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RE VI S TA D E C R E A C I Ó N Revista de L creación I T E Rliteraria AR I A La Ira de Morfeo LA I RA D E 5 MORFEO N Ú M ERO 5


La Ira de Morfeo Revista de creaci贸n literaria N煤mero 5 - Marzo 201 2 http://revistalairademorfeo.net Editores: Javier Flores Letelier Camila Vieyra Di Silvestre


Despierta esta Noche


Eva Medina Moreno

Mario Flecha

Jon Velazquez

Józefa Ślusarczyk‐Latos

Gabriel Augusto

EL SEIS

Milenko Županović

UNA REVELACIÓN

La Farsa

ARCANGEL

Tree of the Apocalypse

Sin título

ECOS DE MUERTE

Skrivene suze

Eryk Ostrowski

BŁĘKIT ZIMORODKA

Daniel de Cullá

MÁS VALE ANTES QUE DESPUÉS DE LA ILUSTRACIÓN

Graciela Marta Alfonso

TRAMO X


Para recorrer la caverna

Sigue el aliento podrido de los espíritus, el olor de las heridas, la sombra esquelética frente a la luz única de los observadores eternos. Ellos tienen la sangre que necesitas y estarían dispuestos a darte de ella para vivir si aceptas articular una palabra que no sea la misma de cada siglo; fuego... Para recorrer la caverna, despierta esta noche en la oscuridad y siente el espacio y el tiempo desparecer, tus pupilas dilatarse creando formas inacabadas buscando la excitación. Sabes ahora que estás en el centro desde donde parten los túneles, pero también que esa es la forma de la sangre de seguir su camino cuando comienza a oscurecerse para penetrar y confundirse con la tierra: La muerte nos llena de la fuerza ritual, que como toda fuerza en el universo conocido o delirado, conquistado y sacrificado en una sola noche, no es concebida sin la total falta de piedad; así, para que la busquemos y escribamos por ella símbolos jamás accesibles para la humanidad, así, para que la encontremos en el blanco cegador de la conciencia inundada del atrabilis después de utilizar las manos para el asesinato. Alrededor nuestro los símbolos, como aves nocturnas, jamás ningún hombre, ninguna mujer, ningún adolescente bastardo que arrojó el puñal y entregó su cuerpo desnudo a la ciudad ha podido detener la expansión de la oscuridad. Sigue las piedras que fueron liberadas después de la explosión, esperabas verlos a todos de pie frente a la gran naturaleza increada y encontraste la sangre que negaste de ti mismo ahora frente a frente sobre los pálidos rostros pintados preparados para la ceremonia; hay un cielo que se abre para que los insectos enseñen al viento, y el viento a las entidades despiertas. La enfermedad, hondonada mortal y mística donde se ilustra la angustiosa iconografía de la razón; perderás, perdiste, a tus hijos y hermanos, no valdrá la pena sentir el grito eufórico del último aliento sin ellos, fueron asesinados, son sólo prueba de que el sueño creó manos, asimétricas, sanguíneas para limpiar las lágrimas del niño tallado sobre la roca, del azufre del que estás hecho y que hace que quieras volver a ellos, decir que era verdad lo que creíamos y sentíamos, el Apocalipsis es un atardecer como cada uno en que hemos evocado a la sangre perdida, la luz enfrenta a los cuerpos opacos sin motivo dejándonos la labor de aceptar nuestra libertad.

La Ira de Morfeo


UNA REVELACIÓN Cuando entré en la galería, una sala pequeña, bastante oscura, había poca gente. El pintor no estaba. Sobre un taburete, folletos. Cogí uno. Me lo guardé, dirigiéndome al primer cuadro con el mismo recogimiento con el que se comulga. En cuanto Xaime llegó, viéndome frente a su «Costa da Morte», me dijo que lo había pintado en cabo Touriñán, el más occidental de la península ibérica, y no el de Finisterre como se decía. Me acerqué al cuadro. Eran brochazos despreocupados que, cuando te alejabas, cobraban realidad. Me confesó el toque impresionista, y algo expresionista, que algunos críticos de arte habían visto en su obra. Yo sólo veía la fuerza, la rabia, de ese mar contra las rocas. Le pregunté sobre ello. Sin contestarme, siguió con los críticos. Miré el cuadro alejándome un poco a la izquierda. En segundos, atrapé el significado simbólico. Trascendía detrás de esa luz sobre la ola más cercana; la espuma tan blanca. Reflejaba la lucha de dos poderes. Aunque uno de ellos fuese desgastando, poco a poco, al otro, y pareciese el más fuerte, no lo era, porque roca y mar eran la misma cosa; el hombre luchando contra la sinrazón de su propia existencia. Xaime me contaba cuanto tardó en pintarlo, la vida tan dura del artista. La «náusea» nos acechaba, pensé, sin poder escapar, porque formábamos parte de ella; nosotros éramos la «náusea». Me acordé de Kafka, de ese pobre K. de El proceso, que éramos todos nosotros, buscando una explicación en un mundo inexplicable. Me vi formando parte de ese mar y esas rocas. Nada se podía hacer. El mar era la humanidad luchando contra un muro; su propia existencia. «Hay pocos genios», continuó, mientras yo me imaginaba a Van Gogh, saliendo de madrugada al campo, con sus lienzos volteados por el aire, y a Kafka, de regreso del trabajo, escribiendo en una mesa pequeña frente a una pared gris. Salí de allí con la sensación de que el descubrimiento de ese acantilado alegórico no podía revelarlo a nadie. Sería como destapar una olla exprés antes de que se enfriase. Sufriré por todos, me dije, sonriendo a San Manuel.

