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¿QUIERES SOLIDARIA?

DECIR

QUE

LA

ECONOMÍA

HA

SIDO

SIEMPRE

No exactamente. En la historia ha habido múltiples formas de organización económica; pero tal vez la primera de todas haya sido una que podamos reconocer como solidaria. Y a lo largo de la evolución de la sociedad y hasta nuestros días, en los diferentes sistemas económicos, aún en los más individualistas o autoritarios, ha habido alguna expresión de economía solidaria, que ha coexistido con otras maneras de organizarla.

PERO ENTONCES ¿QUÉ ES LO NUEVO DE LA ECONOMÍA DE SOLIDARIDAD? Saber que la economía de solidaridad viene de muy antiguo tal vez no sea completamente del agrado de quienes gustan de lo nuevo y aspiran a la originalidad. Pero es importante darse cuenta de que es así, porque reconocer que siempre ha existido nos garantiza del carácter profundamente humano, e incluso natural, de la economía de solidaridad. En todo caso, nos lleva a la indiscutible conclusión de que la economía de solidaridad es posible, y que no es una mera utopía como tienden a creer algunos escépticos. Ahora, lo nuevo, nuevísimo, es la expresión "economía de solidaridad". He rastreado en la literatura económica, social y religiosa buscando la fusión de las palabras economía y solidaridad en una sola expresión, sin encontrarla hasta 1980 en que empezamos a utilizarla. Por cierto, hay otras expresiones que se han utilizado para referirse a manifestaciones de la misma realidad: economía cooperativa, economía comunitaria y de comunidades, economía social y autogestionada, economía humana, civilización y sociedad solidaria, economía de las donaciones, etc. Pero "economía de solidaridad" o "economía solidaria", expresión que alguien llegó a considerar tan extraña como la de "física sentimental" o "sociología amorosa", es un concepto cuya difusión, bastante rápida por lo demás, es reciente.

¿Y ESTO A QUÉ SE DEBE? ¿POR QUÉ ECONOMÍA DE SOLIDARIDAD, SI SIEMPRE HA EXISTIDO, ES UNA EXPRESIÓN EXTRAÑA? Es que en la época moderna, época en que se desarrolla la ciencia de la economía, la economía y la solidaridad parecieran excluirse. En nuestra época se ha difundido la convicción de que la economía requiere comportamientos utilitaristas, maximizadores de la propia ganancia, competitivos y conflictuales. Cuando se habla de cooperación se alude solamente a la necesaria integración de funciones y a la operación combinada de factores económicos tras el logro de la utilidad empresarial. A su vez, el discurso sobre la solidaridad pareciera refractario a la economía, de la cual se desconfía y de la que no se espera la integración comunitaria y social, reservada más bien a la actividad política y de promoción social.

EL F ACTOR C  

DE LUIS RAZETO