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uuklar: La batalla de Crerus —¿Cómo demonios está pasando esto? ¡Maldita sea, muévase, Capitán! —A la orden, señor. Una gran nube del polvo cubría el árido desierto de Crerus durante el fulgor de la batalla. Una batalla que yo libraba sin saber por qué. Sentía que esa tierra no era mía. Ni aquellos soldados con los que ferozmente luchaba codo con codo eran mis compatriotas. Estaba librando una guerra que no era mía. Me estaba jugando la vida. Lo estaba haciedo. Y no tenía ningún motivo. Sólo sé que me llamo Jaden. O eso creo. Al menos eso fue lo que me dijeron. —¿A la orden? —Se volvió a dirigir enfurecido a mí el comandante. —¿Recuerdas haber contestado eso? —Sí, señor, lo recuerdo. —Pues eso fue hace una maldita media hora ¡Muévete de una vez o te ejecuto aquí mismo! En ese momento dejé de pensar en mi misteriosa existencia. En cómo puede cambiar la vida de un hombre su propia mente, cuando ésta se niega a recordar. Y comencé a correr hacia el frente para unirme a los que aún quedaran de mis doscientos cuarenta y dos soldados. Pero todos estaban disgregados. A penas podía diferenciar entre el polvo de los uniformes cuál pertenecía a mi compañía y cuál no. Pero mientras corría hacia el núcleo de la batalla pude ver el cuerpo sin vida del Capitán Gagwyn. Así que ya no importaba. —¡Capitán! —Gritó un soldado interrupiendo mi marcha. —¡Señor, tenemos problemas! Era un grupo de cinco soldados que estaba refugiado tras una gran roca. Me dirigí rápidamente hacía ellos. Necesitaban mi ayuda y a mí no me vendría nada mal la suya. —¿Quién está al mando? —Pregunté. —Dadas las circunstancias, yo, señor —Respondió el mismo soldado que me había llamado la atención—. ¿No hay ningún médico por aquí? —Me temo que no, soldado. Costará mucho conseguir que alguno llegue hasta aquí ¿Está herido? —No, señor. Se trata del Sargento Moriak —Respondió señalando a un soldado que yacía recostado sobre la roca—. Está muy mal pero creo que se puede hacer algo. —Sólo nos hará perder tiempo. Está muerto.


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—Señor —Intervino otro de los soldados—. Podría ser usted... Sabía que era una batalla demasiado intensa como para conseguirlo, pero esas palabras lograron conmoverme. Si esos soldados estaban dispuestos a jugarse la vida para salvar la de su sargento, quería creer que toda la compañía estaría dispuesta para salvar la vida de cualquiera de sus compañeros. Eso nos podía hacer más fuertes o más débiles. Pero esos soldados consiguieron ganarse mi respeto y confianza. —Maldita sea, está bien. Debemos encontrar un vehículo medicalizado. Espero que el tanque de Bacta esté intacto si lo conseguimos. En ese momento un enorme estruendo envolvió el lugar donde nos encontrábamos. El cañón láser de un tanque blindado enemigo hizo volar la roca que nos protegía y sus pezados nos golpearón con furia. Todos, aturdidos, caímos al suelo. —¿Por qué dijo cuando le pregunté que usted estaba al mando? —Soy soldado de primera, señor. —Es suficiente. Coja a esos hombres y vuele ese tanque antes de que nos convierta en pienso de Bantha. Tú quédate conmigo —Señalé a un soldado—. Os proporcionaremos fuego de cobertura. —No tenemos armas para derribar a ese tanque, señor. —Usad las granadas. Tendréis que acercaros a él. —A la orden, Capitán —Aclaró mientras se levantaba del suelo—. Vamos, muchachos ¡Acabemos con ese tanque! Los cuatro hombres comenzaron a correr hacia el tanque enemigo. El soldado de primera ordenó a dos de ellos que se acercaran por la derecha mientras él y el que le seguía lo haría por la izquierda. El otro soldado y yo comenzamos a disparar al tanque. Sabíamos que era inútil, pero esperábamos que eso les distrajera lo suficiente para que aquellos soldados consiguieran aproximarse a la máquina. —Muévase, soldado —Le grite a mi acompañante—. Quietos somos blanco fácil. Tratemos de llegar a aquellas rocas —Propuse señalando un pequeña formación rocosa a nuestra izquierda—. Nos proporcionarán una buena cobertura. Seguimos disparando al tanque mientras corríamos. Pero se percataron de que los soldados que se acercaban eran una amenaza mayor que nosotros. Los artilleros comenzaron a disparar los cañones laterales contra la amenaza que se aproximaba. Uno de los soldados que corría por la derecha fue alcanzado. Era increíble ver cómo salía el cuerpo volando varios metros por la fuerza del impacto. Un impacto, sin duda, mortal. Pero por suerte los otros tres soldados consiguieron llegar y lanzar granadas bajo el tanque que flotaba sobre la arena. Supe entonces por qué ese soldado era de primera y que merecía algo más. Alcanzó el tanque sorteando todos los impactos del cañón y saltó tirando las granadas en el aire. Giró en el suelo consiguiendo ponerse