Por Eva Medina Moreno


La Farsa

¿Muertos..? ¿qué muertos? I Cuando el tren cruzó la frontera comprendieron que no regresarían. Mariela dormía entre ellos. Pedro los esperaba en la estación de trenes y los albergaría en su casa por un tiempo. II ‐ Mejor no pensar ‐ se dijo Juan Diego Albarracín. Estaba de vacaciones y aprovecharía para componer música. Preparó las valijas. Dobló las camisetas sobre sí mismas para hacerlas más pequeñas, hizo lo mismo con los calzoncillos y shorts, puso las sandalias en una bolsa de plástico, comprobó que tendría todo lo necesario, buscó otra valija para la computadora, i‐pod y todas las chucherías electrónicas. Abrió el baúl del coche y después de acomodarlas se fue a descansar antes de partir. Saldría por la madrugada para evitar el tráfico. El viaje fue un placer de unas dos horas. Entró a la casa, deambuló por la cocina, los dormitorios y se fue a dormir. Cuando se despertó los cuartos estaban invadidos por el sol de agosto, que se colaba por los intersticios de puertas y ventanas. Quemaban los muros de piedra y las baldosas de los patios. Se le humedecían las rodillas y le transpiraban las manos. Todos los veranos cuando esto ocurría (y ocurría todos los veranos) se inquietaba. Angustia creativa le había dicho una vez Pepita. Pero él lo llamaba sofocación meteorológica. Con curiosidad envidiaba a los gatos que dormían tirados en los rincones escondiéndose del sol. Sentado en el patio oscuro, donde el olor a humedad penetraba lentamente desde el olfato hasta llegar con insidia hasta los huesos, pensó en componer un homenaje a John Cage, al concierto 4 minutos 33 segundos en total silencio. Sonrió con exagerada complacencia. Contó los segundos en silencio, cerró los ojos para no distraerse, 1 2 3... hasta llegar a los 60 segundos. Repitió el 1, 2, 3... Al llegar a 120 no se detuvo. Continuó hasta 180, decidió dividirlos por 60 y le dio exactamente 3 minutos, pero al detenerse, perdió el ritmo y debió comenzar nuevamente. Está vez se molestó porque entre el segundo 18 y el 19 se había detenido más de lo necesario. Golpeó la mesa con el puño cerrado. Necesitaría de alguien que controle en silencio su silencio y el silencio, mientras él descubría el significado del silencio y lo transformaba en sonido. ¿Quién podría ayudarlo? Recorrió posibilidades hasta que las redujo a tres, Juan, Francisca o Pepita. Juan es puro nervios. Francisca se reiría, pensando que es una estupidez. Solo quedaba Pepita, la que fuera su novia en los veranos de su adolescencia. Pepita la fea.


