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Jardín Azuayo Cooperativa de ahorro y crédito La presente compilación ilustrada del Festival de Relatos Populares Jardín Azuayo es una producción conmemorativa por los 20 años de vida institucional y los 23 años del desastre de La Josefina. Octubre de 2016


realización: Dirección de Comunicación Santiago Mejía / Juan Diego Romero / Geovanny Villalva / Cristian Crespo / Hernán García

Revisión de textos: Eliecer Cárdenas / Rodrigo Aguilar Orejuela.

Impresión Centro Gráfico Salesiano

Ilustraciones: Portada: Hernán Rodas Oscar Alejandro Calderón Realpe Daniel Andrés Peña Ullauri Santiago Isaac Flores Cordero José Abel Ordóñez Zambrano Jonatan Fabián Albarracín Hurtado José Antonio Cardoso Aguilar

Marcela Andrea Orellana Calle Jorge Eduardo Delgado Padilla Johny Javier Carchipulla Loja Miguel Eugenio González Zhindón Diego Eloy Villacrés Benalcázar Ivis David Flies Pizarro Ismael Patricio Picón Largo

Diego Humberto Molina Beltrán Jhonson Patricio Llivicura Piedra Juana Catalina Carrasco Vintimilla Xavier Israel Vintimilla Machuca Marco Antonio Pillco Nivelo Freddy Marcelo Peralta Parra Jennifer Carolina Izquierdo Verdugo

Esteban Gustavo Dután Crespo Danilo Paúl Astudillo Ochoa Freddy Mauricio Carrasco Chaca Diana Dolores Valencia Andrade Stalyn Fernando Quito Tenelanda Juan Sebastián Pachecho Vintimilla Claudio Xavier Cuenca Quito

Luis Manuel Zhumi Lazo Ximena Patricia Curay Correa Simón Bolívar Andrade Maldonado Gabriela Natalia Morocho Carchipulla René Mauricio López García Segundo Rogerio Morocho Morocho Valeria Michelle Pauta Sáenz

Daniela Anabel Rubio Ramón Ronny Efraín Candela Hidalgo Haidy Katherine Ulloa Álvarez Nataly Vanessa Arteaga Berrezueta Antonio Forns Monton Segundo Francisco Saca Quizhpe Johnatan Rafael Ortega Quinde

Christian Andrés Armijos Cuenca Vilma Isabel Pañi Damian Cristina Paola Carpio Guartambel Jeampiere de Jesús Mora González

Relatores: Diego Fernando Gutama Barbecho Manuel Enrique Siguencia Díaz Isabella Tatiana Wellesley Martínez Sara Esperanza Pacheco Zhiminay Víctor Manuel Fajardo Morocho Daniel Salvador Cáceres Yanza Wendy Dayanna Cuji Galarza

Comité Editoral Juan Carlos Urgilés Henry Quezada Nelly Molina


Directivos de la Cooperativa Consejo de Administración Pablo Alcíbar Uyaguari Quezada María Fernanda Ullauri Ordóñez Gladys Faviola Montesdeoca Orellana William Juan Cabrera Cedillo Gerardo David Alvarado Verdugo Jaime Rosendo Montenegro Mejía Miguel Darío Sarmiento Dumas

Consejo de Vigilancia Miguel Angel Suárez Gómez Adela de Jesús Calderón Guaraca René Mauricio López García César Magno Tigre Cuenca Verónica Natalia Espinoza Farfán

Presidentes de la Cooperativa Jardín Azuayo / Octubre 2016 Blasco Remigio Verdugo Martinez Manuel Humberto Avila Moscoso Luis Segundo Galarza Cando José Vicente Salinas Barzallo Segundo José Reyes Berrezueta Gerardo David Alvarado Verdugo Héctor Patricio Morocho Morocho Luis Patricio Urvina Quito Ullauri Ordóñez María Fernanda Pinos Lemus Victor Ariosto Arce Cordero Víctor Miguel

Néstor Olmedo Garzón Guzmán Hernán Mauricio Cárdenas Cando Jaime Rosendo Montenegro Mejía Mendoza Portilla José Ernesto Natividad De Jesús Ramón Espinoza Carlos Humberto Verdugo Martínez Alejandro Castro Vicente Montesdeoca Orellana Gladys Fabiola Imelda Beatríz Bustamante Bernal Marco Aquiles Marin Loja Félix Filemón Gómez Vicuña

Hugo Hernán Morocho Mendoza Eliana Del Rocío Uyaguari Loja Sabina Marisol Eras Abad Anita Isabel Molina Piña Álex Omar Cabrera Llivichusca Uyaguari Quezada Pablo Alcibar Marca Altamirano Tannia Darlene Jorge Enrique Espinosa Armijos Lázaro Francisco Yagual


Cooperativa de Ahorro y Crédito Jardín Azuayo Benigno Malo 9-75 entre Gran Colombia y Simón Bolívar Cuenca - Ecuador Teléfonos: (593) (7) 2833255 Correo electrónico: comunicacion@jardinazuayo.fin.ec www.jardinazuayo.fin.ec Las adaptaciones y textos originales que conforman el presente libro son de exclusiva responsabilidad de sus autores.


Contenido

Reseña de Jardín Azuayo

Pág. 10

El Lago gris

Pág. 15

El camino Pág. 125

Los hijos del taita Amazhara

Pág. 25

Por ella, Julián Matadero te

El rescate de la flor del invierno

Pág. 33

habrán de llamar

Pág. 133

Peldaño ciento noventa

Pág. 43

Los perdidos de Kintia Panki

Pág. 137

Déjenme que les cuente mi historia

Pág. 55

José quille quille

Pág. 143

La misa del ladrón

Pág. 61

Una loca historia con sentimientos

Pág. 149

La verdadera guerrera kallari

Pág. 69

La Cuenca que los abuelos trajeron al

Los sueños de Naila

Pág. 77

presente Pág. 161

Killlari y el Chusalongo

Pág. 83

Relato del desarrollo de Nabón según

Los dos pegaditos de Radio Popular, mensajes musicales y avisos

Pág. 87

El cambiamanos Pág. 95

Rogerio Morocho

Pág. 169

La pelea de los cerros

Pág. 177

El muerto que contó su historia

Pág. 183 Pág. 189

El encantamiento de la campana

Pág. 101

El encanto de la lagartija de oro

Leyenda del Shiro

Pág. 107

Ishkay wawkikuna, ñanta

El picaflor solitario

Pág. 113

mashkashkamanta / Los hermanos

El mishqui de taita Nacho

Pág. 117

que buscaron su propio destino

Pág. 195


Presentación La Cooperativa de Ahorro y Crédito Jardín Azuayo se honra en poner a disposición del lector la presente compilación de relatos, cuyos autores, haciendo memoria de tradiciones escuchadas de sus mayores, han querido conservar nuestras historias orales, decires y leyendas. La respuesta a la convocatoria hecha por la Cooperativa fue generosa y de calidad, con lo cual se cumple el objetivo de impulsar la construcción conjunta de la identidad de los pueblos en el Austro ecuatoriano, a la vez que se fortalece nuestra cultura y la valoración de lo que somos y hacemos como sociedad, reconocimiento de la belleza de lo cotidiano como condición para impulsar la construcción de una sociedad más solidaria. Producir un documento conjunto, fruto de la contribución y esfuerzo de varias personas de distintos pueblos del Austro, es sinónimo de lo que es posible hacer cuando se organizan las capacidades en torno a un objetivo. Jardín Azuayo pretende a través de la divulgación de este libro fortalecer nuestra identidad y fomentar la lectura en nuestros socios y sociedad en general.

Juan Carlos Urgilés Martínez Gerente Cooperativa Jardín Azuayo

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La comunicación cooperativa se hace con gratitud En la Cooperativa Jardín Azuayo se ha venido realizando un trabajo de comunicación apegado lo más posible a los principios y valores cooperativistas. No es una tarea fácil pues algunas de las principales trabas y oposición provienen de francos desconocimientos de la “razón cooperativista” y las preocupaciones de los cuerpos colegiados que trabajan con la comunicación y la publicidad en torno a las normalmente urgentes necesidades empresariales y financieras que nuestra sociedad demanda. Sin embargo, La Cooperativa, siendo coherente con los enunciados del Buen Vivir y sus postulados, gracias a la confianza de sus asociados y la firme convicción institucional de que la cultura es el mejor instrumento para generar procesos que buscan cambios positivos en la sociedad, en conmemoración a los 20 años de vida institucional y los 23 años del desastre de la Josefina; convocó a sus socias, socios y a la ciudadanía en general, a participar en el Festival de Relatos Populares Jardín Azuayo 2016 cuyo incentivo fue una contribución económica simbólica y la publicación del presente libro que incluye relatos, historias de vida y leyendas con una ilustración que se desprende también de un ejercicio cultural abierto, al cual varios artistas y diseñadores del Ecuador y América Latina, desinteresadamente se sumaron. Agradecemos a todos los relatores e ilustradores participantes; a los Jurados: Alexandra Moreno, Graciela Quezada, María Sisa Pacari, María Eugenia Bernal, Eliecer Cárdenas, Hernán Rodas, Jaime Montenegro, María Eliza Mosquera, Xavier Cuenca y todos nuestros socios, directivos y colaboradores por la aceptación y apoyo a este proyecto cultural que da fe de la unión de voluntades y tangibiliza una idea que solo se pudo hacer con Cooperación.

Dirección de Comunicación

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Reseña de la Cooperativa Jardín Azuayo Síntesis del texto de Iván González (libro del Festival de Fotografía Jardín Azuayo 2011). Actualización de datos: Santiago Mejía, 23 de agosto 2016.

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Orígenes remotos Viejas leyendas dan cuenta de cómo, hace miles de años, las aguas que formaron el lago ubicado en el espacio donde hoy se levanta la ciudad de Cuenca, cansadas de su viaje a occidente se abrieron paso por entre montañas para adentrarse en otros bosques y otro mar. La fuerza de las aguas formó un cauce en cuyas riveras se asentaron antiguos talladores de obsidiana, acompañantes y guías de viajeros, vecinos que dieron forma a Paute, una especie de puerto de adioses y bienvenidas por el que pasaron incas derrotados por habitantes de la selva, mineros del Collay, colonos en busca de riqueza, extractores de cascarilla para curar fiebres europeas, misioneros en pos de almas para poblar el cielo, constructores de represas, uniendo pueblo y río con un mismo nombre e igual destino.

Noche de silencio La noche del domingo 29 de marzo de 1993, desapareció el río; los habitantes de Paute, acostumbrados a su murmullo, se sintieron desconcertados. Habituados a sus caprichos, aceptaban el rumor diario de las aguas, el escamoteo y la reposición periódica de los terrenos ribereños, la destrucción de los puentes, pero no el silencio. Mineros inescrupulosos hirieron los cerros, lo que provocó su deslizamiento y taponó los ríos Cuenca y Jadán, en el sector de La Josefina, produciendo caos en la región. Los habitantes cuyas vidas trascurrían aguas abajo debieron refugiarse en carpas instaladas en diversos campamentos, ante el peligro de la respuesta furiosa del río represado. A los campamentos los pauteños llegaron como extraños, habían olvidado su vecindad por el contacto con Cuenca, sus trabajos, sus vidas individualizadas. En las noches de obligada compañía se reconocieron y decidieron construir el futuro.

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Crisis: sinónimo de oportunidad El Desastre de La Josefina: Mayo 1 de 1993

Un mes fue el plazo dado por el río para mostrar su furia; transcurrido el tiempo arrasó con sembríos, viviendas, sueños y abonó el camino para la germinación del pueblo renacido en los campamentos. Cuando las aguas se calmaron llegó la época de recobrar lo perdido, transformar la vida, recuperar las relaciones suspendidas, discutir su futuro. Un pueblo no puede mejorar dentro de un sistema que extrae ahorros para utilizarlos en destinos nacionales o extranjeros. Había que pensar otra forma de economía, una popular, solidaria, cooperativa.

Nacimiento de Jardín Azuayo En febrero de 1996, ciento veinte pauteños decidieron constituir la Cooperativa Jardín Azuayo. El Centro de Educación y Capacitación del Campesinado del Azuay (CECCA) donó un aporte inicial de ciento setenta millones de sucres, para su capitalización. El 27 de mayo del mismo año, el Ministerio de Bienestar Social aprobó los estatutos y el 1 de junio de 1996, abrió las puertas para atender al público en una pequeña tienda arrendada en el local del convento parroquial de Paute, cumplido lo cual se incorporaron cincuenta socios más.

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Crecimiento del

Jardín Azuayo en el presente: año 2016

sistema Cooperativo de Ahorro y Crédito del Ecuador

Al 31 de julio de 2016, Jardín Azuayo cuenta con 356.620 socios, 559 directivos y 631 colaboradores distribuidos en siete provincias: Azuay, Cañar, El Oro, Guayas, Morona Santiago, Loja, y Santa Elena. Sus activos son de 583 millones, pasivos 503 millones, y un patrimonio de 80 millones de dólares, más la experiencia acumulada a lo largo de veinte años de vida institucional.

El sistema cooperativo de ahorro y crédito, tiene una notable importancia en el sistema financiero después de su auge de 1999, posterior a la crisis bancaria. Hoy en día, se tiene alrededor de 945 cooperativas de ahorro y crédito que benefician a 5 millones de ecuatorianos, que pertenecen en su mayoría a la economía popular y solidaria, según datos de la Superintendencia de Economía Popular y Solidaria (SEPS).

Camino trazado para continuar caminando, ahora que Jardín Azuayo capacita a 1000 socios cada año, en el programa de formación “Cooperativismo, ciudadanía y liderazgo”, con el aval de la Universidad Politécnica Salesiana. Además, la cooperativa capacita a nuevos directivos, asi como a miembros de organizaciones, y tiene el convencimiento de que debemos continuar en la búsqueda de una sociedad solidaria y cooperante.

La economía popular y solidaria está reconocida por la Constitución del año 2008; las cooperativas, las cajas de ahorro, pero también el trabajo informal, las cachinerías, forman parte de ella. En 2011, entró en vigencia la Ley de Economía Popular y Solidaria.

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BIBLIOGRAFÍA

- Actas de las reuniones de la Comisión de Administración de la cooperativa “Jardín Azuayo”. - Actas de las reuniones del Consejo de Administración de la cooperativa “Jardín Azuayo” - Actas de las Asambleas Generales de la cooperativa “Jardín Azuayo”. - Báez, René: Anti historia ecuatoriana, edición Artes Gráficas Silva, Quito, 2010. - Correa, Rafael: Ecuador: de Banana Republic a la No República, edición Nomos Impresores, Bogotá, 2009. - Plan estratégico de la cooperativa Jardín Azuayo 1999 – 2002. - Plan de desarrollo estratégico 2003 – 2008. - Plan estratégico 2009 – 2013. - Plan estratégico 2014 – 2018. - La cinta del tiempo, elaborada por los socios de la cooperativa en sus oficinas y presentada en Azogues durante la celebración de los 14 años de vida institucional. - Informes de Tesorería.

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El lago gris

Relato Autor: Diego Fernando Gutama Barbecho Cuenca

Ilustraciรณn: ร“scar Alejandro Calderรณn Realpe Quito


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rrar es humano, pero aprender de esos errores y experiencias lo es aún más, como es el caso de Tomás, que no obedecía a los consejos de su madre, una mujer joven, agricultora de oficio, quien se había quedado viuda apenas nacido su único y testarudo hijo, al que en reiteradas ocasiones advertía sobre todos los peligros que acechan los confines del cerro Pachamama y el riesgo al que se exponía cuando de casa se escapaba. Tras abandonar sus tareas a medio hacer para ir a jugar en aquel desolado lugar, Tomás tenía tan solo ocho años, pecaba por sus diabluras, y su ingenuidad traviesa lo llevaba a corretear al límite de tremendos precipicios, en cuyos bordes rocosos se escondían cuevas, imperceptibles a la simple observación cotidiana de los transeúntes, menos de la de Tomás que, en innumerables ocasiones las visitaba en busca de alacranes y lagartijas. Era muy normal escucharle comentar a sus amigos, la serie de hazañas que se ingeniaba para que caigan en su trampa, que no por nada había formado una serie que bordeaba los trescientos ejemplares en toda gama de colores, tan grande era la colección que ya no encontraba en donde ocultarla a la vista de su mamá; el pequeño cartón azul en el que le regalaron un par de zapatos, ya no era suficiente para esconder todos sus arácnidos, hasta que cierto día por miedo a la advertencia que le hizo su madre de limpiar por completo su cuarto y sacar todos los juguetes que ya no usaba para regalar a los niños de la calle, en represalia a la despreocupación en las tareas escolares y como consecuencia de sus bajas calificaciones, pensó que podría proteger la valiosa colección si la llevaba en su mochila que le acompañaba a todo lado.

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l día siguiente del regaño, un día normal de escuela, había cantado el viejo gallo del corral un poco antes del crepúsculo y el niño estaba

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ya despierto antes que su madre; corrió a tientas tras una compuerta vieja que estaba arrimada detrás de un cilindro de gas, miró fijamente a sus trescientos sesenta grados pendiente que nadie lo vigilara, se agachó y sacó cautelosamente la caja, tomó una chalina blanca de alpaca que su mamá había olvidado sobre la puerta, envolvió la caja cuidadosamente, la metió en su mochila y la puso junto a la entrada de la puerta principal de su casa y así esperó hasta el momento en que se despidió de su querida madre para ir a la escuela.

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a al atardecer, después de clases, Tomás jugó más de media tarde con dos de sus amigos que vivían al frente de su escuela, y que por su cercanía siempre acudían a ella para hacer los deberes, o para aprovechar del patio y de los juegos infantiles que a esas horas ya habían sido desocupados por completo por el resto de niños; un fuerte pelotazo que impactó y trizó el vidrio de una de las ventanas de la dirección fue suficiente para que Tomás recordara que tenía que partir, su madre no lo esperaba en casa porque era día de feria, y no regresaría sino al anochecer después de vender toda su cosecha. Como de costumbre tomó su mochila, se despidió de sus amigos y en precipitada carrera siguió rumbo a la montaña, en el camino que en sí era un sendero de piedras, con formas geométricas apiladas de manera continua, y que visto desde lejos se asemejaba a una serpiente ascendiendo a la planicie. Según las versiones de moradores del sector, esta ruta la utilizaban los incas y los cañaris, desde mucho antes de la llegada de Colón a las Américas. Generación tras generación dejaron sus huellas en este recorrido que lleva al cerro, lo bordea y continúa hacia el norte, llegando a lugares como Cojitambo e Ingapirca. En el trayecto, que era solo de subida, Tomás se detenía para recoger insectos muertos, y una que otra mora silvestre. Una vez ya en la parte alta del cerro, secó el sudor de su frente con un pañuelo que llevaba en el bolsillo de la camisa, contempló con un suspiro al sol que vestía una tonalidad rojiza poco antes de ocultarse en el horizonte, giró su cabeza, divisó el cúmulo de nubes grises que se había formado, como si estuvieran retando al agonizante astro rey a una batalla campal en medio del altiplano; sin titubeos

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ni más pérdida de tiempo agachó su cabeza y empezó la búsqueda de alacranes, merodeaba de lado a lado, entre las plantas y entre las piedras. La noche se fue adentrando en un santiamén y no lograba los resultados esperados en su exploración, se dirigió a unas rocas, que por su aspecto y ya dada la experiencia en sus repetidas expediciones era el sitio en donde más víctimas caían en sus trampas, inmediatamente sacó un puñado de insectos muertos, los juntó y los apiló uno sobre otro encima de unos musgos adheridos a la roca, sostuvo un cartón boca abajo y en el un extremo acomodó una rama como soporte, le hizo un nudo con un hilo largo, cortó el hilo, y se sentó al lado; mientras aguardaba sacó su colección de tazos que

había ganado en la escuela, los observó uno por uno, los contó, y mientras llegaba al treinta y uno, se percató de que un alacrán se acercaba sigilosamente a su trampa, enseguida se puso en alerta para tirar de la cuerda, una vez logrado su cometido recogió con cuidado la caja, para que el alacrán atrapado no se le pudiera escapar, pero para su mala suerte éste resbaló y quiso ocultarse entre las rocas; ubicó el rumbo que había tomado, y para evitar que se le escape, lo tomó con sus dedos por la pinza izquierda, el alacrán al encontrarse sometido curvó su cola y con ella aguijoneó la palma de la mano de Tomás, él miró al cielo fundido en un grito intenso más de susto que de dolor, desesperado arrojó los objetos que tenía en la otra mano y en una veloz brazada lo aventó con tanta fuerza que el alacrán salió volando a unos siete metros, inmediatamente llevó su palma picada a la boca, y se la mordía como queriendo succionar el veneno. Con la saliva trataba de algún modo aliviar la quemazón que sentía en su mano. Recién llegada la noche trataba de ver el reflejo de la luna en alguna fuente de agua en la que pudiera lavar la mano y aliviar la hinchazón que se le había formado. Entre un bosque de mandrágoras divisó que algo brillaba en un charco, corrió al mismo pero no había avanzado ni una distancia más larga que lo que mide una cancha de tenis, y ya se sintió muy agitado y acalorado, le empezaron a temblar las manos con un ligero cosquilleo, no se explicaba por qué en esa corta carrera sudaba

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como si hubiera corrido una maratón, a medida que avanzaba se le iban durmiendo los músculos de los brazos, del abdomen, de las piernas, todos en forma progresiva. Un veneno letal se había esparcido por todo el cuerpo; hizo el intento de saltar un escollo, pero al hacer contacto con el suelo la pierna se entumeció y cayó junto a un matorral, abrió los ojos y la luna se apareció ante su mirada. Era luna llena y todo su brillo resplandeció en sus pupilas, cada pestañeo transmitía a sus oídos el sonido del golpe de un tambor que se sintonizaba con las estrellas y en esa infinidad resplandecía un eco, esa melodía más el sonido descompasado de los latidos de su corazón formaban un ritmo musical, su respiración se dificultaba, no podía inhalar la cantidad de aire que normalmente lo haría. De repente no podía controlar ningún movimiento, mientras permanecía tirado en el piso alumbrado por la luz de las estrellas que se confundía con el de las luciérnagas, escuchó muchas risas y pasos como si se estuvieran acercando, y entre voces escuchaba su nombre y a medida que lo repetían, un ataque de risa invadía a los murmullos como si su nombre fuera el objeto de las más macabras burlas. Había transcurrido alrededor de una hora y empezaba a recobrar poco a poco el control de su cuerpo, ya lograba mover los dedos de la mano hasta hacer puño, esto alivió un poco el susto que se había trasformado en desesperación, la sombra de una lechuza a contra luz se veía volar en el aire; cuando logró reincorporarse, alzó un poco su cabeza y frente a él se encontró con una vaca que permanecía acostada y fijamente lo observaba. Detrás de ella divisaba una cascada que escondía la entrada a una gran cueva, de la que salieron muchos alacranes, todos del tamaño de una persona, incluso más grandes, y como si fueran una especie de hormigas iban en filas coordinadas, que se entendían entre ellas, y todas iban en dirección a él. Al ver esto el muchacho atónito no vaciló en echar la carrera, pero cuando daba su segundo paso escuchó una voz grave que le dijo:

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Tomás no atinaba qué responder, tardó en reaccionar y apenas lo hizo entró en un llanto amargo y desesperado, agachó la cabeza y mientras de su nariz se desprendía una lágrima en caída libre, observó que del suelo empezaba a salir un humo blanquecino con olor a ébano. -¿A dónde huyes?Se reviró y no podía creer que la vaca le estuviese hablando; un silencio se instaló al instante. Entretanto, los alacranes ya habían formado un anillo alrededor de esta escena, ante esta situación sacó un poco de insectos que traía en su bolsillo del pantalón, y los lanzó tan lejos como pudo para de esta manera provocar a toda esa multitud de alacranes e ir por ellos, pero fue todo en vano, ninguno mostraba el menor interés, la vaca que permanecía acostada tragó el ultimo bocado de hierba que tenía en su mandíbula y nuevamente empezó a hablar, y en un tono interrogativo le pregunto al niño: - ¡hey niño! ¿qué haces aquí tan solo y en la noche?...-

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n el centro, una silueta humana se iba formando, según las facciones de su rostro se trataba de un hombre, alto y robusto, con la cabellera larga y suelta; tres plumas blancas en el lado izquierdo de su cabeza hacían juego con su lanza, un poco más extensa que el largo de su cuerpo; en su pecho como el oro resplandecía un colgante en forma de sol atado a un collar hecho con fémures de gavilán. Una vestimenta rara pero elegante hacía suponer que no era una persona de aquel lugar, ni mucho menos de aquel tiempo; sus pies descalzos se acomodaban con suavidad al rígido piso rocoso y en su frente se leían surcos que delataban su avanzada edad. Este misterioso hombre, al ver el susto y el llanto en el niño, le dio una suave palmada en el hombro y le dijo: -No tengas miedo muchacho, al igual que tu padre tu curiosidad es imbatible, excesiva y peligrosa, yo estoy aquí para advertirte que no cometas los mismos errores que él; tu padre se adentró a una selva de la cual no pudo volver a salir, tenía un espíritu de guerrero cañari

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e instinto de protección como lo tuvieron nuestros ancestros, y tú llevas la misma sangre, eres portador de una sabiduría milenaria y como tú hay muchos, pero lamentablemente, ese conocimiento ha permanecido desmayado, y más en las actuales generaciones que se alimentan del ego y de lo material; y en lo espiritual han fenecido lamentablemente en medio de una sociedad decadente.

intención de decir algo, una imagen se divisó en la nube, era un intenso lago, en medio de un sistema de verdes montañas; un cielo azul se esparcía por encima de todo este hermoso paisaje, pero en medio del bosque que se extendía junto al lago se escuchó una explosión, y muchas aves en revuelo veloz se dispersaron en todas las direcciones chocándose entre ellas; de entre dos árboles brotó una mancha oscura, era como un líquido negro cuya vertiente iba en dirección al lago, tenía la espesura de la sangre y se veía como sangre negra, hervía porque de ella se desprendía un tipo de hollín, las azules aguas del maravilloso lago se tiñeron de negro y como en una olla hirviendo, en sus esquinas reventaban burbujas espesas; esta marea negra exhalaba un olor a combustible y se extendía por los páramos, dejando ese paisaje rico de colores en un lienzo de caos, desgracia, destrucción y muerte, todo era inerte. Tomás no entendía todavía la razón de esas imágenes, pero sí sentía una angustia,

Tú debes seguir escuchando a tu corazón y andar con las precauciones del caso, siempre midiendo los peligros para que no te suceda lo mismo que tu padre, los humanos son mucho más peligrosos que una jauría de leones hambrientos, es tu camino profundizar y rescatar la sabiduría, escucha los cuatro vientos, escucha el silencio que habla, escucha el corazón que sabe, deja que en tu interior se encienda el fuego bendito del jaguar libre, habla con las estrellas y ve en cada una de ellas la razón de tu esencia, acepta la sabiduría de la naturaleza, la sapiencia de los animales, rescata el poder curativo de las plantas que las grandes marcas comerciales tratan de erradicar, inventando curas y manipulando enfermedades, atesora la vida en un segundo, en un minuto, con cada día que pasa, porque cada día es un nuevo escenario-.

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nseguida una nube se formó en el cielo, el hombre misterioso extendió su brazo y señaló hacia ella. Tomás miró impresionado, no podía creer todo lo que estaba sucediendo, y cuando tenía la

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una infinita tristeza al ver a muchos animales en agonía, enfermos a causa de toda esa masiva intoxicación. Incluso sentía culpa ya que recordaba como muchas veces sometía a sus alacranes a severas torturas, sin pensar en que al hacerlo atentaba contra una especie animal. Hubo un momento de silencio entre los dos, que el chico interrumpió para preguntarle acerca de su padre, pues tenía incertidumbre y dudas no esclarecidas sobre la repentina razón por la que jamás regresó, a lo que este ente le contestó: - Tu padre y dos amigos sucumbieron ante una mafia de cazadores y criminales que traficaban cóndores, osos de anteojos, y otras especies; tu padre quería liberar estos animales que permanecían en cautiverio en un campamento en medio de la selva para luego ser comercializados al mercado negro, y así evitar que se ponga en riesgo la supervivencia de su especie, y caigan en la extinción como ya ha pasado con otras, pero lamentablemente fueron sorprendidos una noche, mientras desencadenaban un cóndor, para sacarlo de su jaula y ponerlo en libertad; el guardia del campamento se percató de su presencia por los ladridos de los perros y enseguida alertó al resto de sus compañeros, quienes al instante acudieron al lugar y los rodearon, los capturaron y los asesinaron, con la intención de borrar toda evidencia y testimonio de su ilícito y cruel negocio-. Tomás, que había pasado durante mucho tiempo llorando la ausencia de su padre, sentía tristeza al conocer su trágica muerte, pero a la vez sentía mucho orgullo por la valentía que le había caracterizado, lo revelaba su sonrisa que no lograba ocultar a la vista del misterioso señor; esperó que el ciclón de emociones repentinas se tranquilice un poco, para poder articular sus palabras, el hombre nuevamente acercó la palma de su mano a la cabeza de Tomás y éste repentinamente cayó al piso y permaneció inconsciente durante media hora. El primer estímulo que recibió del mundo exterior después del desmayo en el que había caído era en su mejilla, la sentía húmeda y escuchaba como si alguien respirara cerca de su oído, abrió los ojos y lo que encontró fue a Tombo, su perro, que se mostraba muy contento y no

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paraba de agitar la cola; lo acercó más, lo abrazó, y éste le lamía una y otra vez la cara. De reojo pudo divisar por detrás la sombra de su madre, que desesperada se acercaba a él; no supo qué decirle por temor a ser regañado. Ella lo abrazó muy fuerte, sonrieron ambos, y regresaron los tres a casa. Desde entonces han pasado 20 años y Tomás acude a este lugar con su hijo, ya no recolecta ningún arácnido ni insecto como lo hacía antes, cada vez que sube al cerro medita sobre tan extraño y profundo suceso que le ha hecho ver la vida de otra manera y le ha permitido ser una mejor persona, enseña a su hijo el valor de la vida, que por más variada y diminuta que sea, debe ser preciada y respetada. Para tener la certeza de que todo eso lo vivió y no fue solo un sueño, desde aquel acontecimiento le suceden cosas extrañas y no solo a él sino a muchas personas que visitan el lugar, quienes atestiguan haber visto bolas de fuego salir del suelo y dispararse por los aires, levitar extraños objetos, y haber escuchado voces en el viento.

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Los hijos del taita Amazhara Historia de vida Autora: Gabriela Natalia Morocho Carchipulla Cuenca

Ilustración: Diego Eloy Villacrés Benalcázar Quito

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os rayos del sol aclaraban apenas la punta del taita Amazhara, cuya elevación es inmensa, Don Angelito viraba hacia arriba su mirada y haciendo a un lado su poncho, rozó nuevamente el machete contra los matorrales -chag, chag- caraju ya es tarde dijo, y continuó ágilmente sin levantarla ni un segundo más. El viento de la tarde soplaba sin descanso, como si alguna señal mala llegara, los gañales, laureles y chilcas agachaban su frente hacia el cerro que Chiñaguiña, una comunidad pequeña, se engalanaba en tener. Taita Ángel, un campesino de 89 años, lucía espléndido, era delgado, de estatura pequeña, apenas pintaba unas cuantas canas en su cabellera; había sido abandonado por su esposa, no por mal marido, sino por lo contrario, era bueno, muy sencillo, humilde, había decido quedarse con su pequeña Rosa, los dos; Taita e hija vivían felices. Él, un hombre muy distinguido entre los vecinos y familiares, hacía de todo por ver bien a su guambra, a su Rosa o Gera como cariñosamente la llamaba. Tenía varias profesiones, tejedor, carpintero, ganadero o hasta de constructor, cuyas obras eran siempre elegantes y tenían su sello de garantía.

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ste hombre le tenía una fe increíble al cerro, sabia cuando el Amazhara estaba enojado, triste o cuando éste estaba feliz. En las tardes acostumbraba ir a recoger leña al pie del cerro, de su amado cerro. El Amazhara era el cerro más grande de la parroquia Jima, perteneciente a las faldas del lejano Sigsig; decían que este cerro era envidiado por el Chulo, cerro que estaba al frente en la comunidad de San Vicente y también que en varias ocasiones había sido encontrando en conversaciones secretas con el mimado de la parroquia, “el Huinara”.

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Esa tarde, Taita Ángel sabía que algo raro estaba por pasar, unas nubes negras cubrieron por completo la cabeza del cerro, algunos pájaros se alborotaron de sus lugares de descanso, algunos conejos corrían de lado a lado sin entender lo que pasaba; Taita Ángel no sabía que sucedía, estaba quieto, sin ni siquiera respirar, por un momento sentía miedo, sentía fro. Un fuerte escalofrío pasó por su cuerpo, levemente respiró, sujetó su sombrero y su poncho hacia el pecho y comenzó a caminar, el viento traía no solo silbos lejanos, no solo arrancaba las flores de su tallo, y traía hojas en sus manos, este viento quería otra cosa, pero que Don Ángel no estaba dispuesto a observar. Quería continuar su camino, y de pronto en forma de neblina asomaron ante sus ojos, dos pequeños venados, de pelaje brillante, a simple vista hermosos. - ¿Acaso tienes miedo? Exclamó uno de ellos. Don Angelito, sentía que había muerto, ¿Qué me pasa? Decía entre sus adentros. - ¡Bobby, Bobby ¡ exclamó, a su perro fiel que nunca le dejaba solo, pero Bobby no estaba, había huido mucho antes que el viento apareciera. - Calma -, dijo el otro venado, no somos dañinos, somos las hijas del cerro que tanto quieres.

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Intentó tranquilizarse, suspiró, se sobó los ojos por un momento, y cuando los abrió, habían desaparecido. Corrió por un lado y otro, ya no había viento ni neblina, la tarde lucia esplendida, no había ningún rastro de nada, absolutamente nada. Caminó despacio, en son de tratar de entender lo que pasaba, no podía. Para intentar olvidar lo sucedido, como de costumbre fue a recoger leña, los zancudos llenaban su rostro, allí justo es chuspimishki, lo que más había era zancudos, pero ni siquiera le importaba; recogió la leña, cargó sobre su espalda y caminó directo a la casa. Habían pasado algunas semanas desde aquel día que por vez primera experimentó el susto. Dejando de todo, le dijo a su pequeño retoño, que aliste una tonga para ir a caynar en Taruzhi, al


pie del cerro: -Llevarás unito, he de cansar- había ordenado el padre, -saca a los borregos del corral y encamínales- ordenó, mientras tanto el veía los implementos para sembrar papas chauchas en el enrrote que había hecho hace algunos meses. -El día está bueno- dijo, -el Amazhara ayudará, verás que no ha de llover- pronunció para así mismo. Mientras recogía el abono, el azadón y el machete que nunca debía faltar, el sol relució más que otro día, la sonrisa invadió su rostro y como señal de agradecimiento al cerro, le vio y le guiñó su ojo.