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de pie y saltó para evitar ser herido por el impacto. Las granadas hicieron explotar el tanque. Seguramente dañaron el repulsor y éste desencadenó la explosión. Pero eso no era suficiente. Se encontraban en medio del fuego cruzado. —¡Soldados —Grité enérgicamente haciendo señales con el brazo derecho—, debéis poneros a cubierto! Los soldados comenazaron a correr hacia las rocas donde nos encontrábamos. Cuanto más se acercaban más nítidas eran las imágenes y pude ver como lucían pequeñas heridas superficiales en manos y cara. Posiblemente por la onda expansiva provocada por el tanque que acababan de volar. Cuando estaban poniéndose a cubierto, el disparo de alguna de las centenares de blásters impactó en la espalda de uno de los soldados que volvía, cayendo al suelo víctima del dolor. —¡Argg! ¡Me han dado! ¡Maldita sea, me han dado! —Debe verle un médico —Intervino el soldado de primera—. Y también al Sargento. Hay que volver a por él. El soldado se dispuso a comenzar la carrera hacia el cuerpo del sargento. Pero yo le agarré de su brazo izquierdo y le impedí continuar. —El Sargento Moriak está muerto. —Mientes —dijo mientras trataba de zafarse de mí—. Sé que es peligroso, pero debo ir. —¡Está muerto! —Grité con contundencia—. Su cabeza está a diez metros de su cuerpo. El soldado quedó atónito unos segundos, mirándome fíjamente a los ojos, en silencio. —Está bien, señor —Dijo cabizbajo—. Pero tenemos que hacer algo con él —Señaló al soldado herido. —¿Has visto donde le han dado? No podremos moverle ni cinco metros. —Pero señor, no podemos... —Señor, ha muerto —Intervino uno de los soldados que quedaba con vida. —¿Ves? No podíamos hacer nada. —¡Mirad eso! —Volvió a intervenir el soldado señalando al cielo. Una flota de trasportes de asalto de baja altitud se aproximaba a la batalla. Cuando despegaron, bajaron de ellos unos soldados con uniformes blancos. Algunos con franjas de colores. Cubiertos por cascos integrales.