A Juan Diego, le gustaban sus ojos humedecidos de risas, el tamaño desproporcionado de la nariz y los labios tan húmedos como sus ojos, al besarlo le mojaba las mejillas. Pepita se jactaba con arrogancia de que en Francia para saludar se dan dos besos, uno en cada mejilla. ‐ Saludo francés‐ decía con placer. Ella era ideal para sentarse a su lado en silencio por 4 minutos y 33 segundos. La llamó por teléfono invitándola para almorzar el domingo al mediodía... Pepita llegó vestida de domingo. Un traje azul masculino y un sombrero de paja de ala muy ancha para protegerla de la tormenta de verano que habían anunciado. En los Arcos de la Calle principal entraron al Restaurant La Farsa, sentándose en la ventana que da a la calle, callaron las transformaciones del pueblo, ella con felicidad, él con indiferencia. ‐ Pepita‐. dijo de pronto Juan Diego. Se sorprendió al escuchar su nombre. ‐ Sí. ‐ Necesito pedirte un favor. ‐ ¿Dinero o sexo?‐ dijo con sorna ‐ Lo primero no tengo y lo segundo debería pensarlo aunque todavía me gustas sin embargo te diría no. ‐ Quiero que te sientes a mí lado con un cronómetro. Yo estaré en silencio por 4 minutos y 33 segundos, y vos marcando cada segundo. ‐ ¿Para qué? ‐ Quiero sensibilizarme, para poder describir la esencia del silencio y componer una pieza musical en homenaje a John Cage. Necesito meditar sin ser interrumpido durante 4 minutos y 33 segundos. ‐ ¿Cuántas veces? ‐No sé, imaginate un alquimista que repite las mismas acciones hasta que el material que esta manipulando se transforme en oro. Por decirlo de alguna manera… A Pepita se le dibujaron pequeños hipos en los labios hasta que no pudo contener la risa. ‐ El significado del silencio está subordinado a las circunstancias en que se produce. Es la ausencia del ruido. Puede expresar diferentes vivencias, si te reclaman un minuto de silencio por la muerte de alguien es para interrumpir la dinámica de la vida y entrar en un espacio de dolor. Por otro lado podes ingresar al silencio con placer después de hacer el amor. Juan Diego se sintió incomprendido. ‐ Lo harás o no. ‐ Sería inútil. Salieron del restaurant separados por silencio. Para evitar la tormenta de verano, se refugiaron debajo del paraguas. Los persiguió una joven africana con la cara hinchada de lágrimas y un bebé en sus brazos, caminó al lado de ellos mientras con la voz entrecortada de lágrimas y urgencias intentaba comunicarles algo que no alcanzaban a descifrar. Desconcertados, miraron al bebé que dormía y se pusieron uno de cada lado de ella, protegiéndola. ‐ ¿Qué te pasa? Barajaron todas las posibilidades.

Llegó aquí después de una travesía infinita que la llevó por varios continentes, está en el país ilegalmente y si la descubren los de inmigración la suben a un avión y la devuelven a su país. ¿Cuál país? Quizás cayó en manos de una banda de traficantes humanos que la empujan a prostituirse o la explotan en los sudaderos, tal vez fue usada por contrabandistas de drogas como mula, escapó y ahora la abandonan a su suerte. Tal vez es inocente y está asustada del futuro.


‐ Ayúdenme. ‐dijo ella con cierta claridad ‐ Vienen por mí. ‐ ¿Quiénes? preguntó Pepita. Al doblar en la esquina, ‐ ahí están ‐ dijo ella, dándole el bebé a Pepita y lanzándose a correr bajo la lluvia. Antes de que pudieran reaccionar se fue perdiendo detrás de la cortina de agua. Allá a lo lejos pudieron distinguir las siluetas de dos hombres que la forzaban a entrar en un coche. Escucharon gritos y el rugir del motor antes de desaparecer. ‐ Vamos a devolver el bebé. ‐ ¿A quién?. Ahora es mío ‐ dijo Pepita ‐ ¿Qué decís? ‐ Que es mío, o mejor, es nuestro. ‐ No, mío no es. Dejémoslo en el hospital. ‐ ¿Cómo lo vamos a explicar? Una señora nos siguió, depositó el bebé en mis brazos y se fue corriendo, vimos cómo la introdujeron por la fuerza en un coche sin identificación para luego desaparecer. Eso no es creíble. ‐ No, lo sé. ‐ Tienes miedo que el bebé interrumpa tu silencio. Ella lo apretó entre sus brazos, buscaron un testigo que los ayudase, pero las calles estaban desiertas. ‐ Podemos ir a la Policía. ‐ No entiendes, nos preguntarán el nombre de nuestros abuelos, no creerán ni una palabra, ser policía es tener la virtud de revolver mierda y nos interrogarán para saber qué hicimos con la madre del bebé. ¿Dónde está?... No podemos decirles que desapareció adentro de un coche. Nos preguntarán por el color, la marca y el número de la matrícula del coche, cuántos hombres la forzaron a entrar al auto, cómo estaban vestidos, si tenían uniforme o estaban de civil. Estoy segura de que nuestras descripciones serían contradictorias y nos meteríamos en un lío. Quién nos va a creer, te repito, tenemos que buscar un testigo si querés deshacerte del bebé, alguien que haya visto todo y nos dé una coartada. ‐ Mirá, Pepita, no hay nadie. Lo podemos dejar aquí e irnos. ‐ Ándate con tus silencios y déjame sola, yo me las arreglaré. ‐ No seas pendeja, en esto estamos juntos nos guste o no. El bebé lloraba. ‐ Tiene hambre. Encontraron una farmacia de turno. La empleada desconfió. ¿Qué hacían con un bebé negro? ‐ ¿Cómo se llama el bebé? ‐ preguntó al pasar la farmacéutica. ‐ Pedro…‐ dijo la Pepita sin darse cuenta que el manto que lo cubría era de color rosa. ‐ Creí que era una nena.‐ dijo la farmacéutica En casa de Pepita, la bautizaron Mariela. La farmacéutica llamó por teléfono a la policía para advertirles que una pareja de jóvenes actuaba sospechosamente. Han comprado cosas elementales para el cuidado de un bebé. El policía de guardia escuchaba y anotaba en un libro con la neutralidad de quien había perdido la facultad de asombrarse. ‐¿Y qué piensa usted que han hecho? ‐ No lo sé. ‐ Gracias ‐ dijo el policía dando por terminada la conversación. El inspector estaba furioso, se les había perdido la hija de la inmigrante que habían arrestado. Las órdenes de actuar con discreción se veían comprometidas, debían evitar cualquier publicidad negativa, y expulsarla discretamente.


