteres, em provável consenso com o que foi determinado, executam a tarefa. Cada um cumpre seu papel, o que não gera uma batalha pelo controle ideológico. Há um interesse natural de elevação de cargos na empresa, inibindo nos jornalistas atitudes contrárias às orientações da direção. Portanto, em que pese a suposta neutralidade ou imparcialidade que o veículo se atribua (inclusive explicitamente em campanhas publicitárias, como é freqüente acontecer), há uma ideologia que permeia a publicação, definida pela sua linha editorial, que se choca com qualquer idéia de “objetividade”. É o que se pode depreender da cobertura do “escândalo do mensalão” feita por Veja e CartaCapital.

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Análise das revistas Feitas essas considerações prévias, cabe agora fazer a análise das edições de Veja e CartaCapital. Antes de analisar matérias de Veja e CartaCapital do dia 10 de agosto de 2005, é interessante estabelecer o posicionamento desses veículos sobre Lula, desde o período eleitoral, em 2002.

Capas de 2002 a 2005 Para isso, foram escolhidas as capas com fotos, títulos ou manchetes referentes a Lula ou a qualquer de seus assessores ou membros do PT. Para definir se uma capa tem um tom negativo ou positivo, procuraram-se adjetivos ou outros elementos que demonstrassem juízo de valor, implícita ou explicitamente. Montagens de fotos também foram consideradas. De janeiro de 2002 até 10 de agosto de 2005, Veja publicou 184 edições. CartaCapital publicou 178 edições. Essa diferença no número de exemplares se explica pelo fato de a revista CartaCapital ter tido circulação mensal até abril de 2002, quando passou a ser semanal, como Veja. Das 184 edições de Veja, 30 (16,3%) mencionavam diretamente o presidente Lula, o governo dele, o PT (partido dele) e/ou seus assessores. A revista CartaCapital mencionou mais vezes o presidente: das 178 edições, 39 (21,9%) delas mostravam na capa imagens e/ou títulos referentes ao seu governo. Analisando-se essas capas, chega-se aos seguintes dados: 1) CartaCapital deu mais destaque ao governo Lula no período. 2) Veja apresentou em todos os anos tom desfavorável ao governo (24 capas com tom desfavorável: seis em 2002, cinco em 2003, cinco em 2004 e oito em 2005). 3) CartaCapital mostrou total apoio a Lula em 2002 (18 capas com tom favorável) e 2003 (seis capas com tom favorável). Porém, a partir de 2004, CartaCapital mudou o tom. Foram 11 capas desfavoráveis (cinco em 2004 e seis no primeiro semestre de 2005). 4) Veja fez mais acusações do que apurações em suas capas. CartaCapital suscitou dúvidas e denúncias, mas não acusou nominalmente nenhuma pessoa. A partir de 2005, a revista adotou uma linha mais prudente, ressaltando a necessidade de uma investigação maior sobre as denúncias que rondavam o governo. A partir da análise das capas, pode-se concluir que Veja não poupou críticas a Lula, enquanto CartaCapital demonstrou-se descontente, porém abriu mais espaço para a apuração das denúncias, sem fazer acusações. CartaCapital concedeu ao presidente o benefício da dúvida, poupando sua imagem e nome nas capas. Veja assumiu as denúncias como verdades e as usou como severas críticas.

Capas de 10 e 17.ago.2005 A seguir, são analisadas quatro capas das edições de 10 e 17 de agosto de 2005.

Edições de 10.ago.2005 A diferença temática e de cores é muito nítida entre as duas revistas. A capa de Veja tem um fundo preto. A manchete principal é “Lulla”, com os dois “l” pintados, um de verde e outro de amarelo, remetendo aos “caras-pintadas” e ao processo de impeachment do presidente Fernando Collor de Melo, em 1992. Acima dos dois “l” pintados, há uma foto pequena do presidente Lula, cabisbaixo. Tem-se a impressão de que ele está olhando para os “l” pintados, com um semblante preocupado e tenso. O subtítulo, logo abaixo da manchete, diz: “Sem ação diante do escândalo que devorou seu partido e paralisou seu governo, Lula está em uma situação que já lembra a agonia da era Collor”.

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Na parte de cima da capa, há outra manchete, sobre um tom cinza-escuro: “O Diário da Crise”. O subtítulo diz: “Os 100 fatos e as mentiras mais absurdas ditas para esconder a corrupção”. A capa de CartaCapital tem temática, fotos e cores diferentes. A manchete principal diz: “Nos bastidores da Conexão Lisboa”. Há três subtítulos: “Valério, Dirceu, o orelhudo e a briga pelo controle da Telemig Celular”; “A lista da lama no Congresso”; “O PT reage e ameaça os fujões”. A capa tem como fundo uma foto cinza do então ministro-chefe da Casa Civil, José Dirceu, de cabeça baixa, com semblante perturbado. Há outra foto, menor, colorida, do publicitário Marcos Valério, considerado o principal articulador do esquema de corrupção na época. A temática principal desta edição de CartaCapital são as viagens de Marcos Valério a Portugal, que poderiam ser eventos-chaves no esquema de corrupção. O segundo subtítulo, “A lista da lama no Congresso”, é sobre a relação de políticos, tanto do PT quanto de outros partidos, que poderiam estar envolvidos em corrupção. A diferença mais gritante entre as capas são os desdobramentos da situação para Lula. Veja comparou a situação de Lula com a do governo Collor e mencionou a possibilidade de impeachment. CartaCapital sequer cogitou essa possibilidade. Estaria Veja sendo precipitada? Ou CartaCapital omissa? A análise das matérias das revistas esclarecerá essa diferença.

Edições de 17.ago.2005 A capa de Veja deste dia traz novamente Lula e seu provável impeachment. Toda a capa é preenchida com uma foto colorida do presidente durante um discurso. O semblante de Lula não é dos mais tranqüilos. Pelo contrário, é possível perceber uma pessoa preocupada. A manchete diz: “A luta de Lula contra o impeachment”. A palavra impeachment aparece destacada em tamanho maior e cor amarela. O subtítulo: “A defesa do presidente na televisão não convence e ele perde a chance de explicar o escândalo” revela o tom opinativo de Veja. Na parte de cima da capa, sobre um fundo amarelo, mais três manchetes. A primeira, à esquerda, diz: “Duda Mendonça diz que a campanha de 2002 foi paga com dinheiro sujo”. A segunda, ao lado, diz: “Preso, Toninho da Barcelona, doleiro do PT, quer contar tudo na CPI”. A terceira, à direita da capa, diz: “Hélio Bicudo: ‘Lula é mestre em esconder a sujeira embaixo do tapete’”. Nesta capa, Veja utilizou discursos alheios para demonstrar opinião, isentando-se do conteúdo acusador das declarações. Entretanto, como é óbvio, a própria escolha dessas declarações aponta um direcionamento negativo na capa. A capa da edição de CartaCapital tem o fundo preto. Na capa, quatro rostos: em primeiro plano, o presidente Lula; em segundo plano, um pouco acima e à esquerda de Lula, José Dirceu, com semblante nada feliz; um pouco acima e à direita de José Dirceu, o publicitário Duda Mendonça, com a mão no rosto, em sinal de descontentamento; acima de Mendonça, ao meio, Delúbio Soares, contador do PT, apontado como um dos articuladores de esquemas de corrupção. A manchete principal pergunta: “Qual é o tamanho da traição?”. Há três destaques na capa. O primeiro: “Diz Lula: ‘Não consigo fazer com que o Dirceu me conte a verdade’”. O segundo, logo abaixo: “Diz Tarso: ‘Não há futuro para o PT sem substituir o núcleo hegemônico do partido’”. A terceira: “A ‘revelação’ de Época foi contada por CartaCapital em 2002". Aqui, um outro veículo informativo é citado. Raramente isso acontece. A exceção se deve ao desejo de desmerecer ou criticar a concorrente. Considerando a postura predominantemente pró-Lula e a manchete principal, pode-se dizer que Lula aparece como uma pessoa traída que está tentando solucionar a crise, mas encontra dificuldades para isso. Coincidentemente, CartaCapital utilizou os mesmos recursos que Veja. Veja usou declarações entre aspas para mostrar Lula como uma pessoa envolvida

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com os escândalos do seu partido. Já CartaCapital utilizou esse recurso para mostrar uma outra pessoa, totalmente diferente: alguém traído e de mãos amarradas.

Matérias de 10.ago.2005 Para a análise que segue, foram selecionados trechos importantes de matérias de Veja e CartaCapital, sejam eles carregados de adjetivos ou fazendo explicitamente juízo de valor. A edição de Veja de 10.ago.2005 dedica 24 páginas à política nacional. São quatro matérias. Três delas foram citadas na capa. Mesmo sem destaque na capa, a matéria “O que Marcos Valério propôs aos portugueses” também será analisada, uma vez que o assunto está na capa de CartaCapital do mesmo dia. A primeira matéria, na página 56, tem o título “As cores da crise”. Lula é apontado como alguém que está deixando a turbulência em seu governo acontecer sem interrompê-la: “Lula a está conduzindo mais ao ritmo de cerveja e samba de seu ídolo Zeca Pagodinho: ‘Confesso que sou de origem pobre / Mas meu coração é nobre, / foi assim que Deus me fez / E deixa a vida me levar / Vida leva eu / E deixa a vida me levar’.” No parágrafo seguinte, Veja publica uma declaração do então senador do PSDB cearense Tasso Jereissati: “O presidente está abusando da paciência ao fingir que não sabia de nada e ao adotar esse discurso de que os fatos são criados por uma oposição ressentida e pela imprensa. Exigimos que ele assuma sua responsabilidade. Assuma o papel de chefe. Chega de fingir que não sabe de nada, presidente! Chega de farsa!” Assim, por meio da reprodução de uma falha alheia em discurso direto, Veja critica Lula. Durante a matéria, o repórter Alexandre Oltramari afirma: “À medida que a CPI avança, os caminhos do dinheiro apontam com mais precisão para o Palácio do Planalto.” Para corroborar tal afirmação, são utilizados depoimentos do então deputado e líder do PTB na Câmara Federal, Roberto Jefferson, e de Duda Mendonça (marketeiro de Lula na campanha de 2002), durante as investigações da CPI do mensalão. Não são utilizadas frases textuais de Jefferson, apenas o contexto de seu depoimento. De Mendonça, são utilizadas duas falas: 1) “Eu trabalhei e recebi. De onde veio o dinheiro eu não sei. O problema é que nego é burro. Precisa roubar, pô? Eu não roubava quando era pobre. Não vai ser agora que eu sou rico que vou fazer isso”; 2) “Eu tô limpo. Nego que se vire para explicar.” Após a publicação da segunda declaração de Mendonça, Veja conclui: “Resumindo a história: uma parte da campanha do presidente foi paga com dinheiro repassado por Marcos Valério, que, é bom lembrar, tem contas de publicidade em várias empresas do governo.” A revista se refere ainda a uma suposta manifestação popular a favor do impeachment. Não mostra imagens dessa manifestação, não informa o número de participantes, nem onde teria ocorrido, apenas diz que aconteceu “na semana passada” (portanto, entre os dias três e nove de agosto). A matéria seguinte, intitulada “O embaixador da corrupção” (p. 60), trata de viagens de Marcos Valério a Portugal. Logo no primeiro parágrafo, o repórter Marcio Aith afirma que “Valério já tinha construído uma reputação além-mar, em Portugal, onde era recebido como um emissário do governo Lula.” Poucas linhas depois, a denúncia vai adiante: “Por ordem de Dirceu, Valério e o ex-tesoureiro informal do PTB, Emerson Palmieri, teriam sido enviados a Portugal para recolher da companhia telefônica 12 milhões de reais ao PT e outros 12 milhões de reais ao PTB, a fim de ‘colocar em dia’ as contas dos dois partidos. A declaração foi baseada também no depoimento de Roberto Jefferson à CPI do mensalão.” No parágrafo seguinte, é utilizada uma frase de Jefferson para indicar que a corrupção estava acontecendo perto do presidente: “Tratei de todos os assuntos com vossa excelência, deputado José Dirceu, os republicanos e os não republicanos. Vossa excelência nos deixava à vontade para qualquer conversa na ante-sala do presidente da República”.

