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Año O. Sin Valor monetario

Contenido

De esencias y sueños 1

Que no te falte una alcancia 2 Voz 2

Balcón de pájaros 3 Dormir 3

Decir algo 4

Platonismo 4

te dás cuenta que hasta es posible descubrir como huele el cosmos...

De esencias y sueños

Era evidente que dudaba, que quería decirme algo, pero que en ese algo habían sujetos inconmensurables significados que muy lejos estaban de encontrar su justicia en las palabras. Y entonces... lo dijo: - ¿Vas a bajarte? – (sus ojos sostenían el aire) No pude responder enseguida. La voz me apretó la garganta, y me desplomé sobre todos los motivos que tenía para decir SÍ, y sobre todos los motivos que tenía para decir NO. Y así me quedé, apoyada en un amontonamiento de razones y deseos, que es sabido, pocas veces acuerdan. Cuando pude reunirme entera, sostuve mi cabeza, dirigiéndola al centro justo de su mirada, levanté mi

cara como si fuese mi más creíble verdad, apreté las ganas y respondí: - Uno no se baja…los sueños se aplanan o se inflan. Te das cuenta cuando tocás el suelo, o cuando estás tan arriba, que hasta es posible descubrir cómo huele el cosmos…

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Que no te falte una alcancía ¡Qué me parta un rayo! – deseó, y se fue buscando su deseo. Que al fin y al cabo, no era más que un querer esfumarse del mundo, de una manera un tanto dramática, pero claro, siempre con ese tono romántico, poético, estúpidamente elevado…insuficiente intento de lo sublime (si él supiera). Lástima, no encontró su rayo. Anduvo, anduvo, y se gastó hasta lo antepenúltimo, en pasajes

Voz

Despierto en un tiempo recién nacido.

Descubro lo que ya sabía, pero no podía nombrar. Entonces, el día es el mismo, pero significa distinto, y me siento encantada porque puedo maravillarme de aquello que me era cotidiano, y sin embargo en la voz no tenía parte. Podría decir, mientras vaya por dentro, está, es…y no…Es en la palabra, en el lenguaje, donde se abandona lo fantasmal, donde la oscuridad me asusta porque es oscura, pero en realidad, me asusta porque en ella hay abismo. Jamás lo oscuro viene solo, jamás es éso y no hay más… Claramente (vaya paradoja), el abismo invita a caer, y aunque caer podría abundar en acepciones, se trata de ya no poder contar dónde estamos,

de transportes que lo llevasen a lugares en donde se suponía, los rayos eran puntualmente habituales. Pero no hubo caso; se ve que algunos no tienen ni la suerte de lo obvio. Encongióse de hombros y pensares, y regresó a ver si podía desear otra vez. Se enrolló la pena para que le entrara toda juntita en el único bolsillo sin agujeros (posiblemente también, el único espacio libre de ellos),

principalmente, porque no se puede caer permaneciendo, y el lugar que se supone ocupábamos en el espacio, se disuelve, no hay modo de ubicarnos el cuerpo, para que quizás otro pueda encontrarnos (todos queremos ser encontrados…apretuj o los párpados), o para encontrarnos nosotros a nosotros… Pienso, el cuerpo también es el continente del alma, y por más que ella pueda soltarse, flotar, y andarnos alrededor un buen rato, yo diría, no es aconsejable que el alma se nos pierda, no es aconsejable vivir con el alma perdida. Puedo nombrar, habla el universo conmigo, el diálogo es una caricia, y además, no me gusta se golpee mi eco por ahí. Adiós, no hay abismo, sé con más o menos precisión dónde está

proponiéndose esta vez, ser mucho menos pretensioso, en una de ésas, apenas un: ¡Qué me sople un viento!... “El viento es una cosa muy común”, quiso asegurarse y se dedicó a meditarlo, mientras…buscaba las moneditas que en algún lugar guardaba para costear el PLAN B de sus deseos.

mi cuerpo, mi alma sabe dónde hallarme, los fantasmas se están yendo. Ojalá, no vuelva a dormirme, o me abrace el insomnio.

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Balcón de Pájaros En sus balcones, algunos cuelgan plantas, otros adornos, ó banderas. Ella, colgaba pájaros. Jamás había pensado con detenimiento el por qué, pero sí, pensaba que de no hacerlo algo terrible podría sucederle, algo mucho más terrible que seguir un hábito o rutina eternamente. Entonces, lo hacía como si se tratara de una especie de exorcismo, o plegaria. Creía que eran lo más similar a un “ahuyenta indeseados”. Indeseados dolores, penas, días malos, roturas de espejos (espejos en los que ni se mirada, pero que teniéndolos, se acercaba un poco más a ser como todo el mundo es). Colgaba sus pájaros por las noches, porque la luz de la luna le daba una cierto clima de solemnidad, solemnidad que era solo suya, pues a cierta horas, ya nadie se asoma a ver qué hacen los demás en sus balcones. Y ahí, en medio de la noche más avanzada, Ella abría de par en par las ventanas, y mientras los aires de la oscuridad entraban en su casa, ponía en acción su plan casi perfecto.