La farmacéutica del pueblo nos ha dado un indicio, les vendió a una pareja que llevaba un bebé de origen africano. ‐ Es posible que sea nuestro bebé. ‐ Sí. Desde las oficinas se podía escucharla murmurando en francés, mientras se golpeaba contra las paredes y lloraba con todo su cuerpo. Cuando se calmó, la hicieron compartir la celda con dos jóvenes recién arrestados. El inspector estaba organizando un grupo de agentes de civil para ir en busca del bebé cuando escucharon gritos y golpes provenientes de la celda, vieron a los jóvenes golpeándola ferozmente. Ella tirada sobre el suelo, cubriéndose la cara con las manos, ellos pateándola ferozmente por todo el cuerpo. Al escuchar los pasos de los carceleros se retiraron a un rincón de la celda. ‐ ¿Qué hicieron? ‐ La matamos. ‐ ¿Qué? Locos de mierda. ¿Por qué lo han hecho? ‐ Vienen a nuestro país a robarnos, a prostituirse, decidimos darle una lección ‐. dijo uno de ellos. ‐En nuestro país no queremos este tipo de gente. ‐Ustedes son un par de asesinos. ‐Gente como ella no merece vivir. Desesperado el inspector los envío a otra comisaría mientras decidía como deshacerse del cuerpo de la víctima. ¿Cómo presentaría la muerte producida bajo su custodia, sin despertar sospechas de brutalidad policial?. No quería ser acusado por la prensa de oposición al gobierno por utilizar métodos violentos para controlar la inmigración. ‐ Mierda, esto tenía que pasarme a mí. Juan Diego y Pepita la alimentaron. Luego discutieron cómo deshacerse de Mariela y resolver el misterio de la mujer raptada. Decidieron que él iría a la comisaría a denunciar la desaparición de la madre, y luego ella entregaría el bebé al hospital. Juan Diego se presentó a la comisaría. ‐ ¿Nombre? ‐ Juan Diego Albarracín ‐ ¿Profesión? ‐ Músico ‐ ¿Número de documento? ‐ 022247680 ¿En qué puedo servirlo? Sorprendido, el policía de guardia dedujo que ocultar el crimen iba a ser más complicado de lo esperado. Creían que nadie los había visto raptarla. Se equivocaron porque del otro lado del mostrador que separaba los agentes de policía de los civiles había un hombre denunciando el secuestro. ‐ Perdón, ¿usted está acusando a la policía del rapto de una mujer? ‐ No, no estoy seguro acerca de quién lo hizo, he visto a dos hombres arrebatarla de la calle y desaparecer antes que pudiese reaccionar.

El policía lo abandonó sin responder, pretendió ocuparse de otros asuntos, salió y entro varias veces de la oficina, ignorándolo.