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Em seguida, Veja afirma que Dirceu negou tal afirmação, porém foi logo desmentido por “novos fatos”, os quais “deram força às acusações de Jefferson”. A revista indica a existência de um documento enviado à CPI que comprovaria encontros de Dirceu com representantes de bancos portugueses. A revista também afirma que “os mensageiros do PTB e do PT viajaram para Portugal. Estiveram em Lisboa entre os dias 24 e 26 de janeiro deste ano, como indicara Jefferson.” Veja afirma que “se descobriu que Valério também esteve em Portugal em outubro de 2004, ocasião em que se encontrou com o presidente da Portugal Telecom, Miguel Horta e Costa. Logo depois, Valério e Costa foram recebidos em audiência pelo então ministro de Obras Públicas, Transportes e Comunicações de Portugal, António Mexia.” A revista ainda afirma que Mexia disse a um semanário português ter recebido Valério na qualidade de “consultor do presidente do Brasil, a pedido de Miguel Horta e Costa”. Poucas linhas adiante, o repórter conclui o caso: “Ou seja, Valério foi recebido como consultor de Lula. Só não se apresentou como tal.” Na página 70, a matéria de autoria de Juliana Linhares e Julia Dualibi, intitulada “Dirceu, o ex-mestre dos disfarces”, acusa Dirceu de mentir em seus depoimentos. Há uma montagem de uma foto do então deputado com um longo nariz de madeira, numa alusão ao personagem Pinóquio. O segundo parágrafo da matéria começa do seguinte modo: “Dirceu mentiu quando: disse que desconhecia os empréstimos contraídos pelo PT via Marcos Valério, negou ter relação com a Portugal Telecom, declarou jamais ter proposto qualquer coisa ilícita a deputados ou partidos e afirmou estar distante do PT desde 2002. Mentiu também quando disse que ‘não é fato’ que seu assessor informal e fiel escudeiro Roberto Marques, o ‘Bob’, tenha sido autorizado a sacar 50.000 reais de uma conta do empresário Marcos Valério.” Para fortalecer tais afirmações, a revista preparou um quadro intitulado “O Deputado Pinóquio”, no qual aparecem afirmações literais de Dirceu, a situação em que elas teriam sido desmentidas e em quanto tempo o foram. São seis afirmações, das quais aqui se analisam algumas. A primeira: “Não tinha conhecimento desses empréstimos nem que a distribuição era feita pelo Banco Rural”. Segundo as repórteres, essa declaração foi desmentida pelo depoimento de Marcos Valério, no mesmo dia: “Na mesma terça-feira, Marcos Valério afirmou à Procuradoria Geral da República que os empréstimos feitos por ele em benefício do PT tiveram, sim, o aval de Dirceu. Afirmou ainda que o ex-ministro participou de diversas reuniões com os dirigentes dos bancos para tratar do assunto”. Ora, se as duas declarações foram feitas em circunstâncias semelhantes (depoimentos em uma CPI) e para as mesmas pessoas (relatores e responsáveis pelos inquéritos), por que a afirmação de Valério desmente a de Dirceu, e não o contrário? Isso ilustra bem como o veículo utiliza uma declaração com a intenção de desacreditar alguém – que pode ser qualquer um, conforme o valor que a própria revista atribui a cada declaração. Na terceira afirmação – “Jamais propus para qualquer deputado, senador ou líder qualquer proposta que não fosse lícita” –, novamente Veja utiliza uma declaração de terceiro para desmenti-la: “Em entrevista dada ao colunista de VEJA Diogo Mainardi [...] na quintafeira, o deputado José Janene, líder do PP, confirma que Dirceu negociou o pagamento de 600.000 reais para o PP em troca de apoio da bancada”. Novamente, a afirmação de Dirceu é desmentida pela de Janene, e não o contrário. A revista admite a priori que somente Dirceu mente e exclui a possibilidade de outras fontes estarem mentindo. A quarta afirmação de Dirceu também é desmentida, desta vez por um ofício do Ministério da Casa Civil. Disse Dirceu: “Não acompanho mais a vida orgânica do PT desde dezembro de 2002”. A revista afirma que no ofício está escrito que Dirceu “se encontrou 14 vezes com Delúbio Soares, ex-tesoureiro do PT, 16 vezes com Silvio Pereira, ex-secretário do partido, e 11 vezes com José Genoíno, ex-presidente”. Há uma contradição entre a fala de Dirceu e o documento, e este, para a revista, tem mais força. No entanto, encontrar-se com tais pessoas não significa necessariamente que Dirceu tenha consciência da “vida orgânica” do partido.

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A quinta afirmação de Dirceu (“A informação de que Roberto Marques fez um saque de 50.000 reais não é fato. O documento não é reconhecido pelo PT”), segundo Veja, é desmentida pelo fato de outros três veículos de comunicação também desmentirem esta afirmação, por meio de outras fontes. Veja cita os concorrentes, como a dizer: se até outros veículos concordam, então é verdade. A edição de CartaCapital de 10.ago.2005 dedica dez páginas aos assuntos mencionados na capa. A primeira matéria, “A Conexão Lisboa”, é assinada por Sergio Lirio. O tema é exatamente o mesmo da matéria “O embaixador da corrupção”, publicada na página 60 de Veja da mesma data. CartaCapital afirma que o presidente sabia das relações com empresas portuguesas, porém, destaca outro motivo: “Como sempre, as denúncias de Jefferson são costuradas a partir de fatos reais e facilmente checáveis. Em 2004, Lula recebeu no Palácio do Planalto, em duas ocasiões, executivos da Portugal Telecom. Segundo a assessoria da Presidência, as audiências foram solicitadas pela empresa para informar Lula dos novos investimentos no País.” No parágrafo seguinte, CartaCapital afirma: “Em comunicado, a Portugal Telecom ‘nega de forma categórica e veemente que tenha mantido reuniões ou qualquer tipo de contato com os senhores Marcos Valério e Emerson Palmieri’ entre os dias 24 e 26 de janeiro.” CartaCapital levanta dúvidas sobre a representatividade de Valério nessas viagens a Portugal. A legenda de uma foto de Valério diz o seguinte: “ASPONE. Em nome de quem Valério falava?” A palavra “ASPONE” (de: “assessor de porcaria nenhuma”) indica um falso assessor, alguém que não tem o cargo que se supõe ter ou que diz ter. CartaCapital também levanta dúvidas sobre o envolvimento e a relação de Valério com homens fortes do governo: “Valério afirma ter ido a Lisboa, na companhia do petebista Emerson Palmieri, em janeiro último. De acordo com ele, para tratar de assuntos relacionados à venda da Telemig Celular. A informação levanta algumas perguntas: 1) Como Valério, um simples publicitário que mal participava do dia-a-dia das empresas, sabia da negociação da Telemig Celular, conduzida em sigilo por executivos de São Paulo? 2) Por que ele foi tratar de uma transação que havia sido encerrada, sem sucesso, pelo menos um mês antes? 3) Desde quando investimentos publicitários milionários de uma grande empresa européia, com ações nas bolsas de valores, são definidos em conversas de pé-de-ouvido?” Mesmo com as declarações e investigações, a revista afirma que “O real motivo da visita do publicitário a Portugal está envolto em mistério. Os supostos participantes dos encontros contam versões distintas.” Segundo CartaCapital, o ex-ministro português António Mexia “nega que o publicitário tenha se apresentado como ‘consultor da Presidência da República’. A informação de que Valério havia se apresentado como consultor de Lula havia ouriçado o ânimo da oposição, que viu a chance de ligar o presidente ao ‘Valerioduto’”. Poucas linhas depois, a revista conclui: “Não há nenhum motivo concreto para acreditar que Lula tenha autorizado Valério a falar em seu nome, mas é preciso investigar se o publicitário se sentia à vontade para citar integrantes do governo nas visitas a empresários e políticos estrangeiros.” Aqui se percebe uma discordância sobre o conteúdo das afirmações de Mexia. Para Veja, ele afirmou que recebia Valério como consultor de Lula. Já CartaCapital afirma que as palavras de Mexia inocentam o presidente da consciência sobre essas viagens. O primeiro parágrafo da matéria seguinte, “Rastros na lama”, assinada por Luiz Alberto Weber e Mauricio Dias, isenta o presidente de responsabilidade: “Dois meses após as denúncias feitas pelo deputado Roberto Jefferson, sem que a oposição conseguisse, como tentou, arrastar o presidente para o centro de uma crise grave, os fatos revelados por depoimentos e documentos obtidos pela Procuradoria-Geral da República, pela Polícia Federal e, também, pela CPI dos Correios comprovam que a política brasileira é regada a lama.” Segundo CartaCapital, poucos parágrafos depois, “Dirceu foi à Comissão de Ética e, na avaliação de especialistas [sic], saiu-se bem no duelo com Roberto Jefferson.” A revista não identifica tais “especialistas”.

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JORNALISMO ESTRÁBICO: VEJA E CARTA CAPITAL NA COBERTURA DO “ESCÂNDALO DO MENSALÃO”. TOMÁS EON BARREIROS, DANILO AMOROSO. (pp. 120 – 131).

Algumas diferenças continuam claras: CartaCapital preserva a imagem e o nome de Lula. Veja tenta convencer o leitor de que a crise passava perto de seu gabinete. Na matéria sobre as visitas a Lisboa publicada por Veja, entende-se que Lula e Dirceu tinham conhecimento sobre essas viagens. Já CartaCapital isenta Lula e outros petistas do conhecimento dessas viagens.

Conclusão Embora tenha havido a busca de fontes diretamente envolvidas com os temas tratados e a transcrição de suas idéias nas duas revistas, houve clara parcialidade. A intenção de cada veículo de priorizar certas declarações em relação a outras, que foram desconsideradas, ofereceu aos leitores visões bem diferentes dos fatos. Em diversas matérias, ambas as revistas ouviram predominantemente as mesmas fontes, porém, o peso atribuído a cada discurso e as tentativas de desmentir ou desqualificar depoimentos é uma clara manifestação das visões diferentes dos dois veículos, indicando uma prática direcionada e parcial de jornalismo. O uso excessivo de adjetivos e a carga fortemente opinativa dos textos de Veja evidenciaram uma postura agressiva contra o presidente. A carga opinativa foi além do relato dos fatos, influindo no conteúdo noticioso. Já a revista CartaCapital, buscando preservar ao máximo a figura de Lula, cria a impressão prévia de sua inocência, indo até mesmo à omissão de referências a algumas denúncias contra o presidente. Obviamente, não cabe aqui julgar qual das duas publicações estaria sendo “verdadeira” ou mais verdadeira do que a outra. O fato é que a leitura de cada revista indica “verdades” diferentes, por mais que os fatos noticiados tenham acontecido e por mais que as declarações reproduzidas tenham sido efetivamente ditas. Para saber a “verdade”, não basta ao leitor informar-se pelo conteúdo de uma ou outra revista, ou mesmo de ambas. A “verdade” apresentada nos meios de comunicação nada mais é que um discurso construído com aparência de realidade. A isenção, a imparcialidade, a neutralidade e a objetividade, sempre tão evocadas quando se fala na importância do jornalismo numa sociedade democrática, são valores insustentáveis diante de uma análise atenta dos veículos de comunicação. No caso analisado neste artigo, embora as publicações possam aparecer aos olhos do leitor como veículos de jornalismo informativo ou interpretativo, fiel aos fatos, sem “contaminação” de opiniões pré-assumidas, pode-se perceber claramente, com base na análise das revistas, a opinião de cada um dos dois veículos sobre Lula. Uma revista quer que ele seja impedido. A outra alega que não há provas contra o presidente. Essas posições tiveram notável influência na condução do noticiário e na cobertura do “escândalo do mensalão”, construindo duas “verdades” distintas.

REFERÊNCIAS BIBLIOGRÁFICAS AMARAL, Luiz. 1996. A objetividade jornalística. Porto Alegre: Sagra-Luzzatto. A REVISTA NO BRASIL. 2000. São Paulo: Editora Abril. ROSSI, Clóvis. 2000. O que é jornalismo. São Paulo: Brasiliense. MELO, José Marques de. 2003. Jornalismo Opinativo. Campos do Jordão: Mantiqueira. PEREIRA JR., Alfredo Eurico Vizeu. 2001. Decidindo o que é notícia. Porto Alegre: EDIPUCRS. VILAS BOAS, Sérgio. 1996. O estilo magazine. São Paulo: Summus.

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Capa de Veja de 10 ago. 05

Capa de CartaCapital de 10 ago. 05

Capa de Veja de 17 ago. 05

Capa de CartaCapital de 17 ago. 05

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COMUNICACIÓN, CULTURA Y MEMORIA. REFLEXIONES TEÓRICO-METODOLÓGICAS A PARTIR DE UN HALLAZGO EN CAMPO. MIRTA ALICIA AMATI. (pp. 132 – 143).

COMUNICACIÓN, CULTURA Y MEMORIA REFLEXIONES TEÓRICO-METODOLÓGICAS A PARTIR DE UN HALLAZGO DE CAMPO

COMMUNICATION, CULTURE AND MEMORY. THEORICAL-METHODOLOGICAL REFLECTIONS FROM A FIELD FIND

Mg. Mirta Alicia Amati Universidad de Buenos Aires mirta.amati@yahoo.com.ar Argentina Resumen En este artículo partimos de un hallazgo de campo, con el fin de problematizar el objeto y la metodología utilizada en el estudio de la comunicación y la cultura. Analizamos una modalidad en que el Museo Etnográfico de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, produce, conserva y comunica lo que considera como “su historia”. Esto nos permite acceder a las relaciones que la comunicación y la cultura guardan con la memoria así como a cuestionar teorías y métodos usuales en nuestro campo disciplinar y a proponer el uso de estrategias de investigación que permitan construir e interpretar los datos según el campo en estudio.

Palabras claves: Comunicación, Memoria, Cultura.

Abstract In this article we start from an experimental anecdote so as to introduce difficulties in the object and also in methodology, which is used in the study of communication and culture. We analyze a mode in wich the Museo Etnográfico (UBA) produces, conserves and communicates what it considers to be “its history”. This let us accede to the relations wich are kept in by communication and culture and also dissent usual theories and methods in our disciplinar camps (area) and to propose the use of strategies which let us build and interpret facts depending on study areas taken into account.

Key words: Communication, Memory, Culture.

(Recibido el 29/09/07) (Aceptado el 11/03/08)

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Introducción

L

os museos son definidos como el primer medio masivo de comunicación (Verón, 1999), como tales tuvieron un rol central en la “imaginación de comunidades” (Anderson, 2000).

Con la emergencia de otros medios masivos, en primer lugar la radio y la televisión y luego Internet, fueron perdiendo la centralidad que tuvieron a fines del siglo XIX y principios del XX. Sin embargo, en la actualidad se observa, tanto en los grandes museos como en las exposiciones itinerantes, un crecimiento del público. Por otro lado, la emergencia de lugares de la memoria, la obsesión por fijar el pasado y la fascinación por el coleccionismo –que llegó a los extremos del narcisismo: por ejemplo, las “escrituras del yo” como son los blogs y las páginas personales en la web- se transformaron en los últimos tiempos, en un fenómeno cultural.1 Como parte de estos procesos, los museos dejaron de ser considerados una de las instituciones propias de la esfera autónoma de la Cultura (una definición que supone la referencia a las artes y la tradición, fuera de cualquier otra referencia estructural), para concebirlos como “aparatos para hacer creer” (De Certeau, 1992) u “ofertas de consumo cultural” (García Canclini, 1993, Verón, 1984), dónde tanto la producción de sus mensajes como la recepción de sus públicos (decodificación, feedback, placer…) pasó a ocupar un lugar preponderante. Según Eliseo Verón (1999: 62) “estamos asistiendo al boom del más viejo mas-media del mundo” y asocia este fenómeno, a la posibilidad -propiciada por estas instituciones- de “rememorarnos”: recordar -no una imagen de “nosotros mismos”- sino el hecho de que se trata de una “imagen” de nosotros, es decir que nos recuerda lo que significa pensar e interpretar el mundo o la sociedad a la que pertenecemos. Justamente lo que el museo comunica (o “recuerda”) no es un conjunto de objetos, sino una visión sobre los mismos. Los procesos de recuerdo/olvido (Ricoeur, 1999) si bien son propios del momento presente están articulados con un pasado que reactualizan y con determinados “marcos sociales y culturales” que permiten esa configuración (Halbwachs, 2004). Analizar una memoria como la presentada por el museo supone, entonces, analizar la comunicación dentro de esos marcos o contextos culturales en que el recuerdo se produce. Esto es un hecho que frecuentemente se olvida en los estudios comunicacionales de museos, mas preocupados por la imagen corporativa, la señalética, las estrategias de prensa y difusión, los estudios de público. También suele descuidarse el hecho de que el museo es una institución que no sólo supone la puesta museográfica o las salas de visita, sino que comprende otros espacios donde también se producen fenómenos comunicacionales y culturales, aunque en general estén restringidos al público. Para acceder a estas cuestiones presentes en el fenómeno en estudio, es importante repensar /revisar la teoría y la metodología con que nos acercamos para analizar la comunicación y la cultura. Lo hacemos retomando un episodio o anécdota como dato a analizar2 y presentando la escritura del análisis en una secuencia que intenta respetar el trabajo realizado en campo: la visita al espacio del museo donde tuvo lugar el episodio antedicho y el uso del mismo como hallazgo metodológico y analítico.