D

espués de la siembra, cansados, ordenó el padre de la doncella llevar a los animales de vuelta a casa. Él decidió quedarse un momento para limpiar el potrero. De pronto, la neblina y un fuerte viento llegaron al sitio y el miedo se apoderó una vez más de Taita Ángel. Luego de escasos segundos, asomaron a sus ojos los venados que semanas antes le habían visitado. -No temas, dijeron. Los dos venados, se fueron convirtiendo en dos bellas mujeres elegantes, de cabello largo y con un peine de oro que cepillában de vez en cuando, tenían los ojos dormidos, al abrirlos una leve dulzura invadió su rostro y el rostro de Angelito. -¿Pero quiénes son ustedes?, consultó apresuradamente Don Ángel ¿Quién las ha enviado conmigo? ¿Acaso el rojo ha enviado a hablarme? Haciendo referencia al diablo. Sonrieron las dos, luego se sentaron e insistieron al anciano a que les acompañe, - no temas, volvieron a insistir. ¿Acaso no sabes quiénes somos?

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- Moviendo la cabeza, había indicado que no. -Somos las hijas del cerro que quieres, dijo una de ellas, nos llaman “HUACAS” que significa oro brillante en el lenguaje de los humanos, somos el poder. Poco a poco, se veía que don Ángel iba haciendo desaparecer el espanto que ellas le causaban, más bien iba entrando en confianza, y entró en confianza.

A

sí, fueron explicando la razón de su aparición hacia Taita Ángel: -Hemos visto en ti, obediencia a la madre naturaleza, humildad y eres poseedor de varios dones, que a algunos humanos se les han olvidado. Algunos hombres son malos- dijeron, -últimamente son ociosos, no siembran, no cosechan, han olvidado la tierra, van a la ciudad y olvidan su identidad, quieren olvidar a su pueblo-, y una breve lagrima acarició el tierno rostro de una de ellas. -¿Otro día las vi en venados y ahora aparecen como warmis, porque pes?- Dijo insistente don Angelito. -Nosotras no nos aparecemos a cualquiera, ni somos cualquier cosa u objeto como piensan algunos, vivimos ocultas, como fue el deseo de nuestro padre, nuestra misión es cambiar el corazón de ustedes, agradarlo y verle feliz a mi padre. Somos agua, sueños, fuego, animales y riqueza, pero el corazón endurecido no nos logra ver.El rostro de don Ángel no se movía, prestaba atención todo cuanto podía, ellas, las huacas, habían hablado por vez primera con un humano, de una manera muy natural, eran mensajeras oficiales del taita Amazhara, eran sus hijas predilectas, con un único mensaje, que

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pero al verle, su corazón volvió a latir y sintió tranquilidad. En cambio su padre, estaba con la cabeza en otro lugar, pensaba en tantas cosas. Cuando las huacas huyeron, habían dejado el peine de oro, él lo tomó en sus manos rápidamente, y como símbolo de amor a su hija, se lo dio.

aparezca el amor en su corazón, amar al campo, las tierras, para brindarles riqueza eterna. De pronto, se escuchó una voz muy alarmante, <papá> decía, y repitió por dos veces seguidas, tan rápido como pudieron las dos huacas desaparecieron y Don Ángel quedó al descubierto, estaba sentado y con sus manos en el rostro, él no tuvo tiempo de reaccionar. De pronto vio a su hija con algunas lágrimas en sus ojos, corrió para abrazarla, trató de calmarla, ella había estado asustada, había llamado varias veces a su padre, sin obtener respuesta, luego pensó que él también la había abandonado,

Ella, sin saber qué pasaba, únicamente con la satisfacción de tenerle a su padre junto a ella, no preguntó nada, pero a partir de ese momento su vida cambió, nunca más les faltó algo de comida en casa, los animales engordaron y Taita Ángel cosechaba en abundancia. Hasta que hizo memoria lo que le habían dicho las huacas, -tener el corazón bueno y no endurecido,- entonces empezó a ayudar a sus vecinos, todo estaba cambiando, la solidaridad entre todos se veía, por la actitud de una persona. Incluso hubo un día, que contó la historia de las huacas a sus vecinos, de doncellas que hablaron de la importancia de la madre tierra y de tener el corazón generoso y amigable, no les volvieron a ver convertidas en humanos nunca más, pero sí las encontraron en otros objetos, animales o plantas, para atraparlas definitivamente tenían que cogerlas con una prenda íntima y así no se iban, aunque esto era únicamente una superstición. Todos en esta comunidad habían tenido una parte del tesoro del Amazhara- Éste fue el primero que dio el ejemplo en compartir, todos disfrutaron de las huacas, a unas personas se aparecían seguidamente y a otras no tanto, pero todos supieron la historia que contaba este

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anciano con el poder de la humildad, puesto que habló con las mismísimas hijas del cerro con oro brillante, habló con las hijas de taita Amazhara, habló con las HUACAS, ¡qué cosa más para interesante! Después de algunos años, la comunidad de Chiñaguiña era una de las más fértiles, la más poblada, había cerca una guardería, junto a la capilla que colocaron en el centro de la comunidad y al pie del cerro, todos los niños estaban felices, era imprescindible contar la historia de las Huacas, las hijas del cerro, que de una manera medio extraña, se comunicaron con los humanos, dejando un único mensaje, no tener endurecido el corazón, los habitantes que no llegaban a 100 familias, tenían un máximo respeto a Taita Ángel. De pronto apareció la Gera ya grande con sus hijos y su marido muy felices, si bien es cierto, don Angelito, solo vivía para hacer feliz a su hija, no tenía más familiar que ella, pero en recompensa, su hija le dio la alegría de contar esa historia a todos sus 9 nietos que educó y formó sencillamente con mucha riqueza en el corazón y sobre todo amar a su pueblo que los vio nacer. Cuando murió don Ángel, las huacas lloraron su partida y el cerro solo después de varios años volvió a sonreír, pues había perdido también a uno de sus hijos predilectos.

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El rescate de la flor del invierno Relato Autor: Simón Bolívar Andrade Maldonado Cañar

Ilustración: Miguel Eugenio González Zhindón Azogues

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U

na mañana de junio, la vida, la existencia toda, se volvió un tormento para Inti1. Su amada Tamia Sisa2, de la noche a la mañana había desaparecido; en ese momento, la tristeza, la desesperación, la angustia… embargaron a Inti y a la comunidad entera; sólo quedó la esperanza, la solidaridad y el cariño de la patria chica, Selel, comunidad milenaria, asentada en las faldas del Chavar y la Carbonería. Paso obligado entre las comunidades del Hanan3 y el Urin4, el paisaje, la flora, la fauna y la amabilidad de la gente encantaban a propios y extraños. La solidaridad no se hizo esperar; la quipa sonó, fue el llamado de los yachakkuna5 de la comunidad, quienes se reunieron y después de varias deliberaciones consensuaron que Tamia Sisa, había sido raptada por uno de los Urkukuna6 del Hatun7 Cañar, quizá el Taita Chavar, El Buerán, El Juidán o El Charón Ventanas; cuenta la historia que entre éstos siempre ha existido rivalidad por ¡el amor de la mama Zhinzhona!

L

os ancianos de la comunidad, sentados en junta de sabios, buscaron todas las estrategias para rescatar a Tamia Sisa; concluyeron que el único que podía hacerlo era su amado, él debía prepararse para enfrentar

1.- Inti, término kichwa, tiene algunas acepciones, una de ellas sirve para designar a nombres de personas, varón; la otra, hace referencia al astro rey, el sol. 2.- Tamia Sisa, término kichwa, significa flor del invierno. 3.- Hanan, término kichwa, significa arriba, por el contexto, hace referencia a las comunidades de la zona alta del cantón Cañar, entre ellas, Cuchucún, la Posta, Quilloac, Junducuchu, Lluillán, Citacar, entre otras. 4.- Urin, término kichwa, significa abajo, por el contexto, hace referencia a las comunidades de la zona baja del cantón Cañar, entre ellas, Selel, Ger, Shirín, Chigledel, entre otras. 5.- Yachakkuna, término kichwa, hace referencia a las personas que tienen muchos conocimientos en diferentes ámbitos, es decir, son los sabios de la comunidad. 6.- Urkukuna, término kichwa, significa Cerro. 7.- Hatun, término Kichwa, significa gran, grande, poderoso, majestuoso.

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las adversidades futuras. Inti, con el dolor del alma, se preparó. Los sabios advirtieron que el camino no era fácil, él tenía que luchar, tomar decisiones, ser astuto y seguir el consejo de su yo interior.

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a noche anterior a su partida, Inti alistó su equipaje. La flauta, el chicote y la onda formaban parte de la misma; instrumentos, útiles en su viaje; además, tostado, panela, máchica y un pilche8 de chicha. Quiso descansar, pero la pena le impedía. El canto de los gallos, el rebuzno de los asnos y el trinar de los pájaros anunciaban la partida de él, en busca de su amada; como buen hijo, se acercó a sus padres, pidió la bendición y escuchó los consejos de sus seres queridos y de los sabios de la comunidad. Estos últimos dijeron: -Inti, recuerda que en el camino habrán cosas que te llamen la atención, pero en tu mente hay una sola meta, encontrar a Tamia Sisa-. Entre aplausos, llanto y frases de aliento, un ¡tú puedes!, ¡confiamos en ti!..., Inti partió. El olor de la tierra, la piedra, la hierba y el humo de la choza estaban impregnados en su ser. Las horas se hacían eternas, solo su perro fiel, Tarzán, le acompañaba. Al llegar a la Carbonería, un frío helado, le sorprendió. A medida que se adentraba en el bosque, éste se volvía tétrico. Inti no quería avanzar; de pronto, una voz melodiosa, le habló: ¡Miró en todas las direcciones pero no visibilizó nada!, de nuevo la voz susurró: -Inti, tus consejeros se equivocaron, tu amada no fue presa de los Urkukuna, sino…-, un silencio profundo, acompañó a dichas palabras. Inti se desesperó, y, en tono eufórico, preguntó: ¿quién eres?, si no fueron los Urkukuna, entonces, ¿quién fue?, ¿en dónde está mi Tamia Sisa?, ¿cómo puedo encontrarla? -Espera, son muchas preguntas; vamos una a una, dijo la misteriosa voz. No tengas miedo, continuó, acércate, quizá no te guste mi aspecto pero necesitas saber cómo llegar al sitio donde tienen cautiva a tu amada-.

8.- Pilchi, recipiente para poner una bebida.

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amada, musitó la serpiente. Ahora, debes encontrar un colibrí, un gamo, una torcaza y una cuibibi, que te guiarán en tu largo camino. ¡Que tengas buena suerte!-

Lentamente y con mucha cautela se acercó al lugar de donde procedía el susurro de aquella voz misteriosa; su cuerpo temblaba, sus manos sudaban; por fin divisó al gran arrayán, árbol leñoso, cuyas cortezas, hojas y fruto son utilizadas en la medicina tradicional. -Para que me veas, necesitas utilizar tu flauta, murmuró nuevamente la voz melodiosa: Entona la canción favorita de tu amada-. Inti, sin pensar dos veces, tomó la flauta y sin más ni más, entonó. De pronto, observó como de la raíz del arrayán salió una hermosa serpiente de colores, cuyo aspecto le cautivó pero al mismo tiempo sintió miedo. Inti, sin dejar de entonar, retrocedió.

Inti, desconsolado y ni bien se había recuperado del susto, retomó su camino, pues la llama de la esperanza serpenteaba en su mente. Ya en la cima del Taita Chavar, proclamó el nombre de su amada a los cuatro vientos, -Tamia Sisa, Tamia Sisa ¿en dónde estás?, te busco desesperadamente y no te encuentro, ¿no ves que mi ser suspira por ti?, yo necesito de ti, como la semilla a la tierra, como la planta al agua, como un niño a sus padres; dime amada mía que estás bien, que pronto estaremos juntos, juntitos los dos, como habíamos soñado.De la nada, aparece una torcaza: -No sufras amigo mío, que tus plegarias serán escuchadas-. Inti, sin pensar dos veces, mete la mano en el bolso y saca un puñado de tostado e invita a esta ave, -gracias, gracias ¡no he comido en varios días!, ¡tu hazaña será recompensada!-. -Dígame señora torcaza, ¿Qué dirección debo seguir?, ya he caminado varios días, todo me parece conocido. Sí, tienes razón, no has avanzado mucho, la neblina está confabulada con el ser que tiene a tu amada, por eso, he conversado con mi vecino Gamo, él te llevará esta misma noche hasta el lugar donde te enfrentarás con el dueño y señor de la cascada, será un batalla campal, pero saldrás triunfante, no olvides que tú tienes una fuerza interior.-

–No temas, soy tu aliada, necesitas mi ayuda para encontrar a tu

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Inti no podía creer lo que le esperaba pero ¡todo el sacrificio valía la pena por recuperar a su amada! En un santiamén, Inti se encontró sobre un Gamo, éste le advirtió que por ningún concepto abriera los ojos, mientras dure el viaje; caminaron toda la noche, el viaje estaba iluminado por el frío resplandor de la mama killa9; cuando el taita inti10 apareció, el Gamo recibió la recompensa de Inti, un pedazo de panela, y le dijo: -no confíes en el tesoro que encontrarás al final del arco iris, si intentas apoderarte, habrás perdido la batalla-. Inti, confundido por la advertencia del Gamo, se da cuenta que está en las faldas del imponente Buerán. Comienza a lloviznar, sopla un frío intenso, los pajonales están siendo agitados como amenazantes; en la cumbre del Buerán aparecen lirios blancos, que se deslizan lentamente, éstos cambian de forma…, la magia de la neblina, cautiva a Inti. El lugar se vuelve tenebroso, oscuro, funesto… Inti es empujado por un huracán y arrojado a la entrada de Taski11. Él, no puede creer que en un lugar tranquilo pueden suceder cosas inesperadas. Inti se recupera y observa que en el interior de la cascada hay un ternero café, ¡qué maravilla!, ¿cómo quisiera tenerle?, se admira y se interroga a la vez, por un momento, su pensamiento, le traiciona. Quiere alcanzarlo pero a medida que Inti se adentra a la cascada, el ternero se transforma en un arco iris, del que brotan colores vivos, cual lienzo pintado por un artista.

9.- Mama Killa, significa luna. 10.- Taita inti, significa sol. 11.- Taski es el nombre de la cascada que se encuentra en las faldas del Buerán.

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Asustado, Inti vio cómo el arco iris se envolvía en su cuerpo; se lamentó, gritó, lloró; él sabía que nadie iría en su ayuda…, respiró profundamente y tomó fuerza; luchó incansablemente con el arco iris y estando casi desfalleciendo, tomó su flauta y armonizó la canción “En las cumbres del Cañar” que fue como un sortilegio y arma letal para ganar al arco iris. Inti, descubrió que hay una olla de oro… pero recordó las palabras de sus aliados y se alejó silenciosamente. Después del encuentro con el arco iris, descubre que la cascada es el pasadizo secreto al castillo encantado, lugar fantástico, donde todo parecía de cristal; para llegar a éste, había muchos senderos, el problema estuvo en no saber cuál camino elegir, tampoco sabía si su amada está en aquel lugar o no; la duda, la desesperación nuevamente se apoderó de Inti. Él quería regresar pero el colibrí de oro que salió del jardín se


lo impidió, diciéndole: -Ven, sígueme, yo te mostraré el camino-. Se quedó perplejo por un instante y recordó que era el momento de tomar decisiones. El colibrí, de nuevo, insinuó: -¿Qué esperas? ¿Acaso no confías en mí?, tu corazón sabe que yo soy tu amigo y te llevaré al sitio indicado-. El colibrí zigzagueaba sus hermosas alas, volaba sobre el jardín, las achupallas y la valeriana; de cuando en cuando, se detenía en el aire, cual danzante de la más bella melodía creada por Dios.

I

nti, al ver dicho cuadro espectacular, decidió seguirle; de vez en cuando, éste le decía: -apresúrate, no te alejes de mí, ten mucho cuidado por donde caminas, ante tus ojos aparecerán hermosas flores, frutas de la costa, la sierra y la amazonia que te llamarán la atención, eso es un espejismo; no así, el lugar donde está Tamia Sisa, aquella “Flor del Invierno”, que por llevar ese hermoso nombre, el dueño y señor del castillo, se enamoró de ella-. Caminaron varias horas, al fin llegaron al sitio de las cuibibis, aves enigmáticas que anuncian la época de la siembra y la llegada del carnaval. El colibrí le dijo: -¡te admiro Inti!, tienes una fortaleza interna que nadie tiene, te sientes orgulloso de tus raíces, lograrás tu propósito; ahora dame lo que tú tienes-. Inti, no sabía de qué se trataba… ¡ah!, dijo: -la chicha…, bebe, colibrí, bebe, toma sin descansar, es el néctar de los dioses, bebida sagrada hecha de maíz; chichita que no faltaba en mi hogar…ahora, ¿quién llenará la vasija?, ¡si mi amada ya no está! No sufras amigo mío, que en tus manos está, liberar a tu amada y al malvado condenar,- diciendo esto, el colibrí alzó el vuelo y desapareció en el firmamento. ¡Ay, amigo mío, mi fiel compañero, cómo voy a agradecerte por tu compañía durante este trayecto! Mientras Inti decía aquellas palabras, de repente, una bandada de cuibibis aparecieron en el cielo; fue la señal de que Inti iba por el camino correcto y se anunciaba el final. Cautelosamente, sacó un puñado de maíz, lo lanzó al aire y se escondió rápidamente en el pajonal; cada granito de maíz cayó al piso pues brillaban como el oro, las aves al ver tanta belleza interrumpieron su viaje y uno a uno fueron siendo devorados por las aves; entre ellas dialogaban, -este banquete solo se ve durante la siembra, pero ¿todavía estamos en junio?, se interrogaban;

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¡algo pasa!, alguien nos está pidiendo ayuda-. Una de ellas dijo: -ya sé, vienen por Tamia Sisa, pues está en nuestras manos ayudar, sólo nosotras sabemos cuál es el secreto para vencer al dueño del castillo encantado.-

A

l escuchar esas palabras, Inti salió del escondite y se presentó ante las aves, -hola soy Inti, he recorrido varios lugares en busca de mi amada, y sé que ustedes tienen la fórmula para acabar con el Gigante, que vive en el castillo de cristal.- Ellas asombradas intentaron volar pero las súplicas de Inti las convencieron: -Está bien dijeron, nos sacrificaremos por tu amor, toma estos tres huevos, son nuestros preciados retoños, aunque no veremos nunca a nuestros hijuelos volar, que todo sea por una causa noble, tú sabrás cómo y cuándo utilizar. ¿Qué hago con los huevos?, interrogó Inti, -tienes que llevarlos con mucho cuidado, porque si se rompen, no saldrás jamás de este lugar. Antes de enfrentarte al Gigante tienes que luchar con los puercos jabalí, ellos son guardianes del castillo; los instrumentos que ayudarán en la estratagema, traes contigo, pues tienes que ingeniarte y saber utilizar cada uno en un momento determinado. Dicho esto, las aves alzaron el vuelo y se perdieron en el infinito azul del cielo. Inti no sabía a qué instrumentos se referían las aves, él decía: -el tostado ya se acabó, la panela y la chicha también; sólo me queda la máchica, la honda y el chicote; no hay duda, que las aves pensaron en éstos.- Ahora, el reto está en qué instrumento utilizar primero; una mala decisión, a estas alturas sería fatal; mientras se acercaba al castillo, Inti pensaba y pensaba y llegó a la conclusión: -ya está, dijo: “Utilizaré primero la máchica, ésta les dejará ciegos a los guardianes del castillo y con el chicote domesticaré a esos animales”-. Era el momento para que Tarzán entrara en acción. Sin que su amo le dijera nada, Tarzán se adelantó; Inti, en cambio, caminaba sigilosamente. De pronto, tres puercos jabalí saltaron a la vista; Tarzán los enfrentó mientras Inti preparaba la machica y el chicote. Inti, sin pensar dos veces, tomó la máchica con la mano derecha y lanzó con toda la fuerza de su alma contra los puercos jabalí, acertando en los ojos;

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del castillo, una y otra puerta abrió y nada encontró; nuevamente la nostalgia se apoderó de él, por un momento, la fe y la esperanza desfallecieron, sólo quedaba traspasar la última puerta que no sabía a donde daba. Como siempre, se armó de valor y con fuerza la puerta empujó. ¡Qué sorpresa!, en la mitad de la laguna Tushin–Quinoales, vio a su amada dormida a los pies del Gigante, quien también estaba en sueño eterno. Se emocionó tanto que quiso lanzarse a la laguna para rescatar a Tamia Sisa, pero ésta comenzó a hervir, estaba enfurecida. Inti corrió de un lado para otro, sin saber qué hacer, de pronto, un leve murmullo de una voz angelical, llegó cómo ráfaga de viento a su mente, no hay más dijo: “es el momento de utilizar los huevos que me regalaron las Cuibibis y la honda”, raudamente, sus ojos saltaron de alegría, tenía una sonrisa a flor de piel, ¡tengo que hacer!, ¡tengo que hacer!, repetía una y otra vez.

inmediatamente, Tarzán se abalanzó contra los animales e Inti con el chicote los dejó en el piso; éstos, en un soplo, huyeron precipitadamente, dejando libre la entrada al castillo. Era el medio día, las puertas del castillo se abrieron de par en par, se divisó un jardín, que parecía el paraíso terrenal, el cual estaba dividido en espacios equitativos, en cada espacio había plantas ornamentales, medicinales y frutales, era un ambiente con un aroma jamás percibido, allí se respira paz y tranquilidad. A medida que Inti avanzaba, observó una pileta de cristal, que cual mágica belleza embrujaba a cualquiera, de la cual emanaba un manantial de agua fresca. Él continuó su recorrido, en tanto que Tarzán hacía de guardián, porque en ese maravilloso lugar todo podía suceder.

Tomó la honda, puso el huevo de la Cuibibi en ella y con fuerza lanzó; el huevo en la frente del Gigante fue a dar, éste se movió, se despertó e intentó levantarse, pero el golpe fue tan certero que nuevamente se desplomó; entre tanto, la muchacha se despertó y dijo: -amado mío, ya acertaste una vez, confía en ti, cierra los ojos y concéntrate, el segundo en el mismo sitio caerá ya que el tercero en el corazón será y el Gigante para siempre dormirá, su cuerpo a la laguna caerá, y, un camino se abrirá, de ella una flor

Inti corrió desesperadamente por el interior

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con mi nombre brotará, tú lo cortarás y en mi cabeza colocarás-. Dicho esto, Tamia Sisa se volvió a dormir porque seguía con el embrujo del lugar. Inti hizo lo que su amada le había pedido. Cogió la honda, puso el segundo huevo y sin temblar acertó en el mismo lugar del primero; inmediatamente, tomó el tercer huevo y atinó en el corazón. El cuerpo del Gigante en la laguna se desvaneció. Como por arte de magia, a los pies de Inti un camino apareció; rápidamente, él corrió al encuentro de su amada, en la mitad de éste, la flor asomó, Inti cortó y siguió su camino que parecía una eternidad, con la flor en la mano, se acercó, la tomó en sus brazos, la flor en su cabeza colocó, ¡por fin!, amada mía puedo expresar estas frases de amor: sólo por amarte comprendo la vida, tan sólo por verte perdono la herida, de males que hieren el alma, sin tregua ni calma; por ti hay nuevas rosas sobre los senderos, que como jazmines lucientes destellan sus broches de luz en el alma, por ti comprendo la vida… Tamia Sisa, al escuchar las frases de su amado Inti, despertó del sueño profundo en el que se había sumergido; un abrazo y un beso fueron suficientes para sellar su amor. La laguna se calmó, el camino se selló, el castillo desapareció, una corriente de agua de ella brotó y los sembríos regó. Gracias a Taita Inti, Mama Killa, Tarzán, Cuibibis, Colibrí, Gamo, Torcaza y Serpiente que me permitieron llegar a la meta, gracias a ustedes dejé de ser cautivo y tengo este júbilo extraño apoderado de mi alma, ¡mi sueño, se hizo realidad!, ahora triunfante, con mi amada, recorreremos el paisaje del Hatun Cañar.

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Peldaño ciento noventa Historia de vida Autor: Manuel Enrique Siguencia Díaz Cañar

Ilustración: Daniel Andrés Peña Ullauri Cuenca

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uando el conductor del colectivo le preguntó al pasajero esa mañana de domingo ¿a dónde va el señor? El viajero casi setentón le contestó “voy al cantón Cañar, me deja en Cañar, porque me han dicho que muchos de ustedes no saben que existe ese pueblo; una cosa es la provincia y una muy distinta el cantón”. Con esta oportuna aclaración se acomodó como mejor pudo en el mullido asiento de Flota Imbabura. José Cayetano Torres, -que así se llamaba el hombre- era hijo de mama Trini Lazo , su taita el Joaquín Torres que un día amaneció muerto en el barrio de la Loquera degollado en la vereda; que le mataron por mañoso se dijo. Esto pasó cuando el José tendría unos cinco años apenas. Cuando cumplió los ocho, por la pobreza la Trini le mandó vendiendo en diez sucres. El militar que por su acento era norteño se llevó al José, desgarradoras lágrimas opacaron los ojos de la madre que vio como el pelotón militar se perdía calle abajo del Calvario.

J

amás se volverían a ver madre e hijo. Suerte tuvo de ser acogido como hijo adoptivo en la familia del subteniente Mario Bedón, le dieron educación secundaria y cuando cumplió los dieciocho se presentó al cuartel para servir como conscripto el año de servicio militar obligatorio. Ningún impedimento hubo de su familia adoptiva cuando al término del año de servicio como coshco, decidió quedarse en el ejército como soldado porque le terminó gustando la vida militar después de licenciarse en la fuerza terrestre. Su errante oficio de milico le zarandeó por cuantos repartos militares se tiene en costa, sierra y oriente. Hasta Cabo Segundo ascendió en el escalafón militar, y cumplida la edad se jubiló a los cuarenta y cinco años. Como siempre vivió

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en Quito, ahí mismo se enamoró en una retreta en la Plaza Grande, de una hermosa doncella certificada por taitas y vecinos del barrio de la Colmena; su embrujo encamotó al perchón militar, que no tuvo más remedio que convertirse en el don Pepe como le llamaban los de San Roque, barrio a donde se mudaron después que algún día se dijeran sí ante un cura de la Merced. Compraron una pequeña casa arriba en la parte más alta del barrio del Suspiro (la Bolívar) al frente del panóptico García Moreno, don Pepito se hizo un chagra más de la quiteñidad... Mi cabo Pepito, así le trataban las vendedoras del mercado Santa Clara, los vecinos de la Cruz Verde, los devotos de San Francisco, y hasta los jubilados del parque de los Pájaros Muertos, como se conocía en Quito a la Plaza Grande.

Mama Cuchara, de San Juan a La Ronda, de la cima del Placer al Panecillo, de la Recoleta al Tejar, de la Marín a La Chilena, desde la calle del Suspiro a la de Las siete Cruces; es que, el Cabo Pepito conocía todo de cabo a rabo.

L

a hermosa chica estudiante del Colegio de Señoritas 24 de Mayo, era una destacada alumna, una gema codiciada en el amanecer de su virginal existencia por los embelesados chullas. No hubo domingo que la feliz familia dejara de ir a misa a la iglesia de La Compañía y rezaran con devoción a la Virgen. Veredas de bruñida piedra colonial de las empinadas calles besaron los pasos dominicales de la dichosa joven Marianita.

Don Pepe y la Virginia tuvieron una sola cría –como torpemente decía el militar- a la que bautizaron con el nombre de Marianita de Jesús en honor a la Azucena de Quito. En la niña su pelo eran dos madejas negras, su piel bronceada por la tibia caricia del sol serraniego, floreció su virginal adolescencia y el encanto de sus labios cual pétalos ensangrentados exhalaban frescura primaveral.

Todo iba normal durante todos estos años de dicha familiar; hasta que una mañana de aquellas que nunca se olvidan, marcan

Los padres ostentaban su belleza por calles y plazas de la ciudad llenos de orgullo; de Chimbacalle a

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y tuercen, y tuercen para siempre, el rumbo de la vida de los seres humanos, les sobrevino brutal tragedia. Marianita de Jesús como cada mañana pidió la bendición a sus padres, recogió sus libros y se encaminó calle abajo, cruzó la esquina de la Cruz Verde y cruzaba la plaza de San Francisco, iba ajena a cuanto ocurría en torno suyo. Dos hombres, en desenfrenada carrera, ingresaron a la plaza entre la gente que se movía en distintas direcciones, uno en persecución del otro. Zigzagueaban entre los transeúntes, zumbando en verdaderas cabriolas aterradoras acrobacias. Sin duda un ratero en huida, arreando su desesperación por escapar de su perseguidor que arremetía con furia al delincuente. Tarde fue el intento por esquivar a la señorita que por la rudeza del impacto cayó pesadamente en el empedrado. Un hilo de sangre corrió por la comisura de sus intocados labios, mientras sus ojos vieron por última vez el celeste amanecer del cielo quiteño. Después del fatal accidente, los dos contendientes en felina correría desaparecieron por la calle Benalcazar que va al palacio de Carondelet; mientras en la plaza los curiosos se agolpaban intentando dar ayuda a la infeliz muchacha, cuya cabellera inmóvil se teñía de sangre. Alguien recogió el portafolios de la chica. Nada se podía hacer. Marianita estaba muerta; y a poco sus padres comenzarían a morir. Las esperanzas de superación y triunfos de su hija, ahora yacían perdidas entre millares de piedras de la centenaria plaza, mientras su adolescencia de lozana frescura dormitaría para siempre en el campo santo de San Diego. La tarde fría y sin luz en el cementerio se desplomó aterradora desde la cima del Panecillo, en tanto negras sombras aladas se posaban en los árboles en medio de melancólicos trinos distantes y apagados. Abajo el sordo arrastrarse del féretro dentro de la bóveda, apagando los gemidos y el llanto desgarrador de los pocos vecinos y familiares que acudieron al cortejo fúnebre. osé y Virginia, dos guiñapos,

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se aferraban el uno al otro en doloroso abrazo y el alma hecha ciscos. El duelo vino a quedarse para siempre, desde el desdichado accidente en San Francisco. La casa de la familia se hizo inhóspito ambiente, vacío y silencioso. Por nada tocaron el dormitorio de la finada, sus enajenados pensamientos la sentían presente en casa.

llamó a Virginia para leerlo. Agitado carraspeó más de una vez aclarándose la voz. Decía: Colegio Nacional de Señoritas 24 de Mayo. Asignatura: Literatura Tema: Niña Luna. Profesor: Licenciado Alejandro Guarderas Alumna: Mariana de Jesús Torres L. Curso: Quinto “Paralelo A”

Un día tocó a la puerta un señor desconocido, dijo haber conocido a Marianita porque era cliente en su librería. “Disculpe vengo a dejarle el portafolios de su niña, yo lo recogí en la plaza y averiguando me dijeron que vivía aquí.” Sólo dijo muchas gracias José y cerró el zaguán. Todavía habían huellas de los coágulos en el cuero del portafolios. Abrieron el portafolios, ahí estaban en ejemplar orden sus útiles escolares: libros, cuadernos, carpetas, esferográficos, lápices y unas frutas de fiambre.

Viajera cometa sin cordel, novia del cielo callado vuelo de blancura eres poesía inmaculada. Almíbar de rosca blanca mordida en noches de encanto traza tu arco en el cielo porque eres el eterno delirio del mundo. Plateado símbolo de miel luz flechada de Cupido cuando el amor muere será noche tenebrosa eres el dulce ensueño de los amantes.

Les llamó poderosamente la atención una carpeta bellamente decorada que en su carátula estaba rotulada como “Deberes de Literatura”. La abrió el padre y encontró el último deber de su hija,

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ólo se miraron a los ojos y volvieron a llorar desconsolados. ¿Podrán sobrevivir estos dos náufragos del destino en medio de esta borrascosa tempestad? La respuesta la daría el tiempo con sus implacables designios en condenas de impostergable sentencia. Y así el lento, pero indetenible tiempo, barría los escombros desmoronados de lo que fueron fortaleza: fortaleza de un valiente fusilero de artillería convertido en errante callejero, fortaleza de una abnegada madre ahora convertida en una alma anémica, fortaleza en quien la belleza vivió dieciséis años y hoy su recuerdo se sumió en el polvo. La anemia espiritual de Virginia también mordió su cuerpo. La

anemia se posesionó y pronto la anorexia clavó sus huesudas falanges en su raquítica humanidad que languidecía cada día más y más, y fue la antesala que anunciaba la muerte pues desde hacía meses que casi no comía nada de la vianda que José traía de la fonda, apenas manchaba el plato y vomitaba las entrañas. Su salud cabalgaba en el corcel de las tinieblas buscando la muerte. Varias veces fue internada en el hospital y José también comenzó a sufrir una angina, le oprimía el pecho. Ahora eran dos corazones enfermos y una sola realidad: una agonía compartida por la angustia a la que nunca se asomó la resignación. Llegó mayo y florecieron los jardines de Quito para la madre de Dios a la que recibió con tibias madrugadas, empedradas calles pecosas por la lluvia de pétalos, aire saturado de rosales y más abajo en San Francisco: avemarías, cantos e incienso se elevan en devota oración, mientras el sol peinaba de luz las bellas torres del templo. Esa segunda semana de mayo, mientras la procesión del rosario de la aurora ingresaba por la grada circular hasta el atrio franciscano con la Virgen María, en la casa del vecino José, su esposa Virginia dejaba este mundo. José fue por una poción y al regresar notó que Virginia estaba inmóvil; en vano trató de reanimarla, insistió inútilmente… había muerto. Desconsolado la estrechó

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en sus brazos, un frío beso en la frente y calladas lágrimas rodaron. Cerró los ojos de ella para siempre. Junto a la tumba de Marianita fue sepultada. Dos tumbas cerraron sus fauces envolviéndolas en la eterna noche del silencio; José, inclinado ante las bóvedas era un ser ausente, agobiado, petrificado por la desventura y el dolor. Desde entonces, otros rumbos encaminaron los del desdichado viudo; si antes la casa estaba vacía y fría, ahora el silencio sepulcral de sus paredes lo querían fuera, reclamando ausencia definitiva de todos aquellos que un día la habitaron. José no soportaba ya la letal monotonía en la que había caído… días sin memoria y noches de modorra. Pudo más el peso angustioso de los recuerdos de su esposa y de su hija que decidió vender la pequeña casa y marcharse del barrio del penal. Pocas pertenencias se llevó con él, a un cuarto con balcón arrendado en la carrera Maldonado, cerca del Cumandá; su razón era obvia: quería ver gente, mucha gente que llegaba y se iba de la ciudad en buses de todas partes, así le pelearía a la soledad de su casa y de la cuesta del suspiro. Largos ratos pasaba en el balcón viendo ir y venir viajeros, otras tardes salía a vagar por la vieja ciudad colonial. Una de esas tardes sus pasos lo plantaron junto a las barandas de piedra del atrio de San Francisco, clavó su mirada en el lugar fatal donde muriera su hija hace dos años y le temblaron las piernas, su corazón se enloqueció y su agitación le ahogaba. Un hombre

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y una mujer le auxiliaron evitando que se desplome. “Muchas gracias, que Dios les pague– dijo con voz entrecortada-. “No hay por qué señor” –contestó afectivamente la mujer-. Como ocurre muchas veces, ahí mismo se entabló una conversación informal. Ellos le contaron que cumplían una romería al Jesús del Gran Poder, eran de Cañar y que a las ocho de la noche regresaban en transportes Santa. A más de medio siglo José escuchó el nombre de Cañar que retumbó en su cabeza e hizo que lejanos recuerdos le transportaran al viejo pueblo del que salió vencido


por la miseria. ¡Ah, Cañar! - tardó en reaccionar- “Qué coincidencia yo también soy de Cañar, salí de ocho años bien guambra, vivo por acá ya más de cincuenta”.