Entre entradas y salidas, Juan atisbó el cuerpo de la mujer sobre el piso del pasillo. ‐ Es ella ‐ , dijo. ‐ ¿Quién? ‐ Ella, la mujer. Está tirada ahí sobre el suelo. El policía se desentendió y salió nuevamente, al rato volvió. ‐ ¿Estábamos dónde? ‐ En el cuerpo que está en el pasillo. ‐ No entiendo, en el pasillo no hay nada. ‐ Yo la he visto. ‐ Miré, usted asegura que vio cuando la raptaban y no puede describir nada, no sabe la marca, ni siquiera el color del auto y ahora dice que un cuerpo está en el pasillo, puede pasar y comprobar que no hay nadie. Me parece que usted tiene alucinaciones ‐ dijo abriendo la puerta. Se asomó y el corredor estaba vacío. Descubrió en el piso un jirón de la tela del vestido que llevaba la mujer. Lo escondió en su bolsillo. ‐ El bebé lo...‐ trató de decir. ‐ Me parece que usted está fatigado‐ dijo con desprecio. Como pudo comprobar, aquí no tenemos a nadie. Por favor váyase, me está haciendo perder tiempo. Juan Diego apretó el pedazo de tela que había levantado y salió de la comisaría. ‐Puto silencio‐. dijo en camino a la casa de Pepita. ‐La vi tirada sobre el suelo. Después la hicieron desaparecer pero no del todo: se olvidaron de ocultar un pedazo de tela de su vestido que tengo aquí ‐ dijo abriendo la mano y mostrándoselo a Pepita que escuchaba aterrorizada. ‐ ¿La mataron? ‐ Es posible. ‐Tienen todos tus datos. ‐ Sí. Mariela dormía. Agotados, se sentaron en el sofá frente a la televisión. Una locutora leía ininterrumpidamente la mezcla de informaciones y desastres cotidianos. “Últimas noticias: Dos jóvenes drogadictos fueron encontrados muertos, baleados posiblemente por narcotraficantes. En la misma casa se hallaba el cadáver de una inmigrante ilegal. Se sospecha que fue asesinada por los jóvenes, en una pelea cuya naturaleza no podemos determinar hasta nuevas investigaciones.”

Por Mario Flecha


ARCANGEL Esta historia que empieza, es la historia de Arcángel, un peculiar vecino de una peculiar localidad llamada Villa Cosío. Los habitantes de Villa Cosío, todos sin excepción, viven y mueren en Villa Cosío, siendo para los cosianos Villa Cosío la representación del universo todo. Los cosianos vivirían felices y en la abundancia si no fuese porque de cuando en cuando, sin que los cosianos hayan descubierto la forma de anticiparlo, un toro, un terrible, inmenso y sanguinolento toro, entra en Villa Cosío por la puerta de toriles. La puerta está situada al sur del pueblo, precediendo mágica el abigarrado monte que aísla a Villa Cosío del mundo infinito. El toro, arremetiendo y derribando cuanto encuentra a su paso, no abandona Villa Cosío hasta asesinar a unos de sus vecinos. Retomando la historia de Arcángel, nuestro protagonista, decir que es un hombre de mediana edad, corpulento y vigoroso en sus formas. Arcángel es un habitante más de Villa Cosío, querido y respetado, o al menos lo era hasta hace tres días, cuando decidió Arcángel mudarse con todas sus cosas a la puerta de toriles. Esto supone inmediatamente el ostracismo, la

soledad. Ningún habitante de Villa Cosío en su sano juicio se atreve a pasear siquiera cerca de la puerta de toriles. Esta noche, Rodrigo no concilia el sueño, está inquieto, abre los ojos y ve acercándose la diminuta figura de un niño. ‐

¿Qué haces aquí? Es peligroso. Vuelve a casa Samuel.

‐ No Arcángel, yo soy valiente como tú, yo no le tengo miedo al toro ¿porqué lo haces Arcángel? ¿es que quieres que te mate el toro? Arcángel coge a Samuel por su manita y los dos se dirigen hacía una encina cercana. ‐ ¿Quiéres saber por qué lo hago? Está bien, te lo contaré, pero si sale el toro, te subo a la encina y me juras que de ahí no bajas. ‐

Te lo juro Arcángel.

¿Has oído hablar alguna vez del loco Guillermo?

Esto lo ha dicho Arcángel con voz queda, sin perder de vista la puerta de toriles. ‐

Claro que sí… ¿haces lo mismo que el loco Guillermo? Pero él, murió…

‐ No Samuel, el loco Guillermo no murió corneado por el toro, antes de llamarlo el loco Guillermo, le llamaban Guillermo el valiente... porque siendo yo niño, un toro enorme salió por la puerta. Guillermo no se levantó de su hamaca ni corrió ni huyó, ni gritó, se mantuvo en calma… de pronto, se puso en pie y gritó con todas sus fuerzas, “¡eh toro maldito, aquí estoy, ven a por mí, aquí tienes a tu víctima!” al decir esto, el toro quedó paralizado, mirándolo… todo esto sucedió en la plaza de la fuente… yo era más pequeño que tú en aquellos tiempos, pero lo recuerdo como si fuera ayer, el toro y Guillermo se miraban desafiantes, hasta que el toro arrancó la embestida acompañado de un griterío histérico aproximándose amenazador a Guillermo, que permanecía de pie impasible, provocando con insultos al toro. Cuando todo el mundo se temía lo peor, sucedió lo inesperado, el milagro… el toro se detuvo a un palmo escaso de Guillermo y un suspiro contenido recorrió toda Villa Cosío. Así estuvieron el toro y