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—Son clones —Aclaré. —¿Clones? ¿Qué dice? ¿Cómo es eso posible? —No lo sé. No sabía explicar por qué. Pero tenía la certeza de que esos soldados eran clones. Tenía la sensación de que no era la primera vez que los veía. Pero no le di mayor importancia. Lo principal es que esos soldados eran nuestros refuerzos prometidos por el Comandante Rhodd y pusieron la batalla de nuestra parte. Tenían una organización expléndida y se comprenetraban excelentemente bien entre ellos. Ordené a los tres soldados que me acompañaran. Era el momento de darlo todo. Salimos de nuestro refugio y comenzamos a disparar contra los enemigos. Empezaron a sufrir un gran número de bajas. La ayuda de los refuerzos era francamente necesaria. Pero lo extraño vino después, cuando una explosión hizo que parte de un vehículo saliera volando hacia nosotros e inevitablemente iba a aplastarnos. Pero no fue así. Lo aparté de nosotros. Fue un acto reflejo. Mi brazo derecho se levantó y con un movimiento suave y conciso de izquierda a derecha desvié la trayectoria del objeto, que cayó a varios metros de nostros provocando un enorme estruendo. —¿Cómo demonios ha hecho eso? —Preguntó sorprendido el Comandante Rhodd que se acercaba a nosotros por detrás. Todos le miramos sin esperar su visita. Y yo, en respuesta a su pregunta, encogí los hombros, sorprendido por lo que acababa de pasar. —Bueno, no importa. Capitán, estos son los refuerzos de los que hablaba. Son tropas imperiales. Nos ayudarán a acabar con los celeis y a tomar Thavion. Luego dirigirán el ataque a Cilena. —Ese no era el plan, Comandante. Si conseguimos tomar Thavion enviarán tropas por norte y sur. Desde Orisian y Néave. Además de que contarán con ayuda Tíere desde las Antisias y eso considerando que no lancen una ofensiva desde las islas Tigris. Lo mejor es atacar las islas Néave, pactar con los Tíeres de Tigris y asegurar una única ofensiva en Cilena. —Y efectivamente ese era el plan. Pero ahora no estamos solos. Los imperiales se encargarán de las tácticas y conducirán la guerra. Al parecer son muy buenos en eso. Ahora reconoced la zona y acabad con los últimos enemigos —Ordenó el comandante—. Ah, Capitán, estese atento. Pronto llegará una nave que le recogerá y le llevará a una reunión con una tal Jan Strange. Oficial del imperio. —A la orden. Seguimos las órdenes del Comandante Rhodd y comenzamos a hacer un reconocimiento por la zona. No llegamos a encontrar a ningún enemigo con vida, las tropas imperiales eran devastadoras. Pero no sabíamos nada de ellas. Éramos incapaces de reconocer sus rangos. Por lo que aproveché la oportunidad y me dirigí a


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uno que llevaba franjas azules en el uniforme. —Soy el Capitán Jaden ¿Podría decirme su rango? —Soy teniente, señor. —¿Y cómo puedo diferenciar a soldados de mandos? —Es muy sencillo, señor. Los soldados rasos llevan el uniforme totalmente en blanco. Los que llevan franjas de colores son mandos. Verdes para los sangentos, azules para los tenientes, rojo para los capitanes y amarillo para los comandantes. —Ah, entiendo. Gracias, Teniente. Conociendo cómo diferenciarlos era suficiente por el momento. Seguimos la orden de reconocer la zona del Comandate Rhodd hasta que un transporte aéreo aterrizó cerca de nosotros. —¿Es usted Jaden? ¿El Capitán Jaden? —Preguntó un soldado imperial desde la nave. Yo, esperando que fuera la nave que había de recogerme, asentí con al cabeza. —En ese caso, suba. Le espera la Capitana Strange en el destructor estelar. —Sigan con el reconocimeinto, soldados —Me dirigí a mis acompañantes—. Espero volver a verle, soldado de primera —me despedía mientras me dirigía hacia la nave—. Será un honor volver a luchar junto a usted y su escuadrón. Por cierto —Continué dando media vuelta antes de llegar hasta la nave—. Le hablaré de usted a la Capitana. Creo que su escuadrón necesita un nuevo sargento ¿Cómo se llama? —Soldado de primera Zaric Nelms, señor. Subí a la nave y pusimos rumbo al destructor estelar que esperaba en el espacio. Se trataba de una nave enorme. Jamás antes recordaba haber visto algo así y sin embargo tenía la sensación de haber estado en naves similares en el pasado. Los imperiales pidieron que desactivaran un escudo. Las entradas estaban protegidas por ellos y habían de ser retirados para poder penetrar en su interior. Una vez que paramos, atravesé largos pasillos hasta llegar al lugar de la reunión. Se trataba de una sala pequeña, con una mesa y dos asientos, uno frente al otro. En uno se encontraba la Capitana. Me invitó a sentarme en el otro. —Dejadnos —Ordenó a los soldados que me había acompañado hasta allí. Los dos soldados salieron y cerraron la sala dejándonos solos. —Debería estar aquí el Comandante Rhodd y no yo —Comencé la conversación. —Quizás como tu superior y oficial al mando en la batalla así debiere haber sido.