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¿qué tal está Cañar? –preguntó-; “oiga ha crecido bastante, si se va usted se pierde…si se anima pregunte por el Teto Trailulu , porque allá sólo por el apodo se conoce”. Terminó la conversación y se despidieron. Esa noche se acordó que era cañarejo y consideró viajar a Cañar. Como una obsesión nada fácil de vencer, Cañar se convirtió en el destino supremo. Anheló volver y empezaron a desfilar recuerdos: ahí estaba el puente hediondo con las casas de tapiales sembrados de ollas de barro, las tres lagunas de totora de Tiopamba, las torcidas calles enlodadas, las casas como covachones de paja destilando invierno. Recordó cargando tamo desde la hacienda de Guantug y subiendo la quebrada de Shamsham, el parque embaldozado y sus bancas de mármol rosado, de contorno empedrado, sus puertas forjadas con guaraguas, y lámparas como globos blancos, cipreses y palmas como explosión de rayos verdes. La iglesia de piedra con su torre y el reloj, recordó la capilla de San Antonio. Se desgastó la noche y la aurora ociosa lamió la ventana de su cuarto encontrando a José recién dormido. Despertó a medio día, se enfundó un terno gris y se largó a la calle sin dejar de pensar que tenía que viajar a Cañar, el viaje se volvió irresistible, impostergable. Ya bien tarde las lámparas de la ciudad teñían de ámbar la calzada, entonces regresó al Cumandá, cerca de llegar se encontró con su amigo al que el vecindario le llamaban “Don Pendejadas”, dueño de una tienda donde vendía la más insólita mercadería. Se metieron a la emblemática angosta calle de La Ronda, donde Don Pendejadas tenía su tienda. Todo le contó mi cabo Pepito -como le trataba el comerciantesobre el viaje a Cañar y él estuvo de acuerdo que debía visitar su tierra. El cabo José le dijo que cualquier decisión se la contaría y se despidió ese viernes anochecido.

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Pasaron los días, la tarde de un sábado, el cabo llegó a la tienda de su amigo, le dijo que viajaría al siguiente día y necesitaba un alhaja recuerdo. “Vea lo que le guste y lleve no más”-le animó-. Pactaron el precio y se llevó la mercancía. Esa misma tarde compró el boleto en Flota Imbabura, para viajar el domingo a las diez de la mañana. Así es como comenzó esta historia esa mañana cuando llegando a la terminal terrestre abordó el bus con una maleta de cuero medio usada. De manera que fue la soledad y sus desdichas, las que le pusieron de viaje a su lejano pueblo. Una vez más al oficial del autobús le advirtió “¡cuidado vaya a olvidarse en Cañar me deja, ya le dije!”.

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asaron Guajaló, se hundieron en Machachi y la ciudad desapareció, el largo viaje iniciaba devorando los kilómetros de asfalto, atravesando la cordillera que ostentosa erguía sus nevados imponentes que parecía que perforaban el celeste manto del cielo del que colgaba el brillante sol serrano. Pasaron Latacunga, Ambato y Riobamba, le bullían recuerdos en sus repartos militares. Descendieron a Alausí de donde pesadamente vencieron la subida rumbo al sur. Miró su reloj cuando era las cinco de la tarde y una valla informaba “Gracias por su visita a Chimborazo. Pronto retorno”, supo que entraba a la provincia del Cañar. A las seis y media el oficial gritó “el señor que se queda en Cañar”. A más de medio siglo en Shamsham un desconocido comenzó a subir la Nueve de Octubre, le informaron donde vivía don Teto Trailulo, el que le dio posada esa noche. Al día siguiente preguntando por calles y plazas nadie le dio razón de su madre. Se revolcó en la cama su última noche. No durmió.

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Reconoció un trozo del estrecho camino de la ladera sur, donde casi le pisotearon miles de devotos de San Antonio, un cura montado en caballo también subió alarmado, todos gritaban se ha aparecido el Señor en la hostia. Esa tarde fue una locura. Ya amanecía cuando comenzó a subir el primer tramo de los seis que arañan la colina con sus 325 gradas.

Debía cumplir su promesa al venir a su pueblo; así que de la maleta sacó el recuerdo comprado. Se vistió con un terno azul de corte militar, tomó su maleta y sigilosamente abandonó la casa del Luis Euclides y comenzó a caminar calle arriba pisando su sombra a la luz de las lámparas que la proyectaba antes de que el sol saliera. No había un alma en las calles y pesadamente se encaminó a la colina de San Antonio, las desconocidas calles que subió le pusieron en una avenida desde donde contempló la capilla del milagro. Recordó ese 24 de junio de 1958, él tenía seis años.

La exuberancia vegetal se ofreció ostentosa con vivos colores y aromas de amanecer; entonces a medida que desafiaba la cima, iba recogiendo sedosas corolas frescas de geranios, lirios, alhelíes, retamas, rosas silvestres y milmil. En el segundo tramo en el piso del rellano leyó San Antonio escrito con piedras blancas del río. Muy agitado, al llegar a la gruta de la Inmaculada de la Colina, armó el ramillete de flores para la virgen. Al intentar subir con su ofrenda se desplomó como fulminado por un rayo y el florero de bronce que trajo de recuerdo rodó por las piedras. El muerto había sido un cañarejo, con una maleta usada, cédula de identidad, una escarapela militar en la solapa, unos versos y un reloj invicta que marcaba las siete, encontraron, y “pobrecito decían los curiosos”. La hojita de papel bien cuidada, estaba adornada con dibujos religiosos; decía:

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Camino al cielo Así como la soledad del camino, así como la tímida huella, así como el polvo pisoteado así sólo y huérfano murió el amor. Ahora queda sólo el camino andado que lleva al cielo recuerdos dolidos sueños que arrastran…el verso triste por el sendero donde murieron tus pasos.

Alguien estuvo ahí esa mañana y lloró ante esta escena desgarradora y contó las gradas de piedra; sí... José Cayetano Torres murió en el peldaño ciento noventa.

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Déjenme que les cuente mi historia Relato Autor: Johnatan Rafael Ortega Quinde Cuenca

Ilustración: Esteban Gustavo Dután Crespo Cuenca

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on una expresión de apacible alegría que se siente en mis labios y mirada, me esculpió.

Así es, ahora lo recuerdo todo, transcurría el año 1959 (¡increíble, ya son cincuenta y siete años que estoy aquí!), en esta mi ciudad, Cuenca, cuando el alcalde Luis Cordero, me mandó construir. Contrató a un joven escultor de aquí mismo, si mal no recuerdo, se llamaba Virgilio y su apellido como una pequeña ave: Quinde; aún tengo en la memoria el momento en el que Luis Cordero, entró en su taller, preguntó por el Maestro, lo saludó, y en ese momento empezó todo, empecé a vivir, empezó el monumento a la Chola cuencana.

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ero permítanme narrarles mi historia desde el principio: el contrato en un inicio había sido pactado con un escultor español, Fausto Culebras, quien paradójicamente fue aplastado por el bloque gigante de piedra que había conseguido para esculpirme (qué trágica historia en mi nombre, pero bueno, continúo). Entonces el municipio de la ciudad buscó a alguien que me pudiera

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representar en piedra: una mujer campesina de nuestra zona, una mujer elegante y humilde que ha trabajado sin cansancio hasta convertirse en un ícono de este, nuestro lugar. Y qué mejores manos que las de un cuencano, un sinincayense de unos treinta y seis años, calculo yo; que ya había ganado algún prestigio por concursos de arte que ganó desde que estudiaba en la Academia de Bellas Artes Remigio Crespo Toral, en nuestra ciudad. …entró en su taller y lo saludó: Maestro Virgilio Quinde, necesitamos un boceto de una Chola Cuencana, pero que sea de su autoría…

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ecuerdo que primero me hizo en arcilla, no más de unos treinta centímetros de altura, nada comparado con los dos metros que ahora mido; el propio Alcalde aprobó el boceto y firmaron el contrato, con pluma y tinta como era en esos tiempos, un negocio entre caballeros, pactaron el trabajo por dos mil quinientos sucres, unos cuantos dólares si hablamos en moneda actual, en fin.

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Mi padre Virgilio, empezó a crearme desde cero, desde un gran bloque de piedra granítica traído desde el mismísimo cerro de Cojitambo, una piedra durísima que le costó demasiado esfuerzo trabajarla, según me contaba él mismo mientras me iba formando, a punta de cincel y combo, sudando junto a su oficial, su pequeño cuñado Tancredo, hermano de su esposa, la entrañable Doña Elsita, que hasta ahora la veo por ahí regando y hablando con sus plantas para que no mueran, porque según me ha dicho entre amigas, ellas la escuchan; mil disculpas por distraerme de mi historia, y es que necesitaría otro relato para hablarles de esta querida señora, pero prosigo: Les contaba que se esforzaron mucho para darme vida, me imagino lo difícil que debió ser transportar un bloque inmenso de piedra, armar andamios de madera a mi alrededor, desbastar la piedra para darme primero una forma general, días y noches de trabajo para finalmente pulirme y lograr esa

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expresión que representa las esculturas de mi creador: mirada y labios alegres con ternura. Pero lo logró, me erigió altiva, bella, fuerte, con mis dos trenzas y mi pollera, con un cántaro con el que todos los días riego cuatro pencos (que aquí entre nos, representan los cuatro ríos de Cuenca; pero no le digan que yo se los conté, creo que era su secreto), y desde aquí, desde mi redondel veo ir y venir a mucha gente, los años transcurren y yo, en mi silencio, pienso a veces que si ustedes me pueden ver es porque alguien, un artista, algún día ya me pudo imaginar en su pensamiento. Esa es la historia de mi vida, la historia del monumento a la Chola Cuencana, una historia que se cerró con un acta que decía “la obra fue realizada en forma perfecta, a través de más de dos meses, debiendo colocarse la estatua pétrea en su propio lugar”, una historia que tal vez no guarda grandes proezas o personajes increíbles, pero que así, incógnitamente, es verdad. Así fue, ahora lo recuerdo todo…

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La misa del ladrón Relato Autor: Victor Manuel Fajardo Morocho Nabón

Ilustración: Jonatan Fabián Albarracín Hurtado Cuenca

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ontaba mi abuelito Pascual que todo sucedió en Cochapata, un pueblo sureño de la provincia del Azuay, cuando transcurrían los primeros años de la tercera década del siglo XX. En esta población, donde desempeñaba sus labores de presbítero el sacerdote José Joaquín Campusano, aconteció el siguiente episodio: Cierto día, luego de varios intentos fallidos, lograron capturar al cuatrero más famoso del lugar, Guillermo alias “El Ratoncito”. Después de colocarle una corona de insultos y ofrendarle un ramillete de golpes, le obligaron a cantar todas sus fechorías. El enardecido populacho, ciego y sordo ante las súplicas bañadas de lágrimas que interponían los familiares del varón de las “manos pegajosas” -¡No le maten!, ¡no le maten!... - decidió condecorarle finalmente con la “pena de muerte” a vista y paciencia de las autoridades de la parroquia…

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l cumplirse un mes del patético fallecimiento de Guillermo Hurtado, que así se llamaba el señor ladrón, los hijos de aquel desdichado hombre acudieron donde el sacerdote del pueblo, para solicitar una misa de honras, por el descanso de aquella alma, que en vida no se cansó de robar. Cuando llegaron al convento, salió presuroso el padre José Joaquín a recibirlos -¿Qué quieren?- les preguntó, haciendo relumbrar una mirada antipática, en su rostro. - ¡Padrecito!, ¡padrecito!, ¡venimos a pedirle un favor muy grande!... - ¿Qué será…? ¡Díganme sin rodeos!... - Si usted tuviera la bondad de dar celebrando una misa por el alma de nuestro finadito papá. - ¿Una misa? , y ¿para qué... ? - Porque ya se cumple un mes de su muerte. Padrecito, le pagaremos ¡diez sucres!, por su santo servicio, porque dinero sí tenemos - expuso el mayor de “Los Hurtados”.

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- Pues claro, robando cualquiera se hace rico, y ¿para cuándo quieren la misa? - Si usted pudiera para este domingo a las diez de la mañana, a la hora de costumbre. ¡Háganos este favor, padrecito! - suplicó el hijo menor del extinto, juntando las manos y mirando al cielo… Luego, cada quien sacó un billete de cinco sucres y depositaron en las manos del religioso. - ¡Vengan el domingo! - solicitó el clérigo, mientras acariciaba los billetes en señal de regocijo. Así fue, el domingo antes de la hora señalada; todos los deudos del ex – delincuente llegaron a la iglesia para escuchar la santa misa. Del ex, digo, porque a esas alturas “El Ratoncito” ya no podía ejercer su doctorado en delincuencia allá en el otro mundo, su vieja profesión, porque le jubilaron a la fuerza; pero aún pretendía realizar el último asalto, arrebatar las llaves a San Pedro para robarle un puesto en el cielo... Pero algo inesperado ocurrió ese domingo. El sacerdote ingresó a la iglesia y dirigiéndose a los deudos del finado “Ratoncito” comunicó su evasiva y sorpresiva decisión: - ¡Hoy no tengo tiempo para celebrar la Santa Eucaristía! Además un ladrón ¿para qué necesita una misa de réquiem?... ¡Me disculpan! - Y se fue, pero sin devolver el dinero que ya había recibido anticipadamente… Se aproximaba entonces la media noche de aquel frío domingo. El padre Campusano se encontraba profundamente dormido en su lecho. Súbitamente, un silbo estridente estalló en sus oídos y se estrelló retumbando contra las paredes del convento. Despertó asustado y escuchó una voz masculina que le llamaba insistentemente: - ¡Padrecito!, ¡padrecito! - ¡Venga padrecito!, ¡venga!, para pedirle un favor, ¡venga!...

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- ¡Caramba! ¿Quién vendrá esta hora a interrumpirme el sueño? - se dijo, emergiendo de entre las cobijas, con su mente embadurnada de aturdimiento.

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omo la llamada era pertinaz, resolvió levantarse para atender a quien requería de su presencia; mas al abrir el portón, a nadie encontró. Sólo la soledad cubría de entresijo el ambiente pueblerino, y la luna farol del cielo pintaba con su macilenta luz aquel paisaje nocturno. Desgastó tres o quizá cuatro minutos en espera de alguien, miró a todos lados, pero finalmente nadie apareció. Cerró la puerta y muy molesto trasladose a su dormitorio. Estando acostado, nuevamente escuchó un silbo potentísimo y luego una voz que decía - ¡Venga padrecito!, ¡venga!, ¡venga para pedirle un favor!, ¡venga!, ¡venga!... - ¡De nuevo a fastidiarme! ¿Quién será el imbécil que viene a pedir favores a esta hora? -se preguntó iracundo y cual un felino se lanzó de la cama. Cogió el látigo de sobre la mesa, aquel que atesoraba con cariño para castigar a los pecadores de la parroquia. Dirigióse a la salida, abrió la puerta y vio en el centro de la plaza a un hombre alto, vestido de blanco, que le llamaba persistentemente. - ¡Venga padrecito!, ¡venga!... ¡venga para pedirle un favor!... - ¡Acércate pendejo!, ¡No pienses que voy a servirte a domicilio! - vociferó el sacerdote, rompiéndose la cabeza de las iras… Como aquel hombre no daba ni un paso adelante, e insistía - ¡Venga padrecito!, ¡venga!, ¡venga para pedirle un favor! - Muy enfadado se encaminó el fraile hacia él, que hallábase quizá a unos cuarenta metros de distancia. - ¿Qué quieres insolente?, ¿qué urgencia tienes ahora?, ¿por qué vienes a molestar a esta hora? - Y sin más preámbulos, levantó el látigo para caerle el primero, el primero que sería de un rosario de azotes… - ¿Qué le pasa padrecito?, ¡No me castigue! - imploró aquel hombre, deteniéndole del brazo - Recuerde usted, en vida ya me dieron más de lo merecido, ¡por favor ahora no!

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¿Acaso usted no me reconoce?... yo soy Guillermo, alias “El Ratoncito”. He retornado a este mundo, solamente para exigir la celebración de la misa de honras, que por derecho me corresponde y porque además, ya está pagada. - ¿Qué clase de broma es ésta? ¡Tú, no eres Guillermo Hurtado! Él ya murió hace un mes… _ ¡ninguna clase de chiste! ¡Señor sacerdote! Los muertos no somos payasos. Le reclamo en serio la misa, ¡ahora y punto! ¡No se haga otra vez el desentendido!… o ¡verá lo que le pasa...!

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se momento, parecía que el cielo aplastábale y, devorado por el terror, titubeando respondió: Guillermo, ¡te ruego!, ¡te suplico!, ahora no, ¡mañana sí!; en cuanto amanezca... - ¡No señor!, ¡he dicho ahora! - sentenció el difunto, tomándole de la mano y apretándola fuertemente como queriendo arrancarla... - ¡Julia! , ¡Juana!, ¡me rompen la mano!, ¡auxilio!, ¡auxiliooo!... - empezó a gritar desesperado el capellán. Julia era la hermana del sacerdote y Juana, su empleada doméstica. A pesar de encontrarse profundamente dormidas, despertaron a causa de esos gritos furibundos y prestas acudieron a socorrerle. - Pero, ¿Qué te pasa José Joaquín? ¿estás sonámbulo? - interrogó su hermana. - ¡No!, de ninguna manera, ¡ha regresado Guillermo Hurtado!, aquel hombre ajusticiado por el pueblo y reclama la celebración de su misa en este momento… - ¿Te has vuelto loco José Joaquín? Los muertos ya no regresan. De verdad está sonámbulo. ¡Juana, trae un balde de agua para arrojarle por la cara! y así despertará… - ¡No mujeres! Las locas y sonámbulas son ustedes. ¡Aquí está Guillermo! Me ha tomado del brazo y no quiere soltarme… - Pero, padre, ¿dónde está el hombre que usted menciona?, ¡yo no le veo por ningún lado! - contradijo Juana.

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-Yo tampoco, ¿los difuntos serán invisibles? o bien, ¿me he vuelto ciega a mis 20 años? _ dijo bromeando Julia. _ ¡Basta de perder el tiempo! ¡He dicho que aquí está conmigo!, ¿o están sordas…? ¡Julia, corre a repicar las campanas! y vos Juana, ¡alista los ornamentos, enciende las ceras y los candelabros-, ordenó molesto el padre José Joaquín. Contagiadas de pegajosa estupefacción, partieron las muchachas a cumplir las órdenes emanadas. Cuando todo estaba listo, juntas regresaron y encontraron al sacerdote en el mismo lugar, erguido como un monumento. - José Joaquín hemos cumplido tus pedidos _ informó titubeando la señorita Julia. - ¡Guillermo todo está listo! Ahora sí, caminemos a la iglesia - invitó el fraile. “El Ratoncito” sonrió en señal de aprobación; pero no dijo nada. Ese momento, aquella ánima en pena tomó de la mano al clérigo y dirigiéronse al santuario, mientras las dos mujeres mudas y nerviosas iban detrás… Al ingresar a la iglesia, el difunto liberando a su prisionero, con voz gangosa manifestó: _ ¡Ahora sí creo!, Padre José Joaquín, ¡que la misa va a empezar! El sacerdote ya libre respondió - Guillermo, ¡perdóname!! Te pido de corazón. Ahora comprendo, que los ladrones también son hijos de Dios. Toma asiento, ¡ten paciencia! y espérame unos instantes, voy a arreglarme para empezar la celebración - y el cura se dirigió hacia la sacristía. - Está bien, padre, pero ¡cuidado se demore! _ advirtió “El Ratoncito”… Julia y Juana, que iban detrás a pocos pasos, casi caen muertas de espanto cuando escucharon esa voz, una voz nasal y extraña que produjo una horripilante resonancia en las paredes de la iglesia. Ellas proyectaron sus miradas hacia todos lados, con los ojos inundados de miedo, pero ningún hombre apareció… Avanzó aquella ánima en pena y se ubicó en la primera banca de la hilera derecha, muy cerca del púlpito; mientras que las dos señoritas se sentaron en la tercera banca de la hilera

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izquierda. El sacerdote, ya listo, inició la misa con la voz trisada de temor;cada palabra pronunciada por el párroco, Julia y Juana la repetían en voz alta, invadidas de un extraño fervor. Sentado el interfecto escuchaba atentamente la celebración de la misa, hasta que su curso llegó al momento del saludo de paz. Fue entonces cuando Guillermo se puso de pie y, extendiendo su diestra, dijo: - ¡Padre José Joaquín, tome mi mano!, ¡la paz esté con nosotros!, ¡suficiente! Ya no quiero más misa, porque me voy, ¡tengo prisa! Un señor de cabello largo y túnica blanca, se presentó en mi camino y mirándome con ternura, me habló así: -Guillermo, yo no puedo condenarte otra vez, estás libre de tus culpas. ¡Ven a mi casa!, porque a los que robaste, ellos al matarte, te cobraron con creces, ya no tienes nada pendiente con esos señores… ¡Adiós!, padre, ya no volveré nunca a molestarle… - Guillermo alias “El Ratoncito dio la media vuelta y al hacerlo, sufrió una insólita transfiguración, volvióse entonces una espantosa calavera y, produciendo crujidos, trac- trac- trac..., salió lentamente de la iglesia. Julia y Juana, petrificadas de terror y espeluznadas hasta los cabellos, no sabían qué hacer. Ellas habían escuchado todo, pero nunca vieron al difunto… El padre José Joaquín mucho se arrepintió de su mala actitud y prometió celebrar gratuitamente una misa en cada aniversario de la muerte del “Ratoncito”, en memoria de su alma, para que ésta jamás regresara a la media noche a ocasionarle semejante espanto…

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La verdadera guerrera kallari Relato Autor: Haidy Katherine Ulloa รlvarez Cuenca

Ilustraciรณn: Xavier Israel Vintimilla Machuca Cuenca

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enía 5 años cuando mi mente comenzó a almacenar recuerdos. Recordaba lo maravilloso que era sentir un cálido beso de mi madre en mi frente, sentir como sutilmente su respiración movía mi cabello, sus labios estaban un poco secos por el frío, sus ojos entrecerrados me veían con tanta ternura, que irradiaban seguridad en cada segundo que se acercaba a mi frente, mi madre mi heroína, la que con sus ojos adornaba el jawa-pacha1. Vivíamos en una cabaña cerca al río, de un lugar mágico que no recuerdo su nombre, pero al sentarse en las piedras y alzar tu cabeza, sentías como la misma creación te daba un espectáculo mágico. El viento rodeaba tu cuerpo como un abrazo frío que te llegaba a los huesos y movía tu cabello al son del canto de los grillos, podías ver como el cielo se movía, tapando con las nubes previas a la lluvia las estrellas dispuestas a conceder un deseo, pero qué deseo podía tener, si mamita estaba conmigo todos los días, el vivir a su lado me hacía feliz. Papito fue parte de las víctimas a las que la migración tomo preso, contaba mamita, pero cuando eso había pasado, era wawa y mis recuerdos no eran tan lúcidos como ahora.

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i vida fue muy feliz, según recuerdo, no teníamos las mejores cosas que las personas de la ciudad tenían al alcance pero era muy feliz solo con ver a mamita reír, esa sonrisa llena de un espíritu bueno que se quedó grabada en mi memoria durante todo este tiempo; mamita solía hablar de un mundo atrás de las montañas, decía que era un mundo donde sonreír era cobrado y que vivir allí era para mantenerse ocupado.

1.- Jawa – pacha= trad. cielo

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El día de mi cumpleaños fue el día cuando todo cambió, estaba cumpliendo 6 años, mamita me había hecho un vestido de tela con bordados de colores, llevaba unas trenzas bien peinadas y unas sandalias tan cómodas que poco a poco al caminar se me iban haciendo más encantadoras; al salir muy temprano de mi cuarto a llamar a mamita no la encontré, al entrar en su cuarto solo pude sentir el sublime olor de su perfume de vainilla que iba desapareciendo con cada golpe de viento en la ventana, mamita no estaba en casa, pero la esperaría hasta que regresara, solía ir a ver unos borreguitos cerca de casa, así que la esperé hasta que regresara, me aproximé al filo de la ventana en la cocina, esperando ver la cabellera larga de mamita. Así las horas fueron pasando, nunca había sentido al reloj tan claro, empecé a imaginar a mamita que fue por un regalo por mi cumpleaños, pero cada vez esa ilusión se fue disminuyendo, abracé mis piernas al ver caer la tarde, el sol era enorme, como un ser sonriente que moría bajo el suspiro de una niña pensando en su madre, así al ver como el cielo se tornaba un poco oscuro, prendí una lámpara de vela y ahí en la mesa, me quedé dormida. El sonido de la puerta hizo que mi sueño se esfumara. Al asomarme con una sonrisa pensando que era mamita pude hallarme con un pequeño ratón, y al girar para regresar a la cocina, el ratón se acomodó y con suavidad dijo: – sé dónde está tu madre, ella no regresará esta noche, tú tienes el deber de encontrarla, tú valiente y guerrera- terminó, me dio la espalda y se fue por un agujero en la pared de madera. Sin

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poder detenerlo y con frío regresé a la casa, donde me esperaba un vaso de leche caliente, un pedazo de pan y una hoja escrita con un poco de palabras para poder llamarse carta oficialmente. En aquel papel estaba escrito: -al tocar la una de la mañana saldrás al camino fuera de casa- Tomé el papel y luego de leerlo lo arrugué entre mis manos, era algo que me daba miedo, pero tenía que encontrar a mamita. Regresé a la casa, el reloj no paraba de caminar, era media noche, hacia frío, así que me puse un poncho de lana y un gorro del mismo material que mamita había


confeccionado para mí. En una bolsa de hilo, guardé unos panes, una botella de agua de frescos caliente, un pedazo de pastel y unos dulces, pensé que mamita tendría hambre. A las doce y 48, salí de casa, me senté frente al camino, mis mejillas eran como hielo, mis manos estaban tan frías que casi no sentía nada al tocar el poncho con ellas; a las doce y cincuenta y seis, a lo lejos del camino, se veía algo enorme venir corriendo, su sombra se reflejaba en la pared junto a los faroles. Corrí de inmediato tras un árbol, ese algo se acercaba hasta llegar a la puerta, lo pude ver al fin, era una majestuosa alpaca blanca, se quedó inmóvil fuera de casa, vio hacia el árbol tras el que estaba escondida, agachó la mirada – yo también estaría nerviosa, pero sabes, por mi madre haría todo lo que fuera y por mi territorio sacaría el escudo que mi corazón guarda, ”kishpin kanpak shunku pash paskan kanpak yuyay” (libera tu corazón y abre tu mente) – dijo con una sonrisa.

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alí del árbol y me acerqué, subí a ella con miedo pero con un sentimiento de seguridad, sabía que estaba protegida por mi tierra y tenía las fuerzas que mamita me había dejado, - el camino es largo y llegaremos al amanecer- dijo – si te sientes más segura puedes abrazar mi cuello –; así lo hice, era muy suave y olía al perfume del bosque de casa y al viento fresco de la mañana; al cabo de dos horas me quedé dormida abrazada a su cuello. - Despierta, pequeña, es hora de ver cómo nace el sol para seguir con la siguiente pista del paradero de tu madre – dijo-; de un salto bajé de mi cómodo sueño, cuando la alpaca se disponía a alejarse, saqué de mi bolso uno de los panes, se lo brindé. Mi amiga estaba cansada y hambrienta por un largo viaje, la recibió con apaciguada mirada, se dio la vuelta y se alejó, ahí me quedé, sola en la cima de una montaña, me senté para comer algo y observar como el sol se colocaba en lo más alto de las nubes.

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Al cabo de unas horas, mientras caminaba, un ave enorme se posó al filo del camino, tenía un plumaje brillante, llevaba en su cuello algo como una bufanda blanca, al abrir sus alas dijo: -Aquí me tienes, al gran cóndor andino para cumplir con la misión de transportar a la guerrera a su próximo destino.- Subí al cóndor, volaba tan alto que podía ver a través de las nubes el agua clarita y nuestro reflejo, el viento era fuerte y acariciaba mi piel con suavidad, las montañas y accidentes geográficos que nos rodeaban, daban la impresión de una mujer acostada, era la maravilla de conocer aquel inefable territorio que me había visto crecer y seguiría viendo como una de sus hijas encuentra a su madre.

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espués de unos minutos de haber quedado maravillada de la mágica naturaleza, el ave daba las vueltas sobre una enorme ciudad, estaba arriba del lugar donde mamita había dicho que la sonrisa tenía un costo. El ave bajó y me dejó en un camino, que llevaba a una iglesia, dijo que esperara ahí para al fin encontrar al último mensajero que me llevaría con mamita. Antes de que el cóndor se alejara, saqué de mi bolso un poco del agua que había guardado, se la ofrecí, el ave se la termino todo y dijo que tenga suerte, y al alejarse de un solo vuelo lo podía ver desaparecer entre las nubes. Me quede viendo a todos los lados, no sabía a dónde ir y pronto oscurecería. Comencé a caminar, tenia frío y no tenía otro lugar que entrar en la iglesia; al pasar ese gran portón me encontré con el mismísimo Jesús, tenía sus manos sobre la cruz y sus ojos cerrados, caminé por el largo pasillo hasta llegar a los pies. Ahí ya en el altar me encontré con una fuente de agua cristalina, al acercarme vi la imagen de mamita, era tan bella y era reconfortante saber que su imagen era reproducida por aquella agua tan pura. A la mañana siguiente, salí de la iglesia apenas amaneciendo; al alejarme unos pocos metros, una tortuga cansada llegó, me dijo que estaba muy cerca,

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y que sola debería encontrar la siguiente pista. Hasta limpiar mis ojos y abrirlos de nuevo la tortuga desapareció, bajé una pequeña colina y mientras seguía mi camino me maravillaba de las enormes construcciones, luces y colores en la ciudad. Había caminado 20 minutos y me topé con un pequeño monito, el cual me dijo: Debes atravesar la ciudad, seguir el río y encontrar dónde está tu madre. Luego de mencionar estas palabras el mono se alejó sin darme oportunidad de brindarle algo de comida. Al fijarme, bajando mi cabeza, un paisaje se presentó a lo lejos, edificios el triple de enormes de

los que había visto. Me apresuré para llegar a ellos, de seguro sería ahí el centro de la ciudad y cerca de ahí el río pasaba debajo de grandes puentes de piedra, junto a parques enormes, pasaba escuchando el motor de la vida de la ciudad, la música que se escapaba de los audífonos de algunos apresurados; al llegar al centro de la ciudad, no sabía por dónde ir, se dividían cuatro caminos, me desesperé, me di por vencida, de pronto al alzar mi cabeza, un niño más pequeño que yo dijo que tenía frío y que le dé unas monedas para no morir de hambre. Viendo el camino para encontrar a mamita perdido, sostuve en mis brazos la bolsa de hilo y el poncho, al verlos muy bien y al despedirme de ellos como se debe, se los di al niño. Allí fue cuando me dijo que siga el camino derecho, al acercarme a verlo y al ver una luz muy clara resplandecer, estaba segura que era el correcto. Al ver si el niño seguía ahí, me di cuenta que no estaba, no tuve oportunidad de entregarle mis agradecimientos. Así seguí por fin el último camino para ver a mamita, gasté mis últimas fuerzas al correr por aquel camino, al estar cerca de una gran puerta que cubría al otro lado, un muro enorme cayó frente a mí, no resistí más la desesperación y comencé a llorar. En el momento que mi lágrima cayó de mi mejilla, empezó a volar, volviéndose parte de la lluvia que en ese instante apareció sobre mí, me quedé viendo al cielo, la luna y el sol se alinearon mostrando un paisaje y una oscuridad magnífica, un viento conmovedor me dio en la espalda, el muro se deshizo en mis manos como ceniza

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de hojas quemadas, el cóndor de plumaje elegante volvió a parecer y citó: a veces la fuerza no está en si somos valientes, la fuerza es el sentimiento que guardas en tu corazón, es la adrenalina de seguir y es la valentía de llorar, es gritar al mundo que no le tienes miedo, hoy te conviertes oficialmente en la guardiana de la fuerza, te bautizamos hoy como GUERRERA KALLARI2. Todo a mi alrededor se oscureció, estaba parada en la mitad de la nada, un viento helado me recorrió las piernas, me desmayé por un largo momento. Desperté al fin, me sentía segura y confiada, pero al abrir los ojos la oscuridad seguía. Al darme la vuelta, la luz de la vela calentaba mis pies, la puerta de madera del cuarto estaba entreabierta, al pensar con lo que me encontraría al otro lado, tenía un poco de miedo, pero vi a la mujer más hermosa, llevaba sus alpargatas y su vestido de flores. Era mamita, se dio la vuelta y dijo: -¿Qué haces, pequeña, despierta? Es hora de que duermas. Mañana es tu cumpleaños. En ese momento entendí que lo que viví, fue un sueño, el mismo sueño que me hizo entender que mi mejor regalo de cumpleaños es la verdadera guerrera kallari, mi madre.

2.- Kallari= ancestral

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Los sueños de Naila Relato Autor: Antonio Forns Monton Barcelona - España

Ilustración: Freddy Marcelo Peralta Parra Cuenca

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ntes de llegar a niña no recuerdo nada. Es como un telón oscuro. Desde que tengo siete años sí me doy cuenta de las cosas que pasan. Vivo con mi tío Bosco. Él sale todas las mañanas a pastar las vacas y no regresa hasta la noche. A veces se toma unas cervezas y son las vacas las que lo traen a él. Cuando lo veo de lejos salgo corriendo llena de alegría. Él me mira y me dice que está cansado y que cualquier día se va a morir. A mí me entristece eso, porque solo me queda mi tío Bosco en esta vida. —Tío, ¿dónde están mis papis? — le pregunté tirándole de las mangas. —Ya te lo he dicho quinientas veces, Naila. Se fueron para cruzar la frontera y ya nunca supimos nada de ellos — se agachó y me acarició la mejilla. —Tienes que acostumbrarte, en este mundo ya solo estamos tú y yo. No me lo creí. Estoy segura de que mi mami está en algún sitio trabajando y para que no la moleste se hace la desaparecida.

M

i vecino «Extrajero» también está solo. Dice la gente que perdió a su mujer y la estuvo buscando y que cuando llegó aquí se cansó y dejó de recorrer el mundo. Es muy callado pero simpático. Se sienta todas las mañanas en las escaleras de su casa a leer libros. —Vecino, ¿es verdad que vive solo? —le pregunté sentándome a su lado. Él levantó la cabeza y me sonrió mientras acariciaba mi pelo.