Guillermo frente a frente durante unos segundos que parecieron una eternidad, hasta que de repente, el toro se dio media vuelta y se fue a toda prisa por la puerta de toriles. Imagínatelo Samuel, por primera vez el toro se iba sin su victima, y todo gracias a Guillermo. Cuando Guillermo se trasladó a vivir a la puerta de toriles la gente empezó a llamarlo el loco Guillermo. Todos creen que Guillermo murió corneado una noche sin testigos. Pero solo yo sé lo que sucedió aquella noche Samuel… la noche que desapareció Guillermo, imbuido de un extraño presentimiento permanecí en vela… subí a la azotea de mi casa y desde allí lo presencié todo, aquella noche, cuando silencioso el toro salió por la puerta de toriles, Guillermo lo estaba esperando. El toro estaba quieto, sin mover un solo músculo, y esta vez, fue Guillermo quien corriendo fue al encuentro con el toro. No sé bien cómo explicarlo Samuel, el caso es que cuando Guillermo llegó a la altura del toro y se abalanzó sobre él, simplemente… lo atravesó… cayendo el suelo, como si el toro no tuviera cuerpo, después de esto el toro desapareció y… Guillermo se fue, sí… se fue de Villa Cosío. Por eso lo hago Samuel, desde aquel día… necesito saberlo. Arcángel ha terminado su historia y con un gesto ha hecho entender a Samuel que debe irse; éste, con un gesto de despedida, ha echado a andar en dirección a su casa. En esta noche de clara luna, un astado sale cadencioso por la puerta de toriles, y distraído mira en dirección sur, dando la espalda a Arcángel. “Eh toro” reclama Arcángel pero el toro, sin hacer caso continua absorto contemplando el cielo estrellado. “Eh toro” replica de nuevo Arcángel; el toro da media vuelta, escarba con su pezuña delantera izquierda, resopla y hociquea y arranca levantando tras de sí una espesa polvareda. Arcángel, con el corazón henchido de valor, corre a su encuentro. Tembloroso, Arcángel se levanta del suelo, no entiende lo que ha pasado, e incrédulo observa como ambos, él mismo y el toro, ocupan al mismo tiempo un mismo espacio. El toro desaparece, se desvanece. Echando una mirada en derredor como despidiéndose de Villa Cosío y aún contrariado, Arcángel atraviesa el umbral de la puerta de toriles, desapareciendo en medio de la incierta negrura.

Por Jon Velazquez


TREE OF THE APOCALYPSE we’ve grown the tree of the Apocalypse and now put on dark glasses laughter of smoke swells in the mouth we throw the naked to the lions we’ve tamed the scorpion and cobra and mistake Pinochet for God ‐ we are bored with the Earth – looking for other worlds sleeping in hermetic suits – we check the empty accounts of redemption while on the other hemisphere of the worlds’ laboratory in the centre of the day bodies lie open (who have been refused bread) and shrivelled bones fresh as blood – like a seal they cry – we too were humans! we were once children! cheaper than Lego building blocks ‐ than weapon depots we are “still lifes” indeed – a transparent cry weak point of the Circle – we’re the splinter in the eye of the mighty – the tree of the apocalypse! and here a child sleeping nestles close to me night pale as moon with no warrant for tomorrow and Bethlehem besieged cries inside me

Por Józefa Ślusarczyk‐Latos Translated by Tomasz Tesznar


ÁRBOL DEL APOCALIPSIS hemos cultivado el árbol del Apocalipsis y ahora nos ponemos anteojos oscuros la risa del humo crece en la boca arrojamos al indefenso a los leones hemos domesticado al escorpión y a la cobra

y confundido a Pinochet con Dios ‐ hemos acabado con la Tierra – buscando otros mundos durmiendo en trajes herméticos – chequeamos las cuentas vacías de la redención mientras en el otro hemisferio del laboratorio del mundo en el centro del día los cuerpos se abren (quien ha rechazado el pan) y marchitado los huesos frescos como la sangre – como un sello ellos lloran – ¡nosotros también somos humanos! ¡alguna vez fuimos niños! más baratos que los bloques de construcción Lego que los depósitos de armas somos “naturalezas muertas”en realidad – un llanto transparente el punto débil del Círculo – somos la astilla en el ojo del poderoso – ¡el árbol del apocalipsis! y ahí un niño duerme acomodado cerca de mí la noche es pálida como la luna sin garantía para el mañana y Bethlehem ha sitiado su llanto en mi interior