Dormir

Apaguen el sol, tanta vida me deslumbra, y yo sólo quiero dormir. Hoy, mañana, antes de ayer, dentro de diez mañanas, por siempre jamás, y después también. Dormir, fugarme, lo mismo es (no seamos tan exquisitos). Quiten esos rayos cálidos de mi vida. No los necesito. En una cueva, estaré bien…tanto adorno no usan los osos, y lo bien que les sale. También los ruidos, ni grillos, ni tintilines de estrellitas de nana… Mi silencio y yo nos entendemos, y no andamos abundando en palabrerío, mucho menos en sonidos que se supone hacen al lenguaje. Lenguaje: ¡dejame en paz!. Pocas pulgas?, no, no soy canino, no confundan. Poca tela para cortar,

Casi perfecto, puesto que el canto de los pájaros, apenas duraba el tiempo en que las estrellas tardaban en maravillar a las aves, y éstas ya no emitían sonido o canto, porque se hallaban absortas ante la inmensidad de su propia quietud, contemplando lo que solían perderse estando dentro de sus nidos. De todas maneras, no son comunes los vuelos nocturnos, pues es grande el temor a rebotar, por ejemplo, contra los cables que abundan en las grandes ciudades, como en una exageración de guirnaldas de ninguna fiesta. Tal vez, Ella pretendiera amaneceres que sonaran mejor que los pensamientos superficiales o inconsolables que suelen sucedernos

en cuanto abrimos los ojos a la hora de levantarnos. O tal vez, imaginara que amaneceres inspirados en quienes no temen caer al vacío, convencidos de alzarse victoriosos en medio de la nada y de todo, sólo provistos de su natural condición… lograrían en Ella, el mismo resultado.Claro, he ahí sus temores, sus penas, días malos, y los espejos en los que no quería reflejarse… Ella sabía, que no era capaz de semejante hazaña, e intentaba asimilar a través de otros, lo que no le era propio, como quien bebe una pócima mágica, esperando el conjuro se realice.

eso sí. He quedado a la mitad de un abrigo, y no me conformo con cubrirme lo que a mis pésimos cálculos les dé la gana. Esto de adaptarse y adaptarse, sinceramente…me ha cansado, ese debe ser el motivo de mi somnolencia…y derivados. ¡A la deriva!, interesante dormirse a la deriva, y naufragar en un “alto el fuego”. Alto el fuego, me estoy quemando… No haberlo pensado antes, buena es el agua en estos casos…el agua que has de llorar (torrente de torrentes). ¿Lo mejor?, fluye sola. Apaguen el sol, en sueños, sabré agradecer.

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Decir algo

Quiero decir algo sobre las calles frías, sobre los farolitos (no sé por qué en diminutivo…será pena, nomás) que alumbran aunque no haya nadie. Luz para nada. Quiero decir algo sobre ese papel cualquiera que viene volando y de pronto siempre se te pega arriba del zapato, y sacudís, sacudís, hasta que queda tendido a tu costado, y seguís, te vas, y ahí queda vereda atrás. Quiero decir algo sobre las hojas que vuelan por mi cabeza, cuando viene una ráfaga de viento y ando molesta por el pelo que se me junta de golpe en los ojos. Siempre pienso que podría tropezar y romperme la cara, pero la verdad, es que nunca todavía ha pasado. Sin embargo, que las hojas del otoño se vayan a morir encima nuestro, es algo que pienso profundamente una vez que me doy cuenta, que el peligro ya no será. Quiero decir algo sobre todas las veces que apretamos las manos, como si por apretarlas fuese a suceder el milagro. Cierto, de algunas manos salen milagros, y digo salen, porque no creo que todas las veces sean ellas conscientes de semejante cosa. Ahora, por más fuerza que ponga, por más que retuerza los dedos, mis falanges siguen siendo…falanges. Quiero decir algo sobre todas las veces que abrimos las ventanas, y buscamos que haya algo que esperábamos. Cargamos la mirada de expectativas, respiramos hondo, y miramos, miramos, miramos…y no, tampoco hoy. Sí, podría suceder alguna vez que en la vereda de enfrente, en el jardín del vecino, en mi patio interno, o en la pared del fondo, se halle lo deseado…pero la realidad es que, se trata más de un ejercicio de ilusión que de otra cosa mariposa. No es mi intención anular posibilidades, pero supongo

que también puedo hacer uso de mi derecho a no ser tan entusiasta al engañarme. Quiero decir algo y que sirva. Quiero que algunas cosas no estén tan solas, ni quietas. Quiero que algunos ritos dejen de ser inútiles. Quiero significar lo insignificante. Quiero que tanto absurdo deje de serlo. Quiero que me importe lo que no importa, porque de eso estamos todos llenos, a nadie le falta. No voy a decir sobre lo importante, y mucho menos de su ausencia, sería como llenar una cuchara de aire y pretender calmar el dolor que se estrangula en el estómago. Quiero decir, a estas alturas, abrir la boca y articular sonidos, ¿acaso será una manifestación de rebeldía?, ¿un acto de protesta…?, y en todo caso, ¿quién responde?, ¿responde?.

Eunice Castiglioni Pozzi vive en Mar del Plata, es del 79, y este es un pequeño

homenaje a su talento que lo desborda

Platonismo

Andamos viviendo como andan las sombras detrás de las luces ó las luces delante de las sombras (jamás me pondré de acuerdo). Sucede el aire y entonces, respiramos. Acontece el Amor y estamos pálidos esperando amanezca, porque la luna nos ha llenado las venas y no sabemos, no sabemos dónde en qué caudal vaciar lo deseado. Andamos existiendo y aunque ni nos rocemos, no son menos leves los besos que no besaremos .

"Transformación"

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EunicE  

Eunice Castiglioni Pozzi es una artista marplatense (pintora y escritora) cuyo arte esta abierto a lo inmensurable y sigue creciendo. Este e...