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—Sí. —Yo también vivo sola — resoplé con fastidio —. Como me aburro muchas veces me pongo a soñar despierta — él se acomodó de frente para oírme mejor: — Me imagino que tengo una balsa de tablones, y que bajo el río Tomebamba. La corriente es muy fuerte y tengo que sortear rocas y remolinos. Paso por un puente y veo a una mujer muy hermosa que me saluda. Yo estoy segura de que es mi mami. Entonces me arrimo a la orilla y salto de la balsa. La mujer corre hacia mí y nos abrazamos hasta que casi nos asfixiamos. Ella es muy guapa y tiene el pelo largo y castaño. Paseamos juntas cogidas de la mano y nos reímos de muchas cosas, entonces me estrecha entre sus brazos y me dice que es mi madre. ¡Por fin estoy con ella! Hace calor y las dos estamos muy bien juntas. Nos subimos a la balsa y continuamos río abajo para llegar a esa frontera donde está mi papi. Los malos nos persiguen, porque los malos no soportan que pasemos la frontera sin pagarles. Remamos las dos con fuerza y nos cuesta deshacernos de ellos, pero entonces nos atrapa una tormenta horrible, y justo cuando vamos a volcar me despierta la vecina llamándome para comer. —Qué fastidio, ¿no? —Pues sí —le contesté con la vista perdida—. Desde que me hice niña no puedo dejar de pensar. ¿Usted qué haría en mi lugar? —Creo que todos debemos perseguir lo que soñamos. Me levanté de sopetón. Tenía razón el vecino.

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Desde esa conversación bajé a Cuenca cada vez que tuve ocasión. Busqué por los parques y también en la catedral donde van muchas mujeres a rezar.

P

reguntaba por mi mami a toda la gente, pero nadie me hacía caso. Traté, entonces, de llamar la atención de otra manera. Me dio por robar en las tiendas. Lo hacía con poco disimulo, expresamente, y casi siempre me enganchaba el dueño y me arreaba un cachete o un puntapié. Yo muchas veces lloraba, pero me sentía bien porque por lo menos había alguien que se fijaba en mí. Prefería robar en las tiendas donde despachaban mujeres. Tenía la sensación de que así un día daría con mi madre. Una vez robé unos mangos y la dueña me sorprendió. Esperé la torta con los ojos cerrados. En vez de eso la mujer se agachó y me dijo: —Qué niña más guapa. Y me regaló un durazno bien jugoso. Pensé que aquello era una estrategia para obligarme a devolverle los mangos por la vía sentimental. Apreté contra mí la fruta, no quería devolverla y esperé el mamporro como hacen todas las madres con sus hijas cuando se ponen tercas. Pero ella me acarició el pelo y me dio un beso en la mejilla.

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No puedo explicar lo que sentí. Es difícil de expresarlo con palabras. Los sentimientos son así. A veces son tan profundos que las palabras no llegan para rescatarlos. Permanecí toda la mañana apostada enfrente de la tienda. La mujer salía a veces para tirar alguna basura y me saludaba con aquella sonrisa tierna. Nunca había sentido aquel calor. Nadie me había tratado así. Cuando volví a casa me encontré al vecino leyendo en la escalera. —Hoy casi me topé con mi sueño— le dije volviéndome a sentar a su lado. —¿Casi? —Casi. —A veces es mejor dejarlos correr. Creo que el vecino sí me había entendido. Lloré en su brazo hasta que las vacas trajeron a mi tío Bosco.

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Killlari y el Chusalongo Leyenda Autor: Isabella Tatiana Wellesley MartĂ­nez Paute

IlustraciĂłn: Santiago Isaac Flores Cordero Cuenca

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abía una vez, hace muchos años, en nuestro querido Paute, cuando no existía ninguno de nosotros, un cuy llamado Killari, que le encantaba pasearse por los cañaverales cerca del río Paute.

Un buen día se le apareció un zorro por el puente de Zhumir y le preguntó si quería ir a almorzar en su cueva, un plato sorpresa. Pero Killari, tan inteligente, le replicó: me encantaría! Pero tengo una cita con el Chusalongo. El zorro preguntó ¿qué es un Chusalongo? A lo que el cuy respondió: es un monstruo, con los ojos grandes y rojos, con una cola larga y dura como alambre y su plato favorito es zorro frito. Adiós, dijo el animal, y se metió en su madriguera, temeroso de ser comido. Killari, tan emocionado por haberse salvado de ser devorado, iba siguiendo la ruta de las guayabas. Cuando de pronto se encontró con un búho, que lo miraba detenidamente con la idea de devorarlo y le dice: hola cuycito, ¿cómo estás?. ¿Te gustaría almorzar en mi nido? Killari le responde rápidamente: ¡No, muchas gracias! Tengo una cita con el Chusalongo. El búho pregunta, ¿qué es un Chusalongo?. No sabes lo que es, respondió rápidamente nuestro amigo Killari. Es un monstruo con cachos y con muchos granos en su nariz y su bebida favorita es jugo de búho. Adiós dijo aquella ave, que voló lejos de aquel lugar.

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illari siguió su camino, pero esta vez decidió caminar por entre los cañaverales, pero cuál su mala suerte, se encuentra con la señora Culebra. Hola pequeño amigo, le dice la culebra a Killari, ¿te gustaría almorzar conmigo? Sería un honor que me acompañes y te aseguro que todo será rápido y sin dolor. Oooh, qué pena!, responde el cuy, tengo otros planes. Voy a comer con el Chusalongo. Zzzzzz dice aquel animal, ¿qué es un Chusalongo? No lo conoces responde Killari, es un monstruo con unas garras por manos y unos pies desfigurados y su plato favorito es locro de culebra. Me voy, me voy dijo aquel animal, tengo las ollas prendidaszzzzzz! adiós pequeño amigo.

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Killari estaba tan contento porque se había salvado tres veces de ser devorado por aquellos animales y se decía “Qué tontos, si supieran que no existe el Chusalongo!”. Cuando, de pronto, para la sorpresa de Killari ante sus ojos estaba parado un monstruo con los ojos grandes y rojos, con una cola larga y dura como alambre, con cachos y una nariz llena de granos, con garras y pies desfigurados. Killari preguntó asombrado, ¿quién eres tú? Yo soy el Chusalongo!, respondió y mi plato favorito es cuy asado. El pobre cuy empezó a sudar y le respondió. Tú no puedes comerme, porque los de mi raza somos dueños de este valle y si me comes una maldición recaerá sobre ti. Si deseas te lo puedo demostrar. Camina conmigo y verás como los animales me tienen miedo... Así hizo el Chusalongo, con la mayor de las incredulidades. Mientras iban caminando se encontraron con la culebra, que cuando ni bien les vio venir se fue arrastrando a lo más profundo de los cañaverales. ¡Te lo dije! replicó Killari, pero continuemos con nuestra caminata. Cruzaron así hacia el sendero de las guayabas, cuando se encontraron con el búho, quien no supo más que volar y volar alejándose a toda prisa. El Chusalongo empezó realmente a dudar y creer que Killari tenía la razón. Por último se encontró con el zorro que al verlo no supo más que correr y esconderse en su cueva. Killari miró al Chusalongo y le dijo: ¿Quieres ir a comer conmigo?, mi plato favorito es Chusalongo a la plancha, con mote y papa chaucha. Al escuchar la invitación, el Chusalongo corrió despavorido y desde entonces vive en la “Cabeza del Perro” y casi nunca sale, por miedo a Killari y su dieta. Desde entonces todos los animales de tan bello valle, respetaron a Killari y su familia.

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Los dos pegaditos de radio popular, mensajes musicales y avisos. relato Autor: Ronny EfraĂ­n Candela Hidalgo Cuenca

IlustraciĂłn: Juana Catalina Carrasco Vintimilla Cuenca

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sencialmente popular, sencillamente popular, sabrosamente popular, dentro de la ética profesional son algunas de las frases con las que se identificaba en los años 70, 80 y 90 a Radio Popular Independiente en su señal 1.230 kHz AM Y 4.800 KHz Onda Corta. Su dueño y fundador, ahora extinto, Mario Villavicencio Macías (conocido en el medio radial como “el Mono Villavicencio”, oriundo de la provincia de Manabí, específicamente de Junín), era un joven emprendedor que llegó a Cuenca en busca de desarrollo y prosperidad. A través de la emisora “La voz del Austro” Radio Popular lo logró, obteniendo reconocimiento no solo a nivel local sino nacional e internacional.

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ara cada momento especial en la vida de las personas la radio era el medio, el nexo, la unión entre los solitarios, emparejados, afligidos y festivos. Los comunicados iban y venían con textos llamativos a lugares lejanos, atractivos y bien remunerados avisos de empleo con buen ambiente, buen trato y beneficios de ley: solicitudes de guardián y empleadas domésticas, los partes mortuorios o invitaciones fúnebres para acompañar en la velación de difunto y las misas de honras en recuerdo del que partió, fiestas comunitarias y religiosas con extensos programas desde el repique de campanas, quema de la chamiza, baile de la vaca loca, quema del castillo, hasta el gran cierre con el baile popular, servicios sociales como solicitudes de pintas de sangre en el hospital Vicente Corral Moscoso y comunicados manifestando el alta para que los familiares retiren a quienes recuperaban su salud, y los famosos mensajes musicales con los “dos pegaditos” eran algunos de los motivos que el oyente tenía para escuchar la estación radial. Los azuayos aún recuerdan los identificadores que anunciaban “Usted escucha radio Popular, nuestra programación de hoy dedicada a llenar de

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amenidad el hogar, el trabajo, donde usted va, gracias por escucharnos y estimular así nuestra diaria labor, honor que nos obliga a continuar buscando los caminos de superación”. Todos estos anuncios en las voces graves que retumbaban los receptores de la época. Locutores que enamoraban al oyente, especialmente al público femenino, pero lo que más sobresalía en la paleta de programación definitivamente eran los famosos mensajes musicales o más conocidos como “los dos pegaditos de Radio Popular”, que se generaban desde la oficina central de la radio en los años 60, ubicada en la calle anteriormente llamada Vásquez De Noboa, actualmente Presidente Córdova 11-15 y General Torres, donde ahora está Importadora Humberto Valverde Pesantez, sector conocido como San Francisco, detrás del Mercado 10 de Agosto. Por las calles de la ciudad encontramos a uno de los locutores afamados de aquel tiempo, Efraín Altamirano, cuencano del barrio de San Sebastián, aficionado a la declamación. Con su voz envolvente y acentuada comenta que entró en un curso de radioteatro en la ciudad de Guayaquil, luego de trabajar un par de años en radio novelas regresó a Cuenca a trabajar en Radio Ondas Azules, actualmente Radio Splendit 1.040 am. Afirma que en ese entonces Ernesto Albán y su compañía presentó varias estampas de todo tipo, especialmente de humor político. Junto con Mario Villavicencio Macías le invitaron a formar parte del grupo de personajes que grabó la Pasión Cristo denominada “El mártir del Gólgota”, adaptada a la radio, la cual se convirtió en el hit de la Semana Santa. Él dobló tres papeles y recuerda que de Virgen María hizo Doña Osmara De León (+), española

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radicada en Cuenca, y Villavicencio de Caifás.

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Don Mario, luego de escucharle, le gustó la voz y estilo, se pusieron de acuerdo e ingresó a trabajar en Radio Popular con el control máster de Germán Escandón en 1958. Con cariño manifiesta que hacía el informativo al mediodía, Don Mario le ponía El Comercio, El Universo, El Telégrafo y El Mercurio y le decía: “hágase loco”, e iniciaba gustosamente a devorarse literalmente cada una de las secciones con su estruendosa voz. En aquel entonces manifiesta Efraín que todo era en vivo, las


cuñas, los avisos y los comunicados. Había que conocer toda la discoteca, organizada de manera alfabética, que los espacios radiales para los mensajes musicales eran abrumadores y peleadísimos, especialmente en las vísperas de santos en el tiempo de las Rosarios, Marujitas, Carmelitas, Merceditas, los Pepes (San José), San Miguel, San Pedro y San Pablo. Los más nombrados eran Santa Rosa y San Ramón a finales de Agosto. Las Rositas eran las santas más populares, se amontonaban los mensajes y el que menos contrataba sus 15 mensajes musicales, afirma Efraín, que comenzaban con las vísperas y culminaban casi dos meses después, era imposible complacer a todos el mismo día y que el costo de las 4 piezas musicales era de cinco sucres. Los temas más solicitados dependiendo del santo eran: La chicha de la santa, La santa y las amistades, Mercedes linda mercedes, Santa Rosa y San Ramón, La chicha de Rosita, Rosas y espinas, Las copas de Rosita, Viva Santa Rosa, Rosita ingrata, Que viva el santo, Tomemos y gocemos, Rosita encantadora, Rosita Rosita, Plato de cuy, Rascabonito, El mate a la puerca, Traguito bueno, Agua de guayusa, entre otros. Luego de varios días de búsqueda, encontramos en una tarde cuencana soleada, contraria a sus vientos gélidos, a Mauro Mejía, locutor de la década de 70 al 80, una voz madura, envolvente y con una excelente pronunciación, que recuerda una identificación de la emisora: “La radio difusión no se improvisa, radiodifusión es esfuerzo constante, pulimiento de años, capacidad e inteligencia, Radio Popular, clase A, desde Cuenca, relicario intelectual del Ecuador”. Mauro comentó emocionado que ingresó en reemplazo de Fernando Álvarez (+) también locutor de esa época, trabajó en el horario de las 18h00 y empezó una nueva era en la emisora más grande de ese tiempo. Detalla que sus auspiciantes eran Comercial Malo Moscoso, Bermeo Hnos. y Almacenes Créditos Populares; estas empresas privadas financiaban y dedicaban los mensajes musicales, por ejemplo: “Se felicita a la señora Judith Sotamba en Cumbe San Antonio por la compra de un hermoso radio marca Phillips”. Todos estos estilos de hacer publicidad en vivo impactaban. Con brillo en sus ojos aún recuerda un eslogan: “tarde o temprano su radioserá un Phillips”. Esto se quedaba en el corazón del radioescucha, ya que los mensajes eran para la gente del pueblo.

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esempolvando el baúl de los recuerdos, con voz entrecortada el famoso Mauro comenta que las personas que laboraban en empresas públicas o privadas, como bancos, enviaban mensajes tipo charadas para gente muy importante dentro de la sociedad cuencana, en horas laborables. Era lo más elegante y lo más práctico, todo de manera espontánea, salvo las viñetas con dedicatorias especiales con poemas en rima o en prosa. Los motivos eran diferentes por lo general en los cumpleaños de manera jocosa se dedicaban canciones picarescas, se molestaban entre ellos, exalta emocionado algunos títulos: El modesto, Chagra rico, La chinchosa, El ladrón, Maridito de oro, Casado arrepentido, El diablo anda suelto, La niña exigente, El polvorete, La borrachita, El Parrandero, Trisagio del soltero, Mantenido de mujeres, Tú ya no soplas, La pesetera, El tronco seco, Canchis canchis o Morocho sin sal para despedida de solteros, Perro sin dueño, La viuda alegre, La Carishina, El taita del guagua, Comisario municipal, Compadre péguese un trago, La chicha de la Santa, La Niña preguntona, La niña caprichosa, Pedazo de bandido, este último tema grabado en vivo por Fresia Saavedra, dedicado a su esposo Washo Murillo, padres de la actual cantante Hilda Murillo. Contrario a su postura de formalidad, sonriendo y con voz de picardía, Mauro dice que era conocido por hacer casar a las parejas, a quienes dedicaba las canciones a través de los dos pegaditos. Comenta que los pretextos nunca faltaban para contratar las parejitas de pegaditos de Radio Popular, con motivo de recibir las aguas bautismales, los sacramentos de la primera comunión, la confirmación, el matrimonio, agradecimientos religiosos, cumpleaños, onomásticos. En septiembre el motivo era la romería a las plantas de la Santísima Virgen del Cisne “la Churona”, con el fin de pasar la misa a la Virgen o al santo de devoción, en el mes de Diciembre la velación o misa del Divino Niño con temas relacionados como los villancicos, en el mes de Febrero los mensajes de carnaval con carnavaleros. Resalta que en cada periodo del año siempre había un motivo para disfrutar de los mensajes musicales. Aparte de las fechas claves, también se bailaba con los pegaditos

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cuando se inauguraba la casa y se realizaba la bendición con la colocación de la cruz en la cornisa. Los temas que más se colocaban para profesar amor o desamor eran relacionados con los artistas Claudio Vallejo, Noé Morales, Julio Jaramillo… canciones como Tendrás que recordarme, Linda traicionera, Devuélveme la vida, Felicitación, Nuestro juramento, entre otros. Recordando anécdotas Mauro explica: hacíamos los dos pegaditos pero con algo de jocosidad, con algo que pegue, algo que llegue a la gente, ahí surgió los dos pegaditos compendiado con un motivo por ejemplo: Supongamos que una chica se peleaba con su enamorado, entonces los dos pegaditos eran dedicados exclusivamente por ese motivo, como estaban enojados se dedicaban por títulos de canciones es decir si quería insultarle al enamorado se le ponía “El diablo anda suelto”, con “Pedazo de bandido”, hacian juego los dos, o si era lo contrario la pelea con la novia se dedicaba “La carishina” con “Mala entraña”. Jocosamente comenta que según las damas de esa época su voz era tan preciosa y preciada que todas lo querían conocer y al momento del encuentro con la diva se llevaban tremenda sorpresa, y le decían: “¿usted es? No ha de ser!”. Compara a la “Popular” con el Facebook, a través de “La Popular” todo se sabía, novios, enfermos, cumpleaños, fiestas, santos, cuando se compraban electrodomésticos, casas, vehículos o terrenos, también se daba a conocer a todos los que escuchaban la radio la felicidad que embargaba a la familia, normalmente se decía: “los perros, gatos y garabatos de los vecinos ya se dieron cuenta de la fiesta, así que doña… ponga más agüita en la olla o cacerola que vienen más comensales”. De la manera más amena y jocosa

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con lujo de detalles, el locutor tenía que impactar con sus comentarios en la dedicación que se la hacía cada dos canciones y por supuesto informando constantemente la hora. Orgullosamente Mauro Mejía resalta que le ganó al famoso locutor guayaquileño Armando Romero Rodas que tenía 20 amanecidas, que él tiene el record de 96 amanecidas consecutivas desde las 18h00 hasta las 06h00 que se colocaba el Rosario Familiar; comenzó en vísperas de celebrar a Santa Rosa un 30 de agosto, San Ramón, coincidieron con el viaje de los romeriantes al Cisne, los que venían de romería a Biblián y culminó el 6 de diciembre en las fiestas de la Inmaculada Concepción.


No contento con ello, faltaba el locutor de fin de semana, y en el dial, específicamente en radio Splendid, en horas de la mañana escuchamos el nombre de Hernán Ávila Gómez. que fue el locutor dominical de “La Popu” . Hicimos reminiscencias con él, nos recordó la voz sensual de Doña Manena de Villavicencio, actual gerente de la emisora y el spot que decía: “Nos identificamos con una sola palabra… Popular, para el más grande auditórium la más sencilla definición… Popular”, Hernán, quien trabajó entre los años 1987 al 2000, comenta que a través de los mensajes musicales se expresaban sentimientos de amor a la pareja en todas sus características, decepciones, separaciones, encuentros, traiciones, según el motivo se saludaba, a veces ocultando los nombres para que no se enteren los padres o cónyuge del amado o amada, enviaban los saludos a través de iniciales o seudónimos como: la malvada, la traicionera, corazón infiel, el picaflor, estrellita de la mañana, flor marchita, negrita consentida, el amor que aplastaste, de acuerdo a la causa o razón se colocaban los temas. Había también reservación de mensajes musicales especiales que dedicaban a los jóvenes que iban a cumplir con el servicio militar o para los que regresaban culminándolo, por lo general de parte de sus padres orgullosos o de sus novias entristecidas por su partida, canciones como: Me llaman al cuartel, Hombre de corazón, Paquisha, El conscripto ecuatoriano, Tomemos y gocemos, El cuartel, La vuelta de chagra, que eran los temas más solicitados. Sin duda alguna, la época que marcó la parejita de canciones de Radio Popular resultará inolvidable para quienes la vivieron. Era el motivo para la reunión de amigos, compañeros de

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trabajo, vecinos y familia, se fomentaba la solidaridad, se valoraba la minga, resaltaban los sacramentos eucarísticos, las celebraciones religiosas, el amor en todas sus expresiones, se apreciaba la música nacional, se resaltan los saludos picarescos que sacaban a más de uno una sonrisa gracias a la creatividad, improvisación y jocosidad del locutor, complementados con el extenso repertorio musical que les respaldaba.


El cambiamanos Historia de vida Autor: René Mauricio López García Chordelég

Ilustración: Ivis David Flies Pizarro Buenos Aires - Argentina

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ace no muchos años, en un pequeño pueblo llamado Ganzhun, perteneciente al cantón Gualaceo, vivía una familia de escasos recursos pero de corazón y sentimientos muy nobles, cuya actividad principal eran la agricultura y a la crianza de cuyes, borregos, unas cuantas gallinas y un par de vacas que eran utilizadas para las

siembras. A su pequeña vivienda, una parte de adobe y otra de tapial, se la podía apreciar luego de caminar desde la vía principal hasta llegar a la punta de una loma; desde allí se observaba el humo blanquecino que salía del fogón de leña y que se filtraba por entre las tejas, como haciendo una cálida invitación hacia tan bello lugar.

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n miércoles por la tarde del mes diciembre, cuando el sol ya estaba virando, Don Miguel, el cabeza de familia, llegó a su casa un tanto agitado y diciendo con voz fuerte: ¡Vieja, vieja!, ya vengo de hablar con el compadre Manuel, para que el viernes y el sábado hagamos el “cambiamanos”, porque la chacra ya está con mucha hierba y está comenzando a amarillar. La señora de la casa, que se llamaba Olimpia, con una gran sonrisa le contestó: ¡Que lindo viejito, entonces el viernes vamos a deshierbar donde nosotros y el sábado donde el compadre Manuel como quedamos, ahora mismo voy a moler la jora para hacer la chicha y vos que des pelando el maíz para mañana poner a cocinar con el poroto para hacer el mote pata, las huambras ya mismo han de llegar para que den pelando unos seis cuyes y una gallinita para el caldo. Por detrás del pasamanos de madera hecho por el propio Don Miguel, se aparecía el rostro vivaracho y sonriente de Raúl, un pequeño de ocho años, nieto de Don Miguel y Doña Olimpia, quien con mucha curiosidad preguntó: ¿Abuelito y qué es eso del cambiamanos? ¿Qué es una fiesta? ¿Por qué van preparar tanta comida?

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a lo que don Miguel con su tabaco en la mano y riéndose un poco, le responde: Si, hijo, el cambiamanos es como una fiesta, solo que primero nos reunimos con los vecinos aquí y luego nos toca ir donde el otro vecino para trabajar la tierra, y como estamos varias personas, el trabajo se vuelve más divertido porque nos reímos, conversamos, comemos bien, tomamos un traguito también y sobre todo nos ayudamos mutuamente. A lo que el pequeño Raúl contesta, -¡ah, ya entiendo! entonces primero ellos nos ayudan a nosotros y después les ayudamos a ellos y todos quedamos muy contentos. Así es hijo, así es,- le contestó Don Miguel. Ya el día jueves, todos estaban preparándose, cada quien con su encargo, para los trabajos del cambiamanos; la chicha estaba ya lista y en proceso de fermentación, el mote y el poroto estaban cocinándose, los más muchachos bajaban al río a recoger agua en los pomos, don Miguel preparaba las herramientas y rajaba un poco de leña para que cocinaran al siguiente día. El compadre Manuel con su esposa María hacían lo mismo en su humilde casa que estaba cerca de allí, pues donde ellos tocaba el día sábado para realizar las deshierbas y tendrían que atender de igual o mejor forma a los trabajadores. Por fin llegado el día viernes se escucha: ¡Vieja ya levántate!, ya está aclarando el día y hay que llevar a las vacas al rio, exclama Don Miguel, a lo que doña Olimpia sin perder el tiempo se levantó y empezaron a realizar las primeras actividades previo a tan esperada minga, con una escoba de retamas limpiaba el patio de tierra, mientras que las huambras llevaban a los borregos a pastarlos en la ladera, Don Miguel ya estaba bajando con las dos vacas hacia el río, y todo el mundo iba de aquí para allá.

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De a poco fueron llegando la gente. Entre hijos, nietos y vecinos de Don Miguel y del compadre Manuel sumaron once personas, sin contar con las cuatro mujeres que se encargarían de la comida, que luego del almuerzo se integrarían a los trabajos, y los guaguas que jugaban en el pequeño patio de tierra. A las siete y media en punto ya estaban todos listos con herramienta en mano para iniciar la deshierba. Un agradable aroma a café recién hecho con unas


tortillas de maíz, les daba la bienvenida y por supuesto una agüita de canela con punta para iniciar con gusto las labores de aquel día. Y así lo hicieron, entre anécdotas, chistes, risas y bromas se trabajaba sin pereza, unos con lampas y otros con azadones, unos cubiertos con chalina, otros con gorro y otros con sombrero, unos con zapatos y otros con botas, pero todos con la misma buena voluntad de ayudarse mutuamente, todos con una sonrisa en sus rostros, todos en esa pequeña fiesta de solidaridad y compañerismo. -¡Vieja ya traerás la fuerza!,- grita Don Miguel, mientras todos se toman un pequeño descanso de pie, y allí, en ese instante, reparten primero un buen jarro de chicha de jora, algo fermentada por cierto, y luego un medio vasito de alcohol artesanal con agua de canela bien dulce, como para retomar las fuerzas y continuar en el trabajo. -“La pampa se ve limpiecita y las hierbas sacadas se van secando con el sol”- dice Don Manuel.

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l medio día, ya un tanto cansados, escuchan la voz de Doña Olimpia: Miguel ya vengan al almuerzo, pero ya bajen ahorita porque ya está servido y se enfría. Todos contentos pero con mucha hambre, dejan sus herramientas justo en el lugar donde estaban parados, para irse a lavar las manos con el agua del pozo que había en ese entonces. Un buen plato de caldo de gallina y otro de mote pata con una presa de cuy, el ají hecho con la pepa del zambo, un buen jarro de chicha de jora y por si acaso no se llenaban, una bandeja de mote en el centro de la mesa. El compadre Manuel se levanta y dice: Comadre Olimpia, Ud. sí que cocina muy bien, todo está muy sabroso, por eso el compadre esta tan barrigón. Entre risas y más risas, se dejaba ver el ambiente familiar que se vivía en ese momento, el cariño y la amistad que existía entre los que estaban sentados alrededor de tan agradable banquete. Ya por la tarde luego del almuerzo, las cuatro mujeres se integran a las labores, el trabajo

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como que se vuelve un poco más duro a pesar de que están más personas ayudando, la llamada fuerza o sea el “traguito” se reparte más seguido y como es natural el dolor en la espalda aparece en varios de los trabajadores. Casi a las cinco y treinta de la tarde, Don Miguel salta de alegría diciendo: ¡Por fin acabamos!, muchas gracias a todos por ayudar, las chacras han quedado una belleza, Dios les pague”. “Vamos a la casa para que vayan merendando y tomemos un traguito más. Todos muy contentos por las labores cumplidas y aunque un tanto cansados colocan su herramienta al hombro para ir a la merienda. Ya todos en la casa mientras esperaban, Don Manuel se para y dice: No se olviden que mañana les espero en mi casa para desherbar lo mío, así que irán a descansar”,- en eso Don Miguel expresa: -“otra vez le agradezco a todos, y mañana estaremos prontito donde el compadre para hacer el cambiamanos, porque esto se trata de eso, de ayudarnos los unos a los otros, de apoyarnos mutuamente, por eso compadre Manuel mañana alistará un buen balde de chicha que todos estaremos allí. Y así se terminó el día, todos se retiraron a sus casas, cansados pero contentos por haber culminado la primera parte de los trabajos. Don Miguel y Doña Olimpia agradecidos con Dios y con la vida por las bendiciones recibidas. Y YO… extrañándoles a ellos, a “Miguel y Olimpia” mis queridos abuelitos, que ya no están en este mundo, de quienes aprendí tanto, y sigo aprendiendo, sobre todo el sentido de solidaridad y ayuda hacia los demás, el apoyo mutuo de este cambiamanos.

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El encantamiento de la campana Leyenda Autor: Luis Manuel Zhumi Lazo Azogues

Ilustraciรณn: Jorge Eduardo Delgado Padilla Cuenca

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Basado en varias versiones de mis antepasados.

a mayoría de las personas conocen que el Chuzalongo es un personaje andino de estatura pequeña (de ahí su nombre), con un pene u ombligo de descomunal largura y que lo lleva envuelto en su cuello. Cuentan que es el hijo de los cerros o de Mama Aguardona, producto de un incesto. Realizaba muchas maldades en especial con las guambras del campo que pastoreaban el ganado. Pero en esta ocasión no voy a referirme de cómo enamoraba a las muchachas y las llevaba para acostarse con ellas y luego matarlas, no, esta vez voy a referirme a uno de los episodios poco conocidos de este singular personaje del mal.

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Comentan que hace tiempos, los devotos de San Andrés de la parroquia Taday, viendo que las campanas de la iglesia central estaban ya deterioradas de tanto haberlas usado durante largos años, acordaron solicitar a sus habitantes colaboraciones de todo tipo y mandar a confeccionar unas nuevas y de mejor calidad, dignas de un centro parroquial. Lo más probable fue que las mandaron a confeccionar en Gualaceo, lugar que en aquella época poseía la fama de tener las mejores orfebrerías, en cuyas fábricas artesanales las hacían de bronce, oro, plata y otros metales, indispensables para que adquieran el sonido melodioso, tan propio de estas sonajas. Se encargó dos campanas, una grande y la otra de menor tamaño, esto para que emitan los dos sonidos tradicionales que se oyen al ser repicadas.

A

cabadas de confeccionar, llegó la noticia de que era tiempo de retiralas, ante tan esperado anuncio y rebosando de religiosidad, hubo muchos voluntarios en formar la comitiva para ir a traerlas. Eran tiempos en que aún no se contaba con carreteras y viajar del campo a la más cercana ciudad se tardaba

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entre un día y un día y medio. Se tenía que madrugar o si no llevar los alimentos para pasar la noche y regresar al siguiente día. Las personas que se nombraron para este viaje se reunieron con sus yuntas de toros, cada quien con su fiambre, y partieron por la ruta Taday - Guaraynag, Guaraynag Tomebamba, luego a Paute y de allí a Gualaceo. Los demás campesinos que se quedaron en espera del regreso de la delegación con las apreciadas joyas religiosas, calcularon el tiempo de retorno, tal vez dos días o más, y mandaron emisarios para que vean en donde se encontraban y así preparar el encuentro con los alimentos, bebidas y música. Efectivamente, cuando estaban cerca de la parroquia Guaraynag, prepararon todo y se encaminaron a encontrarse con sus compañeros; las acémilas iban cargadas con tinajas de chicha (la bebida tradicional), las papas con cuy, el mote, las habas tiernas cosechadas en Zhin, etc., alimentos típicos de nuestra zona. Y por supuesto el infaltable contrabando (aguardiente de las destilerías de Guaraynag) que al son de las canciones tocadas por los músicos del lugar, completaron la alegría, pues era día de fiesta.

A

l entrar en la tarde se encontraron en la planicie de Sarán de la comunidad deTampanchi, allí descansaron, dieron pasto a las yuntas. Las pesadas campanas fueron desamarradas de los yugos y puestas bocabajo con sumo cuidado y luego todos los pueblerinos armaron una pampamesa y comieron, bebieron acompañados de la

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música de flautas, redoblantes y más instrumentos andinos. En la euforia del encuentro bebieron la exquisita chicha y el trago que habían llevado en sus botellas de cristal forradas con el cuero seco del ganado. Se embriagaron hasta que llegó la noche y les cubrió con su toldo negro. La mayoría dormían por el efecto del alcohol, los que no estaban tan embriagados junto con las mujeres que no tomaron optaron por esperar el amanecer y también se quedaron dormidos, cansados por el trajinar del día, olvidándose de custodiar las reliquias religiosas. Sucedió, entonces, que aproximadamente a las 12 de la noche, una de las campanas, la más grande, se alzó por los aires de manera misteriosa y fue llevada


hasta la peña de Ventura que quedaba a unos cien metros de distancia del lugar donde dormían, posteriormente en medio de la oscuridad se observó que se alzó nuevamente y “voló” con dirección al cerro de Mesaloma, hasta el risco de Peñablanca. Los que lo vieron entre sueños y no pudieron hacer nada, contaron que se trató de un pequeño hombrecito con su miembro envuelto en su cuello, que se acomodó por debajo de la campana y la alzó como si no tuviera peso, y era el Chuzalongo, manifestaron. Se lamentaron por el descuido de no dejar las campanas boca arriba, que en estos casos requería disponerlas de esta manera y así no podía ningún ser maligno cargarlas. Pero ya era demasiado tarde el recordar este consejo. Lo cierto es que en el peñón de Peñablanca quedó la campana, encantada por el Chuzalongo, y nadie fue a buscarla por miedo a lo que contaron. Temerosos y entristecidos por lo ocurrido, siguieron su camino a la parroquia con la única que no pudo ser llevada. De seguro, para compensar la pérdida, los devotos debieron hacer otro esfuerzo y mandar a confeccionar otra de similares características… Después de algunos años, cierto día de un verano lejano, cuando el sol estaba en su mayor esplendor, un vecino de la comunidad de Tampanchi quiso aprovechar la hermosa tarde que se aproximaba, yendo a recoger leña para usarla en el fogón de su casa. Entonces se dirigió al pie del mismo Peñablanca, ahí hizo un montón de leña y como no llevó la soga, se adentró en el matorral en busca de una planta llamada bejuco, especie de enredadera silvestre, que serviría como instrumento para cargar la leña. En la espesura del monte observó muchos bejucos, haló el primero y se rompió, luego otro y otro e igual se rompieron. Siguió buscando hasta que encontró uno colgado en un árbol apegado a las rocas de la peña, lo haló y no se rompió, nuevamente lo haló con mayor esfuerzo y se resistía a arrancarse, en un nuevo intento lo sacudió con mayor fuerza con la esperanza de que se desprendiera de las ramas del árbol… “Talán” fue el sonido

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ensordecedor que se desprendió de las ramas del vegetal, no tuvo tiempo para realizar otro intento porque de inmediato se oscureció la tarde, del cielo se precipitaron truenos y relámpagos acompañados de un fuerte aguacero que hizo que el pobre anciano suelte el bejuco y corra presuroso ladera abajo como si le persiguiera el mismísimo demonio. Los latidos de su corazón se aceleraron, sus pies se volvieron ligeros como si no tocaran el suelo y la cabeza parecía agrandarse. No paró hasta llegar cerca de su casa. Sorprendido se dio en cuenta que todo estaba tranquilo y el sol proseguía su curso, con sus rayos esplendorosos seguía calentando a la madre naturaleza. Parecía despertarse de un sueño o una visión, le dolía un poco la cabeza y tenía mareos. En estos trances estaba, cuando observó con gran asombro que desde la roca de Peñablanca se alzó un objeto que brillaba intensamente. Fueron segundos que dejó de centellear, lo que le permitió percatarse que tenía la forma de campana y que de su badajo se sujetaba un gran bejuco que se movía y a cada espacio de tiempo iba sonando un “talán” “talán” “talán”, no supo cuántas veces sonó hasta perderse sobre el cerro Allcuquiro, con dirección al Oriente. Cuentan que nuestro vecino ciertamente había tomado como bejuco el miembro largo del Chuzalongo, que en esa tarde estaba enredado en su tesoro y dormía plácidamente y que al halarlo la campana encantada sonó y como este ser de los cerros es parte del diablo, protegió su reliquia robada con truenos, relámpagos y lluvia. Al contar a sus familiares y vecinos, le aconsejaron tardíamente que hubiera de haber halado hasta tres veces para que la campana se desencantara y su guardián huyera despavorido. Más el temor a lo sobrenatural le impidió reaccionar de esta manera. Luego hubo muchos rumores; entre ellos decían que todos los tesoros robados por los seres malignos que habitan las quebradas, los cerros, las peñas, etc., son llevados hacia el Oriente y depositados o guardados en la encantada y perdida ciudad de Logroño, ayuntamiento que no se sabe dónde se encuentra y que los pocos que han visto explican que está llena de miles de tesoros, y se encuentra protegida por duendes, chuzalongos, zhiros y demás amigos del mal. Ahí dicen que también reposa la que hubiera sido una magnífica campana de la iglesia central de la parroquia de San Andrés de Taday.

