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El Frente Nacional Y Grupos Armados La fórmula militar de gobierno (1953-1958), utilizada por las élites de los partidos tradicionales para superar la ingobernabilidad del país expresada en la violencia política de los años 40 y 50, produjo, aunque con alta dosis de dramatismo, el Frente Nacional. Una serie de pactos anteriores al plebiscito de diciembre de 1957, y reformas posteriores constituyeron la legitimación constitucional de los dos partidos tradicionales como los únicos para gobernar alternativamente el país entre 1958 y 1974. En sus orígenes, el Frente Nacional no cubrió la totalidad de ambos partidos. Sólo los lleristas en el liberalismo y los laureanistas en el conservatismo fueron los socios. Las demás fracciones, históricas por demás, no harían parte del acuerdo. Podrían hacerlo en la medida en que electoralmente fueran desplazando a las originarias. Así sucedió cuando el ospino-alzamiento derrotó al laureanismo en las elecciones de 1960, convirtiéndose hasta el final en socio mayor del liberalismo frente nacionalista. Tomarse el partido liberal y llevar la vocería dentro de la coalición eran las aspiraciones del Movimiento Revolucionario Liberal, MRL. El Frente Nacional activó la vida política del país, pero por exclusión. Al ser una negociación entre unos liberales y unos conservadores que pretendían gobernar solos, los excluidos, curtidos políticos formados a lo largo del siglo, no se dejaron arrinconar y respondieron reanimando la política nacional con elevado instinto de conservación. La oposición fue proscrita. Incluso la conciliadora (o legal) que no iba más allá de reponer rectificaciones al nuevo sistema político. Más que excluyentes, los distintos gobiernos del Frente Nacional mostraron una concepción estrecha e individual en el manejo del poder. No se trató de la conversación del bipartidismo en unipartidismo, simplemente la habilidad de los coligados por sacar los mejores frutos del pacto, extirpó las alternativas disidentes que se oponían a la imposición del modelo liberal de desarrollo. El reconocimiento de la oposición se dio tan solo en dejar actuar a sus voceros elegidos en los cuerpos legislativos, pero no en las demás instituciones del Estado. En vez de ampliar el espectro del sistema de partidos, los frentes nacionalistas optaron, más que por la realización, por la absorción de los programas de los movimientos de oposición. Se desaprovechó la conformación de un sistema de partidos diversificado que habría servido para jalonar el desarrollo político del país. Existían para ello todas las condiciones. En 1965, por ejemplo, movilizaban sus ideas dos sectores bastante diferenciados del Movimiento Revolucionario Liberal MRL: la línea blanda que regresaba al liberalismo y la línea dura que propugnaba por convertirse en partido independiente; la Alianza Nacional Popular, ANAPO, que aunque ganaba elecciones interviniendo incluso como agrupación


bipartidista, no se le reconocían sus derechos; el Movimiento Democrático Nacional, MDN, que condensaba los ímpetus nacionalistas de toda procedencia; la Democracia Cristiana, salida del conservatismo para promover de manera independiente las tesis de los partidos demócrata-cristianos europeos y latinoamericanos; el Frente Unido, un intento de unir la izquierda nacional radical; el Partido Comunista; dos organizaciones guerrilleras: el Ejército de Liberación Nacional, ELN, y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC, entre otros. Más que el conservatismo, el proyecto frente nacionalista favoreció al liberalismo. Aspirando a culminar el frustrado proceso de los años treinta, sus mentores del lado liberal impusieron al adversario el discurso de los nuevos tiempos. Los conservadores empezaron a imitarlo como su única posibilidad de permanecer en la circulación política. Aunque no desaparece, el conservatismo se ve obligado a moverse de un terreno abonado para tesis que no eran las suyas. Se adapta, por supuesto, pero el espacio ya no le corresponde. Otra simbología desplegará después del experimento frente nacionalista: los movimientos nacionales o cívicos, bandera con matices rojos primero y multicolores después. Aunque el acuerdo bipartidista ocultaba las naturales pujas internas por el poder político en Colombia, los liberales se quedaron con la victoria definitiva. Esa fue la más grande de las consecuencias del Frente Nacional. Pero fue una victoria pírrica, porque no reflejó una sintonía real entre los colombianos y el sistema político implantado. Posiblemente el Frente Nacional fue un remedio a la violencia bipartidista de las décadas anteriores, pero produjo enfermedades peores: violencia social, represión selectiva, exclusión, desintegración, corrupción, un país a medio camino y un pueblo desilusionado. Colombia 1974- 1990 Las Guerrillas En Colombia