La entrada al campo Cuando uno va a un museo como analista, puede ingresar por varios lugares. Como en todo “trabajo de campo” el ingreso no es un tema menor, los manuales de metodología dan muchas indicaciones al respecto y bastante disímiles, según la teoría, corriente o disciplina a la 1

Candau (2002) trabaja sobre la idea de mnemotropismo: la compulsión conmemorativa o el culto a la memoria. Esta sacralización de la memoria sin anclajes en el presente ni en el futuro, que configura un culto a la memoria por la memoria misma, es cuestionada también por Todorov (2000). 2 Retomamos dichos datos del diario de campo y materiales documentales recabados para la tesis de Maestría en Comunicación y Cultura de la UBA: Museo y Etnografía. La imaginación museístico-etnográfica y su aporte en la construcción de la nación argentina y sus sujetos, 2003.

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que adscriben: ¿buscar un “portero” que facilite el ingreso y pueda funcionar como “informante clave”?, ¿pedir un permiso “oficial”?, ¿entrar como lo hace el público? Además, tanto en el campo de las llamadas 'ciencias de la comunicación' –en pluralcomo en la raigambre o tradición en los 'estudios culturales', se utilizan varias metodologías y perspectivas de análisis para no agotar o reducir un objeto de por sí heterogéneo, híbrido, cambiante, que no deja atraparse… como es la cultura. (Grimson y Semán, 2006: 11-20; Williams, 1997: 21-31; Canclini, 1996) No sólo “mi” campo disciplinario tiene esas características, también el museo es lo bastante heterogéneo o híbrido como para permitir diferentes entradas. Aunque considerado un medio masivo de comunicación (el primero), en el contexto de mi trabajo de campo, no quería entrar como lo hace el público: por la puesta actual. Esto era así porque una parte importante de mi objeto de investigación suponía otro corpus: las colecciones anteriores, que debía rastrearlas principalmente a través de documentos escritos. Desde el diseño de investigación, decidí utilizar una batería metodológica que incluía observaciones participantes, entrevistas abiertas y recolección de documentos, que me permitiera acceder a la complejidad del fenómeno en estudio desde una perspectiva etnográfica. Así, decidí entrar a las oficinas y conversar con algunos de sus profesionales. El tema giraba por la historia del museo, principalmente de su fundador y las primeras exploraciones, con pocos datos de los materiales que yo buscaba. Por supuesto, me recomendaron la biblioteca. Allí, cuando pregunté por los documentos sobre la institución, me dijeron que estaba “todo” en “la caja del museo”. Una caja de cartón con folletos originales y textos fotocopiados, notas de periódicos, cartas y decretos, papeles manuscritos. Pensé que lo mejor era empezar por esa caja que estaba preparada para mí. Estaba esperando un tipo de receptor que se diferenciaba del público de la puesta: recorrían diferentes espacios (uno, las salas; el otro, la biblioteca) y hacían diferentes cosas (uno, caminaba, observaba, tomaba notas; el otro, consultaba el fichero, buscaba archivos, leía). Sin embargo mi práctica se distinguía de los demás consultores de la biblioteca: si bien el “referente” era el mismo (objetos de la etnografía –principalmente- argentina) leíamos diferentes cosas. Yo estudiaba ese nivel del museo que no es el del contenido (aunque lo supone) sino el de la forma, no me centraba en “lo comunicado” sino que siempre lo suponía en una relación comunicativa. Por otro lado, la diferencia también se daba en los documentos históricos y los espacios que la biblioteca le dedicaba. La caja como reservorio de documentos –publicaciones, guiones y archivos escritos en diferentes momentos, por distintas autoridades y personal del museo o por otras instituciones relacionadas-, es un recorte que el museo realiza para tematizarse a sí mismo, para conservar su memoria. El museo y su caja realizan una selección de formas, objetos e imágenes para presentar al museo y al mundo representado por él. Esa inclusión como parte del 'patrimonio y acervo' del Museo Etnográfico, el “vínculo electivo de ciertas huellas del pasado o ciertas herencias que se relacionan tanto con lo material cuanto con lo ideal” (Candau, 2006: 88), las colecciones, investigaciones, personalidades constituidas como propias de la Etnografía Argentina, nos hablan de la imaginación de la misma, de la historia del museo como memoria.

El pasado en el presente La caja contiene diferentes documentos y papeles sueltos.3 Se trata de distintos tipos de textos: Memorias oficiales de sus directores, folletos, cuadernillos y guías para la visita a las salas, leyes, crónicas periodísticas, notas manuscritas. Pertenecen a distintos momentos que pueden periodizarse según las modalidades del decir, observando el uso de determinados géneros y formatos. El género en que deciden dar forma a esos mensajes -desde la Memoria de su primer director (Juan Bautista Ambrosetti, 1912) a la Guía del período dictatorial (1977), e 3

Cfr. en la bibliografía, los documentos hallados en la caja, durante el período de mi consulta: el trabajo de campo desrrollado en 2002-2003.

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incluso “la caja” como género (que se implementó a partir de 1992)- nos habla de las concepciones de cada época sobre los soportes textuales, soportes que suponen determinada circulación y recepción o lectura.

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(1912)

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(1977)

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Siguiendo la concepción de Bajtin (1982: 254), la historia de los géneros discursivos, es decir el establecimiento de ciertas formas como “típicas” o “relativamente estables” así como sus cambios en la diacronía, reflejan “las transformaciones de la vida social”. Esto es así porque se trata de enunciados o discursos relativamente estables en “determinadas esferas de la actividad humana” (1982: 267) Bajtin pone en primer plano este aspecto de los enunciados, plano que ha sido desvalorizado por otras teorías lingüísticas: la función comunicativa. Si los enunciados y discursos se efectivizan en la praxis, en una totalidad o un continuus ininterumpido de interacciones, el análisis científico no puede ser mas que una abstracción. Justamente por esto, propone comprender los esquemas analíticos como abstracciones científicas que se diferencian de la “totalidad concreta del fenómeno en estudio” (Bajtin, 1982: 258). Si partimos de esta perspectiva, y tomamos cada texto y la propia caja como un enunciado “viviente”, entenderemos que tienen un “carácter de respuesta” a otros discursos y “la posibilidad de ser contestados” (Bajtin, 1982: 257). También, observaremos que tanto la caja como cada texto están determinados por la situación o contexto discursivo, la posición que ocupa el hablante, el productor o autor y una orientación: está “destinado” (desde el momento que se produce, supone un destinatario determinado). Así, si observamos la caja que contiene los textos (en sí misma: en tanto “objeto” con una función comunicativa), su producción supone un espacio donde se recoge y selecciona – para conservar y recordar- lo que el museo considera como su historia institucional. Esta producción, por supuesto que supone ciertas posibilidades y límites históricos, como son las producciones anteriores que –en ese sentido- determinan esa imagen o identidad: la caja sólo puede contener y mostrar como su historia aquello que se ha producido y conservado con antelación. En este sentido, funciona como una “limitación” no contar con documentos de ciertos períodos que hayan registrado cómo era y qué hacía el museo, ya sea porque no se hayan producido o no se hayan conservado. Pero por otro lado, aquellos documentos que sí lo fueron, es decir que se rescataron y conservaron, “posibilitan” no sólo la existencia de la caja sino también la realización de investigaciones sobre ellos. (Aunque estas últimas producciones consistan en otro tipo de documento: no son un texto de aquél período, sino sobre ese período). Por último, la caja está abierta a nuevas producciones, alimentada con trabajos realizados en el pasado reciente (como los proyectos y balances de la última gestión o los folletos de las exposiciones temporales). 4 La caja en la Biblioteca es un objeto que nos permite visualizar muchas cosas mas allá de las que explícitamente contiene. Esto es posible si consideramos “la caja” como una praxis o actividad humana, es decir “dentro de la esfera de comunicación” que la constituye (Bajtin, 1982). Por un lado, si observamos el contexto institucional más amplio, consiste en una modalidad habitual de conservar un tipo de fuentes como son, por ejemplo, las publicaciones periódicas. Tanto en la Biblioteca del Congreso como en la Nacional, los diarios y revistas son conservados en cajas y ofrecidos para su consulta a historiadores, periodistas, estudiantes. Paralelamente se microfilman las ediciones más antiguas, que pueden consultarse en ese formato. Por otro lado, si observamos la caja en el contexto de la institución de pertenencia, vemos que es la imagen del “fondo” (bibliográfico y espacial): se halla en la biblioteca (luego de atravesar las salas y el patio). Se diferencia de la imagen del “frente” (la exposición). Estas dos distribuciones espaciales, la imagen del frente y del fondo del museo, también son producidas para dos tipos de públicos diferentes: mientras “el frente” (lo que usualmente se considera el

4

Al respecto, ver Pérez Gollán, José Antonio. 1987. “Proyecto para el Museo Etnográfico”. Ciudad Virtual de Antropología y Arqueología [en línea]. Equipo NayA. [Consulta: 3 septiembre 2002]. También dispobible en http://www.naya.org.ar; Pérez Gollán, J. y Dujovne, M. 1995. “El museo etnográfico de la Facultad de Filosofía y Letras: balance de una gestión, en Runa: Archivo para las ciencias del hombre, XXII. Buenos Aires: FFyL- UBA. y Los futuros del pasado, Universidad, Ciencia y Modernización 1870-1920. 1997. Texto de Carlos Myers. Buenos Aires: UBA, Secretaría de Extensión Universitaria, Secretaría de Ciencia y Técnica, Red de Museos de la UBA.

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museo: las salas de exposición) está pensada para el público general: un visitante que recorre el espacio y fundamentalmente mira objetos; “el fondo” –en cambio- supone un público especializado. Como dijimos anteriormente, el fichero, los libros, las monografías, las etnografías, las revistas y la misma caja supone un público que lee. Sin embargo, la caja no sólo es producida para ese público, sino también por ese público: surgió de la demanda de ese tipo de materiales, dispersos en la biblioteca. Según el auxiliar de la biblioteca, encargado -entre otras cosas- de la compilación de textos sobre el museo, la caja se creó en 1992 por el pedido de este tipo de materiales de parte de estudiantes en turismo, museología y antropología histórica, para ayudarlos a “no morir en el fichero”. “Buscar en el fichero”, “constituir un corpus” es hacer trabajo de investigación, una tarea a enseñar y a aprender en la universidad justamente para no morir en el intento. Sin duda alguna, la condición de estudiantes y la masividad de los mismos, hizo que se ensayaran diferentes estrategias. Los profesionales de los distintos sectores del museo, pensaron la caja ante la demanda de ese público pero también ante su propia tarea: investigar sobre la historia de la institución o recurrir a datos anteriores para la actual puesta (como nos comentaban la coordinadora del área de Extensión Educativa y la responsable del Depósito de Etnografía). Se trata entonces de un público, en este sentido, mas cercano a los trabajadores del museo: estudiosos y especialistas.