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Leyenda del Shiro Leyenda Autor: Daniel Salvador Cáceres Yanza Méndez

Ilustración: José Antonio Cardoso Aguilar Cuenca

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raíz de la formación del caserío llamado Méndez, ubicado a unos tres días a pie de la población de El Pan, perteneciente a la provincia del Azuay, hacia el Este, varias personas se aventuraban a cruzar la cordillera central y adentrarse a la selva inhóspita. La gente caminaba por un pequeño sendero sobre piedras resbalosas o camino fangoso que hacían los animales vacunos que traían los arrieros. Sobre el lomo de los vacunos iba la carga de provisiones primero, luego los mulares que también transportaban los alimentos, a eso se sumaban los torrenciales aguaceros y el mal tiempo con una espesa neblina. Los moradores de las poblaciones de El Pan y Sevilla de Oro, parte austral de la serranía ecuatoriana, sentían especial interés por aquel poblado incrustado en mitad de la selva. Viajaban a veces en grupo, acompañados de la ilusión del oro al mismo estilo europeo en tiempos de la primera colonización de América. Se contaba, a contraposición del imaginario dorado, la espeluznante aparición de unos monstruos salvajes en los solitarios caminos de la vía Cerro NegroMéndez con los raros nombres de Chuza Longo, y también El Shiro.

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e decía del Chuza Longo, que era un ser pequeño, extremadamente ágil, el cuerpo y la cara cubierto de pelaje negro, con una fuerza increíble para su estatura, y su forma de ataque consistía en hacer cosquillas al humano para que perdiera sus fuerzas de manera incontrolada. La corpulencia del Shiro, en cambio, era tan impresionante que al momento de alzar los enormes brazos dejaba ver su intimidad, y si la víctima era del sexo opuesto la cargaba hasta su cueva, y si era del mismo sexo le daba el abrazo

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de la muerte, abrazo que trituraba los huesos, y en señal de triunfo daba un grito infernal que se oía a kilómetros de distancia. Uno de los solitarios viajeros era el sacerdote salesiano Padre Alvino del Curto. En una de las salidas desde Méndez le sucedió algo insólito. En aquella ocasión no montaba su hermosa muía, pero siempre cargaba una mochila en su viaje para las gestiones ante los superiores. Había caminado desde la misión de Cuchanza algo más de medio día. Mientras descansaba sobre una gran piedra, oyó ruidos extraños en la selva, muy cerca de él, con mucha curiosidad se puso de pie y cargando su mochila se dispuso a continuar la caminata. En ese momento hizo su aparición un enorme animal negro, cubierto de pelaje largo en la cabeza y brazos, con una figura parecida a la de un gorila. Aseguraban haberlo visto alguna vez y lo llamaban Indio del monte, unos, y otros el Shiro. El Reverendo se quedó perplejo y lo que alcanzó a pronunciar fue Jesús, José y María, y de inmediato emprendió la carrera cuesta arriba. Cuando estaba distante regresó la vista atrás y miró como ese animal había tomado el sombrero con sus manos y trataba de colocarse en las diferentes partes del cuerpo, pero el sombrero siempre caía al suelo. Entonces el buen hombre aprovechó para correr más y más, hasta perderse en los vericuetos del camino. El sacerdote perdió la noción del tiempo, agitado y con la respiración acelerada decidió tomar un descanso muy corto; fue entonces cuando se dio cuenta que el animal le perseguía y estaba muy cerca. Se encomendó a Dios y continuó trotando, le faltaba el aire, aceleró todo

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lo que pudo pero el extraño animal olfateaba el rastro y en menos de lo que canta un gallo el Sacerdote y la bestia estaban frente a frente. El ruido que emitía la bestia era infernal, nunca lo había escuchado antes, y estaba a punto de darse un encuentro cuerpo a cuerpo.

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l Padrecito, llevado de la desesperación, tiró su mochila con fuerza hacia el monstruo, quien se apoderó de inmediato y trató de abrirla, luego trató de colocársela en el espalda pero la mochila se había destruido y no servía para cargarla. A rastras intentaba llegar a la cumbre para luego correr cuesta abajo, pero el animal le pisaba los talones. La mente se le iluminó al Sacerdote y entre sí se dijo: Me sacaré la camisa para ofrecerla al monstruo, y así lo hizo con ligereza. De esta manera, mientras el animal se entretenía con la camisa, el Salesiano pudo llegar a la cumbre; allí el viento soplaba, su cuerpo tiritaba de frío. Para sorpresa de él, el animal estaba a punto de agarrarle con la camisa colocada en un solo brazo, parecía que su gusto por la ropa era verdad. El Sacerdote se dio modos para enfrentarse al animal y con movimientos rápidos se puso tras una roca que sirvió por un momento para mantener la distancia. La situación era de vida o muerte y un último recurso se le vino a la mente, aprovechó ese instante para sacarse los pantalones y las botas, los tiró por el suelo y echó a correr por entre las filosas piedras. El feroz animal tomó para sí los pantalones, y comenzó a colocarse pero le fue imposible: se ponía la una manga y la otra no, intentó repetidas veces el animal y no consiguió, el hombre de Dios había desaparecido en la

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penumbra, las luces de los candiles se veían a la distancia. La noche tiritaba junto con las estrellas y el firmamento estaba limpio de nubes. Muy por la mañana, una señora campesina se aprestaba a dar la hierba a la yunta de toros aradores; para sorpresa de ella, ¡de la parva asomó una cabeza con el rostro barbado!, y su boca explicó el motivo por el que no podía salir de ese singular escondite. Era el padre Alvino del Curto. ¡Estaba completamente desnudo! La señora comprendió la bochornosa situación. Luego de caminar toda la noche el curita había tenido que esconderse allí. La señora le ofreció la ropa de su esposo para que se vistiera. El sacerdote bendijo a la mujer y desapareció por los chaquiñanes rumbo a la capilla del poblado de El Pan. Cuando el sacerdote regresó a Méndez contó su anécdota e indicó el lugar cerca del río donde había salido el extraño animal, y desde entonces el río de peñascos verticales y aguas claras se le llama con propiedad río Shiro. Las situaciones difíciles se hacen presentes en el momento menos esperado, y el ser humano debe tener la valentía de sobrellevarlas. Siempre hay una solución, solamente hay que saber encontrarla.

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El picaflor solitario Relato Autor: Jeampiere de Jesús Mora González Saraguro

Ilustración: Stalyn Fernando Quito Tenelanda Cuenca

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rase una vez un picaflor solitario que era muy feliz en un hermoso lugar donde había mucha vegetación, y un buen día se acabó la vegetación y el colibrí ya no tenía nada que comer; solo había ramas secas, ya no florecían los árboles, el sol quemaba fuerte y la lluvia se había ausentado, las vertientes no tenían ni una gota de agua , de las cascadas en vez de agua parecían caer unas cuantas lágrimas muy lentamente, y solo muy solo se quedó el picaflor. Unas aves habían emigrado en busca de comida y otras no resistieron el inmenso verano, la contaminación de las aguas y la abundante basura que con el viento iba de un lugar a otro; allí murieron hasta los peces y todos los seres que bebían de esa agua contaminada.

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ntonces el pobre colibrí, encontrándose muy solo, voló a la orilla de una playa donde se encontró con una palmera, y se posó sobre ella, con la únicacompañía de un triste atardecer; solo el frío viento soplaba y soplaba, las nubes se ponían grises y el sol ya se ocultaba. Entonces se asomó la negra noche, el pobre picaflor ya no resistió más el hambre, el frío. Su cuerpo se fue enfriando y se desvanecieron sus fuerzas, y el pobrecito se quedó muerto. Al amanecer del día siguiente la lluvia había decidido visitar aquel lugar, era tan fuerte que arrastró aquella palmera donde se posó por última vez el colibrí, cuando de pronto se orilló y entre las ramas secas aún seguía su cuerpo; con

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la sola presencia de las lluvias, el aroma de las flores que con sus variados colores se confundían con los del Arco Iris, cuando de pronto apareció una bella princesa vestida con un hermoso vestido verde, sacó un polvillo mágico de su bolso elaborado de finas hojas y sopló sobre el cuerpecito del diminuto colibrí; entonces abrió sus pequeños y tiernos ojitos y vio a tan linda mujer que le volvió a la vida, voló muy alto en el cielo azul, aleteando y moviendo sus alitas muy rápidamente, y pudo ver que todos los campos se volvieron verdes y productivos; el hombre había dejado de talar los árboles y destruir la naturaleza, y ya no existía contaminación; en verdad que era un nuevo amanecer. Entonces habló la niña y se presentó: Me llamo Naturaleza y estoy muy feliz que el ser humano haya hecho conciencia de todo el daño que causa al destruir la naturaleza y el medio ambiente. Mira, tus amigos han regresado a casa, hay muchas flores y mis campos están muy verdes. Ve por todo el mundo, vuela lo más lejos que puedas y disfruta de este bello paraíso que es para ti y para todo ser vivo. Yo los quiero mucho y quiero que siempre me cuiden y me protejan; así seremos muy fuertes, sanos y nunca nos faltará el agua y un aire puro para respirar.

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El mishqui de taita Nacho Historia de vida Autor: Vilma Isabel Pañi Damian Cuenca

Ilustración: Freddy Mauricio Carrasco Chaca Cuenca

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-Buenos días mama. - Buenos días taita. - Oiga…, ya mueva a tomar café. - Dios le pague hija, ya voy. -Vea que bueno es Dios con nosotros mama, ha amanecido lloviendo. Con estas agüitas nuestras sementeras sí van a producir. - Sí oiga, desde la madrugada está lloviendo, yo rezaba a Diosito para que mande las aguas y sí me ha escuchado vea. Pero bueno, mejor comamos ligero porque tenemos tantas cosas que hacer. - Mama también… el día apenas empieza, hay tiempo para todo. - Sí taita, pero igual le voy a decir lo que tiene que hacer más lueguito. Verá, saca a los guagras de la picota y les va a dejar en la pampa, yo ya dejé dos buenas estacas donde tiene que amarrarles, para que coman parejito. Ah, también tiene que llevar una brazada de calcha, de pronto el llano verde les cansa. Oiga, y no se olvidará de llevar el balde y el raspador, Ud. ya sabe para qué. Yo voy a llevarme a los borregos a la banda, ahí que coman asentadito el llano. De paso, corto la hierba que ya quiere ganar a las chacritas. Cierto, taita, me voy a llevar las tiras que Ud. alistó para el huerto. No ve que con estas agüitas las venas de porotos van a arrastrarse en el suelo… con los palos que les ponga van a estar bien paradas. -¿No quiere que le vaya a ayudar? -No taita, Ud. vaya a ver lo otro, ya sabe que si no saca a la fecha se daña. -Eso sí hija…

E

l llano verde todavía abrazaba a las últimas gotas de lluvia, que incrustadas en sus hojas brillaban como una rala mina de diamantes, indefensos diamantes que irían a refrescar el insaciable estómago de un toro negro y de otro pinto. Taita Nacho hizo todo lo que su mujer le dijo y emprendió su segunda y más larga tarea, ascender a la montaña de Lino. Pasó por la jovial quebrada, repleta de eucaliptos tiernos, jóvenes y viejos. Adornada por enormes helechos y pintorescos alisos. Matizada por los colores blanco, rosa y el lila de las sachas margaritas, que por vanidad viven cerca del riachuelo, para en su diáfano espejo verse día y noche. Del ritmo de este lugar se

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encargan las bandadas de los grises pájaros, el amarillo de los chugos, el tomate del pico y patas de los mirlos y a veces el croar de los sapos o los silbidos de las lagartijas. Las que también pintan el lugar, son las clásicas mariposas tomates, las singulares blancas y las contadas amarillas…

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ejando atrás este cuadro familiar, don Nacho vio su estrecho camino, atiborrado por un millar de minúsculas piedras de tonos grises, rosas, verdes y escasas blancas. En ese instante, los últimos rastros de la humedad aprovecharon para juguetear muy cerca de su nariz. Las gotas de rocío, tremendamente coquetas se deslizaron por las hojas de los alisos. De pronto algo llamó su atención, en las alturas un intrépido vendaval se ensañó con unas hojas de eucalipto y sus íntimos coquitos secos, a quienes propuso un viaje fugaz, que partía de la copa del árbol y cuyo destino final era el colchón del musgo. Espectacular viaje para toda la naturaleza, que absorta miraba: el viento aceleró sus turbinas; las hojas y los coquitos, llenos de libertad bailaron como remolinos e hicieron extravagantes piruetas. Feliz y loco viaje, duró poco. Ahora, en el musgo descansan felices. Don Nacho asciende y el camino se vuelve más estrecho. Las chilcas estiran sus brazos para tocar al visitante conocido, las retamas muy erguidas de reojo lo miran, las moras intentan flecharlo con sus espinas, la paja escurridiza se esconde tras un matorral. Taita Nacho tiene tanto por recorrer y apenas está en la mitad.

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El cansancio de sus ocho décadas y algo más le dicen que debe descansar. Un poco fatigado, se sienta en una peña seca, cerca de un huicundo. Se saca su sombrero mostaza, lo deposita a su lado. Su grande mano se va al bolsillo, con lentitud extrae un pedazo cuadrado de tela. Es nada más y nada menos que su pañuelo negro con filos rojos, solo que bien doblado. Con éste se limpia el sudor de la frente… Mientras reposa, pierde su mirada en las pampas lejanas, y expresa: Viene bien la sementera. Este panorama es borrado por un incansable chipo, el cual cae preso en sus dedos. Los tiernos ojos del viajero lo miran fijo y le dice: Ojalá mi pierna saltara como vos. No muy lejos de él, un caracolito sube por un penco blanco; le queda mirando y añade: Pobre animalito, camina más lento que yo. Luego, con


la mirada busca a un entrañable amigo, un bastón natural, y para esta ocasión sus ojos han preferido un no muy largo palo de aliso; éste dará vigor a la floja pierna derecha y abrirá paso a los montes que en el camino se atraviesen. “Don Nachito”, como le dicen los que le quieren, es el hombre más calmado del pueblo de Bellavista. Nada lo perturba, nada lo altera. Será que dicha serenidad aparece con los años y como él tiene 85 está repleto de ella. No, definitivamente no. Él fue calmo desde que era niño, hasta que entró en la milicia, hasta cuando falleció su primera esposa y hasta cuando contrajo segundas nupcias con Rosa. El sosiego de su rostro se ve adornado por abundantes venas de experiencia, su mirada caída rebosa una constante alegría infantil, la raleza de su cabellera castaña no demora en exhibir una radiante corona de canas. Sus finos labios nunca se cansan de mostrar una sonrisa juvenil ni se avergüenzan de mostrar sus escasos dientes… Don Nacho, don Nacho… especialista en fabricar bayetas en el telar, idóneo para construir casas de barro, de ojos místicos para escoger la mejor semilla para el surco, fiel y paciente artesano para trasformar al aliso en yugo o en arado, entrañables amigos de las jornadas de siembra en las anchas pampas negras. Pese a la fatiga de su edad, él no se cansa de trabajar. Yo siempre tengo algo que hacer, si no es coger leña, es arar, desherbar, coger hierba, pastar a los guagras, pelar la pepa o escoger la semilla. Y si no tengo qué hacer me invento, pero de que hago algo hago, mis finados papacitos desde chico me enseñaron a trabajar, a ayudar, a hacer… a no enseñar al cuerpo a ser vago. Para su segundo recorrido, taita Nacho, se suma a la fiesta de los pájaros. Empieza a entonar sus conocidos silbidos, donde no falta su canción predilecta:

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“Ojos negros de mi zamba, Ojos negros de mi zamba… Que me hacen llorar”. El ritmo de su música no se detiene por nada, ni por la asustada lagartija con la que tropieza ni por el perplejo sapo que lo mira, peor aún por el roce de un cauto jilguero. Lo que sí lo detiene, es el escondido poleo. Frente a éste se para, toma tres ramas, a la primera la guarda en el bolsillo de su chompa azul, a las otras debajo de su sombrero «para que no dé malaire», señala. El sol, espléndido y lento se levanta por la cima de las montañas, su luminosidad empieza a desvanecer a las fieles nubes que lo acompañan. El vigor de sus hebras de oro, baja vehemente hacia la húmeda piel del bosque, que ansiosa aguarda a esta hora para calentarse el alma… Don Nacho ve al sol y se siente flojo -no he madrugado tanto, el sol me ha ganado-, se dice. Pese a ello, el sol se vuelve su lámpara para aclarar su camino hacia el gigante de la cima, su penco añorado, que yace oculto en la loma del Lino, entre enormes eucaliptos y jóvenes pinos; a sus pies centenares de chilcas lo aguardan, de su seguridad las altas y filosas moras se encargan, para ello un alto cerco han tejido. Lo que todos ellos no saben es que taita Nacho tiene un sexto sentido para descubrir el pulcre de los pencos e inventa mil formas para llegar hacia él. Porque desde que sus rasgados ojos vieron al gigante de la colina, comenzó a meditar en cómo se encontrarían. Desde la terraza de su casa, mientras pelaba la pepa de zambo, miraba a la cima y decía «ya falta poco».

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asta que llegó el día… Fue un sábado, a eso de las 10 de la mañana, después de tomar café, ayudar a Rosa y alistar a los guagras. Tomó su corto y filudo machete, un balde chico y una cucharita de forma grande, el raspador. Con ahínco pero sin prisa ascendió por la conocida montaña y en menos de lo esperado llegó al lugar de su penco añorado. Ahí estaba, enorme, vigoroso, sereno, jovial, en sí un conjunto de esplendor natural para los ojos de Don Nacho, que se dieron por satisfechos. No se había equivocado, su árbol estaba listo para destilar. Con toda la tranquilidad del mundo dio inicio a la labor. Comenzó por podar

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donde brotaron finas hebras del líquido. En los primeros días de aparición son débiles hebras de agua, con el paso de los días y el raspado después de cada sacada, la cantidad del mishqui se acrecienta; este penco apenas tiene dos semanas, le queda alrededor de un mes y medio para dar mishqui. Para terminar con el proceso, don Nacho transforma a una de las hojas en un tapón para que cubra la perforación hecha, es decir proteja a la fuente del mishqui de pequeños insectos, moscos o basuras. las gruesas hojas del asiento, cada una era muy carnosa y se desgajaba con un mar de lágrimas. Los ojos de taita Nacho también se enternecían -ve el penquito como llora, es que podar siempre duele- dijo. La tarea del deshojamiento terminó cuando su ancestral sentido le dijo que ya estaba cerca del anhelado tambor, o sea la parte del tronco de donde emana el mishqui. Entonces rápidamente de su bolsillo sacó su raspador, comenzó a raspar en forma circular, con mucho cuidado de no tocar la cáscara del penco que es picosa. Tras minutos de raspar en circunferencia, en el penco se veía un hoyo pequeño, de

Desde ese entonces, el anciano del pueblo de Bellavista sube a la montaña de Lino a primeras horas de la mañana, si es preferible ganándole al sol y también en la tarde antes que el sol se oculte, para que su luz alumbre a sus cafés ojos. En ese crepúsculo, se ve este cuadro: una sombra alta, corpulenta y algo encorvada, se mueve a pasos largos y lentos, los brazos descansan en la espalda, las manos gruesas se entrelazan sosteniendo un balde pequeño. La silueta penetra en el bosque, sube por el camino pedroso, pasa por una peña, se pierde en el horizonte repleto de eucaliptos para después de un largo rato volver a salir diminuta en la cima de la montaña. Ahí se detiene, se agacha un poco, mueve una hoja del penco y la deposita a un lado. Con un vasito de plástico comienza a sacar el líquido, que hoy llega al medio litro, según la señal del balde de loza. Después de obtener el mishqui, don Nacho saca el raspador de su bolsillo y comienza a raspar alrededor de todo el hoyo, lo hace tres veces, y finalmente lo cubre con la tapa hasta el siguiente día… -Apure taita, verá que ya mismo vienen los guambras. - Ya hija, ya está todo listo. El mote ya mismo está para cernir. Oiga ¿y el caldo?

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- Solo pico el perejil y está listo. Oiga ¿a qué hora eran de venir los guambras? - No sé mama, dijeron para almorzar con nosotros. Aguardemos a ver qué pasa, mientras tanto yo voy a seguir moviendo el mishqui. - ¿Ya le puso la harina? - Hace rato hija. Mejor vaya a dar trayendo una rama de sachanís para poner al final. - Por aquí tenía unas…ya le doy. Es domingo, en casa de los abuelos Nacho y Rosa, el humo de la chimenea no para de salir. Se debe a que sus dos hijos, Francisco y Benjamín, junto a sus esposas Ana y Juanita y a sus cuatro nietos, dos de cada uno: Diego, Felipe, Pablo y Anabel, vendrán a visitarlos. Por dicha razón la abuela, había buscado los mejores cuyes y la mejor gallina para recibirlos como se debe. En cambio el abuelo, como gustaba de almacenar leña de eucalipto, ciprés, sauce o de lo que fuera, se encargó de cocinar mote y porotos. Pero como esta vez había descubierto el penco de oro, había almacenado pulcre de dos días para preparar una colada de mishqui con harina de maíz, una receta que heredó de Matilde, su madre, quien la preparaba cuando él era niño. Para que la colada sea más rica su madre les mandaba a coger capulíes de las pampas, ellos se esmeraban en coger los más negros y traían sus pequeñas canastas repletas. Doña Matilde, sonreía al ver el afán de sus hijos para que quede bien la colada; por eso la cocinaba con más dulzura y dedicación en una olla grande para que la yapa no falte. Por esa razón, don Nachito se esmeró en aprender cada detalle de lo que su madre hacía, en preguntar cómo y cuándo estaba listo un penco para dar pulcre, a lo que doña Matilde respondía: “Cuando está soberano como un rey, el penco está listo”, desde ahí guardó cada consejo de ella y aprendió la labor de “descubrir y sacar el mishqui”. En honor a ello, cada vez que hay un penco en estado, taita Nacho se esmera en hacer y compartir la colada de mishqui con sus hijos, a quienes les gusta mucho. A sus pequeños nietos les parece extraño y picante pero sabroso; en cambio sus nueras dicen que es bueno para los huesos y que ya es hora de que les enseñe a encontrar «la bebida sagrada»…

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El camino Historia de vida Autor: Cristina Paola Carpio Guartambel Cuenca

Ilustraciรณn: Diana Dolores Valencia Andrade Cuenca

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a movilización ha sido una actividad innata del ser humano, de los hombres y mujeres que han emprendido estas travesías hay historias increíbles, llenas de aventura, unión y lucha. Antes de la invasión de la movilización motorizada, había grupos que emprendían largos viajes a pie, entre esas historias se encuentra el viaje de 7 lomas desde la parroquia Cumbe del Azuay hacia las tropicales tierras de la provincia del Guayas. En la comunidad no existe la individualidad si de emprender una caminata hacia otras tierras se trata, la organización es crucial pues el camino no será fácil, el grupo de viajeros estaría conformado alrededor de 10 a 20 personas, entre experimentados hombres del camino, comerciantes, aventureros o simplemente acompañantes que iniciarán el conocimiento ancestral de las rutas incaicas.

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e reúne la familia y amigos a preparar el “tulo” de mote, cuy y papas alimentos que servirán en los primeros días de caminata, también se embarca alimentos andinos como máchica, habas secas y otras especies de granos para cuando el camino se torne hostil, y cómo no olvidar el “trago” aquel aguardiente que amortigua el soroche y cura las heridas. Con sus alimentos listos, y con su vestimenta conformada por zamarros, botas de caucho, un poncho rojo y prendas de lana, lleva en sus alforjas una muda de ropa más ligera para la Costa. Es madrugada, y al dar los primeros pasos la nostalgia embarga su mente, pues está presente la esperanza y valentía de volver a mirar a sus seres queridos. Tiempo después, distancia lejana, en el grupo se apodera un ambiente de camaradería en donde empieza el intercambio de saberes, historias y consejos que perdurará toda la travesía, paso a paso, integrante por integrante. ¡Ha iniciado el camino, no hay vuelta atrás! A pasos rápidos, de pronto el tiempo pone al hombre en contacto con la naturaleza, ahora solo son los dos, entonces se hace presente la organización, va liderando una persona en cada tramo abriendo nuevas rutas o

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simplemente siguiendo el empedrado Camino del Inca. Entre charlas cortas y largas, se avecina el primer reto o dificultad, el ascenso a la montaña, salvaguardar la fuerza física y mental será la primera enseñanza de los más experimentados a los novatos, se pedirá permiso a la montaña para que no dé el “soroche” y se beberá el agua de sus fuentes pues la montaña no destruirá lo que es parte de ella. Ante sus ojos el espectáculo más maravilloso que la vida puede otorgar, la unión entre dos mundos, el ayer y el hoy. El sol empieza a iluminar el camino del viajero y con ello alimentará su memoria con una realidad no ordinaria de paisajes de inmensidad y tonalidades inexplicables, flores coloridas, insectos complejos además empezarán a caminar ante la mirada de aves, conejos, tigrillos, venados, zorrillos, zorros, lobos, raposos y otros animalitos que solo el viajero ha podido admirar. Hay que dar un espacio al descanso e inicio al festival de sabores, habrá que sacar el “mote con cuysito”; es un tiempo sagrado pero no hay que tardar porque es en el día donde más se debe avanzar. Inicia el anochecer y aún lo pies siguen su rumbo, el líder tomará la decisión de proteger a todo el grupo y elegirá un lugar entre la espesa vegetación para esconderse de los peligrosos animales y malhechores; además es el espacio adecuado para impartir la sabiduría de supervivencia y unión en caso de ser atacados. Ha llegado la hora de descansar pero antes un “traguito” será de tomar para el frío aguantar.

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La belleza de aquel momento no se hace esperar, pues a nuestros protagonistas les cobija un manto estelar, y aullidos que seguramente a los más jóvenes asustarán. Entre la obscuridad se empiezan a despertar, tras haber avanzado miles de kilómetros el clima y la vegetación empiezan a cambiar; es hora de mudar de ropa y la actual ocultar para que de camino de vuelta poderla llevar, el escondite será un secreto grupal. La vestimenta del viajero ha cambiado ahora con prendas más ligeras y dejando de lado sus


botas por las “azhangas” se dispone a descender, y como si fuera de otro mundo la neblina dibuja un paisaje exquisito que hace pensar que venimos del cielo y vamos al mar; desde la altura nos invade un sentimiento de recompensa por los días de esfuerzo, empero, este nuevo mundo trae sus propios riesgos y la sabiduría vuelve a enseñar, los más experimentados cuentan a sus aprendices acerca de los peligros de la naturaleza del camino, los animales que hacen daño, y del uso del “trago” para curar las heridas y picaduras de insectos. En la memoria del viajero la realidad no ordinaria se apodera de su atención, el mundo que conocían no se parece en ninguna forma a lo que sus ojos contemplan, una vegetación de hojas y tallos gigantes, nuevos personajes como gallinazos, loros de plumas verdes, rojas, amarillas, insectos extraños, monos y lo más sorprendente “culebras” pintorescas que sin duda asustan a propios y extraños por su aspecto grueso o muy gordas, de diferentes colores brillantes y piel trizada como cuando se parte la tierra si hay sequía, forman parte de la nueva historia que contarán a sus seres queridos. Llegamos a la planicie, el paisaje tiene habitantes aunque con domicilios dispersos; el grupo de viajeros ha llegado, con paso firme van hacia el destino que los guiará dentro de la nueva tierra, muchos se encontrarán con aquellas amistades que enlazaron de viajes pasados o entablarán nuevas, dando inicio al intercambio de culturas y enriquecimiento de la cosmovisión de ser humano. Ya en el destino el grupo acordará el día y sus condiciones de regreso, pues aun en su cansancio están conscientes que el retorno tendrá una mayor dificultad. Con sus mentes en las actividades objetivas que les llevaron a emprender el viaje tales como ejercer el comercio, realizar trámites, visitar amigos, etc., al estrechar la mano han firmado su contrato, el compromiso para volver al grupo y empezar el regreso a casa.

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an pasado los días y se acerca la fecha de cumplimiento de dicho pacto; poco a poco los viajeros se encuentran en el lugar convenido. Ahora sus “alforjas” no están vacías, pesados bultos de sal en grano, pescados, naranjas, guineos, plátanos, repe, telas, y una que otra novedad están a la espera de ser transportados de ciudad a ciudad. A su regreso, tal como la preparación de su partida, tendrán que surtirse de alimentos y “trago”. ¡El camino ya es más pesado!

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Se deciden a partir en la madrugada pues el ambiente es menos caluroso y el objetivo es avanzar la mayor cantidad de kilómetros; el viaje contempla momentos de descanso, entonces, la solidaridad juega el papel más importante, se apoyarán en la carga de sus alforjas, intercalando y equilibrando el peso, pues es la única forma de avanzar. El sol se encuentra en su cenit, y con ello la hora de descansar, comparten frutos y alimentos frescos, eso sí, cuidando sus estado físico se disponen a seguir caminando bajo el incandescente sol; la sensación de aire caliente, de agobio físico, hace que el paso sea lento, ´por lo que para amenizar socializan con historias que han escuchado de sus nuevos amigos; así, entre asombro y carcajadas, el peso se sus bultos pasa desapercibido.

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e pronto empieza a cerrarse la puerta entre los dos mundos, increíbles colores matizan el cielo de rojo, naranja y celeste, colores que sin duda no hay expresión verbal que describa, solo en la memoria visual han de quedar. El líder del grupo acelera el paso, se disponen a caminar toda la noche, y por su experiencia sabe que riesgos de encontrarse con ladrones es más latente, por lo que motiva a su gente a dar su mejor esfuerzo, el “trago” esta vez no es para el soroche, es para amortiguar el cansancio muscular. Si la luna les acompaña en su caminar toda la noche sin problema alguno caminarán, caso contrario el líder da la orden de descansar pues la tiniebla noche no permite que avancen. Y una vez más ocultos entre la vegetación, el conocimiento se comparte, y las enseñanzas van al cuidado de animales rastreros e insectos de picadura feroz, el “trago” se convierte en un repelente, cada integrante toma un sorbo y lo sopla en sus pies, brazos, además de aplicar con las palmas en su cuello y rostro. Mientras uno a uno duerme, las historias de realidades no ordinarias se comparten, o quizá, solo quizá es fruto del cansancio lo que hace que el caminante imagine otra realidad. Al despertar y con las fuerzas renovadas hay que avanzar, ahora ni el día es seguro, ladrones ocultos entre la vegetación aparecerán, y cuando esto sucede, la negociación es vital, es de sabios que el intercambio salvaguarda la vida, habrá que entregar parte de su esfuerzo pero la recompensa se sentirá cuando arriben a casa.

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granos, máchica y frutos tropicales, ya cada paso es un aporte a su meta de volver a casa.

Han pasado un par de días y varios kilómetros, empiezan a entrar en ambiente serrano, la intriga de encontrar sus trajes de frío invade sus pensamientos, y para sorpresa de todos intactas sus cosas encuentran, mudan de ropa, beben un traguito y prosiguen su camino. El ascenso a la cumbre ya no tiene el mismo sentido, el peso y el cansancio muscular ha generado conciencia en cada ser, saben que el esfuerzo tiene su recompensa, y ésta se ve reflejada en que, cuando se supera el obstáculo el camino le ofrece una planicie o un descenso reconfortante que permite recuperar la energía para el siguiente reto; así lo ve el viajero, así funciona la vida. Entre corrientes pasivas de agua se refresca el caminante, come sus

Han pasado de frío al calor y del calor al frío, el día y la noche del pensamiento grupal a la meditación personal, en el horizonte sus ojos contemplan el tramo final; al pasar la última montaña, su mente bloqueará el cansancio pues han llegado a su tierra, el sentimiento más noble invade sus almas: la gratitud, gratitud a la naturaleza, al agua, a la vida, por dar esta experiencia y, lo mejor, regresar con nuevas historias. Después de 10 días, la alegría de arribar a su tierra amada es una fiesta en la comunidad, los viajeros son recibidos como héroes y en sus hogares una “buena” comida les espera; es hora de despedirse de los compañeros del camino, entre nostalgia y alegría se abrazan estrechan sus manos y guardan la esperanza de volverlos a ver. El joven viajero, ahora solitario, se dirige a su hogar; a medida que se acerca hace “silbos”, alza sus brazos como para saludar, sus “chicos” lo miran y corren a ayudar, corren sin parar a riesgo de rodar, su encuentro es demasiado emocional, los niños toman el equipaje y el cargamento y se disponen a llevar a la casa con la curiosidad de saber que trae en el interior de sus bolsas. Ya en el hogar un buen caldo de gallina y arroz con seco de pollo ha de servirse. ¡Qué recompensa más grandiosa que la “comidita de casa”! La verdadera felicidad es la alegría de los “chicos” al recibir y mirar lo que el viajero ha traído de su aventura, frutos, recuerdos

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y aquellas naranjas “amarillitas”• que sin esperar sus manos pelan y aquel néctar no olvidarán. Del viaje hay muchas vivencias y más de mil relatos que contar, poco a poco de su boca emanarán las fantásticas historias que un niño puede escuchar, historias que provocarán admiración, curiosidad, temor, alegría y valentía, narraciones de connotación positiva e imaginativa; el viaje ha cumplido su verdadera misión, ha trasformado a un ser, ahora su conciencia y sabiduría han madurado, comprende que ”solo” no lo podía lograr, comprende que la vida no es solo planicie: hay que escalar para saber que hay otro mundo para admirar, aprender y enseñar. La magia empieza a surgir, mujeres, niños y jóvenes se reúnen alrededor de las brasas de una cocina de leña, en la temporada de siembra, al pie de un árbol, en las reuniones familiares, o simplemente antes de dormir, a escuchar los cuentos del caminante; mucha intriga y preguntas habrá, pero el viajero sabe relatar todo lo que sus ojos pudieron admirar, el esfuerzo de sus piernas, el dolor de sus hombros, la sensaciones de su piel, y los estados mentales por los que pasó, hará comparaciones con lo conocido para que su audiencia no pierda el interés. Aquellos niños que atentos están a sus historias, mañana las contarán a sus hijos, y entonces la sabiduría y las enseñanzas habrán transcendido. A la memoria de Ángel Benigno G.