Por Józefa Ślusarczyk‐Latos Traducción por Javier Flores Letelier


Sín título Debería ser nuestro a través de la medianoche. El núcleo, el jugo de emociones que desborda su grasa limpia. Debería caer dentro del ojo de la memoria una lágrima de pétalos asustados, y hacer mía la cosa en sí que recorre imbécilmente tu cuerpo disfrazado. Tendría que aprender a decir la caricia perfecta y dejar caer sobre mis manos el corazón. Trastornado. Invisible. Secuestrado. Hoy es otra madrugada que se sube las medias, y las cosas del universo se amontonan en mi café; tardío, violado. Ahora pienso un relámpago. Como un dragón: desperdicio de los árboles. Ahora pienso en toda la miel que en mi boca es saliva, y el canto de la cintura del arco iris derretido en el tiempo viene abriendo su boca de trompeta final. Y solo quiero seguir mintiendo así dulcemente, provocarte un orgasmo sin ser, Sin ser el nombre que tu dedo sueña mientras se corrompe, Sin ser yo la madre de mi madre, Sin ser vos la sombra que juega con el hielo de su whisky en mi poesía. Sin ser nosotros ni nada ni nadie.

Por Gabriel Augusto


ECOS DE MUERTE Yo estoy más muerto que quienes yacen bajo la tumba negra. La única diferencia, es que yo, el insepulto: sufro… ‐‐¿Cómo estás? Me preguntó una joven de algunos 18 años, la cual padecía esquizofrenia. Ella tenía sobre sus hombros varias especies de pájaros negros, que ebrios y dopados, la sostenían de pie. Los plumíferos graznaban una melodía incomprensible, y movían sus alas vigorosamente, tratando de elevar a la dama sobre la boca del cielo. ‐‐Muerto. Exclamé. En ese momento las alas del aire hacían que todo mi cuerpo se moviera como un árbol moribundo. Y caían lágrimas convertidas en esculturas de sal, junto a todo mi entorno. ‐‐¿Y tu padre? Me interrogó una sombra azul, que se escondía temerosa. No le interesaba en absoluto mostrar su identidad, lo único que se podía ver con dificultad, era unas manchas blancas sobre su faz. La observé con toda atención y descaro, hasta imaginé, que ella me explicó: “Estás máculas son de puro pecado”. ‐‐Muerto. Aullé. Las nubes irónicas se carcajeaban como unas condenadas de mi dolor, mientras cambiaban (sus formas) en figuras terribles, pavorosas, espantosas. Cayó una cabeza sangrienta cerca de mí ser, era de bruma y agua, pero su lamento tenía el signo humano. ‐‐¿Y tu madre? Me dijo una mujer desnuda, que se cubría el rostro con una mascada púrpura. Mientras de sus labios descarnados brotaba una letanía antigua, en latín. ‐‐Muerta. Lancé las letras al viento, y estás caían heridas, y la “a” voló. Mi corazón tenía una caja de resonancia, donde se escuchaba un loco violín tocándose a sí mismo, un capricho de Paganini. ‐‐¿Entonces por qué sonríes, cretino? Volvió a increparme la enferma mental, mientras de su boca salían gusanos ebrios. Ella quiso esbozar una leve esperanza en su semblante, pero una espada de luz le cortó la gélida nariz. ‐‐No lo sé. Creo que susurré (no estoy seguro), mientras me desmoronaba todo… Me tragaba la oscuridad inmisericorde.

EL SEIS


Skrivene suze U tišini pred oltarom molim tebe Oče i plačem za propuštenim ali ove suze samo ti vidiš došao je kraj.

Por Milenko Županović

Lágrimas ocultas En silencio ante el altar ruego a usted Padre y lloro por lo perdido pero estas lágrimas sólo usted ve consumarse.

Por Milenko

Županović

Traducción por Javier Flores Letelier


BŁĘKIT ZIMORODKA Zabito człowieka. Odnajdę siłę, by odgarnąć włosy. Teraz, między nami, zaistniało światło. Połączyło uśmiech, słowo i milczenie. Daleko jest łąka, rzeka, a śmierć – ta zawsze odległa – przysiadła w pobliżu. Patrzy zamkniętymi oczami. Były niebieskie. Ale brak pewności.

Eryk Ostrowski

KINGFISHER’S BLUE A man has been killed. I will recover my strength to shove away hair. Now between us the light which united the smile, the word and the silence. Far is the meadow, the river and even death (always distant) crouched nearby. It looks through closed eyes. They were blue but there is no certainty.

By Eryk Ostrowski Translated by Anna Ostrowska‐Paton and Anna Widlarz

EL GUARDARRÍO AZUL Han matado a un hombre. Repondré mis fuerzas para recoger su cabello. Entre nosotros, ahora, una luz que une las sonrisas, las palabras y el silencio. Atrás quedó la pradera; agachados, en cuclillas, el río, incluso, la muerte, siempre lejana. Mira con los ojos cerrados. Solían ser azules, aunque no puedo asegurarlo.

