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Micro-relatos del Jap贸n Feudal


AGRADECIMIENTOS En nuestro 1º aniversario decidimos hacer algo especial, algo que todos nuestros lectores fueran ellos mismos los protagonistas, así que decidimos hacer un evento sobre micro-relatos del Japón Feudal, que increíblemente tuvo una gran acogida con un nivel de creatividad bastante alto, que les aseguro a mas de uno dejara boquiabierto. Este pequeño libro en versión PDF recopilando en total unos 11 relatos, es una muestra de nuestro agradecimiento a todos aquellos lectores que nos apoyaron en hacer esto posible y que diariamente visitan nuestro blog, estoy realmente complacido por la gran cantidad de personas que aman y sienten el país nipón con igual o mayor fuerza que lo hago yo, para todos ellos, ¡mil gracias! Roberto Da Silva Editor en Jefe de Japón Total


EL HONOR DEL SAMURÁI Algunos creen que la victoria surge de una gran estrategia. Otros confían en el coraje o el favor de los dioses. Estos caminos llevan al fracaso y al engaño propio. Pensar solo en la victoria, es perder lo real mientras te aferras a lo falso. Algunas veces el conocimiento puede frenar. La ignorancia puede liberar. –¿Cómo saber que es real y que no, maestro? –Cuando sientas el frío acero de tu enemigo atravesarte, lo sabrás realmente. –Hasta ese momento solo existirá la duda... si has vivido o lo habrás hecho todo en vano. El culto al ego viene virando a la estupidez, –¡tu honor como samurái empieza aquí y ahora! Roberto Da Silva (@Roberto_DaSilva) Editor en Jefe de Japón Total


“SUSURRO SANGRIENTO” Recorriendo viejos senderos, acompañado de el silencio, un solitario viajero esbozaba una tenue sonrisa, el dolor apenas si lo sentía, no significaba nada, simplemente no le importaba pues su euforia apenas si le permitía tomarse las cosas con calma, hablaba para si mismo intentando convencerse de q todo es verdad, ya nadie podría burlarse de el… reía… que bien se sentía reír… Hacia mucho q no lo hacia… tal vez lo había olvidado o quizás se le olvido como hacerlo… “He ganado” murmuraba para si mismo mientras contemplaba aquel atardecer recostado sobre un árbol, faltaba mucho para llegar a Edo, su reluciente katana le recordaba su victoria , ya jamás seria el samurái de las 1000 derrotas jamás volverían a burlarse de el pues le había ganado a Toshio “el héroe invencible”, no había manera de que no le creyeran pues también tenia como trofeo la katana de Toshio la legendaria “susurro sangriento” forjada por el mismísimo Masamune Ozaki… Pero esas ya eran otras historias. Mirando al cielo, aquel cielo frio y oscuro q tantas veces lo vio derrotado, lleno de tristes estrellas al fin pudieron conciliar su sueño. Nestor A. Orrala Vera (@PowInterceptor)


“FUTURO INMEDIATO” He fallado a mi señor. Todos mis éxitos a su lado, todas mis batallas victoriosas en su nombre, toda mi técnica con la espada, el Yari, y mi querida Tachi, aprendida tras mucho tiempo viéndole entrenar; todos los miembros amputados, toda la sangre que salpicó mi rostro al luchar por mi señor, todo mi cuerpo en tensión soportando la lluvia y esquivando golpes mortales… Todo eso palidece frente a ésta fatal derrota. ¿Qué hacer ahora? Reponerme de mis heridas. Dejar de ser un samurái y convertirme en un vulgar ronin que busca venganza y honor reparador. Venganza por mi señor. Honor para mi y toda mi raza. No en vano mis ancestros lucharon contra tigres. No en vano soy un Shiba Inu. Diego Palacios Marxuach