Durante los enfrentamientos del siglo XIX y los de mediados de este siglo, en el lúgubre paisaje de la violencia se distinguían dos banderas: la roja y la azul que significaban la confrontación bipartidista. Ahora que se actúa sin estandartes, el panorama se pobló de siglas: FARC, ELN, EPL, M-19, etc. Pero también MAS, Tiznados, Justicieros, etc. En el Parlamento colombiano el Ministro de Defensa informó que existían en manos de particulares 760.000 armas de todo tipo, amparadas por el Estado. Y que las compañías privadas de seguridad tienen un personal de 40.000 hombres organizados y bien armados. Dentro de la inmensa crisis que ahora vivimos, en el centro de la cual está la quiebra del aparato de justicia, el Estado perdió el monopolio del poder coercitivo que caracteriza al Estado moderno. El poder se fragmentó y, forzando los términos, podríamos decir que vamos en vía de fidelización, pues ante la quiebra del Estado van apareciendo los señores que controlan el poder dentro de su propio feudo. Dispersión que se va imponiendo en las diferentes instancias y actividades y que la sabiduría del lenguaje cotidiano capta cuando consagra situaciones y se refiere, por ejemplo, a “los barones electorales”, etc. El poder estatal se está volviendo ficción y se ejerce fragmentadamente por haber perdido el control de ciertas esferas, que pueden ser territoriales, como en el caso de las “zonas liberadas” o de protección que pasa a los grupos de autodefensa o el llamado MAS, o porque se declara impotente para intervenir en actividades que algunos se reservan. El ámbito efectivo de control por parte del Estado se ha ido reduciendo ante la población y por ello éste va cobrando la imagen de Rey de Burlas. Ante la impotencia del Estado, manifestada entre otras cosas en su lentitud, las gentes se acogen a otras protecciones y a métodos más expeditos, entre ellos el que con despiadado humor y al amparo de la ambigüedad, se llama ahora, anfibológicamente, cobro de cuenta “por la vía ejecutiva”. COLOMBIA DESPUES DEL FRENTE NACIONAL (1974-1990)- EL NARCOTRÁFICO Origen Tomando en cuenta los antecedentes de este fenómeno, podemos ubicarnos en un panorama nacional complicado, protagonizado especialmente por la violencia política de los años cuarenta y cincuenta, al igual que por el período de exclusión política del Frente Nacional, entre muchos otros problemas que surgían en Colombia contemporáneamente. El narcotráfico, como tal, nace en la década de los sesenta, período en el que la demanda mundial de drogas como la marihuana aumentó considerablemente, sin una clara oferta en respuesta. Colombia, para este entonces, apenas tenía unos primeros centros de narcotráfico, centros como el de La Guajira, Buenaventura, y Urabá entre otros, con un escaso papel en el creciente mercado mundial.


Siendo la marihuana la principal droga de producción en Colombia (especialmente en la Sierra Nevada de Santa Marta), el país entra al mercado mundial del negocio de la droga con uno de los productos más finos y apetecidos. El primer epicentro de la droga en Colombia fue el costeño, hecho casi predecible tomando en cuenta los antecedentes del negocio de la droga y contrabando en esta zona, y se expande a lo largo de departamentos como La Guajira, Magdalena, Cesar, Atlántico y Bolívar, siendo el primer núcleo de exportación de droga a Norte América. Ya establecidas las primeras redes de narcotráfico con Norte América, el negocio empieza a prosperar a un ritmo acelerado, por lo que no tardaría mucho para que Colombia creciera internamente como productor, para satisfacer así la elevada demanda. En el momento del crecimiento del negocio, es cuando se resaltan las raíces del narcotráfico, que a fin de cuantas, son las mismas en los cinco focos, y exponen los problemas de trasfondo que llevaron al país a caer en el negocio de las drogas. Evolución en los años 80 y 90’s Durante la década del 1980 los narcotraficantes progresivamente se abrieron paso en los altos círculos pasando en la década de 1990 a ser parte de las clases dominantes, a ser factor clave en la economía y la vida política e incidir de manera determinantes en el Estado y todas sus instituciones.