Lagunas en la historia de la caja La caja con su selección no sólo incluye determinados documentos presentando “una historia del museo”, sino que también recorta: deja afuera. No lo hace de una forma deliberadamente censora o conscientemente promotora de ciertos datos, pero tampoco de una forma arbitraria, aleatoria o irracional. Si bien la caja no se produce conscientemente planificada, se trata de un trabajo prescrito a cargo de un profesional de la biblioteca y alimentada por distintos trabajos del personal del museo. En todo caso, esa aleatoriedad no es fortuita: también nos habla del trabajo de la memoria del museo. Como señala Todorov (2000: 11-60) la memoria es necesariamente una interacción entre supresión y conservación. Todo trabajo de análisis deja fuera parte de lo real (siempre inasible, infinito…), como decía Bajtin (1982: 258) se trata de una “abstracción”, un “esquema” realizado sobre o a partir de una “totalidad concreta”. Sus recortes y elecciones (de objeto, de período de estudio, incluso de marco teórico y metodológico) suponen exclusiones. ¿Qué se deja afuera y por qué?. Si releemos la lista del material, la caja alberga las publicaciones de todas las gestiones hasta la de 1948 inclusive. De allí, hay un salto al año 1973. Esos vacíos son llenados (si nos restringimos a la caja) o bien por otros folletos o bien por notas de prensa. Pero estos datos, no alcanzan para ubicar en “pie de igualdad” esas gestiones excluidas respecto a las incluidas. El excluido es el periodo que va de 1955 a 1973. Se trata de un período que incluye al desarrollismo y la modernización, no sólo del país sino también de la universidad. Momento en que se impulsó la investigación científica y técnica y también dónde se creó la propia carrera de Antropología. En 1955, el golpe que se dio en llamar Revolución Libertadora, tuvo como uno de sus objetivos 'desperonizar' todas las instituciones y estamentos del país. Al respecto, la investigación de Visacovsky (et alt. 1997: 233) señala que la distribución inicial de los cargos directivos de la carrera de Antropología fue un 'empate' entre los 'liberales' y los 'no-liberales' ("supuestos 'pro-peronistas' "). Terán (1991: 29) sostiene que esa intervención supuso un 'realienamiento' donde 'el sector crítico' intentó crear un espacio independiente tanto del sector liberal como del ortodoxo peronista. Así, se nombró Interventor de la Universidad de Buenos Aires a José Luis Romero, quien había sido expulsado por el régimen peronista restringiendo su actividad académica en la Universidad de La Plata, y como Interventor de la Facultad de Filosofía y Letras (de la que depende el museo) a Alberto Salas, cuya comisión asesora también estaba conformada por

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profesores depuestos por el régimen: Luis Aznar, Gino Germani, Roberto Giusti, Juan Montovani y Francisco Romero. La Intervención de Romero, si bien fue breve marcó las líneas de la universidad en este período (1955-1966) basada nuevamente en los principios de la Reforma. Por otro lado, en esta década la sociedad argentina experimentó un impulso de renovación cultural y científica que no dejó de tener sus efectos en la universidad. A partir del gobierno de Frondizi, en 1958, y tal como suponía su programa nacional desarrollista, la universidad –en tanto centro de investigación científico y técnica- era considerada una 'palanca' para el cambio y despegue nacional. Para esto fueron creados el CONICET (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas) y nuevas carreras de ciencias sociales y humanas (Psicología, Sociología, Ciencias de la Educación y Ciencias Antropológicas) que, se esperaba, iban a contribuir al "conocimiento científico de la realidad social argentina" (Visacovsky et alt. 1997: 223). Según estos últimos investigadores, las 'bondades' del proyecto político posperonista eran lideradas por la sociología, mientras que a las ciencias antropológicas, por “causas disciplinarias internas”, les era imposible liderar ese proyecto modernizador. Las ciencias sociales (como señala Romero (1994:219) "una idea de por sí moderna") indicarían "el camino para que la argentina se incorporara al mundo", un camino que iba de lo tradicional a lo moderno. Si el objeto de la Antropología estaba ligado a lo tradicional, a lo premoderno, no podía esperarse que su aporte fuese central. A esto se suma el debate ciencias básicas –tecnología aplicada, para lo cual también tenían poco que aportar. En el caso de Antropología, hay una continuidad disciplinaria –de teorías, métodos y temas de investigación- y de personalidades representativas de la tradición de fines de los '30. La ruptura, es institucional: antes las Ciencias Antropológicas estaban repartidas entre el Museo Etnográfico y los Institutos de Antropología y Arqueología, y ahora dependían del departamento. Las lagunas en la caja, de la actividad de este período, no es un olvido fortuito: la creación de la carrera modificó la centralidad que el museo había tenido hasta entonces, respecto a las disciplinas que albergaba. A esto puede sumarse cierta visión anacrónica de la institución museo, para un proyecto modernizador y desarrollista que creaba y producía otro tipo de organizaciones. Máxime un museo “del indio”, en este sentido se acerca a las 'causas disciplinarias internas' que impedían a las ciencias antropológicas liderar el proyecto político nacional. Ese proyecto modernizador y sus acuerdos con el campo intelectual tuvieron sus limitaciones: se comenzó a cuestionar el valor absoluto de la ciencia universal, a la luz de las 'necesidades nacionales', un cuestionamiento de paradigmas científicos supuestamente neutrales frente a una 'manera nacional' de hacer ciencia. Así tuvo lugar una radicalización de los sectores progresistas del campo intelectual, un “giro a la izquierda” (Cfr. Terán 1991 y Sigal 1991). Ese proceso se vio interrumpido por el golpe militar de 1966, que intervino las universidades y suspendió la autonomía universitaria. Este período, donde tiene lugar la conocida noche de los bastones largos, tampoco es incluido en la caja. Lo que aparece en la caja son hechos anteriores, ataques de la prensa y el ejército, que prepararon el golpe e intervención de la universidad. Se trata de notas aparecidas en un periódico (La Prensa, de agosto y septiembre de 1965).

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COMUNICACIÓN, CULTURA Y MEMORIA. REFLEXIONES TEÓRICO-METODOLÓGICAS A PARTIR DE UN HALLAZGO EN CAMPO. MIRTA ALICIA AMATI. (pp. 132 – 143).

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La inclusión de estas notas nos habla de la naturaleza de los hechos, eran “noticiables”: acontecimientos del museo cuyas características les permitieron acceder a los medios masivos. Se trata de la desaparición de piezas por la “infiltración subversiva” en la universidad. Esto también nos habla del clima que se estaba viviendo en la propia facultad y de la imagen que tenía para un sector de la sociedad. Con las notas de prensa, la caja incluye datos del período 'excluido' de una forma particular: incluyendo la producción del otro. Podríamos preguntarnos, porqué no hay producción propia, porqué se incluye la producción de los sectores de la derecha tradicionalista que, en ese momento, atacaban de frente a la universidad y su proyecto renovador. Es más, porqué se incluye la manera de ese otro: bajo el formato y género periodístico y no museográfico-científico. Tal vez era la única –o mejor- forma de mostrar esos ataques. También demuestran la relación que, una vez pasada la historia, esos ataques públicos revelaron tener con la posterior represión y censura. De este modo, y como toda memoria, no opone “pasado y presente” sino que opone el propio pasado con el pasado de otros grupos. Como ya señaló Halbwachs (2004:

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10) en el pionero estudio de 1925, donde intentaba sentar las bases de una Teoría sociológica de la memoria: “esos marcos colectivos de la memoria no son simples formas vacías donde los recuerdos que vienen de otras partes se encajarían como en un ajuste de piezas; todo lo contrario, estos marcos son -precisamente- los instrumentos que la memoria colectiva utiliza para reconstruir una imagen del pasado acorde con cada época y en sintonía con los pensamientos dominantes de la sociedad”.

La caja como memoria institucional: relaciones con la historia Analizar la caja como producción o lugar de memoria, como lo hicimos en la sección anterior, supuso tener en cuenta la tensión entre memoria e historia: es decir entre el recorte de la caja (aquello que incluye o recuerda como memoria o identidad institucional) y la contextualización en el proceso histórico y sociocultural más amplio (que el museo excluye). Justamente esta exclusión está relacionada con la contraposición entre historia y memoria: ya que como señala Hobsbawm (1998) mientras la historia supone la supremacía de las pruebas, la predominancia de la universalidad por sobre la identidad, en la formación de la memoria prevalecen otras motivaciones, emociones y recuerdos (subjetivos y sociales). Candau (2001: 127) las distingue según sus objetivos: mientras la historia busca la exactitud, para lo cual pone el pasado a distancia, la memoria aspira a la verosimilitud, a fusionarse con el pasado. Lejos de esta oposición binaria, sin embargo, las relaciones entre memoria e historia establecidas en las investigaciones -como señala Jelin (2002: 63)- pueden ser de tres tipos: 1-. La memoria como recurso de investigación, de obtención y construcción de datos sobre el pasado; 2-. La historia como corrección de memorias equivocadas o falsas; 3-. La memoria como objeto de estudio. En este trabajo, no intentamos corregir memorias falsas, sino comprender esa producción comunicativa y cultural específica: la productividad de una memoria etnográficainstitucional y sus efectos en el presente. Así, tomando la memoria como objeto, más que estar atentos a “lo que realmente ocurrió” (sobre lo cual se montaría un relato siempre algo diferente y por eso “equívoco”), nos interesa acceder al proceso interpretativo, de construcción y selección de datos, a la matriz o código en el cual se recuerda y se comunica. Por esto, nuestro trabajo analítico no consiste en contraponer los “datos duros” (de fuentes documentales) con datos “blandos” (percepciones, creencias y recuerdos de los sujetos que hoy leen o archivan memorias y guiones, de los sujetos que pensaron y que consultan “la caja”). Si bien los datos duros son imprescindibles, no son suficientes ya que “ni la historia se diluye en la memoria –como afirman las posturas idealistas, subjetivistas y constructivistas extremas- ni la memoria debe ser descartada (…) por su falta de “objetividad” (Jelin 2002: 78). Justamente –como señala Jelin- esa “tensión” entre historia y memoria es la que permite plantear “las preguntas más sugestivas, creativas y productivas”, es la que hace más productivo este trabajo. Tensión que permite pensar cómo hoy el museo recuerda y cómo comunica esa historia, cómo en su trabajo sobre la memoria posibilita ciertos usos y obstaculiza (aunque por supuesto no impide) otros. De hecho, si bien la caja hace énfasis en ciertos períodos, no impide que se reconstruyan otros, como lo hicimos en el trabajo que aquí exponemos. Esa tensión permite, como no lo haría una “historia del Museo Etnográfico”, observar la productividad de “sólo” una caja.

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Revisando la teoría y metodología comunicacional-cultural a través de la memoria Para terminar este trabajo, proponemos reflexionar sobre la forma en que la memoria del museo nos recuerda (evidencia) a nosotros, investigadores o lectores de esa memoria, los trabajos de la comunicación y la cultura. Decimos “nos recuerda” porque es en la relación y contraste con nuestras prácticas – como investigadores que visitamos el museo en busca de determinada información- que la institución evidencia una concepción y una práctica comunicacional y cultural. En este sentido, decíamos mas arriba que “la caja nos estaba esperando”. Como se ve, lejos de suponer que los datos están en el campo para ser arrancados o del cual nos vamos a proveer como fuente de información, concepción naturalista que supone un observador distante y neutral (Frederic1998: 93), es en el propio campo, en las interacciones y en participaciones, donde ya empieza a producirse el conocimiento y la reflexividad entre observador / observado.5 También es allí donde los datos “hacen problema”, lo que permite “reorientar el proceso de construcción de datos según el campo” (Frederic 1998: 101). Sin duda que para posibilitar esto, es necesario un diseño de investigación y una metodología “abierta” (Guber 2001: 16) que nos permita investigar “en terreno” y tomar como dato el impacto existencial: seguir los hallazgos, a pesar de nuestros diseños, planes y esquemas previos. Los presupuestos teóricos –nuestra definición respecto de la comunicación y la cultura- también deben ser lo suficientemente amplios: no estudiamos los museos (y su comunicación) sino que estudiamos en museos, problemáticas culturales y comunicacionales. Recortar la comunicación del museo, a las salas de visita y al trabajo de rescate y puesta en valor de los objetos que expone sería propiciar -como decía Bajtín (1982)- esquemas y abstracciones de investigación que imponen un recorte que olvida la totalidad. Hay comunicación y cultura mas allá de lo que el museo considera como comunicacional. Está bien que el museo considere comunicación sólo a su puesta y la conceptualice como el “esquema básico”. El museo no tiene porqué “pensar” como nosotros que somos analistas en comunicación: la del museo es una categoría “nativa”. ¿Qué pasa con la caja? También es una producción nativa, pero el museo la produce como memoria, no como comunicación. Por esto, la memoria se presenta con nuestro ingreso a la biblioteca. El museo no es una “casa de memoria”, está mas abocado a la tarea de producir una etnografía e introducir en ella la perspectiva histórica. En este sentido, en relación al contenido que expone, a su puesta museográfica, los criterios de clasificación son científicos. Y esto es lo que se comunica al público general. Sólo dejando6 el “local” (lugar) instituido como comunicacional del museo (las salas de visita y la comunicación institucional: la imagen del “frente”), pudimos acceder a otros y nuevos espacios (la imagen del “fondo”). Se trata de una estrategia “des-localizadora” del contexto comunicacional que supondría que la comunicación en un museo es su puesta o sus folletos, para acceder al contexto de comunicación y la cultura en otros lugares: como por ejemplo el de la biblioteca y su caja. Así como los trabajos de recepción de medios y los estudios llamados etnografías digitales, ciber-etnografías o etnografías virtuales han sufrido una tendencia “deslocalizadora” del trabajo de campo, por la misma característica y materialidad del referente (Soriano, 2007), los análisis sobre las memorias nos llevan a indagar datos de naturaleza diversa, lugares, momentos, objetos y sujetos no esperados, ámbitos cada vez más amplios y a simple vista desconectados... generalmente no incluidos en los diseños de investigación tradicionales. Parafraseando a Todorov (2000: 11-60) cuando habla de los abusos de la memoria, olvidar esto sería uno de los “abusos de la comunicación”: entenderla literalmente, no para 5

Realizamos un análisis de la reflexividad (Guber 2001: 49) en Amati 2004. Por supuesto que con “dejar” queremos señalar que durante un periodo de nuestro trabajo de campo, abandonamos la folletería, las publicaciones oficiales, el espacio de las salas… para abocarnos al hallazgo de la caja. Ambos, fueron analizados y articulados en la tesis de maestría, si bien en esta presentación –por una cuestión de espacio y de focalización temática- presentamos sólo la caja.

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ejemplificar o comparar con nuevos fenómenos y acontecimientos, ni para comprender nuevas relaciones y nuevos modos de comunicar, de producir cultura y de pensar la relación con otros. Se trata entonces de cuestionar nuestros conceptos y nuestros métodos. De lo contrario, sacralizar la comunicación resultaría tan estéril y peligroso como lo es sacralizar la memoria.

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III. DOCUMENTOS UNIVERSIDAD DE LA FRONTERA

PERSPECTIVAS DE LA COMUNICACIÓN

PERSPECTIVAS DE LA COMUNICACIÓN · · 2008


COMUNICACIÓN PARA LA DEMOCRACIA EN IBEROAMÉRICA: MEMORIA Y RETOS DE FUTURO. LUIS RAMIRO BELTRAN SALMÓN. (pp. 145 – 158).