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Por ella, Juliรกn Matadero te habrรกn de llamar Relato Autor: Daniela Anabel Rubio Ramรณn Cuenca

Ilustraciรณn: Jhonson Patricio Llivicura Piedra Cuenca

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uenta la leyenda que en la hermosa ciudad de Cuenca hubo una bella joven de largas trenzas, linda sonrisa y dueña de una prodigiosa voz que cuando cantaba a todos hechizaba. Su nombre era Ana, llevaba este nombre por la bella ciudad que la vio nacer, nuestra Santa Ana de los Cuatro Ríos, mejor conocida como nuestra emblemática Cuenca. De su humilde padre don Juan aprendió a tocar la guitarra y a silbar. De doña María su madre casi todo lo aprendió, a cocinar el mote en las ollas de barro, el arroz en fogón de leña y a tener el cuy pelado listo para ser asado. Doña María a su hija desde pequeña a lavar le enseñó, para que cuando grande esa labor sea su obligación.

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sta cholita lavandera cantaba mientras lavaba, lavaba mientras cantaba porque con su canto alegraba las aguas del río Tomebamba y combinaba su labor con su gran pasión. Anita visitaba constantemente aquel río, porque el sonido de sus aguas le traía mucha paz, especialmente cuando su vida no marchaba nada bien. El tiempo pasó y el río Tomebamba de Ana se enamoró; de sus bellos ojos, de su pollera colorada y de las veces que sus melodías lo conquistaban. Los padres de la bella joven tenían el anhelo de ser abuelos, por lo que arreglaron un matrimonio muy conveniente para que su hija fuese muy dichosa. Lo que ellos no sabían era que Ana ya era feliz con la vida que tenia. Su felicidad estaba en la pradera, en los bosques, en las flores y principalmente con su gran amigo el Tomebamba. Cuando Ana se enteró de los planes que tenían sus padres simplemente salió corriendo de casa muy despavorida y descontrolada; tan solo se

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detuvo cuando llegó a la orilla de su preciado río, solo allí pudo descansar y con lágrimas en sus ojos se lamentaba por el triste futuro que debía enfrentar sola; el río rápidamente movió sus aguas hasta los pies de la chola para que ella no se sintiera tan sola. Para el matrimonio faltaba ya muy poco, el río triste y mal querido a sus aguas las había maldecido. Pobres cholas cuando por la mañana sus prendas querían lavar, el río molesto a la ropa lavada la mandaba a volar. Un día antes de la boda esta chola con tristeza le dijo adiós a su río y de él se despidió para siempre. Ese día los pájaros ya no cantaron, las flores se marchitaron y el cielo empezó a llorar; mientras tanto el Tomebamba no contuvo su rabia y con gran cólera desbordó su caudal. Nunca nadie olvidará los días lluviosos del mes abril y aquella frase que nuestros abuelos suelen decir “abril, aguas mil ‘’. El día 3 de abril de 1950 la historia de nuestra ciudad se torna oscura y catastrófica, según el recuerdo de muchos morlacos que vieron como el río Tomebamba se llevó todo lo que encontró a su paso, desatando incontrolablemente su furia, acrecentando su caudal por toda la ciudad. Julián Matadero, así lo habrán de llamar por tantas víctimas que a su paso se ha de llevar. Los morlacos dicen que su ataque de cólera se dio por un desastre natural, pero nosotros ahora sabemos que fue por causa de un amor que no le supieron dar.

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Los perdidos de Kintia Panki Relato Autor: Christian Andrés Armijos Cuenca Cuenca

Ilustración: Danilo Paúl Astudillo Ochoa Cuenca

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onidos extraños, que varias noches abrumaban a la gente que habita en Sucúa, un cantón que se encuentra en el corazón de la provincia de Morona Santiago, sonidos que se desprendían de un espacio vacío que quedaba atrás del coliseo Jaime Roldos. Los extraños ruidos se convirtieron en sombras que brotaban, por breves momentos como si se tele transportaran, robos de joyas en las casas, el rapto de personas por varios días que siempre aparecían con señales en los cuerpos cerca de la pileta a los pies del cristo que hay en el parque central, las marcas de los desaparecidos simulaban el aspecto de una orquídea mientras aumentaban los grandes saqueos de cultivos, que se acompañaban con matanzas al ganado de los campesinos que vivían cerca del cantón. Al parecer dichas sombras nunca saciaban su hambre. Con el pánico sembrado en los pobladores del cantón , un grupo de personas de la zona se acercaba para averiguar qué estaba sucediendo, el porqué de los ruidos extraños, averiguar qué eran esas sombras e investigar por qué atacaba esta plaga al cantón. Al acercarse al coliseo con intención de acabar con lo que no conocían este grupo logró hacer contacto, pero al acercarse, cada vez más, parecía que caían en un trance, como si estuvieran hipnotizados caminaban todos por un camino no conocido en medio de la selva que llevaba a la cascada de Kintia panki que significa “Boa que come a los hombres”. Lo que sucedió ahí nadie lo recuerda.

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amentablemente el grupo no volvió completo, pero los que regresaron fueron los encargados de difundir la noticia de haberse topado con sombras extrañas de unos demonios o quizá unas mujeres desfiguradas que se habían situado en ese lugar. Nadie tenía una historia igual, todos tenían una diferente versión de lo sucedido.

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Los días, semanas, meses pasaban sin que las personas pudieran hacer algo, no se puede pelear contra lo que no se ve ni se entiende, la policía nada podía hacer, sus armas no eran tan rápidas como aquellas sombras y las oraciones eran solo frases que caían al piso. Freddy, un chico que había regresado con el primer grupo, se armó de valor y se adentró en la selva, esta vez lo hizo solo, llevó su cámara y provisiones, no importaba si vivía o moriría; simplemente, quería tener una evidencia de qué eran esas extrañas criaturas para poder pararlas de una vez por todas. Acampó por varios días alrededor de la cascada, mas la suerte no estaba de su lado; no encontró nada y decidió regresar. En el camino se topó con una mujer algo extraña, Yurik era su nombre, estaba desnutrida, desnuda, y en su boca y pelo albergaba gusanos y otros insectos pequeños. Gritaba al cielo como si hubiera algo allí, solo nubes que no eran señales de nada alentador. Freddy se acercó rápidamente, ella, divagaba, hablaba sobre sacrificios aunque en pequeños lapsos recobraba la cordura y llorando le pedía ayuda. Empezó a llover y llegó la noche, ambos acamparon en una cueva. Le dio de comer pero cada cosa que le brindaba la devoraba en dos bocados y no se saciaba nunca, acabó la cena, y ella se dirigió a la salida, comenzó a cantar una melodía embriagadora, él recordó, era la misma canción con la que fue hipnotizado la primera vez. Fue demasiado tarde, había caído en la trampa, siguió a la mujer al borde de la cascada, ella lo besó y con un cuchillo abrió

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su camisa y como si fuera un animal lo marcó, recibió varios golpes con una piedra de esas grandes que se encuentran en el río Upano mientras su sangre se fundía con el agua de la cascada.

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l cuerpo fue hallado junto al cuchillo con el que fue asesinado y con su cámara; para el asombro de todos Freddy había grabado lo que sucedió. Los ataques no pararían pero su muerte dejó


una pista y una motivación para un grupo de jóvenes que decidiría hacer un último intento por su amado pueblo. Por un mes se capacitaron y entrenaron junto a la policía, estaba claro que no eran sombras, no eran nada más que humanos que hacían daño sin ninguna razón o motivo. Maniáticos. Estos son los nombres de los valientes: Daniel, el líder del grupo; Pablo, hermano de Freddy; Luis y Jonnathan (el miedoso), que fue llevado obligado por sus amigos. Era un domingo, todo el pueblo se reuniría en la iglesia para bendecir a los chicos que saldrían a exterminar esta horrible pesadilla. Entre risas y alegría pero con una gran determinación, los jóvenes llegaron al punto donde la carretera se topa con la selva y empezaron su travesía hasta la cascada. No pasó mucho y escucharon la melodía tan envolvente, pero los jóvenes estaban preparados, llevaban tapones de oídos, entre ellos lo echaron a la suerte quién sería el señuelo. Le tocó el turno a Luis que, enloquecido por el sonido de la “bruja”, corrió hacia ella. Sus amigos lo siguieron llegando a la misma cueva donde había estado Freddy. Al instante aparecieron tres mujeres más acorralándolos, y desarmándolos completamente. En ese instante Daniel, con un poco de suerte, disparó una pequeña arma que tenía hiriendo a una de ellas en la pierna. Cayó al suelo mientras las demás huían, habían capturado a una. La llevaron al pueblo donde la interrogaron pero de nada servía, era como muda. Hasta que en una de las visitas continuas del pastor de la ciudad ella pudo responder qué había pasado. Había sucedido hace 20 años cuando las cuatro chicas habían visitado esa cascada; se estaban divirtiendo cuando una cayó y fue arrastrada hacia una caverna, las demás

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la siguieron. En la cueva había señales, signos de algún ritual, ellas asombradas trataron de entenderlos, y de manera inofensiva lo realizaron. No recordaban en qué momento se habían convertido en esas extrañas personas pero sí que había alguien que les impulsaba a realizar tales cosas, un anciano que vive en la selva y que por ninguna razón podían desobedecerlo. La capturada había sido Yurik, la chica que asesinó a Freddy, iba a ser trasladada a la capital para el debido juicio. Aquella noche hubo una fuerte lluvia y nadie salió de su casa, parecía que la ciudad estaba muerta, solo se escuchaba un llanto que venía desde el río; amaneció, y ella yacía ahí en una cama de la cárcel, junto a ella una orquídea blanca. La sepultaron al borde de la cascada. Los ataques no han terminado hasta el día de hoy, se repiten cada año pero en menor magnitud, robos, saqueos, la gente desaparece por días y regresa sin saber lo que ha pasado, solo un pequeño recuerdo, la marca de la orquídea. Hay varios grupos que se arriesgan acampar en la zona con el fin de comprobar si la historia es real, ellos narran que durante la noche que estuvieron allí, sombras de mujeres aparecían, rodeando sus carpas y emitiendo varios sonidos como risas y gritos, que a media noche el agua de la cascada se vuelve sangre y que al filo de ella está un anciano a lado de tres mujeres que se lanzan al vacío; desapareciendo en medio de la cascada.

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José quille quille Historia de vida Autor: Ximena Patricia Curay Correa Cuenca

Ilustración: Johny Javier Carchipulla Loja Cuenca

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argarita vendía carne, cuero y manteca en el mercado Nueve de Octubre. Los dolores de parto se le vinieron en plena venta, allí fue concebido y allí quiso nacer, solo alcanzaron a hacerle una camita de chompas para que la comadrona haga su trabajo. La gente se había aglutinado para presenciar tan peculiar caso, la madre gemía de dolor y por falta de oxígeno. Entonces, vio la luz por primera vez un 19 de marzo, día de San José. –Que lo llamen José, él le cuidará porque es padre adoptivo. – ¡Sí, que el desgraciado de su marido no se aparezca y que José lo adopte!- rumoraba la gente. Y así fue, José Quille Quille nació en medio del hedor del tabaco y de las tripas de chancho. Margarita tenía dos hijos más; un día, un carro se les vino encima cuando jugaban con la pelota. Jacinto, su padre, raquítico y galán, se marchó con una vecina soltera sin importarle la desgracia. La gente del mercado les colaboraba con hierbitas medicinales y el sobador, un moreno de metro y medio que aseguraba conocer y enderezar huesos, tras varios intentos fallidos afirmó que nunca volverían a caminar. Don Jacinto, el frutero de la esquina era muy cordial con ellos, les regalaba cuadernos para pintar y algunas frutas que no se vendían en el día. Lástima que el pobre hombre fumaba demasiado, tanto que su voz ya casi ni se oía. Sus hijos y su esposa sufrían mucho por él.

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l primer recuerdo que José guarda en su memoria, cuando tendría tal vez unos cuatro años, era de una señora dulzona que vestía una blusa lacre, traía las uñas pintadas y un bolso enorme, cuando pidió el total de la compra no quiso pagar, remilgando que todo estaba “pasado”. Él estaba debajo de la mesa, había armado un castillo de naipes que su madre derribó cuando le cayó a puñetazos a la compradora.

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José no pudo ir a la escuela, tenía obligaciones: buscar la labaza entre el pueblo y darle de comer a los cerdos, antes de bajar al mercado. Todas las mañanas iba puerta por puerta buscando los desperdicios, los pies los tenía llenos de callos y las botas siempre estaban abiertas. Cuando ya no aguantaba con el peso de los baldes pensaba en que él era el hombre de la casa y que cualquier sacrificio sería bueno. Por las tardes vendía con su madre: cecinaba la carne, pesaba la manteca, cocía el cuero y lo ponía en funditas para venderlo con mote. Cuando podía se reunía a jugar campeonatos de bolas con los niños de la plaza y apostaba fundas de comida que hurtaba; varias veces su madre lo sorprendió, eso le costaba chancletazos y coscorrones. Un día, Margarita enfermó, temblaba, sudaba frío y le rechinaban los dientes; fue la primera vez que José preguntó por su padre, pensaba que si él estuviera allí a lo mejor podría atender a Margarita y él iría a la escuela como sus vecinos que bajan con una mochila y los zapatos lustrados desde Miraflores. –Tú no tienes padre, te llamas José Quille Quille,- respondió Margarita. Él nunca volvió a hacer preguntas. Cuando cumplió doce años, también trabajaba de cargador. Se amarraba una soga a la cintura y era capaz de levantar cualquier peso. Poco a poco empezó a formar sus músculos y pronto lo apodaron el Sansón Quille. La hija de la juguera tenía once años, rechoncha de cachetes y un hermoso cabello negro; ellos conversaban a escondidas y él le regalaba rosas que arrancaba de las casas de donde traía la labaza. Nunca perdió la costumbre de jugar; un día ganó todas las bolas de sus amigos, y Juan, quién más perdió, dijo: –Devuélvemelas o te parto

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n terrible silencio se prolongó en medio del mercado, Pedro soltó a su adversario y se acercó al frutero, lo miró fijamente, una arruga se le formaba entre la comisura de los labios, entonces de un cabezazo le desgranó los dientes: -Yo no tengo padre, yo soy José Quille Quille. Mientras el frutero intentaba detener la sangre que le brotaba a borbotones de la boca rota, Juan recogía todas las bolas que se desperdigaron en el bochinche y la madre le caía a chancletazos.

la madre.- José sonrió y le sacó el dedo del medio, entonces, Juan se le abalanzó a puñetes. Se formó una terrible gresca, de entre los puestos salieron los espectadores. Su madre quiso separarlos pero no pudo. Entonces, el frutero en afán de ayuda gritó con su voz opaca y de ultratumba: -José, suéltense ya, debes hacerme caso, yo soy como tu padre.-

Al siguiente día, Jacinto llegó con la boca hinchada y un saco de libros. A rastras llevó al muchacho por encima de su madre a una escuela que se encargaba de la nivelación de niños que no se incorporaron a le educación regular. – No serás ni vicioso, ni bruto como yo,- dijo Don Jacinto. José siempre soñó con ir a la escuela, no llevaba los zapatos lustrados como los niños de Miraflores pero llevaba frutas de Don Jacinto y papas con cuero de su madre. En un año aprendió a sumar y a multiplicar, aprendió el sujeto y el predicado y aprendió sobre la Independencia; entonces, se dio cuenta que Don Jacinto era su libertador, y así lo llamaba. Todo lo que aprendía en la escuela lo enseñaba a sus hermanos, al primero le gustaban más los números y al segundo más las historias de guerra. Se le hacía muy difícil recoger la labaza y hacer los deberes, así que gracias a las clases de geometría, diseñó unas ruedas de madera y sobre ellas colocó un compartimento para los baldes, con eso iba rápido y se alcanzaba con todo.

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El “libertador” estaba feliz, sus hijos le preguntaban por qué ayudaba tanto a José y él les decía que también hubiese querido ir a la escuela. Esa tarde José había ganado en una guerra de tazos, los reunió y los vendió. Con todos los sucres que tenía, compró un cargamento de chicles y se los dio a Don Jacinto. –Yo voy a la escuela y usted no fuma, si quiere fumar coma chicles, dijo José. Entonces, Don Jacinto sonrió y le apodó el “libertador del libertador”. El mercado nunca fue igual, José reunía a los niños, les contaba historias, practicaban las sumas con bolas, jugaban al avioncito y estaban todos pendientes de dar bien los vueltos. José Quille Quille era el hombre de su casa, y cuando se casara jamás abandonaría a su esposa aunque sus hijos estuvieran enfermos, jamás dejaría de estudiar hasta tener un título, y jamás olvidaría a sus libertadores.

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Una loca historia con sentimientos libre adaptación del relato de Mario Benedetti “El Amor y La Locura”

Historia de vida Autor: Valeria Michelle Pauta Sáenz Cuenca

Ilustración: Diego Humberto Molina Beltrán Cuenca

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ace tiempo, en medio de un precioso bosque llamado “El Bosque de Los Sentimientos”, un sentimiento llamado Egoísmo contemplaba un monumento en honor a dos amantes, recordando aquella catástrofe, o lo que él consideraba como tal y cómo cambiaron las vidas de los involucrados aquel día, imaginando lo que nunca será.

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l era Locura, nadie sabía de donde había salido ese loco, y a nadie le importaba, lo que deseaban los habitantes del Bosque era que se marchara; él, por su parte, hacía un montón de locuras y tonterías con el único fin de que los demás lo reconocieran como a un sentimiento y que Amor se fijara en él; a él no le importaba el rechazo, mientras más maltratado y rechazado era, más deseo tenía de unirse a ellos; quiso hacerse amigo del temible Ira e irrumpió en su casa del árbol para dedicarle una canción a media noche. Se puso furioso, trato de sacarle una sonrisa a Indiferencia pero esta no le hizo ni caso, a ella nada le importaba; trató de alegrar a la hermosa Tristeza hablándole sobre lo desgraciados que eran los demás y que su vida no era tan mala, después de eso ella no volvió a salir de su casa del árbol en un mes, su novio Melancolía no tenía consuelo, le habían quitado a su compañera, solo quería que Locura desapareciera, se armó todo un caos. Ese mismo día se iba a celebrar el día del más célebre de todos los sentimientos, la líder del Bosque de los Sentimientos, Amor, todos la querían, ella era el único sentimiento que podía volar, era capaz de apaciguar al grandulón de Ira, calmaba a tristeza y melancolía diciéndoles que se tenían uno al otro, a Indiferencia seguía sin importarle nada, al menos le dio una sonrisa a Amor para indicarle que todo estaba bien.

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-¿Qué está pasando aquí?– dijo Amor hablando con toda la dulzura que la caracterizaba. Tristeza salió tomada de la mano con su novio Melancolía diciendo que Locura la había hecho llorar. -¡ESTE IDIOTA SE ATREVIÓ A MOLESTARME MIENTRAS DORMÍA! –gritó el gruñón de Ira -¡ADEMÁS ANDA MOLESTANDO Y PERTURBANDO A INDIFERENCIA! ¡DÍSELO INDIFERENCIA! -volvió a gritar Ira demandando que Indiferencia lo ayude; a ella, por su parte, no le importó nada y se marchó del lugar para su casa del árbol. Todos sabían ya el comportamiento de Indiferencia, así que no le prestaron atención, y se dedicaron a exigir un digno castigo para Locura. -Oh, vamos chicos, quería agradarles, no me van a decir que no fue genial ¿O no? –dijo Locura–, sin un ápice de culpa por todo el alboroto que había causado. Amor estaba aturdida con todos los gritos y reclamos, mas con la paciencia que le caracteriza aguantó los gritos hasta que se callaron por orden de Ira. Ésta se acercó a Locura y lo miró a los ojos, vio el enorme deseo de amar y ser amado como todos los demás, vio la enorme soledad en la que vivía a diario, y como siempre antepone el corazón ante todo ella decidió perdonarlo, por la pena que le dio al verlo. -Has causado mucho alboroto Locura ¿No te das cuenta? Perturbas la paz del bosque. -No te enojes amorcito, solo quería ser popular, no quería dañar a nadie ¿Me perdonas? Vamos, una sonrisita. -De esa manera causas malestar a los demás sentimientos, discúlpate y te dejaré ir si me prometes que no lo volverás a hacer.

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-Bueno, cómo decirte que no a ti. – dijo locura con una enorme sonrisa; desde que llegó a este mundo nadie había sido bueno con él, ni mucho menos una chica tan bonita, le gustaba mucho. -Ven al festival en mi honor esta noche, podrás comer algo y hacer amigos correctamente, no hagas todas tus acostumbradas tonterías, te lo suplico, ya verás que si te comportas todos querrán ser tus amigos. -Te lo prometo…


-Ahora ve –dijo Amor – Puedes ir a donde quieras. -Pero Amor ¿Invitaste a ese idiota a tu fiesta? Nunca invitas a alguien así –dijo Ira, estaba sorprendido. -El solo quiere encajar Ira. –dijo Amor sonriendo, Ira quedó pasmado, habría jurado que vio a Amor sonrojarse al ver a Locura.

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ocura se marchó feliz, Amor le había dado una oportunidad y no la desaprovecharía, tenía que hacer algo lindo para impresionarla, pero aún no sabía qué, tenía que pensarlo. La noche llegó y el festival estaba en su máxima expresión, todos comían y bailaban felices; Locura hizo lo posible para impresionar a los demás sentimientos, pero estos lo rechazaron por estar aún molestos con él, lo apartaron lo suficientemente lejos como para que esté oculto y no fastidie y lo suficientemente cerca como para que aun pueda ver todo. Desde la oscuridad vio como Amor se hizo presente llegando desde el cielo, se moría por ella, su cabello danzaba junto con las hojas que el viento hacía bailar, su mirada desbordaba dulzura, todos la querían, ella era todo lo que él siempre quiso ser, amar y ser amado. De pronto alguien apareció entre la multitud, un tipo muy extraño con una pinta muy oscura que no combinaba con el colorido del lugar. -Es lo más hermoso que existe ¿No crees Locura? Te hace ser una mejor persona... O tal vez una peor. Le dijo aquel misterioso extraño a un confuso Locura. -¡Hola extraño! ¿Tú quién eres? -demandó saber Locura - ¿Cómo me conoces? -Yo conozco a todos, y en especial a Amor. -¿Conoces a todos? Eso es genial ¿No es genial? ¿Qué quieres aquí? -Nada en especial mi querido Locura, solo he venido a verla una vez más, la veía mucho antes de que ella… -¿Ella qué extraño? -No… Nada, olvídalo -Ammm ¿Cómo te llamas? –Preguntó Locura con euforia, casi invadiendo el espacio personal del extraño, éste solo le sonrió y lo apartó con suavidad. -Eso lo sabrás pronto amigo.

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-¿Eh? –Locura quedó confundido con las raras palabras del extraño. De pronto Amor comenzó a brillar sobre el cielo nocturno para todos los presentes, una dulcísima melodía salió de su boca, en su corazón solo deseaba ser amado, y en especial por la dulce mujer que veían sus ojos, ya de por si sufría por no tener la amistad de otros, pero sufrir por ella era una dulce agonía, el extraño se dio cuenta de lo que Locura sufría, estaba enamorado, se rió para sí y le susurró algo a su oído. -Te gusta, ¿No? -¿Y tú que me ves ojón? ¿Cómo crees? ¿Ella y yo? Pfff… No, estás loco. -Si cómo no, bueno como sea, yo sé cómo puedes tenerla. -¡QUÉ NO LA QUIERO!... ¿En serio? ¿Cómo? –Egoísmo rió internamente, este sí que es idiota, pensó. -Ve al bosque prohibido, allí crecen las mejores flores. -¿¡QUÉ!? Soy Locura no un suicida, ¿Me crees idiota? Ese lugar es peligroso. -Si demuestras cuanto la quieres de seguro caerá por ti. -¿Seguro? No suenas muy de confianza, es más ¿Qué hago hablando con un extraño? -Yo te lo garantizo mi querido amigo, ¿Cuestionarás quién soy o irás por tu chica?. – dijo el extraño, Locura dudó, se la imaginó recibiendo las flores, era la tontería más grande que pudo haber hecho jamás. ¿Amor lo valía tanto como para arriesgar la vida?, pensó por unos momentos, dedujo que era mejor morir intentándolo que vivir preguntándose cómo sería si lo hubiese intentado. -No puede ser que haga esto, pero todo sea por ella, iré. -Muy bien, ahora ve. -¡CLARO! ¡NOS VEMOS SEAS QUIEN SEAS! –dijo Locura emocionado, todo sea por ella. Corrió hacia la parte oscura del bosque tal y como el extraño le había dicho, las flores más hermosas crecían ahí y serían todas para Amor. En cuanto a aquel extraño, permaneció en aquella parte oculto, mirando el festival, de entre las sombras salió un hombre joven con una sonrisa pícara y ojos entre cerrados, y un curioso traje verde.

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-Deja de decir tonterías, Celos ¿Quién sería tan estúpido como para quererte? Tú morirás solo. Celos se levantó tosiendo y con la cabeza gacha. -Lo… Lo lamento Egoísmo, ahora hago lo que me pediste.

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-Hasta que por fin te apareces Celos. -Es que ese idiota no se iba. -Ya, bueno no importa, ya mandé al tarado de Locura al bosque prohibido, tu gemela Envidia lo distraerá mientras tú haces tu trabajo, no pierdas más el tiempo y ve. -Como mandes Egoísmo. Desde que ella nos desterró al bosque prohibido todo es un infierno, todos la rodean y la quieren y ella quiere a todos; ahhh, cuántos celos; ellos solo tendrían que quererme a mí. –Egoísmo se molestó con esas palabras, y le dio un fuerte golpe en el estómago a Celos.

ocura se internaba cada vez más en el bosque, el cual se ponía más oscuro, llegó hasta un lago donde vio unas pequeñas flores, “qué fácil fue esto, y pensar que le llamaban el bosque prohibido ja ja” pensó. Mientras estaba ocupado recogiendo flores alguien comenzó a acecharlo, al volverse se topó con dos sentimientos malignos, Terror y Maldad. Locura se introdujo al lago lentamente, cerró los ojos esperando lo peor, hasta que alguien apareció. -¡ALTO! – dijo una muchacha de ceño fruncido, tomó un rama y ahuyentó a aquellos malos sentimientos, Locura no sabía que pasaba. -¡Gracias extraña! ¡Seas quien seas! ¿Por qué me ayudas? -¿No querías ayuda acaso? -No, todo lo contrario, gracias. -Soy Envidia. ¿Qué hace alguien como tú aquí? –Locura miró sus flores y le respondió sarcásticamente. -Vengo a turistear un poco, el lugar está genial ¿No crees? -Idiota. -¿Que, no vez que recojo flores? Para eso vine. -Debe haber muchas en tu casa, ¿por qué arriesgaste tu vida viniendo aquí? -Ammm… Son para alguien a quien quiero. -¿Alguien tiene la dicha de que la ames? Qué envidia, yo también quiero que me amen así, ojalá pudieran amarme así. -De seguro y lo encuentras, eres muy bonita. –ella se sonrojó con el

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halago de Locura. Algo que caracteriza a Envidia es que quiere todo aquello que no tiene, además de ser un poco obsesiva con todos aquellos que le muestren amabilidad. -¿Tú… crees? -Estás guapísima, claro. -Pues como me dijiste linda yo te ayudo a encontrar flores mejores que esas, acompáñame. -¡GRACIAS! Eso sería genial. –Envidia sacó a Locura del lago y lo guió a un lugar cercano al lago para cortar flores; su belleza no tenía comparación con ninguna que hubiera en el Bosque de Los Sentimientos; mientras Locura agarraba todas las que podía, Envidia le soltó una tremenda propuesta. -Locura. -¿Si? -¿Quién es esa a la que amas tanto? -Ella es la líder del Bosque de Los Sentimientos, es Amor. -Ella jamás te corresponderá -¿Cómo estás tan segura de eso? -Egoísmo se enamoró de ella así que le pidió ser su compañera, esta se negó por ser un mal sentimiento, Egoísmo trató de forzarla, esta se enojó y lo desterró al bosque prohibido junto con los demás sentimientos, yo escapé junto con mi gemelo Celos, ella es malvada y solo que quiere a sí misma. -Y dicen que el loco soy yo. ¿Qué esperabas que hiciera después de que él la forzara? ¿Que se arroje a sus brazos? -Solo quiero prevenirte, sé que todos te desprecian por no ser un sentimiento. -Creí que no me conocías. -No mentí, no te conozco, solo he oído hablar de ti pero en sí jamás te había visto, olvida a esa cruel de Amor, hace sufrir a todo aquel que la conoce, quédate a mi lado. -¿Eh?... -Yo te quiero Locura, quédate conmigo, te amaré por siempre. -De verdad me halagas linda pero no, estás como quieres pero ya te dije que quiero a Amor. -No te conviene, yo puedo amarte igual o más que a ella. –Locura se sintió mal, ojalá hubiera

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aparecido antes, o se le hubiera ocurrido entrar antes a este sitio pero no veía correcto decirle que sí y mentirle. Tomó la mano derecha de Envidia y depositoó un beso en ella. -Cuánto lo lamento, pero no puedo quedarme aquí contigo, me tengo que ir. Envidia se enfureció, cayeron lágrimas de sus ojos y ordenó a Venganza y Cólera atacarlo. -¡NO TE IRÁS DE AQUÍ! ¡TE ATREVISTE A ROMPERME EL CORAZÓN Y PAGARÁS POR ELLO! ¡VENGANZA! ¡CÓLERA! -¿Envidia? Espera yo no quise… ¡AAAAAAhhhh! –gritó Locura–, los sentimientos obscuros se lanzaron al ataque y sometieron a Locura al suelo, de pronto Maldad apareció de la nada y comenzó a susurrar algo al oído de Envidia, si no hacía algo pronto moriría, así que trató de hacerla entrar en razón antes de que Maldad la convenciera de hacer algo malo. -Escúchame Envidia, este es otro de los que te hacen daño, deja que los demás lo acaben. – Locura gritaba en el suelo por los golpes que le propinaban, Envidia estaba furiosa. -Creí que eras diferente, creí que me entenderías ya que a ti todos te rechazan y a mí también, creí que al compartir una historia similar tú me comprenderías y quisieras amarme a mí y no a Amor. –dijo Envidia llena de enojo, maldad seguía tratando de persuadirla, pero una parte de ella sintió pena al ver al pobre de Locura ser masacrado. -Vamos Envidia, mátalo. -¡ENVIDIA AYÚDAME! –no resistió más lo gritos de Locura, no era correcto lo que le estaba haciendo, decía amarlo pero le estaba haciendo daño, se arrojó hacia esos sentimientos y peleó contra ellos quitándolos de encima de Locura, Maldad se enojó por su traición, así que la mató. -¡ENVIDIAAAAAAAAAAA! –gritó Locura, Cólera dio un paso atrás al igual que todos los demás sentimientos, Maldad por su parte tenía una amplia sonrisa, se marchó satisfecho con el daño que había ocasionado y ordenó la retirada. -Vámonos chicos, Egoísmo mandó a matarla si nos traicionaba… Ya se murió, así que vámonos.

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Maldad se marchó sin más junto al resto de los sentimientos malignos. En cuanto a Envidia, estaba herida de muerte. -Envidia, no quería que te pasara esto, perdóname. -Cuánto lo siento… Locura, yo solo recibía órdenes… Pero en cuanto te vi… Tu dulce corazón… quedé atrapada allí, perdóname, ahora ve con tu amada, corre un grave peligro, Egoísmo planeó que vinieras aquí para que murieras y quedarse con Amor, mi deber era acabarte, perdóname. -No importa, yo te perdono, no quería tu muerte, no puedo dejarte aquí -De seguro nacerá otra Envidia, -No digas eso, Envidia… -No… Ya no más, gracias a ti pude ser libre, ya nunca más seré Envidia, ahora soy… Compasión. –dijo Envidia con su último aliento, su cuerpo comenzó a brillar y se transformó en luz. -Gracias Locura. -¿Qué pasó contigo? Ya jamás te volveré a ver. -Yo siempre estaré protegiéndote, mira a las estrellas y siempre estaré allí, no hay tiempo que perder, corre con Amor. -Sí… adiós Compasión – Locura corrió con todo lo que le dieron sus piernas, era protegido de la ahora llamada Compasión, cuando avanzó a llegar vio que todo era un caos, Egoísmo había tomado la forma de Locura y selló los ojos de Amor para que jamás volviera a ver, Amor ahora era ciega y no sabía quién era quién, y para empeorar las cosas celos había tomado como rehenes a todos, Amor creía que Locura le había causado daño. -¿Qué pasó aquí? ¿¡QUÉ LE HICISTE A AMOR!? –gritó Locura muy

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molesto, trató de acercarse a Amor pero en cuanto esta lo escuchó tuvo miedo. -¡NO! ¡ALÉJATE! ¡CREÍ QUE ERAS BUENO! ¡ME LASTIMASTE! -Pero Amor, no fui yo, tienes que creerme –dijo Locura tartamudeando – fue Egoísmo que te engañó. -¡PERO SI YO VI TU CARA! -No era yo, tienes que confiar en mí. Locura trató de acercarse a Amor pero Celos trató de atacarlo. -Jejeje, no pasarás, idiota. -¿Lo ayudas después de que mató a


tu hermana? Este infeliz a quien sirves se atrevió a matar a tu gemela ¡ELLA MURIÓ EN MIS BRAZOS! -¿Eh? Pero… Eso no puede ser cierto, ella… ¿Egoísmo? –preguntó Celos- Egoísmo no respondió dando a entender lo que había hecho. -La mataste… ¡DESPUÉS DE QUE YO TE FUI FIEL TODA MI VIDA! ¿¡POR QUÉ!? Ni siquiera terminó la frase cuando Egoísmo lanzó lejos a Celos lastimándolo. -Bueno, ya no me sirves imbécil, te mataré luego, después de que termine con este. –En cuanto a Amor, estaba aturdida y no sabía qué hacer, no sabía quién es quién. Egoísmo le habló para engañarla. -Ven Amor, yo te cuidaré… -¿Quién eres? -Alguien que te ama… -¡AMOR! ¡ESE ES EGOÍSMO! ¡NO LE CREAS AMOR! ¡CRÉEME! ¿¡EN SERIO CREES QUE YO SERIA CAPAZ DE HACERTE DAÑO!? ¡TÚ MIRASTE EN MIS OJOS Y VISTE MI CORAZÓN!

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mor estaba en duda, se puso de pie y suspiró. Egoísmo reía, ya tenía a Amor, pero esta corrió en dirección de la voz de Locura; Egoísmo estaba indignado.