Por Eryk Ostrowski Traducción al español por Nico Aguirre


MÁS VALE ANTES QUE DESPUES DE LA ILUSTRACION El viento revoca el humo, mientras el sacerdote pedófilo se cubre de las vestiduras sagradas para decir misa como si nada. Pareja de mulas y yunta de bueyes sigue cada uno de lo siete viernes que siguen a la Pascua de Resurrección junto al árbol revirado que está torcido y describe hélices alrededor del eje del tronco. Hay un revividero ilustrado donde se aviva la simiente de los gusanos de seda de la poesía ilustrada. Hay que curarse en salud. Así la idea y la presencia de estas “nuevas” poesías que revesan como corriente marítima de poca intensidad derivada por lo común de las mareas en justas poéticas, y uno, como si lo hubiesen descalabrado, se pone las manos en la cabeza, mientras el otro, que ve que no le han hecho premiado, le dice: ‐¿Por qué os quejáis si no os han premiado? Respondiendo: ‐Más vale antes que después; conociendo su clase y su destino. Nuestro ratón de Biblioteca nos convida con él a hartarnos de buenas obras haciendo visible la imagen impresa de El Poeta Filósofo o Poesías Filosóficas en verso pentámetro, de Trigueros (Cándido María), publicadas bajo el pseudónimo de Don Juan Nepomuceno González de León, e Investigaciones Filosóficas sobre la Belleza Ideal considerada como 0bjeto de todas las artes de imitación, por Don Estevan de Arteaga, intentado sistematizar los temas habituales de la poesía, escupiendo hacia afuera la mampostería, pintura u otra cosa análoga como la libertad y el libertinismo, el tiempo, el fanatismo, el mundo, los astros y esa humedad que tiene en su interior el tesón y la porfía, como las Odas filosóficas y sagradas de Meléndez Valdés, o Forner en sus Discursos filosóficos sobre el hombre, deshaciendo en espuma las olas, teniendo deseo vehemente de algo por el hecho de brotar o salir con ímpetu ciertos versos, para encontrar las ideas de Pope, Rousseau, Voltaire, al estilo de Reverter, vizconde de Barcelona, que estuvo sirviendo como jefe de una banda de catalanes mercenarios al miramamolín de Marruecos, y se hizo célebre por sus hazañas. Poetas del despotismo ilustrado al mismo tiempo que en armas de crítica social produciendo desasosiego en la nobleza conservadora contraría a las luces, como el que cuida del ganado de revezo. Así Goya en su Capricho 61 “Volaverunt” donde tres toreros levantan de cascos a la Duquesa de Alba que pierde la chaveta por su veleidad”.O el fervor impostor de los clérigos del Parnaso cuyo claro ejemplo son las Fábulas en verso castellano, de F.M. Samaniego, o La Música, poema de Tomás de Uriarte, dando los movimientos convenientes a los sillares para colocarles en el lugar preciso en su disposición de forma métrica didascálica, cual el Arte de las Putas de Nicolás Fernández de Moratín, y el mismo Goya en su Capricho 31 “Ruega por ella”, que representa a una prostituta acompañada por una criada que la peina y una celestina que le traerá clientela, moviéndose impetuosamente en lo interior de algunas pasiones, en relajación social y ruptura de ideas morales. La moral laica se hizo sexo y habitó entre nosotros, con Quevedo y los eróticos europeos, en particular La Fontaine. Igual con Samaniego, en El jardín de Venus, y en esa poesía de circunstancias y de crítica literaria de preocupación social como aquel concurso propuesto por la real Academia sobre el tema Sátira contra los vicios introducidos en la poesía castellana, que ganó Iriarte seguido de Moratín. O de la poesía civil y patriótica, cuyo iniciador fue Meléndez Valdés con sus dos Alarmas y Jovellanos con su Canto guerrero para los asturianos, y que llevara al lienzo Goya con su Dos de Mayo, presentado con cierta visión trágico‐cómica de la existencia, aplicado al refrán: “Más vale vaca en paz que pollos con agraz”.

Por Daniel de Cullá


TRAMO X Arrojé las cruces desnudas, en tu lápida de ausencias. Penumbras azules, que escarbo en el rincón de los sueños. Bordeo la soledad, espectral y desnuda. Duermo en la escarcha dorada del árbol quemado; y renazco, en la boca inflamada del rocío, buscando las flores que amabas. Olvido muerto y distante, trepa por mis espacios y me ama en la noche. Tus brazos de cera, miden el tiempo inanimado del miedo; y ríen desmemoriados en mi recuerdo. Cuántos cementerios me esperan, para enterrar el último vestigio de ternura, sin que la vida lo sepa, y sin que tú te enteres.

Por Graciela Marta Alfonso


El cuerpo es el viaje...


Revista La Ira de Morfeo  

Revista de creación literaria La Ira de Morfeo. Número 5