COMUNICACIÓN PARA LA DEMOCRACIA EN IBEROAMÉRICA: MEMORIA Y RETOS DE FUTURO1 COMMUNICATION FOR DEMOCRACY IN LATIN AMERICA: MEMORY AND FUTURE CHALLENGES Dr. Luis Ramiro Beltrán Salmón Universidad Católica Boliviana ariperez@ceibo.entelnet.bo Bolivia

RESEÑA DE LA “DÉCADA DE FUEGO”

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a lucha del pueblo latinoamericano para liberarse de la dominación interna y de la dependencia externa se inició en los campos político y económico cuando menos en la primera década de 1900. Pero en el campo cultural se comenzó a dar batalla recién en la década de 1970, teniendo por abanderada a la investigación científica en comunicación comprometida con el cambio estructural en pos de una verdadera democracia. Las primeras manifestaciones académicas de inconformidad por el papel instrumental de la comunicación para perpetuar la dominación y la dependencia brotaron ya, en cierto grado, a fines del primer tercio de la década de 1960 en dos estudios precursores: el de Antonio Pasquali (1963) en Venezuela y el de Eliseo Verón (1963) en Argentina. A fines del último tercio de esa misma década la proposición del pedagogo brasileño Paulo Freire (1969, 1969a) de una “educación para la libertad” por medio de la “concientización” brindaría a los comunicólogos inspiración para pensar luego en una “comunicación horizontal”. Y también entonces el especialista paraguayo en comunicación educativa Juan Díaz Bordenave (1969, 1969a) comenzó a sembrar semillas de cambio en el enfoque de la comunicación para el desarrollo rural. Comunicación para la Dominación y la Dependencia Al despuntar la década de 1970 dos comunicólogos aportaron marcos de partida para la investigación crítica y propositiva sobre la dependencia y la dominación. Uno fue Armand Mattelart (1970, 1970a), que comenzó por documentar la situación de dependencia de los medios de comunicación masiva en Chile y por denunciar el filtrado de información por agencias noticiosas internacionales como uno de los indicadores de imperialismo cultural. Y el otro fue el autor de la presente reseña, boliviano residente entonces en Colombia, mediante un estudio revelador de la naturaleza de la dominación interna en la región y por vía de un diagnóstico de la incomunicación que halló prevaleciente en la misma (Beltrán, 1970, 1970a). La investigación halló, en esencia, lo siguiente en cuanto a la dominación interna: 1. La disponibilidad de los medios de comunicación masiva favorecía marcadamente a la población urbana en desmedro de la rural. 2. El contenido de los mensajes correspondía predominantemente a los intereses de los estratos urbanos superiores de la población y era ajeno a los de los estratos urbanos inferiores, en particular a los del campesinado entonces mayoritario. Los mensajes propiciaban la conservación de la sociedad oligárquica y desalentaban expresiones críticas y propositivas. 3. La propiedad de los medios de comunicación era privada y mercantil casi en su integridad y en buena parte monopólica en algunos países. Y no venía a ser infrecuente el caso de que los propietarios de los medios fueran también dueños de tierras agropecuarias, empresas mineras y firmas comerciales. (Beltrán, 1970a).

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Conferencia realizada en el IX Congreso IBERCOM “El espacio Iberoamericano de comunicación en la era digital“. Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla. Noviembre de 2006.

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Entre los resultados de los estudios respecto de la dependencia externa sobresalieron estos: 1. Dos agencias de noticias de los Estados Unidos de América, la UPI y la AP, monopolizaban el tráfico internacional de ellas en lo concerniente a América Latina, inclusive dentro de los países integrantes de ésta. Las principales agencias publicitarias de ese país manejaban la gran mayoría de los anuncios publicitarios de las corporaciones transnacionales en la región. Y la mayoría de las encuestas de opinión pública y de los estudios de mercadeo era efectuada en la región también por empresas estadounidenses. 2. Un poco más de la mitad de las películas cinematográficas que se proyectaban en la región y un tercio de los programas de televisión provenían de los Estados Unidos. La mayoría de la música grabada en disco que difundía la radio en ella tenía el mismo origen. Y la mayor parte de las revistas de alta circulación, de las tiras cómicas y de los libros de historietas eran en la región adaptaciones y traducciones de publicaciones de Estados Unidos de América. 3. Valiéndose de su emisora estatal internacional “La Voz de América” y de varios medios más, el Servicio de Información de Estados Unidos (USIS) hacía propaganda política que incluía mensajes antagónicos a movimientos de la región contestatarios. Y la Agencia Central de Inteligencia (CIA) llevaba a cabo operaciones clandestinas de comunicación opuestas al cambio social en la región y, en algunos casos, hasta contribuyentes a desestabilizar gobiernos. (Beltrán, 1978).

Hacia Políticas Nacionales de Comunicación En cumplimiento del mandato de su Asamblea General, la UNESCO llevó a cabo en 1974 en Bogotá la Primera Reunión de Expertos sobre Políticas Nacionales de Comunicación. Diecisiete invitados concurrieron a dicha cita. Evaluaron los problemas mayores de la comunicación en la región. Acordaron plantear la formulación y la aplicación de las políticas tanto al nivel nacional, con ajuste a las circunstancias prevalecientes en cada país, y al nivel regional en pos de acción cooperativa, como un procedimiento de cambio legalista y democrático. Lograron el consenso para delinear en detalle la agenda para las deliberaciones de la Conferencia Intergubernamental sobre Políticas de Comunicación en América Latina y el Caribe que UNESCO tenía programada para 1975. Apenas conocieron el informe final que la UNESCO (1974) publicó sobre la reunión de Bogotá, la Asociación Interamericana de Radiodifusión (AIR) y la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) repudiaron airadamente aquel pronunciamiento por considerarlo atentatorio contra la libertad de prensa y destinado “a servir las aspiraciones de fascistas y marxistas” (Associaçao Interamericana de Radiodifussao, 1975: 2). Y anunciaron su determinación de oponerse frontalmente a la realización de la Conferencia Intergubernamental. Lo hicieron estentóreamente por su cadena continental de múltiples medios y obraron con firmeza en el ánimo de autoridades de Argentina, Perú y Ecuador para que no brindaran sede a aquella conferencia, lo que llegaría a obligar a la UNESCO a postergarla. Fue Costa Rica, el país más cercano al ideal democrático, el que, desafiando al encono de la AIR y de la SIP, acogió en San José, en julio de 1976, a la Conferencia Intergubernamental sobre Políticas de Comunicación en Latinoamérica y el Caribe. La AIR y la SIP sí lograron impedir que la UNESCO presentara oficialmente en San José el informe de la Reunión de Expertos de Bogotá, pero de facto no poco del pensamiento de ellos prevaleció como una base de las reflexiones y determinaciones de la conferencia, incluyendo esta definición inicialmente formulada para dicha reunión (Beltrán, 1974) y refinada y divulgada por su autor justamente en 1976: “Una Política Nacional de Comunicación es un conjunto integrado, explícito y duradero de políticas parciales de comunicación armonizadas en un cuerpo coherente de principios y normas dirigidos a guiar la conducta de las instituciones especializadas en el manejo del proceso general de comunicación en un país.” (Beltrán, 1976:

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4). De ella iría a decir el comunicólogo español Josep Gifreu (1986: 99) que era “.... una primera definición de políticas de comunicación que haría fortuna...”. La conferencia culminó en la Declaración de San José, que convalidó rotundamente en catorce enunciados el credo reformista democrático de Bogotá y formuló treinta recomendaciones para el diseño e implantación de políticas de comunicación en las jurisdicciones nacionales. La Pugna por un “Nuevo Orden Internacional de la Información” Paralelamente al empeño en pro de las Políticas Nacionales de Comunicación que protagonizó Latinoamérica se produjo en los años del 70 otro inusitado y vigoroso emprendimiento emancipatorio encabezado por el Movimiento de los Países No Alineados. En 1973 anunciaron en Argel su determinación de forjar un Nuevo Orden Internacional de la Economía (NOIE). Y, concomitantemente, proclamaron en Túnez en 1976 la necesidad de un Nuevo Orden Mundial de la Información para descolonizar la comunicación. De ahí en adelante los países no alineados consiguieron llevar el debate hasta el seno de las Naciones Unidas. Y allá, entre 1976 y 1978, la controversia entre los países desarrollados y los subdesarrollados alcanzaría un alto grado de conflictividad. En procura de un apaciguamiento que permitiera la conciliación, la UNESCO estableció en 1977 la Comisión Internacional para el Estudio de los Problemas de la Comunicación bajo la presidencia del científico irlandés Sean MacBride, Premio Nóbel de la Paz y Premio Lenin de la Paz. La Comisión MacBride logró que la Asamblea General de la UNESCO aprobara en 1980 en Belgrado, mediante un bien negociado consenso, su informe final (MacBride, 1981). Inconforme con el desenlace de la pugna de diez años y disgustado con la UNESCO el Gobierno de los Estados Unidos iría a retirarse de ese organismo en 1984. Latinoamérica no tuvo en la promoción de la causa del NOMIC un papel protagónico al nivel político. En cambio, en el terreno técnico-académico hizo importantes contribuciones a la lucha por ese ideal justiciero. Por ejemplo: (1) puso a disposición de la UNESCO y del Movimiento de los Países No Alineados un acervo importante de textos resultantes de sus investigaciones que documentaban la problemática de la información internacional sometida a la dominación y a la dependencia y registraban propuestas de cambio suyas; (2) aportó al simposio de Túnez un estudio expreso sobre el derecho a la información preparado por el investigador mexicano Horacio Estavilla; (3) propició, en la región y fuera de ella, oportunidades de reflexión auspiciados principalmente por el Instituto Latinoamericano de Estudios Transnacionales (ILET), (4) tuvo participación en las labores de la Comisión MacBride de la UNESCO mediante el concurso del economista chileno Juan Somavía, fundador y director del ILET, y del célebre periodista y escritor colombiano Gabriel García Márquez; y (5) colaboró, por encargo de la UNESCO, con el coordinador de los Ministros de Información de los Países No Alineados, Moustafá Masmoudi (1978), en la preparación para la Comisión MacBride de una propuesta de definición de la naturaleza del Nuevo Orden Internacional de la Información mediante el concurso de los asesores Fernando Reyes Matta, de Chile, y Luis Ramiro Beltrán, de Bolivia.

Las Ideas sobre Comunicación “Horizontal” /”Alternativa” A mediados de ese mismo período inicial, surgió otra línea de investigación derivada del pensamiento innovador del brasileño Paulo Freire que condenara ya en 1969 a la educación tradicional por opresiva y conservadora y propusiera una educación liberadora basada en el diálogo concientizador por medio de una relación interpersonal bidireccional y no autoritaria, a la que llamó “comunicación horizontal”. Frank Gerace (1973), estadounidense residente en Bolivia que se identificaba con la lucha del pueblo contra las dictaduras, comenzó a trabajar allá en la posibilidad de traspasar la esencia del pensamiento freiriano en general a la comunicación opuesta a la dominación interna. Exiliado al Perú prosiguió en ese empeño propiciando la reflexión con grupos urbanos comunitarios. Como producto de todo ello publicó en 1973 en Lima una propuesta preliminar en su libro Comunicación Horizontal.

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El comunicólogo paraguayo Juan Díaz Bordenave (1979) emprendió la reflexión sistemática sobre la comunicación horizontal poniendo énfasis en la participación del pueblo en la toma de decisiones sobre asuntos de interés público por medio de la comunicación libre y dialógica. Entre los que se sumaron a ese emprendimiento estuvieron el sociólogo brasileño residente en Colombia Joao Bosco Pinto (1972) y el educador español radicado en la región Francisco Gutierrez (1973). Entre quienes se destacaron por aportes a esta reflexión en el último tercio de la “década de fuego” se hallaban el sociólogo y periodista peruano Rafael Roncagliolo (1977) y el educador uruguayo Mario Kaplún (1978). Y en la primera mitad de la década de 1980 la producción de literatura sobre esta área temática(*) experimentó un sustantivo crecimiento generalmente bajo el rótulo de “comunicación alternativa” aunque también se usaron otros calificativos como “participatoria”, “dialógica”, “comunitaria” y “grupal” (**) .

¿Investigación con Anteojeras? Hasta mediados de la década del 70, con una antigüedad de aproximadamente tres lustros, la investigación científica latinoamericana sobre comunicación aparentemente había producido alrededor de un millar de estudios, según lo indicó un primer inventario abarcador de dicha actividad académica regional (Beltrán, 1974a, 1977).Y llegó a la preocupante conclusión de que la investigación en comunicación en Latinoamérica parecía “haber sido, a veces, una búsqueda con los ojos vendados... cualquiera que sea el color de la venda...” (Beltrán, 1977: 36).

Una Histórica Cita en Costa Rica En septiembre de 1973, se realizó un trascendental seminario regional de expertos latinoamericanos en investigación de comunicación en Costa Rica con patrocinio del Centro Internacional de Estudios Superiores de Periodismo para América Latina (CIESPAL) y la Fundación Friedrich Ebert. Sus reflexiones condujeron, en la percepción del comunicólogo brasileño José Marques de Melo (1984), a estas consideraciones primordiales: (1) reconocer la naturaleza dependiente de la teoría y de la metodología predominantes en la región; (2) proponer la búsqueda de alternativas teóricas y metodológicas adecuadas para ofrecer soluciones a los problemas que confrontan los países latinoamericanos, procurando la develación de las interrelaciones que configuran las estructuras de la dominación y la dependencia; y (3) dar prioridad en la investigación a los papeles de la comunicación en la educación y en la organización y movilización popular. Los expertos señalaron como objetivo central de la investigación latinoamericana “... el análisis crítico del papel de la comunicación en todos los niveles de funcionamiento, sin omitir sus reacciones con la dominación interna y la dependencia externa; y el estudio de nuevos (*)

Porciones apreciables de la misma fueron compiladas y publicadas por Marques de Melo en el número 6 de la Revista Comunicaçao e Sociedade (1981); vinieron luego compilaciones por Fox y Schmucler (1982); Reyes Matta (1983); Peirano (1985); Simpson (1986) y Fox (1989). Recientemente, por otra parte, la investigadora argentina Ana Prieto (2002) produjo un recuento pormenorizado de la comunicación alternativa en Latinoamérica desde los años 70 hasta el presente. (**) Corresponde anotar que la formulación teórica sobre la materia sobrevino algo más de veinte años después de iniciada en la región la práctica de esa comunicación raigalmente democrática. El caso precursor de que hay noticia cierta es el de trabajadores sindicalizados de la minería en Bolivia que, entre fines de los años del 40 y principios de los del 50, establecieron y operaron con aportes de sus magros salarios pequeñas y elementales radioemisoras para romper la incomunicación a que eran sometidos. Las manejaron en forma autogestionaria y plenamente participatoria por medio de su estrategia de “micrófono abierto” y sufriendo a veces dura represión. (Lozada y Kunkar (1982); Beltrán y Reyes (1993); y Herrera (2006) Y en los propios años del 70 se registraron en muchas partes de la región creativos emprendimientos de comunicación alternativa. Hubo varios de radio popular en Perú, Bolivia, México, Guatemala, Nicaragua y República Dominicana. En Uruguay se creó el “cassette foro rural”. En Brasil nació y sobrevivió en la semiclandestinidad la “prensa nanica” integrada por pequeños periódicos contestatarios a las dictaduras militares. En Perú, en Villa El Salvador, un barrio limeño de inmigrantes campesinos indígenas, se estableció gradualmente un ejercicio de comunicación horizontal por múltiples medios, desde altavoces y periódicos murales hasta cine y radio. Y en Bolivia había nacido ya en los años del 50 “un cine junto al pueblo” encabezado por documentalistas identificados con la lucha emancipatoria de la población nativa. Esto sin contar las prácticas democratizantes de la radiodifusión educativa rural que la Iglesia Católica hizo en varios países con base en su pionera estrategia colombiana de las “radioescuelas”.