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Pero no quiero al oficial al mando. Te quiero a ti. Suponía que esperaba algún tipo de respuesta por mi parte, pero quedé totalmente mudo. No sabía que decir. —Jaden, estás luchando por una causa equivocada —Volvió a hablar—. Y con ello te estás dañando tú mismo ¿Acaso sabes por qué te llamas Jaden Korr? —Preguntó callando unos segundos—. Por tu tierra, Jaden. —¿Korr? ¿Soy de Korr? No puede ser. Lucho contra soldados de Korr. —Un grave error, sin duda. No quiero engañarte. No soy ningún oficial del imperio. Me llamo Jan Ors ¿No me recuerdas? —¿Recordarte? A penas recuerdo quién soy. —Este lugar no es seguro, tendrás que salir de Nuuklar. Nos veremos en cinco días, en Tatooine, en la cantina de Mos Eisley. Debes ir solo. —No puedo ir a ningún sitio ¿Quién eres? —La pregunta es quién eres tú. Sé más de ti de lo que sabes tú mismo. Puedo darte respuestas. Sé que te haces muchas preguntas. Preguntas de las que tú solo jamás hallarás solución alguna. —No iré. Deberías preocuparte más por ti que por mí ¿Tienes respuestas? ¿El imperio sabe quién eres? —Para el imperio soy la Capitana Jan Strange. Pregúntate si creerán a un soldaducho del perdido planeta Nuuklar antes que a uno de sus mejores oficiales. —Para mí no eres basura. Estáis utilizando las tácticas equivocadas para derrotar a Celeia. Si tomáis Thavion atacarán desde Néave y Orisan. Esta táctica es una exterminación hacia nosotros mismos. —Así es. Y todo el planeta volverá a pertenecer a Cilena. Que dadas las circunstacias tienen mucho en contra del imperio. —Así que ese es tu plan. Quieres utilizar al imperio en su propia contra y que luego le quede el odio del planeta entero ¿Por qué? —Porque yo le debo lealtad a la república. —¿A la república? Todo... ¡Todo es una mentira! —Bramé golpenado la mesa con mi puño derecho—. Mis hombres han muerto por una mentira —Dije enfurecido mientras me levantaba y ponía rumbo a la puerta. Enfurecido me dispuse a alcanzar la puerta y a abondanar esa maldita nave para siempre. Mis hombres estaban luchando en su propia contra.


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—Una vez conocí a un chico que se convirtió en caballero jedi —Dijo Jan mientras me detenía frente a la puerta dándole la espalda—. Un chico que se convirtió en el mayor orgullo de su maestro. Pero fue seducido por el lado oscuro de la fuerza. Tras unos segundos de absoluto silencio, abrí con fuerza la puerta y pedí a los soldados que me acompañaran hasta la nave. Quería volver a Nuuklar. Mi obligación como capitán era ponerlo todo en conocimiento del Comandante Rhodd, pero estaba confundido. Aquella mujer parecía saber mucho sobre mi vida. Y tenía la gran duda de si ese chico que se convirtió en jedi, después de todo, pudiera ser yo. Necesitaba saber más acerca de mí. Ella podría ser la clave.

Tatooine: La cantina de Mos Eisley Segundo capítulo. Continuará...

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Se trata de una novela que narra los hechos acontecidos tras el videojuego Star Wars: Jedi Academy con Jaden Korr como protagonista.

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