“ICHIRIN NO HIME” Himeko salió a la veranda y se sentó de rodillas sobre un cojín. Era una noche preciosa. La luna llena pintaba con su reflejo la superficie cristalina del pequeño lago del jardín, donde dormían las carpas, haciéndole parecer un brillante espejo. Los restos de la llovizna goteaban de los aleros de madera produciendo una constante melodía acompasada con el ocasional croar de las ranas. Himeko esperaba morir aquella misma noche. Su esposo había partido a la guerra mucho tiempo atrás para apoyar al que consideraba su legítimo señor, Toyotomi Hideyori. Pero éste había sido derrotado en la batalla de Sekigahara, su marido había sido obligado a quitarse la vida y sus enemigos estaban a punto de llegar para cobrarse su victoria. En efecto, enseguida se escuchó el sonido atronador de los cascos de cientos de caballos pisoteando el suelo. Se oyeron voces, gritos y chillidos de terror. Alguien había prendido fuego a la casa y el pánico se extendió entre sus moradores. Solo Himeko esperaba tranquila, contemplando el jardín, empapándose del olor de la sangre y rogando desesperadamente en silencio porque la muerte llegase rápido. El destino que esperaba a las mujeres cautivas, sin nadie que las protegiese, solía ser algo mucho peor que eso. Himeko oyó voces: los soldados Tokugawa estaban allí. El sol brillaba sobre los encharcados campos de arroz, de un verde brillante y fresco. Los campesinos se afanaban en la labor para recolectar el preciado grano que constituía la base de su alimentación. Los hombres abrían surcos profundos para plantar las semillas y las mujeres, muchas con sus hijos a la espalda, recogían los brotes que ya estaban crecidos. Keiko se levantó, tratando de ignorar el acusado dolor de espalda. La vida en el campo era dura, aunque afortunadamente ese año la cosecha había sido buena. Muchas tierras habían sido arrasadas en la guerra y cinco años después de la batalla de Sekigahara aún no se habían recuperado. Muchos campesinos morían de hambre. Nadie sabría jamás cuán agradecida se sentía Keiko de no ser una de ellos. Al igual que nadie adivinaría tampoco que una vez ella se vistió con preciosos kimonos de seda, bebió té en juegos de delicada porcelana antigua y escribió bellos poemas con su estilizada caligrafía de princesa. Tampoco ella misma supo nunca por qué aquel oficial Tokugawa se quedó mirando sus ojos oscuros, acarició su largo pelo negro y, cuando creyó que iba a tomarla por la fuerza, la dejó ir murmurando tal solo el que a partir de entonces sería su nuevo nombre: Keiko. Yun Shan (@SheenaKwk)


”EL HEREDERO OLVIDADO” Mi nombre es Takeshi Kurokawa, tengo 26 años y soy el tercer descendiente de la cabeza del clan Kurokawa, el clan cuyo líder es el Daimio de Osaka. Mi padre, el actual Daimio Kenshin Kurokawa, tuvo amoríos en su juventud con una lozana sirvienta llamada Yukari Asahima, mi madre. Aterrado por la vergüenza que este acto y mi nacimiento pudieran causarle a él y a su clan, nos envió a mí y a mi madre a las afueras de sus dominios, sin embargo oculto a mi progenitora y me hizo pasar por el hijo de su verdadera esposa. Fui entrenado en el arte del samurai y en mis estudios fui muy destacado, quería que mi padre me aceptara como sucesor, pero él estaba decidido a eliminar todo rastro de su deshonor. Mi madre enfermo de gravedad, fui a rogarle a mi padre que la ayudara, pero no me escucho y la abandono a su suerte desterrándome de igual manera de las tierras que por derecho serian mías. He viajado hasta Kyoto y he formado una alianza con algunos enemigos de mi padre, para que al derrocarlo, se forme la paz entre dos clanes enemigos y yo recupere la gloria que mi malvado padre me ha arrebatado. Ahora, comandando a un fuerte ejercito, con mis habilidades con el arco, el sable y mis dotes estratégicos, retomare Osaka y la liberare del tirano que tanto avasalla a su pueblo en su propio beneficio. Yo soy Takeshi Kurokawa y esta es mi historia……esta, es mi leyenda! @Lelouch007


“CUANDO LLUEVE, TODOS LLORAN” Así que, ¿Eso era lo que se sentía? ¿Esa devastación era el sentimiento que embriagaba cada centímetro de los cuerpos de los seres queridos de todos aquellos que en un paso habían sido sus víctimas? No tenía descripción, parecía que le hubiesen vaciado todo el estómago de golpe, el corazón le latía a ritmos desiguales, y el arrebato lo llevaba grabado en el pecho ardiendo y al rojo vivo, como si acabasen de marcarle al igual que se le hacía al ganado. Nunca había reparado en ello, siendo un asesino feudal del clan Minamoto pensaba ser ajeno a cualquier sentimiento ligado con la emotividad, más ver a su esposa sobre un charco de sangre producto de su inusual suicidio, le hacía ver con claridad que estaba muy equivocado. Su katana, la cual había despojado sin dudar muchas vidas inocentes, cayó al suelo al igual que su alma y espíritu, el suelo de madera soltó un ruido seco a la vez que se curtía con las motas de polvo y la sangre de su amada. Comenzaba a llover, ahí aún parado en el umbral de la puerta viendo la escena, no se inmutó al sentir la fría llovizna del amanecer, el jardín zen imperturbable era recorrido por una brisa trémula que movía la grava y sus negras ropas anchas. Sus ojos comenzaron a arder ¿Qué sería aquello que recorría su rostro, lagrimas acaso? Los hombres no lloran, esa era la convicción que tenía firmemente… Misuki no lloraba, más bien no lo hacía. Daniel Gainza Mención especial: “Gran creatividad”


