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POESÍA DE LA LENGUA ESPAÑOLA

OJOS CLAROS Y SERENOS GUTIERRE DE CETINA (1520 – 1557)

Ojos claros, serenos, si de un dulce mirar sois alabados, ¿por qué, si me miráis, miráis airados? Si cuanto más piadosos, más bellos parecéis a aquél que os mira, no me miréis con ira, porque no parezcáis menos hermosos. ¡Ay, tormentos rabiosos! Ojos claros, serenos, ya que así me miráis, miradme al menos.


Lope de Vega (1562-1635) ¿Qué tengo yo que mi amistad procuras? ¿Qué tengo yo que mi amistad procuras? ¿Qué interés se te sigue, Jesús mío que a mi puerta, cubierto de rocío, pasas las noches del invierno escuras? ¡Oh, cuánto fueron mis entrañas duras, pues no te abrí! ¡Qué estraño desvarío si de mi ingratitud el yelo frío secó las llagas de tus plantas puras! ¡Cuántas veces el ángel me decía: Alma, asómate agora a la ventana, verás con cuánto amor llamar porfía! ¡Y cuántas, hermosura soberana: Mañana le abriremos --respondía--, para lo mismo responder mañana

PRIMAVERA En las mañanicas Del mes de mayo, cantan los ruiseñores, se alegra el campo. En las mañanicas, como son frescas, cubren los ruiseñores las alamedas. Riénse las fuentes tirando perlas a las florecillas que están más cerca.

Vístense las plantas de varias sedas, que sacar colores poco les cuesta. Los campos alegran tapetes varios, cantan los ruiseñores, se alegra el campo.


Francisco de Quevedo (1580-1645) Amor constante más allá de la muerte Cerrar podrá mis ojos la postrera sombra que me llevare el blanco día, y podrá desatar esta alma mía hora a su afán ansioso lisonjera; mas no, de esotra parte, en la ribera, dejará la memoria, en donde ardía: nadar sabe mi llama la agua fría, y perder el respeto a ley severa. Alma a quien todo un dios prisión ha sido, venas que humor a tanto fuego han dado, medulas que han gloriosamente ardido: su cuerpo dejará no su cuidado; serán ceniza, mas tendrá sentido; polvo serán, mas polvo enamorado.

Pedro Calderón de la Barca (1600-1681) Cuentan de un sabio, que un día tan pobre y mísero estaba, que sólo se sustentaba de unas yerbas que cogía. «¿Habrá otro», entre sí decía, «más pobre y triste que yo?» Y cuando el rostro volvió, halló la respuesta, viendo que iba otro sabio cogiendo las hojas que él arrojó.


Federico García Lorca (1898-1936)

ES VERDAD

¡Ay que trabajo me cuesta Quererte como te quiero!

Por tu amor me duele el aire, El corazón Y el sombrero.

¿Quién me compraría a mí Este cintillo que tengo Y esta tristeza de hilo Blanco, para hacer pañuelos? ¡Ay que trabajo me cuesta Quererte como te quiero!


ROMANCE DE LA LUNA, LUNA

La luna vino a la fragua Con su polisón de nardos. El niño la mira, mira. El niño la está mirando. En el aire conmovido Mueve la luna sus brazos Y enseña lúbrica y pura, Sus senos de duro estaño. Huye luna, luna, luna. Si vinieran los gitanos, Harían con tu corazón Collares y anillos blancos. Niño, déjame que baile. Cuando vengan los gitanos, Te encontrarán sobre el yunque Con los ojillos cerrados. Huye luna, luna, luna, Que ya siento sus caballos. Niño, déjame, no pises Mi blancor almidonado. El jinete se acercaba Tocando el tambor del llano. Dentro de la fragua, el niño Tiene los ojos cerrados. Por el olivar venían, bronce y sueño, los gitanos. Las cabezas levantadas Y los ojos entornados. ¡Cómo canta la zumaya, Ay cómo canta en el árbol! Por el cielo va la luna Con un niño de la mano. Dentro de la fragua lloran, Dando gritos los gitanos. El aire la vela, vela, El aire la está velando.


LA PRINCESITA DEL PRENDEDOR

A MARGARITA DEBAYLE Y el rey dijo: ”¿Qué te has hecho? Te he buscado y no te hallé; ¿y qué tienes en el pecho Que encendido se te ve?” La princesa no mentía, Y así dijo la verdad: “Fui a cortar la estrella mía A la azul inmensidad.” Y el rey clama: “¿No te he dicho Que el azul no hay que tocar? ¡Qué locura! ¡Qué capricho! El Señor se va a enojar.” Y ella dice: “No hubo intento; Yo me fui no sé por qué; Por las olas y en el viento, Fui a la estrella y la corté.” Y el papá dice enojado: “Un castigo has de tener; Vuelve al cielo y lo robado Vas ahora a devolver.” La princesa se entristece Por su dulce flor de luz, Cuando entonces aparece Sonriendo el buen Jesús. Y así dice: “En mis campiñas Esa rosa le ofrecí; Son mis flores de la niñas Que al soñar piensan en Mí.” Viste el rey ropas brillantes Y luego hace desfilar Cuatrocientos elefante A la orilla de la mar. La princesa está bella, Pues ya tiene prendedor En que lucen con la estrella, Verso, perla, pluma y flor.