-¿¡QUÉ HACES!? ¿¡IRÁS CON ESE QUE TE ATACÓ!? -Yo conozco a Locura, ya sé quién eres, tú eres Egoísmo y Locura jamás me haría daño. -Me creíste, Amor yo… Yo te quiero. -También yo Locura. -¡SI NO ERES MIA NO SERÁS DE NADIE MÁS! – Egoísmo reunió toda la oscuridad posible y atacó a Locura y Amor, estos se abrazaron y se perdieron en medio de aquella oscuridad; Egoísmo reía pero de aquella tiniebla salió una inmensa luz que acabó con todo su poder, los cuerpos de Amor y Locura desaparecieron, en cambio ahora eran luz, una luz que acabo con todo el poder de Egoísmo. Celos apuntó hacia el cielo, todos vieron con

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asombro en lo que se habían transformado, subieron hacia el cielo y se transformaron en estrellas. Se dice que desde ese día ellos son los protectores de todo aquel que ame; un monumento en honor a Locura y Amor se había levantado para recordar aquel día. Siglos después, Egoísmo contemplaba el monumento con rabia, obligado a estar bajo la sombra de esos dos por toda la eternidad, imaginando al Amor que jamás tendrá. Fin

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La Cuenca que los abuelos trajeron al presente Historia de vida Autor: Nataly Vanessa Arteaga Berrezueta Cuenca

Ilustraciรณn: Marco Antonio Pillco Nivelo Cuenca

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na historia contada por nuestros abuelos causa muchas sensaciones en quienes la escuchan. Las canas que llevan en su cabeza no son sinónimo de vejez sino de experiencia. Mientras los testigos del pasado no dejan escapar un solo detalle en sus relatos, es notorio que recuerden lúcidamente lo vivido como si hubiese sucedido ayer. Para una nueva generación es placentero charlar y darle valor a sus palabras. Gracias a lo que cuentan, los oyentes forman parte de una burbuja nostálgica de memoria. Al entrar en ella se percibe otra realidad, una que existió hace ya muchos años. En un rincón de la casa bastante agraciado y colorido por la variedad de plantas que poseen, Nancy, Mercedes e Iván, tres hermanos cuencanos, traen hasta nuestros ojos curiosos recuerdos que, explican, los guardan como verdaderos tesoros. Al iniciar el relato invitan a tomar asiento pues lo que se escuche será largo y ameno. Nos transportan y ubican espacial y temporalmente en Cuenca, año 1960. “Y es que todo sucede y evoluciona con un fin, y sin quitarle mérito al presente hace tiempo se vivía distinto”, cuenta Nancy. Se acomoda en su desgastada butaca de color lacre que tiene ya varias décadas y cuenta las costumbres que practica desde su niñez; los llamados valores. Para ella no hay duda de que todo ha cambiado. Muchas de las costumbres se perdieron para la nueva juventud. Desde un simple saludo, un romance, hasta los hábitos que se practicaban cuando ella era muy pequeña.

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nmediatamente viene a su cabeza uno de los valores que recordará siempre. El respeto y cariño desmedido a quienes le dieron la vida. Recordando a sus padres con firme voz dice que antes las órdenes debían cumplirse no por obligación sino por un acto de amor. Expresando seguridad con su tono de voz explicó: “mi madre Cruz me enseñó que no debía meterme en las conversaciones de los adultos, pues yo no tenía la edad indicada para opinar. Así que cuando llegaba una visita su mirada me decía que mi lugar era cualquiera menos la sala de visitas”.

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Cuando ella tenía siete años más o menos, por la década de los 60, no era necesario estudiar y prepararse profesionalmente para una vida futura. Bastaba leer y escribir para que al ser adultos puedieran formar un hogar. La mejor profesión de la época fue la que realizaba un padre sacando a su familia adelante como dicen, con el sudor de su frente. La vida era la escuela que los llenó de experiencia. Gracias a la misma muchos hoy son lo que siempre soñaron, verdaderos guerreros pero sobre todo seres inmensamente felices.

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emontémonos pues a vivir solo un día en esos años. Allí entre ollitas de barro, crecieron nuestros abuelos. Es rescatable decir que la antigua generación pasó una infancia maravillosa no repetida hasta ahora. Y es que ¿quién no se quedó unos minutos más con sus amigos luego de divertirse tanto en un juego? Hasta a los niños de la época les pasaba. Al final, después del regaño de mamá, una ligera sonrisa se dibujaba en el rostro de los pequeños. Mostraban la satisfacción de quienes en el fondo sabían que tardarse valió la pena. “La soga, el avión, y la conocida cocinita” juntaban a Nancy y sus amigas por las mañanas en un tradicional barrio de la ciudad llamado “El Vecino”. Reunían niños y luego formaban grupos de juego. En el barrio, conformado por personas muy unidas, se mantenía su esencia llevados por la amistad y la solidaridad. Valores que ninguna escuela sería capaz de enseñar con mejor paciencia y amor que una familia. Carmen, amiga de Nancy, ponía siempre el arroz, lo traía medio cocinado desde su casa. En verdad no tenía la autorización de

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su mamá para llevárselo pero nunca faltó a un solo juego. Rosita, la niña de la casa del lado, llevaba carne, mote o papas según lo acordado. Juntaban todo y formaban un hogar de ensueños pues todo era perfecto. En su juego dejaban siempre un espacio en su barriga porque debían comer lo que preparaba mamá en casa. Cuanta ternura despierta mirar una escena así. No hay cosa más dulce que ver a un niño lleno de inocencia intentando ser adulto. Y así entre risas pasaban su mañana. Luego, el sol resplandeciente del medio día indicaba la hora del almuerzo.


Su mamá los esperaba en casa desde las doce en punto y no existía celular que los ubique, solo sabían que debían ser puntuales. Atraídos por el olor que llegaba hasta su mesa, con gusto la chiquilla se acercaba a probar lo preparado. Deseosa de llevar el primer bocado de comida corría apresurada a ocupar su asiento en el comedor. Sin embargo, Vicente, su papá, en voz alta le decía que aún no debía hacerlo. Tras sentarse toda la familia y agradecer a Dios con sus oraciones por los alimentos recibidos disfrutaban de la mejor comida que jamás probó en todo el mundo, la de su madre. La mejor hora sin duda fue esa, la compañía no tenía punto de comparación. Pasaban lapsos debatiendo muchos temas con sus hijos. Los acontecimientos del día, las historias y los continuos consejos se exponían sobre la mesa. La camaradería entre todos fue característica de las conversaciones que en grupo se entablaban. Fueron pequeños ayudantes y colaboradores en la tarea que les encargaban. “Inmediatamente y levantada la mesa éramos los instrumentos de ayuda para nuestros padres”. Colaborar con ellos lo tomábamos como un modo de agradecimiento por el tiempo que jugábamos con los amigos. El ser partícipe de las actividades que realizaban nos llenó de aprendizaje totalmente. Con sus manos hábiles desenvolviéndose en cada una de sus profesiones los progenitores eran héroes del sustento de cada hogar. Las zapaterías, hojalaterías y carpinterías entre otros fueron los oficios más comunes. El orgullo que sentía Nancy al ver el buen trabajo de Vicente aceleraba los latidos de su corazón. En sus ojos brillantes como cristales se reflejaba el amor que sentía por él. Y es que eso no era todo, nunca fue suficiente ser un gran maestro o buen profesional. Lo realmente importante era demostrar siempre ser una persona de sentimientos nobles. La humildad que lo caracterizaba bastaba para resplandecer con luz propia ante el resto. Al llegar al taller de labores Vicente enseguida encendía la radio. “En ese entonces nos

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sentíamos privilegiados al tener este innovador artefacto. En el barrio sólo uno lo tenía y ese era mi papá”, expresa. Con alto volumen la música que ahí sonaba alegraba el trabajo y las labores de toda la cuadra haciéndolo más fácil. Recuerda que la radio que dichosamente poseían era el fruto del sacrificio de meses en la zapatería. Qué gusto tenía al hablar de su trabajador padre. No era el señor más acomodado del barrio, no tenía joyas ni demasiado dinero. Su dedicación lo hizo merecedor de muchos beneficios que solo una persona que disfruta al trabajar puede tener. No usaba ropa cara, ni sombrero de paño. No era económicamente acomodado, sin embargo gracias a su pequeño y productivo negocio nunca faltó nada en su casa. Su jornada de la mañana en donde él era el único trabajador se iniciaba a las siete. Pero gracias a la ayuda de su hija la culminaba a las seis de la tarde, pocas veces antes. Nunca faltó trabajo y nunca dejaron de llevarse el pan a la boca. En ocasiones, se quedaban hasta más tarde colocando las suelas en los últimos zapatos que quedaban sin trabajar. Siempre pensaban en su cliente, ofrecían un buen servicio pero a cambio la paga era muy buena. Sonaban las campanas de la iglesia del Parque Central. Anunciaban la hora de la cena y la llegada de la noche. Para Mercedes, hermana de Nancy, era mucho más que eso. Ese sonido que producían las campanas le recordaba que eran las seis y debía encender la radio. Amaba escuchar la única radionovela que entonces se transmitía. “Chucho el roto”, influyó tanto en los cuencanos que era un verdadero deleite para el oído. Unía familias y vecindarios para ser escuchada. Ningún detalle se escapaba de la imaginación producida en los oyentes. Los mismos comentaban en torno a lo que escuchaban, cómo eran físicamente o como vestían sus personajes y el ambiente de su historia. Sus capítulos definitivamente fueron imperdibles. Una historia de aventuras descrita en capítulos de media hora. Lo que el locutor narraba

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influía tanto en las personas que todos estaban dentro de la burbuja de cada episodio. “Pasábamos tan concentrados en la sala de la casa escuchando la radio que una vez un vecino se robó la sartén con la carne para la merienda”, cuenta entre carcajadas Mercedes. La radionovela aceleraba los latidos con cada momento de suspenso y sacaba sonrisas con cada alegría. Este fenómeno marcó tanto que esperar el siguiente capítulo era un desafío para todos. Cuando culminaba, Cuenca se encontraba bajo un cielo oscuro. En la época se vivía en una ciudad donde la delincuencia no era preocupación para quienes la habitaban. Y precisamente la oscuridad fue cómplice de los romances que surgían a escondidas y bajo la luna. Todo era tan distinto a lo que hoy vivimos. Hablar de un beso a plena luz definitivamente se mantenía como un tabú. Aquello, según los “curuchupas” se trataba de una falta de respeto. Los adultos de ese entonces no compartían tales demostraciones de amor, pues las consideraban como un verdadero exhibicionismo.

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omo amantes clandestinos de novela se demostraban las parejas el sentimiento de amor que se tenían mutuamente. “Ser delicado, sutil y respetuoso caracterizaban a los enamorados que guardaban esas consideraciones entre sí” expresa Iván, otro abuelito de 66 años originario del mismo barrio. Recuerda a su primer amor sin dar detalles porque considera que no viene al caso nombrarla. Ella significó en su vida uno de esos amores que no se olvidan. Su aprecio fue tal que lo que vivieron, ahora solo puede mirarlo plasmado en una película que gira en su memoria contando una historia de ensueño. Las largas charlas en la puerta de su casa permitían a los enamorados conocerse y compartir más su relación. El tiempo de la niñés había desaparecido. Pero aún debían velar por el bienestar de sus padres porque la gratitud hacia quienes les dieron la vida se tomó como prioridad. Papá y mamá enseñaron a los jóvenes a ser recíprocos con el esfuerzo que hicieron cuando estos eran pequeños. Con su pulcro ejemplo vivieron con el corazón en las nubes pero con los pies en la tierra.

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Entre semana y semana las horas pasaban de manera similar. Durante la visita a estos abuelos nace preguntar cuáles fueron sus creencias. Continuando por el pasillo de su hogar, Iván muestra el Cristo que cuelga sobre un altar que colocó en su sala. Señalándolo habla de la religión en su época de juventud. El catolicismo en su infancia estaba en su esplendor. Los cuencanos siempre creyeron y rezaron al Ser Supremo. La iglesia recibía largas congregaciones de personas los domingos. Gente llena de fe y segura que ahí podría encontrar la paz que su vida necesitaba En un día dedicado al culto religioso relucía también la mejor ropa de los fieles que llegaban a orar. Las damas con sus vestidos muy elegantes denotaban con seguridad su belleza. Por su parte, los caballeros llevaban su característico terno oscuro y su sombrero todo espléndido. Al recibir la bendición del padre de la Iglesia del barrio iban a su hogar plenos y libres de todo mal; protegidos espiritualmente, llenos de fe. Para después en medio de un ambiente hogareño disfrutar de un delicioso café a las cuatro de la tarde. Es otra de las tradiciones de esta ciudad de antaño que el tiempo simplemente no borra. La dupla perfecta lograda en la combinación de una palanqueta con nata. Esta mezcla era exquisita, perfecta y resaltó tanto que es una de las pocas cosas que todavía se mantienen. Al escuchar por varias horas sus historias, anécdotas, relatos y al regresar la máquina del tiempo hasta los días actuales corroboramos que el panorama es otro. El sol es el mismo, la ciudad aunque físicamente cambiada guarda lo más importante: el alma de quienes la habitan. Aún quedan muchos valores desapercibidos, pero lo más importante es que son más los que se mantienen. Queda comprobado que uno de los secretos de como sobresalieron los cuencanos y cuencanas fue darle significado a quienes eran y no a lo que tenían. Nancy, Mercedes e Iván no son más que pruebas vivas del pasado, un modo de traer a la memoria a una Cuenca vivida y hoy descubierta desde una perspectiva que pasó pero que estamos muy prestos a recuperar.

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Relato del desarrollo de Nabón según Rogerio Morocho Relato Autor: Segundo Rogerio Morocho Morocho Pucallpa / Nabón

Ilustración: Ismael Patricio Picón Largo Cuenca

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l deslave de La Josefina perjudicó a mucha gente, dejando sin vivienda a la mayor parte de los habitantes del lugar y eso provocó dos temas históricos importantes: la gran crisis y la gran oportunidad para el éxito en el desarrollo. Ante este panorama el padre Hernán Rodas buscó el financiamiento para apoyar a los damnificados, a la vez que tuvo la iniciativa de fundar una Cooperativa solidaria, que es Jardín Azuayo, para satisfacer muchas necesidades. En cambio, en el cantón Nabón nace la iniciativa en el año 1993, por medio de mi hermano, un comunero llamado José Rogerio Morocho Minga. Conjuntamente con dirigentes del lugar preguntaron a las hermanas misioneras “Lauritas”, que trabajaban en las cuatro comunas, ¿por qué no se puede fundar un proyecto de desarrollo aquí en la comunidad?

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l objetivo principal fue crear fuentes de trabajo y bajar la migración; las hermanas, dando respuesta a lo pedido, explicaron que no es tan sencillo, porque el proyecto necesita de varios recursos económicos y financieros y que no podían solamente las comunidades de Pucallpa y Shiña salir adelante sin esos recursos. Se llegó a concluir que aquí se necesitaba apoyo de una organización grande y, de ser posible, unir las cuatro comunas jurídicas: Shiña, Chunazana, Puca y Morasloma; eso, a nivel de la organización UCIA (Unión de Comunas Indígenas del Azuay) y de la Iglesia ya lo teníamos, lo que facilitó todo. Existía la necesidad de contar con un director que tuviera experiencia en este tipo de proyectos, una persona con valores, honrada y transparente, pues en caso contrario contrario el proyecto fracasaría por el mal manejo económico.

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Después de este diálogo el mismo José Rogerio Morocho insistió a las hermanas diciendo: “Que sea el favor completo, ayuden a buscar al director del proyecto porque ustedes tienen conocimientos de algunas personas de confianza”. Fue así que las Hermanas Lauritas decían conocer a un señor de Quito que se llama René Unda; que es licenciado y ha manejado proyectos y tiene mucho conocimiento y no les ha fallado. Las hermanas quedaron comprometidas en comunicarse con el director y realizar todas las gestiones del caso. En la comunidad de Shiña se reunieron los líderes de las cuatro comunas jurídicas y las hermanas misioneras. René Unda, luego de explicar el proceso del proyecto y los beneficios que daría a la población, puntualizó: “Para iniciar el proyecto como garantía se necesita que se entreguen las escrituras”. En ese momento, la comunera Juana Morocho dijo no estar de acuerdo, indicando que con o sin el proyecto se ha vivido y que en caso de realizarse el proyecto se lo haga sin condiciones y sin ninguna garantía. El Director se arriesgó a realizar los trámites y buscar financiamiento a través del SESA, que apoyó con la forestación, y ONG´S como COSUDE, de Suiza, que fueron quienes financiaron el proyecto. La primera fase culminó en 1996, mediante la conformación de grupos de interés encabezados por promotores en todas las comunidades indígenas, con capacitaciones en temas como agricultura, crianza de animales menores y forestación. El objetivo del proyecto fue mejorar la producción, la seguridad alimentaria y la economía de las familias. Fue así como comenzó el proceso de desarrollo y cambio de las comunas.

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espués, el director vio la necesidad de contar con implementos para que trabajaran los grupos de interés; por lo que acordó la adquisición de herramientas de acuerdo con el requerimiento de cada socio, como carretillas, mangueras, barretas, picos, lampones y bombas, con la opción de que poco a poco se cancelaran, dentro del plazo de un año. El proyecto reembolsó este valor económico a todos los grupos que abarcaban este plan de desarrollo.


Después el director del proyecto se reunió con los dirigentes de las cuatro comunas, promotores y comuneros para decidir qué hacer con el dinero reembolsado. En Pucallpa ya teníamos el sueño de crear un banco comunitario esa era nuestra propuesta.Sin embargo no lo aceptó, debido a que no teníamos conocimientos en Economía. En ese momento supo indicarnos que si no administrábamos bien esos valores se podían perder e irnos a la quiebra, y también que se podría terminar con todo el dinero. En vista de eso, el cabildo de Chunazana de aquella época, propuso dividir el dinero entre las cuatro comunas para que cada una decida cómo invertir pero tampoco se aceptó esta propuesta. De acuerdo con el Director, al dividir el dinero no se lograría el objetivo inicial de desarrollo en las comunas que era lo que se estaba buscando y propuso que ese fondo económico de las herramientas sirva como una garantía para abrir una sucursal de la Cooperativa Jardín Azuayo: Existe esa posibilidad, he adelantado la conversación con Paciente Vásquez y dice que sí es posible traer a la Cooperativa de Ahorro y Crédito, ellos prestan dinero con los intereses bajos y sobre todo, ella facilitará el desarrollo y aquí hay esta necesidad de un financiamiento para trabajar en agricultura; todos ya están capacitados, los grupos como prioridad necesitan plata a intereses bajos porque los chulqueros prestan con muy altos intereses. Y añadió: “Si están de acuerdo yo invitaré a Paciente a una reunión para que dé a conocer sobre el proceso financiero”. Todos los dirigentes aceptamos la propuesta de René Unda. Después se realizó la reunión general entre las cuatro comunas, nuevamente para dar a conocer sobre la estructura del manejo y utilidades financieras para los socios de la Cooperativa, sobre créditos y ahorros. El objetivo del crédito fue mejorar la agricultura, comprar semillas e insumos, y hacer pequeños negocios. Toda esta socialización estuvo a cargo de Paciente Vásquez. Así inicio la cooperativa Jardín Azuayo, primero en la comuna Zhiña, y por no tener la posibilidad de adquirir un teléfono se trasladó la oficina a Nabón, en

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la sala del MAGAP que está en la calle Padre Solano, y ahora con el aporte de los socios tenemos nuestra propia casa. La oficina no creció mucho en sus inicios porque los créditos solo eran para pequeños negocios y para mejorar la agricultura. Yo, Rogerio Morocho, fui coordinador de las cuatro comunas jurídicas desde el año 2000, y entregué una invitación para el cabildo de Zhiña y el promejoras a la reunión de la mesa financiera de Nabón. En el camino iba conversando con el presidente Claudio Morocho, quien dijo: ¿Por qué no planteamos en la reunión a René Unda, que faciliten préstamos para pagar a los chulqueros y coyotes que prestan dinero al 7% y al 10% mensual para los viajes a EEUU? Esto se propuso en la reunión, tras lo cual se decidió hablar con el gerente de la oficina, Henry Quezada.

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sto no demoró mucho y la Cooperativa facilitó los créditos para liberar de las deudas con los chulqueros. Según recuerdo, gracias a las socializaciones, el primer crédito para pagar las deudas de viaje lo realizó el Señor Ricardo Lalvay, que necesitaba $ 9000 dólares para pagar a los chulqueros por el viaje de sus hijos a los EEUU. Para obtener un crédito se necesitaba ser socio y tener ahorros y también realizar aportes a la Cooperativa. En esta necesidad de salvar las deudas de los emigrantes hubo dos puntos claves de análisis que fortalecieron al cantón: 1.- Salvar de las deudas con los chulqueros mediante los créditos a intereses bajos que da la Cooperativa. 2.- La Cooperativa empezó a tener mas ingresos y creció en nuestro cantón.

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que no mencionaré. Cuando ingresaba, los guardias autoritariamente me obligaron a sacarme el sombrero, a lo cual yo respondí: Señor guardia podría usted también sacarse su corbata a ver si le gusta; el sombrero es mi cultura, en ninguna institución me han obligado a hacerlo. Por esta discriminación pierden un socio, y me retiré. Esa situación me sirvió mucho. Más tarde me encontré con Henry Quezada y le comenté todo lo sucedido y le pregunté: ¿Por qué nuestra cooperativa no puede entrar en la Superintendencia de Bancos para que facilite la transferencia de mi bonificación a mi cuenta y poder retirar aquí en el cantónNabón? Estas decisiones financieras fueron muy importantes para el desarrollo de la gente porque mejoraban sus condiciones de vida, y abrieron oportunidades de empleo para algunos compañeros del cantón que trabajan en la Cooperativa. En el año 2008 fui coordinador gracias a la descentralización del proyecto, y con la finalidad de que la municipalidad transfiriera mi bonificación a la cuenta de alguna institución financiera, viajé a Cuenca para ser socio de una cooperativa

No demoró mucho tiempo y Henry me comentó que ya podíamos cobrar nuestro sueldo aquí en nuestra cooperativa. Así, dice la memoria del pasado, gracias al proyecto Nabón y a la Cooperativa Jardín Azuayo, que vinieron a mi tierra, se fortaleció y se sigue fortaleciendo el cambio y el desarrollo del cantón. De paso hago el llamado a las autoridades institucionales, a dar importancia a la participación de las personas que tienen ideas nuevas para un cambio y desarrollo social porque: Con el Don de la Sabiduría apoyada por el Espíritu Santo no hay necesidad de ser estudiado; el estudio es solo un complemento. Por ello pido reflexionen las actuales administraciones del país, ya que existe mucha discriminación; ellos dicen: solo los estudiados valen y las demás personas no.

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Miren hacia atrás, miren el gran cambio y el desarrollo logrado que nació del corazón de un comunero que no fue estudiado y abrió las puertas a dirigentes municipales de aquel entonces para que representen a nuestra comunidad, pero que al verse con poder me despidieron porque no era estudiado y a mí eso me dolió mucho, porque siempre me gustó servir para el desarrollo de mi cantón. Estuve un tiempo fuera, pero desde hace cuatro años estoy trabajando nuevamente en la Empresa de Aseo (EMMAICJ-EP) que trabaja en Nabón, y apoyo barriendo las calles del centro del cantón. Un concejal me ayudó a ingresar a este trabajo. Desde donde estoy soy testigo del crecimiento y progreso de mi tierra, y no me importa desde qué lugar esté siempre voy a estar sirviendo y trabajando por mi querido Nabón.

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La pelea de los cerros Leyenda Autor: Luis Manuel Zhumi Lazo Azogues

Ilustraciรณn: Juan Sebastiรกn Pachecho Vintimilla Cuenca

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Basado en los recuerdos de mi niñez

n tiempos de mi niñez, mientras nuestro padres realizaban sus asambleas en el centro comunitario, solíamos jugar a cualquier juego sea conocido o inventado por necesidad de la ocasión, para lo cual no requeríamos de alumbrado público, además, todavía no teníamos energía eléctrica, y nos iluminaba la señora de la noche, la Luna. Todo al rededor se teñía del color de plata.

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Habían noches en que a lo lejos, por encima de las colinas que rodeaban nuestra tierra, veíamos sus cumbres clarear por la caída de rayos. Rayos que no hacían ruidos, eran como una especie de ramas de luz. Cada cierto tiempo los observábamos, a veces con temor y otras con curiosidad. Entonces preguntábamos a nuestros mayores y con sus experiencias nos daban detalles a nuestras inquietudes: - Los cerros se están peleando - decía papá, mientras nos adentrábamos en el misterio y la curiosidad. Nos sentábamos en ademán de escucharlo. - ¡Cómo será que se pelean! - susurrábamos y papá no esperaba nada más para contar algo de lo que a él también le transmitieron sus antepasados…

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esde mucho antes, desde el principio de los tiempos, los cerros eran elementos muy importantes de la naturaleza, tenían vida, incluso se comunicaban mediante el habla. Ellos pensaban, se casaban, se traicionaban, tenían hijos, hacían bromas y por supuesto se pelaban por cualquier riña que tenían, en ocasiones, por el amor de alguna montaña o por ganar las apuestas que se hacían o simplemente por medir sus fuerzas.

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Lo cierto es que cuando tenían sus peleas hacían temblar la tierra, se lanzaban entre ellos esas cosas que hacían achín, achín1 y aclaraban mucho más las noches de luna, heladas y frías… Mutuamente se producían un gran daño en especial en las partes altas. Se dice que se formaban unas pequeñas heridas que eran como si sangraran lágrimas y de allí nacieron algunos de los arroyos que existen hasta ahora.

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sí pasaban horas y horas en sus disputas, hasta que uno de los dos se declaraba el vencedor. Pero la mayoría de las ocasiones no era en vano la pelea, el premio para el triunfador consistía en que todos los seres del vencido pasaban a su poder.

Ocurrió que nuestro cerro también entró a una de estas contiendas. Luego de guerrear por largas horas con eufóricos enfrentamientos de rayos resplandecientes, fue declarado el ganador y así llegaron las épocas en que se veían gran cantidad de pavas, loros, mirlos, chugos, pichillos2, cuivives3, quindes, torcazas y otros pájaros. También animales como venados, culebras, conejos, cuyes de monte, zhibris4, raposos, zorros, osos, tigrillos, ratones, ratas, chucuris, añas… y los temibles leopardos, estos últimos, decían, que al caminar y pasar cerca de una casa se sentía que la tierra

vibraba y que dejaban unas enormes huellas y hacían estragos en 1.- Una especie de onomatopeya visual de la luz que desprenden los rayos. 2.- Aves muy pequeñas que habitan los matorrales de la Sierra. Canarios. 3.- Cuvivíes. Aves que llegan con el invierno. 4.- Zhibri cabra (Mazama Rufina).

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los alrededores, se comían a las ovejas, a las gallinas e incluso a los becerros grandes que se tenía en los potreros. Así eran esos tiempos, llenos de misterio y miedo, porque además de los animales que venían como botín de ganancia, se creía que llegaban los otros seres míticos como el Chuzalongo que buscaba a las doncellas solitarias que iban al cerro, la Mama Aguardona que llevaba a los niños para engordarlos y luego comérselos, el Zhiro que mataba a la gente haciéndoles reír y que solo se podía salvar sacándose el pantalón para que él se entretenga recogiéndolo, entre otros… Cuando

íbamos

al

cerro


andábamos con mucho miedo, porque a cada paso nos encontrábamos con las culebras que se cruzaban en los caminos. Los venados bajaban a los sembríos y acababan con las papas, el maíz, el fréjol, las habas; debíamos cazarlos o arrearlos. Nos encontrábamos con zhibris a cada rato que consumían la hierba de las laderas, también se los cazaban. Conejos y cuyes que hacían chapo5 el pasto. Los añas en busca de gusanos que acababan con los sembríos de papas y a veces teníamos que madrugar para perseguirlos con la ayuda de algunos perros, matarlos con sumo cuidado porque sus orinas apestaban, pelar y secar el cuero para utilizarlo haciendo los puntiles6 para uncir las yuntas. Aunque por otro lado era muy agradable ver a las aves multicolores con miles de cantos sonoros. Cuando íbamos por las tardes a mudar el ganado nunca nos demorábamos por temor a que llegue la noche en donde podíamos encontrarnos con estos animales y en la peor de la suerte, con los seres malignos. Por eso en los tiempos que se veía caer los rayos tras nuestro cerro, rogábamos a Dios para que él (cerro) no venciera, y si ganaba se esperaba que vuelva otra noche llena de luna con un color resplandeciente y que comience el altercado con un nuevo cerro, para que el nuestro perdiera y así se desprendiese de los animales peligrosos y de los seres malvados. Pasado cierto tiempo, así ocurrió, vino la noche estrellada y entre las cordilleras hubo luces sobre las cabezas de los collados. Otra pelea se había

5.- Término usado para indicar el desorden que hacen los animales sueltos en el pasto. 6.- Una especie de almohadillas que se ponen en la frente de los toros para colocarles el yugo (uncidor).

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desatado, ahora nuestro cerro se disputaba la fortuna con otro, volvíamos a ver la fosforescencia de los rayos uno tras otro…El nuestro perdió… Al siguiente día, en las primeras horas del día, al rayar el alba, a lo lejos, en las pendientes del cerro ganador veíamos algo parecido a unas planchas que a la luz del astro rey lucían muy blancas.

- Son las cobijas que ha sacado Mama Aguardona para que se sequen en el sol- decía papá, mientras volvíamos a las faenas propias del campo con la tranquilidad de los días en que ya no teníamos miedo, pues sabíamos que ese era el nuevo cerro que ganó la pelea. De esta manera seguíamos nuestras vidas aunque con una nueva inquietud que consumía nuestra mente: ¡las cobijas de Mama Aguardona!...

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El muerto que contó su historia Relato Autor: Sara Esperanza Pacheco Zhiminay Cuenca

Ilustración: José Abel Ordóñez Zambrano Cuenca

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ás de diez horas de trabajo seguido, el ambiente estaba rodeado de polvo, restos de cemento, desorden por todas partes. Es práctica común en nuestros pueblos que las mujeres una vez que han ayudado en la jornada retornen a sus tareas domésticas. Cristina y Carmen forman parte de este grupo de

mujeres. Cristina es la mayor de cinco hermanas. Tendrá unos setenta años, dueña de unas finas facciones, rostro pequeño, ojos profundos, cabello color ceniza. Su facilidad de palabra le ha vuelto una persona de fácil empatía, es por tanto de entenderse que conoce y trata a la mayoría de sus vecinos.

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u hermana menor, Carmen, tiene un carácter distinto al suyo, se casó muy joven, y al convertirse en madre de tres hijos tuvo que migrar a la ciudad en busca de una fuente de trabajo; la lucha por sobrevivir y el carácter enérgico de su marido la tornaron con el tiempo en un ser silencioso y taciturno. Volvieron a estar juntas. La decisión de Carmen de construir una casa en la tierra que había heredado de sus padres fue la razón. Por tradición familiar, todo trabajo se realizaba mediante mingas. Una de aquellas noches sucedió un hecho insólito. Eran pasadas las once, los trabajadores estaban muy cansados y apenas tuvieron fuerzas para comer e ir a dormir. Obviamente la casa – aún en construcción- no contaba con los servicios básicos como agua o electricidad.

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Cristina animaba a su hermana con estas palabras: - Con paciencia y esfuerzo pronto terminarás tu casita.- Ojalá sea pronto, le respondió.- sabes que tengo que volver pronto a mi trabajo en la ciudad.Ambas con el rostro contenido entre las manos, miraban con triste fijeza unas débiles llamas que ardían cerca de ellas. En un desesperado intento por reaccionar Carmen dijo a su hermana mayor: - ¡Mírame! ¡Necesito darme un baño! ¡No puedo dormir así! - Es muy tarde ya, tendrás que hacerlo mañana – dijo Cristina - Si es necesario me voy al río-. Respondió entre alegre y desafiante. Cristina no era la clase de mujer que acostumbrara a complicar las cosas, así que luego de una ligera reflexión, acertó a decir: - Vamos a casa de mi hija, ahí nos bañaremos, sabes que ella acostumbra a dormir muy tarde, así que no le importará recibirnos a estas horas. – Se fueron pues las dos mujeres. El resto de la familia, ajena a la novedad, dormía tranquilamente.

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uego de tomar una ducha caliente, Carmen peinaba sus largos cabellos; Cristina por su parte estaba distraída en mirar frente al espejo los pliegues de su cara.

De retorno a casa, ambas conversaban de manera animada. - ¿No tienes miedo?- dijo una de ellas - ¡Es medianoche! - ¿Yo? ¡para nada! Además conozco este camino muy bien- comentó la aludida. Una débil brisa soplaba en el ambiente. A lo lejos se oía el aullido de los perros. Sus voces iban rompiendo el silencio de la noche. - ¿A dónde van? ¿Quieren que les acompañe? –dijo de pronto un hombre con aspecto de haber venido de un campo de guerra. - Gracias , pero no hace falta, ya casi llegamos – contesta Carmen - No me cuesta nada, yo voy por el mismo camino que ustedes- agregó con cierta insistencia.

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Como la curiosidad era algo natural en Carmen, poco después entabló una conversación casi familiar con el recién llegado. - ¿De dónde viene Ud? –preguntó- Vengo de las minas, trabajo allí - ¡Ah! ¿Es Ud de este pueblo? - Claro, yo le conozco a Ud desde que era una niña, su padre era el señor M… - ¿A mí? ¡no creo! ¿de qué familia es Ud? - Soy hijo de don Miguel G… según tengo entendido Ud no vive aquí , hace años que se fue a vivir en la ciudad - Si, así es, vine porque mis hijos están de vacaciones, ahora que recuerdo yo conocí muy bien a su papá. - Bien está que no se olvide de su tierra - agregó el hombre- pero tenga cuidado , a estas horas cualquier lugar puede ser peligroso. Por su parte Cristina, pese a que el hombre en cuestión se identificó como el hermano de un vecino al que conocía a la perfección , se mostró desde un principio fría y distante. - Cristina no vayas tan rápido – expresó Carmen, con evidentes signos de extrañeza ante la conducta de su hermana. - Vamos, que nos están esperando en la casa- Ya todos duermen – dijo con tono despreocupado Carmen. - ¿Qué quieres que nos de gripe? ¿no ves que estamos abrigadas? Ya mismo se despiertan tus hijos, y se han de poner a llorar al no encontrarte. - Ya deja de preocuparte , y saluda al vecino. - Buenas noches – dijo secamente. - ¿Cómo está señora? - Bien – contestó con visible hostilidad y enseguida aceleró el paso. - Como le estaba diciendo- continuó el hombre- si estoy en este estado es porque en la mina un desgraciado me empujó, rodé unos metros, me rompí la cabeza, ¡vea! –dijo mostrando las vendas ensangrentadas que lo cubríanLejos de causarle temor o desconcierto Carmen siguió conversando.