“LA SANGRE DEL CRISANTEMO” Japón, su tierra, había sido desde siempre un lugar especial. En aquel sitio apodado como “El País del Sol Naciente”, tanto la delicadeza del crisantemo como la rudeza de la espada eran consideradas no sólo un arte, sino una forma de vida. Un balance perfecto y armónico. Esa reflexión era la misma que el joven samurai había oído desde pequeño, la forma de pensar con la cual había sido criado. Todo para que en un futuro fuese capaz de empuñar la espada con fuerza y voluntad, pero al mismo tiempo cuidar el honor con la misma dedicación y sutileza que a una flor. Sin embargo, mientras el chico entrenaba con la katana el día antes de la que sería su primera batalla, no eran la voluntad y el honor aquello que mantenía vibrando su corazón. No eso, sino miedo. Un miedo paralizante, frío y cortante como la nieve de invierno. No sabía si sus estudios, sus doctrinas o sus habilidades le servirían en el campo de batalla. Entre cada movimiento de la espada, pensó en ese futuro tan cercano que le aguardaba, y por momentos, su sangre tibia se volvía gélida. Temía no poder hacer nada contra el enemigo, temía el momento inevitable de ver las muertes de los más cercanos, temía ser cobarde y deshonrar a su familia. Pero había una cosa que, para su vergüenza, temía por sobre todas la demás. Temía perderse a sí mismo. Y aunque sabía que morir en batalla era el acto más honorable, no pudo evitar sentir dolor al imaginar que la espada enemiga atravesaría su corazón, y que el puño que sujetaba la propia se iría abriendo lentamente. Como un crisantemo blanco recién florecido. Angélica Lozada (@angie_savoy) Mención especial: “Gran historia”


“WATARU EL DESTERRADO” Me llamo Wataru Horigoshi aunque también me podéis llamar Wataru el desterrado. Provengo de una familia pobre de la aldea Senshin, dedicada especialmente a instruir a los jóvenes a ser buenos guerreros samurái. Cuando cumplí los trece años empecé con mi entrenamiento en la escuela samurái de la aldea. Al poco tiempo demostré mi gran potencial delante del señor feudal y decidieron ascenderme con los guerreros más veteranos. Me fui haciendo más y más popular entre la gente de Senshin. Me respetaban, y eso es algo que en mi desgraciada vida necesitaba, así que me aferré a ello. El problema surgió cuando deseaba tener más y más, la ambición me superaba. Aproveché la confianza que me daban para poder enriquecerme haciendo contrabando con unos espías de la aldea enemiga. Aún recuerdo el día en que se acabó todo. En aquellos días empezaron a detectarme un comportamiento extraño, fuera de lo habitual en mí. Lo era tanto que (sospecho) que contrataron a alguien para vigilarme. No estoy seguro, pero es raro que con el extremo cuidado que llevaba me acabasen pillando. Me prepararon una emboscada y me llevaron con el señor feudal. Me acusaron de traición y me condenaron a muerte a mí y a toda mi familia. No me di por vencido y conseguí escapar antes de la ejecución. Ahora solo me queda esperar mi muerte en la eterna resignación y soledad. Osiris Gavilán Mesa (@uzumakiosiris)


Admira con tristeza ese porte elegante que caracteriza dignamente a los de su estirpe. Nota como sus delgados labios se arrugan de preocupación. Sus cejas forman un arco de resignación. Un suspiro se escapa de su boca y una gota de nerviosismo resbala a través de su afilada nariz. Ese es su hijo, aquel que durante tanto tiempo fue su orgullo pero hoy ha perdido su respeto a causa de un capricho meramente humano y carnal. Recita, con dolor y fortaleza, las palabras que ofician la deshonra de su único descendiente. Le arrebata el derecho de heredar y gobernar las tierras que están bajo el poder de la familia. Nota que su hijo mira el suelo, avergonzado. Sabe que piensa: se pregunta qué hubiese cambiado si, en vez de un hombre, se hubiera enamorado de una mujer. El joven recibe las palabras que repiten deshonra una y otra vez con aceptación. Sabe que merece el destierro y la muerte. Yunn Mello (@yunnmello)