Para la década de 1980, el narcotráfico colombiano logró controlar el tráfico de cocaína y heroína a nivel internacional. En esta época, los llamados “narcos”, haciendo uso de su dinero, lograron relacionarse con algunos sectores sociales reconocidos. Incluso, se atrevieron a promover candidaturas políticas de miembros pertenecientes a los llamados carteles de la droga. De igual forma, los “narcos” contaron con el apoyo de algunos sectores sociales, especialmente de las clases marginales. A través de obras, como la construcción de viviendas y de centros populares de recreación los “narcos” se hicieron merecedores de las simpatías de mucha gente. En este contexto se conformaron bandas de sicarios, que obedecían finalmente las órdenes que daban los señores de la droga. Asesinatos Políticos: Luis Carlos Galán Sarmiento (Bucaramanga, 29 de septiembre de 1943 -Bogotá,18 de agosto de 1989), fue un abogado y político Colombiano, candidato a la presidencia de Colombia en dos ocasiones por el Partido Liberal Colombiano y en una ocasión por el movimiento Nuevo Liberalismo (movimiento político fundado por él, disuelto cuando regresó al partido liberal), destacado por su apoyo popular (pese a carecer de suficiente ayuda política); y por su contribución en la democratización interna de los partidos colombianos. Asesinado durante su última campaña electoral por personas dirigidas por Pablo Escobar, jefe de la mafia de la droga en Colombia. En junio de 2006 se inició un juicio contra Alberto Santofimio Botero, quien fue hallado culpable de ser el autor intelectual de su asesinato. En octubre de 2008 Santofimio fue dejado en libertad en decisión de segunda instancia. Luego de recibir varias amenazas, Galán fue herido mortalmente en un motín electoral el 18 de agosto de 1989, en Soacha, Cundinamarca. Fue llevado a Bogotá al hospital de Kennedy al sur de la capital donde a pesar de los múltiples esfuerzos médicos murió. En este magnicidio también muere el concejal de Soacha Julio Cesar Peñalosa Sánchez quien se encontraba al lado derecho de Galán al momento del atentado quien fue impactado de un disparo mortal en la cabeza y también Santiago Cuervo, miembro de la escolta de Galán, tercero en recibir los impactos de bala y quien muere días después. Inicialmente fueron inculpados por este magnicidio Alberto Hubis Hazbún y otras cuatro personas. Sin embargo fueron absueltos por la justicia y dejados en libertad tras 42 meses de cárcel. Tras declaraciones hechas por el confeso narcotraficante Jhon Jairo Velásquez Vásquez (alias “Popeye”), la fiscalía investigó al también político Alberto Santofimio


Botero, quien inicialmente, (en sentencia de primera instancia que fue apelada) fue declarado autor intelectual y condenado a 24 años de prisión por el magnicidio. En octubre de 2008 Santofimio fue dejado en libertad, tras permanecer tres años y cuatro meses en prisión, al no encontrarse pruebas contundentes que lo vincularan con el asesinato, según lo determino el Tribunal Superior de Cundinamarca Para ese momento de su muerte todas las encuestas auguraban la victoria de Galán en la consulta popular. En las elecciones presidenciales de1990, con amplia ventaja (más del 60% a su favor). César Gaviria, jefe de debate en la campaña de Galán, fue designado su sucesor y fue finalmente vencedor en las elecciones. Terrorismo

En la década de los 80 el narcotráfico se vio amenazado en sus labores de producción y comercialización de la droga y por ende emprendieron una guerra en contra de todos aquellos que consideraban amenazas para sus labores delictivas, fue entonces que empezaron una guerra en contra de esa situación pero que solo fue una cruel secuencia de atentados y crímenes donde los más perjudicados fue como siempre el mismo pueblo y aunque ahora se afirme lo contrario, y se pretenda ocultar el sol con un dedo, el narcotráfico aún sigue colaborando para que actos terroristas se sigan efectuando en nuestro país ya sea aportando ayuda económica a la guerrilla para que ella los ejecute o también contratando para tal labor a sicarios expertos en realizar actos delictivos.


El Paramilitarismo y las autodefensas El Paramilitarismo en Colombia se refiere particularmente al accionar de ciertos grupos armados y al margen de la ley que se organizaron a partir de los años 1970 con el fin de combatir a los grupos armados de extrema izquierda (guerrillas colombianas). Dichos grupos se extendieron por diversas regiones del territorio nacional con la participación de ricos hacendados, colonos y pequeños industriales los cuales llegaron, en los años 1990, incluso a la conformación de una entidad mayor a la que denominaron Autodefensas Unidas de Colombia bajo la sigla AUC. En el génesis y desarrollo histórico de dichos movimientos se vieron involucrados agentes del mismo Estado como policías, militares, además de representantes políticos y de otros sectores de la sociedad. Dicha participación desembocaría en el escándalo judicial y político que se denominó. Parapolítica a inicios del siglo XXI. Las autodefensas se involucraron directamente con las mafias de la droga y muchos de sus máximos jefes fueron pedidos en extradición por el gobierno de los Estados Unidos. Por otra parte, las autodefensas, que en principio se constituyeron como grupos armados para defenderse de las agresiones guerrilleras, pronto pasaron a ser ellas mismas actores de agresión perpetuando actos como masacres, asesinatos o genocidios. Después de la desmovilización de las AUC surgieron bandas o grupos emergentes) como las Águilas Negras que están relacionadas o conformadas como mafias y grupos sicariales al servicio de mafias narcotraficantes. Debido a las acciones de dichos grupos emergentes se ha cuestionado si puedan clasificarse con el término “paramilitares”.


El Frente Nacional y Grupos Armados