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canales, medios, mensajes, situaciones de comunicación, etc. que contribuyan al proceso de transformación social ...” (CIESPAL, 1977).

Crítica a la Investigación de EE.UU. sobre Comunicación En la década del 70 Armand Mattelart (1970) lanzó desde Chile la voz de alerta en cuanto a la naturaleza de la investigación sobre comunicación tal como era concebida y practicada en los Estados Unidos de América. Criticó su marcado interés por estudiar los efectos de los mensajes de los medios masivos en el público entendido como mercado potencial. Reprochó el afán de detectar las motivaciones de la gente a fin de volverla dócil a la persuasión mercantil y política. Afirmó que los principales métodos de investigación estadounidenses no eran integrales ni resultaban apropiados para el análisis crítico de la comunicación masiva. Denunció que, aunque los investigadores de Estados Unidos de América consideraban a su metodología de indagación objetiva, neutral y libre de valores, en realidad ella propiciaba ajustes funcionales para perpetuar sin cuestionamiento alguno a la sociedad establecida.

¿Hacia una Comunicación para la Liberación? A mediados de la indicada década un estudio afín (Beltrán, 1978a) al de Mattelart aportó un análisis crítico de las premisas, los objetos y los métodos foráneos prevalecientes en la investigación latinoamericana sobre comunicación. Corroboró la anotación de la especial influencia de la orientación estadounidense hacia el estudio de los efectos y de las funciones de la comunicación, así como en apoyo a la persuasión para el ajuste de las personas a las normas tradicionales de la sociedad. Añadió la tendencia a no tomar en cuenta los factores estructurales de la sociedad e incurrir más bien en el “endiosamiento” del individuo y confirmó el hecho de que la teoría condicionaba a la metodología para favorecer al conformismo.

En Pos de un Modelo de la Comunicación Democrática Por último, a fines de los años 70 se registraron dos aproximaciones iniciales a la formulación de modelos de la comunicación que buscaban sustituir al modelo clásico estadounidense, inspirado en el pensamiento aristotélico, que el propio Harold Laswell llegaría un día a reprobar por haber llegado a considerarlo “oligárquico”. Uno de esos paradigmas lo propuso el comunicólogo chileno Fernando Reyes Matta (1977) con eje en la noción de “comunicación con participación social activa”. Considerando a la comunicación un “bien social” y subrayando la multidireccionalidad en el proceso de ella, trazó un esquema de interacción facilitada por el acceso efectivo e instrumentada por la participación consciente, activa y crítica de los ciudadanos – como emisores y receptores de mensajes – en la comunicación como instrumento para intervenir en la toma de decisiones sobre asuntos de interés público. La otra proposición, hecha por el autor de la presente reseña, fue la de bases para un modelo de “comunicación horizontal” cifrado en la interacción simbólica libre e igualitaria por medio del acceso, el diálogo y la participación. Situó estos elementos en el marco de derechos, necesidades y recursos de comunicación no se daba sólo con el fin de la persuasión. Entendió al acceso como el ejercicio efectivo del derecho a recibir mensajes, a la participación como el ejercicio efectivo del derecho a emitir mensajes y al diálogo como el ejercicio efectivo del derecho a emitir mensajes y, al mismo tiempo, a recibirlos. Consideró al acceso la precondición para la comunicación horizontal, a la participación la culminación de ella y al diálogo el eje crucial de la misma. Bajo tal enfoque, descartó la distinción verticalista y manipulatoria entre “emisor” y “receptor” por considerar más bien “comunicadores” a los participantes del ambidireccional proceso. (Beltrán, 1979).

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Los Francotiradores de la Ensoñación Al nacer la década del 70 la insurgencia provino de empeños individuales aislados en unos pocos puntos de la región. De ahí en adelante, sobre todo al flamear los estandartes del nuevo orden y de las políticas, se fue formando naturalmente a lo largo de la región un espíritu de cuerpo entre aquellos rebeldes que constituyeron una amplia y combativa comunidad académica. Fue un fenómeno agrupativo espontáneo que iría creciendo e integrándose. Y, ciertamente, no fue una secta político-partidaria embarcada en subversivo activismo propiciado por intereses inconfesables, como pretendieron hacerla ver la AIR y la SIP. Fue un movimiento intelectual abierto en el que convivían libremente diversas tendencias ideológicas en torno al ideal universal de la libertad, la justicia y la democracia.; un conjunto de francotiradores amantes de la quimera cuyas armas eran las ideas forjadoras de un sueño de redención para su pueblo. José Marques de Melo destacó como características de la investigación crítica Latinoamericana el mestizaje teórico, el hibridismo metodológico, el compromiso ético y la dimensión extranacional. Considerándola una corriente definida, innovadora y vigorosa, la identificó temprano como “Escuela Latinoamericana de Comunicación” (ELACOM). Y se constituyó en su promotor, historiador y protector.

El Preámbulo de la “Sociedad de la Información” Al promediar aquella década del 70, que por otra parte fue la paradigmática de la “Guerra Fría”, el extraordinario ingenio tecnológico que había sido capaz de poner al hombre en la luna cambió su rumbo hacia la tierra para proveerla de sus asombrosos adelantos. La industria electrónica estadounidense de alcance transnacional comenzó a adueñarse del mundo tomado como un mercado global. Las trompetas imperiales anunciaron, pues, ya entonces el cercano advenimiento de la “Sociedad de la Información”.

POLÍTICAS Y NOMIC AL CANASTO Y UNESCO AL CADALSO Alto a las Políticas Nacionales de Comunicación Los gobiernos de Venezuela, Perú y México intentaron – a la luz de los principios de la Declaración de San José (UNESCO, 1976) – trataron de aplicar las recomendaciones aprobadas. Les resultó imposible hacerlo principalmente porque los grandes medios de comunicación – apoyados por la Asociación Interamericana de Radiodifusión (AIR) y la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) – ejercitaron sobre ellos una presión de tal naturaleza que lograron detener, en seco el empeño implementador. Aparentemente, esto sirvió además como lección para que ninguno de los demás países de la región se atreviera a hacer nada semejante.

Adiós al Sueño de un Nuevo Orden En mayo de 1981 – convocados por el World Press Freedom Committee – los principales sistemas de comunicación masiva occidentales emitieron en Francia la Declaración de Talloires por la que rechazaron tajantemente el ideal del Nuevo Orden Mundial de la Información y la Comunicación y desahuciaron cualquier intento de regulación de la información internacional. Reunido ese mismo mes en Georgetown, Guyana, el Movimiento de los Países No Alineados manifestó su total respaldo a la UNESCO y censuró las campañas occidentales que buscaban inhibirla de sus compromisos de llevar adelante el planteamiento del NOMIC. Poco después el Gobierno de Estados Unidos de América pasaría la factura a la UNESCO, provocando la dimisión del Director General de dicho organismo, Amadou Mahtar M’Bow (1978, 1979), y se retiraría del mismo, generando con ello una marcada regresión de la UNESCO al tradicional encuadre conservador.

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Todo Volvió a la Conveniente Quietud Que circunstancias como las indicadas no hubieran permitido la implantación de las propuestas Políticas Nacionales de Comunicación no quiso decir que no hubiera políticas de comunicación en los países latinoamericanos. Simplemente continuaron existiendo las consabidas políticas parciales (no integrales) y coyunturales (no duraderas) y a veces inclusive implícitas (en vez de ser explícitas). Esas políticas eran las apropiadas para garantizar que nada cambiara a favor de la democratización de la comunicación y así se perpetuaran intactas la dependencia y la dominación a conveniencia de la hegemónica potencia mundial y de las oligarquías nativas adictas al status quo.

Las Mejores Políticas: “Las Nuestras o Ninguna” Eso sigue ocurriendo hoy solamente que en harto mayor grado en virtud de las realidades de la era neoliberal y globalizadora que, en la hora del auge de la sociedad de la información, alienta la preferencia por aquello de que la mejor política es la de no tener ninguna. De ahí, por el contrario, el marcado énfasis en la desregulación que las fuerzas del mercado demandan para evitar toda normatividad que no les sea conveniente, lo cual es una eficaz manera de que se favorezca, en nombre del supuestamente libre flujo de la información, la arbitrariedad y, si es del caso, la impunidad. Pero promueven crecientemente en la región políticas propiciadoras de la concentración de la propiedad de los sistemas de comunicación y de la privatización mercantil y transnacional. Y esas políticas no son diseñadas por procedimientos abiertos y pluralistas ni en consulta con la sociedad civil; por lo general, se las prepara en círculos empresariales que negocian en privado con dirigentes políticos para que las procesen por la vía legislativa y den cuenta con lo obrado.

OTRAS POLÍTICAS: ¿SON DESEABLES Y POSIBLES HOY? Los medios tradicionales de comunicación masiva son por naturaleza permeables a la regulación de su desempeño por medio de sistemas normativos como las políticas de comunicaci��n. ¿Lo son también los ultramodernos medios característicos de la Sociedad de la Información hoy o, debido a su naturaleza digital y virtual, son abiertos y caóticos y, por tanto, no regulables? Plantea esa significativa interrogación la comunicóloga venezolana Migdalia Pineda de Alcázar y hace referencia a “quienes sostienen que la Internet no podrá ser sometida a ninguna reglamentación ya que ello atentaría contra la misma naturaleza de la red de redes como una malla abierta, libre y democrática por sus posibilidades de acceso sin cortapisas ni limitaciones.” (Pineda de Alcázar, 2005: 89). Sin embargo, la misma investigadora admite: “un proceso de democratización de las comunicaciones en el contexto actual de globalización deberá considerar la definición de políticas de comunicación, de políticas culturales y de políticas de educación en una doble dimensión: lo internacional y lo local.” (Pineda de Alcázar, 2005: 88). El comunicólogo brasileño Valerio Cruz Brittos (2005) está también entre los que creen que hoy más que antes resulta fundamental la adopción de políticas de comunicación nacionales, regionales y globales. Y, también el parlamentario mexicano Javier Corral (2003: 42), versado en telecomunicación, piensa que es inconcebible que en este siglo Latinoamérica no cuente aún con políticas públicas bien definidas en cuanto al ejercicio de las Nuevas Tecnologías.

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Una Investigación muy Diciente El Instituto Prensa y Sociedad (IPyS), con sede en Perú, encomendó a los comunicólogos argentinos Martín Becerra y Guillermo Mastrini (2004) la responsabilidad de coordinar una investigación regional sobre las industrias de información y comunicación ante la Sociedad de la Información. Y llegaron a generalizaciones como estas: 1. Al año, un ciudadano latinoamericano adquiere menos de un libro, asiste menos de una vez a una sala de cine, adquiere en el circuito legal medio disco compacto y compra un diario en diez ocasiones. En cambio, accede a diario a los programas de la televisión abierta y de la radio. Pero la conexión a Internet no logra alcanzar ni al 10 por ciento de la población de la región. 2. La estructura de las industrias culturales y de telecomunicación muestra en Latinoamérica un alto grado de concentración. Las cuatro primeras firmas de cada mercado dominan, en promedio regional, más del 60 por ciento del público y de la facturación del mercado. 3. En los años del 90 el mayor crecimiento se registró en los procesos de concentración de la propiedad. A una situación como la descrita corresponde bien esta advertencia que hicieran Alvarez Monzoncillo y Zallo (2003: 268): “Los riesgos de la apropiación de la comunicación por grandes grupos y de la desigualdad en el acceso son tan grandes que, lejos de una desregulación, se requiere profundizar en la regulación...”

Políticas Sí, pero Junto al Pueblo En Colombia Jesús Martín-Barbero estima que las propuestas para establecer políticas hechas en la región con patrocinio de la UNESCO no llegaron a materializarse no solamente debido a la oposición del sector privado sino también a que no dieron apropiada consideración a la sociedad civil y porque atribuyeron sólo al Estado la responsabilidad de formularas y aplicarlas. Afirma que ellas tienen sentido en una realidad tan distinta como la de hoy a condición de que : (1) asuman que su espacio real es más amplio y complejo ya que involucra a la diversidad de las culturas locales y a la construcción del espacio cultural latinoamericano; (2) que no sean pensadas como meras políticas gubernamentales de medios y de tecnología sino que formen parte de las políticas culturales; (3) que sean diseñadas para el ámbito privado y el público de los medios y (4) que se proyecten hacia la educación. (Martín-Barbero, 2001: 82). En Venezuela Andrés Cañizales (2002) comparte las críticas de Martín-Barbero y también reprueba la ausencia de políticas porque en la era neoliberal el rechazo a la regulación es drástico. Aboga por la participación del pueblo en el ejercicio normativo.