Margarita, está linda la mar, Y el viento Lleva esencia sutil de azahar; Yo siento En el alma una alondra cantar: Tu acento. Margarita, te voy a contar Un cuento. Éste era un rey que tenía Un palacio de diamantes, Una tienda hecha del día Y un rebaño de elefantes, Un kiosco de malaquita, Un gran manto de tisú, Y una gentil princesita, Tan bonita, Margarita, Tan bonita como tú. Una tarde la princesa Vio una estrella aparecer; La princesa era traviesa Y la quiso ir a coger. La quería para hacerla Decorar un prendedor Con un verso y una perla, Y una pluma y una flor. Las princesas primorosas Se parecen mucho a ti: Cortan lirios, cortan rosas, Cortan astros. Son así Pues se fue la niña bella Bajo el cielo y sobre el mar A cortar la blanca estrella Que la hacía suspirar. Y siguió camino arriba Por la luna y más allá; Mas lo malo es que ella iba Sin permiso de papá. Cuando estuvo ya de vuelta De los parques del señor, Se miraba toda envuelta En un dulce resplandor.

Rubén Darío. (1867 -1916)

Margarita, está linda la mar, Y el viento Lleva esencia sutil de azahar; Tu aliento. Ya que lejos de mí vas a estar Guarda, niña, un gentil pensamiento Al que un día te quiso contar Un cuento.

)


Sobre el olivar,

CANTARES

se vio a la lechuza volar y volar.

He andado muchos caminos, he abierto muchas veredas, he navegado en cien mares y atracado en cien riberas.

Campo, campo, campo. Entre los olivos, los cortijos blancos.

En todas partes he visto caravanas de tristeza, soberbios y melancòlicos borrachos de sombra negra,

Por un ventanal, entró la lechuza en la catedral.

y pedantones al paño que miran, callan y piensan que saben, porque no beben el vino de las tabernas.

San Cristobalón la quiso espantar, al ver que bebía del velón de aceite

Mala gente que camina y va apestando la tierra...

de Santa María.

Y en todas partes he visto gentes que danzan o juegan cuando pueden, y laboran sus cuatro palmos de tierra.

La Virgen habló: -Déjala que beba, San Cristobalón.

Nunca, si llegan a un sitio, preguntan adònde llegan. Cuando caminan, cabalgan a lomos de mula vieja,

Sobre el olivar, se vio a la lechuza volar y volar.

y no conocen la prisa ni aun en los días de fiesta. Donde hay vino, beben vino; donde no hay vino, agua fresca

A Santa María un ramito verde volando traía.

Son buenas gentes que viven, laboran, pasan y sueñan, y en un día como tantos descansan bajo la tierra.

Antonio Machado (1875-1939)

APUNTES

Eduardo Marquina Angulo (Barcelona,1879-


Nueva York, 1946)

La Virgen María

La Virgen María

penaba y sufría...

cantaba y reía,

Jesús no quería

Jesús se dormía

dejarse acostar...

de oírla cantar.

-¿No quieres? -No quiero.

Tan bien se ha dormido

Cantaba un jilguero,

que el día ha venido.

sabía a romero

Inútil ha sido

y a Luna el cantar.

gritarle y llamar...

La Virgen María probó si podría del son que venía la gracia copiar. María cantaba, Jesús la escuchaba, José, que aserraba, dejó de aserrar...

Y ... entrado ya el día, como Él aún dormía, para despertarle la Virgen María ¡tuvo que llorar!.


Pablo Neruda: Puedo escribir los versos más tristes esta noche Puedo escribir los versos más tristes esta noche. Escribir, por ejemplo: "La noche está estrellada, y tiritan, azules, los astros, a lo lejos." El viento de la noche gira en el cielo y canta. Puedo escribir los versos más tristes esta noche. Yo la quise, y a veces ella también me quiso. En las noches como esta la tuve entre mis brazos. La besé tantas veces bajo el cielo infinito. Ella me quiso, a veces yo también la quería. Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos. Puedo escribir los versos más tristes esta noche. Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido. Oir la noche inmensa, más inmensa sin ella. Y el verso cae al alma como al pasto el rocío. Qué importa que mi amor no pudiera guardarla. La noche esta estrellada y ella no está conmigo. Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos. Mi alma no se contenta con haberla perdido. Como para acercarla mi mirada la busca. Mi corazón la busca, y ella no está conmigo. La misma noche que hace blanquear los mismos árboles. Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos. Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise. Mi voz buscaba el viento para tocar su oído. De otro. Será de otro. Como antes de mis besos. Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos. Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero. Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido. Porque en noches como esta la tuve entre mis brazos, mi alma no se contenta con haberla perdido. Aunque este sea el ultimo dolor que ella me causa, y estos sean los ultimos versos que yo le escribo.


Poesía de la Lengua Española