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Con suma inquietud vio como el hombre se detuvo en un recodo del camino desde el cual podía divisarse la soledad de las casas y el cementerio del lugar. Cristina que había llegado a la casa, subió a saltos las gradas, abrió las puertas a empellones, entró y atrancó con sillas la entrada. Carmen por su parte se despedía del solitario caminante. Cuando se encontró con la puerta cerrada comenzó a dar golpes: - Abre la puerta, no seas mala ¿por qué me dejas afuera?, ¿qué te pasa? Con ojos aterrados Cristina abrió la puerta, apenas podía hablar, daba vueltas por la alcoba, temblaban entre sus dedos unos fósforos con los que vanamente intentaba prender fuego una hornilla de la cocina, ¡Parecía estar loca!, su respiración estaba muy agitada, toda ella era un puñado de nervios. - ¿Qué te pasa? – dijo Carmen intentando reprender a su hermana - ¿por qué me dejaste sola?, ¿por qué casi no hablaste con él?, ¡bien que tú conoces a todos los vecinos!, ¡has sido muy mal educada!, ¡el pobre hombre solo quería saludarte! - ¡Chist! ¡Cállate! Atinó a gritar Cristina en un claro esfuerzo por recuperar la voz - ¿Qué te pasa?, ¿acaso hice algo malo?, ¿estás enferma? - Ese hombre, ese hombre- agregó Cristina completamente fuera de sí. - ¿Qué pasa con ese hombre?, ¿te acuerdas que su hermano fue mi enamorado? – añadió Carmen, tratando de distraer a Cristina. - ¡Ayer! ¡Ayer! – vociferó a gritos Cristina ignorando este comentario por completo. - ¿Ayer? ¿Qué paso ayer? Dijo Carmen tomándola por los hombros. - Ayer estuve en el velorio de ese hombre; uno de sus familiares me dijo, que murió a causa de un accidente que sufrió en la mina en donde había ido a trabajar. - No puede ser- agregó Carmen – asómate, seguro que lo confundes, ese hombre está afuera. Estremecidas se acercaron a la ventana las dos mujeres, la calle estaba vacía. Los árboles estaban agitados.

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El encanto de la lagartija de oro Leyenda Autor: Wendy Dayanna Cuji Galarza Gualaceo

Ilustraciรณn: Marcela Andrea Orellana Calle Cuenca

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llá donde las nubes tocan la cumbre de un majestuoso cerro, y donde nada se compara a la belleza de las cristalinas aguas de los riachuelos, allá trabajaba Arcecio, –Contaba mamá Rosita a la luz de una fogata. El calor de las llamas iba llenando los corazones de sus nietos que la escuchaban atentamente. - ¿Dónde queda eso abuelita? – Preguntó uno de los más pequeños. - ¡Ay mi niño! - Respondió dulcemente la viejecita. – ¡Tantos años han pasado ya! La memoria a veces me falla, pero esta vez prometo no distraerme, y les contaré toda la historia…- Se detuvo unos instantes para agitar la sopa que cocinaba en su olla de barro, y luego dijo:

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erán… Hace mucho tiempo la gente no iba a la escuela. Los varones tenían que aprender a trabajar, y las mujeres teníamos que dedicarnos a las labores del hogar. Eso fue lo que mis padres nos enseñaron a mis hermanos y a mí. No teníamos dinero y ellos se sacrificaban a diario por darnos algo que comer. Mi papá era agricultor y mi mamá tejedora. Cuando yo era muy pequeña todavía, mi mamita enfermó, y a los pocos días falleció. Entonces las cosas se nos complicaron aún más porque mi papá apenas se daba tiempo para trabajar y cuidar de nosotros. Muchas veces pasamos hambre, y mi papá sufría mucho por no poder hacer nada para mejorar nuestra situación. Así pasó el tiempo y gracias a Dios todos pudimos crecer sanos. Yo, al ser la mayor, fui la primera en casarme. Mi esposo, era Arcecio. Él siempre fue muy bueno conmigo. Pero al poco tiempo de casados mi papá también falleció. Supongo que tantos años de sufrimiento y trabajo duro, por fin le pasaron factura. Yo estaba destrozada. Su muerte me causó un inmenso dolor al igual que a mis hermanos. Sin embargo esas son cosas que uno debe aceptar, y así lo hicimos.

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Al irse, mi padre solo nos dejó un pedazo de tierra; y allí, mi esposo y yo construimos una casita de adobe: humilde, pero llena de amor. - ¿Construyeron esta casa, abuelita? – Sí, solo que entonces se veía un poco diferente. Luego nacieron nuestros cuatro hijos. Fue una alegría inmensa para nosotros, pero a la vez nos trajo algunos problemas. Ellos representaban un mayor gasto para la familia, y como ya dije antes: nosotros éramos muy pobres. Arcecio y yo hacíamos lo posible por sacarlos adelante. Así que él empezó a trabajar como cuidador de ganado. Salía todos los días muy temprano hacia el cerro del Caricollay. ¡Ahh claro! No les he dicho aún dónde queda. Pues verán… nuestra familia siempre ha vivido aquí mismo en Daniel Córdova, y el Caricollay está a unas cuatro horas a pie. Además, cuando iba, aprovechaba para traer leña, que después vendía en Gualaceo. Esa era prácticamente nuestra única fuente de ingresos, pero no fue suficiente. Recuerdo que todos los días rezaba para que algo cambiara nuestra suerte.

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n día, Arcecio salió con los primeros rayos de luz, como era su costumbre. Me contó que al llegar notó algo un tanto extraño. Luego de revisar que no faltara ninguno de los animales que tenía a su cargo, cerca de la cumbre del cerro, vio unos destellos dorados, que llamaban la atención. Lleno de curiosidad dejó su hacha y se encaminó hacia el lugar. Sin embargo, al instante cayó un rayo y unas densas nubes blancas cubrieron el monte. Como era de esperarse, Arcecio estaba asustado, y decidió que volvería otro día, cuando el tiempo estuviera mejor. Así lo hizo, y al día siguiente, un poco temeroso se aproximaba nuevamente al Caricollay. Fue entonces que se dio cuenta de que había olvidado su hacha el día anterior. Al buscarla encontró, completamente fundida a ella, una pequeña lagartija de oro. En ese momento, según me dijo, no lo podía creer. Repetidas veces trató de despegar la lagartija de su hacha,

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destellos dorados; bajó la mirada para ver su hacha con la lagartija dorada incrustada en ella, y de repente le surgió la idea de que todo eso tenía que ver con la posibilidad de que en el gran cerro hubiese oro. La tarde estaba ya avanzada cuando llegó. Y no hizo más que hablarme de eso hasta que cayó la noche. Arcecio estaba seguro de que en la cima del Caricollay había oro.

sin conseguirlo. Todos sus intentos fueron inútiles. Cerca del mediodía, hambriento y cansado, empezó a caminar cuesta abajo. Mientras caminaba pensativo iba observando todo a su alrededor, lo cual no era muy común en él. En ese momento se fijó en algo que no había notado antes. Al pasar junto al riachuelo vio que había una piedra muy grande de apariencia sólida. La miró unos segundos pero no le dio importancia y siguió caminando de regreso a casa. Durante el trayecto repasaba en su mente el recuerdo de los misteriosos

Al día siguiente cuando desperté ya se había ido. Esperé y esperé todo el día, hasta que por fin llegó. En su cara había una gran sonrisa, de lejos se notaba que estaba muy feliz, pero no me dijo nada. Llamó a los niños a la cocina y desde allí me hizo un gesto con la mano para que me acercara. Cuando todos estábamos en la mesa, después de comer, metió la mano en su bolsillo derecho y sacó un pañuelo. Nuestro hijos se llenaron de curiosidad al no saber lo que contenía, y yo también. Arcecio desató el nudo y dentro había tres pepitas de oro. Cada una del tamaño de un frijol. Nadie lo podía creer, pero él al darse cuenta de nuestra sorpresa empezó a explicar: - ¡Anoche! Anoche soñé con una mujer de cabellos dorados. Me guió hasta el Caricollay y vi de nuevo los destellos en la cumbre, intenté acercarme pero ella me detuvo. Sin decirme nada dio media vuelta y empezó a bajar. La seguí hasta el riachuelo y ella se detuvo, me miró y en un instante tomó la forma de una lagartija que resplandecía bajo el sol. Entonces supe lo que tenía que hacer. Me desperté temprano y fui hasta ese lugar con mi hacha en la mano, y una pala en la otra. Cuando estuve cerca de la misma piedra que había visto antes, la lagartija cobró

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vida y de un salto se escabulló bajo la roca. Al golpearla con la pala me di cuenta de que en realidad no era sólida como me había parecido; se rompió con gran facilidad. Luego de cavar solo un par de metros, encontré esto que les he traído. – Se detuvo y nos miró con un brillo en los ojos. – Pero hay mucho más. – Dijo. Entonces mis hermanos nos acompañaron al día siguiente y sacamos mucho oro. La mayoría lo vendimos y con el dinero pudimos arreglar la casa. Todo cambió para nosotros. – Entonces mamá Rosita se llevó una mano al oído, y con cuidado se quitó el arete. Luego hizo lo mismo con el otro – Estos me los regaló. Los hizo con el oro que quedaba. Hace más de veinte años que está muerto, pero aún lo recuerdo todos los días. – Dijo esto y las lágrimas corrieron por los surcos de sus mejillas. ¡No llores abuelita! – Le pidió uno de sus nietos. – Tienes razón mi niño. – Dijo limpiándose las lágrimas mientras sonreía. Tomó unos platos, empezó a servir la sopa que ya estaba lista y añadió: - Todos tenemos problemas; algunos más que otros. Pero ustedes mis angelitos, deben tener siempre la seguridad de que Nuestro Señor tiene un plan para cada uno de nosotros. Si confiamos en Él y jamás perdemos la esperanza, nos aguardan cosas maravillosas.

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Ishkay wawkikuna, ñanta mashkashkamanta Los hermanos que buscaron su propio destino Leyenda Autor: Segundo Francisco Saca Quizhpe Saraguro Traducción: Sisa Pakari Vacacela Macas Saraguro Ilustración: Jennifer Carolina Izquierdo Verdugo Cuenca 195


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awpa pachakunapika shuk sawarishkakuna tiyashkashi, paykunaka karu llaktapi kawsashkakunashi, paykunaka ishkay churikunata charishkakunashi Mauriciota Angeltapash. Paykunapa yayakuna wañukpika ishkay wawkintin, shukka, shuk kuskapi kawsankapak rishkakunashi. Pacha yallikpika, Angelka shuk sumaymana kuytsata riksishkashi, paywan sawarishkashi; kipaka sumaymana kawsashkakunashi; shinapash Angelka paypa wawki Mauriciota haykatapash mana kunkashkashi, payka paykunawan kawshachun nishpa yuyarishkashi, shinallatak manchayta charishkashi paypa warmi piñarinka nishpa. Shuk puncha Mauricioka, paypa wawki Angel shuk sumak kuytsawan sawarishkata yachashkashi; chayta yachashpaka rikunkapak rishkashi. Angelpa warmi wasipi chayakpika, Angelpa ayllukuna Mauriciotaka sumaymana kuyaywan chashkishkakunashi.

abía una vez una pareja que vivía en un lugar muy lejano. Ellos vivían bien lejos de la ciudad, tuvieron dos hijos llamados Mauricio y Ángel. Luego de la repentina muerte de sus padres, los hermanos decidieron vivir cada quien por su cuenta. Al transcurrir el tiempo, Ángel conoció a una linda princesa con la cual se casó y vivieron muy felices; pero él siempre se acordaba de su hermano Mauricio, él quería traerlo a vivir junto con ellos, pero al mismo tiempo tenía miedo de que su hermano fuera rechazado por su esposa. Mauricio, al enterarse de que su hermano se había casado con una princesa, decidió ir a visitarlo; cuando llegó al palacio, toda la familia de Ángel lo recibió con mucho cariño.

Ñ

H

Mauricio se sintió muy feliz al ver a su hermano después de tantos años. En ese momento realizaron una gran fiesta y pasaron la noche muy felices. Al día siguiente, el rey le dijo a Mauricio, si tú quieres vivir aquí con nosotros puedes quedarte; pero Mauricio no aceptó, porque

Mauricioka chaypika paypa wawkiwan tawka watakunapi tuparishkamanta kushilla kashkashi. Chaymanta tutapi shuk raymita rurashkakunashi, raymi rurakpika kushilla

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kashkashi. Kayantin, awkika nishkashi: Mauricio kaypi kawsasha nishpaka sakirinami kanki; Mauricioka mana sakirishachu nishkashi, payka ima ñanta katisha rishkashi. Mauricioka mana rurashachu nishkashi, payka tukuymanta minchayayta rurashkashi, kay minchayayka llaki kashka ninkuna, awkipa puchukay ushushita kuyashkamanta.

quería descubrir cómo sería su destino sin su hermano mayor; entonces él comenzó a despedirse de todos. Esta despedida fue muy triste, en especial para la última hija del rey, porque ella se había enamorado de Mauricio.

Maurioka chay kuskamanta llushishpa shukman rishkashi, chay puriypika, mayu manyapi ishkay hukushka nanarishka mapa kiskikuna tupashkashi; Mauricioka kiskikunata hapishpa shuk chukllaman apashkashi, chaypika hampishpa kimsantin yurakanchapi purinkapak rishkakunashi. Paykunaka ña wawkipa karu kashpaka shuk sumaymana, asiklla kuytsata rikuskhkakunashi, payka shuk hatun waylla kiwa sisapampapi tiyakushkashi.

Luego de despedirse Mauricio emprendió su viaje; en este andar, se encontró con dos hermosos cachorritos que estaban a la orilla del río turbio muy mojados, sucios y lastimados; él los cogió cuidadosamente y los llevó hasta una choza, los curó y juntos comenzaron a caminar por el bosque. Cuando ellos ya se hallaban muy lejos de su hermano, se encontraron con una hermosa princesa con una sonrisa muy bonita que estaba sentada en un prado cubierto de hermosas rosas.

Mauricioka chay sumaymana kuytsata rikushpaka ashtawan kuchuyarishpa rishkashi, kuytsaka nishkashi ama kuchuyarichu, ñukaka kanchis umayuk amarumanta watashkami kani; tawka runakuna kayman shamushpaka ñukata kispirita rurasha nishpa wañushkakunami; Mauricioka mana chayta uyashpa, sawlita llukchishpa ashtawan kuchuyarishkashi, chaypika shuk kanchis umayuk amaru kushpashpa chayashkashi,wamraka paypa

El joven al verla intentó acercarse más, pero la chica le dijo: -No te acerques, porque estoy encantada por una serpiente de siete cabezas, muchos quisieron salvarme pero todos perdieron sus vidas por mi. El joven no hizo caso, sacó su machete de la vaina y se acercó más hacia ella. De pronto, saltó una serpiente, que de verdad tenía siete cabezas. El joven comenzó a cortar las cabezas con su machete, pero fue inútil,

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sawliwan amarupa umanta umanta kuchunata kallarishkashi, shinapash umakunata kuchukpika ña ranti shuk umakuna wiñarishkashi. Mauricioka chayta rikushpa llukshinata yuyarishkashi, manatak llukshinata ushashkashi.

porque cuando las cabezas eran cortadas, salían otras nuevamente. Mauricio quiso escaparse pero no podía. Al ver esto los perritos se lanzaron a pelear con la serpiente, y comenzaron a sacarles los ojos hasta que finalmente la mataron.

Chayta rikushpa ishkay allkukunaka amaruwan makanakuyta kallarishkakunashi, amarupa ñiwikunata llukchishpa atishkakunashi, kipaka amaruta wañuchiskakunashi.

Cuando ya no había peligro, el joven se acercó sin ningún problema a la princesa; la chica, muy agradecida, le dijo: -Te llevaré a donde mi padre, él es un Rey y cuando lleguemos le diré que me quiero casar contigo porque tú fuiste el único hombre que me salvó y me devolvió mi libertad. Dicho este mensaje se marcharon. Cuando llegaron al castillo, el padre, muy contento, los recibió a los dos; la chica le contó todo lo sucedido y le pidió que le dejara casarse con Mauricio.

Nima llakimanchay mana tiyakpika wamraka ña ranti kuytsa kuchuman chayashkashi, chaypika kuytsaka nishkashi, kunanka ñukapa yaya kuchuman apasha, payka Awkimi nishkashi, chayashpaka nishami kikinwan sawarisha, ñukata kispichiskamanta; chayta nishpaka chay kuskamanta llukshishkakunashi. Sumaymana hatun wasi chayaypika, taytaka kushilla ishkantinta chaskishkashi, kuytsaka tukuy ima rurarishkata paypa yayaman willashkashi, shinapash Mauriciowan sawarishun nishpami mañashkashi.

El Rey aceptó y se casaron. Ellos vivieron muy felices hasta que un día Mauricio consiguió trabajo lejos del castillo. Todas las mañanas cuando salía al trabajo los perritos le acompañaban a que coja el tren y, por las tardes, lo esperaban en el mismo lugar donde les dejaba.

Awkika ari niskashi, kipaka sawarishkakunashi. Paykunaka kushilla kawsashkakunashi, kipaka Mauricioka karupi llankayta tarishkashi. Mauricioka tukuy punchakuna llankayman llukshikpika, ishkantin allkukunaka Mauriciota

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kamak tukushpa antaru hapichunkama rikkashkakunashi, shinallatak tukuy chishikunata allkukunaka chayllapitak shuyankapak rikkashkakunashi.

Un día, cuando Mauricio regresaba de su trabajo, sucedió un accidente y murió. Los perritos esperaron todas las noches en el lugar de siempre pero él nunca regresó, hasta que se enteraron que su amo se había muerto cuando estaba de regreso.

Shuk puncha Mauricioka paypa llankaymanta tikramukushpa, antaru sinkukpi Mauricioka wañushkashi. Allkukunaka chayllapitak tukuy tuta Mauriciota shuyashkakunashi, haykatapash mana chayashkashi, kipaka paypa amu kashkata llankaymanta tikramukushpa wañushka nishpami allkukunaman willashkakunashi.

Al saber esto ellos lloraron amargamente y regresaron a la casa; cuando llegaron con esta noticia, la esposa se desmayó. Entonces el rey ordenó a sus guardias le fueran a traer; lo velaron toda la noche, pero los perritos no se retiraron por nada del amo. Al día siguiente cuando le iban a enterrar, encerraron a los perritos para que no siguieran.

Kayta yachashpaka ishkantin allkukunaka ninantak wakashkakunashi, kipaka wasiman tikrashkakunashi; warmika chayta willakpika pampapi urmashkashi. Awkika paypa guardiakunata apachun kachashkashi, tukuy tuta velashkakunashi, allkukunaka amutaka mana sakishkakunashi. Kayantin amu wañushka ayapampaman apankapak, allkukunata wichikashpa sakishkakunashi ama katichun.

Cuando regresaron dejando a Mauricio en el cementerio, sacaron a los perritos para darles de comer, pero cuando los sacaron ellos enseguida emprendieron su viaje al cementerio; se fueron primero a donde los encontró, ahí lloraron desconsoladamente; luego a donde la chica que estaba encantada; después por la ruta por donde le llevaba el tren a su trabajo; dándose dos vueltas, llorando, llorando se marcharon rumbo al cementerio.

Mauriciota ayapampapi sakishpa, allkukunata mikuchinkapak llukchishkakunashi, chaypika allkukunaka ayapampaman rishkakunashi, chayman rinkapakka yapata wakashpa rishkakunashi, kipaka wakayashka kuytsa

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kuchuman rishkakunashi, kipaka maypi antaru hapi kashkata rishkakunashi; ishkay kutin muyushpa, wakashpa, wakashpa ayapampaman rishkakunashi.

Cuando llegaron a donde Mauricio estaba enterrado, los perritos lloraron bien con la mirada hacia arriba y comenzaron a cavar hasta encontrarlo, después lo resucitaron diciendo: -Tú Mauricio, fuiste un buen hombre, nos salvaste cuando nosotros estábamos perdidos y lastimados, ahora como recompensa te vamos a entregar a tu esposa ya que ella está sufriendo mucho por ti. Con estas pocas palabras se fueron al castillo.

Ayapampapi Mauricio pampashkapi ishkay allkukunaka hawaman rikushpa, awllashpa, tarikkama aspishkakunashi, kipaka Mauriciota kaykunata nishpa kawsachirkakuna, -allí runa karkanki, ñukanchikta chinkashka, nanarishka kakpika yanaparkanki tarirkanki, kunanka kikinta kanpa warmiman sakishun nishkakunashi, kanpa warmi ama llakichun, ama wakachun, chayta nishpa hatun sumaymana wasiman tikrashkakunashi.

Al llegar los perritos buscaron a la esposa y le dijeron: -ya no sufras más porque aquí está tu esposo por quien tanto lloras y sufres; ahora ustedes serán muy felices, desde este momento nadie los volverá a separar ni un solo instante. Por nosotros no se preocupen, ya nos vamos para nunca más molestarlos, jamás los olvidaremos ni a ustedes ni a toda su familia. Luego de decir esto, miraron hacia arriba y se convirtieron en dos palomitas y se perdieron en las nubes.

Hatun sumaymana wasipi chayashpa, paypa warmita tarishpaka nishkakkunashi – ama llakirichu, ama wakaychu kaypimi kanpa kusa, paymantami yapata llakirinki, yapata wakanki; kunanmanta kallarishpa kankunaka kushilla kawsankichik, pipash kankunata mana rakinkachu. Ñukanchikka ñami rinchik haykatapash mana killachishun, kikinkunata, kanpa ayllukunatapash haykatapash mana kunkashun. Chayta nishpaka ishkay allkukunaka hawaman rikushpa, ishkay urpiku tukushpami puyupi chinkarishkakunashi.

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Ilustradores: Sebastián Pacheco, Diseñador gráfico cuencano de 30 años, actualmente dedicado a la post producción, ilustración y animación tradicional 2d, con experiencia de 8 años en el campo creativo. Trabajo para series de Cartoon Network en creación de backgrounds, como Director de arte en la serie de TV nacional “Pirulos”, como ilustrador de varios libros infantiles tanto cuentos como textos escolares en diferentes editoriales o entidades nacionales. Para mí ilustrar es expresar todo aquello que con palabras no puedo, es desatar mi mente.

Daniel Peña Ullauri, Dibujante y pintor desde los 4 años de edad, bastante acercado a la técnica del cómic. Ex estudiante de la carrera de Artes Visuales, espuso en el Museo de Arte moderno en el EA4. Estudiante actual de Diseño gráfico en la Universidad de Cuenca. Mi orientación ha sido siempre la ilustración y el comic en particular, mi objetivo siempre ha sido dedicarme a la conceptualización de novelas gráficas, he llegado a desarrollar proyectos y espero seguir haciéndolo.

Diego E. Villacrés Benalcázar Diseñador gráfico, Ilustrador 26 años, oriundo de la ciudad de quito, con más de 6 años de experiencia en el campo del diseño grafico, actualmente manejo la imagen del Ministerio de Educación y he colaborado con empresas como Uribe & Schwarzkopf, a pesar de trabajar en un mundo ampliamente digital me apasiona la ilustración, en el que puedo descargar todos mis sueños y pensamientos. Mi mayor recompensa es la alegría que logramos brindar con tan solo una ilustración.

José Cardoso, despega a bordo de varias técnicas narrativas como la ilustración, video y animación. Las historias van aterrizando poco a poco en la fábrica de cuentos Jiráfica. www.jirafica.com

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Miguel Eugenio González Zhindón, nace en Azogues provincia del Cañar el 29 de septiembre de 1985, realiza sus estudios en la Facultad de Artes de la Universidad de Cuenca obteniendo el título de Licenciado en Artes Plásticas, se desempeña en el ámbito de la pintura, diseño e ilustración; ha participado en diferentes salones y exposiciones como: Salón de Artes Plásticas Azogues 2011, Artes Juveniles Cuenca 2006, Bienal de Pintura Cañar 2015, Bienal de Pintura Álvaro Noboa Guayaquil 2016.

Esteban Gustavo Dután Crespo, Diseñador Gráfico, nací en Cuenca en Noviembre hace 26 años. Culminé mi carrera en Cuenca y tuve la oportunidad de especializarme en La Habana – Cuba, obtuve un premio en Argentina en la Universidad de Córdova, tras un concurso de ilustración en el cual llegué a obtener el primer lugar. Gracias a las caídas profesionales y personales he aprendido que hay verdades y formas de hacer y decir las cosas, de interpretarlas y a su vez crearlas. Creer y luchar por lo que queremos y amamos es la manera de salir y seguir adelante.

Diana Dolores Valencia, Diseñadora Gráfica formada en la Universidad de Cuenca, a partir de lo cual incursioné en el campo de la ilustración análoga en varias técnicas, ilustración digital, caricatura, diseño de personajes, animación y multimedia. He participado en proyectos educativos de desarrollo multimedia, con especial énfasis en la educación inclusiva. Actualmente me desempeño como profesional independiente.


Freddy Marcelo Peralta Parra. (FREDD), nació el 12 de junio de 1992 en Cuenca, Egresado de la Universidad de Cuenca, Facultad de Artes Visuales con mención en Ilustración. Colaboró con el proyecto “El Colibrí” para el día del autismo 2015; elaboración de escenografía para la batalla de Moros y cristianos en el cantón Gualaceo, con el Estudio de Arte La Higuera. Su principal hobby es el dibujo análogo-digital de personajes de cuentos clásicos.

Ivis David Flies, nacio en Quito-Ecuador el 29 de abril de 1993, en su entorno familiar siempre estuvo rodeado de musica y arte, sus padres Ivis Flies y Mariana Pizarro siempre lo incentivaron a hacer lo que mas le gusto, lo que hoy en dia se convirtió en su profesión.Estudio y vivo en Buenos Aires-Argentina aqui aprendi todo lo que se a nivel profesional de las artes visuales, empece a ejercer mi carrera y a nutrirme del entorno que una ciudad como esta puede aportarme.

Freddy Carrasco, Ilustrador y artista visual nacido en Cuenca - Ecuador. Sus primeros trazos fueron estilizados en la primaria y secundaria, posteriormente ingresa a la Universidad de Cuenca en la Facultad de Artes Visuales. Conocido también como Inhumar Flesh, ha realizado varios trabajos dentro del “Surrealismo Grotesco” incursionando así en la urbe gótica cuencana y ecuatoriana. Para conocer más de su obra: Behance/Freddy Carrasco.

Javier Carchipulla L. Artista Digital 2D, Ilustrador, Diseñador de Personajes, Desarrollador de Contenidos y Futuro Animador 2D amante del estilo Cartoon. Ha desarrollado múltiples proyectos personales que le han permitido alcanzar reconocimientos en eventos regionales y locales. Ha colaborado con studios de animación pequeños, editoriales, grupos de investigación, muestras para festivales y exposiciones. Actualmente es el Director de MAGO Studios. Promotor Behance Portfolio Reviews Ecuador-Hosted Behance Cuenca-. Fundador y Director de Masters of Digital Art Ecuador. Xavier Vintimilla - Einer, me dedico a producir en medios digitales y también dibujo y pinto a mano; estudio Sociología, que me proporciona contenido para mis ilustraciones; busco generar propuestas a raíz de preguntas generadas por la percepción de mi trabajo; empecé en el mundo de la ilustración a partir de dedicarme a pintar murales que es mi principal actividad en el mundo artístico.

Santiago Isaac Flores Cordero, Diseñador Gráfico e Ilustrador, nacido en Cuenca en 1981, de familia humilde con valores, educación y respeto a Dios; titulado en Diseño Gráfico en la Universidad de Cuenca , en 2010 forma parte del estudio de animación de Hollywood TIT MOUSE CIA. LTDA. Se desempeñó como artista-Ilustrador de BACKGROUNDS para series animadas para televisión tales como SUPERJAIL (2da. temporada), THE VENTURE BROS. (Episodios y video musical), video animado musical para la banda THE REAL TUESDAY WELD (Inglaterra) con el tema Me & Mr. Wolf. Actualmente es integrante fundador de C-AARTE / BUNKER CREATIVO y se desempeña como ilustrador, instructor y Director de Arte.

Hernán Rodas, 7 de abril de 1943, Cuenca. Experiencia en acompañar procesos organizativos populares, 40 Cooperativas, UROCAL, UNOCC, Jardín Azuayo con el equipo CECCA. ANIMACIÓN PASTORAL- 6 parroquias, Diósesis de Cuenca, Vicario Pastoral.

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Xavier Cuenca, Diseñador enfocado a la producción audio visual y arte digital, apasionado por la ilustración, colores y trazos expresivos.

Abel Ordóñez, creo que la creatividad y curiosidad está en su clímax cuando se es un niño, es ahí donde mi pasión por dibujar y aprender a diseñar se encendió como antorcha, entre juegos y dibujos aprendí a mezclar estas dos actividades. Ahorraba y compraba libros de dibujo, esto mejoraba la calidad del “bullying artístico” que les hacía a mis amigos y lo tomaban muy bien. En este punto decidí estudiar diseño en la Facultad de Artes de la Universidad Estatal de Cuenca. Hoy en día sigue viva en mi esa pasión por el diseño y para mi afortunada experiencia de vida sigo aprendiendo en mi rol como docente de esta disciplina tan compleja, innovadora y a la vez apasionante.

Carolina Izquierdo, 22 años. Graduada en Diseño Gráfico de la Universidad del Azuay. Desde pequeña disfrutaba de rayar, manchar y crear sea en un papel, una mesa o incluso las paredes de mi habitación; y a medida que pasó el tiempo he desarrollado varias técnicas de ilustración tanto digitales como análogas. Mis gustos se enfocan en el color, los trazos y el arte ya que con esto le doy vida a diversas situaciones cotidianas e incluso a seres extraños que son producto de mi imaginación. Estoy convencida de que mi tableta digital, mi compu y mis lápices de color son los instrumentos más valiosos que tengo. Siempre estoy buscando maneras de superarme y aprender. Jorge Eduardo Delgado Padilla, 1968, Autodidacta, apasionado por la ilustración y el arte digital, la pintura ha sido una necesidad constante en mi vida para plasmar emociones en formas y colores. Llevo más de 20 años en mi profesión de ilustrador, mi producción artística ha sido enfocada a la educación de niños y jóvenes a través de textos escolares y material didáctico publicado tanto por organizaciones culturales y sociales así como editoriales, prensa y medios virtuales.

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Diego Molina, nací el 7 de Enero de 1991 en la provincia del Cañar. Desde temprana edad me apasioné por dibujar, y desde entonces no he dejado de hacerlo y siento que es parte integral de mi vida. Estoy finalizando mis estudios de Ilustración Digital en la Universidad de Cuenca, y espero pronto realizar los proyectos que tengo en mente, viajar y prepararme más mientras me esfuerzo cada vez por dar a conocer mi trabajo.

Ismael Picón, soy egresado de la carrera de Diseño Gráfico, próximo a obtener mi título profesional, me encuentro realizando varios proyectos personales y laborales en el área de diseño, ilustración gráfica digital y fotografía, con el fin de enriquecer los conocimientos que he adquirido durante la carrera. A pesar de las dificultades y el duro trabajo que conlleva todo estre proceso, es satisfactorio mirar como las metas y sueños se van cumpliendo.

Marcela Orellana Amo expresarme mediante diferentes lenguajes artísticos como la ilustración, pintura, fotografía, performance, etc., los cuales han hecho que mi obra fluya y se nutra tanto de experiencias personales como de la observación de la sociedad actual y sus latentes cambios, abordando la memoria como mi principal eje temático, en donde espacios, personas y objetos albergan un significado y hacen parte esencial de mi trabajo, siendo éstas, categorías estéticas presentes en mis reflexiones.


Alejo Calderón, www.spurka.blogspot.com Artista Visual nacido en Quito – Ecuador en 1984. Autodefine su obra como “Figuración libre”; un acto de expresión atado a la visión personal sobre lo real o lo imaginario, a través de la imagen figurativa, espontánea y primitiva, cargada de fuerte intensidad cromática. Se alimenta del submundo del tatuaje, el cómic y el graffiti, así como algunos otros elementos de la cultura de masas, como la publicidad, los dibujos animados, la música y el cine. Patricio Llivicura Piedra, Estudió en la Academia de Bellas Artes “Remigio Crespo Toral” de la Universidad de Cuenca. Es Licenciado en Artes Visuales por la Universidad de Cuenca, Diplomado en Educación por la Universidad. Tecnológica Israel de Quito. Cursó una Maestría en Estudios del Arte en la Universidad de Cuenca, Dibujante innato; siempre seducido por la figura humana, por la belleza de los trazos libres y espontáneos del lápiz, actualmente incursiona en Arte, Ilustración Digital y Diseño Gráfico. Marco Antonio Pillco Nivelo, Nací en Santa Ana, una parroquia rural de Cuenca, actualmente estudio Artes Visuales en la Universidad de Cuenca, mi campo de trabajo principal es el dibujo y la pintura, la ilustraciones que realizo tienen un enfoque hacia nuestros taitas, mamas, gente de la comuna donde habito, también doy importancia a las culturas que habitaron en nuestras tierras, esto con el fin de dar a conocer un poco más hacia los espectadores la realidad de nuestros pueblos.

Jonatan Albarracín Hurtado, vio la luz, el día que su amada ciudad natal, Cuenca, cumplía 424 años de Fundación española. Hijo de padre cuencano y madre guachapaleña, tiene bien arraigado su amor por el Azuay. Desde muy pequeño demostró afición por el dibujo y el modelado. Se educó en la escuela y el colegio de los Hermanos Cristianos para luego ingresar a la universidad y titularse de Diseñador. Pese a que jamás se dedicó de lleno a la pintura, su técnica favorita es el lápiz de color y los carboncillos. Sus obras jamás han sido expuestas fuera de la sala de su casa. En la actualidad ejerce su carrera especialmente en la rama gráfica. Danilo Paul Astudillo Ochoa (Desmond) 1992, Cuencano, Diseñador Grafico de profesión, Grafitero de corazón, empieza a tomar interés por los colores y trazos al pintar con aerosol su nombre junto a sus mejores amigos a los 14 años de edad; a partir de entonces el graffiti formó parte de su vida y tomó un rumbo diferente. Ha sido parte de varios proyectos como: Abcdario, Festival de arte urbano 4 Ríos, Out of control crew, 37 dias de tipografía, Groove hunters, Diamond Club, Iredesent Owls, y llegando a formar parte del Top Creativo 2016 de Behance Ecuador.

Stalyn Fernando Quito / Ilustrador/ 23 años / Cuenca / Artista Visual e Ilustrador digital. Estudié en la Universidad de Cuenca , Facultad de Artes, Escuela Artes Visuales. Actualmente trabajo en diseño de personajes 2D y 3D, retratos digitales, Ilustración de libros, dibujo, pintura y caricaturas.

Catalina Carrasco, Cuenca-Ecuador 1968, 30 exposiciones individuales representando al Ecuador, 61 exposiciones colectivas en Ecuador, EE.UU, México, Colombia, Japón, Bélgica, Canadá y Londres. Varias colecciones públicas y privadas, murales, restauraciones, múltiples ilustraciones editadas, varias distinciones nacionales e internaciones obtenidas. katacarrasco@gmail.Com www.Facebook.Com/multifacturas www.Catalinacarrasco.Com

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23 AÃ&#x2018;OS

DEL DESASTRE

DE LA JOSEFINA

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Festival de relatos populares jardin azuyao 2016  

Libro compilatorio ilustrado de relatos populares

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