Argentina: “Mucho Ruido y Pocas Leyes” Mastrini (2005) considera que el de Argentina es un caso de mucho ruido y pocas leyes señalando la paradoja de la fuerte intervención del Estado en la comunicación en ausencia de una política que tome en cuenta los intereses de todos los componentes de la colectividad. Propone que las organizaciones de la sociedad civil se unan para lograr que se implante una política de servicio público pluralista y democrática que no se limite a proteger la libertad de expresión y la libertad de empresa. Y refiriéndose al régimen del Presidente Kirschner, Washington Uranga (2005: 7) sostiene que si en un gobierno que se considera progresista no se han producido avances en la legislación sobre comunicación, es porque no se ha forjado la voluntad política para el cambio. Y explica: “La dirigencia política argentina se siente incapaz de enfrentar a los intereses económicos que dominan los medios.”

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Hacia el Mismo Ideal Irrenunciable, pero por Otra Vía En Bolivia José Luis Exeni (1998: 98-99), propone lo que llama “Políticas Públicas para la Comunicación Pública” (PPCP). Las concibe como “(a) un conjunto de principios, normas, aspiraciones y respuestas racional y deliberadamente adoptados; (b) para orientar, mediante procesos de estimulación positiva o negativa, en el marco de objetivos previamente establecidos de predicción-decisión-acción, los procesos de transmisión e intercambio de información; (c) ... referida a intereses y objetivos colectivos, en función de situaciones y problemas socialmente considerados – en un lugar y tiempo determinados – de reproducción o cambio social; (d) destinados a promover o revitalizar las representaciones colectivas y otorgar sentido y evaluación a la acción social organizada; (e) considerando como sujeto(fuente) y objeto(destinatario) al Estado, la sociedad o ambos, y cuya implementación es definida por la estructura estatal.” Este investigador considera que “las PC siguen siendo, incluso más que en su surgimiento hace tres décadas, un ideal deseable, necesario e irrenunciable.” (Exeni, 2003: 83).

PARA REINVENTAR LA UTOPIA Sobradas razones tiene Antonio Pasquali cuando dice lo siguiente: “Hoy, como a todo el mundo consta, el orden reina nuevamente, y la real politik de una sola y misma plutocracia gobierna un mundo en el que mercado, individualismo y liberalismo son admitidos como únicas categorías interpretativas de todas las realidades... El mercado es el único poder legítimo, y el paneconomicismo por él impuesto, el criterio supremo para decidir del valor o irrelevancia de cada cosa...” (Pasquali, 1998, pp 142 – 143).

El Agigantamiento de la Dependencia Externa En efecto, en aras de la Sociedad de la Información, en el campo de la comunicación la dependencia externa se ha expandido y acentuado en enormes proporciones y la dominación interna ha consolidado su vigencia en el marco del fracaso del desarrollo y de la consecuente exacerbación de la pobreza de las grandes mayorías generados por la instauración del neoliberalismo y de la globalización. En comparación con la situación que prevalecía en los años del 70 la de hoy es de tal magnitud, complejidad y brío que tiende a causar reacciones de impotencia, de inermidad y hasta de desolada resignación entre los observadores comprometidos con el ideal de la democratización de la comunicación. Sin embargo, el propio maestro Pasquali los exhorta a no alzar las manos cuando dice “...Pero no desesperemos, por Dios santo; Spes ultima Dea, la esperanza es la última diosa. Nos adaptaremos a la nueva circunstancia, redoblaremos el coraje y la inteligencia. América Latina es el continente con mayores opciones para indicar nuevos caminos en Comunicaciones al mundo entero, no las desperdiciemos...” (Pasquali, 2003: 76).

La Desregulación: Un Veto Paralizante El camino hasta el momento más señalado por el pensamiento latinoamericano es el de la reformulación de políticas para que correspondan a la naturaleza de los formidables desafíos de la actualidad. El primer paso indispensable para la reanudación de la lucha latinoamericana por la democratización de la comunicación debiera ser contrarrestar, contra viento y marea, al poderoso esquema de desregulación reviviendo, remozando y reactivando a la regulación. Neurálgico y crucial como obviamente es para la existencia de la sociedad el campo de la comunicación, no puede ser exento de esa función reguladora de comportamientos, sean ellos para la continuidad o para el cambio. Uno de los retos mayores – y más apremiante – a que se enfrentan hoy los latinoamericanos comprometidos con el cambio es, pues, el de abrir las compuertas del colosal embalse conservador – foráneo y nativo - que represa a la intención de forjar la normatividad reguladora. O sea, hay que emplearse a fondo y cuanto antes para abatir las barreras alzadas contra las propuestas normativas de innovación justiciera.

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La Reinvención de la Utopía por Medio de Nuevas Políticas Intentar ese emprendimiento para el Siglo XXI habrá de demandar la reinvención de la utopía de las políticas de comunicación, según ya lo intuyeran en 2002 participantes del VI Congreso Latinoamericano de Investigación de la Comunicación(*). Uno de ellos, el comunicólogo boliviano especializado en la materia, José Luis Exeni, planteó allá esta pregunta diciente del gran desafío: “¿Qué hacer para que las políticas de comunicación largamente abandonadas por los investigadores de la comunicación y, más aún, por los hacedores de políticas, se conviertan en objeto de indagación, materia de enseñanza, motivo de preocupación ciudadana y objeto de decisión pública?” (Exeni, 2003: 84). El ponente presentó siete consideraciones sobre sendas para buscar respuestas al interrogante, unas indicativas de qué hacer y otras de qué no hacer. Entre las primeras sobresalieron la de preferir la formulación de varias políticas públicas sectoriales a la de una sola omniabarcante y la de reconocer para las políticas los ámbitos regional y local sin confinarse al ámbito macronacional. Entre las últimas: insistir en la dicotomía estatal versus privado; no subsumir lo público en lo estatal; no buscar beneficio privado bajo el discurso de lo público; y no pensar en lo público bajo una óptica homogeneizante que ignore las diferencias prevalecientes dentro de cada nación.

Del Dicho al Hecho… Se ha criticado constructivamente algo de lo que se intentó hacer en los años del 70. Han surgido algunas concepciones renovadoras. Y se ha visto empeño por hacer propuestas realistas y prácticamente ajustadas a las muy distintas y muy difíciles circunstancias que prevalecen ahora en la región Todo ello es alentador y promisorio porque muestra que los viejos precursores no han renunciado a la utopía y que algunos jóvenes han venido a sumarse al compromiso del sueño justiciero. Lamentablemente, sin embargo, no aparece aún en la escena un trazo articulador de las ideas, diversas y dispersas, ni un principio de organización colectiva para poder pasar de ellas a las acciones con impacto al conjugar talentos, energías y recursos. Algunas revistas de las muchas de la profesión publican ocasionalmente artículos sobre el tema. Y en algunas reuniones se presentan y debaten ponencias centradas en el mismo(*). Pero esto no ha llevado aún al terreno de lo conjugatorio y proactivo. No se tiene noticia de ningún esfuerzo multiinstitucional para integrar concepciones ni para forjar colaboraciones. Mientras ello siga siendo así, no habrá mayor posibilidad de tornar las propuestas en operaciones porque, obviamente, el reto es hoy de tal naturaleza que ni personas ni agrupaciones pueden aspirar a obrar con eficacia en aislamiento. La reflexión y la acción cooperativas son, pues, mandatarias y urgentes si en verdad se va a acometer con expectativa de buen suceso la romántica empresa de reinventar la utopía.

Apuntes para un Programa Regional Cooperativo Mucho más que en ninguna otra región del mundo subdesarrollado Latinoamérica cuenta con una amplia y vigorosa infraestructura institucional regional que la habilita para asumir el gran desafío si halla alguna manera de articularse. Existen en el área de las agrupaciones la FELAFACS, hoy con algo más de 1,000 facultades asociadas, la ALAIC de los investigadores, el Secretariado Conjunto de las Organizaciones Católicas de Comunicación, la ALER de los radialistas educativos, la rama regional de la Asociación Mundial de Radios (*)

Fue realizado por la Asociación Latinoamericana de Investigadores de la Comunicación (ALAIC) en Santa Cruz, Bolivia, con el concurso de su filial en ese país, la ABOIC, y en colaboración con la Universidad Privada de Santa Cruz (UPSA) Ver: Krohling Kunsch, Torrico y Steinbach de Loza (2003). (*) Una instancia sobresaliente de esto fue el XIX Ciclo de Estudios Interdisciplinarios de la Comunicación que sobre los Desafíos del MERCOSUR para una Política Regional de comunicación patrocinado en Brasil por la Sociedad INTERCOM en 1996. (Ver: Vasallo de López y Marques de Melo, 1997).

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Comunitarias (AMARC) y la FELAP de los Periodistas. Y están, entre otras, instituciones como el CIESPAL con sede en Ecuador, el Instituto Prensa y Sociedad (IPyS) con sede en Perú y también de vocación regional, el ININCO de Venezuela, el INTERCOM de Brasil y el Instituto de Investigaciones de la UNAM de México. Lo que hace falta es que todas esas entidades se pongan de acuerdo cuanto antes para diseñar y ejecutar, juntando anhelos y recursos, un Programa Regional Cooperativo para Democratizar la Comunicación que pudiera tener objetivos operacionales como éstos: 1. Realizar un inventario diagnóstico de las características principales de la dominación y la dependencia en materia de comunicación en la región en la era de la Sociedad de la Información asegurándose de que desemboque en un mapa de la naturaleza de los problemas, del estado de las políticas y de las posibilidades y limitaciones para la acción cooperativa solutoria. 2. Identificar – sistemática, conjugatoria y refinativamente – todas las propuestas conceptuales sobre políticas expresadas y analizarlas, armonizarlas y sintetizarlas en un planteamiento integral y coherente de bases para la formulación y aplicación de ellas a los niveles regional, nacional y local. 3. Diseñar a partir de ambos estudios una estrategia general de acción cooperativa multiinstitucional, para propiciar la implantación en todos los países de nuevas políticas apropiadas a la realidad actual cifradas primordialmente en la movilización social para ejercer presión sobre los tomadores de decisiones en los ámbitos político, empresarial y periodístico. 4. Divulgar, promover y negociar, a los niveles nacional y regional, la implementación de la estrategia de acción cooperativa para la democratización de la comunicación. 5. Establecer lo más pronto posible una Comisión Regional de Coordinación del Programa y, a órdenes de ella, un Secretariado Ejecutivo Permanente como responsable de ponerlo en operación. ¿Podrá decirse que este elemental y presuroso esquema para aquel programa también es utópico? Sí, pero ojalá que no se lo entienda así por considerarlo irrealizable sino, más bien al cobijo de estas sabias e indelebles palabras del maestro Paulo Freire: “Aquello que es utópico no es lo inalcanzable; no es idealismo; es un proceso dialéctico de denunciar y anunciar; denunciar la estructura deshumanizante y anunciar la estructura humanizante”

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS ALVAREZ MONZONCILLO, J.M. y ZALLO, R. 2003. Las políticas culturales y de comunicación para el desarrollo de los mercados digitales. Un debate necesario. En: ZER, no. 13. Bilbao, UPV. Associaçao Interamericana de Radiodifussao, Comissao de Açao Cultural. 1975. Informe destinado a marxistas e fascistas. O Globo, Sao Paulo, Setembro 9. p. 2. BECERRA, Martín y MASTRINI, Guillermo. 2004. Las industrias info-comunicacionales ante la Sociedad de la Información: industrias culturales y telecomunicaciones en América Latina. En: Telos: Cuadernos de Comunicación, Tecnología y Sociedad (España) no. 61:90-94. (Segunda Epoca). Octubre-Diciembre. BELTRÁN S., Luis Ramiro. 1970. Communication in Latin America: persuasion for status quo or for national development? Ph.D. Thesis. East Lansing, Michigan State University, Department of Communication. 198 p.

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COMUNICACIÓN PARA LA DEMOCRACIA EN IBEROAMÉRICA: MEMORIA Y RETOS DE FUTURO. LUIS RAMIRO BELTRAN SALMÓN. (pp. 145 – 158).

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IV. RECENSIONES UNIVERSIDAD DE LA FRONTERA

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PERSPECTIVAS DE LA COMUNICACIÓN · Vol. 1, Nº 1, 2008 · FABIANA ANCIUTTI ORREDA. (pp. 160 – 161).