EL SECRETO DE SHIMARU Era un campesino como cualquier otro, entregando gran parte de su fructuosa cosecha a sus superiores. Sin embrago, era más esforzado que el resto aunque nadie lo notase. Yoshiki, un muchacho retraído, solitario, sin amigos y privado de las armas, era casi imposible que él mismo se defendiera de las constantes burlas que recibía por ser un pobre campesino. A pesar de estas características a Yoshiki le gustaba estar siempre alegre y en sus ratos libres le gustaba mirar, a escondidas, su vieja espada, regalo de su madre. Una noche cualquiera, un grupo de mortales vio a alguien cerca de los nacidos cerezos y éstos que con un soplo del viento danzaban cerca de esta extraña persona. Siempre aparecía cuando el viento suspiraba un poco mas fuerte; con un bulto en una mano y con una espada en la otra. A la tercera luna, el mismo grupo de mortales, con miedo, decidieron seguir a esa persona. Fue un espanto al ver que nuevamente llevaba otro bulto y su espada manchada en sangre. La extraña persona muy torpe baja al rió y cuelga a su séptima victima bajo el olvidado y tenebroso puente Shimaru. Al terminar su macabra tarea se da cuenta que unos brillantes ojos se posan en su sombrío secreto y muy ágilmente con una vieja espada y certeros cortes aumenta su secreto a once. Al día siguiente, como desde aquel primer asesinato, todo sigue igual, pero el ambiente es oscuro y sólo murmuran las muertes repentinas e injustas. Yoshiki sigue en su arduo trabajo, la sonrisa en su rostro se dibuja un poco más. Sabe que su madre, en su lugar, esta haciendo callar definitivamente su pena. MariTe (@onnanokokawaii) Mención especial: “Gran misterio”


EL CLAN DE LOS DEMONIOS Amos corría rápidamente, sus pisadas se confundían con la voz del viento. Sus cabellos, aunque recogidos, le tocaban el hombro. Era una noche hermosa. La luna, como un gran faro, iluminaba su camino. Vio a lo lejos la casa. Ingresó despacio. Conocía cada rincón, todo estaba igual, nada en absoluto había cambiado en tantos años. Sus pasos casi imperceptibles lo colocaron delante de aquel anciano al cual la vida no lo dejaba ir. El anciano se mantenía con los ojos abiertos, totalmente perdidos, nublados quizás, extraña manera en que se manifiesta la sabiduría. –Maestro, sé que hace mucho no escuchas mi voz, pero hay algo que deseo preguntarte: ¿qué sabes sobre el asesino de pueblos? –Para algunos es una leyenda: el asesino de pueblos, hijo del último dragón. Nadie sabe cómo es, pero yo lo veo en mis sueños: Su larga cabellera y aquel dragón dorado en su espalda, cruzando las montañas. No descansa, no come ni duerme. –¿Es verdad que no puede morir? –Es cierto. Nada lo puede matar. Miles de flechas han herido su carne, filudas espadas han visto su sangre correr por ellas; pero él no ha caído. –¿Sabes lo que es? –Él es un demonio, pero... –el anciano estiró la mano rápidamente señalándolo. Esto hizo que el fino humo del incienso desviara su curso por unos segundos–, ¡tú puedes acabar con él! –¡¿Yo?! Soy solo un guerrero, maestro. –Yo recuerdo tu voz cuando los dragones volaban libres por el cielo. Tú visitabas a mis maestros; eres aquél que no tenía familia, ni patria, ni nombre. Conozco tus pasos como el latido de mi corazón y tu voz es mi aliento, es mi propia voz. Siempre supe que mis maestros estaban equivocados. Ellos querían mantener su tradición por siempre a través de ti, pero tu sola existencia rompía todas las leyes que ellos cultivaron. ¿Qué pasaría cuando quebraras aquellas leyes? No habría forma de castigarte. El tiempo no existe para ti, el dolor es como un zumbido en tus oídos, porque tú eres igual que él. Su sangre tiene ese hedor, esa mezcla enferma entre muerte y traición. Tienes al demonio en la cabeza y a Dios en las manos. –Sabes mucho, maestro. –Sí. Sé también que me matarás con tu mano derecha, porque nadie debe saber de ustedes, pues son un clan. Tú y él, los he visto juntos... luchando. – ¿Desde cuándo lo sabes? –Desde hace mucho. Por ello mataste a mi maestro y por ello me dejaste ciego, para no ver que tus ojos cambiaron, que se corrompieron por mirar de cerca el mundo. –Me sorprende que sepas tanto. Me hubiera encantado aprender más de ti, maestro. La espada surcó el aire tan rápidamente que solo un leve silbidos desprendió de ella. Pero, maestro, te equivocaste en algo. Usé mi mano izquierda. @Arelllll

Mención especial: “Gran narrativa”


Microrrelatos del Japón feudal  

Primera revista aniversaria de Japón Total con microrrelatos de nuestros lectores.

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