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DEL VALLE ROJAS, Carlos. 2006. Comunicación Participativa, Estadonación y democracia: Discurso, Tecnología y Poder. Chile: Ediciones Universidad de La Frontera. 214 páginas. ISBN 956-236-170-5. Fabiana Anciutti Orreda Departamento de Periodismo I Facultad de Comunicación Universidad de Sevilla. fabianaorreda@gmail.com España

En tiempos de creciente discusión sobre los proyectos democráticos mediatizados por una comunicación participativa en Latinoamérica, el libro presenta como propuesta una matriz teórico-metodológica construida a partir del Análisis Complejo del Discurso para la evaluación de la participación ciudadana en los países de este subcontinente. Esta matriz, basada en conclusiones de diversos autores, contempla cinco niveles de análisis que son: descripción de hechos o factos relacionada a las estrategias discursivas que legitimizan el discurso, el propio carácter discursivo al cual se refieren los actores, lugares, tiempos, valores temáticos y universos simbólicos, un nivel narrativo que aborda las relaciones y roles de los actores del discurso y el nivel lógico-semántico que trata de las reglas y códigos presentes en el discurso. La justificación de la propuesta para una comunicación participativa empieza desde un abordaje crítico sobre la crisis global del modelo de Estado-nación en Chile y por extensión en los países latinoamericanos. El autor menciona las políticas centralizadoras relacionadas a una crisis de identidades en sentido étnico, político, mercadológico, mediático y de control en los programas para la comunicación y ciudadanía en dichas naciones. Éstas, de forma general, sufren gran influencia de capitales extranjeros y el mercado massmediático, en este ámbito, ofrece claves culturales preparadas para el mantenimiento del status quo en favor de las élites y de estos mismos capitales. Carlos del Valle también destaca y analiza los contextos de la comunicación participativa en Chile en sus aspectos histórico-sociales, de culturas de masas, lógicas de consumo, ética de la información en medios educativos y en una cultura tecnocrática. Presenta estudios, con base los periodos gubernamentales, sobre el tema de la participación ciudadana y de la política de tecnologización empleada en esta participación, así como sus dinámicas de acceso. La adquisición de contenidos culturales, a través de una participación ciudadana y de sus procesos de integración adquiere, en este sentido, un valor comunicativo y discursivo. Apropiarse de este discurso presupone por lo tanto la utilización de herramientas comunicativas desarrolladas de forma estructural, accesible y genuinamente participativa. Asimismo, se asume la necesidad de construcción de discursos para una comunicación participativa auténtica que lleve a transformarse en movimiento social. A este respecto, los procesos de movilización social son definidos como circulación suficiente y transparente de información para la construcción y socialización de imaginarios colectivos que apunten a consolidar una voluntad común y su inclusión en la agenda pública. Los procesos de participación ciudadana están vinculados a los discursos de acceso de los actores a partir de una nueva organización de los medios y de la sociedad. La participación ciudadana, en el escenario latinoamericano es, de forma general, direccionada por los gobiernos y está centrada en la lógica neoliberal de propaganda, basada en programas de calidad de uso empresarial y al servicio de las élites. Si bien el autor resalta las lógicas productivas de los modelos de medidas de calidad, utilizados como fundamento del discurso de políticas culturales, hace una crítica a la introducción masiva de tecnologías observada en varios países latinoamericanos. Cuestiona el uso de las tecnologías, que en 1

E-mail del autor: delvalle@ufro.cl

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muchos casos está condicionado a dispositivos de control, sus modos de producción versus los modos de participación consciente, efectiva y libre, independiente de un modelo impuesto desde arriba por el poder de los gobiernos, de los medios y de los intereses del capital. Las tecnologías son utilizadas de acuerdo a las lógicas de consumo instrumentalizadoras y de difusión que se definen como procesos de transferencia y no de participación democrática auténtica. El esfuerzo es hacia una nueva lógica de participación ciudadana, a través de mediaciones efectivas para una comunicación que permita la construcción de un nuevo espacio que lleve al ejercicio de una ciudadanía no impuesta por el Estado, a través de la otorga de derechos y deberes constitucionales. Lo que se observa son la vigilancia y el control instituidos por el poder gubernamental o de instancias afines que mantienen la hegemonía del Estado-nación como la verdad máxima. Así que la participación ciudadana, como tal, nace en los auténticos movimientos sociales y en un nuevo concepto de ciudadanía no institucionalizada. El objetivo sería superar el monopolio de los medios y las élites atentas a las ideologías del poder dominante y opresivo que reproducen movimientos sociales y modelos de democracia que refuerzan la lógica neoliberal. Uno de los temas centrales del libro está en la discusión sobre la obtención de un sentido público, común, compartido y manifiesto como respuestas colectivas a problemas colectivos. Así se incentiva la construcción de una agenda para la democracia participativa, usando lógicas emancipadoras de transformación social frente a las medidas de políticas neoliberales. El acceso a tecnologías como soporte a movilización social y, principalmente, a usos críticos que proporcionen la producción de subjetividades como expresión libre y abierta basada en identidades múltiples y colectivas de los actores sociales en un universo simbólico. A partir de construcciones discursivas sociocomunicativas que lleven a políticas públicas desvinculadas del control estatal se podrá observar una comunicación generada por movimientos libertarios, participativos y democráticos en Latinoamérica.

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PERSPECTIVAS DE LA COMUNICACIÓN · Vol. 1, Nº 1, 2008 · JAIME E. FIGUEROA DAZA. (pp. 162 – 164).

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VÁZQUEZ LIÑÁN, Miguel. 2005. Desinformación y propaganda en la guerra de Chechenia. Sevilla: Padilla Libros. 141 páginas. ISBN: 978-848434-368-4. Jaime E. Figueroa Daza Departamento de Periodismo I Facultad de Comunicación Universidad de Sevilla. jfigueroa@us.es España

El texto que hoy se reseña se distingue, primero, porque trata un conflicto poco difundido a nivel internacional, aunque data de 1994 y, segundo, porque lo hace desde la perspectiva de la propaganda, lo último es un aporte si se toma en cuenta que la bibliografía sobre la historia de esta asignatura se asocia, básicamente, a los grandes sucesos: florecimientos o caídas imperiales, conflagraciones mundiales, cambios de sistemas sociales, entre otros. La guerra en Chechenia no es un evento menor, ya que el adversario es Rusia y en catorce años de enfrentamiento, el avance tecnológico en los medios de comunicación le ha dado otras posibilidades informativas. Vázquez establece y desarrolla los elementos insoslayables que han marcado el conflicto: antecedentes históricos de las dos naciones (la caída de la URSS y el perenne combate checheno por independizar su territorio), terrorismo internacional (justificación del conflicto), dominio gubernamental ruso sobre los medios de comunicación (mordaza a la libre expresión), violación a los derechos humanos (amenaza y muerte a periodistas), creación de medios alternativos (contrapropaganda) y la complicidad internacional que reduce la situación a un problema interno de competencia local, resultado de la buena propaganda montada por Rusia en el contexto internacional2 y también por la conveniencia del abastecimiento energético. El autor divide su análisis en dos periodos: la primera guerra (1994-1996), en la que hace un recuento de lo que fue la URSS hasta formar la Federación Rusa. “La URSS cayó en diciembre de 1991, y de su disgregación surgieron quince repúblicas independientes, que coincidían con aquellas de mayor rango administrativo de la Unión. Chechenia, un territorio de rango menor y que, administrativamente, pertenecía a la Federación Rusa, se adelantó a los acontecimientos y declaró unilateralmente su independencia un mes antes de la desaparición de la URSS” (Vázquez, 2005: 21-22). Dzhojar Dudáev (general de división de la aviación soviética) se eligió presidente del territorio emancipado e inició una campaña difundiendo la tradición chechena y sus diferencias con Rusia; apeló, por ejemplo, a la injusticia cometida en la deportación masiva de chechenos a Asia Central, acusados por Stalin de prestar apoyo al enemigo nazi. Dudáev cambió la bandera, atrasó los relojes una hora con respecto a Moscú, y comenzó el culto a su persona. Vázquez hace un análisis de cómo los medios de comunicación, en la Rusia de Yeltsin, fueron cuadrándose al Estado para orquestar la campaña antichechena. El objetivo era presentar un territorio dominado por el caos: secuestros, asesinatos, decapitaciones, etc. La justificación perfecta para fraguar la intervención militar. La respuesta marcial de la Chechenia independiente lograba la derrota del ejército ruso, por eso la administración Yeltsin creó el Centro Provisional de Información (CPI), con lo 1

E-mail del autor: mvazquez@us.es Afirmación de Carlos Taibo, quien escribe el prólogo de este libro.

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cual inicia una campaña que pasará por más de una etapa, desde la llamada operación policial que se dijo restablecería el orden constitucional, en manos de bandas armadas ilegales, hasta el reconocimiento abierto de que el enemigo era declaradamente checheno. El ataque propagandístico apelará a las emociones: se recuerda a la Rusia imperial en espera de que los chechenos le pidan perdón. Para consolidar el montaje, comienza, también, la represión contra los medios que dan cuenta de las bajas del ejército invasor a manos de la guerrilla chechena. El autor menciona que el conflicto bélico fue utilizado para ganar adeptos durante las elecciones presidenciales de 1996, Yeltsin quería reelegirse y la guerra en Chechenia se había convertido en su principal problema; por tanto, el restablecimiento de la paz se haría necesario.

La segunda guerra (1999-…) Los acuerdos de Jasaviurt (agosto de 1996) lograron una tregua que se vio empañada por las equivocaciones del nuevo presidente checheno, dando pie a que en 1999, año electoral en Rusia, se considerara la reanudación de la guerra como pretexto para ganar la nueva contienda electoral, esta vez presidida por Vladímir Putin, cuyo discurso imperial aducía que Rusia continuaba siendo un país poderoso “(…) capaz de solucionar militarmente problemas como el de Chechenia.” (Vázquez, 2005: 56) Los ataques al pequeño país caucásico reiniciaron con el pretexto de una posible invasión terrorista internacional en la frontera rusa. En octubre de 1999 se creó el Centro de Información Ruso que: “(…) se ocupará de filtrar las informaciones relacionadas con las operaciones militares, así como de la diseminación de aquellas noticias publicadas en el exterior y que no contradecían la versión del Kremlin sobre los acontecimientos en Chechenia.” (Vázquez, 2005: 61) Con esto, también se inaugura la nueva etapa de mordaza en la que prácticamente se eliminan las mínimas garantías de seguridad a los periodistas que pretendan pisar el sitio del conflicto; de esta manera, se impuso el silencio informativo sobre la guerra (Vázquez, 2005: 63). La única voz que se escuchaba provenía del Kremlin y anunciaba ataques cuidadosos sin daño a los civiles, además enfatizaba en los proyectos de reconstrucción del territorio recuperado; mientras, la televisión chechena transmitía los horrores de la guerra y de alguna manera descubría los cruentos ataques contra los pobladores, contradiciendo la campaña difusora de la Rusia mediática. Vázquez Liñán, basado en el agudo seguimiento que ha hecho de la historia rusa, descubre la estrategia propagandista de Putin, desde su pretendida diferenciación de Yeltsin, su discurso de verdadero patriota, defensor de los enemigos de Rusia, luchador contra el terrorismo internacional, pasando por la idea de que el país está encaminado a la apertura y la democracia, dirigido por un gobierno transparente que despierta en los ciudadanos el orgullo de pertenecer a la nación. Putin es un producto mediático: “(…) regaña sistemáticamente ante las cámaras a sus ministros, recriminándoles que los precios de los artículos de primera necesidad estén altos, que los sueldos sean míseros o se retrasen, que los sistemas de seguridad fallen…” (Vázquez, 2005: 80). También hace mención del site “Conoce al presidente”, en el que Vladímir Vladímirovich hace gala de superioridad, fuerza física, valentía, heroicidad y patriotismo. El culto a la personalidad, entre otras medidas, será uno de los fuertes sustentos de la campaña promotora del presidente deportista, campeón de judo y combatiente militar. Bustos, carteles, muestras pictóricas, calendarios, poesías o canciones demostrarán, escribe Vázquez, “el amor popular” por Putin. Ante tal agravio propagandístico, se ha manifestado una disidencia que trata de desenmarañar la desinformación de la “campaña de normalización democrática” impuesta por el gobierno, así el autor hace un repaso de los principales medios informativos y de sus representantes. Especial atención merece Novaya Gazeta, publicación periódica (sale dos veces por semana) que, desde sus páginas, lleva a cabo una feroz y sistemática crítica de la Rusia de Putin. Para Novaya Gazeta trabaja Anna Politkovskaya, quien posiblemente sea la periodista cuyas crónicas sobre la guerra de Chechenia, muchas de ellas publicadas en forma de libro y

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traducidas en varios idiomas, hayan tenido mayor repercusión dentro y fuera de Rusia. (Vázquez, 2005: 95) Como ya se ha mencionado, el ataque al terrorismo internacional se ha convertido en la justificación que permite la guerra en Chechenia, luego de los sucesos del 11 de septiembre de 2001. El gobierno ruso se unió a la causa de la nueva política internacional, por tanto la campaña propagandística tendrá un enemigo mundial. “No es una guerra entre Estados, ni siquiera una batalla contra una república secesionista, sino por la eliminación de bandas armadas internacionales cuya organización trasciende las fronteras de los Estados-Nación.” Vázquez pregunta: “(…) ¿de qué sirve negociar?, ¿con quién? El argumento de la inutilidad de negociar es también la justificación de la guerra permanente” (2005: 100). El libro describe los diferentes sitios de Internet que defienden la postura de los líderes chechenos y del gobierno ruso, respecto al conflicto. La administración Putin, fiel a su campaña ante micrófonos, cámaras, prensa y sites continúa su estrategia de omisión y tergiversación informativa; los secuestros del teatro de la calle Dubrovka o el del colegio de Beslán (a manos de la guerrilla chechena), son algunos ejemplos. No se trata de disculpar las acciones de los guerrilleros chechenos, Vázquez (2005: 116) en ningún momento lo hace, sólo de dar cuenta de la situación informativa que impera en esa región del mundo. “Ante la confusión reinante en todo lo que ocurre dentro de Chechenia, y el continuo uso propagandístico que ambos bandos hacen de las cifras, resulta complejo ofrecer datos fiables del número de víctimas del conflicto”. El libro también denuncia el silencio internacional ante esta guerra. En el caso europeo, el conflicto se ha eliminado de la agenda bilateral; Rusia, como importante proveedor de gas y petróleo de la UE, sabe sacar provecho de la situación y sólo se adhiere al pragmatismo comercial que impera en las relaciones internacionales. (Vázquez, 2005: 120) Finalmente, Vázquez Liñán menciona los discursos oficiales al interior de Rusia que delatan la amenaza del enemigo externo (y no sólo el checheno) como causante de los males que aquejan al país. Según la campaña difusora, el problema viene de fuera; aunque en el fondo se trata de negar que la Rusia Unida no sea más un imperio, que su proceso de resquebrajamiento sigue. Desinformación y propaganda en la guerra de Chechenia es un texto rico en datos, luego de su lectura queda claro que no sólo se ha aprendido sobre propaganda de guerra, también acerca de una parte de la historia de la gran Rusia y de la minimizada Chechenia. El libro es valioso porque pone el dedo en la llaga y denuncia una situación que, de una u otra manera, se repite en algunas latitudes del mundo. Si se hiciera un recuento así, analítico-ilustrativo, seguramente se descubriría la podredumbre maquillada en la que vivimos día a día, gracias a la propaganda.

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PROGRAMA DE MAGÍ MAGÍSTER EN CIENCIAS DE LA COMUNICACIÓ COMUNICACIÓN DEPARTAMENTO DE LENGUAS, LITERATURA Y COMUNICACIÓ COMUNICACIÓN FACULTAD DE EDUCACIÓ EDUCACIÓN Y HUMANIDADES UNIVERSIDAD DE LA FRONTERA


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